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El hombre de las cavernas que podría gobernar Brasil

El hombre de las cavernas que podría gobernar Brasil

El principal contrincante de Lula da Silva para las elecciones presidenciales de 2018 es un ex militar de ideas cercanas al neonazismo, que reivindica la tortura y fue condenado a pagar una multa a una diputada del PT de la que dijo que “no merecía ser violada”. Jair Messias Bolsonaro, que obtendría un cuarto de los votos en una eventual votación y disputaría el balotaje con el ex presidente brasileño, suele hacer comentarios de corte medieval en sus redes sociales pero logra al mismo tiempo ponerse al margen de las disputas en torno al Lava Jato, lo que para muchos sectores sociales es garantía de anticorrupción.

Bolsonaro trascendió las fronteras brasileñas cuando comenzó el juicio político contra Dilma Rousseff al dedicar el voto por su separación del cargo al coronel Carlos Brilhante Ustra, el sádico personaje de la dictadura militar que gobernó el país entre 1964 y 1985 y que se ufanaba de haber torturado a la joven Dilma, por entonces militante de un grupo guerrillero.

Desde las redes sociales, que aprovecha al máximo –tiene cuatro millones de seguidores en Facebook, sin ir más lejos-, este ex capitán de paracaidistas de 62 años que fue arrestado en 1986 bajo el cargo de haber planeado la colocación de un artefacto explosivo en un cuartel del ejército en Río de Janeiro, acostumbra despotricar contra lo que considera un “legado comunista”, como las políticas implementadas por el PT desde que llegó al gobierno, en 2003.

Tuvo otras intervenciones provocativas que levantaron críticas a granel, según recopiló el periodista “gaúcho” Pedro Henrique Leal. Como cuando dijo que el ex presidente Fernando Henrique Cardoso debería ser “fusilado en una plaza pública”. O como cuando llamó “animales” a los activistas negros y por tanto, pidió que regresen “al zoológico”. En esa misma línea, llegó a tildar a refugiados haitianos, africanos y de Oriente Medio que pidieron asilo en Brasil de ser “la escoria de la humanidad” y considerar que el ejército debería “encargarse de ellos”.

Por si fuera poco, reveló su homofobia extrema cuando dijo que los homosexuales tienen esa preferencia sexual por “no haber recibido suficientes palizas”. Padre de tres hijos que ya comenzaron sus respectivas carreras políticas, dijo en consecuencia que no estaba preocupado por posibles desviaciones de sus vástagos (como salir con mujeres afrodescendientes o ser gay”, porque les dio “una educación adecuada”.

Sin pelos en la lengua, como se dice –aunque en su caso con gruesa pelambre en todo el cuerpo por su inaudito “gorilismo”- sostiene que si cometieron un error los militares que protagonizaron las más cruentas dictaduras en la historia latinoamericana en los 70 fue “no haber matado a suficientes personas”. Sobre todo, a militantes y simpatizantes de sectores de izquierda, a los que califica, sin distinciones, como comunistas.

Para combatir el delito y las costumbres que considera desviadas tanto en lo sexual como en lo político, propone aplicar mano durísima. Lo que incluye autorizar el uso de armas, a la manera de la sociedad estadounidense.

Por lo pronto, una de sus bravuconadas le costará algo más de tres mil dólares. La causa fue refrendada en segunda instancia por la Tercera Sala del Superior Tribunal de Justicia brasileño, que ratificó por unanimidad la condena en una causa promovida por la diputada del Partido de los Trabajadores María do Rosario Nunes.

Hace tres años, en un discurso en la Cámara de Diputados, Bolsonaro tuvo y fuerte cruce con la legisladora, que condenaba las violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen militar. Despectivo, como siempre, el entonces representante del Partido Social Cristiano espetó: «No la voy a violar porque ni eso merece».

No contento con el revuelo que levantó, en una entrevista posterior al diario Zero Hora insistió: «Ella no lo merece porque es muy mala, muy fea; no califica para mi gusto. Jamás la violaría. No soy violador, pero si lo fuese, no la violaría porque no lo merece».

Lo llamativo y al mismo tiempo peligroso, desde otra perspectiva, es que Bolsonaro -que ya anunció su postulación a presidente con una nueva agrupación política, Partido Ecologista Nacional (PEN)- según una última encuesta del instituto DataPoder360 sigue creciendo en las preferencias del electorado brasileño y ya araña el 25 % de voluntades. Lula, condenado el mes pasado por el juez Sergio Moro en una causa por la supuesta compra de un departamento en Guarujá, también creció y ronda el 32 % del electorado. Lo que implica que si las elecciones fueran hoy, el ex metalúrgico y el ex paracaidista irían a segunda vuelta.

Cierto es que Bolsonaro no está implicado en los escándalos que sacuden a la política brasileña, lo que quizás le granjee la simpatía de sectores sociales hastiados de las denuncias de corrupción.

El riesgo es que este personaje salido de las cavernas estaría a las puertas de gobernar la mayor economía de América Latina, con lo que esto implica para el resto de los países de la región.

Tiempo Argentino
Agosto 17 de 2017

 

La profunda grieta que divide a Estados Unidos

La profunda grieta que divide a Estados Unidos

La demora del presidente Donald Trump en condenar el ataque en Charlottesville del sábado pasado y las fuertes críticas que despertó su tibio comunicado en que pone en un mismo nivel a racistas que a antirracistas, sumado a los enfrentamientos que todavía despierta el enfoque sobre la guerra civil, revela que hay una profunda grieta en Estados Unidos que no se ha cerrado en más un siglo y medio. Y precisamente este año se cumplieron 140 años del fin de un proceso virtuoso en el sur esclavista que había llevado a la igualdad de derechos entre negros y blancos por la que habían muerto cerca de un millón de norteamericanos en la terrible guerra de Secesión.

Como se sabe por cientos de filmes de Hollywood, los estados sureños intentaron hacer rancho aparte de la Unión al negarse a terminar con el sistema de esclavitud, una de las promesas de Abraham Lincoln en su campaña electoral. Es así que en noviembre de 1860, tras el triunfo del candidato republicano (si, aquellos republicanos eran antiesclavistas, mientras que los demócratas eran esclavistas), Carolina del Sur anunció que se separaba de la Unión. Para febrero de 1861 siete distritos habían conformado los Estados Confederados de América.

Lincoln asume el 4 de marzo y el 15 de abril estalla lo que Arturo Jauretche llamó “la guerra de las camisetas”. Es decir, una conflagración en la que se dirimía dónde y cómo se irían a fabricar las prendas con el algodón producido por los esclavos negros del sur; si en el norte industrializado y con obreros asalariados o en Gran Bretaña.

En pocos meses los confederados eran 11 estados (Carolina del Sur, Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Luisiana, Texas, Virginia, Arkanzas, Carolina del Norte y Tennessee).

Tras un infierno de cuatro años, el 9 abril de 1865 el general Robert E. Lee se rinde y comienza otro período en la historia de Estados Unidos. Un período que ya no protagonizará Lincoln, asesinado cinco días después de este acontecimiento, durante una función a la que había asistido en el Teatro Ford de Washington por un actor virginiano supremacista, John Wilkes Booth.

Asumió su vicepresidente, Andrew Johnson, no tan comprometido con la equiparación de derechos entre negros y blancos como Lincoln, y que inició un Plan de Reconstrucción del sur derrotado en mayo de 1865. Para fin de ese año, Johnson anunció el fin de ese proceso y que los estados confederados podían desde entonces regresar a la Unión respetando el fin de la esclavitud.

Pero esto no era todo por lo que se habái luchado y los legisladores republicanos no estaban de acuerdo: solo habría una verdadera reconstrucción del país si los hombres liberados en el sur tuvieran todos los derechos que emanaban de ser ciudadanos estadounidenses. Para ese año, también, nace el Ku Klux Klan, con el objetivo de mantener los privilegios de los blancos, escudados en la supremacía sobre otras razas.

Choque de poderes

Nació entonces un enfrentamiento entre el presidente y el Congreso, que por las suyas aprobó un Acta de Reconstrucción Militar, en 1867, y pasó por sobre el veto del mandatario. El sur fue dividido en cinco distritos militares gobernados cada uno por un general, respaldado en tropas federales, para garantizar que se cumpliera la 14 enmienda constitucional, que daba plenos derechos a negros y blancos.

Avanzó en el Parlamento un impeachment contra Johnson, que se salvó por un voto de ser destituido.

Como fuera, los antiguos esclavos pasaron a reclamar los 40 acres (16 hectáreas) y una mula prometidos por ley. Y a participar activamente en la vida política, no solo como votantes sino como legisladores. De hecho, fueron primordiales para el triunfo de Ulysses Grant en 1868.

Para 1870 las quinta parte de los oficiales sureños eran afroamericanos, tenían 22 representantes en el Capitolio. Los esclavistas no se quedaron de brazos cruzados y desplegaron medidas legales para frenar los avances y cuando no pudieron, comenzaron con actos terroristas.

En 1871 se dictaron las Actas de Ejecución, que convertían en ilegal el soborno, la fuerza o las tácticas de terror para impedir que otra persona vote. Hubo también apoyo para emprendimientos e inversiones industriales en el sur rebelde, cosa de convencer por el bolsillo de las ventajas del capitalismo sobre otros modelos de explotación económica.

Pero la situación se fue enrareciendo y en 1872 se dictó un Acta de Amnistía por la cual los responsables de haber demorado o bloqueado las reformas por métodos reñidos con la civilización quedaron exculpados y entre otras cosas, recuperaran derechos civiles.

Desde entonces y lentamente los demócratas fueron tomando posiciones claves en el control de los estamentos del estado en cada distrito. Hasta que en 1876 se produce el hecho que los supremacistas, como se los llama ahora, estaban esperando.

Los demócratas postularon al gobernador de Nueva York, Samuel Tilden, los republicanos, a Rutheford Hayes. Tilden tuvo más votos populares, pero quedaba a un elector de consagrarse presidente. Hayes decidió ganar a como diera lugar. Y lo hizo con la promesa de retirar al ejército de los estados sureños ni bien asumiera su cargo.

En marzo de 1877 el nuevo presidente retiró todas las tropas federales. Desde ese momento y en muy pocas semanas, los negros fueron perdiendo todos sus derechos y comenzaría una verdadera dictadura blanca que duraría, al menos en los papeles, hasta la década de 1960. Hayes es el mismo personaje que como árbitro de una disputa fronteriza entre el estado argentino y lo que quedaba del país de Francisco Solano López luego de la guerra de la Triple Alianza (otra guerra por el algodón en cierto modo) laudó a favor de Parguay, que en su honor nombró Presidente Hayes al distrito recuperado.

Un siglo debió pasar de aquella guerra contra la esclavitud para que, luego de una lucha que sumó a Rosa Parks (la mujer que en diciembre de 1955 se negó a dejarle su asiento a un blanco en un autobús en Montgomery, Alabama), Martin Luther King, Malcolm X, Stokely Carmichael, W.E.B. Du Bois y tantos otros líderes, lograran que otro vicepresidente asumido en reemplazo de un mandatario asesinado, (Lyndon Jonhson, sucesor de John Kennedy) aprobara una ley de Derechos Civiles, en 1965, que volvía a prohibir la discriminación racial.

La llegada de Barack Obama a la presidencia, en 2009, hizo pensar que finalmente terminaba una era oscura en la historia de esa nación y que se igualaban derechos no solo en los papeles sino en la cultura de los ciudadanos. Pero la seguidilla de casos de violencia policial contra negros durante su mandato reveló que la brecha seguía abierta.

Estos últimos casos, en Charlottesville y ahora en Carolina del Norte, dan cuenta de una divisoria social que no se consigue cerrar. En Virginia, un joven fanático atropelló a una multitud y mató a una mujer e hirió a casi 20 personas en manifestaciones a favor y en contra de destruir una estatua del general que se rindió ante las tropas federales. En Durham un grupo tiró abajo la estatua de un soldado confederado para simbolizar la ruptura con ese pasado que sigue sin embargo pesando en el imaginario estadounidense.

Tiempo Argentino
Agosto 16 de 2017

Venezuela en su laberinto

 

Mientras en la Unión Europea y Estados Unidos amenazan con reforzar medidas contra las autoridades venezolanas -un paso que sin dudas dará pie a castigos adicionales de los gobiernos derechistas latinoamericanos- el presidente Nicolás Maduro se prepara para dar inicio a la Constituyente votada este domingo en un clima de enfrentamiento cada vez más violento con la oposición. Todo esto exacerbado por la recaptura de los dirigentes Leopoldo López y Antonio Ledezma, ordenada por la justicia de ese país, bajo el cargo de haber violado las condiciones para su prisión domiciliaria, una decisión interpretada desde usinas conservadoras el exterior como de incremento de la represión chavista.

La Constituyente se propone reformar la Constitución aprobada en 1999 luego del primer triunfo de Hugo Chávez, en el marco del acoso constante de la oposición a Nicolás Maduro, que tiene como objetivo profundizar el camino hacia la toma de decisiones por las bases populares en desmedro de las instituciones representativas características de la organización social burguesa. Un camino que ya había establecido el propio Chávez antes de su muerte en 2013 y que hasta ahora no había decidido tomar su sucesor.

Para los críticos, es una medida desesperada de Maduro para contrarrestar la ofensiva opositora, que busca su renuncia o su destitución y que en tres meses dejó un saldo de casi 120 muertos. Para el oficialismo, lo que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) busca a como dé lugar es evitar que la Constituyente se instale porque el resultado de la consulta de este domingo fue una prueba del apoyo que conserva el gobierno en amplios sectores de la sociedad.
López y Ledezma fueron detenidos en la madrugada del lunes por efectivos de seguridad venezolanos. Con prisión domiciliaria desde abril Ledezma, ex alcalde de Chacao, y desde principio de julio en el caso de López, la justicia los acusa de haber violado el acuerdo establecido para salir de la prisión por las condiciones de salud que habían alegado sus abogados.

Ledezma había sido acusado de asociación ilícita y conspirar contra las instituciones pero no había recibido condena firme. López, en cambio, tuvo una sentencia a 13 años de prisión por instigar a la violencia a sus seguidores, de un partido mínimo dentro de la MUD pero de tendencias muy extremas, Voluntad Popular. Fue a raíz de las “guarimbas” de 2014, que provocaron la muerte de 43 personas, muchos de ellos chavistas o fuerzas de seguridad.

La tensión en Venezuela hace temer por lo peor: una guerra civil o una intervención más directa de Estados Unidos, en un calco de lo que ocurrió en Ucrania, Libia y Siria. Con grupos violentos atacando a cada uno de los gobiernos para desestabilizarlos, generar cuadros de represión y cargarles todos los muertos a las autoridades, en estos casos, siempre contrarias a las políticas de los países occidentales.

La muestra de la violencia opositora se refleja en videos donde se ve cómo atacan a simpatizantes chavistas. Y en que muchas de las víctimas eran agentes de seguridad. Por otro lado, también hay casos de policías procesados por abusos en la represión de las marchas, que han generado no solo caos sino también destrozos en propiedades estatales y privadas. Lo que queda claro es que cada caído en estas refriegas cotidianas, incrementadas desde la última ofensiva de la MUD hace dos meses, es atribuido al gobierno de Maduro, que aparece ante la opinión pública internacional como el causante de todos los males en Venezuela.
El país está en una grave situación económica y social, esto es cierto, con desabastecimiento de productos esenciales y falta de medicinas. Este también es un calco de otros ataques contra procesos revolucionarios y poco cuesta recordar los meses finales del gobierno de Salvador Allende en Chile, en 1973. En el caso de Venezuela, los gobiernos bolivarianos no pudieron cambiar la matriz básica de la economía del país, dependiente de la exportación de petróleo y con reservas entre las mayores del planeta.

Hubo dos problemas que agravan este panorama: la muerte de Chávez, el 5 de marzo de 2013, no fue fácil de sobrellevar por Maduro, designado como sucesor por el propio líder bolivariano en su última aparición pública. Por otro lado, el petróleo, que cotizaba sobre los 100 dólares el barril, cayó en picada y ahora ronda los 44 dólares tras haber pisado los 25.

La oligarquía venezolana, que no se caracteriza por sus tendencias democráticas, tuvo siempre un particular encono contra Chávez y llegó a derrocarlo por unas horas en abril de 2002. Entonces, el fallecido militar fue devuelto al poder por las multitudes en las calles. Desde ese momento, la oposición intentó primero desconocer al gobierno y a las instituciones chavistas al punto que no participó en algunas elecciones, con lo que la Asamblea Nacional funcionó sin representantes de la derecha.

Pero ya en el 2012 consiguió unificar a los diferentes partidos en torno a un núcleo en condiciones de derrotar al oficialismo. No lo lograron contra el propio Chávez y estuvieron a unos pocos puntos contra Maduro en 2013. En 2015, sin embargo, en elecciones parlamentarias, obtuvo casi los dos tercios de la Asamblea, lo que puso en jaque a Maduro.

Todo se fue acelerando desde entonces, ya que a los pocos días de aquel resultado asumía en Argentina el presidente Mauricio Macri, que había hecho del ataque al chavismo parte fundamental de su campaña electoral. Luego, la derecha brasileña dio un golpe contra Dilma Rousseff y los apoyos a Maduro en la región se redujeron drásticamente.

Maduro ahora se topa con una feroz oposición interna y gobiernos no menos feroces en el exterior. Solo Ecuador, Bolivia, Nicaragua y en menor medida, Uruguay, sostienen las banderas bolivarianas. Tabaré Vázquez viene frenando la expulsión del Mercosur reclamada por Macri y el brasileño Michel Temer pero no alcanza a frenar el impulso contra Caracas del ex canciller del Frente Amplio, Luis Almagro desde la OEA. Una institución que venía de capa caída y de la mano de los gobiernos conservadores vuelve a tallar.

Una caída definitiva y oprobiosa del chavismo simbólicamente es un golpe demoledor para las fuerzas progresistas de la región. Así como Chávez es el símbolo de la integración autonómica de los países latinoamericanos y del Caribe, una caída de Maduro sería el punto de partida de otro modelo de integración, afín al proyecto que inserta a la región como el patio trasero del imperio, gobernado por representantes de esos poderes o empresarios vinculados a sus negocios.

Tiempo Argentino
Agosto 2 de 2017

Entre el Che y Vietnam, la increíble historia de los bolivianos en Chicago

Entre el Che y Vietnam, la increíble historia de los bolivianos en Chicago

Patricia González es de Oruro y vive desde hace algunos años en Chicago. No quiere perder las raíces y entonces baila las danzas tradicionales de su patria. Este nuevo aniversario de Bolivia, el 192, la encontrará nuevamente dando muestras de su talento en el Royal Garden Banquet Hall, en Montclare, junto con los otros integrantes del grupo de Renacer Boliviano, que celebrará a 7000 kilómetros de su tierra la fecha patria. Practica con el traje que utilizará en esa ocasión, a pesar del calor del verano en esta ciudad del estado de Illinois.

Un puñado de médicos bolivianos inició este camino inesperado para la emigración de ese país hace medio siglo y ahora quizás sean 1500 los residentes en estos parajes estadounidenses, aunque ninguno de los miembros de la comunidad está en condiciones de asegurar exactamente la cifra. Muchos son profesionales, como aquellos primeros en lanzarse a la aventura.

Ximena Atristain preside Renacer Boliviano, la organización que aprovechará esta fiesta patria para juntar fondos destinados a obras de caridad en el país sudamericano. Junto con Mery Ocampo y Ligia Angulo, contadora pública una y bioquímica la otra, reciben a Tiempo en el local donde ensayan los pasos que presentarán este fin de semana. Allí cuentan que Renacer es una institución creada en 1989 con la idea de nuclear a todos los inmigrantes bolivianos sin distinciones. Por eso se jactan de unir a chapacos, cambas y kollas bajo el mismo objetivo. Esto es, a oriundos de los valles tarijeños, del Oriente boliviano (Santa Cruz, Beni y Pando) y del altiplano (La Paz, Oruro y Potosí), «algo que en otros lugares del exterior no es tan fácil», aseguran. Se sabe de las diferencias entre estas regiones que hace unos años casi llevan a planteos independentistas en la región de los llanos orientales.

Normalmente, la emigración suele ir de la mano de un grupo inicial que luego, a medida que se va asentando, va atrayendo a familiares o amistades detrás de esa iniciativa. En el caso de los bolivianos de Chicago la historia tiene sus bemoles. Para Ocampo, es una anécdota que escuchó por ahí aunque en su caso, no fue ese el origen de su mudanza. «Había unos doctores que fueron llevados para atender en Chicago porque por la guerra de Vietnam, no había médicos locales», dice, y dispara la sorpresa.

«Eran años de dictadura en Bolivia –recuerda Atristain, quien recaló en Chicago de la mano de su padre, a la sazón un exiliado por los vaivenes de la política sudamericana– y estaba el fantasma del Che con la guerrilla».

Los datos más certeros provienen de Raleigh Cavero, quien en un libro presentado hace poco señala pormenores de aquella primera incursión. Según el autor, nieto de Jorge Cavero, uno de los primeros médicos en viajar, el estadounidense John Buckingham se contactó por aquellos años con un sacerdote también estadounidense, Timothy Sullivan, quien había creado una organización para combatir el comunismo en Cochabamba.

Cuando Buckingham se enteró de que había doctores recién egresados que estaban con ganas de ir a especializarse en el exterior, no lo pensó dos veces. Se puso en contacto a través de religioso y los invitó a ir. El esquema era que podrían ser útiles esos servicios mientras los locales asistían en la guerra. Al cabo de un par de años podrían contar con profesionales debidamente instruidos en los males del comunismo y con espíritu colaborativo como para combatir en el mismo terreno a la insurgencia.

No contaban con un detalle, corrobora Ocampo. «Ninguno se quiso volver y además, fueron llegando más bolivianos», tentados por el éxito que había tenido aquella primera avanzada.

Con los años siguieron llegando nuevas oleadas al calor de las sucesivas crisis políticas y económicas en el país del sur. «Pero ahora los más jóvenes se están planteando el regreso», acota Atristain. El resto asiente con la cabeza: «No está fácil para nadie vivir en Estados Unidos. Un poco porque se trabaja mucho y no se gana mucho y otro porque se endurecen medidas contra los emigrantes. Pero además, en Bolivia la situación está mejor». «

Viveza sudaca

Licenciado en Física en Bolivia, Nery Urzagaste trabajó en grandes compañías industriales de Estados Unidos, donde sus conocimientos pero también su perspicacia de origen le dieron un sello diferencial. «Me especialicé en programas de ahorro de energía, algo que en este país resultaba insólito cuando llegué, en los ’70», afirma.

Contratado por John Deere, la fabricante de tractores, aplicó conocimiento académico, pero mucho más esa «viveza sudamericana» de arreglarse con lo poco que hay a mano. «Los ingenieros de Estados Unidos no están entrenados para lo inesperado, y si no lo tienen escrito en un libro, no saben cómo salir del paso». Algo que en esta parte del continente es cosa de cada día, el famoso arreglo con alambre e ingenio, le dio lugar para el crecimiento profesional a Urzagaste, que debe siempre recordar al arquero argentino del mundial de México, Nery Pumpido, para explicar cómo se escribe su nombre de pila.

«Después pasé a Kellogg’s –la multinacional alimenticia– pero allí eran mucho más esquemáticos y no aceptaban tan fácilmente mis propuestas», reconoce con un tono de desazón.

Tiempo Argentino
Agosto 6 de 2017