por Alberto López Girondo | Feb 13, 2015 | Sin categoría
Hace justo 70 años, el 13 de febrero de 1945, comenzó el que tal vez fuera el ataque más brutal de la Segunda Guerra Mundial contra población civil. Durante tres días la Royal Air Force británica y la Fuerza Aérea de los Estados Unidos descargaron unas 4000 toneladas de bombas y explosivos sobre la ciudad alemana de Dresde, un fuerte centro económico e industrial germano, provocando al menos 35 mil muertos.
Todavía hoy se discute sobre ese ataque a 12 semanas de la rendición del nazismo porque se lo considera un hecho innecesario que daría pie a denuncias por crímenes de guerra si no fuera porque quienes lo protagonizaron fueron los ganadores de la contienda. Paralelamente las tropas soviéticas avanzaban hacia Berlín, acelerando la caída del régimen nazi, lo que justifica que muchos analistas sostengan que el ataque a Dresde fue, en realidad, contra el Ejército Rojo y para marcarle la cancha a Stalin.
Cuarenta años después, la canciller alemana Angela Merkel lidera junto con el presidente francés François Hollande una verdadera cruzada para frenar las ansias armamentistas que reiteradamente se expresan desde Washington. Barack Obama señaló en estos cruciales días que si no se llegaba a un acuerdo por Ucrania estaba dispuesto a enviar armamento letal a Kiev. Curiosa definición para los productos de la industria bélica más poderosa del mundo. ¿Hay armamento que no sea letal? Salvo que hubiera aludido a algún tipo de herramienta cultural, educativa o sanitaria en forma metafórica…
El caso es que ante la negativa de Hollande y Merkel, que le habían pedido unos días más para negociar con el líder ruso Vladimir Putin, Obama se apuró en pedir al Congreso autorización para combatir al Estado Islámico (EI) por un período de tres años. «No es una autorización de otra guerra en tierra», aclaró el mandatario, pero el recuerdo de las guerras de Irak y Afganistán desmiente esta aseveración.
El gobierno de Obama a todas luces busca mostrarse activo y resuelto para enfrentar a la nueva composición del Capitolio, con una mayoría republicana en ambas cámaras que intenta aguarle una sucesión demócrata el 20 de enero de 2017. De allí que en el ámbito exterior intente estar en el centro de la escena, como lo demuestra en las áreas que están bajo control de los yihadistas del EI. Putin no le va en zaga y el martes viajó a El Cairo, donde se entrevistó con el presidente-militar Abdelfatah al Sisi, firmó acuerdos nucleares y hasta le regaló un fusil Kalashnikov, en un gesto sin medias tintas.
El acuerdo alcanzado en Minsk tras 16 horas de negociaciones al máximo nivel, mientras tanto, puede ser el inicio del camino hacia una paz permanente y duradera o el preanuncio de tormentas mayores y definitivas en el futuro cercano. Dependerá de cómo se vayan desmontando los mecanismos que llevaron a esta situación.
«No fue la mejor noche de mi vida, pero creo que la mañana es positiva porque hemos podido coincidir en los temas principales pese a todas las dificultades de las negociaciones», se sinceró Vladimir Putin ante los periodistas. Hollande y Putin consideraron que esta frágil tregua es «un alivio para Europa».
Para que no queden dudas de qué estofado se cocina en esa olla, en forma inmediata la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, anunció un crédito de 17 mil millones de dólares destinados a programa de cuatro años «para apoyar la inmediata estabilización económica de Ucrania, al igual que el conjunto de reformas emprendidas por el gobierno para restaurar un crecimiento económico firme a medio plazo y mejorar los estándares de vida de la población». Si todo marcha al gusto del FMI, habrá otro paquete de «asistencia financiera» que suma 40 mil millones de dólares.
No es un dato para descartar, cuando los organismos financieros europeos están tratando de sofrenar el fuerte rechazo que les viene desde las calles griegas. El primer ministro Alexis Tsipras intentó en Bruselas no romper con la troika pero tampoco al precio de traicionar el mandato de las urnas y el reclamo de los manifestantes, hartos de los recortes a los que Grecia es sometida desde el inicio de la crisis europea.
Los griegos desafiaron las presiones desembozadas en los medios de comunicación del continente y depositaron sus esperanzas en Syriza, una coalición de izquierda que busca resolver la enorme deuda externa con medidas calcadas de la Argentina tras el default de 2001.
A los organismos paneuropeos les resulta difícil demostrar que son demócratas consumados mientras el titular de finanzas alemán diga que no se aceptarán cambios en el programa elaborado desde Bruselas para Grecia. Algo más dispuesta se mostró Merkel, quien al irse de Belarus dijo que habría alguna solución que no lleve la sangre al río, aunque no especificó cuál. Por lo pronto dejaron todo en manos de «expertos», una forma de patear la pelota para adelante. Otra tregua al fin de cuentas.
Tsipras volvió a repetir que Alemania le debe mucho a Grecia desde la Segunda Guerra, cuando tropas nazis ocuparon el país. Se trata de un préstamo obligatorio impuesto por las tropas hitlerianas que los técnicos griegos estiman en 11 mil millones de euros actuales. Además, el reclamo por los daños causados en instalaciones y en la población civil treparía a 160 mil millones más. La mitad de la deuda actual de Grecia.
Cuando están por cumplirse 70 años del fin de la guerra, en Europa reaparecen muchos de los problemas que por siglos la llevaron al incendio. Francia y Alemania coinciden en llevar la batuta, pero Rusia vuelve a cantar presente. Si a la caída de la Unión Soviética la Unión Europea pensó que tenía el mundo a sus pies, este cuarto de siglo demostró que estaban equivocados.
Putin busca recomponer el antiguo papel que desde Pedro y Catalina venía cumpliendo el imperio zarista. Se dice que el PBI ruso es menor que el de Italia, potencia de segundo orden, y es cierto. Pero nunca fue mucho más que eso cuando los Romanov buscaban su lugar la mesa de discusiones del orden mundial. Y buen barullo que hicieron.
Esta escalada en Ucrania, conviene recordar, se produjo luego de que la alianza occidental intentara derrocar al presidente sirio Bashar al Assad, enfrascado en una guerra civil desde 2011. El que frenó la segura invasión fue Putin, quien se plantó frente a Obama para recordarle que Siria es aliada de Rusia desde tiempos de la URSS y que allí hay una base militar de Moscú. Fue después que la UE y la OTAN intentaron avanzar hacia la frontera más íntima de Rusia y apoyaron el golpe contra Víktor Yanukóvich, en febrero pasado. La otra gran base rusa está en Crimea. Parece que se estuviera hablando del siglo pasado, pero la reincorporación de la península a la Federación Rusa se produjo el 18 de marzo de 2014. El levantamiento de los rebeldes pro-rusos del este vendría a continuación.
Esta semana el presidente sirio ofreció una entrevista a la BBC. El entrevistador Jeremy Bowen comenzó el reportaje como «para romper el hielo»: le preguntó si ante el avance del grupo yihadista y la pérdida de control de parte de su territorio no creía que Sira era un Estado fallido. Al Assad rechazó esa caracterización, como era de esperarse. El cuestionado mandatario sirio espera poder resistir el embate de los grupos fundamentalistas, pero quién sabe hacia dónde se encamina la situación, con tantas manos metidas en el plato.
Vistas las cosas desde este rincón del mundo, resulta interesante analizar el concepto de Estado fallido, una definición elaborada por la CIA hace 20 años para explicar la situación en diferentes naciones del mundo y justificar así una intervención «civilizadora». Son muchos los que inscriben a México en esta lista, por la violencia desatada en esa nación.
En el caso argentino, hubo quienes en el inicio de este milenio pedían a gritos que alguien de afuera viniera a resolver la endiablada crisis en la que se había caído por la convertibilidad.
Aún se recuerda a la ex secretaria de Estado norteamericana Madeleine Albright reclamando prácticamente una intervención externa en la economía argentina cuando era evidente que los planes pergeñados por el FMI habían llevado al fracaso. En estos días se vuelven a escuchar voces en esa misma línea tras la muerte del fiscal Alberto Nisman. Convendría mirar cómo viene la mano afuera antes de reclamar por lo que aparece de adentro.
Tiempo Argentino
Febrero 13 de 2015
por Alberto López Girondo | Feb 11, 2015 | Sin categoría
Deshielo: Las reformas económicas impulsadas por Raúl Castro alentaron el giro de Obama: La Habana se abre a los inversores y EE UU no quiere quedar fuera
Cuando los presidentes Raúl Castro y Barack Obama anunciaron el sorpresivo descongelamiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, se conocieron detalles de negociaciones que habían tenido lugar durante 18 meses para terminar con 53 años de incomunicación entre la principal potencia del mundo y la pequeña isla, a 90 millas de distancia, que había tomado paulatinamente el camino del socialismo desde la llegada al poder de Fidel Castro, el 1 de enero de 1959.
Varios factores políticos internos ayudaron a Obama a dar el paso al que ninguno de sus antecesores se atrevió en más de medio siglo, pero sin duda el factor económico fue fundamental: Cuba venía dando pasos agigantados para abrirse al mundo, y la invitación a inversores de todo el mundo a formar parte de ese desafío dejaba fuera a los vecinos más cercanos por una decisión estratégica obsoleta. Se trataba de un sinsentido que hacía perder oportunidades de negocios allí donde otros tenían prurito en sumarse a un proceso a esta altura irreversible.
Desde 2008, un año antes de la llegada del demócrata a la Casa Blanca, las autoridades cubanas venían poniendo sobre el tapete una serie de cambios sustanciales en su modelo económico que lo acercaban más a los procesos de apertura que se venían dando en China y Vietnam.
No era un secreto para nadie que la economía cubana estaba estancada en los últimos años, como admitían el propio líder de la Revolución y su sucesor, su hermano Raúl Castro. Uno de los problemas crónicos del país tiene su origen precisamente en el enfrentamiento con Estados Unidos, que además de romper relaciones en 1961 impuso un bloqueo económico que según La Habana provocó pérdidas por alrededor de 117.000 millones de dólares.
En ese marco, y con los puentes cortados con el resto de Latinoamérica, la Revolución no tuvo más opciones que inclinarse hacia la Unión Soviética. A cambio de su principal producto, el azúcar, Cuba recibía combustible y know-how para avanzar hacia ese modelo de socialismo. Justo es decir que se generó un gran desarrollo para la población, pero se produjo una dependencia cada vez mayor de un monocultivo tradicional sin muchas posibilidades de diversificación, como ya había advertido el médico argentino Ernesto Che Guevara, a la sazón ministro de Industria y titular de Banco Nacional en esos primeros años de la revolución.
GOLPE COLOSAL
A la caída de la URSS, en 1991, el golpe para la economía cubana fue colosal. Alrededor de dos tercios de los ingenios de la isla cerraron sus puertas y los que quedaron en pie apenas pudieron mantener poco más de 100.000 trabajadores de su plantilla. En cualquier país capitalista, esto hubiese implicado unos 400.000 obreros en la calle. Un país que quería mantenerse dentro del socialismo no podía resolver así la cuestión. De modo que los fue incorporando a actividades estatales al costo de incrementar una burocracia a la postre improductiva y deficitaria. Para colmo, las dificultades para autoabastecerse de alimentos se hizo cada vez más gravosa, y lo sigue siendo hoy día.
La aparición de un Gobierno afín como el del venezolano Hugo Chávez, en 1999, logró aliviar lo peor de eso que se denominó Período Especial, durante el cual, ironizaban muchos cubanos, “lo único que abundaba era la escasez de todo”. Pero el problema de fondo subsistía.
Durante esa época, los intentos del Gobierno de Fidel Castro se centraron en abrirse a las empresas que mejores oportunidades podrían ofrecer para el ingreso de divisas. La opción más a mano fue el turismo, que tuvo un auge espectacular en la última década del siglo pasado y del que llegaron a participar las mayores empresas hoteleras de España. La otra gran apuesta fue el desarrollo de servicios y tecnología médica.
Pero el problema de fondo persistía cuando Raúl Castro reemplazó a su hermano, en 2006. Fue entonces cuando se comenzó a pergeñar un plan de actualización del modelo económico, como prefieren llamarlo en la isla, que se plasmó en el VI Congreso del Partido Comunista, en 2011, precedido de intensos debates.
NUEVA GENERACION
Comenzaron a tallarse a partir de ese momento dos figuras llamadas a ser los sucesores naturales para cuando Raúl termine su mandato, como anunció, en 2018. Ambos son hijos de la Revolución: el actual vicepresidente, Miguel Mario Díaz-Canel, tiene 55 años, y Marino Murillo Jorge cumple ahora 54.
La figura clave de todo este proceso de cambios es Murillo Jorge, apodado con cierta malicia en los medios extranjeros como “el zar de la economía cubana”. Fue ministro de esa cartera, luego vicepresidente segundo sin por ello dejar el cargo de jefe de la Comisión de Implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social. Desde septiembre pasado, es nuevamente el titular de Economía. Afirma que es necesario acelerar la marcha para no perder el tren y al tiempo que justifica el pobre desarrollo de la economía durante 2014, augura un crecimiento de más del 4% para este año. No hay datos aún sobre qué porcentaje podría incrementarse a partir del acercamiento con Washington.
En un encuentro con periodistas de todo el mundo al que tuvo ocasión de asistir este cronista, Murillo Jorge delineó con precisión quirúrgica cuáles son esas lineas de que habla uno de sus cargos:
“El Estado no puede ocuparse de todo”.
“La propiedad social de los medios fundamentales de producción va a seguir en el marco del socialismo”.
“Necesitamos crear una sociedad socialista próspera y sostenible”.
“El Gobierno pretende aportes en cinco aspectos concretos: tecnología, financiamiento, mercado, empleo y know-how administrativo”.
“El éxito consistirá en mantener el equilibrio macro mientras se da espacio al mercado y la creación de la riqueza”.
“Los precios de los productos deben regirse por el mercado y no por decisiones administrativas”.
ACTIVIDAD PRIVADA
En la primera etapa de este proceso de cambios, alrededor de 400.000 empleados públicos debieron pasar a actividades privadas. La cifra coincide con los puestos de trabajo perdidos en la década de 1990 en la industria azucarera. Actividad privada quiere decir que se fueron incorporando las nuevas cooperativas de transporte y servicios permitidas desde 2012. Entre esas nuevas opciones laborales se engloban peluquerías, casas de comidas, talleres de costura, hasta aquel momento al nivel de oficinas de dependencias estatales.
En poco más de dos años los cubanos fueron autorizados a comprar y vender automóviles y propiedades inmuebles y a desarrollar empresas con personal a cargo. Queda aún por resolver la cuestión de la doble moneda. Ante la prohibición de emplear el dólar en la isla, en los años noventa se creó el peso convertible o CUC, para uso de los turistas, mientras que los residentes comercian en pesos cubanos o CUP. El reto es cómo unificar la divisa sin causar un shock a la manera capitalista, sostiene Murillo Jorge.
Pero el mayor desafío, según Enrique Ubieta Gómez, director de la publicación mensual La calle del medio, es “desatar las capacidades individuales que hemos creado sin por ello perder los valores socialistas”.
NUEVO MARCO
Puerto Mariel, ofertas y oportunidades
El 70% de las exportaciones cubanas son servicios al exterior. Médicos cubanos asisten en Venezuela, que paga con petróleo.
Brasil también es receptor de profesionales de la salud cubanos. Van a los lugares que los médicos locales no quieren ni pisar. La medicina cubana es reconocida en todo el mundo y durante lo peor de la epidemia de ébola recibió halagos hasta del Gobierno estadounidense por su pericia y decisión.
Con una inversión que ronda los 800 millones de dólares que aporta el Banco Nacional de Desarrollo de Brasil, Puerto Mariel, a 40 kilómetros de La Habana, está llamado a ser el gran centro del desarrollo cubano, donde podrían apostarse talleres de montaje de todo tipo para vender en ese enorme mercado a 90 millas de distancia.
Cuba ofrece a capitales de todo el mundo garantías en el marco de su nueva ley de inversiones extranjeras, pero sobre todo una población con aptitudes laborales únicas por su altísimo nivel educativo y sanitario. Valores que nadie niega al Gobierno surgido tras la revolución, hace 56 años.
Revista Alternativas Económicas de España
Febrero de 2015
por Alberto López Girondo | Feb 6, 2015 | Sin categoría
Hace justo un mes se aprobó en Beijing un plan quinquenal de cooperación entre China y los 33 países que integran la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) y se acordaron las bases para un nuevo encuentro en Chile dentro de tres años. Un puñado de presidentes latinoamericanos viajó para esta cumbre inusual en términos de diplomacia pero ilustrativa de los tiempos que se viven.
El encuentro había sido pactado seis meses antes en Brasilia y el consenso para su realización marchó en tiempo récord para este tipo de reuniones. Fue en este contexto que el ecuatoriano Rafael Correa firmó convenios de inversión con el gigante asiático por algo más de 5 mil millones de dólares y el venezolano Nicolás Maduro refrendó proyectos de cooperación y financiación por más de 20 mil millones de dólares en sectores energéticos, industriales y de desarrollo.
En ese foro, la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), la mexicana Alicia Bárcena, recalcó la necesidad imperiosa de que la región trabaje «en una aproximación estratégica hacia China para conseguir mayores niveles de inversión extranjera directa china, especialmente dirigida a mejorar la infraestructura» con el objetivo de «promover la diversificación productiva y exportadora, y estimular alianzas empresariales sino-latinoamericanas». La titular del organismo creado en 1948 para el desarrollo latinoamericano no se ahorra palabras para señalar que en el marco de la crisis económica de los países occidentales, «el papel de China va a ser fundamental».
El presidente chino, Xi Jinping, auguró entonces que el comercio entre su país y los integrantes de la CELAC alcanzará en 2020 –dentro de apenas cinco años– los 500 mil millones de dólares, mientras las inversiones rondarán los 250 mil millones.
No debería resultar extraño con estos antecedentes que la mandataria argentina Cristina Fernández de Kirchner haya ido un poco más lejos al indicar en su gira por China que «se acabó el mundo unipolar; entramos en una nueva era de multipolaridad en la que las naciones emergentes desempeñan un papel cada vez más preponderante en los designios de la humanidad y en la construcción de un mundo más justo y BRICS, Mecsino que conforma una política de Estado. Esto es, de esas que quien la suceda en el sillón de Rivadavia, sea cual fuere el ganador de los comicios de octubre, debería mantener y profundizar.
Desde usinas opositoras y de la Unión Industrial Argentina (UIA) se encargaron de fustigar los acuerdos firmados alegando que temen peligros para la mano de obra local. Desde lo que podría denominarse «el club de los ex secretarios de Energía» criticaron la forma de contratación establecida para los proyectos relativos al área. El presidente de la Sociedad Rural, Luis Miguel Etchevehere, aprovechó para cuestionar la política oficial de retenciones, no sin reconocer que a China «año a año llega el 80% de las exportaciones argentinas de soja».
Lo cual plantea una contradicción importante: China beneficia a productores locales con su mercado impresionante al punto que todo el potencial local alcanzaría para alimentar 400 millones de personas, según la presidenta. Pero esa cantidad es menos del tercio de la población china y hay rubros en que los proveedores vernáculos no están en condiciones de satisfacer al demanda.
Los temores que expresan fuentes opositoras locales –ligados ideológicamente en su abrumadora mayoría al establishment de EE UU y Europa– tienen una base que los sectores más progresistas de la región no ignoran. El riesgo de que una gran potencia industrial ávida de alimentos y productos primarios se devore las ansias de desarrollo autónomo es real y atendible. Pero para eso se necesitan políticas consensuadas y de Estado. Y la oposición no está jugando ese mismo partido.
Cuando en la segunda mitad del siglo XIX las elites porteñas lograron el control total del país para comerciar sus ventajas comparativas con el Imperio Británico, fue en base a una guerra a sangre y fuego contra los caudillos del interior. No viene al caso recordar detalles que los lectores conocen. Fue entonces que se consolidaron las oligarquías regionales, ricas hasta la obscenidad en medio de la pobreza generalizada.
Ahora, los sucesores de esas mismas oligarquías –que no pararon de ganar dinero en estos años de acercamiento regional a China– son los mismos que en cada país denostan las políticas oficiales en este nuevo escenario de retracción de la potencia dominante y de empoderamiento de nuevos jugadores globales, como los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), la CELAC y el propio Mercosur.
Según un reporte del banco suizo UBS AG correspondiente al año 2014, Bolivia tiene 40 nuevos ricos –245 en total– y Ecuador tiene en esta lista de los que tienen un patrimonio de más de 30 millones de dólares, a 280 personas. Esta nómina de supermillonarios está encabezada en América latina por Brasil, con 4225 señores que atesoran unos 820 milmillones de dólares.
Argentina es el tercero, con 1185 individuos (75 más que en 2013) que juntan un total de 160 mil millones de dólares, suficientes para dejar la deuda externa en cero. Paraguay, uno de los estadísticamente más pobres del continente, tiene 190 mega-ricos con 25 mil millones de dólares.
Venezuela, acosada por desabastecimiento al punto que el presidente Maduro debió procesar a varios empresarios, quejosos de falta de rentabilidad por las medidas de control del chavismo, tiene 450 acaudalados (15 más), que suman riquezas por 60 mil millones, de acuerdo al «World Ultra Weath Report” (http://www.wealthx.com/home/, hay que loguearse pero se baja gratis).
En el total, los que tienen más de «30 palos verdes» en la región suman 14.805 y acumulan unos 2225 billones de dólares, un 4,6% y un 5,5 % más respectivamente que en 2013. La cifra es más contundente si sólo se toman los «billonarios», o sea, los que tienen más de mil millones. Apunta el estudio del UBS AG que en América Latina hay 153 personas dentro de esa categoría, con 511 mil millones de dólares en capital. Son 42 (un 37%), más que hace un año y crecieron económicamente un 3% en ese lapso, el doble que el PBI regional, por cierto. ¿Cuánta de esa riqueza que no para de incrementarse es por negocios con China? Difícil estimarlo, sin embargo ideológicamente la mayoría de las entidades empresariales y de medios sostienen un discurso en contrario.
Una de las razones para el rechazo verbal es la presión de los centros de poder occidental sobre el gigante asiático, al que si bien todavía no lo ponen al nivel del «eje del mal» Rusia o Venezuela, ya comienzan a anotarle, sobre todo en Europa, señales de alarma.
En tal sentido, un libro de reciente aparición escrito por Michael Pillsbury, un experto que asesoró a todas las administraciones estadounidenses desde Richard Nixon a esta parte, marcará tendencia. En The Hundred year Marathon (La maratón de los cien años), Pillbury sostiene que en 1955 Mao Zedong lanzó un programa secreto para desplazar a Estados Unidos como potencia mundial para 2049, cuando se cumpla un siglo de la Revolución China. Pillsbury está convencido de que las agencias de inteligencia de EE UU. subestimaron la influencia de los chinos y «siguen obviando su poder e influencia».
El detalle es que tras la muerte de Mao, en 1976, China dio un giro copernicano en su economía y Deng Xiaoping dio inicio en 1979 al proceso de apertura que devino en esta potencia gobernada por un Partido Comunista pero con premisas económicas de cuño capitalista.
Ese giro al gusto de los poderosos del mundo colocó al gigante asiático al tope de los destinos para la inversión global. El total de inversiones directas en 2014 trepó a 127,6 mil millones de dólares, un 3% más que un año antes, mientras que durante ese año bajaron las inversiones en Estados Unidos de 230,8 mil millones a 86 mil millones.
El riesgo de generar condiciones para un neocolonialismo no sólo en Argentina sino en el resto de la región es cierto, más allá de las intenciones de la dirigencia china (business are business, después de todo). Por eso es necesaria una política de Estado y el apoyo de todos los actores involucrados. Para que no sólo los más ricos se lleven las ganancias.
Tiempo Argentino
Febrero 6 de 2015
por Alberto López Girondo | Feb 2, 2015 | Sin categoría
Creo que una de las virtudes de Podemos depende de nuestra capacidad de esperar lo inesperado», dice Pablo Bustinduy en su presentación en Facebook. De visita en Buenos Aires, donde pasó las fiestas con la familia de su esposa argentina, este madrileño de 31 años que había emigrado a París y luego dio clases de Filosofía en universidades estadounidenses habló con Tiempo sobre esta realidad que atraviesa a España y repercute en toda Europa.
La charla se hizo en medio de un encuentro con militantes de la Juventud Peronista, de colectivos sociales colombianos afincados en Buenos Aires e incluso del Café Literario Néstor Kirchner de La Matanza. El intercambio de experiencias dio pie para contar cómo se fue generando este cambio de paradigmas en la sociedad española a partir desde el 15 de mayo de 2011, cuando miles de ciudadanos cubrieron las calles en busca de salidas a una crisis que no terminaban de entender pero les clausuraba el futuro.
Bustinduy es coordinador de Podemos en el Parlamento europeo y junto con los líderes partidarios Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero e Iñigo Errejón, uno de los responsables de ese vendaval que cruza la sociedad española a partir de un término tan efectivo como insurgente: casta.
–Resulta sorprendente cómo cambió el discurso político en España. Incluso artistas y deportistas se vieron obligados a tomar partido.
–Hay un piloto de motos, Marc Márquez, un genio de 20 años, que iba a trasladar su residencia fiscal a Andorra. Márquez tiene unos ingresos de 10 millones de euros al año, en España paga casi seis millones de impuestos, en Andorra iba a pagar 30 mil euros anuales. Se produjo un debate público sobre la moralidad de ese gesto, estaban los que decían «bueno, este tipo se juega la vida para que luego el Estado le afane todo lo que gana». Y otros decían: «pero es que si tiene un accidente irá a un hospital público que pagaremos entre todos». Fue tanta la presión que le tipo tuvo que dar una rueda de prensa y decir que no, que no se iba a ir.
–¿Cómo evalúan eso?
–Vemos que de una manera acelerada y profunda pero paulatina el debate público está virando a temas que le son muy incómodos a las elites políticas, porque no tienen respuesta. En ese sentido ha sido muy exitosa la operación de ubicar en el centro de la conversación pública problemas estructurales que estaban silenciados, como la corrupción, los derechos sociales, los servicios públicos, la deuda, que ya tienen una centralidad ineludible. En ese sentido nuestra agenda está en el centro, y la sociedad entera y todo tipo de actores se ven obligados a posicionarse o a reaccionar ante ello. Hace un año había una distancia entre el país real y la clase dirigente y la esfera mediática enorme.
–Ahora se habla de política.
–Sí, y una vez que se habla de política, las cartas quedan marcadas.
–¿No temen haber generado una grieta, como se dice en Argentina?
–Es interesante ver que el 15M fue un descontento de ciudadanos que se expresó antes de que llegara lo peor de la crisis. El primer lema, «no somos mercancía en manos de políticos y banqueros», ya hacía esa operación del «ellos» y el «nosotros», de identificar un sujeto social que era la clase política y la clase financiera. En España no se ha dado como en otros países de Europa una respuesta en clave xenófoba, un populismo de derechas, y eso es en cierto modo porque el 15 M instaló un sentido común de que ya esa brecha existía entre la gente común, la gente honrada, y esa dirigencia.
–La gente honrada está con Podemos.
–El éxito de la palabra «casta» se mide en que todos los grandes presentantes de esa casta se ven obligados a salir por televisión a decir «yo no soy casta». Ahí ya has ganado. Ese discurso ha calado tanto que tiene una clave de identificación moral entre quien está del lado de la gente honrada, trabajadora, que paga sus impuestos, que cumple con sus deberes ciudadanos y que aún así tiene que sufrir todo el precio de la crisis, y una clase privilegiada que cuanto peor van las cosas mejor le va. Las mayores empresas del país han multiplicado sus beneficios en estos años.
–Hay cada vez más millonarios.
–Cada año hay un 5 % más desde que empezó la crisis, y la parte de la riqueza nacional concentrada en cada vez menos manos no deja de crecer año tras año.
–Pero la sociedad española progresó por varias décadas como no lo había hecho nunca antes.
–Sí, pero más que progreso se recortó un poco el retraso que llevaba a con relación a sus socios europeos.
–Pero hubo un Estado de Bienestar.
–Hubo un avance en infraestructura, un gran desarrollo del sistema público de salud, el sistema educativo y se mejoró mucho la vida de la gente, pero nunca llegó a los mínimos europeos. Fue un proceso de onda larga, de unos 30 años, que además se apoyaba en instituciones franquistas como el régimen de seguridad social que había instaurado el franquismo para responder a las luchas obreras. Luego, en los años 90, se desata una burbuja especulativa sobre el sector de la construcción y el turismo, con la desindustrialización del país.
–Que coincide con la internacionalización del capital financiero en América Latina.
–Y también en la Unión Europea, porque son procesos paralelos. Esa burbuja financiera hace que en España fluya mucho el crédito y produce una nueva clase media que tienen un nivel de vida completamente ficticio pero muy alto. Todo esto con una desideologización muy grande de la sociedad dentro de un sistema institucional muy sólido. En España se vivía bien, siempre ha habido excluidos de ese sistema, pero digamos que en términos generales era fuerte el eslogan de (José María) Aznar, «España va bien». Y se crea esa especie de ideología de la clase media con un progreso muy individualizado, muy atomizado.
–Que los hijos iban a estar mejor que sus padres.
–Claro, y cuando estalla la crisis, grandes bolsas de la población quedan excluidas y hay una crisis de expectativas de los más jóvenes, generaciones tremendamente cualificadas que de pronto deben malvivir en el desempleo o trabajar en puestos por debajo de sus cualificaciones, o emigrar. En España se da quizás la reversión de un flujo demográfico más rápido en la historia de Europa. Desde fines de los 90 a finales del 2010 la población inmigrante pasó de un 3% a un 11%, muchos millones que llegan a trabajar. En apenas dos años se da una reversión y los españoles salen por cientos de miles. Eso evidentemente sacude la estructura no solo económica y social sino psicológica. Esa clase media de pronto debe recomenzar de cero. El 15M es una mecha que prende en esa ola de indignación ciudadana pero con un discurso que no responde a los esquemas clásicos, de hecho una gran parte de la izquierda queda muy descolocada.
–¿Todo surge allí?
–El 15M es un dinamizador de la situación política que hace que todo el mundo tenga que posicionarse, y genera brechas en la izquierda organizada, porque por un lado se lo ve como un movimiento desideologizado, con una conciencia histórica muy limitada. Otros sectores lo ven como un acto de insurgencia ciudadana que apunta muy claramente contra las elites políticas y financieras y que permite una politización masiva en torno a significantes que son muy fértiles para una acción política popular. Ese sector se hace mayoritario porque la política está sucediendo en las plazas, sin banderas, con una gramática y un vocabulario muy opuesto a lo que estábamos acostumbrados, pero está sucediendo, entonces la mayor parte de la gente quiere ser partícipe. Este ciclo concluye en marzo pasado, con las Marchas de la Dignidad, un millón de personas que confluyen hacia Madrid. Es un movimiento popular transversal bien organizado, bien reivindicativo, da una demostración de fuerza muy importante y sin embargo en los meses siguientes se produce un proceso de repliegue, un reflujo.
–¿Podemos no es la expresión de ese 15M?
–Visto desde afuera aparece como una articulación natural del 15M, pero no es así. Podemos surge en un momento de reflujo, donde hay clima de derrota, no se ha podido torcer la mano en prácticamente ninguna de las ofensivas que se ha lanzado contra los derechos sociales. Podemos surge con una hipótesis muy clara que es ofrecer una herramienta capaz de traducir toda esa rabia acumulada, toda la experiencia de esas luchas que no han culminado en victorias tangibles para concretar una herramienta de intervención electoral.
–¿Se sabe cuánto creció Podemos tras las europarlamentarias?
–Es complicado porque como es un fenómeno electoral tan atípico para el sistema político español, que venía de una estabilidad férrea durante 30 años, las encuestadoras tienen muchas dificultades para calibrar los resultados brutos, que les resultan inverosímiles. No tienen mecanismos de corrección, como el recuerdo del voto, o una serie de preguntas adicionales para corregir el resultado que en nuestro caso no rigen.
–¿No tienen estudios propios?
–Ahora mismo no, cuestan mucho dinero. Para las elecciones europeas hicimos un sondeo con poquita plata que fue el que más se acercó al resultado final. Los sondeos son todos políticos, encuentran lo que buscan. Como nosotros intentábamos encontrar lo más parecido a la verdad posible, nos salió que sacábamos cuatro diputados y sacamos cinco. El último sondeo de agencias, con 2000 entrevistas, nos daba un 29,7% de los votos, casi un 30%. Tres puntos por encima del PP y casi diez por encima del PSOE. Un terremoto.
La enseñanza latinoamericana
–Siempre reciben ataques por su vinculación con algunos gobiernos latinoamericanos.
–Es muy sintomático que incluso la experiencia cotidiana nos atacan diciéndonos «oye, pero en Venezuela qué», o «en Argentina qué». Es inverosímil hasta qué punto la derecha mediática española se apoya sobre elementos sociológicos que son en realidad resabios coloniales que aún persisten en parte del imaginario español. Pero vamos, nos van a atacar siempre y nosotros no lo podemos evitar.
–El brulote es que el gobierno chavista pagó asesorías de Pablo Iglesias y de Podemos.
–En España hay una fundación, CEPS (Centro de Estudios Políticos y Sociales) que lleva 15 años trabajando en once países de América Latina prestando asesoría, análisis, estudios para mucha gente. Yo mismo lo he hecho, con todos los contratos legales y en regla. Lo que hicieron fue sumar todos esos contratos y decir «Venezuela pagó 10 millones de euros a la fundación CEPS que es Podemos.» Eso sería financiación ilegal y por eso lo hemos denunciado. Pero en el marco de un debate político lo que decimos es que todos los procesos de transformación popular son complejos, contradictorios y tienen que enfrentar situaciones complicadas y difíciles. Y decimos que nosotros hemos aprendido mucho de cada uno de ellos.
–Pero populismo sigue siendo una mala palabra en Europa.
–La derecha política y mediática se siente más cómoda hablando de Venezuela que de España. Hay un grado de desconocimiento que juega sin duda. Pero cualitativamente hay un sector de la población que ha comenzado a romper con el hechizo de la Unión Europea. Como el ingreso coincidió con todo este proceso de mejoras, Europa siempre se asoció al progreso individual y al progreso social, pero una vez que Europa pasa de ser la causa del bienestar a la causa del sufrimiento, la mirada se puede girar a otros lugares. Tenemos dos salidas naturales, una es la periferia de Europa, como Grecia (NdR: hace solo unas horas se produjo allí un resonante triunfo de la izquierd lo que modifica el mapa político en Europa), Irlanda, Portugal, Italia, y otra es el continente americano, donde hemos aprendido una enormidad de cosas. Lo que no quiere decir que hayamos ido a buscar un modelo. Ha habido cantidad de elementos que hemos aprendido para interpretar nuestra realidad, pero el camino lo tendremos que hacer nosotros a nuestra manera.
No a las municipales
–¿Por qué no se presentan en las próximas municipales?
–Tomamos una decisión muy arriesgada de asumir incluso para nuestra gente. Vamos a estar porque hay mucha gente que se va a integrar en candidaturas ciudadanas con actores sociales y políticos donde nuestros círculos vean que se den los requisitos, pero no como Podemos.
–¿Cuáles son esos requisitos?
–Que haya primarias abiertas para establecer los puestos de la lista, que el programa se elabore de manera participativa, que no haya financiación de los bancos, y que haya compromisos de limitación salarial y de rendición de cuentas. Estamos en proceso de organización y hay elecciones en 8000 municipios. No tenemos la capacidad de asegurar que todas las candidaturas de Podemos van a responder al altísimo nivel de exigencia que nos va a pedir la gente. Como Podemos nos presentamos a las autonómicas, hay elecciones en 13 de las 18 regiones españolas y nos vamos a presentar en todas ellas.
–¿Cómo harán para mantener los estándares y evitar casos de corrupción en las filas de Podemos?
–Entendemos que es inevitable que mucha gente pueda haber visto en todo este proceso una posibilidad de hacer carrera y acercarse al poder, pero nosotros no lo abordamos desde una posición moral. Creemos que hay un sistema de vacunas previas que puede aplicarse. La limitación salarial, la publicación de las cuentas son elementos disuasorios para el funcionamiento normal de la política. Luego incorporamos los mecanismos de revocación para todos los cargos internos, tenemos toda nuestra contabilidad publicada en Internet. Es una idea muy liberal creer que con mecanismos de control y el equilibrio de poderes se eliminarían esas cosas, pero sí creemos en una construcción de institucionalidad popular para que cuando se produzcan esos casos se puedan enfrentar de una manera diferente.
Tiempo Argentino Febrero 2 de 2015
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