por Alberto López Girondo | Feb 10, 2018 | Sin categoría
La guerra entre el presidente Donald Trump y el «estado profundo» demócrata entró en una fase que podría ser terminal tras la publicación de un informe en que se revela que el buró de investigación vigiló a personajes cercanos al mandatario mediante argucias poco trasparentes para lograr la aprobación de un tribunal secreto. El trasfondo de toda esta cuestión se centra en las presuntas relaciones del empresario inmobiliario con el gobierno ruso, al que los medios y un gran sector de la dirigencia política acusan de haber interferido para beneficiarlo en la elección de 2016.
En medio de esta disputa está el rol que el FBI cumplió ocultando información que perjudicaba a Hillary Clinton, la candidata demócrata, y la puesta como objetivo de Carter Page, un personaje del entorno de Trump que participó de forma tangencial en la campaña presidencial. ¿Con qué propósito? Para incidir en contra del polémico empresario y, ante su llegada a la Casa Blanca, para limar su presidencia y llevarlo a un callejón sin salida que lo obligue a renunciar o a acordar con los poderes constituidos.
Es así que el FBI utilizó datos aportados por un agente británico que era informante del buró desde hace años. Christopher Steele, en efecto, está en la nómina del MI6, la agencia de espionaje del Reino Unido pero por su trabajo para los estadounidenses cobró 160 mil dólares.
La cuestión podría pasar como una mera transacción entre agentes, algo usual en el mundillo del espionaje, si no fuera porque el propio Steele confesó que hurgaba en todos los rincones para encontrar «suciedad» que comprometiera a Trump para que no ganara el comicio. Lo que no garantizaba que el dossier estuviera muy cerca de la verdad.
Por otro lado, Page ¨que efectivamente tenía contactos con los rusos, aunque por cuestiones de negocios puntuales¨ nunca fue involucrado como agente del servicio de inteligencia o adscripto a la nómina del gobierno de Vladimir Putin. Y eso que lo buscaron desde 2015.
Simplemente el FBI usó la información de Steele para pedir autorización ante el FISA (ver aparte) y tener de ese modo la cobertura legal necesaria en la operación. Y un juez «en las sombras» emitió el correspondiente consentimiento por cuatro veces consecutivas luego de vencido el plazo determinado para la pesquisa inicial.
Lo también llamativo es que el informe de Steele fue oportunamente considerado por el entonces director de la agencia James Comey ¨luego despedido en forma casi humillante en mayo pasado por Trump¨ de «escabroso y no comprobado».
Justin Raimondo es un vocero de los sectores más individualistas de EstadosUnidos, conocidos bajo el mote de «paleolibertarios». Por lo tanto no se lo puede calificar ni de pro-ruso ni de izquierdista. Raimondo analiza el rol del hombre que para el FBI vincularía a Trump en turbios acuerdos con Moscú como un comerciante que efectivamente se reunió con funcionarios rusos. Pero su delito, en realidad, sería que «se opuso a la histeria anti-rusa que impregna Washington y dijo que las sanciones contra Rusia eran un error».
Las denuncias sobre presuntas relaciones de Trump con el gobierno de Putin fueron el caballito de batalla en el tramo final de la campaña y arreciaron ni bien el nuevo presidente se acomodó en el Salón Oval.
En este camino fueron cayendo funcionarios como el asesor de Seguridad, Michael Flynn, acusado de haberle mentido al Congreso sobre reuniones con funcionarios rusos. La feroz embestida mediática le jugó una mala pasada, temeroso del ataque de la prensa, había ocultado algunos encuentros y fue descubierto.
Ahora que otra vez Trump aparece en el centro de las controversias, el mandatario dio luz verde para publicar el Memo Nunes, por el presidente del comité de inteligencia de la Cámara Baja estadounidense, el republicano Devin Nunes. Allí se revela parte de esta trama y se acusa a lo demócratas de haberle pagado al agente del MI6 para enchastrar a Trump.
Los demócratas prometieron ahora publicar un informe «anti Nunes» con su versión de el entuerto en la agencia creada por Edgard Hoover en 1935. Habrá que ver cómo sigue esta apasionante saga. «
Un tribunal kafkiano
La Ley de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera fue promulgada por el presidente James Carter en 1978. Fue una forma que aparecía como adecuada para regular las intervenciones en el extranjero de agentes estadounidenses luego de las intervenciones y los golpes gestados por la CIA desde 1954. Esta ley creaba también el Tribunal de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISC). El rol de esa verdadera corte paralela se hizo cada vez más importante sobre todo desde los atentados a las Torres Gemelas, en 2001, y tras la aprobación de la llamada Ley Patriótica.
Si bien en teoría la ley aplica a ciudadanos extranjeros que actúen en EE UU, en la práctica resulta una normativa para la vigilancia global, como denunció en su momento el exagente de la CIA Edward Snowden. Lo peligroso es que el FISC es un tribunal secreto. El argumento es que como trata de cuestiones de espionaje, los jueces no pueden ser identificados ni tampoco sus decisiones. En este tribunal kafkiano se maneja la acusación que pretende derrocar a Trump.
Tiempo Argentino, 10 de Febrero de 2018
por Alberto López Girondo | Feb 9, 2018 | Sin categoría
Bruno De Alto trabaja en el Centro de Micro y Nano Electrónica del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). Crítico del modelo que se quiere implementar desde el actual gobierno, reconoce sin embargo que ¨en la actual gestión hubo cosas interesantes, porque se trabajó en la mejorar procesos internos y se empezó a hacerlo en la certificación de una norma de gestión de la innovación, en vigilancia tecnológica y en el manejo de la propiedad intelectual¨. Incluso admite que se adecuó a las nuevas directivas ¨con gusto, porque en ese sentido eran interesantes¨
Sin embargo, la cuestión debe verse en forma sistémica, señala el autor de¨ Tozuda Industria Nacional¨.
-Nuestro mercado tradicional son las pymes, porque las multinacionales traen la tecnología de afuera y el Estado con sus empresas no es tractora de tecnología como lo fue en su momento Segba, YPF o Aerolíneas. No hay una propuesta industrial a partir de los grandes grupos nacionales para definir las líneas de investigación. Las pymes no tienen capacidad para hacer ciencia y tecnología entonces se asociaban y así se estaba trabajando. Eso, sumados a demandas de los municipios, problemas urbanos, son nuestra cartera de temas.
-Pero las pymes están en picada.
-Hay un contexto de desindustrialización, de retraso de la actividad productiva nacional y achicamiento de los presupuestos. Y es entonces que viene el planteo de este gobierno de reestructurar el Instituto
-¿Cuáles son los ejes de ese planteo?
-Hay tres líneas de trabajo en el INTI. Una es la homologación, certificación y controles que tienen por obligación que hacer los privados. Eso tiene un arancelamiento y es una caja. Eso requiere infraestructura y capacidad técnica. Hay también líneas de servicios para la industria, consulta técnica, resolución de problemas, demanda de tecnología. Y una tercera pata que estaba creciendo que es I+D, Investigación y Desarrollo, que es nueva. En algunos casos no están pedidas por nadie pero se visualiza que hace falta y se ponen en marcha. Son temas que se desarrollan con recursos del estado y con algunos socios privados pero básicamente pensando a futuro. Bajo un mismo techo, estas tres líneas tienen la posibilidad de retroalimentarse. El proyecto del gobierno es dividir eso.
-¿De qué manera?
-En relación con los controles se piensa en privatizar, porque tiene una recaudación, que alimenta la investigación. La resolución de los problemas tecnológicos se frena porque las pymes están en crisis. Y la I+D aparece con toda la parafernalia de Tecnalia, lo cual es humo porque como dije, va a estar desfinanciado internamente. Externamente se está desfinanciando el Ministerio de Ciencia y Tecnología y solamente habría investigación en la medida en que haya demandas del mercado, porque no existen ángeles inversores salvo que algo sea negocio.
-Lo que desfinancia otras problemáticas afines a la tarea del INTI.
-Problemas endémicos que solo puedan ser sostenidos por investigación del Estado van a quedar huérfanos. A esto lo venden como una modernización, con socios europeos, financistas, toda la estética de lo neoliberal. Pero eso no tiene encarnadura si no hay, como indica la experiencia internacional, financiamiento duro del estado. Esto es un bluf, va a tener pinta y temo que van a quedar compañeros entrampados en esa lógica y se van a frustrar, porque les va a faltar posibilidad de financiamiento y estarán obligados a hacer cosas que no son las que necesita el país. Porque además la agenda está alineada con la europea, son los negocios que Europa necesita para la alianza con Mercosur. Nosotros vamos a poder investigar cuestiones ligadas a esas exportaciones que se arreglen con Europa aislándonos de otros problemas que son propios, como los regionales, y además estarán elegidos por otros mecanismos que no son los propios. Esta división tiene como consecuencia que se abandona a la pyme, los controles que son obligatorios se desregulan y se perdería la seriedad en algunos casos. No sabemos qué va a pasar con controles vitales ligados a la salud o la seguridad.
Tiempo Argentino, 9 de Febrero de 2018
por Alberto López Girondo | Feb 9, 2018 | Sin categoría
¨Mi idea es reflejar la puja entre la Argentina industrial y los que solo quieren un país agroexportador¨. El que habla es Bruno De Alto, especialista en Gestión de Tecnología e Innovación por la UNTref y licenciado en Organización Industrial por la Universidad Tecnológica Nacional. Autor de un libro donde detalla lo que fue aquella aventura de los 70 de crear una computadora con desarrollo local, la calculadora Fate, desde hace unos años inició la tarea de reconstruir los primeros esbozos de industria rioplatense. Pero los tiempos conspiraron para que esa publicación viera la luz mientras él, trabajador del INTI, se ve inmerso en el plan de desguace de ese organismo nacional por parte del gobierno nacional.
Sentado a una mesa en la vereda de la Avenida General Paz donde el personal del INTI reclama la reincorporación de los 254 compañeros despedidos, es interrumpido a cada rato por los bocinazos solidarios y los gritos de apoyo desde los vehículos que circulan por la colectora. Los más entusiastas son los camioneros, pero también colaboran desde autos de alta gama.
¨Quería saldar temas del pasado y (con ¨Tozuda Industria Nacional¨) me ubiqué en el período entre 1776 y 1910, que es desde la creación del Virreinato del Rio de la Plata y el centenario de la Revolución de Mayo¨, dice De Alto. Una época donde nada facilitaba a la industria, y sin embargo hubo esbozos importantes. Eso explica que partiera de una fábrica de carretas en el Tucumán de fines del siglo XVII y de las de armas durante la guerra de la Independencia, hasta dos empresas paradigmáticas como Bagley y La Martona, avanzado el siglo XIX.
Como elementos de análisis, De Alto señala siete puntos que se aplican para entender el planteo y que de algún modo se hacen presentes en ¨Tozuda¨: La política del Estado, la demanda, el territorio, los actores protagonistas, la tecnología que manejan, el financiamiento y el contexto histórico. El dato concreto es que en ninguno de los casos citados el contexto hacía prever el desarrollo de una industria. Pero alguno de esos elementos o la suma de ellos hizo posible que de alguna manera cada uno de los experimentos prosperara.
Mano de obra aborigen
Uno de esos ejemplos es el de la elaboración de carretas en Tucumán. ¨Cuando se crea el virreinato florece la ruta de Potosí a Buenos Aires¨, recuerda el investigador. De hecho, el virreinato nace como respuesta a la presencia portuguesa y británica en el Rïo de la Plata. Y las riquezas de Potosí formaban una parte fundamental de los ingresos para mantener el aparato burocrático de la corona en la actual capital argentina.
– Para sacar el oro potosino, la distancia a Buenos Aires era de 1000 kilómetros menos que a Lima. Y además en llanura. Las postas de Salta Jujuy Tucumán y Córdoba comienzan entonces a tomar vigor. El cabildo de Tucumán facilita la actividad local, que estaba muy regulada por la corona. Permite que se armen servicios de transporte y que se fabriquen carretas- señala De Alto.
-¿Qué tipo de promoción? ¿Puso dinero?
-La habilitación. Los carreteros eran fabricantes y también transportistas. Y la mano de obra era con esclavos y con gente de los pueblos originarios que sabían trabajar la madera. El problema es que no se sabía cómo hacerlas. Y además no había acero, de modo que las carretas eran todas de madera. El viaje tardaba cuatro meses, con lo que sumado el aprovisionamiento y los arreglos era un viaje por año. Las carretas no duraban más de dos años.
-Un costo enorme.
-Que seguramente era pagado por el valor de la mercancía.
Armas para la revolución en manos catalanas
-¿Cómo aparecen las fábricas de armas? Porque uno conoce la historia de Fray Luis Beltrán y poco más.
– La revolución nace y no tiene armas. Estratégicamente no se permitía que tuvieran armas a miles de kilómetros de la metrópoli. Había arsenales y algún armamento pequeño y armeros en los destacamentos, pero ninguna capacidad industrial.
-¿Quien da la orden de fabricar?
-La Junta. La primera orden que da es incautar, comprar y fabricar. Se sacan armas a la población y se apropiaron de lo que había en instalaciones españolas y los armeros de los ejércitos trabajan para la revolución. La gran historia es la fabricación. La fábrica de cañones y morteros en Buenos Aires la organiza un señor Ángel Monasterio.
-Tiene nombre de calle.
-Dato interesante. Los extranjeros que había y que se nombra en libros de historia como españoles a veces no lo son. Muchos, como Domingo Matheu, eran catalanes, o sea que eran independentistas de España, tenían vocación liberal y antimonárquica y por tanto no tenían problema en sumarse a la revolución. Monasterio tenía conocimiento de fundición porque era escultor, tenía formación militar y era matemático, pero básicamente se nutre de documentación incautada. España pretendía ser potencia militar y en esa época los artilleros sabían hacer cañones. Se hizo también la fábrica de fusiles, que estaba donde ahora está el palacio de Tribunales. Se la dan a Matheu. También se instala una fábrica de fusiles de Tucumán, que con muchas dificultades, regentea Belgrano. La fábrica de pólvora de Córdoba queda a cargo de Diego Paroissien, otro personaje extraño.
-Era médico ¿no?
– Tenía conocimientos pero no es claro que fuera medico. Si que sabía de química, y lo pasó muy mal cuando le estalla la fábrica de pólvora. Entonces San Martin lo rescata y lo lleva a Mendoza y es su médico personal. También lo usa para tareas de inteligencia.
-¿Y Fray Luis Beltrán, al que el gremio metalúrgico tiene como su mentor?
-Él fabricó toda la logística para el cruce de Los Andes, hizo municiones. El mito de que fundía cañones lo creó Mitre, pero no está documentado. Si fabricó aparejos para llevar armas, ropa, botas, era un tipo muy creativo y capaz formado en la iglesia. El que si fundió cañones, en Jujuy fue Holmberg.
-Otra calle porteña.
-Era un barón austriaco que tenía dificultades para progresar en su patria, se va a España y de allí se viene al Río de la Plata y hablando en alemán y con unos manuales que tenía y bajo el mando de Belgrano logra fabricar morteros y cañones en Jujuy. Ese puzle de personajes te demuestra que se puede salir adelante.
-¿Qué paso después?
-Que terminó la revolución y nadie concibió que eso fuera una industria. Sólo Belgrano tenía una idea de eso.
Querer o no querer más Lola
-¿Cómo es la historia de Bagley?
-Melville Bagley era un norteamericano del norte del país, de una zona maderera. A los 20 años se va a Nueva Orleans, el suroeste, una ciudad cosmopolita y encuentra una vida distinta, con bares y cócteles. Era la capital del bíter, de los amargos.Era muy común que se hicieran bebidas semicurativas que terminaban siendo bebidas sociales.
-Algo así como la Coca Cola
-La Coca Cola tuvo el problema de la ley seca y le tuvo que sacar el alcohol. El caso es que cuando estalla la guerra civil, Bagley se encuentra con que él era un norteño en el sur.
-¿Por qué terminó en Buenos Aires?
-No hay certeza pero uno imagina que se tomó el primer barco que encontró para rajarse. O porque alguien le haya recomendado. Llega en 1862 y consigue trabajo en la Farmacia Estrella, que todavía está en la esquina de Alsina y Defensa, que era de los Demarchi, suizos. Ahí hace una carrera brillante, eran los tiempos de la transición de la botica a la droguería y finalmente la farmacia. Lo artesanal se transformaba en lo científico. A los dos años pone su saber con la Hesperidina pero como producto medicinal, como un bíter estomacal, con el apoyo de los Demarchi.
-¿La fórmula era ¨tomada¨ de Nueva Orleans?
-El dice que la fórmula es del doctor Cooley. El doctor Cooley, existió pero no hacia Hesperidina. Supongo que lo puso como cuestión comercial, pero duró nada más que un año. Y salió al mercado empapelando la ciudad con carteles de Hesperidina. Nadie sabía de qué se trataba
-Era un capo en marketing.
-La primera campaña registrada de marketing en Argentina es la de Bagley. Fue un éxito y lo copian y en los tribunales no le dan la razón porque había un vacío legal. El tema de la botica es interesante porque los Demarchi tenían relación con la política y allí se juntaban con Mitre, Roca. Nicolás Avellaneda le hizo dos favores grandes: bajó aranceles para importar máquinas de hacer galletitas y le puso la ley de marcas para proteger sus productos. La historia de Bagley es la del cuidado de la originalidad y de la relación con el poder.
-Luego hizo galletitas de invención propia.
-Bagley logra disparar tres productos, la Hesperidina, las galletitas y el dulce.¨ Las tres buenas cosas de Bagley¨, decía la propaganda. Él fue proveedor del estado con las famosas Lola. Eran una galletitas que les deba a los enfermos porque eran muy saludables. De ahí viene lo de ¨no quiere más Lola¨, que decían los enfermeros cuando un paciente se moría. Los comparaba el sistema de salud público.
La madre de Bioy Casares
¨Un caso interesante en la industria es el de Vicente Casares, abuelo del escritor Adolfo Bioy Casares. La mamá era La Martona, como bautizó a su empresa¨, rememora entre nuevos bocinazos De Alto.
-¿Qué tiene de interesante?
-Casares es de un linaje tradicional agroexportador. Su generación ya hace política, sin embargo se hace industrial. Es un caso excepcional porque no tiene ninguna necesidad y lo hace en una industria muy difícil por la necesidad de contar con una tecnología para proveer de leche fresca a una ciudad tan grande como Buenos Aires.
-¿Cómo era el consumo de leche en esa época?
-El consumo era esporádico, era un hábito de algunas comunidades europeas o de los vascos que andaban con las vacas por las calles o venían con caballos durante toda la noche. Con el traqueteo quedaba arriba la leche y abajo la manteca, en condiciones de salubridad muy pobres. No era habitual en el criollo tomar leche. Lo que hace Casares desde 1889 es crear un mercado, crear una cultura. Aparecen las lecherías en la ciudad. Traer leche fresca teniendo en cuenta que la planta estaba en Cañuelas, era un desafío, implicaba una logística importante. La mandaba por tren y lograr que fuera fresca limpia y pura era un avance tecnológico notable. Además creó la raza Holando. Lo de Casares es notable y más desde su alcurnia.
-Sin embargo la empresa termina desapareciendo.
-La cierra la tercera generación. A la muerte de Vicente lo suceden sus hijos y al cabo de los años comienzan a manifestarse problemas con el Estado. Aparece una ideología antiestatista que yo creo que no era la de Vicente, se enojan con los controles estatales, con los convenios colectivos y van desarmando la empresa. La parte comercial la van separando y se vuelven mayoristas porque no quieren tener personal, por los sindicatos. Hay todo un discurso antisindical y finalmente al quedar aislada tecnológicamente se cierra en 1978, en plena dictadura.
Tiempo Argentino, 9 de Febrero de 2018
por Alberto López Girondo | Feb 6, 2018 | Sin categoría
Luego de 13 horas de ininterrumpidas negociaciones, logradas tras varias jornadas de huelga en la principal industria del país, sindicatos y patronales metalúrgicas alemanes sellaron un acuerdo que permite incrementos de salarios y la reducción de jornada laboral a 28 horas semanales en determinados casos. El convenio regirá inicialmente para cerca de un millón de trabajadores del suroeste germano, donde se asienta la industria automotriz, pero da pie a que se extienda a unos 4 millones de metalúrgicos de toda la nación.
Ubicada como la avanzada de la economía alemana, los beneficios para las empresas alemanas, Daimler-Benz, Volkswagen, Audi, BMW y la aeronáutica Airbus y las eléctricas Siemens y AEG tuvieron beneficios del orden del 11% en 2014, 9% en 2015 y 12% en 2016. Pero fueron bastante avaros a la hora del derrame: apenas entre un 2 y un 3 % anual en estos períodos.
Por esa razón desde mediados de enero los gremios vienen reclamando incrementos salariales y reformular el ordenamiento de los horarios de trabajo bajo el lema de ¨mi vida, mi tiempo¨.
Así fue que como parte de las negociaciones en las que el sindicato IG Metall, que nuclea a unos 3 millones de afiliados, pedía un 85 de aumento, se buscó reducir la jornada laboral a 28 horas para quienes tengan hijos menores o deban atender a enfermos o ancianos.
Finalmente, las patronales -que conforman Gesamtmetal- acordaron un 4,3 % de suba, un pago adicional de 100 euros al mes entre enero y marzo y 400 euros anuales desde 2019. El convenio finaliza el 31 de marzo de 2020.
Además, hubo fumata blanca para el equivalente al 27,5% de las vacaciones mientras que la actual jornada laboral de 35 horas semanales puede ser a solicitud del empleado llevada hasta las 40 horas.
La patronal de la industria metalúrgica dijo en un comunicado había firmado un «compromiso llevadero» aunque argumentó que ese acuerdo mantiene «elementos dolorosos». Con el nivel de ganancias que obtuvieron en estos año no queda claro a qué tipo de dolor se referían.
Para los gremialistas, a su vez, si bien no obtuvieron todo lo que querían, lograron mover un poco el amperímetro por sobre del fatídico 2% de las últimas paritarias y además impulsaron una modificación en los horarios de trabajo.
De este modo, los empleados del sector con al menos dos años de antigüedad en la empresa podrán tienen derecho a las 28 horas la semana laboral por entre seis y 24 meses, al cabo de los cuales podrán volver a su puesto a tiempo completo.
«El acuerdo marca un giro importante en cuanto al tema del tiempo de trabajo», señaló el titular de IG Metall Jörg Hofmann. «Durante demasiado tiempo la flexibilidad del tiempo de trabajo ha sido un privilegio de los empleadores» y «de ahora en adelante los empleados tendrán el derecho de optar por un tiempo laboral reducido, para ellos mismos, para su salud o para su familia», abundó, según un cable de la agencia AFP.
A cambio, las empresas podrán aumentar el tiempo de trabajo a 40 horas semanales en caso de necesidad y siempre y cuando los empleados acepten el convite.
Este acuerdo puede servir de marco para futuros arreglos entre partes teniendo en cuenta la influencia que tienen los metalúrgicos alemanes en el resto de los trabajadores no solo del país sino de Europa. Tal vez por eso las negociaciones no fueron fáciles y las medidas de fuerza fueron tan importantes como para que los memoriosos tuvieron que recordar como antecedentes del mismo nivel a las que se produjeron en los años 80 del siglo pasado.
Tiempo Argentino, 6 de Febrero de 2018
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