por Alberto López Girondo | Abr 30, 2013 | Sin categoría
Aunque suene irónico, finalmente todo volvió a la normalidad en Paraguay. Es decir, los colorados regresan al gobierno –sin haber perdido el poder jamás– mientras que los liberales y los sectores progresistas vuelven a ser el partenaire necesario para legitimar el proceso electoral en un caso y las tentativas testimoniales por cambiar las bases políticas del corazón de América del Sur en el otro.
El 21 de abril, el empresario Horacio Cartes se convirtió en el presidente número 49 de los paraguayos y luego de cinco años –un interregno en que el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) por primera vez acarició el sillón de los López en alianza con el ex obispo de San Pedro, Fernando Lugo– el partido de la derecha más retrógrada del Paraguay volvió a su sitial, que desde 1947 ocupó incluso a través de la dictadura de Alfredo Stroessner.
No había demasiadas expectativas de que puertas adentro de Paraguay las cosas fueran a ser diferentes en esta etapa, porque el final ya estaba cantado desde meses antes por los encuestadores, sobre todo desde el accidente que en febrero pasado le costó la vida al general golpista Lino Oviedo. Una salida de escena trágica pero conveniente para la Asociación Nacional Republicana (ANR, tal el nombre de formación del más que centenario partido colorado) ya que la agrupación creada por el general acusado de un puñado de delitos –entre ellos de planear el magnicidio del vicepresidente Luis María Argaña– competía directamente por el sector coloradista y en 2008 le había quitado votos por derecha.
El oviedismo en realidad había sido un desprendimiento del añejo partido conservador creado en 1887 para consolidar un modelo político, a tono con el paladar de los brasileños luego de la destrucción del país con la Guerra de la Triple Alianza. Guerra de la que participó la Argentina de la mano de Bartolomé Mitre como la segunda pata de ese triángulo genocida, conviene recordar.
Como para tener en cuenta de qué se habla cuando se recuerda al coloradismo, baste decir que es un modelo conservador populista y que entre 1947 y 1963 fue el único partido legal en Paraguay. También que desde entonces no había perdido ninguna elección hasta 2008. Primero, entre 1954 y 1989 porque el dictador Stroessner, un oscuro personaje que sobresalió por su acérrimo anticomunismo durante toda la guerra fría, mantenía un régimen sostenido por los militares y asentado en la corrupción y el contrabando. El golpe que dio su consuegro Andrés Rodríguez para destituirlo cuando ya no era sostenible para el resto de los países del bloque regional –que pergeñaban Argentina, Brasil y Uruguay y que necesitaba a Paraguay para tener sentido estratégico– consolidó este otro período más amigo de las urnas.
Los liberales, que tienen la misma tradición que el ANR, sólo que en su origen se recostaron más en Buenos Aires, gobernaron hasta 1936, cuando un golpe de Estado los desalojó del poder. Fueron clandestinos y en su lucha contra la dictadura sufrieron varios desprendimientos. El PLRA nació de uno de ellos, en 1978. Luego de ser legalizado participó de las sucesivas elecciones sin mayor éxito, aunque muchos de sus cuadros forman parte de la burocracia estatal, al punto que desde la izquierda se los acusa de ser funcionales a un régimen de terratenientes feudales sólo por conveniencia personal. La compra descarada de votos –una denuncia que le costó el cargo al presidente del Senado de Paraguay, Jorge Oviedo Matto, unos días antes de la elección– es apenas la punta de un iceberg escandaloso en la política de ese país.
Antecedentes vidriosos
Otro dato que ilustra sobre la realidad guaraní es que el ANC, como sucede con la mayoría de los partidos políticos, integra una alianza internacional. En su caso, la Unión Internacional Demócrata que fue fundada en 1983 con sede en Londres bajo el amparo de los entonces líderes mundiales Margaret Thatcher, primera ministra británica; el presidente George Bush (padre); el canciller alemán, Helmut Kohl y el que fuera Alcalde de París y luego presidente galo, Jacques Chirac.
La información sobre el ganador del comicio también es reveladora sobre quién es quién en el Paraguay que se viene (o que vuelve). Hijo del que fue representante del fabricante de aviones Cessna, Cartes estudió en los colegios Goethe y Cristo Rey y en Estados Unidos hizo estudios técnicos que lo llevaron a trabajar en la planta de esa empresa aeronáutica en Wichita, Kansas. A la vuelta se metió de lleno en el mundo financiero, primero fundando una casa de cambios que devino posteriormente en el Banco Amambay. Su carrera empresarial fue meteórica y ahora aparece como titular de 25 empresas que dan trabajo a más de 3.000 empleados.
Cables filtrados por WikiLeaks lo hacen aparecer en el centro de las sospechas por lavado de dinero proveniente del narcotráfico, según denuncias de la DEA elevadas al Departamento de Estado en Washington. A principios de 2000 el diario brasileño O Globo lo acusó de comandar «una gran lavandería para mafias de varios países, principalmente Brasil».
También en Brasil se originó una pesquisa sobre el ahora presidente electo del Paraguay por aquellos años. Así, en el relatorio «CPI da Piratería» (CPI es la Comisión Parlamentaria de Investigación de la Cámara de Diputados de esa nación), figura la Tabacalera del Este SA, de Ciudad del Este, propiedad de Cartes, como una de las empresas que contrabandea cigarrillos paraguayos hacia territorio brasileño.
Otro dato sobre su personalidad es que hasta hace algunos meses su participación en política había sido nula. Con decir que se jactaba de no haber votado nunca está todo dicho. ¿Cómo llegó a posicionarse para aspirar a la presidencia desde la ANR? Los paraguayos que no lo quieren bien sostienen que a «platazo limpio». Porque a su ingreso logró cambiar los estatutos del partido para poder postularse a la presidencia, ya que no tenía la cantidad de años de afiliación correspondiente. Otros afirman que los logros con el club Libertad, en el fútbol, le dieron notoriedad pública.
El ex presidente paraguayo Nicanor Duarte declaró en ese momento que con Cartes, comenzaba «la era de la pornografía política» en la ANR. Desde el diario ABC color, el más conservador de Paraguay, llegaron a decir que en las internas liberales de 2010 accedió a un «pedidito de uno que corre rally», en alusión al presidente del Partido Liberal, Blas Llano, que recibió publicidad de algunas de las empresas del presidente electo.
Del otro lado
Si este fuera sólo el perfil del ganador en un mundo impoluto sería una anomalía. Pero sucede que el que salió segundo, el liberal Efraín Alegre, tampoco aparece como un dechado de virtudes. Él y su candidato a vicepresidente, Rafael Fillizola, habían sido ministros de Lugo y fueron exonerados de su cargo por su participación en un complot en contra del ex sacerdote.
El reemplazante de Alegre en el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) aseguró que su antecesor le había dejado «las arcas vacías». El diario La Nación de Asunción, que dedicó una amplia cobertura a los negocios non sanctos atribuidos a Cartes, señaló que el perjuicio de Alegre al erario público sería mayor a los 20 millones de dólares, presuntamente gastados en publicidad en radios, prensa escrita y televisiva «con el fin de crear un trampolín del equipo político efrainista […] para las presidenciales de 2013».
El resultado final del 21A le daba a Cartes un 46% de los votos contra un 37% de Alegre. Si todo fuera una cuestión de «platazo», esto probaría que el de Cartes fue más efectivo.
Mucho más lejos quedaron el periodista Mario Ferreiro y el «pollo» de Lugo, Aníbal Carrillo. Lugo, precisamente, fue electo senador por el Frente Guasú, una de las dos coaliciones de izquierda. Quizás una manera de probar a propios y ajenos que juntos podían aspirar a algo, pero separados no pasan de ser una fuerza sin ningún peso efectivo en la política paraguaya. Y esta certeza incluye a los liberales.
El foco en la región
Fernando Lugo es un ex sacerdote tercermundista que desde una diócesis en el lugar más empobrecido del Paraguay llegó a la presidencia de la nación en 2008, tras un acuerdo con el PLRA. Los liberales, partido del establishment al fin, pusieron al vicepresidente Federico Franco. Fue la primera vez en 61 años que pudieron desalojar del gobierno a los colorados y era una promesa de cambio sustancial para la política guaraní. Fue, claro, la primera derrota del «antiguo régimen» y la única forma en que el PLRA podía acceder al sillón de los López.
Desde un primer momento la tentación de digitar la política de Lugo fue grande. Sobre todo cuando, si bien tímidamente, el ex obispo fue dando algunos pasos hacia su promesa de reparto de tierras y fue estableciendo afinidades más sólidas con los gobiernos progresistas de la región, en una etapa particularmente laboriosa para los mandatarios latinoamericanos.
Lugo sufrió decenas de inten-
tos desestabilizadores, sobre todo desde sus aliados liberales. El bloqueo al ingreso de Venezuela al Mercosur en el Senado, que nunca toleró a Hugo Chávez, fue sólo una muestra. Las dificultades de los «luguistas», encolumnados en el Frente Guasú, para ampliar el espectro de apoyos, principalmente entre las bases campesinas, fue también importante.
Primero con la aparición de un presunto grupo guerrillero –el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP)–, luego con la «amenaza» de reforma agraria a través del Indert (Instituto Nacional del Desarrollo Social y la Tierra), la institución destinada a otorgar tierras fiscales a agricultores pobres y a verificar la legalidad de las tenencias acreditadas por los poseedores actuales.
El tiro de gracia para Lugo fue la matanza de Curuguaty, un enfrentamiento entre campesinos y policías que en junio del año pasado dejó un saldo de 6 policías y 11 paisanos muertos a balazos. El que aparece como propietario de esas 2000 hectáreas en el este del país, Blas N. Riquelme, es un magnate ligado al Partido Colorado que según el Indert no tiene cómo demostrar que sus campos son realmente suyos y que acusó del hecho a miembros del EPP. Las pruebas preliminares indican que los policías habrían sido rematados por francotiradores de certera puntería alejados del centro de los incidentes.
Como sea, este incidente trágico fue la excusa para iniciar un trámite de destitución express contra Lugo en el Parlamento. Entre los considerandos finales de la destitución se destaca el artículo cuarto, donde se «acusa» a Lugo de haber firmado el Protocolo Ushuaia II, un documento complementario del compromiso democrático aprobado desde 1998 para garantizar el respeto a la Constitución y la voluntad popular en los países que desean formar parte de Mercosur y Unasur. «Es un atentado a la soberanía de la República del Paraguay suscrito por el Presidente Fernando Lugo Méndez con el avieso propósito de obtener un supuesto respaldo en su descarada marcha contra la institucionalidad y el proceso democrático de la República», señalaron sin que se les moviera la pera los destituyentes de entonces. Como se recuerda, el Paraguay de Franco fue suspendido de los organismos regionales y en el mismo acto se apuró la incorporación de Venezuela al Mercosur.
Con la elección de Cartes reaparece la posibilidad del retorno de Paraguay a los organismos regionales. Se lo dijo la presidenta Cristina Fernández en una comunicación telefónica a minutos de confirmarse el resultado. Se lo señaló también el gobierno brasileño a través del canciller Antonio Patriota. Luego de recordarle que la reincorporación guaraní está supeditada a la aceptación del ingreso de Venezuela. Lo que además implica el reconocimiento del gobierno de Nicolás Maduro, ganador de los comicios en Venezuela el pasado 14 de abril.
Revista Acción, 30 de Abril de 2013
por Alberto López Girondo | Abr 27, 2013 | Sin categoría
Con la renuncia de Joseph Ratzinger, el nombre de Leonardo Boff volvió a las primeras planas. Nacido Genésio Darci Boff, este franciscano oriundo del sur del Brasil, había tenido sus controversias cuando el alemán dirigía la Congregación para la Doctrina de la Fe en el papado de Juan Pablo II, al punto que lo obligó a dejar los hábitos. Con Benedicto XVI renunciante, la palabra de Boff volvía a tener vigencia. Mucho más cuando un latinoamericano era llamado a sucederlo, y eligió el nombre de Francisco. Más que un nombre, «un proyecto de Iglesia».
De visita en Buenos Aires para presentar un libro que prologó a su amiga Clelia Luro, Boff habló de este nuevo modelo que inauguró Jorge Bergoglio en Roma y cuenta por qué, si bien intenta minimizar la posibilidad, no descarta que el Papa argentino corra peligro a medida que avance en los cambios que necesariamente la dos veces milenaria institución debe concretar. «Donde hay poder no hay amor», recuerda en esta entrevista con Tiempo Argentino.
«Yo creo que, para un teólogo, lo más importante de Francisco fue que se presentó como obispo de Roma y no como Papa, y con eso recupera el primer milenio de la Iglesia Católica, cuando la Iglesia de Roma se presentaba como la primera entre otras, primus inter pares, la primera entre otras iguales, con la función de coordinar en el amor. El Papa dice ‘Yo quiero gobernar en la caridad’, un cambio radical, porque hasta ahora la tradición del segundo milenio es gobernar con el derecho canónico, con el poder absoluto, binario, inmediato, tal que si uno borra la palabra Papa y pone en su lugar Dios, la frase funciona igual. Eso es algo muy arrogante», explica para abrir el juego.
–¿Cuándo empezaría ese segundo milenio de la Iglesia?
–El punto de gran viraje fue en 1077 con el Papa Gregorio VII, que escribió un documento que llamó Dictatus Papae, la dictadura del Papa. Son 33 proposiciones donde dice que el Papa tiene los dos poderes, uno espiritual sobre la Iglesia y otro temporal sobre las personas. Ahí fue que se creó la Iglesia como imperio, como sociedad perfecta, con el agregado posterior del derecho canónico, y eso perduró hasta el Concilio Vaticano II. De esa sociedad de hermanos se pasó a la Iglesia como sociedad jerarquizada.
–¿Cómo influye en eso la caída del imperio romano?
–Tiene que ver con el vacío de poder que se creó con la ruptura del imperio romano. Nadie garantizaba a nadie y el Papa era la única figura moral. El primer viraje fue con León Magno, 415, cuando los bárbaros están a las puertas de Roma.
–…y él negocia con Atila.
–…para lo cual asume el título de Papa, que era un título de los emperadores romanos. León asume también esa pequeña capa, la muceta, esa capa que es el símbolo del poder imperial total al que de entrada renunció a vestir Francisco. Fue una coyuntura histórica, hay que entenderlo así. Al negociar con Atila empezó esa visión más política, pero no todavía jurídica. Con Gregorio VII, ahí es política pura y el gran viraje de la Iglesia romana está en 1077.
–Pero a los pocos años, hacia 1200, aparece Francisco de Asís…
–Francisco de Asís vive exactamente bajo Inocencio III, que fue el Papa más poderoso de la Iglesia, porque hasta Rusia estaba sometida a su dominio. Hay que entenderlo dialécticamente, frente a una Iglesia de puro poder, gloria y fasto viene un movimiento pauperista, que son muchos: los valdenses o pobres de Lyon, los dominicos, los franciscanos, que quieren un Evangelio sin poder, hablando la lengua del pueblo y siguiendo la escritura sin glosa, sin comentarios. Y no preguntan a Roma, San Francisco pide solamente seguir el Evangelio y ahí comienza esta dialéctica que se da hasta la Reforma, que enfrenta a una Iglesia de poder que no le ha hecho nada bien, porque la ha secularizado, no ha creado estructuras de santidad sino que facilitó crear el gran proyecto de colonización, que era político, militar y religioso.
–¿Colonización a nombre de quién?
–A nombre de la burguesía renacentista. Hay dos cartas de Alejandro VI (Rodrigo Borgia), una al rey de España y otra al de Portugal, en las que divide el mundo mitad para cada país. Pueden dominar, matar, conquistar, someter y apropiarse a todos los que no son cristianos, les dice. Y ellos vienen con ese mandato. El proyecto de expansión europea es un proyecto único Iglesia-burguesía-Estado-reyes-misioneros. El efecto es la destrucción masiva de las culturas locales en América Latina, África, Asia. Ese proyecto del matrimonio entre poder civil y poder religioso es un matrimonio incestuoso porque no facilita la divulgación del Evangelio. Yo creo que el último paso de ese pacto es Benedicto XVI.
–Usted dijo hace poco que Ratzinger se fue porque se dio cuenta de que ya no tenía fuerzas para imponer el modelo de Iglesia que pretendía.
–Creo que hay varias razones. Una más subjetiva y personal, que era recristianizar Europa para, desde allí, irradiar al mundo; no resultó. A los europeos ya no les interesa el cristianismo, lo tiene a sus espaldas. Los ayudó a crear la cultura, las naciones, pero no es una fuente de inspiración, lo consideran muy medieval, muy antimoderno, no tiene democracia ni Derechos Humanos. Lo otro es que su proyecto de Iglesia –que yo lo escuché en clases con él, pero tiene su origen en San Agustín– también fracasó. Él piensa que todos los seres nacen en pecado original por la relación sexual que transmite la vida, por lo cual toda la humanidad está condenada. Pero Dios tiene piedad y pone una célula a partir de la cual todo se puede salvar. Esa célula que es como una pequeña iglesia.
–Pero esa célula está totalmente podrida.
–Ahí está el problema, que el Papa se da cuenta de que esa célula está llena de ladrones, de homofóbicos, pederastas, el Banco Vaticano y todo eso. Ve que había un cáncer con metástasis en el cuerpo eclesial de la curia y que físicamente no tenía fuerzas. Ahí yo vi su dimensión ética, su gran humildad de crear espacio para que venga otro y, a la vez, dar una bofetada a la curia romana. Deja un relatorio de 300 páginas sobre todo lo que ocurre y otro vendrá con más fuerza a curar eso.
–Bergoglio viene de ese territorio colonizado.
–Del fin del mundo, como dijo.
–Pero no cualquier fin del mundo, porque él es jesuita. Usted nació en Santa Catarina, muy cerca de donde estuvo asentado el proyecto más grandioso de los jesuitas, sabe de qué hablo.
–No hay que olvidar que el Papa y el emperador trabajaban juntos y aquí, en las misiones jesuíticas, se había creado un Estado, incluso con comercio internacional, porque exportaban, bajo una visión socialista. Como será que (Charles) Fourier y (Henry de) Saint Simon dicen que los padres del socialismo fueron los padres jesuitas, porque aquí se ha practicado el comunismo originario, y eso tenía que ser eliminado porque era un poder totalmente alternativo a la Iglesia y al Estado.
–¿Cómo puede haber pesado esa experiencia en los cardenales?
–Pienso más bien que ellos estaban tan humillados o tan desmoralizados personalmente que nadie quería asumir el desafío. «Vamos a llamar a alguien fuera de ese manejo que no tiene nada que ver y que tiene la disciplina de un jesuita y la ternura de un franciscano», habrán dicho, y creo que es él la persona adecuada para rescatar a la Iglesia. La misión de Francisco es restaurar una Iglesia que está en ruinas, como le pasó a la de Asís.
–Usted dijo que la Iglesia del segundo milenio termina con el Concilio Vaticano II, pero eso fue hace 50 años y desde entonces la curia hizo todo lo posible por eliminar cualquier sombra de avance, incluso mediante la expulsión de centenares de curas tercermundistas.
–Creo que esta es la oportunidad de aplicar el Concilio Vaticano II, que había creado dos instancias de gobernabilidad que luego se desecharon. Francisco ha nombrado ya a ocho obispos de varios continentes y creo que va a resucitar la figura del Sínodo de Obispos con un papel de colegiatura. Por otro lado, en 50 años cambiaron tantas cosas, en la geopolítica, la globalización, los medios sociales que es una red inmensa. Se necesita un nuevo concilio y yo espero que sea un concilio de la cristiandad, no de la Iglesia Católica. Porque tenemos que enfrentar el tercer milenio con la humanidad unificada. El fenómeno cristiano tiene que estar junto con el fenómeno budista, el fenómeno hinduista, el fenómeno judío, el fenómeno islámico, porque juntos pueden alcanzar una dimensión espiritual de la humanidad, más allá de las diferencias. Espero que haga eso y en forma urgente.
–¿Sigue viva la Teología de la Liberación?
–Sigue viva porque nació escuchando el grito del oprimido, del pobre, de la mujer, de los afrodescendientes. Contra la opresión, liberación. La pregunta nuestra es cómo usar el potencial espiritual que tiene el cristianismo para salir de la pobreza y de la miseria, no en el sentido de la filantropía sino reforzando la conciencia para que se organicen y creen movimientos de liberación. Nosotros partimos de las comunidades de base, la Pastoral Social del sin tierra, del sin techo. Como los pobres siguen creciendo en el mundo, esa teología sigue vigente. Siempre que hay un Foro Social Mundial, una semana antes se hace el Foro Mundial de la Teología de la Liberación, nunca van menos de 4000 personas de todo el mundo. Y a partir de los ’80, nos dimos cuenta de que no sólo los pobres gritan, la tierra grita, los bosques gritan, entonces nació la Ecoteología de la Liberación. Ahora no tiene tanta visibilidad porque no aparecen tanto las polémicas.
–Pero, por ejemplo, en Brasil la llegada de un metalúrgico a la presidencia y luego de una mujer no se explican sin esos movimientos de base cristianos, ¿o no?
–Es un fenómeno nuevo, incluso en Latinoamérica después de la caída de las dictaduras. Es otro tipo de democracia, que no es solamente la que representa a la burguesía, son democracias participativas de cuño popular que por detrás tienen redes inmensas de movimientos sociales que reivindican y presionan. Y los presidentes vienen de esa trayectoria y hacen políticas para ese sector. El primero de todos fue Lula, y él lo dice siempre, que los principales protagonistas no fueron la izquierda que estaba en el exilio, ni los sindicatos que eran perseguidos por la policía, fue la inmensa red de comunidades de base, la Iglesia de la Liberación, la Iglesia de Dom Helder Cámara, que ha sustentado al PT, que ha fundado al PT como un instrumento político para avanzar en los derechos. Eso está en la raíz en todas las democracias de América Latina que tienen políticas más populares y la base social que sustenta esas democracias es realmente el pueblo organizado.
–¿Cómo pueden influir en los pasos de Francisco los poderes fácticos, el establishment mundial, por así decirlo?
–Yo creo que él ha dado muestras de que su deseo es crear una Iglesia pobre para los pobres. A mi juicio, va a hacer un desplazamiento de la Iglesia para la humanidad, el planeta Tierra, el sistema de vida, que están grandemente amenazados. El problema central no es qué futuro tiene la Iglesia sino qué futuro tiene la humanidad y cómo las iglesias pueden ayudar a pensar ese futuro. La geopolítica supone una especie de gobernabilidad global del planeta que no existe, lo que existe es el imperio americano. Y creo que Francisco tiene lucidez para escaparse de un alineamiento de los intereses de los pudientes del mundo, porque va a intentar hablar desde las víctimas, desde los pobres.
–Pero va a tener que oponerse a un status quo. Y no sería la primera vez que eliminan a un Papa…
–Cuando hay concentración alta de poder, siempre aparece un antipoder que intenta disputar. Cuando son poderes muy concentrados, se utilizan todos los medios, se transforman en un poder maquiavélico, donde se utiliza la corrupción, o incluso la eliminación física. La última versión que circula y que Pérez Esquivel nos comunicó recién es que Ratzinger estaba amenazado de muerte y, para escaparse de eso, renunció.
–¿Amenazado por quiénes?
–Por un grupo de la mafia que está metido en el Banco Vaticano, lavado de dinero y cardenales que les daban la cobertura. El Papa ya adelantó que la Iglesia no tiene necesidad de tener un banco, puede acudir a bancos éticos, que hay muchos. Eso sería desmontar el sistema y sería la medida más directa y más indolora.
–¿No corre riesgo su vida, entonces? Si lo amenazaron a Ratzinger…
–Yo creo que no se debe excluir esa posibilidad, porque sabemos que Juan Pablo I discutió con los cardenales la eventualidad de salir del Vaticano para tener una vida más sencilla y dos días después apareció muerto. No es imposible, pero él ha tomado medidas muy sabias. Abandonó el Palacio Vaticano, vive en la casa Santa Marta, come en conjunto con los demás.
–O sea que eso no sería sólo una medida de austeridad…
–Come con otros; si va a morir, mueren 30 o 40 con él. Pero deberá cuidarse. «
Clelia Luro: el amor más fuerte
Jerónimo Podestá fue obispo de Avellaneda y cuando tuvo que elegir entre su amor por una mujer y una institución no dudó y se fue a vivir con Clelia Luro, en 1967. Murió en 2000. Ahora Clelia presenta la última edición de sus cartas con el subtítulo Testimonio de 50 años de lucha política y eclesial.
“La historia del libro se terminó en el ’72 pero cuando murió Perón, Granica, que tenía los derechos, tuvo miedo y exportó tres ediciones a España. Cuando volvimos del exilio le preguntamos qué había pasado y nos dijo que había quemado los libros porque allá estaba Franco. Ahora lo actualizamos y puse cartas entre nosotros en el exilio y cartas a otras personas. Hay cartas a los presidentes, cartas políticas, una carta que le mandé a Hugo Chávez, otra al director de La Nación hablándole de la libertad de prensa, a Maradona cuando estaba en el problema de la droga y también a Bergoglio, que fue el único que cuando murió Jerónimo le llevó al sanatorio la unción de los enfermos.
Un nombre que lo salvó de la dictadura
–¿Por qué Leonardo?
– Me pusieron así cuando ingresé en la orden, por San Leonardo de Port Mauricio, un santo muy curioso del siglo XVII, misionero, que se ponía semidesnudo y se autoflagelaba y convocaba a todo el pueblo a las lágrimas y así confesar. Pude haber vuelto a mi nombre original, pero para mí fue muy útil en tiempos de la represión incluso en Argentina, porque cuando vine en el ’77 buscaban al autor de Jesucristo Liberador. Yo era Genesio Darci Boff, a Leonardo Boff ni lo conocía (risas) sería otra persona. En Uruguay me tuvieron que acompañar una vez hasta adentro de un avión porque un guardia se había dado cuenta de que era la misma persona. Eran tiempos en que, cuando agarraban a un teólogo de la Liberación, lo torturaban y lo mataban, era muy peligrosa la vida entonces.
Tiempo Argentino, 27 de Abril de 2013
por Alberto López Girondo | Abr 19, 2013 | Sin categoría
Nicolás Maduro será ungido presidente de Venezuela hoy y todo indica que esta etapa del remplazo de Hugo Chávez quedará cerrada, aunque con un saldo trágico de ocho muertos. Curiosamente, todos del mismo bando. Curiosamente, del que ganó las elecciones del domingo pasado. El que para la prensa conservadora cometió fraude en el conteo de votos.
Como se dijo ese día en caliente, Maduro deberá demostrar ahora hacia su propio campo su capacidad de liderazgo para llevar adelante esta etapa de la revolución bolivariana. Y también lo deberá demostrar ante una sociedad que se le aparece como dividida prácticamente al medio. ¿Son todos antichavistas los que votaron a Henrique Capriles? Eso está lejos de poder demostrarse. En principio, esos casi 700 mil que se pasaron de bando no dan la impresión de que abominen del proyecto de país que presentó Chávez hace 21 años, cuando su intento de toma del poder contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez.
Del otro lado, Capriles también deberá probar su capacidad de liderazgo en el marco de una oposición que no es homogénea, cosa que si puede mostrar el oficialismo. No están todos detrás de un mismo modelo de país y de reparto de la riqueza. Los une más el espanto que el amor hacia un ideal común. Por eso la exageración de gestos de un Capriles que, desencajado, provocó una tragedia de la que no puede hacerse el desentendido.
Porque vamos, Capriles es descendiente de dos de las más poderosas familias de Venezuela, dueñas de conglomerados industriales, mediáticos y cadenas de cines del país. Algo que en sí no constituye un delito, porque él no es responsable del lugar en que le tocó nacer. Lo que sí muestra actitudes que son de su entera decisión sería su voluntad temprana de adherir a la organización de extrema derecha Tradición, Familia y Propiedad, como mencionan algunos que lo conocieron de joven. O más tarde, de haber fundado junto con el ultraconsevador Leopoldo López un partido como el Primero Justicia, bendecido por la internacional republicana, esto es, del International Republican Institute. Y de haber recibido apoyo –que monetariamente no necesitaba por cierto-– del National Endowment for Democrac (NED). Salim Lamrani, doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris IV-Sorbonne, rescata un artículo del The New York Times donde se recuerda que el NED «se creó hace 15 años para llevar a cabo públicamente lo que ha hecho subrepticiamente la Central Intelligence Agency (CIA) durante décadas. Gasta 30 millones de dólares al año para apoyar partidos políticos, sindicatos, movimientos disidentes y medios informativos en docenas de países». Hasta acá, sólo cuestionamientos de tipo ideológico.
Pero sucede que cuando el golpe de 2002 contra Chávez, Capriles era un joven de 28 años que ejercía como alcalde de Baruta, un distrito que forma parte de Miranda y del municipio de Caracas. Desde ese lugar, ordenó el arresto de dirigentes y funcionarios chavistas, entre ellos el ministro del interior Ramón Rodríguez Chacín, brutalmente agredido ante las cámaras de la televisión (privada, claro, porque el canal estatal estaba bloqueado, como bien muestra el documental La revolución no será transmitida, de los irlandeses Kim Bartley y Donnacha O’Briain). Esa vez los golpistas disolvieron la Asamblea Nacional, la Fiscalía de la República, la Defensoría del Pueblo y el Tribunal Supremo de Justicia.
Mientras duró ese efímero gobierno de facto, solo reconocido por la España de José María Aznar y el Estados Unidos de George W. Bush, Capriles participó activamente del asedio a la Embajada de Cuba a la que, faltando a las más elementales reglas de la diplomacia internacional, no sólo le cortaron el agua y la electricidad. El mismísimo ex candidato presidencial ingresó con un grupito de exaltados a exigirle al embajador que le permitiera revisar las instalaciones, ante la presunción de que allí había buscado resguardo el entonces vicepresidente Diosdado Cabello. Luego del regreso de Chávez, el 14 de abril de aquel año, Capriles fue llevado a juicio y pasó cuatro meses detenido preventivamente, ya que se había mostrado esquivo a responder ante la justicia.
Danilo Anderson, el fiscal que seguía la causa contra 400 personas acusadas de crímenes contra el Estado bolivariano, entre los cuales estaba Capriles pero también las cúpulas empresariales, fue asesinado dos años más tarde, en noviembre de 2004. Terminó sus días despedazado por un explosivo C-4 colocado debajo del asiento del conductor de su Toyota Autana activado desde un teléfono celular. Tenía 38 años. La investigación por este crimen derivó en acusaciones y condenas contra ex agentes policiales venezolanos y paramilitares de la ultraderecha colombiana. Detalle: el ex presidente Álvaro Uribe se convirtió en fervoroso defensor del recuento de votos.
Luego de conocerse la información de que habían sido asesinados ocho personas en el marco de la revuelta que Capriles mismo había armado en Twitter al llamar a «descargar la arrechera», el opositor intentó bajar un cambio en una conferencia de prensa en la que dijo que su propuesta es de paz y que los que cometían acciones violentas no formaban parte de su movimiento.
Tardío reconocimiento a su responsabilidad. ¿Qué esperaba que hicieran sus seguidores, con el antecedente que le había mostrado con ese pasado turbulento? Porque entre los desmanes cometidos en estos días figuran establecimientos sanitarios y educativos donde participan médicos y docentes cubanos. Capriles ya les había enseñado que Cuba es el enemigo, cosa que repitió durante toda la campaña. ¿Cómo pensaba que podían actuar?
Es bueno que estos datos, que no fueron obtenidos de ninguna fuente de inteligencia ultrasecreta, sino que se consiguen en cualquier hemeroteca, fueran leídos también por dirigentes vernáculos que desde posiciones de centroizquierda o liberales dicen que hubieran votado a Capriles y llaman al reconteo de los votos del domingo. Porque más allá de que el sistema electoral venezolano fue considerado ejemplar por decenas de organismos de toda pelambre –e incluso en su anterior viaje a aquel país por Gabriela Michetti, amiga personal del Papa Francisco y a quien no se la puede tildar de izquierdista– el riesgo de desconocer las instituciones puede ser fatal para la integración regional y para el avance de la democracia en esta parte del mundo, que este domingo deberá asumir el resultado de la elección en Paraguay para determinar cómo sigue adelante. Con todo lo que implicó el golpe contra el ex obispo Fernando Lugo.
No es un olvido que Capriles haya dicho que recurriría a la ONU y la OEA para presentar sus quejas, ninguneando al Mercosur, Unasur y CELAC. Es que no intenta solamente derrotar al chavismo sino desconocer su obra de integración y principalmente la Constitución creada por el líder bolivariano. Los argentinos deberíamos recordar que el golpe contra Perón no fue sólo contra un hombre sino contra un modelo más justo, por eso, lo primero que hicieron los militares del ’55 fue tirar abajo la Constitución y el resto de las instituciones sociales y económicas creadas bajo su amparo. Al precio de fusilamientos sin juicio previo y las más bárbaras atrocidades contra los seguidores de Perón, que hasta tenían prohibido pronunciar su nombre.
Capriles no es un demócrata, pero además es un hombre peligroso para cualquier tipo de relación con sus vecinos. Por ahora necesita mostrarse fuerte contra Maduro para consolidar su poder dentro de la oposición. Y para conseguir apoyos de sus amigos externos, desafía a los gobiernos que apoyan al proceso democrático en Venezuela. ¿Será casualidad todo lo que ocurre en América Latina y en Argentina en coincidencia con dos elecciones clave para la región, como la venezolana y la paraguaya?
Maduro, aunque parezca paradojal, también necesita de un Capriles así de temible, cosa de terminar de convencer a los dubitativos de que –en términos maoístas– hay contradicciones principales y otras que resultan secundarias.
Mientras tanto, deberá ir construyendo su propio perfil y modelando el chavismo sin Chávez que dé cuenta de este momento histórico y resuelva los problemas de la gente, que de eso se trata. Por ahora dio un primer paso y puede decirse que esta primera prueba la pudo pasar. Pero el camino será largo y extremadamente sinuoso.
Tiempo Argentino, 19 de Abril de 2013
por Alberto López Girondo | Abr 15, 2013 | Sin categoría
Ahora Nicolás Maduro tiene por delante un par de desafíos en los que le va la suerte de la revolución bolivariana. En primer lugar, deberá revalidar su liderazgo hacia adentro del partido creado por Hugo Chávez. Pero también lo tendrá que hacer hacia una sociedad que le dio su confianza por mucho menos holgura de la que le auguraban las encuestas. Y eso en política tiene su peso, como ya se lo marcó Henrique Capriles al desconocer el resultado del comicio de ayer.
Si bien la elección del 7 de octubre le dejó una amplia mayoría en la Asamblea Nacional y el panorama en los estados que componen la nación no es diferente, teniendo en cuenta que el PSUV ganó 20 de los 23 distritos, Maduro deberá demostrar con gestión que lo suyo es nada menos que el comienzo de un chavismo sin un líder de la talla del bolivariano fallecido el 5 de marzo.
Maduro tendrá que hacerse cargo de domar la encabritada economía venezolana, que en medio de una fenomenal crisis internacional viene además de dos elecciones presidenciales en seis meses. Todo esto en el marco de un proceso fuertemente imbuido del protagonismo de Chávez, una sombra que hasta puede resultar asfixiante si no esquiva las trampas que le tenderán los sectores oligárquicos.
Construir liderazgo será entonces una tarea excluyente, porque cada una de sus medidas será puesta a prueba no sólo por la eficacia que prometan sino por la destreza del mandatario electo para sostener el vendaval que le espera. A cada paso le van a contar las costillas buscando demoler la imagen de solidez que necesita para consolidarse en Miraflores.
Del otro lado, la sorpresiva elección de Henrique Capriles le da una estatura de poderoso opositor al gobierno, que si bien no debería traslucir en trabas para el Palacio de Miraflores, sin dudas significará un fuerte condicionante de cara a la opinión pública. Hacia la región, además, la derecha lo pondrá de ejemplo de que puede aspirar a algo más que a la queja continua, si encuentran el personaje adecuado. La pregunta es si con eso alcanzaría para administrar un país. Pero por ahora ese no es el desafío de Capriles.
El problema que planteó el gobernador de Miranda al desconocer el resultado del comicio, ya entrada la madrugada de hoy, es que cualquier futuro civilizado para Venezuela está ceñido al respeto por la Constitución y a un sistema electoral que nadie hasta ahora había cuestionado. Y que todos veedores de toda pelambre reconocieron como uno de los más prolijos y confiables del mundo, lo que no es poco.
Es más: si fuera por amañanaruna elección, lo más cómodo y conveniente hubiese sido «dibujar» una diferencia abrumadora que no dejara hilachas de donde agarrarse.
Políticamente, este resultado no es una buena noticia para el oficialismo. Pero como dijo Maduro, «así es la vida». En política se gana y se pierde y el chavismo ya probó que es capaz de tolerar una derrota, como le pasó en 2007. Le falta a la oposición ahora hacer otro tanto, aunque sea por tan poco.
Tiempo Argentino, 15 de Abril de 2013
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