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Griesa, entre Watergate y las Brujas de Salem

Griesa, entre Watergate y las Brujas de Salem

Los argumentos del juez Thomas Poole Griesa para aceptar el planteo de los fondos buitre contra Argentina resulta irritante y denigra cualquier soberanía, como bien resaltó el gobierno argentino repetidamente. Mucho peor cae a los espíritus nacionales la seca respuesta de la Corte denegando tomar cartas en un asunto que, por lo que dejan en claro con su silencio, entienden que está muy bien resuelto en la primera instancia.
Ya en su primer dictamen, de 2012, Griesa protestaba contra «los más altos funcionarios argentinos que han continuado haciendo declaraciones inflamatorias sobre que las sentencias del Tribunal no serán obedecidas. (… y además) han declarado que Argentina podría pagar a los bonistas que entraron en el canje pero no pondrá un dólar para los que tienen los bonos originales (holdouts). La presidenta Cristina Kirchner hizo declaraciones en tal sentido.»
En aquel momento, Griesa involucró al entonces ministro Lorenzino. Pero ahora agregó nuevos discursos de la mandataria argentina y del nuevo titular de la cartera económica para denostar al gobierno y asegurar que no les cree, que Argentina sólo quiere esquivar sus deudas desde hace diez años y que no le da confianza de que lo hará en el futuro. «Habría sido mejor si ella no se hubiese referido a una extorsión. Eso habría ayudado», señaló sobre uno de los últimos discursos de Cristina.
Más allá de la forma en que un simple juez de condado se refiere al gobierno democráticamente elegido de un país independiente, es bueno hurgar un poco en la concepción del mundo que traslucen los fallos de Griesa y la posición de la Corte. Porque tal vez eso sirva para entender la idea que la sociedad de Estados Unidos se hace del mundo y de su propio lugar en él. Una concepción que nace desde sus orígenes, cuando los primeros «peregrinos» desembarcaron del mítico Mayflower en la Bahía de Massachusetts, en 1620. Un dato no menor es que se trataba de un contingente de puritanos, un movimiento religioso surgido en Gran Bretaña que rechazaba tanto a la Iglesia católica como a la anglicana que había «inventado» Enrique VIII. Y que huían de la persecución a que eran sometidos en su patria de origen.
Muchas de estas cuestiones suelen ser ventiladas por Hollywood en series y dibujos animados, al punto que casi forman parte de la formación de generaciones enteras de niños latinoamericanos. El caso es que esos primeros pobladores se fueron dispersando a lo largo de la costa para conformar la llamada Nueva Inglaterra. Hay dos acontecimientos posteriores que marcarían en el futuro del «ser americano» (o, mejor dicho, estadounidense). Uno es el Día de Acción de Gracias, el otro es el llamado Motín del Té o, en inglés, Tea Party. Un tercero forma parte, en cambio, del inventario de los grupos más progresistas, como son los juicios por bujería popularizados con la obra de teatro de Arthur Miller Las Brujas de Salem.
No había pasado un año de la llegada de los colonos cuando según la leyenda compartieron la primera cosecha en tierras americanas con los indígenas wampanoag que, bueno es decir, los habían ayudado generosamente ni bien los vieron llegar. Los wampanoags vivían en comunidad y tenían una economía basada en la distribución de la tierra y los bienes. Desde ese 21 de noviembre de 1621 se celebra el día de Acción de Gracias. Con los años, nuevas camadas de emigrantes fueron desplazando a los pueblos originarios y en 1675 el cacique Metacomet organizó un ejército de wampanoags junto con los pueblos narragansett, nipmuc y pennacook, y atacó los establecimientos de los invasores. Los blancos lo llamaban Rey Felipe y tras derrotarlo fue ejecutado el 12 de agosto de 1676. Su cabeza quedó expuesta sobre una pica, y su mujer y sus hijos acabaron sus días como esclavos en las Antillas.
Poco más tarde, en 1692, se registraron los procesos por delitos de brujería en los condados de Essex, Suffolk y Middlesex, en Massachusetts. No importa tanto la verdad histórica como el enfoque que le dio Miller –quien fue acusado de comunista en el marco de las persecuciones del inefable Joseph Mc Carthy– en su magistral obra de teatro. La caza de brujas macartista forma parte también del «ser estadounidense», tanto en su extremismo como por el rasgo de paranoia que revela. En Las brujas de Salem –por el distrito donde se inició la oleada– Miller cuenta de modo dramático cómo las declaraciones de un grupo de jovencitas influyen en la culpabilización de ciudadanos altamente morales al punto de llevarlos al cadalso.
Otro hecho constitutivo de esa nación es el motín registrado en diciembre de 1773 en la Nueva Inglaterra en rechazo al pago de un impuesto a la importación de té. Tea Party quedó como sinónimo de lucha por las libertades –de hecho, de este movimiento crecieron las primeras luchas por la independencia de Estados Unidos– pero también de un modo de interpretar la realidad. Los grupos Tea Party surgidos en los primeros años de este siglo se inscriben en esta actitud: en términos groseros, recelan de los poderes centrales, del pago de impuestos y de la intromisión de las instituciones en la vida de los ciudadanos. Son individualistas extremos, y con esos argumentos rechazan la ley de salud de Obama y tildan de inmoral cualquier ayuda a los desposeídos.
La idea de que Estados Unidos es un pueblo elegido y que eso habilita para intervenir de un modo correctivo y salvador en cualquier parte del mundo corre paralela y justifica la política de expansión territorial en detrimento de los pueblos originarios primero y del resto del planeta posteriormente. Siempre con su plan sobre lo que una democracia debe ser.
Una democracia representada por un sistema institucional que, como dijera al debatir la Constitución uno de los «padres fundadores», James Madison, tiene a la justicia como control último de posibles abusos de las muchedumbres. La moral media exige que un hombre temeroso de Dios como piden los puritanos, respete las leyes, cumpla los contratos y trabaje de sol a sol, porque no hay nada que discipline tanto como un esfuerzo colosal.
Cualquier desviación a este mandato es moralmente condenable, y especialmente por los medios de comunicación masivos, tan conservadores de las costumbres ellos. En este contexto, una persona que reciba una asignación es un vago sin remedio y el gobierno que la otorgue, un demagogo cercano a la autocracia. Madison pensaba justamente en la defensa de los intereses particulares cuando promovía una justicia independiente de los poderes electos. A través de la Constitución estadounidense, el detalle se expandió y se introduciría en la Argentina, donde los constituyentes de 1853 identificaban en Juan Manuel de Rosas al populismo que el legislador estadounidense recomendaba evitar.
Griesa fue designado por el entonces presidente Richard Milhous Nixon el 15 de junio de 1972 en un tribunal que se estrenaba con él. Tras la aprobación del Senado tomó el cargo el 30 de junio. Entre esos días, el 17 de junio, se produciría un hecho llamado a cambiar la historia moderna de Estados Unidos: cinco hombres caían detenidos por haber ingresado ilegalmente en la sede central del Partido Demócrata en el edificio Watergate de Washington. Estaban espiando para el gobierno de Nixon, quien terminaría renunciando en agosto de 1974. Las acusaciones contra el mandatario republicano no fueron tanto por entorpecer a la justicia, como figuraba en el pedido de juicio político. La peor imputación era por haberle mentido a la ciudadanía. Bill Clinton casi corre la misma suerte hasta que se dio cuenta de que era preferible reconocer «relaciones inapropiadas» con una pasante que admitir que había engañado a la población.
Griesa demostró en los dictámenes contra Argentina que le disgusta el gobierno de Cristina Fernández. Porque los briefs de prensa que le llegan la presentan como una populista cercana a otros mandatarios regionales que están en la mira de Estados Unidos, como los de Venezuela actual y el pasado. Es un conservador y, como juez estadounidense, se sabe intocable. Desde allí emitió su fallo. La Corte lo avala porque también piensa igual: las deudas se deben pagar, no importan otras consideraciones que no sean el papel escrito. Las leyes están para vigilar los intereses de los que tienen en contra de los que quieren arrebatárselos, Madison dixit.
Estas son buenas razones –y mucho más exquisitas– como para castigar a un díscolo gobierno latinoamericano. Como lo son para «purificar» con armas o finanzas al resto del mundo.

Tiempo Argentino, 27 de Junio de 2014

Churchill y George W. Bush salen de copas por Asia

Churchill y George W. Bush salen de copas por Asia

Según cuenta la leyenda, luego de una noche de libaciones por demás excesivas, el secretario para las Colonias de Gran Bretaña «dibujó» una frontera entre Jordania y Arabia Saudita bastante sinuosa que se parecía bastante a un capricho. Era marzo de 1921, el imperio otomano acababa de derrumbarse en la Primera Guerra Mundial –de cuyo inicio se cumple en días un siglo– y quedaban a la deriva millones de habitantes diseminados en millones de kilómetros cuadrados de superficie con riquezas que el mundo capitalista ya necesitaba con desesperación. Pero además, dos dinastías árabes reclamaban su cuota en el reparto luego de haber hecho su aporte para la caída del régimen turco.
El hombre luego sería uno de los líderes más importantes en el combate contra el nazismo y se haría famoso con su habano siempre a mano. Winston Churchill, incluso llegó a ganar el premio Nobel de 1953 en Literatura por sus memorias sobre la Segunda Guerra. La línea se conoce como «El hipo de Churchill» pero según estudiosos de la cuestión como el español Miguel Máiquez, no se trató de una resaca del dos veces primer ministro británico sino de una necesidad geopolítica.
El imperio británico se caracterizó durante su intervención en Asia y Medio Oriente de aplicar criterios geopolíticos o de control poblacional para diseñar países y fronteras. Ya lo había hecho en América latina a la caída del imperio español y en el centro de Europa tras la debacle de Napoleón. Es así que en Afganistán dibujó otra frontera en 1893 conocida como la Línea Durand, un borde artificial de 2640 kilómetros de largo que dividió regiones sin el menor criterio nacional o étnico entre la tierra de los pashtunes y Paquistán. Lo que generó condiciones para que las tensiones entre los distintos pueblos fuesen permanentes.
Otro bebedor –en este caso tuvo que hacer tratamiento curativo– impulsó un nuevo diseño para lo que alguna vez su secretaria de Estado, Condoleeza Rice llamó el Medio Oriente Ampliado (MOA). George W. Bush, que de él se trata, generó leyes que quitaron a los estadounidenses muchas de los derechos individuales de que se enorgullecía esa sociedad. Los escándalos por el espionaje universal no son sino una consecuencia directa de los atentados a las Torres Gemelas y de las Actas Patrióticas de Bush. También lo es el proyecto estratégico que Rice comentó casi como al pasar en el año 2006 y que se cumple a rajatabla, por más que el sucesor de Bush, Barack Obama, haya llegado al poder con la promesa de acabar con las guerras.
Recuerda el ya mencionado Máiquez –quien fue durante más de siete años redactor jefe y editor en el diario español 20 Minutos y en el canadiense El Popular– que «el acuerdo Sykes-Picot fue un pacto secreto entre Gran Bretaña y Francia, con el consentimiento de la Rusia aún presoviética, para el reparto de las posesiones del Imperio Otomano tras la Primera Guerra Mundial. Se firmó en mayo de 1916 y estipulaba que –a pesar de las promesas realizadas a los árabes a cambio de su levantamiento contra los turcos– Siria, Irak, Líbano y Palestina se dividirían en áreas administradas por británicos y franceses.» Sobre esta base es que Churchill, laudando a duras penas entre las dinastías Saud y Faisal pero por sobre todo defendiendo los intereses de la corona británica, trazó las líneas que crearon Irak, Jordania y Palestina.
¿Qué se proponían los estrategas de Bush? Según el francés Thierry Meyssan, fundador de la Red Voltaire, un canal de información independiente creado en 1994, el MOA es un «nuevo concepto geográfico (que) designa a los Estados que van desde los pozos de petróleo del Sahara Occidental a los oleoductos de Paquistán, excepto los países del ‘Eje del Mal’ e Israel que ya está democratizado». La creación obedecía a la inventiva de un programa del Departamento de Estado, MEPI (por la siglas en inglés de Iniciativa para la Asociación en Medio Oriente) para apoyar a diferentes ONG que trabajan en la región de Medio Oriente y el Norte de África (MENA por sus siglas en inglés). Una de las más fervientes propulsoras de esta ideas era Elizabeth «Liz» Cheney, la hija del entonces vicepresidente Dick Cheney.
En las últimas semanas la “novedad” informativa volvió a Irak, con la aparición del grupo yihadista ISIS (Estado Islámico de Irak y Siria en inglés) como un actor primordial no sólo en la guerra civil de Siria sino ahora también en Irak, al punto que amenazan al poder central en Bagdad. ¿Se le escapó la tortuga Obama, que llegó a la Casa Blanca prometiendo retirar las tropas de Irak y Afganistán?
Un filósofo nacido en Alemania, que se refugió en Estados Unidos en 1938 y falleció en 1973, Leo Strauss, no tan conocido en estos lares pero que ejerce una influencia decisiva en los ultraconservadores estadounidenses, puede ser la explicación para entender en parte lo que está ocurriendo.
Strauss sostenía, dicen quienes mejor conocen su pensamiento, que «la verdad es peligrosa y destructiva para la sociedad. Desde el principio de los tiempos los hombres han elaborado mentiras para poder vivir con tranquilidad (…) entre ellas, la religión, la esperanza en el más allá, la vida eterna, el castigo a los malos y el premio a los buenos…» Como corolario de esta doctrina se puede afirmar sin ánimo de parecer chabacano, que «la verdad verdadera es insoportable para la mayoría».  Strauss tiene acólitos que, como él, si bien alcanzaron sitiales de relevancia, gustan de mantener en segundo plano sus verdaderas intenciones. Uno de ellos es Paul Wolfowitz, quien fuera titular del Banco Mundial y subsecretario de Defensa con George W. y por lo tanto es una figura clave en el plan MOA.
¿En qué consiste ese proyecto? El mapa ya circulaba en 2006, cuando Rice lo dio a conocer. Contempla la partición de Irak en una región chiíta y una sunnita y la creación del estado de Kurdistán, con una zona actualmente bajo jurisdicción iraquí, otra turca y la restante siria. Una forma de pagar la promesa comprometida por EE UU para el apoyo en el derrocamiento de Saddam Hussein. También se crearían nuevos estados en la región de Afganistán y de la península arábiga. Desde el punto de vista geopolítico este nuevo reparto de tierras es más conveniente para el dominio de Estados Unidos. Pero también, dicen los conocedores, puede ser fuente de futuros conflictos. Algo que el propio Strauss no hubiera desestimado, ya que era partidario del «caos constructor». 
Y lo que ocurre en la región en estos días tiene mucho de caos, aunque no se sabe cuánto de constructor. Descartada o muy sofrenada una respuesta bélica de Estados Unidos tras el retiro de las tropas, la variante de dejar que las cosas ocurran –aunque con una pequeña intervención de los organismos de inteligencia, a través de las relaciones bajo cuerda con Al Qaeda, ISIS, Boko Haram y otros– sería la más conveniente. Porque fuerza un nuevo diseño del mundo pero se cuida de decirlo con todas las letras, por eso de que la verdad es insoportable.
El miércoles, el ex vicepresidente Cheney, activo belicista que «factura» a través de empresas constructoras en esas regiones como Halliburton, anunció el lanzamiento de una ONG que dirigirá su hija Liz, la Alianza para una América Fuerte. El proyecto, sostuvieron en un artículo a The Wall Street Journal «es apoyado por ciudadanos que se dedican a la tarea difícil pero necesaria de preservar la libertad y restaurar la fuerza y el poder norteamericanos a raíz de los fallos de seguridad nacional del gobierno de Obama», al que acusan de haber puesto «a Estados Unidos en el camino del declive».
«El horror de Estados Unidos es repugnante», decía en un mail a sus padres el sargento Bowe Bergdahl, quien estuvo más de cinco años en manos de las talibanes en Afganistán y fue intercambiado por detenidos que estaban el Guantánamo por el presidente hace unos días. «Se supone que debíamos ganarnos los corazones de los afganos, simpatizar con ellos. Estas personas necesitan ayuda, sin embargo lo que reciben es al país más vanidoso del mundo, diciéndoles que no son nada, que son estúpidos, que no tienen idea de cómo vivir. Nos burlamos de ellos delante de sus caras, nos reímos porque no comprenden que los estamos insultando. No nos importa cuando los oímos hablar entre ellos acerca de la ejecución de sus hijos en plena calle, atropellados por nuestros camiones», agregó.
El soldado, que tenía 23 años cuando desapareció en terreno dominado por talibanes, parece que descubrió la verdad y por eso aún no lo presentaron públicamente. Esos mismos sectores que denostan a Obama lo acusan a Bergdahl de traidor.
Churchill y George W. también conocen la verdad y eligen salir de copas, quizás para hacerla tolerable.

Tiempo Argentino, 20 de Junio de 2014

Otro pequeño paso hacia la democracia en Colombia

Es hora de respirar tranquilo. Para Juan Manuel Santos, porque el triunfo le deja las manos libres para concretar una vieja aspiración de los colombianos: terminar con décadas de matanzas y de inestabilidad política. Es que un acuerdo de paz con los grupos guerrilleros –hace unos días se anunció la apertura de negociaciones con el ELN, que se sumarán así a un proceso que ya desarrollan las FARC en La Habana- permite pensar en un horizonte verdaderamente más democrático para Colombia. Entender que la lucha armada no era un capricho de rebeldes le permitió a Santos –un notorio hombre de la derecha– comprender que el país, así como estaba, no podía seguir. A menos que se profundizara la guerra civil con las consecuencias que ya se conocen.
No puede haber democracia cuando una parte sustancial del territorio no está bajo el control del estado central. Tampoco puede hablarse de democracia cuando un sector importante de la población no acepta que el poder se reparta entre las pocas manos de siempre. Y negociar con los grupos insurgentes es hablar de nuevas reglas de juego, no solo de la incorporación de milicianos a la arena política.
El desafío para Santos es grande. Deberá frenar a los extremistas de derecha que siempre apostaron por la continuidad del conflicto. Las FARC y el ELN, a su vez, no olvidan que se juegan la vida en el intento, porque la historia les demuestra que la visibilidad pública los puede convertir en blancos móviles.
El continente también respira tranquilo. Más allá de la posición política de cada gobierno, todos saben que un triunfo del uribismo hubiese significado el riesgo de extender el conflicto hacia los vecinos, Venezuela y Ecuador en primer lugar. Muchos colombianos habrán elegido a Santos con un broche en la nariz, como el mal menor. Pero estos pequeños pasos hacen camino hacia un futuro promisorio para los latinoamericanos.

Tiempo Argentino, 16 de Junio de 2014

Antonio Tajani, vicepresidente de la UE: «Europa no puede ganar el partido sin industria»

Antonio Tajani es uno de los fundadores de Forza Italia, el partido de Silvio Berlusconi, y ocupa el segundo escalón en el Partido Popular Europeo, la derecha institucional del continente, ganadora de las europarlamentarias en mayo pasado. Con dos décadas de periodismo a cuestas, este romano de 60 años es también oficial de la aeronáutica italiana y experto en defensa aérea. Por esas cosas del destino, su mayor desarrollo político trascendió sobre todo en los organismos de integración regionales, donde luego de varios puestos relevantes ahora es Vicepresidente de la Comisión Europea, segundo cargo ejecutivo más importante de la UE. También es Comisario (ministro) de Industria y Emprendimiento. En ese rol promueve la lucha contra la crisis europea defendiendo al industrialismo. Desde esa trinchera que por ahora pinta desigual, se reunió con Cristina Fernández en Chile, cuando asumió Michelle Bachelet. Y el viernes estuvo en Buenos Aires como parte de una gira junto con empresarios europeos. En un par de encuentros con periodistas –uno de ellos en exclusiva con Tiempo Argentino– dejó algunas definiciones muy ilustrativas para entender la realidad europea actual y comprender mejor qué se cuece en el mundo de estos días (ver aparte).
Tajani explicó la importancia de los acuerdos alcanzados con Repsol por la renacionalización de YPF para destrabar futuros convenios comerciales con los europeos. Acompañado por una nutrida delegación de representantes pymes del Viejo Continente, el vice de la UE consideró que esa era una señal suficiente como para decir que “Repsol es el pasado y Mercosur el futuro”. Lo mismo indicó al referirse al encuentro con la mandataria argentina, que en gran medida abrió la puerta a este tramo de la visita. “Que hayamos estado hablando una hora en Chile ya fue una señal de que hay otros tiempos en la relación”. Para ilustrar esa traba para el entendimiento mutuo, italiano al fin, Tajani recurrió a un ejemplo extraído de las cuestiones de pareja. “Es como cuando hay un amor con problemas”
–¿Cómo una infidelidad?– quiso saber Tiempo Argentino.
–Es un pequeño problema, es solamente infidelidad, aunque en este caso no hubo cambio de novia. La respuesta ahora es que el amor crece. Yo soy optimista. Y esta que vino conmigo no es una misión colonizadora, me parece importante llegar con empresas para hacer política industrial.
–¿Cómo ve las negociaciones de la UE con Mercosur?
–Esperamos que los países hagan su propuesta, ese para nosotros no es un problema, estamos esperando la decisión de ellos.
–Sin embargo el tema de la agroindustria viene complicando la firma de un acuerdo.
–América Latina es una realidad que no podemos dejarles solamente a las inversiones chinas. Nosotros queremos el acuerdo, pero el problema ahora no está en nosotros.
–¿El título sería que la pelota está del lado de Mercosur?
–No hay pelotas, digamos que se está respetando el proceso interno de cada uno. El objetivo es arreglar con Mercosur.
–¿Y el megacuerdo que la UE está elaborando con Estados Unidos? (Es un tratado de libre comercio, la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión o TTIP por su siglas en inglés, que unirá en un mercado común a países que suman el 45% del Producto mundial, el 40% de las exportaciones y cerca del 12% de la población).
–Yo creo que está bastante bien, estamos hablando para eliminar algunos problemas pero se puede firmar en el 2015.
–¿Qué puede cambiar a raíz de las parlamentarias europeas?
–Creo que nada.
–Es que avanzaron grupos políticos que no se muestran interesados en seguir en la unión.
–Pero hay una mayoría del Parlamento europeo que está a favor. Hay mayoría a nivel técnico que va a permitir avanzar. El tratado en Estados Unidos es muy importante para nosotros, hay un objetivo político pero claro, hay problemas.
–¿No preocupa en otro sentido el avance de grupos euroescépticos?
–Creo que es una reacción a la crisis, pienso que Europa ha cometido errores cuando trabajó mucho en contra del déficit sin trabajar con la misma fuerza a favor del crecimiento. Ahora hay una política industrial aprobada en marzo a favor de nuevas estrategias para el crecimiento, como destinar el 20% del PBI antes del final del 2020 que llegue a la economía real, lo que es un mensaje importante. Hay dos pilares (en el llamado plan Europa 2020), uno es reducir la deuda pública y el otro es el crecimiento. Si el crecimiento no es bastante fuerte los ciudadanos se enfadan.
–¿Pero la industria no resultará afectada con el acuerdo con Estados Unidos, siendo que ellos quieren fomentar su propia industria?
–Nosotros trabajamos por el derecho de las empresas europeas. Hay algunos problemas en ese sentido y en eso estamos trabajando. Nosotros defendemos las industrias, no es un regalo que hacemos a Estados Unidos. Es un acuerdo, cuando te casas con una mujer tú no haces todo lo que ella pide ¿no? (risas)
–¿Cómo piensa actuar la dirigencia acerca del crecimiento de los grupos xenófobos?
–Es preocupante, claro. También lo veo como una reacción ante la crisis, porque no creo que los europeos sean particularmente xenófobos. Pero hay un problema en el sur de Europa de inmigración ilegal que sube muchísimo. De todas maneras, ganó el Partido Popular Europeo, que es mi partido. Creo que hay una mayoría fuerte de populares y socialistas que va a poner en esquinas a los euroescépticos, pero si no hay respuestas a favor de los ciudadanos, si no hay respuestas a favor del crecimiento, hay un peligro. En Europa hay una crisis y no podemos ganar el partido sin industria. Por eso es importante actuar a favor de las pymes y del crecimiento, por eso también estamos aquí.
–¿En Ucrania, no cometieron también un error?
–Ucrania es un problema muy complicado, lo he dicho también al interior de la Comisión. Atención, Ucrania no es blanco y negro, es una realidad muy complicada. Los rusos cometen errores pero no podemos cerrar la puerta a los rusos, porque hay muchísimas empresas europeas que trabajan en Rusia, está el gas ruso, está el petróleo ruso. Pero también es importante comprender que hay mayoría rusa en algunas regiones de Ucrania. Crimea no es Ucrania, fue un regalo de Kruschev le hizo a Ucrania. Comprender bien eso es importante. Europa es amiga de Estados Unidos, pero Europa no es Estados Unidos.
–¿Pero el avance de Europa no generó todo este entuerto?
–No creo, había un problema de democracia. Rusia cometió errores, pero es importante no cometerlos desde la otra parte. Yo creo que intentamos siempre buscar soluciones también con los rusos. Nosotros estamos muy cerquita de los rusos eh, los intereses europeos no son los mismos intereses de los Estados Unidos. «

Frases picantes de un hombre clave
La América Latina es una realidad que no podemos dejarle solamente a las inversiones chinas.
En Europa hay una crisis y no podemos ganar el partido sin industria.
El peligro para nosotros es sobre todo la deslocalización de las empresas.
Europa cometió errores: trabajó mucho en contra del déficit sin trabajar con la misma fuerza a favor del crecimiento.
Si el crecimiento no es bastante fuerte, los ciudadanos se enfadan.
No podemos cerrar la puerta a los rusos, porque hay muchísimas empresas europeas que trabajan en Rusia, está el gas ruso, está el petróleo ruso…
Crimea no es Ucrania, fue un regalo de (el ex líder de la Unión Soviética Nikita) Kruschev a Ucrania.
Nosotros estamos muy cerquita de los rusos eh, los intereses europeos no son los mismos intereses de los Estados Unidos.

Tiempo Argentino, 15 de Junio de 2014