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Se acerca el Día E

Hace un par de semanas, Barack Hussein Obama se sintió obligado a mostrar su partida de nacimiento para probar que realmente vino al mundo en Honolulu, el 4 de agosto de 1961. Por si quedaban dudas, a los pocos días ordenó a una tropa de élite que acabara con el peor de los males de los últimos diez años en la vida de los estadounidenses, según la óptica imperante. Así fue que mataron al líder de Al Qaeda, Osama bin Laden. Este lunes dio otra vuelta de tuerca, y se dio el gusto de visitar la localidad irlandesa de Moneygall, donde nació un tatarabuelo por parte de madre. Para dejar constancia de que también tiene algo de europeo.
La visita del 44º presidente de los Estados Unidos al Viejo Continente le sirvió para exponer ante el mundo esa voluntad de dominio que ya había ostentado cuando, a pocas horas del anuncio del operativo contra Bin Laden, declaró muy suelto de cuerpo: “Hemos vuelto. América probó que puede hacer lo que se proponga (“América can do whatever we set our mind to”, literalmente que “los Estados Unidos pueden hacer lo que nos pongamos en la mente”, o, diríamos en estas costas, “lo que se nos cante”).
Por supuesto que lo más fácil es interpretar esa frase como una bravuconada, una amenaza imperial al viejo cuño. Pero también puede ser la manifestación de debilidad. De una fragilidad que se puede entender en el marco de la crisis económica que taladra la base de la sociedad estadounidense y europea como no hay memoria en décadas y que amenaza a trabajadores estadounidenses tanto como a griegos, portugueses, españoles e italianos.
No es casual que el miércoles, en el Westminster Hall, el sector más antiguo del Palacio de Westminster, Obama reafirmara los fuertes lazos que unen a la corona británica con su antigua colonia como pretendidos defensores de la civilización y gendarmes del sistema capitalista. “La relación entre los Estados Unidos y el Reino Unido es el eje central de la seguridad para ambas naciones”, coincidió con el primer ministro David Cameron.
El Palacio tiene 900 años y apenas tres dignatarios extranjeros habían obtenido la gracia de dirigirse a las dos cámaras del Parlamento desde ese magno sitio desde fines de la Segunda Guerra Mundial: el francés Charles de Gaulle, el sudafricano Nelson Mandela y el Papa Benedicto XVI. Nunca un “americano”.
Obama resaltó la alianza, que se consolidó en la Primera Guerra –cuando el viejo imperio logró derrotar a sus enemigos continentales con la ayuda de Washington– y viró desde 1945, cuando el Reino Unido estuvo entre los ganadores de la Segunda, pero perdió definitivamente su influencia mundial y antes que salirse del escenario aceptó compartir el liderazgo como socio menor.
“Hoy, tras una década difícil que comenzó con guerra y terminó con recesión, nuestras naciones han llegado a un momento crucial una vez más. Una economía mundial que estuvo al borde de la depresión es ahora estable y se está recuperando”, se explayó Obama. Pero la frutilla del postre fue su caracterización de estos tiempos decisorios. “Quizás se argumenta que China, India, Brasil representan el futuro y que el momento de nuestro liderazgo ha pasado. Pero ese argumento es falso. La hora de nuestro liderazgo es ahora”, alardeó Obama ante políticos, representantes de la jerarquía eclesiástica y funcionarios gubernamentales.
Horas más tarde emprendió camino hacia Deauville, una pequeña localidad francesa en la Normandía donde se desarrollaría la Cumbre del G-8, que no es otro que el grupo de los siete países más industrializados del mundo –los Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia, Canadá y Japón– más Rusia desde hace una docena de años. El dato no es trivial, porque Moscú, que acompaña a los países ricos como nación europea, también tiene puestos algunos huevos en la canasta de los BRICS, precisamente los países ninguneados por Obama en el Westminster Hall.
Tampoco es trivial el dato de que en las costas de Normandía se produjo, el 6 de junio de 1944, la Operación Overlord, el desembarco de 150 mil soldados aliados –73 mil estadounidenses y 83 mil británicos y canadienses– que pondría fin al avance de las tropas alemanas y decidiría el resultado de la guerra.
“Mordisqueado por los emergentes, el G8 resiste”, titulaba el diario Le Monde. Y The International Herald Tribune se preguntaba por cuánto tiempo más ese club de potentados en desgracia iba a poder manifestar alguna influencia. Por eso el “dueño de casa”, el presidente Nicolas Sarkozy, fue también explícito en su interpretación de lo que se decidía en esa cumbre. Y pretendieron marcar agenda con propuestas que no se parecieran a las del G-20, el grupo de los emergentes que tanto están desvelando a los dueños de la pelota. Así se explica que hayan llegado a hablar de la gobernanza de Internet. De tal manera que, aún en medio de la crisis del euro, se permitieron lujos de otras épocas, como anunciar una línea de crédito de 20 mil millones de euros para fomentar la democracia en Egipto y Túnez. Y volvieron a prometer que los días de Mummar Khadafi están contados.
Como era inevitable, el tema de un remplazo para el fervoroso ex director del FMI se coló en la cumbre. Y aunque el propio Sarkozy argumentó que no era potestad del G-8 nominarlo, el lobby de los ricos le dio vía libre a la candidatura de la ministra de Economía francesa, Christine Lagarde, una ahijada del establishment financiero mundial que vivió por 25 años en los Estados Unidos y garantiza las mayores seguridades a Wall Street.
Pero, claro, acá es donde se ve que los emergentes, si bien pueden no asustar todavía, si les da el cuero para preocupar. Porque ya anunciaron que no van a aprobar así como así lo que digan los poderosos. México ya anotó un candidato, mientras que Brasil dijo que hay que estudiar las cosas un poco más de tiempo y China propuso una votación abierta y que gane el mejor. En este marco podría entenderse la propuesta negociadora de Sarkozy de que sería bueno tener a un país latinoamericano como miembro permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Celso Amorim, el canciller de Lula da Silva, explicó cuál fue la estrategia de estos países que aspiran a desarrollarse y por los que ahora ponen las barbas en remojo en el norte: “Intentamos trabajar dentro de las Naciones Unidas, pero al mismo tiempo impulsamos reformas desde el exterior.” Y las evidencias de que así lograron cosas, según el ex funcionario brasileño, son que hubo algunas leves, tímidas reformas en el Fondo con DSK. “Nunca hubiera habido cambios en el sistema de cuotas si la presión llegaba sólo desde adentro del FMI; es realmente el empuje del G-20 el que provocó el cambio.”
Mientras tanto, en Buenos Aires un puñado de ministros de Defensa sudamericanos comienza a analizar nuevas formas de apoyo y seguridad comunes, sin injerencia de las potencias dominantes. Y en Honduras se logra el retorno del derrocado presidente Manuel Zelaya. No será la mejor solución para un golpe institucional, pero es una salida que permite dar cuenta de que ya no hay espacio para los viejos modelos antidemocráticos, impulsada por la Unasur.
Aquel 6 de junio fue conocido como el Día D, por el desembarco, pero podría asimilarse a los países desarrollados que intervinieron en la contienda. No falta mucho para el Día E, en que los emergentes –entre los que está la Argentina– recuperen definitivamente las riendas de su destino.

Tiempo Argentino, 28 de Mayo de 2011

“Debemos protegernos y cuidarnos sin injerencia de Estados Unidos”

Vino para la inauguración del Centro de Estudios Estratégicos de la Defensa, CEED, la primera avanzada en la elaboración de planes para la seguridad común que se da la Unasur. Y horas antes de exponer la posición de su gobierno, el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera habló con Tiempo Argentino sobre su visión de lo que el subcontinente debiera hacer para cuidarse y protegerse mutuamente, sin ingerencia de Estados Unidos.

–¿Cuál va a ser su planteo en el CEED?
–Nosotros pensamos en un sistema de defensa y seguridad continental que nos coloque en el contexto del mundo como una especie de Continente-Estado, integrado por muchas naciones, pero con la capacidad de ponerle el sello y nuestra huella a estos momentos de construcción de una economía globalizada donde los países solos ya no tienen mucha influencia y necesitan agruparse.
–¿Cómo se piensa construir ese sistema de defensa?
–Ese es un tema delicado, porque se precisa la articulación, la coordinación, la colaboración entre sistemas de seguridad soberanos de cada país, desde sus fuerzas armadas hasta sus sectores de inteligencia. Ya hay experiencia de que podemos resolver entre nosotros muchos problemas regionales. No necesitamos el tutelaje norteamericano ni europeo para resolver problemas que son latinoamericanos. Temas como el narcotráfico, la delincuencia organizada, el blanqueo de dinero, los podemos comenzar a resolver entre nosotros sin generar tensiones entre las inteligencias de cada uno de los países. Podemos ir avanzando en base a confianzas y en base a acuerdos entre países de Unasur. Evidentemente que hay adversidades y amenazas por nuestra posición estratégica en la economía del mundo, por los recursos que poseemos como región. Pero todas estas cuestiones las tenemos que ver con sinceridad y con grandeza. La idea es buscar mecanismos de protección continental, en base a los propios países latinoamericanos, que compartimos casi las mismas raíces y necesidades. Eso es algo que no se hace de un día para otro.
–¿Sería como una OTAN sin los Estados Unidos?
–Diría que es América Latina para los latinoamericanos, parafraseando a Monroe. Son demasiados los abusos, los maltratos, la manipulación que han sufrido nuestros países de parte de potencias que no tienen amigos sino sólo intereses para defender por encima de quien sea. El aliado del hoy, mañana puede ser crucificado, encarcelado. El conocido y socio de hoy para cualquier tipo de fechoría mañana puede ser acusado de terrorismo, narcotráfico, en una maniobra frívola, abusiva y matona de quererte llevar por delante. América Latina debe comenzar a pensar con cabeza propia.
–¿Usted inscribiría este planteo en las diferencias de su gobierno con la DEA y el descabezamiento de la cúpula de la Policía Nacional luego de detectar casos de corrupción al más alto nivel?
–Hay que ir con cuidado para no herir susceptibilidades. Hay que tener sueños pero a lo leninista, sueños realistas. Hoy es muy fuerte en nuestras instituciones la idea de lo soberano, por lo tanto debemos imaginar el continente en el marco de la existencia de las instituciones soberanas. Ir creando no algo que sustituya a las instituciones soberanas sino mecanismos de interconexión de esas instituciones. La DEA está en nuestros países y supuestamente dirige la lucha contra el narcotráfico, hace seguimientos de narcotraficantes, cuando quieren lo exhiben y lo desollan en la plaza pública y cuando no quieren se lo guardan porque usan políticamente el tema del narcotráfico. ¿Cuál es la fortaleza de la DEA?: tienen recursos, son sistemáticos, son ordenados y son pacientes. ¿No podemos nosotros también tener algo así? Alguito de dinero juntado entre todos los países, paciencia, lógica en las cosas y perseverancia en nuestros seguimientos, de manera que de aquí a cinco años podamos contar con información de cómo están estos flujos del narcotráfico que se quiere combatir. No imaginemos un sistema gigantesco de defensa continental.
–No estamos hablando de misiles.
–Estamos hablando de cosas muy prácticas, de lucha contra el narcotráfico, intercambio de formación de oficiales, creación de las bases para una doctrina continental que sustituya a la de la seguridad nacional que vino de EE UU, apoyo en momentos de desastres, mecanismos continentales de colaboración. Una base de datos común a mediano plazo que favorezca a nuestros países y para irnos independizando de esos sistemas de manipulación política militar norteamericanos. No es que ellos sean enemigos, pero son tipos sospechosos. ¿Por qué no unirnos entre latinoamericanos, que tenemos historias comunes y no nos creemos los amos del mundo ni andamos persiguiendo a nadie como si fuéramos sheriffs? ¿Por qué no nos protegemos y no nos cuidamos entre nosotros, en este contexto planetario?

Tensiones y Revolución
“El proceso boliviano ha tenido varias etapas. Una primera donde se funda la voluntad de poder de los sectores populares, indígenas, campesinos. Un segundo momento donde se dio una especie de dualidad de poderes, lo que llamamos empate catastrófico entre el proyecto neoliberal dominante y el proyecto popular indígena emergente. Luego el momento de la bifurcación o momento jacobino de toda revolución, que es cuando se define quién tiene el poder, si queda la vieja élite o se consolida el nuevo bloque revolucionario. Fue entre 2008 y 2009. Aun estamos en una quinta etapa, de la emergencia de contradicciones en el seno del pueblo. Derrotado temporalmente el enemigo principal, emergen tensiones fundamentalmente en la disputa del excedente de una pequeña riqueza. No es entre enemigos irreconciliables, pero hay sectores que propugnan un uso corporativo del excedente y hay sectores que piden un uso colectivo nacional del excedente. En la COB ha emergido una clase media estatal –sectores de salud, educación– reclamando un incremento de salarios. Tienen necesidades, por supuesto, pero otros sectores propugnan un uso colectivo común de ese excedente. Era algo previsible, algo necesario, y es de esas tensiones que nuestro proceso revolucionario se revitaliza, saca lecciones, se detiene, corrige errores y vuelve a caminar. Es un aprendizaje de ida y de vuelta. Si no hiciéramos eso no seríamos revolucionarios”.

Tiempo Argentino, 27 de Mayo de 2011

A la cama con el FMI

Resulta fácil comparar al movimiento de los indignados que desde hace días acampan en la Puerta del Sol madrileña con la Primavera árabe que floreció en la plaza Tahrir de El Cairo, a principios de año, o con el tormentoso final del gobierno de la Alianza en la Argentina, caceroleadas incluidas, de una década atrás.
Cierto que hay diferencias que el tiempo se encargará de ir desmenuzando. Pero en el trasfondo de las protestas que pone nervioso al establishment español –y que desgarra la imagen de prosperidad indefinida en la que quería reflejarse esa sociedad– hay mucho del caldo en el que se cocieron el gobierno de Hosni Mubarak y los cinco presidentes que desfilaron en una semana por la Casa Rosada porteña: una profunda crisis económica pero, sobre todo de valores, de esperanzas, de perspectivas en las generaciones más jóvenes, educadas para mejores opciones.
Testimonios recogidos por el diario español Público entre los que duermen en las plazas españolas lo muestran claramente. Miriam, de 25 años, licenciada en Periodismo y Máster en Comunicación y Problemas Sociales, dice que lleva “siete años estudiando y haciendo prácticas. Si no encuentro trabajo en una semana, tendré que volver a la casa de mis padres.” Jesús, de 31 años, licenciado en Geología, está “hasta las narices de lo que veo y lo que hacen (los políticos)”. Laura, de 27 años, licenciada en Ciencias Políticas, piensa que “los políticos que hay ahora no me representan (…) estamos aquí y demostramos que queremos cambiar”.
Son voces que suenan demasiado parecidas a las que hace una semana mostraba Tiempo Argentino en un artículo desde Italia, donde miles de jóvenes con estudios universitarios emigran cada año en busca de mejores horizontes. Voces que podrían calcarse de las que hace diez años manifestaban los argentinos que hacían cola en los consulados europeos. Con ligeras variantes, “el pueblo unido funciona sin partidos” se asimila perfectamente al “que se vayan todos”.
Sucede que estos movimientos de protesta brotaron luego de ajustes brutales ordenados por los organismos financieros internacionales, entre ellos el FMI y sus acólitos locales, y que fueron cumplidos a rajatabla por partidos que prometían lo contrario. Y que contra su ideología, promovieron bajas de salarios, expulsión de trabajadores estatales, recortes de jubilaciones o la elevación de la edad del retiro. Es decir, un impiadoso cambio en las reglas de juego para los que trabajaron toda su vida o los que se quemaron las pestañas para aumentar sus condiciones de ingreso al mercado laboral.
Este fenómeno permanece subterráneo en las sociedades desarrolladas, pero luego de España no son pocos los que auguran nuevos levantamientos en otros distritos más elegantes del planeta. Hace algunas semanas, Paul Krugman, Nobel de Economía de 2008, en una columna que tituló “La educación no es la respuesta”, fue lapidario. “La idea de que enviar más jóvenes a la universidad puede restaurar la sociedad de clase media que antes teníamos es una falsa ilusión. Ya no es cierto que tener una titulación universitaria le garantice a uno un buen trabajo (…) si queremos una sociedad en la que la prosperidad esté bien repartida, la educación no es la respuesta; tendremos que proponernos construir esa sociedad directamente. Tenemos que recuperar la capacidad de negociación que los trabajadores han perdido durante los últimos 30 años para que tanto los empleados corrientes como las superestrellas tengan poder para negociar buenos salarios.”
El sociólogo Isidro López recogió el guante desde la Puerta del Sol, en la presentación del librito La crisis que viene, elaborado por el colectivo Observatorio Metropolitano y publicado por Traficantes de sueños. “Tras el pensionazo y la huelga general, los agentes institucionales clásicos de la izquierda optaron por los pactos (…) La clase media tradicional se proletarizó en todo Occidente durante el ciclo neoliberal, salvo que aquí el espejismo del boom inmobiliario había escondido un fenómeno que ahora ha irrumpido a lo bestia.”
Felipe González, ex presidente del gobierno español por el PSOE, luego de exponer algunos miedos sobre el movimiento 15M (por su primera convocatoria, el 15 de Mayo), señaló a los manifestantes que “no se dejen manipular por nadie, nadie, concreten sus propuestas y ayuden a perfeccionar el sistema”. Pero sin hacerse cargo de la cuota de desconfianza que generan ciertas traiciones al electorado, consideró que hay una “crisis de gobernanza” en la democracia parlamentaria.
En estos días se desarrolló en Roma la Reunión a Nivel Ministerial sobre Gobernanza Global y Reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Ese organismo es una de las patas del sistema de gobierno planetario, pero como expresó el canciller argentino, Héctor Timerman, es un anacronismo que refleja el resultado de una guerra “que terminó hace 60 años”, al que es necesario democratizar. Para que, por ejemplo, el veto de una de las potencias de aquella contienda no clausure la voluntad de cambio del resto de la humanidad.
Otro pilar en el sistema de gobernanza mundial, como se sabe, es el FMI, que padece desde hace años una notable pérdida de credibilidad, luego de reiterados fracasos en las predicciones y en la medicina aplicada para remediar los males que causó el mismo modelo económico que defiende. Ahora, además, aparece cuestionado por la presunta incontinencia sexual de su director gerente, el socialista francés Dominique Strauss-Kahn.
Tras la renuncia obligada de DSK, se planteó el debate sobre la sucesión. Y otra vez los países emergentes quieren una cuota mayor de la manija, cosa de gobernar y no simplemente estar obligados a obedecer. Lo que generó un debate inédito desde la creación de la entidad, en 1944.
“Los países en desarrollo tienen derecho de ocupar la conducción del FMI y el Banco Mundial, pero en un escenario donde hay serios problemas en la Eurozona y el Fondo está fuertemente involucrado, existen muchos argumentos en favor de un candidato europeo”, argumentó la canciller alemana, Angela Merkel, para que todo siga igual. En la misma frecuencia se expresaron Nicolás Sarkozy y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso.
El economista canadiense Michel Chossudovsky es uno de los tantos que plantean que, más allá de investigar el intento de abuso a la camarera del Hotel Sofitel, hay sospechosos lazos que invitan a pensar en “una cama” contra DSK, un enemigo del Consenso de Washington y aspirante a la presidencia de Francia.
Como aristas de esta posible operación anotó: la jueza que le denegó la excarcelación, Melissa Jackson, es una protegida del alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, estrella de Wall Street que hizo fortuna con su agencia de informaciones financieras. El fiscal que elevó la acusación es Cyrus Vance Junior, hijo de Cyrus Vance Senior, secretario de Estado del presidente Jimmy Carter.
“Pero hay más de lo que parece”, señala Chossudovsky en Global Research, y habla de otros lechos. Frank G. Wisner II, destacado oficial de la CIA, se casó con la segunda esposa del padre de Sarkozy, Christine de Ganay. Wisner II, además de ser hijo de Frank Gardiner Wisner I –el cerebro detrás del golpe de la CIA contra el primer ministro iraní Mohammed Mossadegh en 1953– integró el gabinete de Vance Senior, fue embajador en El Cairo y más recientemente enviado por Barack Obama a Egipto para negociar la salida de Mubarak.
¿Será tan así, como creen los franceses?

Tiempo Argentino, 21 de Mayo de 2011

La gobernanza mundial

En la campaña aérea de la OTAN en Libia hay demasiadas violaciones de la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas”, protestó el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Lavrov, luego de que la Alianza Atlántica, que lleva adelante las acciones bélicas contra el gobierno que responde a Muammar Khadafi, matara a un hijo del líder libio, tres nietos y a decenas de civiles en ataques centrados en objetivos civiles dentro de Trípoli.
El canciller contrastó el propósito con que la OTAN cruzó el Mediterráneo –el bloqueo aéreo contra supuestos ataques de aviones khadafistas a la población civil– con la realidad de que el operativo se convirtió en una política de destrucción de edificios y equipos productivos de ese país. Tal cual denunció el propio Khadafi en una de sus incursiones televisivas. Lavrov dijo que la posición rusa cuenta con el apoyo de Brasil, India, China y Sudáfrica, los países emergentes nucleados en el grupo conocido como BRICS.
Pero se acordó tarde de rezongar, porque tanto Rusia como China, con poder de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, eligieron abstenerse en la votación que “encomendó” a la OTAN ocuparse del tema libio. Y no porque faltaran las señales de cómo venía la mano.
Otro funcionario ruso, el director del Servicio Federal de Control de Drogas, Víctor Ivanov, aceptó en una cumbre del grupo G-8 desarrollada en París esta semana una propuesta de los organizadores tendiente a consolidar los esfuerzos en la lucha contra el crimen organizado en torno al narcotráfico. El encuentro de los países más ricos contó también con representantes de Latinoamérica y África, de naciones donde se producen narcóticos o figuran en la lista de países de tránsito de la droga a nivel internacional. Si se tiene en cuenta que los principales consumidores de estupefacientes están en ese selecto club de los más desarrollados, en esta extensa lista cabe literalmente el resto del planeta.
Sarkozy, que últimamente protagoniza las posiciones más extremas contra Khadafi y sobre los asuntos árabes y africanos en general, arrastrando a sus socios europeos, se puso también a la cabeza de este reclamo. Para lo cual llegó a proponer que se use el dinero incautado a las bandas de traficantes –no dijo si esto incluye vender la mercadería obtenida– para solventar el costo de las operaciones que esa lucha acarrea. El detalle es que para esa cruzada global pretende patrullar las costas de las regiones donde se producen los narcóticos o los puertos desde los que son trasladados para su comercio. Una excelente excusa para que las tropas occidentales vigilen a todo el planeta sin la incómoda necesidad de explicar qué hacen allí. Simplemente vigilan que nadie venda mercadería ilegal, con la cobertura de la OTAN, que es la misma que se aplica en Irak, Afganistán y Libia, por si hiciera falta aclarar.
Esto representa una vuelta al imperialismo más desembozado de fines del siglo XIX, ahora con la mayor tecnología disponible por la humanidad y la incorporación del aparato militar de los Estados Unidos. No por nada, siempre la OTAN tuvo dirección civil europea, pero el comando militar es provisto por el Pentágono.
Poco importó el pedido del funcionario ruso, en ese encuentro parisino, para que se discuta también la ruta de la heroína que proviene de las plantaciones de Afganistán, el principal productor del mundo de la adormidera de la que se extrae el preciado opio. Víctor Ivanov señaló que todas las medidas tomadas en el combate de la “narcoamenaza” afgana resultaron ineficaces. Rusia se queja de que no consigue consensuar acciones de ese tipo con la OTAN, y de que las tropas emplazadas en Afganistán no se muestran decididas a terminar con las plantaciones de las amapolas, aunque sendas resoluciones de la ONU de 1998 y 2009 lo piden expresamente.
Más allá de todo posible debate sobre el comercio de drogas, el cultivo de la adormidera es una extraordinaria fuente de ingresos para poblaciones locales, jefes tribales que juegan a favor de la OTAN en ese rincón del mundo, y también para solventar gastos corrientes de ejércitos de ocupación por fuera del presupuesto oficial.
Pero la cumbre del G-8 no se proponía calar tan hondo, sino apenas ir delineando los futuros enemigos de la coalición occidental luego del asesinato de Osama bin Laden hace un par de semanas. Por eso, tanto en los Estados Unidos como en la OTAN el caso puntual de Afganistán fue barrido debajo de la alfombra.
Y en cualquier caso, ya sea que se aplique la Guerra Santa contra las drogas, o se profundice la versión no menos sagrada de la lucha contra el terrorismo, de todas maneras la OTAN tendrá una posición privilegiada de gendarme global subsidiario de la estrategia militar del Pentágono.
La Organización del Tratado del Atlántico Norte nació en plena Guerra Fría, en abril de 1949. Cuando el “peligro para la paz mundial” era el comunismo soviético y el que ya se preveía seguro triunfo de Mao Tse-tung en China. Los países fundadores fueron Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos, como ganadores de la Segunda Guerra, más Bélgica, Luxemburgo, Holanda, Dinamarca, Italia, Islandia, Noruega, Portugal y Canadá. Pero a poco de andar se fue viendo que el interés que representaba el organismo estaba más ligado a los anglosajones que al resto de los afiliados.
Por eso ya en 1958 el francés Charles de Gaulle fue planteando una estrategia para abandonar la alianza. Primero retiró su flota del Mediterráneo, luego prohibió el despliegue de armamento nuclear en su territorio, y finalmente ordenó devolver las diez bases militares estadounidenses en Francia. La sede del organismo militar se trasladó entonces a Bélgica. Para 1966 ya no había tropas galas en el comando integrado. Recién en 2009, con Sarkozy en el poder, volvió al redil. En el medio, había caído el sistema socialista soviético, Alemania se había vuelto a unificar y China avanzaba a pasos agigantados hacia el capitalismo. Es más, ya es otra vez una amenaza, ahora como potencia económica, al igual que Rusia más ese “puñado de advenedizos” que integran el BRICS.
Es tal vez en este escenario que debe entenderse la insistencia de Sarkozy para querer acaudillar cuanta operación militar se desarrolle en el tablero internacional. Para conquistar los lugares que ya no ocupa España desde que el derechista José María Aznar dejó el gobierno, y competir con el que sostiene a duras penas Gran Bretaña tras el alejamiento de Tony Blair de la gestión pública.
Pasa, además, que Sarkozy entendió perfectamente que la OTAN es la Santa Alianza de estos días. O más acá en el tiempo, que es una coalición que intenta reeditar, como sostiene el escritor estadounidense Rick Rozoff –director del sitio Stop NATO International– el Congreso y la Conferencia de Berlín que entre 1878 y 1885 convocó a las potencias europeas de entonces a resolver la cuestión de los Balcanes y repartirse las colonias africanas.
“Asistieron representantes de Austria-Hungría, Bélgica, Gran Bretaña, Dinamarca, Francia, Italia, Holanda, Portugal, Prusia, España y Suecia-Noruega. Y abrió toda África a las formas más brutales y cínicas de rapiña y saqueo”, recuerda Rozoff. El almirante italiano Giampaolo Di Paola, presidente del Comité Militar de la OTAN, no pudo ser más claro: “Es necesaria una nueva forma de gobernanza mundial, en la cual la OTAN, la UE y otras importantes organizaciones internacionales tienen que jugar un papel.”
En eso andan esos mismos aspirantes a imperio de hace más de un siglo, ahora bajo la férula estadounidense.

Tiempo Argentino, 14 de Mayo de 2011