por Alberto López Girondo | Abr 30, 2016 | Sin categoría
Martiño Noriega Sánchez es desde junio pasado alcalde de Santiago de Compostela. Montado en la marea ciudadana Compostela Aberta, un conglomerado «mestizo» de movimientos sociales surgidos tras el 15M, el «no nos representan» y el «nunca mais», Noriega, médico de profesión, se describe como «republicano, gallego de nación y de izquierdas», en una región que fue cuna de los mayores líderes del conservadurismo español como Manuel Fraga Iribarne, José María Aznar y el propio Mariano Rajoy. Desde 2012 crecen en una forma de coalición copiada del Frente Amplio uruguayo, y el año pasado se alzaron con los gobiernos de El Ferrol (donde nació Francisco Franco), La Coruña y Santiago, pero anotan como propios los triunfos de las Confluencias, que integra Podemos, en Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza y Cádiz. De visita en Buenos Aires para la Feria del Libro, donde su ciudad es invitada, habló con Tiempo.
-¿Cómo ve el futuro cercano en España?
-La izquierda ha emergido con nuevas formulas de representación, y ha sabido hacer concentración de energías bajo un común denominador: ha creado espacios mestizos donde hay nuevas formulas partidarias con una centralidad y de ciudadanía no adscripta partidariamente. y eso la ha puesto en una posición de disputarle la hegemonía a los dos grandes partidos, que antes concentraban el 90% de los electores y ahora con dificultad llegan al 50 por ciento.
-¿Qué pasó esta vez?
-El PSOE ha debido decidir si participaba en esta nueva etapa con una fórmula a la portuguesa (un gobierno de centroizquierda) o si se emblocaba bajo el régimen del 78. Y ha optado por un preacuerdo con Ciudadanos, una de las nuevas formaciones políticas pero que representa posiciones más reaccionarias que el PP. Ciudadanos ha nacido del Ibex (por la Bolsa de valores española), de los poderes económicos. Su preacuerdo con el PSOE ha blindado la posibilidad de hacer un acuerdo con Podemos o las confluencias, como sería la catalana, la gallega y la valenciana, que no pueden hacer acuerdo con Ciudadanos.
-¿Qué debería hacer la izquierda?
-Pues seguir en un proceso de acumulación de fuerzas, potenciar las confluencias, que se han mostrado muy útiles tanto en Galicia como en Cataluña y en Valencia. Estos meses han sido duros para que los grandes partidos elaboraran el duelo y para que los grandes poderes fácticos y especialmente los grandes medios tradicionales ejercieran una enorme presión.
-Una guerra de demolición.
-Yo creo que han pasado todos los límites de lo que es la ética periodística. No sabemos qué impacto puede provocar ese tipo de campaña sobre esta acción política. La mayor parte de la gente se ha sentido agredida por el estado y ha demostrado ser bastante poco influenciable por la cuestión mediática tradicional, pero no sabemos si eso puede limitar la posibilidad de crecimiento.
-¿De qué modo podría influir este nuevo periodo que vive Latinoamérica dada la cercanía de muchos de esos movimientos populares con gobiernos de nuestra región que también están en medio de una guerra de demolición?
-La visión que se tiene de la política latinoamericana mayoritariamente esta caricaturizada y en muchos casos se lanza desde una posición de …no se cual podría ser la expresión
-De superioridad…
-…superioridad política, sí. Es una mezcla de una superioridad ideológico política y una caricaturización. Por eso en estos años no se ha hecho un análisis de lo que ha significado el proceso latinoamericano que con toda la diversidad y los matices y policromías buscaba recuperar soberanía en el ejercicio de la representación publica, redistribuir riqueza y un campo de juego diferente. En Europa no se ha hecho esa lectura, se ha caricaturizado a los referentes.
-Pero ahora hay toda una campaña de desprestigio, con denuncias y procesos judiciales que afloran por doquier.
-Es curioso este ida y vuelta porque en Europa se esta intentado reaccionar de alguna manera frente a la crisis sistémica. Estuvo el intento griego, casi humillado, luego Portugal y ahora el español, que de alguna manera tiende a eso: queremos soberanía, se está reestructurando la deuda, parte de la deuda es ilegítima, se ha utilizado el pago de la deuda para devaluar internamente los Estados, para precarizar a los trabajadores, se ha entrado en una especie de capitalismo feudal, poder trabajar ahora no te garantiza poder vivir con dignidad… entonces hay esa reacción y la gente dice «no nos sentimos representados por los partidos tradicionales» y se opta por nuevas fórmulas políticas.
-¿Cómo les está yendo en la alcaldía?
-Cómo nos está yendo…hemos tratado de normalizar la vida dentro de la casa, y recuperar de alguna manera el diálogo con los barrios, yendo a rendir cuentas, reuniéndonos con el tejido asociativo, hemos aprobado unos presupuesto que doblan el gasto social apostando por la cultura, hemos trasparentado mas la gestión, pero estamos asediados por los medios tradicionales. De repente somos culpables de las calles con baches, y hace nueve meses que estamos. ¿Cómo nos va?, en bombardeo desde el primer día. El ayuntamiento es el Palacio de Rajoy (por el arzobispo Bartolomé Rajoy Losada, que ordenó construirlo en 1766) y decimos en broma que es el Palacio de Hanoi, porque nos están bombardeando todo el día. Pero sabemos que tenemos que aguantar el tirón.
-¿Tiene creen alguna forma de evitar o morigerar ese bombardeo mediático?
-Creo que si, hemos ganado las elecciones contra los medios tradicionales. Desde ya que exploramos otras vías de comunicaciones como las audiovisuales, las redes sociales. Cierto es que eso tiene mucho impacto pero no llega a determinados segmentos de la población y cierto que lo hicimos en un periodo muy corto, pues yo me presente un mes y medio antes de la elección. Estamos apostando por medios alternativos digitales. En Galicia esta Praza Pública, en el estado está eldiario.es, Público, infoLibre. Apostamos por redes propias y mucha imaginación, mostrando lo que hacemos en audiovisuales, intentando todo. Si es suficiente no lo sé porque la exposición a los medios tradicionales es permanente y la estigmatización también. En particular en Galicia el PP tiene una gran maquinaria que practica el pensamiento único. Los medios privados son una cosa pero medios públicos son igualmente escandalosos. Yo he estado en la Feria del Libro donde Compostela es la ciudad invitada, he viajado por el presidente de la Xunta Galega y no he salido en los medios públicos ni 15 segundos. Ha sido permanente la exposición del presidente y la ciudad invitada es Compostela. Cuando vienen de la televisión publica (española) sabemos que vienen a por un escándalo, nunca para recoger una noticia. Hay una resistencia a los cambios que hace que este segundo poder esté vulnerando las normas mas básicas del periodismo.
-En América Latina hay una suerte de alianza entre los sectores mediáticos hegemónicos y el poder judicial que amenaza la democracia, pero en España hay infinidad de dirigentes políticos investigados y procesados por hechos de corrupción. ¿Allá funcionan mejor esas instituciones?
-Da la sensación de que el poder judicial esta actuando pero lo hace con una lentitud exasperante. No ha cerrado ninguno de los proceso abiertos, no ha avanzado en los grandes procesos y muchos de ellos se han desvirtuado en el tiempo. El caso de la financiación del PP lleva años, hay gente en la cárcel, pero nunca se llegó a cerrar luego de las cabezas de turco iniciales. Hay una lectura muy simplificada: lo que pasó en el PP era que (el tesorero del partido, Luis) Bárcenas era un delincuente. No, no señores, había un caso de financiación ilegal. Otra cosa es que Bárcenas derivara parte para su beneficio personal, pero hay un sistema de financiación ilegal detrás de todo eso.
Tiempo Argentino
Abril 30 de 2016
por Alberto López Girondo | Abr 16, 2016 | Sin categoría
Pedro Brieger es sinónimo de análisis profundo de la política internacional. Lo saben los lectores de Acción por las columnas publicadas en cada número de la revista. Fue la cara visible en esa materia en el noticiero de Canal 7 durante los últimos 12 años, donde además conducía, junto con Raúl Dellatorre y Telma Luzzani, el programa Visión 7 internacional. Pero ya no estará en pantalla, al menos en los noticieros, donde su perspectiva era un punto de referencia para miles de espectadores, y aún no queda claro qué piensan hacer las autoridades con el espacio sabatino, donde ya no estará el trío. ¿La razón? El ministro de Medios y Contenidos Públicos, Hernán Lombardi, dijo que tiene una «visión muy sesgada y claramente queremos cambiar eso». El mismo funcionario se encargó de señalar que por «razones de austeridad» y de perfil político, Argentina se retira de Telesur. Dos señales en un mismo sentido, si bien se lo mira.
–¿Cómo es su situación en los medios públicos?
–Estuve en el noticiero central de la Televisión Pública (tvp) durante los últimos 12 años y obtuve dos premios Martin Fierro por mis columnas de política internacional. Conmigo se puso en contacto una persona que me dijo que no iba a estar más en la radio ni en el noticiero, luego me confirmaron oficialmente que el programa de los sábados también sería retirado de pantalla. En Radio Nacional sigo pero en un espacio muy acotado del noticiero. Un miércoles a la noche, Hernán Lombardi en el programa Intratables confirmó la noticia y luego interpeló a quienes le preguntaron: «¿Ustedes vieron los noticieros de la tvp en temas internacionales?, tiene una visión muy sesgada y claramente queremos cambiar eso». Soy la cara pública de los noticieros en temas internacionales, entonces cuando dice que es una opinión muy sesgada se refiere claramente a mí. Sesgado es una palabra muy peyorativa. Podría usarse la palabra subjetivo pero no sesgado. La suya también es una opinión sesgada.
–¿Diría que están usando esa palabra para estigmatizar a los periodistas que no piensan como ellos?
–Exactamente. Porque estamos tratando con gente que sabe la significación de las palabras y sesgado es una palabra despectiva, peyorativa. Yo sigo esperando la reunión para entender qué es lo que quieren. Sigo sin saberlo aunque lo que creo es que no quieren más política internacional en los noticieros. Y decidí hablar luego de escuchar a Lombardi, porque mucha gente me preguntaba y, por una cuestión de ética, esperé una segunda reunión. Me tomé 24 horas antes de hacer pública la situación, pero yo me debo a la gente que me escucha hace 12 años y entonces decidí contarles la verdad desde el noticiero, porque no sabía cuánto más iba a estar ahí.
–¿Qué opina de la política comunicacional del macrismo? El gobierno se retiró de Telesur y el canal ya no está en la grilla de los principales operadores.
–Veo una paradoja: el gobierno dice que quiere insertarse en el mundo y al que hace tantos años habla en horario central de política internacional lo quieren sacar. No conozco pormenores del acuerdo con Telesur, pero es claro que es una voz disonante con las nuevas autoridades. Telesur es un canal que apunta a la información regional y mostró las luchas populares que no son del agrado de este gobierno. Además, políticos del oficialismo se mostraron en apoyo de la oposición venezolana. Yo creo que en este caso, uno más uno es dos.
–¿Cuál sería entonces la razón para acallar esas voces?
–Me imagino que si la política del gobierno es la misma receta que se esta aplicando en España y que ha dejado más de cinco millones desocupados y más del 50% de los jóvenes sin trabajo y uno lo cuenta, no es algo que les guste demasiado. Si uno explica que mucho de lo que sucede en Grecia se asocia a la situación ocurrida en la Argentina desde los 90 y hasta 2001, se puede pensar que no quieren que se visibilice. Nosotros en la tvp hemos mostrado mucho la situación en Grecia, adonde viajé dos veces, hemos hablado de la situación de España, también lo hizo Telesur, entonces me imagino que preferirán mostrar otra cosas.
–Que no se sepa lo que ocurre.
–Que no se sepa de la crisis en España, en Portugal, en Grecia. En la tvp le hemos dado mucho espacio a esos temas. Alguien me decía que el tema Syriza (el partido que llevó al poder a Alexis Tsipras en Grecia) lo traje yo a la televisión; que el tema del partido español Podemos lo traje yo. No sé si es del todo exacto, pero que le di visibilidad, no cabe la menor duda. Está claro que le di visibilidad a sectores políticos que al gobierno no le gusta mostrar. Cuando fue la Revuelta de los Forajidos en Ecuador en contra de Lucio Gutiérrez (año 2005), que estaba aplicando políticas neoliberales, nosotros sacamos en vivo en el noticiero central de la tvp a los que se movilizaban en las calles. Probablemente la conducción actual del canal no lo haría.
–En España, por primera vez no pudieron formar gobierno y la irrupción de Podemos tiene mucho que ver con eso. En Grecia, Syriza llegó al poder pero finalmente dejó de lado muchos de sus postulados. ¿Qué se puede decir de esto?
–Tsipras reculó, es cierto. Y creo que la situación en España es incierta, es muy difícil saber si se va a nuevas elecciones el 26 de junio. También es cierto que el gobierno de Mauricio Macri sigue en muchos aspectos las políticas de Mariano Rajoy con el Partido Popular (pp).
–De hecho algunas de las fundaciones que sustentan el pensamiento del PP tienen fuertes vínculos con Macri y el PRO.
–Uno puede trazar un nexo también entre los políticos conservadores europeos y Álvaro Uribe (expresidente colombiano), que se opone a los acuerdos de paz en Colombia. Es un hecho muy positivo el rol de Cuba y de Venezuela en esa mesa de diálogo. Nosotros visibilizamos que Uribe estaba y está en contra del proceso de paz.
–El caso de Colombia está en terreno de definiciones, pero los gobiernos progresistas de América Latina viven momentos críticos.
–Respecto de Colombia, me parece que la gran apuesta del presidente Juan Manuel Santos es pacificar el país e integrar a las organizaciones guerrilleras a la vida política para acabar con un conflicto que tiene más de 50 años. Esto choca con muchos intereses de las fuerzas armadas, intereses económicos, de centros vinculados con el negocio del armamento. Esta gran apuesta la puede hacer porque tiene el apoyo de Venezuela y de Cuba y eso implica integrar Venezuela y Cuba a la región, algo que choca con la política de ee.uu. Washington preferiría tener una voz mucho más importante en las negociaciones en Colombia. Pero es claro que la corriente progresista en el más amplio sentido de la palabra ha tenido y tiene un rol fundamental para el proceso de paz en Colombia.
–¿Cómo analiza la situación de Venezuela?
–El gobierno de Nicolás Maduro enfrenta muy serios problemas. Muchos de ellos tienen que ver con la guerra que le han hecho la oposición y ee.uu., pero también hay problemas que ellos no han logrado resolver y ahora pagan las consecuencias. El triunfo electoral de la oposición muestra esto y ahora la pelota está en su campo, porque hay que ver si logran impulsar el referendo revocatorio y derrocar a Maduro. Primero tienen que conseguir las firmas necesarias y luego hay que conseguir los votos y convocar a elecciones.
–¿Y Brasil?
–Lo que vemos allí es una ofensiva en contra de un gobierno que forma parte de esta corriente progresista donde me parece que hay un elemento en común en la región y es que los sectores que históricamente controlaron estos países no toleran que tome fuerza un discurso a favor de las grandes mayorías, los más pobres, la inclusión. En Brasil es clarísimo: por más que Lula y Dilma Rousseff apliquen políticas neoliberales quieren derrocarlos. Para decirlo en lenguaje muy argentino, Lula y Dilma no son del palo. Aunque pongan a un economista neoliberal al frente de Hacienda, para la mayoría de la población Lula sigue implicando inclusión de negros, de pobres, de marginados, que por primera vez en la historia sienten que encuentran un lugar. La política es compleja, no es solamente la aplicación de determinadas recetas económicas.
–En Bolivia sorprendió el resultado del referendo.
–Un gran problema que tienen los procesos de cambio en América Latina es que están liderados por personalidades muy fuertes y muy difíciles de reemplazar. Es muy fácil hablar de alternancia, pero las figuras fuertes son irremplazables. Suceder a alguien como Hugo Chávez no es fácil, suceder a alguien como Evo Morales no lo es, como tampoco lo es con Rafael Correa. Lula encontró una fórmula que parecía exitosa: inventar a alguien. No lo digo despectivamente pero Dilma Rousseff fue la elección de Lula, el partido no la quería. Ahora se ve que no alcanzó y retorna Lula. Los grandes medios de comunicación insisten en este tema respecto de los gobiernos populares. Pero nadie se rasga las vestiduras por los años que estuvo en el poder Felipe González o Angela Merkel.
–Todo cambió después de Franklin Roosevelt, para que no volviera un populista a gobernar en EE.UU.
–Claro. Y cuando en América Latina se plantea la reelección de un mandatario popular estos sectores ponen el grito en el cielo, se plantea que eso es autoritarismo y esto cala en gran parte de la población. Por otro lado, el tema de la corrupción tiene mayor visibilidad, con lo que hay un cóctel explosivo que sufren casi todos los partidos políticos.
–Y al mismo tiempo hay un problema con los partidos populares que en ocasiones recurren a zonas oscuras de la economía y de la política.
–Es cierto. Muchos de los gobiernos progresistas han establecido vínculos con empresarios corruptos especialmente en medios de comunicación, a sabiendas de que se metían en un problema, pero aparecían como aquellos que los podían apoyar y contrabalancear la hegemonía mediática. Y muchos quedaron atrapados en esto, no solo en el tema comunicacional.
–A Lula lo acusaron de haber llevado en aviones oficiales a empresarios para que hagan negocios.
–Todos los gobiernos tratan de exportar y de llevar a sus empresas nacionales a todos los rincones del planeta para que hagan negocios. Lo hacen todos, el tema es si eso indica corrupción o favorecer a unos en desmedro de otros. Para mí no es condenable ni implica que el presidente está recibiendo una dádiva por llevar a un empresas determinada a hacer negocios. Lo cierto es que hay algo que no está resuelto y excede mi capacidad de análisis sobre la relación del mundo empresarial y gobierno en todo el mundo.
–No es un tema exclusivo de los países de la región como sostiene cierta prensa.
–Exactamente. Los alemanes, que tantas veces se presentan como los más honestos, han estado involucrados con muchas de sus empresas en escándalos de corrupción. Ni que hablar de la historia nefasta de empresas privadas vinculadas con los campos de concentración. Pero el caso es que en los gobiernos progresistas eso es un problema, porque ¿con quién hace negocios un gobierno? Y…con los que están.
Múltiples identidades
–¿Cómo fue que, siendo sociólogo, se interesó por la política internacional?
–Tiene mucho que ver con mi historia familiar. Mis padres escaparon del nazismo, por lo tanto desde la vivencia personal lo internacional –aunque no dicho de esta manera– estuvo en mi casa desde mi nacimiento. Nací en la Argentina pero en mi casa primero se hablaba alemán, el castellano lo aprendí después. Lo alemán, lo judío, Europa, tuvieron un vínculo muy fuerte conmigo. Crecí en un ámbito latinoamericano en la década del 60 y principios del 70. La revolución cubana y el proceso de Salvador Allende en Chile me influyeron mucho. Después, por motivos personales, me fui a vivir a Israel, donde estuve 11 años, lo que me dio una visión muy amplia del espectro del mundo. Me fui a Israel no exiliado de la dictadura, me fui en 1973 porque quería vivir esa experiencia. Y estar parado en el Oriente Medio, en un lugar que es el cruce de civilizaciones, fue determinante. Me metí de lleno en lo que pasaba en el mundo árabe y fui absorbiendo culturas y lo internacional se fue introduciendo en mi carne profundamente. Volví a fines del 84 y recuperé mis raíces latinoamericanas. Pero al poco tiempo vuelve a irrumpir Oriente Medio cuando Saddam Hussein invadió Kuwait (en 1990) y debí seguir esos temas. También tengo un vínculo muy particular con España que se fue dando con los años, sin tener sangre española. Pero lo español forma parte de nuestra identidad y yo tengo múltiples identidades. Madrid y Barcelona, Andalucía, son nuestras. Tengo una visión muy cosmopolita que tiene que ver con mis raíces. Podría vivir mañana en Tailandia y me pondría a aprender tailandés.
–¿Cuantos idiomas sabe?
–Bien, hablo cinco, en otros me manejo. Me manejo con el italiano o el portugués pero no soy tan arrogante para decir que lo hablo. No daría una conferencia en portugués y sí lo podría hacer en francés. Estudié chino y árabe en varias oportunidades. Pero no es cierto eso que se dice por ahí que hablo once idiomas, a esa cifra no llego ni con los idiomas que estudié.
Revista Acción
Abril 15 de 2016
La foto es de Horacio Paone
por Alberto López Girondo | Abr 16, 2016 | Sin categoría
Dicen que tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. El refrán podría expresar muy bien este momento de la política argentina. Tantas veces en estos últimos años la dirigencia recurrió al Poder Judicial para dirimir entreveros que no se encarrilaban por las vías de la negociación política que ahora un par de magistrados tienen en sus manos el destino de dos protagonistas de la política local: la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y el actual mandatario Mauricio Macri.
El trasfondo en el que se despliegan estos mediáticos procesos judiciales se relaciona con el submundo de las guaridas fiscales y del lavado de dinero. Y en esta trama aparecen personajes vinculados con el anterior gobierno, como el empresario Lázaro Báez, tanto como encumbrados dirigentes del PRO, e impacta directamente en el presidente Macri.
La causa contra Báez, ventilada por un operador financiero, Leonardo Fariña, en el programa de Jorge Lanata, se aceleró luego de que el exesposo de la modelo Karina Jelinek declarara ante el juez Sebastián Casanello y el fiscal Guillermo Marijuan en calidad de «arrepentido». De inmediato, Marijuan pidió que se investigue a Cristina Fernández y al exministro de Planeamiento Federal y actual diputado Julio de Vido. Los sectores kirchernistas recordaron entonces que Marijuan es el mismo fiscal que lleva la acusación contra unas 400 empresas –entre ellas el Grupo Clarín– por lavado de dinero iniciada en 2008 tras la autodenuncia del exvicepresidente de JP Morgan, Hernán Arbizu, que desnuda un colosal modelo de ingeniería fiscal en el que se incluyen unas 4.000 cuentas en Suiza. Denuncia en la que no hubo avance desde que Arbizu habló ante Crítica, el diario que había fundado y dirigía Lanata.
La exmandataria, por su parte, tenía pendiente al cierre de esta edición una convocatoria para declarar ante el juez Claudio Bonadío en una causa iniciada tras una presentación de los legisladores Federico Pinedo y Mario Negri en noviembre por la venta de dólares a futuro.
Otro caso resonante fue la detención del exsecretario de Transporte, Ricardo Jaime. El cordobés fue trasladado por una multitud de policías, enfundado en un chaleco antibalas. Esa imagen no duró demasiado en las portadas de los diarios. El día siguiente de la captura de Jaime –condenado por el accidente ferroviario de la estación Once que costó la vida de 51 personas–, un conglomerado de medios internacionales publicó el inicio de un trabajo, conocido como Panamá papers, del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (icij) sobre una filtración de más de 11 millones de documentos de un estudio de abogados panameño, Mossack Fonseca, que «ayudaba» a conformar empresas offshore en ese país.
De Messi a Cameron
En la lista de involucrados estaban Lionel Messi; el presidente de Ucrania, Petro Poroshenko; el primer ministro de Islandia, Sigmundur Gunnlaugsson; el premier británico, David Cameron; y Mauricio Macri. El presidente aparece como director de una firma creada en 1998, Fleg Trading Ltd. Luego se publicó que tenía participación en otra empresa, Kagemusha S.A., que data de 1981.
Los periodistas locales que participaron de la investigación, Hugo Alconada Mon de La Nación y Mariel Fitz Patrick, de Canal 13, revelaron que el presidente estaba informado del caso desde unos 15 días antes. Es más, en su página valijeros.blogspot, Alconada Mon sugiere que desde noviembre sabían de la empresa de Macri. «La investigación comenzó hace un año –dice el autor de La piñata– cuando un grupo de periodistas (de The Guardian, Le Monde, Miami Herald, L’Espresso, bbc, La Nación, Canal 13) nos reunimos en la redacción del Süddeutsche Zeitung, en Munich».
La defensa que ensayó el presidente fue que la firma en Panamá no registraba operaciones, que él era solo director y nunca cobró ni tuvo acciones. Varios militantes del pro, entre ellos el intendente de Lanús y excontador de los Macri, Néstor Grindetti, también tienen empresas offshore. Todos declararon que tampoco habían tenido actividad, algo realmente llamativo. A favor del oficialismo, los medios más importantes trataron el tema con una «comprensión» que sorprende. The New York Times destacó en un fuerte editorial la benevolencia mediática ante un caso que en Estados Unidos sería escandaloso: que un presidente tenga empresas en cuevas fiscales no es un buen ejemplo para los contribuyentes.
Algunos de los columnistas locales más influyentes ensayaron las más diversas explicaciones sobre si era o no lícito en un país inestable y con fuertes cambios de rumbo buscar resguardo en el exterior.
Ahora, tras la denuncia de un diputado kirchnerista, Darío Martínez, el fiscal Federico Delgado pidió abrir una causa, que quedó en el juzgado de Casanello. Es el mismo juez que deberá investigar a Cristina Fernández por el caso Báez. Y el que a fines de diciembre pasado, a 20 días de haber asumido, sobreseyó a Macri en la causa por las escuchas ilegales. La corte menemista, vale recordar, había sobreseído a Macri en 2001 por una maniobra con el ingreso de autopartes para la firma Sevel en el año 1993.
Operación internacional
Mientras tanto, Ramón Fonseca Mora, uno de los fundadores del bufete Mossack Fonseca, declaraba en el principal diario de Panamá, La Estrella, que la tremenda filtración que muestra al estudio como vulnerable ante una clientela especialmente sensible al secreto, no sería extraña a Paul Singer, «un hombre muy sucio (que) nos metió en los periódicos internacionales». Según desliza el abogado, el financista «buitre» buscó enlodarlos por una cuenta atribuida a Báez en Nevada que ellos se negaron a revelar. Y asegura que Singer fue el que pagó el viaje de Lanata a ese estado de ee.uu. en busca de información, en plena campaña electoral.
No faltan quienes intentan trazar paralelismos con el caso mani pulite, ocurrido en Italia en 1992, promovido por el fiscal Antonio Di Pietro contra la corrupción de la dirigencia política de entonces. Mientras se desarrollaba el proceso, dos jueces antimafia, Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, fueron asesinados. El emergente de este caso, que terminó con una era política en la península, fue el empresario Silvio Berlusconi, que venía de presidir el equipo de fútbol Milan y asumió por primera vez el gobierno en abril de 1994. La historia política, judicial y personal de Berlusconi, apodado Il Cavaliere, es bastante conocida.
Revista Acción
Abril 15 de 2016
por Alberto López Girondo | Abr 1, 2016 | Sin categoría
El presidente del Banco Credicoop y diputado nacional del Partido Solidario por la Ciudad de Buenos Aires pasa revista a la situación política y económica del país. A más de cien días de la asunción de Mauricio Macri, Carlos Heller destaca, para empezar, que no hay demasiados motivos para sorprenderse. «Tengo algunas notas y entrevistas que me hicieron antes de las elecciones donde anticipo qué podía pasar si ganaba Cambiemos y creo que es lo que está pasando –señala–. Más allá de algunos giros demagógicos de los últimos días de la campaña, uno podría decir que lo que está haciendo Macri es lo que anunció. Por un lado, lo que ellos llaman ´entrar en el mundo´, que es abandonar la política de relaciones regionales como eje principal de nuestro posicionamiento internacional y cambiarlo por algo que no llamarán ´relaciones carnales´ pero que se trata de eso, de relaciones privilegiadas con Estados Unidos y Europa. Macri dijo todo el tiempo que creía en el mercado y que había que desregular, liberar el tipo de cambio, que había que abrir la economía al comercio mundial, que había que eliminar las restricciones que, según ellos, ahogaban a la economía, y habló de eliminar y bajar las retenciones; también dijo que había que pagarles a los buitres al contado y ´normalizar´ las relaciones con el FMI. Hizo casi todo lo que dijo que iba a hacer».
–En el gobierno decían que luego de las primeras medidas iba a aparecer una lluvia de dólares para mover la economía y nada de eso sucedió. ¿Diría que hay un plan económico o van a los tumbos?
–Cuando se leen las cosas que se dijeron en la época de la dictadura con José Alfredo Martínez de Hoz, lo que se dijo en los 90, uno ve que se repiten los eslóganes acerca de lo que quieren corregir y las bondades de lo que va a venir, con alguna adecuación a los cambios de lenguaje y de época. Todos ellos hablaron de achicar el Estado y agrandar la nación, todos han hablado de que el principal problema es la inflación y de que se la combate con políticas monetarias. No sé si hay un plan o van a los tumbos, lo que sí sé es que los ejes hacia donde van están establecidos. Después plantean lo que para mí son antinomias falsas, como eso de shock o gradualismo. Como dicen los chicos, si esto es gradualismo, el shock dónde está… En definitiva, creo que están cumpliendo con los ejes de lo que plantearon, desde un gobierno armado con ejecutivos de las corporaciones. En el ultimo coloquio de idea, Macri, aún candidato, dijo: «El año que viene, si gano, vamos a estar acá todos juntos porque vamos a estar tomando decisiones compartidas».
–Aparte del sistema de alianzas empresarias hay también un sistema de alianzas políticas con sectores del peronismo, y el grueso del fpv aparece como verdadera oposición. ¿Lo ve así?
–Tengo claro que se ha conformado una gran coalición aunque no se la ha explicitado así. Una coalición que comparte los ejes centrales de este proyecto, más allá de los discursos. Lo vimos en el debate por el pago a los fondos buitre, cuando algunos decían «los buitres son carroñeros, se negoció mal, es un acuerdo horrible, estamos pagando más de lo que se debe pagar, pero es necesario, hay que asumirlo y no hay más remedio». Desde luego que los legisladores oficialistas no pueden decir lo mismo, pero el que no está en el gobierno se cuida para decir algún día «yo no estuve de acuerdo, yo fui alternativa a eso».
–¿Por dónde pasarían entonces las grandes líneas divisorias?
–Creo que más allá de los sellos, el gran agrupamiento tiene que ver con esos ejes: alineamiento internacional, rol del Estado, política de derechos humanos, rol del mercado interno, política de distribución del ingreso. Con eso uno puede determinar dónde están alineadas las fuerzas políticas, lo demás es follaje. Cuando alguien dice que hay que votar esta ley porque así van a venir los capitales que estamos necesitando, que así vendrá la lluvia de dólares, el bienestar y se van a generar puestos de trabajo, yo digo que es lo mismo que se viene diciendo desde 1976, con la única interrupción de los primeros años de Raúl Alfonsín. Esto es algo que recordaba estos días al revisar las Memorias del banco de 1979 a la fecha. Es notable cómo se repiten estos discursos, excepto cuando asumió Alfonsín, que dijo lo mismo que decimos nosotros sobre una política independiente, revisar la deuda externa, suspender el pago de la deuda, discutir nuestras relaciones con el fmi. Me acuerdo cuando el entonces ministro de Economía, Bernardo Grinspun, enfrentó al FMI, pero después todo se vino abajo con el Plan Austral.
–Los gobiernos populares de la región sufren furiosos ataques. ¿Cuál es su análisis de esta situación?
–No es casual la judicialización de la política en la Argentina, Brasil, incluso Venezuela. Hay un eje común y está claro que estamos en presencia de una contraofensiva destinada a romper una alianza regional que había avanzado muchísimo. Esa política no ha tenido posibilidad de consolidación debido a muchos factores internos y también por la pérdida de líderes, que eso también juega. Y porque, además, como dice Álvaro García Linera, es una idealización creer que los proyectos son siempre positivos y siempre se trata de ganar y ganar, porque eso es suponer que del otro lado no hay nada.
–Y lo que está del otro lado…
–Claro, lo que está del otro lado es lo hegemónico, lo que domina. Creo que no hay que vivir estas situaciones como derrotas sino como parte de ese proceso en el que probablemente haya retrocesos, pero también es cierto que nuestros pueblos han hecho una experiencia concreta en estos años y han asumido derechos. Para mucha gente, a esos derechos no se los puede tocar nadie y quizás cuando comprueben que sí se los pueden tocar, modifiquen sus posicionamientos políticos. Los gobiernos de derecha no vienen a generar bienestar ni pleno empleo ni pobreza cero. En una campaña no hay que discutir los qué sino los cómo, porque nadie te va a decir «vengo a aumentar el desempleo, a incrementar la pobreza, a destruir la salud y la educación».
–Muchos de los ataques se basan en denuncias por corrupción. ¿Cómo impacta esa circunstancia en estos proyectos políticos?
–Yo diría que no hay una corrupción de izquierda y una de derecha. Es un fenómeno en sí mismo, pero las corporaciones mediáticas no tratan igual a los fenómenos de corrupción de España que a los de Brasil. No tengo ninguna duda de que todo lo que sea ilegal debe ser sancionado con severidad, venga de donde venga. Jamás diría que estoy a favor de nada que sea ilegal o corrupto, lo que pasa es que soy prudente, reacio a comprar todo lo que me dicen. Cuando algún ilusionista mediático pone una pick up con bolsas de consorcio negras y me dice «ahí va el dinero de los Kirchner», lo que hay es ilusionismo. Ahora, digo yo: se habla muy poco de los negociados de los amigos del poder, parece que no fueran tan graves. Pareciera que para determinados formadores de opinión, el tratamiento de la corrupción tiene una vara distinta, se mide de una forma bastante diferente. Hay que ser cuidadoso, a mí que se investigue la corrupción me parece bien, ahora que el que investiga sea un juez que va a las marchas contra el gobierno, como sucedió con Lula da Silva en Brasil, me parece inaceptable. A nuestro gobierno le parece mal que haya funcionarios que sean militantes políticos y sin embargo no le parece mal que haya jueces militantes, siempre y cuando militen para ellos.
–Al descontento en Brasil con el PT se suma que en Bolivia el gobierno perdió un referendo y en la Argentina ganó la derecha.
–Creo que son situaciones distintas. Evo no perdió una elección sino la posibilidad de volver a presentarse. Esto no quiere decir que si se presentara no sería votado. Aquí, Daniel Scioli perdió pero no estoy seguro de que Cristina hubiera perdido si era candidata, lo digo aceptando las reglas de juego que establece la Constitución Nacional. Además, el impacto de lo mediático es de una importancia notable. La construcción de sentido común que realizan los medios hegemónicos es fenomenal. Todo termina entrando en una lógica terrible donde el imaginario popular colectivo consume determinadas cosas que aunque la gente sepa que se las están exagerando, piensa que todo no puede ser mentira. También creo que hay cosas que en la Argentina se podrían haber hecho mejor y que habrían evitado la irritación de muchos sectores.
–¿Cosas como cuáles?
–El impuesto a las ganancias. Mediante un decreto se liberó del pago a todos los que ganaban menos de 15.000 pesos a agosto de 2013 y dejó afuera a un 10% de los trabajadores registrados en relación de dependencia y a los que entraron después de ese día. Para esos trabajadores lo que quedó estaba lleno de arbitrariedades. Eso se pudo haber resuelto sin un costo fiscal importante, lo que habría evitado el mal humor de ese 10%, de ese millón de personas. Cuando uno mira el resultado electoral puede pensar que eso tuvo un peso importante. También se pudo haber resuelto mejor el tema de las economías regionales. El problema de la producción de frutas del valle de Río Negro o las aceitunas de La Rioja o la vitivinicultura se podía haber resuelto con una política diferenciada. Hay herramientas que no requieren afectar a toda la economía con una devaluación del 60% y que permiten resolver situaciones concretas. Eso habría generado seguramente mejor humor en mucha gente que estoy seguro de que votó contra sus intereses y que, con el paso del tiempo, irá tomando conciencia de ello.
–¿Cómo ve el futuro cercano, con las paritarias en ciernes, en medio de inflación y desempleo crecientes?
–Las devaluaciones tienen como objetivo cambiar los precios relativos principalmente para que uno de esos precios, que es el del trabajo, se atrase con respecto a los otros. Para que sea exitosa, la devaluación tiene que generar atraso salarial, por eso ellos ponen metas de inflación y dicen que los salarios se van a ajustar hacia adelante según una banda de entre 20% y 25%. Esto sería una enorme pérdida de poder adquisitivo del salario y es lo contrario de lo que se hizo en los doce años anteriores, donde a través de paritarias libres se recompuso con creces el valor del salario. Por otro lado, hay que preguntarse por qué hay inflación.
–¿Usted se refiere a las causas?
–Yo siempre digo que la inflación es a la economía lo que la fiebre a una persona. Vos no te enfermás de fiebre, tenés fiebre y el médico te diagnostica para darte el remedio. Con la inflación pasa lo mismo, no se la puede atacar sin decidir cuál es el diagnóstico. Para los monetaristas, para los defensores del mercado, la inflación es producto del exceso de demanda y del exceso de liquidez y moneda. Para nosotros es fundamentalmente producto de la puja distributiva. Tenés políticas públicas de recomposición del salario y no tenés políticas suficientemente eficaces para impedir que todo vuelva a los precios, entonces los precios recuperan parte de lo que mejoró el salario de la gente. Este gobierno puede tener éxito en reducir la inflación, como pasó en los 90. Porque si el poder adquisitivo se achica, en un punto los precios tienen que dejar de aumentar porque cae el consumo. Ya la rentabilidad se incrementó vía devaluación, entonces puede darse que la inflación comience a disminuir, lo que puede no ser una buena noticia para la ciudadanía. Porque puede haber una economía con poca inflación y un poder adquisitivo reducido, menos posibilidades de comprarse cosas y además con mucha más gente sin trabajo. Es cierto que la inflación tiene toda la mala prensa del mundo, y yo digo ahora que puede ser que tengan éxito con la política antiinflacionaria, pero el costo va a ser altísimo en términos de políticas de distribución, en pérdida de puestos de trabajo y en achicamiento del producto bruto, pero si todo se achica también se achica el ingreso fiscal. En un país donde el 70% del presupuesto es gasto social, ¿a dónde van a ir a recortar? A las jubilaciones, a los servicios sociales. Ya hay señales en tal sentido.
–En el marco del sistema de alianzas del que hablaba antes, ¿cómo ve a la oposición real al gobierno?
–Es prematuro decirlo. Insisto en que se ha armado una gran coalición superestructural de fuerzas que no aceptaron hacer una gran paso, pero no fue por cuestiones ideológicas. Podrían haber estado en el mismo combo tranquilamente, por lo tanto no veo grandes diferencias entre ellos. El resto va estar representado por los que creemos que el rumbo anterior era bueno y eso va a ir conformándose. Probablemente todavía estemos viviendo una etapa en que los gobernadores son chantajeados y a su vez presionan a los legisladores. Creo que se trata de un proceso de reacomodamiento que hay que ver cómo termina. Me parece que el espacio de lo que es el Frente para la Victoria y sus aliados, aun con alguna merma que pueda darse en estos reacomodamientos, será la referencia de quienes creemos que el proyecto kirchnerista era un proyecto bueno y positivo, lo cual no quiere decir que fuera perfecto. Quiere decir que el rumbo era el correcto.
Revista Acción
Abril 1 de 2016
La foto es de Jorge Aloy
Comentarios recientes