por Alberto López Girondo | Sep 25, 2016 | Sin categoría
El presidente Enrique Peña Nieto aparece cada vez más envuelto en la trama por la desaparición de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa, cuando se cumplen mañana dos años del trágico suceso que aún conmueve a la sociedad mexicana. El mandatario viene siendo objeto de fuertes cuestionamientos por los padres de los 43 estudiantes desaparecidos el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, estado de Guerrero, y por organizaciones civiles y políticas. Y no acierta a dar una respuesta contundente que demuestre no solo que el Estado se hace cargo de su responsabilidad en el hecho sino que además hace lo posible para investigar seriamente y castigar como corresponde a los asesinos y sus cómplices, que a todas luces son parte de ese mismo Estado, como lo demuestran las pesquisas independientes que intervinieron en el caso, incluso del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).
La última vuelta de tuerca sobre el caso es que intentó correr administrativamente el trabajo que venía realizando el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), un panel de especialistas que se armó en noviembre de 2014 a instancias de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), con anuencia de los representantes de las víctimas de Ayotzinapa y el Estado mexicano, del que también forma parte el EAAF.
El grupo se formó cuando la “verdad histórica” del caso se convirtió en una bomba de tiempo en el despacho de Peña Nieto, porque nadie se la creyó. Al poco tiempo, esta investigación independiente no solo echó por tierra la versión oficial, sino que la contradijo al punto de responsabilizar a miembros de las fuerzas de seguridad municipales, estaduales y nacionales. Fue así que hace seis meses el gobierno central decidió no renovar el acuerdo. Una forma esquiva pero evidente de deshacerse de esta indagación incómoda.
¿Qué dice la “verdad oficial»? Que los normalistas tomaron dos autobuses en Iguala, fueron bloqueados por policías municipales, resultaron atacados por hombres armados y en esas circunstancias tres estudiantes fueron muertos. Los otros terminaron entregados a una banda del cártel Guerreros Unidos, ligado al entonces alcalde de Iguala, que los asesinó y quemó los cuerpos en un basurero de Cocula hasta que no quedó sino polvo, el que fue arrojado luego al río. Esa versión sostiene que fueron eliminados porque los adolescentes pretendían protestar en un acto que iba a realizar la esposa del alcalde.
El GIEI, en cambio, determinó mediante pruebas testimoniales telefónicas y del sistema de comunicación interna de la policía que hubo uniformados de los tres estamentos estatales involucrados en los momentos clave del bloqueo de la carretera y el desalojo de los estudiantes de los ómnibus. También dice un informe al que tuvo acceso Tiempo que “más de una investigación científica (incluyendo la del EAAF) descartó la posibilidad de que los cuerpos de los estudiantes pudieran haber sido incinerados en el basurero de Cocula, según las condiciones climáticas, y sin dejar vestigios”. Es más, los restos del único muchacho que pudieron ser identificados, Alexander Mora, fueron hallados en circunstancias “muy sospechosas”. Precisamente el GIEI obtuvo videos que muestran a miembros de la Procuraduría General de la República (PGR) en el lugar de ese macabro hallazgo el día anterior y que no constan en ningún registro.
En paralelo, la misma PGR emitió un dictamen con su investigación interna donde revela que en algunos de esos videos se puede ver al entonces titular de laAgencia de Investigación Criminal (AIC), Tomás Zerón, recorriendo la ribera del río San Juan de Cocula, un mes después de la desaparición, en compañía del presunto sicario de Guerreros Unido, Agustín García Reyes, “El Chereje”, quien luego “confesaría” el bárbaro crimen ante las autoridades. El hecho, que causó gran conmoción, fue revelado por el portal de la periodista Carmen Aristegui.
El último paso de esta controversia fue la denuncia de la Visitaduría Interna de la PGR del 12 de septiembre contra el jefe de la AIC, nombrado por el primer mandatario, como responsable de maniobras de ocultamiento de pruebas. Ante el revuelo que se levantó, el presidente aceptó la renuncia del implicado, Tomás Zerón, pero lo designó secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Seguridad “en un reconocimiento a sus acciones y (porque) responde a la experiencia y capacidad que ha demostrado en sus encargos anteriores”. Además, echó al autor del lapidario informe, César Alejandro Chávez, y rechazó en forma terminante que se califique al caso como un crimen de Estado.
Tiempo Argentino
Setiembre 25 de 2016
por Alberto López Girondo | Sep 24, 2016 | Sin categoría
En una distendida charla con periodistas locales a la que asistió Tiempo Argentino, el presidente de la Delegación del Parlamento Europeo para las Relaciones con los países del Mercosur, el portugués Francisco Assis, se mostró convencido en que finalmente la Unión Europea firmará un acuerdo comercial con el Mercosur, aunque por la enmarañado de las negociaciones necesarias «eso no ocurrirá sino en un par de años».
Al mismo tiempo, descartó de lleno que se vaya a firmar un Tratado de Libre Comercio entre la UE y Estados Unidos. «Francia ya dijo que no y en el resto de los países hay mucha resistencia», se sinceró. Y lamentó que el Brexit, si bien para la UE a futuro puede no ser tan terrible, encuentra a la integración regional en un momento dramático. «Estamos paralizados», puntualizó.
Diseñado como un conversatorio en la sede de la Fundación Friedrich Ebert de la ciudad de Buenos Aires, Assis no esquivó el convite ante ninguna cuestión. Así, habló de la grave situación que representan los millones de refugiados que día a día buscan un sitio bajo el sol en el continente. Pero al mismo tiempo no tuvo empacho en reconocer que en gran medida la situación fue provocada por decisiones erróneas de países europeos.
«Sobre todo en Libia y aún en Siria», lo que generó el desplazamiento de miles de personas que quieren buscar refugio «en los países más ricos, en primer lugar, Alemania». Pero también se han cometido errores en Ucrania, señaló. «Debía hacerse pensado que no se debe confrontar a una gran potencia como es Rusia al punto de la humillación y eso pasó y había que pensar que iba a traer consecuencias», dijo.
En el caso libio, Assis, que perteneciente a la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas que representa el ala socialdemócrata en el Parlamento europeo, dijo no entender especialmente al actitud de algunos países con Muammar Khadafi, asesinado en 2011 «luego de que durante los últimos años se estaba acercando a Europa y fue recibido por todos los mandatarios y hasta reyes con todos los honores, de hecho Khadafi era ´una vedetta», replicó. la Libia de hoy, prosiguió, es fuente de inestabilidad y facilitó el crecimiento de grupos terroristas como Estado Islámico.
«La Europa de hoy vive con miedo -destacó. está militarizada, Bruselas está recorrida diariamente por soldados en vehículos motorizados como si fuera una guerra». Y alarmó a los presentes con un rotundo «Va a haber más atentados», como los que sufrieron Francia y Alemania en las últimas semanas, «ya que para los yihadistas Europa es el blanco principal».
Repaso
El primer tramo de la intervención del eurodiputado portugués consistió en una exposición sobre el momento que vive la organización europea, «fundada como una acuerdo de paz entre Francia y Alemania», acotó. Y tras un largo detalle de la crisis económica que se extiende sobre todo en los países del sur, entre los que precisamente está el suyo, no se privó de una frase irónica al destacar que «España creció estos meses porque como no tiene gobierno firme, no puede hacer recortes presupuestarios».
Pero fue claro en que las tensiones que subsisten entre quienes quieren mantener la economía bajo cauces ortodoxos y quienes pretenden una expansión más acelerada finalmente se debe encontrar un punto de equilibrio. El temor al crecimiento de los partidos ultraderechistas y xenófobos es alto y preocupa, reconoció. «Sin inversión pública no es posible el crecimiento», sentenció luego.
¿Cómo afectará la salida de Gran Bretaña? «Es difícil decirlo- dijo Assis- pero tampoco es que sea el fin del mundo. El Reino Unido siempre tuvo una actuación distante de la integración plena y además, hay que ver qué ocurre con Escocia, que quiere votar para volver a Europa».
En cuanto al Mercosur, confió que con el cambio de gobierno en Argentina y luego de la destitución de Dilma Rousseff en Brasil, el proceso hacia un acuerdo entre la UE y el organismo sudamericano aparece como más despejado de este lado del Océano. Las dificultades ahora provienen más bien de Francia, Irlanda y Polonia, y en el rubro agrícola específicamente en el tema de la carne. Con relación a la administración Macri, Assis dijo que el cambio es muy notorio y percibió mucha predisposición a un acuerdo que, hay que decirlo, genera resquemores y fuertes quejas en distintos sectores industriales vernáculos, aunque también en cuanto a servicios y el delicado y espinoso tema de las patentes industriales.
«Por el lado de Uruguay y Paraguay siempre hubo predisposición a la firma de un acuerdo y Brasil incluso con Dilma Rousseff no era reacia a establecer un tratado», recordó Assis. Para el dirigente, el caso de Venezuela es tema para debate dentro de la institución regional. Lo que si dejó en claro es que en la UE no son partidarios a establecer convenios con los países en forma individual. «Siempre es mejor tratar con el conjunto», declaró.
tiempoar.com.ar
Setiembre 24 de 2016
Foto de Diego Paruelo
por Alberto López Girondo | Sep 22, 2016 | Sin categoría
Siria era hasta hace poco más de cinco años, era uno de los países más desarrollados del Medio Oriente con un gobierno laico y una clase media próspera que creía en una idea del progreso en base al esfuerzo personal. No era el paraíso, pero en el contexto de una región inestable y en conflicto permanente, era un lugar donde se podían tejer proyectos de futuro. No había matanzas monstruosas ni millones de personas buscaban refugio fuera de sus fronteras.
Contó, en tiempos de la, con el apoyo de la Unión Soviética, un apoyo consolidado tras la derrota en la Guerra del Yom Kippur contra Israel, en 1973.
El acercamiento fue logrado a instancias de Hafez al Assad, el padre del actual presidente, Bashar al Assad. Así fue que los soviéticos instalaron una base naval en Tartus. La caída de la URSS no evitó que Moscú continuara manteniendo ese destacamento desde el que puede mantener un ojo alerta en el Mediterráneo.
Hasta que en 2011, al calor de lo que se dio en llamar la Primavera Árabe, grupos opositores a Al Assad iniciaron una ofensiva para derrocar al mandatario.
Esa ola, que contó con el descontento de ciertos sectores sociales pero el apoyo de grupos ligados a los servicios de inteligencia occidentales y afines a la política estadounidense, terminó por derrocar a los gobiernos de Túnez, Egipto y Libia, donde incluso fue asesinado su líder, Muhamar Khadafi.
En el caso sirio, la situación fue tensándose hasta niveles brutales y en poco tiempo los grupos opositores conformaron milicias irregulares. De ahí al surgimiento de grupos extremistas como el Estado Islámico hubo un solo paso.
Pero a diferencia de Libia, donde el país fue literalmente desmembrado, y de Egipto, donde los países occidentales fomentaron un golpe para que volvieran las Fuerzas Armadas al poder, la Siria de Al Assad resiste.
El factor ruso es esencial, pero también lo es que las fuerzas que defienden al gobierno se mantienen mayoritariamente leales a Damasco.
Los que sufren la devastación y los peores actos de violencia son pobladores de las zonas donde los “rebeldes” y los grupos yihadistas mantienen un permanente hostigamiento con los métodos más bárbaros.
La crisis humanitaria golpeó en amplias capas de la sociedad siria, pero rebotó en Turquía y en Europa, con los miles de refugiados que continuamente buscan cruzar fronteras para hallar un lugar donde poder soñar con otra vida.
Los datos de esta guerra contra el gobierno sirio son escalofriantes.
Según diversas organizaciones, entre ellas Amnistía Internacional, en cinco años murieron 366000 personas y el país perdió al 15% de su población. La esperanza de vida, que era comparable a los países más desarrollados de Europa -75,9 años- bajó a 55,7 años. Como quien dice, le han robado 20 años a cada sirio. Lo que repercute en Europa es otra cosa.
Y es que además de los 6,6 millones de desplazados internos hay alrededor de 4,8 millones de sirios que huyeron de su país y golpean “a las puertas” del continente y terminan instalados en los campamentos de refugiados.
Gran parte de ellos llegan a través del mar o de verdaderos éxodos terrestres. Pagan fortunas, los que tienen dinero, para llegar a otros “paraísos”, donde cada vez son recibidos con mayor hostilidad.
El crecimiento de los partidos xenófobos en el este europeo es señal de ese rechazo. El levantamiento de muros fronterizos es la otra respuesta. El debate entre las mentes “bien pensantes” es sobre el nivel de humanitarismo que se permite cada país. Se escucha menos argumentar en contra una política que en pos de derrocar a Al Assad sigue profundizando esa sangría de víctimas.
Vladimir Putin, el presidente ruso, dio acabadas muestras de que no piensa abandonar a Al Assad y menos a la base de Tartus. Estados Unidos y sus socios europeos buscan terminar de conformar una región amiga de Occidente en su estrategia de cercar a Rusia y controlar las regiones productoras de petróleo de Medio Oriente y el Norte de África. Siria es un sitio destacado para esta estrategia y Al Assad un grave impedimento.
No es ajeno a este escenario el conflicto en Ucrania y la vuelta de Crimea al redil de Moscú.
La trabajosa tregua alcanzada entre el canciller ruso Serguei Lavrov y el secretario de Estado John Kerry puede quedar hecha trizas luego del ataque a un camión de ayuda humanitaria.
Mientras, se sabe que Siria perdió unas cinco veces su PBI y que dentro de ese castigado país el 80% de la población sobrevive sumergida en la pobreza, y casi 14 millones de personas necesitan ayuda urgente para sobrevivir.
www.tiempoar.com.ar
Setiembre 20 de 2016
por Alberto López Girondo | Sep 19, 2016 | Sin categoría
Cuando el 20 de marzo pasado el Air Force One se posó sobre el aeropuerto José Martí, quienes esperaban bajo la lluvia confiaban en que ese día histórico sería el puntapié inicial de una nueva era entre EE UU y Cuba. El “¿qué bolá Cuba?” del presidente Barack Obama sonó como una invitación a soñar en que los temas pendientes desde la vuelta al diálogo bilateral, el 17 de diciembre de 2014, iban a ser un trámite sencillo. Lo pensaron Raúl Castro y la plana mayor del gobierno revolucionario, que reclaman desde hace décadas terminar, entre otras cosas, con el sistema de castigos de la principal potencia del mundo contra los habitantes de una pequeña isla que eligió su propio camino.
Ahora, que se avecina una nueva votación en la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el principal reclamo de La Habana, el levantamiento del bloqueo económico, la sensación es que nada cambió en cuanto a una medida que cuenta con el más amplio repudio internacional y que, para el gobierno cubano, depende en primer lugar de la voluntad política del mandatario estadounidense.
El bloqueo, decretado por John F. Kennedy en febrero de 1962 en el marco de la Guerra Fría, se fue incrementando con los años y causando enormes pérdidas que, un trabajo preparado para la previa al encuentro de Nueva York, estima en 753.688 millones de dólares a valor actualizado. Solo desde la visita de Obama en marzo, quien luego embarcó hacia Buenos Aires, el costo para Cuba suma 4680,3 millones de dólares.
La promesa de levantar las sanciones económicas –que el propio Obama reconoció que “solo hace daño al pueblo cubano en lugar de ayudarlo”– se choca con la realidad de que incluso desde diciembre de 2014 se acrecentaron las trabas de todo tipo para comerciar. A Cuba, sin ir más lejos, se le prohíbe abrir cuentas en bancos de Estados Unidos y sigue sin poder hacer pagos ni depósitos en efectivo en dólares en terceros países. Ni siquiera puede utilizar libremente tarjetas de crédito.
Para colmo, los bancos internacionales no quieren arriesgarse a operaciones legítimas con Cuba porque pueden sufrir sanciones. No olvidan que en marzo de 2015, cuando ya estaban avanzadas las conversaciones para reanudar relaciones diplomáticas, el alemán Commerzbank recibió una multa de 1710 millones de dólares en Estados Unidos.
“Aplican una ley extraterritorial y no queda resquicio por donde hacer movimientos de dinero”, se quejan los cubanos. Y añaden que no se trata apenas de manejarse con el turismo receptivo o las compras al exterior de productos esenciales para la actividad económica, sino del pago de alimentos o medicamentos imprescindibles para el tratamiento de ciertas afecciones. Eso obliga a realizar algún tipo de rodeo mediante terceros países, lo que encarece ostensiblemente cualquier producto.
“El presidente de los Estados Unidos posee aún amplias facultades ejecutivas que no ha usado, para continuar modificando la aplicación de las regulaciones del bloqueo, incluso más allá de lo hecho hasta la fecha que le permitirían, de usarlas con determinación, desmantelar de forma sustantiva la política de bloqueo”, dice un documento oficial que circula entre las cancillerías para preparar la próxima votación en Nueva York, el 26 de octubre.
¿Qué ocurrirá entonces? Con los años, el voto contra el bloqueo a Cuba fue creciendo y el año pasado fueron 191 votos positivos contra dos negativos, Israel y Estados Unidos, a pesar de la promesa de Obama. Ya no hubo abstenciones, que fue durante mucho tiempo el subterfugio de muchos países europeos e incluso latinoamericanos para no comprometerse en un tema diplomáticamente complicado para ellos. ¿Habrá algún cambio en el voto argentino, teniendo en cuenta el cambio de ocupante de la Casa Rosada? Por ahora, nada hace sospechar que se modifique una postura que, por otro lado, ya no debería resultar irritativa para Washington. «
Tiempo Argentino
Setiembre 18 de 2016
Comentarios recientes