por Alberto López Girondo | Feb 29, 2016 | Sin categoría
El principal temor entre los gestores de la alianza Cambiemos no era tanto la capacidad de los propios para poner en marcha un proyecto diametralmente opuesto al que durante 12 años sostuvo el kirchnerismo como el poder de fuego que el Frente para la Victoria mostraba en las cámaras legislativas tras los comicios de octubre. Esa mayoría, que en los números podría bloquear decisiones fundamentales del nuevo gobierno, representaba una amenaza para el oficialismo.
En ese contexto, si los primeros días de Mauricio Macri en la Casa Rosada se caracterizaron por el frenesí en la firma de decretos de necesidad y urgencia y en la designación de ejecutivos de empresas en los cargos más emblemáticos, puede decirse que a partir de febrero comenzó otra etapa, signada más por la política.
Entre los primeros logros de este nuevo escenario aparece la cuña que en su principal oponente representa el portazo del exdirector de la Anses y uno de los jóvenes predilectos de Cristina Kirchner fuera de La Cámpora, Diego Bossio, que armó rancho aparte en Diputados con un conjunto de 18 legisladores. Una jugada de fuerte impacto ante la convocatoria del Consejo Federal del PJ, que debatía la modalidad con que se llevarán a cabo las elecciones para la nueva conducción partidaria.
Para el macrismo y sus aliados, fue la mejor noticia del verano: así el FPV perdía la capacidad de, por ejemplo, no dar quórum, un arma fundamental en el parlamento vernáculo. Con este desprendimiento tan celebrado por los medios concentrados, que hablan de una disolución del kirchnerismo, Cambiemos podría sumar 90 legisladores contra solo 81 del FPV. Eso si es que el oficialismo obtiene consenso entre todos sus aliados, ya que el PRO solo tiene 42 bancas propias. La aritmética legislativa, sin embargo, indica que los disidentes del FPV y las distintas ramas provinciales del PJ permitirán debatir en el Congreso los polémicos DNU de los primeros días y la derogación de las leyes que impiden el pago a los fondos buitre de la deuda más los onerosos intereses que les otorgó el juez neoyorquino Thomas Griesa.
Portazo
El debate en el FPV giró en torno a precisar si lo de Bossio había sido o no una traición, como la caratularon las espadas más filosas del camporismo. Pero en el Senado, el bastión más firme del PJ, el líder del bloque, Miguel Ángel Pichetto, también mostró su faz acuerdista con declaraciones ambiguas sobre el despido de personal concretado por la vicepresidenta Gabriela Michetti.
El avispero peronista se revolvió justo cuando se intentaba mantener la unidad para cumplir con los plazos que obligan a designar autoridades. Entre los adalides de la unidad están el bonaerense Daniel Scioli y el sanjuanino José Luis Gioja. En el kirchnerismo duro, particularmente activo se lo ve al ex secretario de comercio, Guillermo Moreno, que fomentó una amplia afiliación con el argumento de que se debe forzar una elección abierta para que «en el justicialismo no ganen los malos». El ex jefe de Gabinete y actual intendente de Resistencia, Jorge Capitanich, convocó también a un encuentro de sus pares justicialistas de todo el país con la idea de que desde ese foro se pueda interceder ante los legisladores para mostrar las necesidades de cada distrito.
El kirchnerismo armó un esquema de reparto de favores y castigos que, en el marco de debilidad con que asumió Néstor Kirchner en 2003, le permitió la gobernabilidad en desmedro de un federalismo genuino. El macrismo quiere repetir el esquema en detrimento de los que permanezcan leales al proyecto K. Así se explica que los que se fueron con Bossio sean representantes de distritos que necesitarán del gobierno central para sostener los Estados provinciales.
En el seno del justicialismo asoma la figura del salteño Juan Manuel Urtubey como el líder de los díscolos. Fue tras un asado entre Sergio Massa y el propio Bossio que pergeñaron esta escisión peronista. Tanto Urtubey como el cordobés José Manuel de la Sota aspiran a comandar un PJ amigable con el macrismo, a fuerza de dejar de lado viejas luchas kirchneristas como la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y los proyectos de recuperación de empresas nacionales. El Plan Belgrano, destinado al fomento del noroeste argentino, resulta tentador para el desarrollo regional en distritos tradicionalmente peronistas, pero que a partir del triunfo de Gerardo Morales están en disputa. En este escenario la pregunta es cómo jugará Bossio y si será tan amigo del oficialismo como lo quieren vender sus nuevos enemigos y los medios que aplauden el quiebre. También está por verse cómo queda parado Massa luego de mostrarse tan cercano a Macri como para que lo ungiera en el Foro de Davos su preferido para jefe del PJ. Son muchos los que en el PJ pretenden aislar a La Cámpora y a la exmandataria, a quienes acusan de mariscales de la derrota. Cristina Fernández ya hizo anunciar que no se ofrece para comandar el justicialismo. «Ella es líder de un sector social que excede el marco del peronismo» justifican con acierto sus principales apoyos pejotistas.
Corte a la carta
En el Senado se dará una pelea clave para poner fin a uno de los primeros tropiezos de Mauricio Macri. Convocada a extraordinarias, la Cámara Alta tratará la designación de los jueces que deberán completar la Suprema Corte: Horacio Rosatti y Carlos Fernando Rosenkrantz. El DNU que los designaba había despertado críticas incluso dentro de su alianza, ahora Macri recurrió a un decreto de autolimitación que había dictado Néstor Kirchner en 2003. Esto implica debatir públicamente los antecedentes de los candidatos. La crítica más general que se les hace es haber aceptado el nombramiento en comisión, algo reñido con la Constitución. Además, Rosatti, que fue ministro de Justicia de Kirchner, es cuestionado porque entiende que los tratados internacionales no deberían ser vinculantes, con lo que deja librado a cada juez la aplicación de convenios sobre Derechos Humanos. Rosenkrantz, que defendió a empresas del grupo Clarín en su estudio particular, tiene una postura similar sobre los pactos incorporados a la Constitución de 1994. Ambos comparten una interpretación ultrarestrictiva del derecho a la protesta y de huelga. Dos pilares que la Corte actual había consagrado.
Gremios seleccionados
El gobierno también llamó a los líderes de las centrales sindicales cegetistas a un cónclave. Antonio Caló, Hugo Moyano y Luis Barrionuevo fueron invitados a hablar sobre las paritarias, un tema espinoso para el proyecto económico de la administración macrista, que implica una reducción de ingresos para los asalariados. Ahí es donde se junta el palo y la zanahoria. La represión de los obreros de Cresta Roja en diciembre y el perfil de los jueces que quiere Macri se chocan con una realidad que pone en jaque a los dirigentes cegetistas, los gremialistas «friendly» como los llamó Hugo Yasky. El secretario de la CTA de los Trabajadores, junto con Pablo Micheli, de la CTA Autónoma, impulsaron el primer paro general. Con sus bases en el Estado, Micheli y Yasky representan al sector donde primero se desplegó la ola de despidos que atemoriza a la clase trabajadora en general. Esta amenaza sirvió al ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, para decir que «los dirigentes tendrán que elegir entre aumentos o mantener los empleos».
De los cegetistas, el que más tiene que perder es Caló, de la Unión Obrera Metalúrgica, donde conviven multinacionales como Techint con una pléyade de pymes que son las que dan la mayor cantidad de empleos. Moyano, camionero, y Barrionuevo, gastronómico, son cabezas de sindicatos de servicios que sufrirían con una recesión, pero en un principio podrían hacer la vista gorda a las pérdidas salariales que ya se reflejan en los bolsillos de los argentinos. Y que repercutirán más aún cuando comiencen a llegar las cuentas de luz y gas.
Revista Acción
Febrero 15 de 2016
por Alberto López Girondo | Feb 29, 2016 | Sin categoría
A una semana del primer comicio que perdió Evo Morales desde que llegó al poder en Bolivia, en enero de 2006, los dos temas de debate en el país del altiplano son, en ese orden, el embate de los medios y de la derecha, que presagian el final abrupto del proceso revolucionario y la existencia de un hijo ilegítimo del mandatario con una mujer que actualmente es gerenta de una empresa china.
El resultado del referéndum con el que Morales esperaba reformar la constitución del Estado Plurinacional por él promovida, en 2009, fue lo suficientemente ajustado como para no hablar de una derrota fulminante, 51,27 a 48,73 por ciento. Fue casi un empate bien lejos del estrepitoso golpe del chavismo en las parlamentarias de diciembre pasado. Pero en un escenario continental donde la derecha antipopulista viene ganando elecciones, era obvio que este traspié fuera leído desde el establishment y desde sus medios dominantes como un nuevo avance para revertir esta década larga de gobiernos progresistas. Y justo en el corazón de América Latina y ante el proceso, junto al venezolano, que más había logrado reconvertir las instituciones en beneficio de los desposeídos.
Es cierto que el gobernante MAS no había perdido ninguna elección desde entonces y de hecho siempre ganó con un promedio de 60% de los votos. Pero no es verdad que Morales se haya mantenido invicto hasta el domingo pasado. En realidad, ya había perdido las presidenciales de 2002 a manos de Gonzalo Sánchez de Lozada -el dirigente criado en Estados Unidos que habla castellano con notable acento «gringo»- quien duraría en el cargo lo que un suspiro tras las políticas ultra-neoliberales que aplicó.
Más allá de estos detalles, es bueno recordar que el propio Hugo Chávez Frías perdió un referéndum para reformar la constitución por él creada para poder ser reelecto, en 2007. Y que luego de ese único tropiezo ganó todos los comicios posteriores, incluso el que le permitió un nuevo período presidencial, en 2012. De allí las palabras de Morales tras reconocer el resultado adverso: «Se perdió una batalla, pero no la guerra».
La importancia de esta consulta popular, que se adelanta en tres años a las futuras presidenciales, que serán en 2919, radica en que precisamente por ser un país rodeado de naciones ahora envueltas en sus propias problemáticas -en Brasil con el acoso de la oposición conservadora y en la Argentina, con el triunfo de Mauricio Macri- debía dar señales de previsibilidad.
Hace unos meses Morales hizo una gira por Europa para buscar inversiones. Bolivia creció y consolidó un modelo económico exitoso como nunca había ocurrido en los 180 años de independencia, conducido por el primer presidente de raíz indígena. Pero el entorno regional y la crisis mundial, debido a la baja de sus principales productos de exportación, como son los hidrocarburos y los recursos mineros, ponen en jaque esa misma espiral creciente.
Hasta los medios y los analistas más derechosos reconocen el éxito en la gestión del MAS. Es que a pesar de haber expropiado algunas de sus empresas de servicios durante este gobierno, los inversores cuentan con horizontes de crecimiento y ganancias que los mercados agradecen: un estado fuerte y bien administrado, una sociedad con expectativas de crecimiento pero sobre todo sin conflictos sociales.
En esa gira, y tras un encuentro con la líder alemana Angela Merkel -desde 2005 jefa de gobierno alemán y aspira a lograr su cuarto mandato en 2017, algo que en Europa no llama la atención- Morales se preguntó por qué si en el viejo continente los dirigentes no tienen límite para su gestión él no podría hacer lo propio en Bolivia. Desde el punto de vista retórico, el argumento es cierto, pero en la práctica hay algunas diferencias entre los gobiernos parlamentarios a la usanza europea y los presidencialistas calcados del modelo estadounidense que pululan en nuestra región. Los americanos, sin distinciones, no aceptamos las monarquías, salvo en los cuentos infantiles o para la festividad del 6 de enero.
El primer ministro con poder ejecutivo y un parlamento detrás, bajo la sombra de un monarca o un presidente que garantice la institucionalidad en caso de crisis, es una respuesta europea a los problemas europeos. Un sistema que en Argentina alguna ver propuso el presidente Raúl Alfonsín y que suele alentar el ex juez supremo Raúl Zaffaroni.
Quizás entre las razones para que más de la mitad de los bolivianos hayan dicho NO a una nueva reelección de Morales esté el hastío por liderazgos de largo aliento, aún a pesar de que todos reconocen el avance que los ciudadanos lograron desde la llegada de Morales al Palacio Quemado. Sobre esta percepción es que se montó una furiosa campaña en los medios concentrados de información acerca de las bondades de la alternancia en el poder. Algo que la realidad desmiente: sólo basta mirar la encrucijada en que se sumergió España con la ruptura del bipartidismo el 20D de 2015.
Morales y sus partidarios se mostraron particularmente afectados por el embate furioso de los medios. Pero es bueno recordar que alguna vez Juan Domingo Perón se burló del rol de los medios en la política al decir que «en 1955, con toda la prensa a favor, nos echaron. En 1973, con toda la prensa y los medios en contra, volvimos». De todas maneras, habrá que admitir que influyen.
Aquí viene a cuento mencionar el viejo recurso de socavar la credibilidad de un líder político ventilando trapitos personales al sol en medio de un comicio. Gabriela Zapata, quien fue pareja del presidente entre 2005 y 2007, habría tenido un hijo con él del que hasta ahora no se tenía noticia. Entre otras razones porque según informó el presidente, el niño habría muerto al nacer. El caso salió a la luz a través de un periodista, Carlos Valverde, sindicato como agente de inteligencia de gobiernos de derecha. Y salió justo tan oportunamente como para enchastrar al mandatario unos días antes del referéndum del 21F. Morales es soltero y tiene otros tres hijos reconocidos con dos mujeres distintas. El tema de debate ahora es que la familia de Zapata, detenida por la justicia porque la denuncia original habla de tráfico de influencias, asegura que el pequeño no murió. Evo asegura que a él le dijeron que había muerto. Las dos cosas pueden ser ciertas.
Los hijos no reconocidos de presidentes no son algo extraño en la política del todo el mundo. Y sino que lo diga Anne Pingeot, que tuvo una hija con el ex presidente francés François Mitterrand de la que se supo recién cuando el líder socialista dejó el cargo, en 1995. En Paraguay, las primeras acusaciones contra Fernando Lugo ni bien llegó al poder es que tenía varios hijos no reconocidos con sendas mujeres. Lugo, de tendencia centroizquierdista, había sido obispo en la región de San Pedro y el hecho daba para hablar de la hipocresía de un representante de la iglesia que prometía cambiar el orden socioeconómico en ese empobrecido país. Pero el caso fue ventilado por los que se niegan a perder prebendas centenarias que incluyen, en muchos casos, el medieval «derecho de pernada».
En Brasil, Lula perdió la segunda vuelta de 1989 ante un personaje construido por O Globo con técnicas sutiles de marketing electoral , Fernando Collor de Mello, quien tuvo que renunciar dos años más tarde por corrupción. Días antes del balotaje, la cadena O Globo invitó a Miriam Cordero, una enfermera con la que Lula había tenido una relación antes de su segundo casamiento y con la que había tenido un hijo. Ante las cámaras, Cordero aseguró que el dirigente metalúrgico le había pedido que abortara. Un escándalo en el país católico más grande del mundo.
Pero ahora se conoció un escándalo mucho más grande y duradero que salpica al ex presidente Fernando Henrique Cardoso, quien tuvo una relación extramatrimonial con la periodista de O Globo –cuándo no- Mariam Dutra. La mujer denunció que el viejo líder político que reclama la renuncia de Dilma Rousseff por casos de corrupción que publican los medios y se muestra como hombre venerable y digno no solo le hizo abortar en dos ocasiones sino que cuando nació su hijo, hace 25 años, se las arregló para que madre e hijo viajaran a Europa, lejos de los focos de la prensa, y armó una estructura ilegal para financiar los gastos de ambos.
La protección mediática que tuvo Mitterrand mientras tuvo poder es comparable a la de Cardoso en un cuarto de siglo. Los ataques mediáticos que sufrió Lula desde que quiso ser presidente trocaron ahora a presuntos casos de corrupción en los que se implica a uno de sus hijos. Ni que decir los ataques contra Evo cuando era simplemente un dirigente cocalero. Son los mismos ahora que quiere un nuevo mandato para garantizar continuidad a un proyecto político revolucionario. Y que sufrirá su hija Evaliz, si verdaderamente se ofrece como garante de ese proceso en 2019.
Tiempo Argentino
Especial 29 de febrero de 2016
por Alberto López Girondo | Feb 19, 2016 | Sin categoría
El anuncio de que Barack Obama visitará finalmente la Argentina el 24 de marzo levantó protestas de todo calibre en amplios sectores de la sociedad. Y no es para menos. Justo ese día se cumplen 40 años del golpe genocida, amparado y apoyado por Estados Unidos como lo prueban los documentos desclasificados de la CIA. Esos mismos documentos indican la responsabilidad de los diferentes funcionarios de aquellas administraciones estadounidenses -desde el presidente Richard Nixon hasta el verdadero gestor de la barbarie, el luego Premio Nobel de la Paz Henry Kissinger- en la cadena de golpes y asesinatos en el marco del Plan Cóndor en el cono sur de América.
El acercamiento de Obama a Cuba y el reconocimiento de sucesivos errores que habían aislado a Estados Unidos de la región desde el bloqueo, hace más de medio siglo, fueron a fines de 2014 una buena señal hacia la región. Así lo entendió el gobierno de Raúl Castro, que desde entonces promueve medidas tendientes a lograr recomponer cinco décadas de hostilidad contra la revolución cubana. Aún falta, claro, levantar las medidas de coerción económica que intentaron asfixiar a esa sociedad para enfrentarla en contra de su dirigencia.
Otro punto importante es el viejo reclamo de devolución del territorio donde se asienta la base de Guantánamo. Allí se instaló luego de los atentados a las torres gemelas, el 11 de setiembre de 2001 -cuando se cumplían justo 28 del golpe contra salvador Allende en Chile, otro «logro» de la Casa Blanca- una cárcel donde fueron alojados presos sin juicio y por el único delito de ser sospechosos de terroristas. En cumplimiento de la cuestionable Acta Patriótica.
En lo que va del siglo, tanto en Estados Unidos como ahora en Europa, con la excusa del combate al terrorismo se fueron sepultando libertades individuales que garantizan las constituciones de todos los países «occidentales». Obama llegó al gobierno en 2009 luego de prometer a su electorado terminar con el oprobio que significa para un país que se pretende defensor de la democracia y las libertades mantener a seres humanos detenidos por portación de cara, de raza o de religión, en estos casos, musulmanes.
Las dictaduras sudamericanas, y la argentina no fue una excepción, se impusieron en nombre de la civilización occidental y cristiana. Fueron los mismos argumentos que la Iglesia Católica utilizó para justificar la conquista de América en el siglo XVI. Ni bien asumió Obama dio un discurso emblemático en El Cairo en que reconoció la contribución árabe a la humanidad y buscó acercarse a una región que representa el lado más caliente y peligroso del planeta desde hace demasiado tiempo. Luego vino la Primavera Árabe y una vuelta atrás impiadosa y ahora esa parte del mundo está envuelta en llamas como pocas veces antes…
El papa Francisco, argentino y con una fuerte impronta latinoamericanista él, acaba de pedir nuevamente perdón a las comunidades indígenas a nombre de una Iglesia que arrasó con culturas milenarias y asesinó a millones de personas a nombre de el «único Dios verdadero». Fue clave la intervención de Jorge Bergoglio para el histórico acercamiento de Obama con Raúl Castro. Señales de nuevos rumbos.
El gobierno de Mauricio Macri estrena por estos días un nuevo protocolo de represión en caso de manifestaciones y cortes de calles. Tras la detención de Milagro Sala ni bien asumió el gobernador de Jujuy está claro que el concepto de sociedad que maneja esta nueva derecha argentina es calcado del que aplica la derecha internacional: represión, detenciones al margen de las garantías individuales, jueces amañados para proteger y custodiar los verdaderos bienes del establishment. Para garantizar estabilidad social en momentos en que pretende cambiar el paradigma productivo -dejando afuera del sistema a millones que, se sabe, no se entregarán sin dar pelea.. O sea que quizás se logre una paz social, pero podría ser muy parecida a la de los cementerios. Recuerdos de épocas oscuras.
En España, el partido que más cercanía tiene con la agrupación que lidera Macri, el PP, también pretendió taponar las protestas con una ley que entró en vigencia a mediados del año pasado, la llamada «ley mordaza», que no solo reprime sino que impone multas por protestar. Pero la ciudadanía provocó un giro impensado en los últimos comicios y dejó noqueado al PP, que no pudo formar gobierno. Un poco porque la crisis la siguen pagando los mismos y otro poco porque se fueron destapando casos de corrupción que golpean de lleno en la actual gestión de Mariano Rajoy.
En Francia, el gobierno de François Hollande, que visitará argentina en unos días, también forzó cambios legislativos para reducir libertades. Obama, mientras tanto, sabe que tiene una deuda pendiente con el cierre de Guantánamo. No hay razones para descreer de la buena voluntad del presidente estadounidense en cumplir esa promesa electoral. Pero precisamente desde esta interpretación benévola de la intencionalidad del primer presidente negro en la historia de un país racista como Estados Unidos es que vale la pena insistir en lo desafortunado de la fecha elegida para pisar tierra argentina.
Es cierto que en su anterior gira continental evitó el desembarco en Buenos Aires porque eran tiempos electorales y eso podría tener una lectura política que era mejor soslayar. Pero ahora que a Obama le faltan pocos meses para terminar su mandato ¿Para qué este gesto de despedida? Porque además no está claro quién lo sucederá, y a su derecha hay cada halcón republicano…
¿Obama quiere dar su discurso del perdón por los crímenes alentados desde Washington hace 40 años? Un mes, una semana antes o después no cambiaba nada. El mismo día, por el contrario, suena a mojada de oreja. Va a quedar como un Nixon, cuando podría hacer como un Jimmy Carter, que alentó investigaciones sobre violaciones a los derechos humanos en el mismo momento en que se producían.
Llama la atención también que los socios de la alianza Cambiemos, las distintas variantes de la Unión Cívica Radical, no se hayan pronunciado en contra de esta decisión que, se supone, fue consensuada entre la administración estadounidense y la local.
Porque la dirigencia política del fin de la dictadura impulsó que la asunción presidencial fuera un 10 de diciembre, para honrar el Día Internacional de los Derechos Humanos. Y el primer presidente de la democracia recuperada, Raúl Alfonsín ordenó investigar los delitos de lesa humanidad y alentó al juicio a las juntas genocidas.
El 24 de marzo habrá, como todos los años, una masiva manifestación por Memoria, Verdad y Justicia. Uno esperaría que fuera una sola marcha y se dejaran de lado miserias que en este contexto desviarían el centro del reclamo. ¿Qué hará el gobierno? ¿Reprimirá bajo el nuevo protocolo dictado por el Ministerio de Seguridad? ¿Impedirá cualquier concentración con la excusa de proteger a tan solemne invitado, que por otro lado, tiene un séquito de custodios que asusta? ¿Es la forma que creen haber encontrado para cerrar aquella grieta sangrienta en la sociedad argentina o se trata de un error de percepción? ¿O , como proclaman esas voces de rechazo, simplemente es una provocación ?
por Alberto López Girondo | Feb 1, 2016 | Sin categoría
Este gobierno, que se presentaba como el que iba a sellar la «grieta» en la sociedad argentina, no mostró hasta ahora sino una peligrosa inclinación a profundizar abismos en las relaciones internacionales. Y mientras se presentaba en campaña como continuador de las cosas bien hechas del período anterior y deslizaba la necesidad de respuestas no ideologizadas en todos los ámbitos, se revela como uno de los más ideologizados en los foros exteriores. El papel que el país representó en la IV Cumbre de la Celac en Quito es otra manifestación de esa cuña que el gobierno de Mauricio Macri pretende incrustar en la región y que ya había asomado en el encuentro del Mercosur en Paraguay.
Vayamos a lo concreto: al volver del Foro de Davos, el presidente se jactó de que Argentina «volvió a hablar con el mundo». Lo acompañaron en el festejo sus principales voceros mediáticos, asentados en la vieja retahíla de que en estos años la Argentina permaneció aislada o viviendo en alguna suerte de limbo internacional. Cosa que la realidad desmiente.
Nadie duda de la necesidad de que el país se inserte en el concierto de las naciones. El caso es cómo y para qué. Esto es, para defender qué intereses y con qué objetivos. Porque detrás de las fronteras hay diferencias y amenazas que no se resuelven con marketing político. El mundo actual es un sitio lleno de incertidumbres y riesgos y no el espectáculo brillante de un parque de Orlando.
No es la primera vez que la dirigencia vernácula se plantea la disyuntiva de donde poner sus fichas para encontrar un lugar bajo el sol. Resulta ilustrativo ver que la clase dominante insiste en los mismos caminos, desde la deuda con la banca Baring en tiempos de Bernardino Rivadavia y la sumisión al imperio británico que terminó en el genocidio del pueblo paraguayo en la época de Bartolomé Mitre.
Es bueno recordar estas referencias por varias razones, entre ellas el contexto internacional y la posición de Brasil en cada momento pero sobre todo por un detalle anecdótico en momentos en que la actual administración decidió no poner «próceres» en los billetes de la moneda nacional. Porque alguna vez Rivadavia estuvo presente en el papel de un austral, durante el gobierno de Raúl Alfonsín y Mitre lo está en el de dos pesos. Los primeros en ser devorados por la inflación y que hoy casi son piezas de coleccionistas.
Como se sabe, Rivadavia inauguró el endeudamiento argentino y tuvo que huir del gobierno luego de firmar una paz inconcebible y sospechosa con el Brasil. Mitre, en otro gran proyecto de inserción global, se asoció en cambio con el imperio brasileño para destruir el modelo de desarrollo nacional paraguayo. Ambas decisiones costaron sangre, sudor y lágrimas al pueblo argentino y sólo beneficiaron a unos pocos socios de la oligarquía local.
Durante las dos guerras mundiales del siglo XX, Argentina permaneció neutral y en el caso de la segunda solo tomó parte cuando Alemania ya estaba derrotada. La neutralidad de Roque Sáenz Peña e Hipólito Yrigoyen no despertó mayores críticas, pero la de los gobiernos militares del 40 y especialmente la posición de Juan Domingo Perón es objeto de fuertes cuestionamientos entre las clases dominantes. La idea que prima es que ahí empezó la debacle del país, que no habría sabido «leer» el momento como hizo el gobierno de Getulio Vargas, que envió tropas para colaborar con los aliados en Europa y a cambio recibió las bendiciones y todo el soporte del nuevo imperio global para su espectacular desarrollo desde entonces. Entre esos favores figura sin dudas la apertura de la Asamblea anual de Naciones Unidas, que siempre en homenaje a aquel gesto, le corresponde al representante brasileño. Una afrenta al orgullo de una oligarquía acostumbrada a las mieles de su relación con la corona británica.
El odio contra el peronismo tuvo también mucho de exagerado fanatismo por Occidente en plena guerra fría, como para remediar errores pasados. Ni qué decir que entre las primeras medidas de la dictadura de Aramburu-Rojas estuvo el ingreso al FMI y el pedido de créditos. El dictador Leopoldo Galtieri, tildado por los medios estadounidenses de «general majestuoso», creyó que el pago del trabajo sucio que uniformados argentinos realizaban en América Central contra la revolución sandinista sería aceptar la recuperación de las islas Malvinas. La paradoja es que su canciller, Nicanor Costa Méndez, terminó aceptando apoyos del Tercer Mundo, de Muhammar Khadafi, del Perú de Fernando Belaúnde Terry y de Fidel Castro, en una pirueta tan inútil como grotesca.
Tras el interregno alfonsinista -que promovió una solución latinoamericana para la situación en Nicaragua y al mismo tiempo intentó revisar la deuda espuria contraída por los militares con una mirada regional- el gobierno de Menem-Cavallo planteó otro gesto de desborde carnal con EE UU como salida a la crisis de la deuda y la hiperinflación. El envío de naves para bloquear al Irak de Saddam Hussein y la política blanda sobre Malvinas no sirvieron demasiado para evitar la crisis que finalmente estalló en 2001.
Ahora Macri volvió de Davos, el foro de los poderosos, ilusionado con arreglar el tema con los buitres para obtener inversiones y créditos insertando a la Argentina en ese mundo que, no hace falta más que informarse desapasionadamente, se desmorona en varios frentes simultáneos.
Desde 2003 América Latina siguió otro rumbo, tras la fundación de una herramienta alternativa como fue el Foro Mundial Social de Porto Alegre, que nació con la consigna de que «otro mundo es posible». Durante estos años los gobiernos regionales – encolumnados detrás de una sólida relación Argentina-Brasil- crearon instituciones como Unasur y la Celac mediante un esfuerzo por construir consensos en la diversidad, entre las derechas más conservadoras y las izquierdas más rebeldes.
Mucho se avanzó en establecer algunas reglas de comportamiento, como la no injerencia en los asuntos de los otros países, en declarar a América Latina como zona de paz y sin armamento nuclear, y la profundización de las relaciones comerciales. Argentina logró en estos años un amplio apoyo para la causa Malvinas y frente a las amenazas de los fondos buitre.
Así como el gobierno de Macri habla de desideologizar el debate dentro del país, buscó desmalvinizar la relación con el Reino Unido en el encuentro con el premier David Cameron. Y le hace guiños a la derecha estadounidense e israelí en relación a Irán con la esperanza de abrir los grifos para nuevos endeudamientos a la manera rivadaviana. Justo cuando el mundo arregla las paces con Teherán.
En el camino, decidió exagerar el antichavismo y candidatearse como el «campeón» de la vuelta al ALCA. Pero esa estrategia tiene vuelo corto, como se demostró en las alturas de Quito, donde se aprobó un nuevo documento a favor de la recuperación pacífica de las islas, ya una causa continental. Incómodo apoyo que abrumó a la vicepresidenta Gabriela Michetti, quien insistió en su ataque al gobierno de Venezuela como para probar que el macrismo viene para crear una grieta a nivel continental que hasta ahora no existe. A riesgo de romper con una agenda que se dicta en conjunto y no por oportunismo o capricho personal.
El resultado de los otros intentos de inserción en ese mundo de fantasía fue desastroso. No se trata de ideología sino del pragmatismo más crudo. Si la historia demuestra la ineficacia del alineamiento automático y hasta la cancillería brasileña, tan preclara en sus objetivos a largo plazo, lo entendió y formó un club de disidentes con los países BRICS,
¿Cómo se justifica este giro de 180 grados que se le quiere imponer a la política exterior argentina? ¿Es sólo una ideología retrógrada o esa miopía es la máscara que oculta razones más oscuras? Porque el mundo no es un territorio de paz y prosperidad y, además, Argentina limita con los hermanos latinoamericanos, los únicos dispuestos a dar una mano en caso de necesidad.
Comentarios recientes