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Canadá entrampada en la venta de armas a Arabia Saudita

Canadá entrampada en la venta de armas a Arabia Saudita

El primer ministro canadiense se presenta como defensor de los derechos humanos y de los valores occidentales, en consonancia con las mejores tradiciones de ese país. Por eso anunció que estaba buscando los medios para anular un contrato para la venta de armas a Arabia Saudita alegando las atrocidades del régimen y sobre todo en razón de la responsabilidad del príncipe Mohamed bin Salman en el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en el consulado en Estambul. Pero la respuesta de la empresa fabricante, General Dynamics Land Systems Canada, le probó una vez más el oscuro trasfondo de las intrincadas relaciones que estableció la monarquía con los “países democráticos”.

Tras la confirmación de que Khashoggi había sido ahorcado en el edificio saudita y que su cuerpo fue diluido en una solución ácida, el presidente estadounidense, Donald Trump, había deslizado que romper con Riad habría de implicar la pérdida de 100 mil millones de dólares en contratos para armamentos fabricados en EEUU. Poco importaba que todas las evidencias tanto de los servicios turcos como de la CIA apuntaban a MbS, como se conoce al heredero de la corona saudita. “Puede haber sido él como puede no haber sido”, fue el insólito argumento de Trump.

Arabia Saudita está involucrada en la guerra civil de Yemen apoyando fuertemente al gobierno central, que enfrenta una rebelión que cuenta con apoyo iraní. Pero aún antes de esta contienda, ya Riad era un fuerte comprador de armas al punto de que ostenta el tercer presupuesto mundial en gasto militar y es el segundo mayor importador, según estudios de la ONG sueca SIPRI (siglas en inglés para Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo), que se dedica a analizar las inversiones en artefactos militares de todo el mundo.

Los datos de la organización muestran que esa nación aumentó un 74% sus gastos militares entre 2008 y 2015, aunque debido a la baja en el precio del petróleo, en 2016 la cifra cayó considerablemente. El valor fluctúa con el precio del barril del crudo y en 2017 hubo compras en el exterior por 69,4 mil millones de dólares, un 10% del PBI. SIPRI (https://www.sipri.org), de todas maneras, destaca que esos números se basan en estimaciones, ya que los documentos públicos contienen información mínima de ese rubro y no hay un desglose de lo que utilizan las fuerzas paramilitares que dependen del Ministerio del Interior.

En el caso canadiense, se trata de contratos de 2015 para la venta de 928 vehículos de combate livianos Terradyne por un total de 15 mil millones de dólares. «El asesinato de un periodista es absolutamente inaceptable, y es por eso que Canadá desde el principio había estado demandando respuestas y soluciones- dijo Trudeau a la prensa-  heredamos un contrato firmado por (el ex premier) Stephen Harper para exportar blindados ligeros a Arabia Saudita, (pero) estamos comprometidos con los permisos de exportación para tratar de ver si hay manera de anular esa exportación”.

La firma fabricante, subsidiaria de American General Dynamics, dijo sin embargo que romper unilateralmente ese contrato implicaría multas por unos 750 millones de dólares. «La finalización del contrato tendría un impacto negativo significativo en nuestros empleados altamente calificados, nuestra cadena de suministro en todo Canadá y el sector de defensa canadiense en general», señaló la compañía a modo de amenaza al periódico Globe and Mail.

El contrato era secreto, pero comenzó a ser discutido públicamente por Trudeau ni bien llegó al gobierno, ya que circularon imágenes de que los carros habían sido utilizados para reprimir a manifestantes chiitas en la ciudad de Qatif y en la guerra de Yemen, donde los sauditas son acusados de cometer brutales violaciones a los derechos humanos contra población civil.

Pero el mensaje que sale de Otawa resulta contradictorio, considera la ONG Canadienses por Justicia y Paz en Medio Oriente (CJPME, por sus siglas en inglés), ya que mientras el gobierno se monta en lo políticamente correcto acerca de la venta al régimen saudita, por otro lado la semana pasada aprobó la ley C-47 “que en la práctica no cumple la letra y el espíritu del Tratado de Comercio de Armas”. El TCA busca establecer estándares internacionales para regular el comercio internacional de armas convencionales. El negocio de las armas es la cuarta industria más grande del planeta, detrás de las drogas, la prostitución y la banca.

La indignación contra el régimen saudita llevó a que la canciller alemana Angela Merkel anunciara en octubre que su país no permitiría la venta de armas a Riad. Sin embargo hace unos días el presidente de la ONG Gemeinsame Konferenz Kirche und Entwicklung (GKKE), Karl Jüsten, dijo que ese comercio proseguía desarrollándose normalmente.

La situación de los derechos humanos en Arabia Saudita es grave y en un informe del año pasado de Departamento de Estado se especificaban “asesinatos ilegales; tortura; arrestos y detenciones arbitrarias incluso de abogados, activistas de derechos humanos y opositores; prisioneros políticos; restricciones a la libertad de expresión, a las libertades de reunión pacífica, asociación, movimiento y religión; falta de elecciones libres y justas; trata de personas; violencia y discriminación oficial contra las mujeres; y criminalización de la actividad sexual entre personas del mismo sexo”.

En Yemen, mientras tanto, el panorama no es diferente, con el agregado de que como se trata de una guerra, hay menos prurito aún para profanar todo código de civilización. Allí MbS está embarcado en lo que parece un desafío particular para mostrarse como ejecutivo y ganar las internas dentro de la monarquía. Pero sus tropas están empantanadas en un conflicto entre el régimen sostenido por los sauditas y los rebeldes hutíes, que cuentan con apoyo de Irán.

Luego de los primeros escandalizados cuestionamientos,  cuando a principios de octubre se conoció el caso Khashoggi, ahora Riad recuperó iniciativa y como a su paso por Buenos Aires para el G-20 el príncipe vio que ninguno de los líderes mundiales sacó el caso a relucir, ahora se permitió criticar a los legisladores estadounidenses que resolvieron poner fin al apoyo de EEUU en Yemen.

El 13 de diciembre se firmó en Suecia un cese el fuego entre el régimen prosaudita y los hutíes. La tregua que entró en vigor este martes en Hodeida, el principal frente en la guerra. Pero Riad denunció que los rebeldes no respetan las condiciones del acuerdo. «Si la ONU continua demorándose y tarda a entrar en escena, perderán la oportunidad (…) y el acuerdo estará destinado al fracaso», amenaza.

Tiempo Argentino, 19 de Diciembre de 2018

China celebró los 40 años de una política económica que la llevó a ser potencia

China celebró los 40 años de una política económica que la llevó a ser potencia

La República Popular China cumple en 2019 sus 70 años, pero en estos días celebra los 40 de las reformas económicas que ya convirtieron al Imperio del Centro en la primera economía del planeta y lo pusieron en el podio como para ser la potencia hegemónica antes del 2030. Esa es una de las razones para explicar la guerra comercial que el gobierno de Estados Unidos puso en marcha desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Paralelamente, desde Washington habían dado vía libre para el rearme japonés y como un intento de escupirle el asado, justo este martes en Tokio se anunció la construcción de dos portaaviones, algo inédito desde la derrota nipona en la Segunda Guerra Mundial. Datos que tuvo muy en cuenta el líder chino Xi Jinping en un discurso de hora y media en el Gran Salón del Pueblo, el Palacio Legislativo de Beijing.

«Nadie puede dictar al pueblo chino lo que debe o no debe hacer», dijo Xi, elevado en octubre de 2017 a la categoría de guía de la sociedad tras una reforma constitucional que puso su pensamiento a la altura del de Mao Zedong, el fundador de la RPCh, y Deng Xiao Ping, el hombre que el18 de diciembre de 1978 inauguró esta era de Reforma y Apertura como se llamó al proceso de paulatino ingreso de esa nación en la rueda del capitalismo. Y que ahora permite decir al presidente-guía que «China ha sacado a 740 millones de personas de la pobreza en los últimos 40 años y reducido la tasa de pobreza en 94,4 puntos porcentuales, todo un hito en la lucha de la humanidad contra esta plaga».

La China que se encontró Mao el 1 de octubre de 1949, cuando oficialmente se fundó la República Popular -al fin de la guerra civil contra los nacionalistas de Chiang Kai-shek, que huyó a la isla de Taiwan con lo que le quedaba de sus tropas- era un país agrario sumido en la miseria y que había sido devastado por la invasión japonesa.

Con Mao comienza una lenta recuperación de los valores de esa cultura milenaria que mucho antes que por Japón, había sido doblegada por el imperio británico a través de las Guerras del Opio. Un extenso período que se conoció como el Siglo de la Humillación (1839-1949) de una cultura que se jacta de haber inventado casi todo (el papel, la pólvora, la brújula, y hasta los fideos, entre otras cosas) y de haber sido por más de 4000 años verdaderamente el centro más avanzado de la civilización mundial.

Pero los ganadores de la II Guerra habían decidido que el sitial de China en las Naciones Unidas fuera para Chiang, y Taiwan ocupó un puesto permanente en el Consejo de Seguridad. Una anomalía que recién en 1972 subsanó el presidente Richard Nixon, bajo al asesoramiento de Henry Kissinger. Que la representación de esa nación estuviera un gobierno que solo tenía jurisdicción real sobre algo más de 15 millones de personas cuando en el continente había otro estado en el que vivían entonces cerca de 900 millones no podía sustentarse demasiado tiempo más.

Si bien es cierto que la razón de fondo era socavar el poderío de la Unión Soviética, y meter una cuña entre Beijing y Moscú, no es menos cierto que era una medida de real politik imprescindible. Desde entonces, poco a poco China fue acercándose a Occidente, aunque manteniéndose como un país comunista y con sus propias características.

Es así que a la muerte de Mao, en 1976, luego de los primeros escarceos sobre qué grupo interno lo habría de suceder, tomó el mando Deng Xiao Ping, liderando una experiencia de profundas reformas con el objetivo de ir poco a poco eliminando la pobreza y el atraso que a esa altura ya era inocultable.

Primero se liberó la venta de productos del campo, para incentivar a los agricultores, remolones por la estatización. Luego se permitieron pequeñas fábricas y talleres fuera de la órbita estatal y en un par de años se privatizaron grandes empresas públicas y se dictaron leyes para la inversión extranjera.

Las multinacionales pronto descubrieron que un mercado que para entonces superaba los mil millones de personas, ávidas de consumir y que verdaderamente no tenían nada, no era para nada despreciable, por más que tuvieran que negociar con funcionarios del Partido Comunista.

En los 80 China apuntaba a ser el taller del mundo y poco a poco sus productos fueron adquirieron calidad, pero también fueron desarrollando tecnología propia. Y a la caída de la URSS, en 1991, ya se especulaba con que sería un gran protagonista del Siglo XXI. Fue en esos años que se acuñó la frase «crecer a tasas chinas» para ilustrar índices de aumento del PBI de dos dígitos y por períodos continuados.

Si hay algo que define a la política china es que planifican a largo plazo -una ventaja que puede atribuirse a un régimen de partido único y a 4000 años de historia- y en el plano exterior, cultivan la «paciencia estratégica». Esto es, que no se conmueven por tormentas pasajeras ni responden a las apuradas.

Dicen que alguna vez le preguntaron a Mao qué opinaba de la Revolución Francesa y que dijo «es demasiado pronto para evaluar». Cuenta Kissinger en su libro «China», que había generales en la época de la Guerra de Corea (1050-1953) que pensaban poner fin a la contienda entre el norte comunista y el sur capitalista arrojando bombas nucleares sobre China.

Agrega que un enviado del gobierno de Harry Truman se lo dijo a Mao a modo de amenaza. A lo que el líder de la revolución china respondió»: Tenemos 600 millones de habitantes, pueden matar 50 millones de personas, 100 millones, 200 millones. ¿Todavía nos quedarían 400 millones». Al representante de Washington le corrió un frío por la espalda. Estados Uniodos tenía entonces 150 millones de habitantes.

Así, con esa determinación, China fue volviendo a ocupar un lugar que había tenido por milenios. La llegada al poder de Xi, el 14 de marzo de 2013 (curiosamente un día después de que Jorge Bergoglio fuera elegido Papa en Roma) significó una profundización de esa senda. Y los planes en vigencia llegan hasta justo el centenario de la toma del poder por el PCCH, en 2049.

Para esa fecha habrá finalizado la Ruta de la Seda, un megaplan de desarrollo de infraestructura para comerciar entre China y el resto de Eurasia por vía terrestre.

Mientras tanto, los últimos escarceos con Trump tienen mucho de desesperado intento de Estados Unidos por recomponer un tablero mundial que desde hace mucho lo sabe adverso. De hecho, en lo que va del siglo China construyó diversas mesas de integración regional y mundial que sirven de plataforma para su despegue como potencia no solo económica.

La Ruta de la Seda es precisamente el resultado de este tipo de políticas que Occidente mira con temor y preocupación porque percibe que su influencia internacional va disminuyendo a medida que crece el gigante asiático. Organizaciones como los BRICS (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica) o la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN por sus siglas en inglés) junto con 10 países de esa zona del mundo en pleno crecimiento, son una prueba.

Trump anunció una guerra comercial y aumentó aranceles a productos chinos para equilibrar una balanza comercial que es desfavorable desde hace décadas. En Buenos Aires, el presidente estadounidense y su par chino sellaron una tregua por seis meses para ver como recomponer una situación que si se desmadra involucrará a todos los países.

Pero las amenazas se chocan con realidades ineludibles. China es el principal tenedor de bonos del Tesoro de Estados Unidos. Una estampida puede provocar un huracán que la crisis del 30 podría parecer un simple soplido al lado de eso.

Este martes Beijing anunció que volvió a desprenderse de papeles de la deuda estadounidense. Le quedan 1,39 billones de dólares, la suma mas baja desde 2017.Suficiente para crear zozobra.

La pelea de fondo a largo plazo es por la supremacía militar, claro. Por ahora en ese terreno Estados Unidos es patrón, pero sigue vigente al frase de Mao, ahora con 1400 millones de habitantes para poner sobre cualquier teatro de operaciones.

Sin embargo, una mirada a futoiro revela que en los campos de batalla se debe computar al desarrollo tecnológico, donde la supremacía que se disputa es sobre la inteligencia artificial.

La punta de ese iceberg pudo verse estas semanas con la detención en Canadá de la presidenta de Huawei, el gigante de telefonía celular, Meng Wanzhou. Ya liberada, la ejecutiva quedó en medio de esa guerra porque la justicia de EEUU acusa a la firma de haber violado la prohibición de comerciar con Irán desde territorio estadounidense.

Meng es hija de Ren Zhengfei, ex integrante del Ejército chino que en 1987 pasó a la actividad privada y fundó Huawei Technologies en la ciudad de Shenzhen, en el sur de China.

Tiempo Argentino, 18 de Diciembre de 2018

El levantamiento de la Francia periférica no se detiene

El levantamiento de la Francia periférica no se detiene

La foto es de Julia Portanier

Mientras Emmanuel Macron intentaba cambiar el foco de los medios con un homenaje a las víctimas del atentado contra el mercado de Navidad de Estrasburgo y la CGT salía las calles el viernes, el movimiento de los Chalecos Amarillos cumplió este sábado su quinta marcha (ver aparte) en una pulseada que nadie aventura cómo seguirá pero que ya puso en jaque al gobierno a 18 meses de haber llegado al Palacio del Elíseo. Un movimiento que desconcierta a los desprevenidos y que elevó a la categoría de protagonista a esa Francia periférica que fue creciendo al calor de la globalización y ahora explotó para hacerse visible. Con los chalecos reflectantes reglamentarios con que se vistieron en los primeros piquetes en las rutas para no ser atropellados por los automovilistas y ahora son un símbolo de rebeldía no solo en el país galo.

El caso es que si muchos se sorprendieron es porque no se habían detenido a ver las transformaciones sociales que se producían en esa nación en las últimas dos décadas. «No entiendo esa forma de hacer periodismo que veo, de no ir al lugar de los hechos y manejarse simplemente con un teléfono», se indigna desde el otro lado de la línea Sergio Coronado, ex diputado y ahora candidato en las euro legislativas de mayo por el partido Francia Insumisa, de Jean-LucMélenchon. Porque según este chileno-francés el proceso que iba creciendo y la indiferencia con que clases dirigentes y medios lo ignoraron presagiaba un inevitable choque de trenes.

Jean-Jacques Kourliandsky, investigador del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París y asesor del Partido Socialista en la Asamblea Nacional, de paso por Buenos Aires invitado por el Laboratorio de Políticas Públicas, agrega un dato: hubo alguien que lo previó pero solo recibió críticas en su momento.

«El geógrafo, Christophe Guilluy, predijo en La Francia Periférica, un libro de 2014, la situación de esos distritos en los alrededores de las grandes ciudades que no son ni ciudad ni campo y donde fueron a vivir millones de personas».

Consecuencia directa de la globalización, se deslocalizaron fábricas y también personas. En las grandes ciudades el costo de la vivienda se disparó y muchos miembros de esa clase media baja que podían tener un buen pasar vieron que ya no había lugar para ellos. Eran familias que perdieron el trabajo o que sus ingresos se fueron deteriorando.

«Los precios no paran de subir y los salarios están congelados -dice  el argentino Fernando Mordi Guerrieri, docente e investigador de la Universidad de Tours- con lo que la capacidad de ahorro disminuye paulatinamente. Eso generó mucho descontento».  Ese malestar fue creciendo a medida que Macron y la élite que llegó con él al gobierno se fue mostrando como soberbia, irrespetuosa y respondió con desdén a los primeros reclamos. Lo que encontró el geógrafo es que esa clase media integrada por trabajadores  y empleados asalariados, pequeños empresarios y comerciantes, al perder el ingreso se fueron pero no en lo que en Buenos Aires sería el primer cordón urbano -digamos Avellaneda o San Martín- porque al decir de Kourliandsky, esos denominados banlieues están poblados por familias de inmigrantes. «Por razones de status social esos franceses de clase media se desplazaron a 30, 40 o 50 kilómetros -a la altura de Escobar o San Vicente-a un espacio que es prácticamente un desierto»,

¿Por qué un desierto? Porque en esos sitios ya no quedan comercios de cercanía, como carnicerías o almacenes, que desaparecieron por los grandes hipermercados. Tampoco hay cines, teatros, escuelas ni transportes públicos y entre las últimas medidas de Macron figura el cierre de los tribunales locales. «Están abandonados del Estado», recalca Kourliandsky. A todo esto se suma que en este período «se apostó al transporte individual, que es el auto», acota Mordi Guerrieri.

La gota que derramó el vaso fue el anuncio de un incremento en el impuesto al combustible, con el argumento de que es para incentivar el uso de combustibles renovables. El único medio de transporte posible para ir a trabajar, llevar los chicos al colegio y salir  a pasear podría llegar a insumir hasta 300 euros más al mes. Teniendo en cuenta que algunas familias necesitan dos vehículos porque hay dos personas que trabajan, que tienen salarios mínimos y que los coches que tienen son viejos y consumen más, la ecuación es letal.

De allí a juntarse mediante contactos de WhatsApp hubo un paso. Ya había broncas acumuladas con la dirigencia política que llevaron a este triunfo de Macron el año pasado por sobre la ultraderecha de Marine Le Pen. Pero el nuevo mandatario, que venía del mundo financiero, lo primero que hizo fue quitar un «impuesto solidario» a la fortunas de más de 1,3 millones de euros con la excusa de que así iban a venir inversiones y con ellas el empleo.

Para cubrir ese bache presupuestario, quitaron un subsidio de 60 euros al mes a los estudiantes y crearon un impuesto a los jubilados que cobran más de 2000 euros aduciendo que ellos no trabajan y hay muchos jóvenes que no encuentran ocupación, que es un privilegio injusto. La realidad es que ni con todos esos beneficios hubo más empleo o inversiones.

Corresponde decir que estudiantes y jubilados fueron los primeros que se sumaron a las protestas de los Chalecos Amarillos. Y  que fueron bienvenidos. No así dirigentes políticos de la derecha o de la izquierda, de los que los manifestantes -que no tienen una dirigencia ni una coordinación centralizada- recelan porque si la situación es la que es, mucho tienen que ver, sostienen, las medidas que tomaron o evitaron tomar durante añares.

Macron suspendió el famoso impuesto al combustible fósil y como no logró aquietar las aguas, anunció la quita el impuesto a los jubilados y cien euros de aumento en el salario mínimo . «Pero es un subsidio a las empresas, afecta al 20% de los que cobran el mínimo y no es remunerativo, o sea que no cotiza para el retiro», puntualiza Coronado.

La CGT, la mayor central de los trabajadores francesa, había anunciado el apoyo a las manifestaciones de los Chalecos Amarillos, pero marchó para exigir un aumento de salarios en general este viernes. Un día antes.

Tiempo Argentino, 16 de Diciembre de 2018

Reino Unido: piedras en el zapato del Brexit

Reino Unido: piedras en el zapato del Brexit

Decidir si irse o quedarse en la Unión Europea parecía una jugada simple y osada del entonces primer ministro David Cameron. Las encuestas daban bien y por más que la situación económica británica no era la mejor, podía manejarse de forma relativamente favorable. La sola posibilidad de pensar en irse de la Unión Europea, que a lo largo de 43 años había generado un giro positivo para el crecimiento del Reino y su integración al resto del continente, parecía ridícula y Cameron creyó que podría «fumar abajo del agua». Sin embargo, el 23 de junio de 2016 el referéndum convocado desde el 10 de Downing Street como una forma de consolidar el poder del premier tory y de cumplir con una promesa electoral, fue un baldazo de agua fría. Por 52 % a 48 % los británicos le dijeron que No. Ahora, cuando en teoría faltan 107 días para el Brexit, la dirigencia británica no encuentra la forma de salir del atolladero y todo parece sumido en un caos imprevisible.

El problema es que el acuerdo que alcanzó Theresa May con la UE para irse de a poco y sin sufrir demasiado, no satisface a casi nadie. Y para colmo, deja abierta una puerta en la frontera irlandesa que puede pavimentar el camino a nuevos enfrentamientos justo a 20 años de los acuerdos de Semana Santa, que pusieron fin a décadas de guerra entre el Norte, integrante de la corona de los Windsor, y el sur de la isla, independiente desde 1921.

El intríngulis es bastante comprensible: El RU tiene solo una frontera con los países continentales, precisamente entre ambas regiones irlandesas. El Brexit implica que a partir de su puesta en vigencia del divorcio tiene que haber controles aduaneros y vigilancia estatal para evitar el tráfico ilegal de bienes y personas en esa línea demarcatoria. ¿Otra vez hombres armados entre dos naciones que sufrieron miles de muertos entre 1968 y 1998?

Porque Dublín sigue a pie firme en la UE, mientras que Belfast debería mantenerse, según lo votado, junto a Londres, a pesar de que en la consulta de hace dos años, en esa región ganó la permanencia por 56 a 44%. Ahí no terminan las controversias en la isla británica.

En Escocia ganó también el Si a la UE por 62%. Dos años antes Cameron había intentado sofrenar las ansias independentistas de los escoceses con una consulta popular que resultó en un Si a continuar en el Reino Unido por 55% a 45%. La ola independentista allí había ido creciendo al calor de las políticas neoliberales que sellaron el futuro de Escocia desde los años 80 sin que sus diputados pudieran torcer el rumbo en el Parlamento de Westminster, a pesar de contar con la abrumadora voluntad de la población expresada reiteradamente en las urnas. Por esas cuestiones de las leyes británicas.

La permanencia en el Reino Unido implicó una serie de compromisos de Londres para escuchar los reclamos escoceses.

¿Por qué deberían volver a aceptar las decisiones de los ingleses, cuando ellos querían seguir ligados al resto de Europa? De allí que la ministro principal Nicola Sturgeon plantee un nuevo plebiscito ante los reclamos nacionalistas que repican en Edimburgo.

Las preguntas que se hicieron desde el vamos los analistas más ecuánimes eran si los que decidieron aquella consulta popular sin esclarecer profundamente a la población tenían en cuenta estos problemas o se miraban demasiado los ombligos.

Parte de la respuesta apareció hace algunos meses, cuando se supo de las operaciones en las redes sociales que había realizado Cambridge Analytica, una consultora que se jactó de haber desarrollado un método para manipular la voluntad electoral. El caso terminó investigado en la Cámara baja, pero en Downing Street no dijeron una palabra de eso.

La firma, creada entre otros por el ex asesor de Donald Trump Steve Bannon, fue también clave en el triunfo del empresario estadounidense y en una comparencia ante Westminster si titular, Alexander Nix, reconoció que también había participado en campañas en varios países del mundo, entre ellos Argentina. Ni qué decir de su influencia en la que llevó al Planalto a Jair Bolsonaro en Brasil.

Theresa May, que reemplazó al golpeado Cameron en julio de 2016, lucha como gato entre la leña para no abandonar el bote en medio del vendaval que se le viene encima. Trata de defender lo firmado con Bruselas, que no tiene plafond en el parlamento, y a la vez busca de no ir a una nueva consulta, como ya se habla seriamente en los círculos dirigenciales del país ni de llamar a elecciones anticipadas. Es que están seguros de que el castigo de las urnas sería terrible en este momento y esperan que las aguas se calmen.

En noviembre May alcanzó un acuerdo de divorcio con la UE que fue refrendado por los 27 países y que debía ser aprobado también en Londres. Pero entonces se juntaron todos los astros en contra de la primer ministra. La oposición a ese documento incluso desde su partido, es feroz. Los más radicalizados no aceptan ninguna intromisión europea en cómo manejar este escenario. O al menos eso entienden sobre las condiciones que figuran en los tratados constitutivos de la organización y que les recuerdan desde Bruselas.

May intentó demorar el día del «pistoletazo de salida», que es el 29 de marzo del año que viene, con la idea de morigerar algunas de las exigencias. Como alguien dijo alguna vez, los británicos suelen comportarse como el señor que va a un club de swingers solo.

La UE exige entre otras cosas, pagar compensaciones por los compromisos adquiridos y los beneficios conseguidos en 43 años, por valor de unos 51.000 millones de dólares. Y que la frontera en Irlanda sea plena. Los británicos quieren mantener acuerdos aduaneros por algunos años más. Hay divergencias claves en cuanto a los extranjeros que ya están trabajando en cada país por las leyes europeas. Y no quieren aceptar las reglas sobre inmigrantes que se mantienen en el continente. Ese fue un punto determinante en la consulta popular de 2016.

El documento de 585 páginas define los términos de la salida del RU y esboza cómo podría ser la relación entre Londres y la UE luego del Brexit en relación a comercio y seguridad.

May señaló ante los legisladores que había hablado con algunos lideres europeos, a los que no mencionó, sobre la posibilidad de renegociar lo firmado hace un mes y dijo que de eso se iba a hablar en un encuentro de mandatarios este jueves y viernes. El presidente de la Comisión Europea, Jean_Claude Juncker, adelantó sin embargo que «este acuerdo es el mejor y el único». El premier irlandés, Leo Varadklar, indicó en tanto que «no es posible abrir ningún punto del acuerdo sin abrirlos todos». La más dura, como era de esperar, fue la alemana Angela Merkel: «El documento no es discutible», dijo. Y agregó que aun tiene esperanza en una salida ordenada.

El lunes May tenía que presentar el acuerdo para someterlo a votación pero decidió posponer la sesión para no sufrir una derrota anunciada. En medio de una sesión escandalosa donde fue interrumpida a cada rato con abucheos y hasta algún improperio, la oposición y rebeldes tories consiguieron los votos necesarios como para presentar una moción de confianza. La opción de salirse de la UE sin un acuerdo crispa los nervios de todos pero por ahora no aparece la fórmula para hacerlo menos conflictivo.

Tiempo Argentino, 12 de Diciembre de 2018