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El modelo Petraeus

Estos son los líderes que elegí para ayudar a guiarnos a través de los difíciles días que vendrán.” Con estas palabras, el presidente Barack Obama anunció una serie de enroques en un área altamente sensible de su gestión como es el saturado frente bélico estadounidense. Lo hizo cuando se conocían filtraciones de WikiLeaks sobre la barbarie cometida en la cárcel de Guantánamo. Fue también cuando tuvo que sacar a relucir su partida de nacimiento para demostrar de qué lado de la frontera nació. Rara coincidencia.
Los cambios pasan por el retiro del secretario de Defensa, Robert Gates, que había sido designado por George W. Bush. En cadena, el actual titular de la CIA, Leon Panetta, tomará el lugar que deja vacante Gates y el hasta ahora jefe de las operaciones de la OTAN en Afganistán, el general David Petraeus, ocupará el sillón principal en la agencia de los espías estadounidenses.
Las razones que esgrimió el mandatario fueron de orden práctico, pero debajo de esta decisión hay una puja sobre el rumbo en la política exterior de Washington ante el escenario que plantean los levantamientos en el mundo árabe, los resabios de la invasión a Irak y la ocupación de Afganistán, que para la mayoría de la población de los Estados Unidos se convirtió en una pesada carga, no sólo económica sino moral.
Es así que los analistas se devanan los sesos tratando de adivinar cómo reaccionarán los distintos actores de esta movida presidencial. Y sobre todo en la CIA que, como resaltan al unísono, no es una oficina demasiado dispuesta a dejarse dirigir por ajenos “que creen saber más” que quienes la vienen remando desde adentro, según sugieren Adam Goldman y Kimberley Dozier para la agencia AP.
Los especialistas en la trama de la inteligencia estadounidense se relamen para ver cómo Petraeus abordará su nuevo trabajo en “la compañía”. Robert Dreyfuss, en The Nation, descuenta que el general de cuatro estrellas se las verá difíciles frente a un personal en su mayoría civil, famoso “por haberse masticado y escupido a los jefes que no les gustan”. Como pasó con James Schlesinger en 1973 y Porter Goss en 2006. Irónico, Dreyfuss agrega que si tuviera que apostar en una guerra entre “Petraeus y los burócratas de la CIA y sus agentes operativos, yo me quedaría con el personal de la CIA”.
Sin embargo, el prestigioso general tiene avales como para dar batalla en las oficinas de Langley, en Virginia, y de asentarse –como parece que lo están tentando− hacia una carrera política. Ente los lauros de Petraeus, que sucedió al controvertido y dicharachero Stanley McChrystal en el comando de las tropas en Irak y Afganistán, se cuenta un trabajo que culminó en 2006: la actualización del Manual de Contrainsurgencia, que venía de la época de Vietnam y modernizó sus consignas para aplicarlas en tierras árabes luego del 11-S.
El militar, además, se opone a la retirada de tropas de combate de la región, donde según su dossier, todavía da para quedarse y desplegar en toda su extensión las teorías desarrolladas en el Manual, conocido en sus siglas militares como COIN, que significa literalmente “moneda”.
El plan, que inauguró McChrystal, combina tácticas de la más dura línea militar con políticas de seducción a los pobladores. “Uno puede ganar batallas y perder la guerra”, piensa Petraeus. Por eso en uno de los apartados del trabajo (que puede consultarse en ) sostiene que el éxito del COIN requiere alejar a los terroristas del lugar, luego consolidar estrechas relaciones con los habitantes –conociendo no sólo el idioma sino también las costumbres y tradiciones− y más tarde crear las bases para que esa relaciones fructifiquen en instituciones que garanticen que “la subversión” no vuelva. Esto implica el establecimiento de un gobierno legítimo apoyado por la población −cosa que no se hizo en ninguno de los países donde se empleó, como es notorio− y una gran cantidad de tropas durante bastante tiempo. Quizás hasta que una nueva generación “entienda” de qué viene la ocupación.
El convencimiento, supone el estudio, vendrá de acciones en concreto que en su momento entusiasmaron a la actual secretaria de Estado, Hillary Clinton. Puesto que la doctrina de contrainsurgencia exige que los servicios sociales en zonas de guerra −las escuelas, la justicia, el desarrollo económico− sirvan como apoyo de las acciones de los militares.
“Usted no puede luchar contra ex saddamistas y extremistas islámicos del mismo modo que lo hizo contra el Viet cong, los Moros (filipinos musulmanes) o Tupamaros; la aplicación de principios y fundamentos para tratar a cada uno varía considerablemente”, dice el voluminoso expediente elaborado por un equipo que dirigió Petreus, egresado de West Point, la academia militar estadounidense, en 1974, un año después de la derrota en Vietnam.
Entre las técnicas bélicas, el COIN propone el uso de toda la tecnología vigente y sobre todo de imágenes satelitales y de aviones no tripulados Predator. Por eso es que la CIA cada vez trabaja más estrechamente con el Pentágono en todo el mundo, ya que la información básica sobre qué objetivos atacar desde las centrales de comando de los drones debe ser provista por la central de inteligencia. Pero sucede que ya hubo demasiados “errores” y “daños colaterales”.
Por eso, el cambio de un hombre del Pentágono −y el más prestigioso de ellos, con título universitario en Relaciones Internacionales en Princeton y todo− tiene también sabor de ajuste de cuentas. Es que en el geométrico edificio militar se acusa a los espías de recopilar data pero no compartirla con sus colegas uniformados, lo que obliga a crear fuentes de información duplicadas.
“Como un consumidor permanente de inteligencia, sabe que la inteligencia debe ser oportuna, precisa y actuar en forma rápida”, dijo Obama cuando dio cuenta del nuevo rol de Petraeus. “Entiende que mantenerse un paso por delante de adversarios ágiles requiere intercambio y coordinación de la información.”
Petraeus buscará solucionar este problema y fortalecer las operaciones de la agencia, pero además ya dio señales hacia el sector militar. Como que McChrystal fue declarado inocente de cualquier ilícito en la investigación que hizo el Pentágono sobre las declaraciones que publicó el año pasado la revista Rolling Stone y que derivaron en su despido como máximo comandante de las tropas estadounidenses en Asia.
El informe oficial, difundido hace diez días, resalta que al citar a individuos no identificados cercanos a McChrystal, “el artículo le atribuyó al general declaraciones despectivas sobre miembros del grupo de seguridad nacional del presidente Barack Obama, incluido el vicepresidente Joe Biden”, que no se pudo probar que haya hecho realmente.
El documento firmado por el Departamento de Defensa sostiene que la evidencia disponible no alcanza para concluir que McChrystal haya violado alguna norma legal o ética aplicable. Cuando echó a McChrystal, Obama dijo que se había comportado por debajo de “los estándares que debe establecer un general al mando”. Ahora, para resarcirse, lo designó al frente de un organismo que asesorará a familias de militares que padecen las consecuencias de las guerras.
Dicen que Panetta alguna vez recomendó a Obama que ante cualquier duda sobre algún tema en el que el Pentágono tuviera opinión, lo más recomendable sería seguir la línea que le marcaban los militares. Últimamente le está dando la razón. 

Tiempo Argentino, 30 de Abril de 2011

Depredadores electrónicos

El resultado final de la guerra de Vietnam, para el analista John Arquilla, puede resumirse en un ícono: “miles de combatientes con fusiles individuales AK-47 contra potentes naves B-52 de la Fuerza Aérea” y un resultado catastrófico. Los Estados Unidos perdieron la guerra. El testimonio tiene relevancia porque el autor es doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad de Stanford y trabajó en la Rand Corporation, donde era hombre de consulta de Donald Rumsfeld, secretario de Defensa de George W. Bush. Arquilla, que publicó sus conclusiones en Nuevas reglas de la guerra, advierte que en estos tiempos hay condiciones similares en Afganistán para otro fiasco, esta vez con el uso del arma de la que Barack Obama parece haberse enamorado y que enviará a Libia. Los aviones no tripulados Predator (literalmente, “depredador”).
“Es irónico que esta guerra contra el terrorismo haya comenzado en las montañas de Afganistán con el mismo tipo de B-52”, destaca el hombre de la Rand. Porque los drones −un nombre hollywoodense creado por los guionistas de Stargate en la primera mitad de los ’90 para las naves aéreas controladas a distancia− son enviados al teatro de operaciones desarmados dentro de los enormes bombarderos.
Este jueves, el sucesor de Rumsfeld, Robert Gates, hizo el anuncio de que van a mandar drones Predator para combatir a Muammar Khadafi. Y para justificar la incursión de estos mortales “juguetes” electrónicos, dijo que son muy precisos y que producen “menos daños colaterales”. Un problema con el que los cazas piloteados por humanos están complicando a la OTAN en el norte de África, donde han dejado un tendal de víctimas civiles e incluso entre los rebeldes a los que se supone que van a ayudar. Lo menos que puede decirse de la explicación de Gates es que pretende desconocer lo que están haciendo los Predator en la estancada ocupación de Afganistán.
Según un informe publicado por Dailymail , desde que Obama llegó al gobierno hubo un notable incremento en los vuelos de aviones no tripulados, que podría llegar hasta el 50% por sobre la era Bush. También, como correlato, se incrementaron las muertes civiles en estos poco más de dos años. Las cifras que se manejan hablan de entre 368 y 724 en 2009, y entre 607 y 993 en el 2010. “¿Cuántos de ellos eran realmente los terroristas?”, se pregunta el autor del trabajo, David Rose.
La New America Foundation, utilizando los artículos publicados por los medios de comunicación, sugiere que los drones produjeron un total de entre 1435 y 2283 muertos desde 2004, y que se supone una “verdadera tasa civil de letalidad de alrededor del 32%”. Lo que deja unos 730 inocentes asesinados en el marco de eso que para Gates es una guerra impoluta que se asemeja a un desafío en Playstation, pero manejado por la CIA.
Uno de los casos más resonantes de daño colateral se produjo a mediados de marzo, cuando un Predator sobre una Jirga −una asamblea tribal−, en la frontera de la provincia pakistaní de Waziristan del Norte con Afganistán, atacó a más de 150 representantes de clanes pastunes que debatían una disputa sobre ingresos comunales. El resultado del bombardeo fue de 48 muertos. “Dispararon cuatro misiles sobre personas de todas las edades”, protestó un testigo presencial de los hechos.
“En Pakistán, el zumbido de los drones se percibe cada vez más como la cara de la política exterior estadounidense y los ataques son denunciados por figuras de los medios hasta cantantes de pop”, señala Micah Zenko en Foreign Policy. Lo que obligó a que las autoridades pakistaníes endurecieran las protestas contra Washington. “Es cierto que los drones han matado a algunos terroristas importantes, pero ahora están ayudando a conseguir más reclutas a causa de los extremistas y al mismo tiempo socavan la soberanía pakistaní”, comentó un miembro del servicio secreto de Pakistán, el ISI, al experto del Council on Foreign Relations (CFR), un think tank estadounidense .
“Los ataques están afectando a toda la relación con los Estados Unidos”, sostuvo el secretario de Asuntos Exteriores pakistaní, Salman Bashir, en visita a Washington para tratar el tema. “Estos ataques son acciones unilaterales, dirigidas por la CIA. No nos dicen cuál es su objetivo, dónde es su objetivo, ni cuándo es su objetivo, a pesar de que estamos usando nuestro propio ejército y fuerza aérea en la misma región”, se quejó el jefe de los espías ante Zenko.
¿Hay forma de saber la cantidad real de muertos “colaterales” que dejan los drones? Eso quiso saber la American Civil Liberties Union (ACLU), otra ONG de los Estados Unidos, que recurrió al Acta de Libertad de Información (FOIA, por sus siglas en inglés) para solicitar esa información al gobierno de Obama. “El Departamento de Defensa no creó ni mantiene documentos para compilar la estimación de víctimas civiles de los ataques con drones separados de los estimados para otros sistemas de armas… las armas utilizadas por los drones son tratadas en forma idéntica con las disparadas por otros aviones y, por lo tanto, las estimaciones no diferencian entre ambas plataformas”, fue la respuesta oficial .
Pakistán y Afganistán fueron el campo de experimentación para las tecnologías “pulcras” con las que ahora Obama espera derrotar a las fuerzas khadafistas. Pero las primeras versiones de estas naves no tripuladas se probaron en 1995 en Bosnia, durante las guerras balcánicas. Allí se inició este tipo de vuelo letal mediante sensores programados y comunicación satelital que permite controlar los vuelos desde una cómoda oficina a miles de kilómetros de distancia y sin riesgo alguno para el “piloto”.
El Predator MQ-1, según la información oficial, puede transportar misiles Hellfire AGM-114 capaces de atravesar equipo blindado. La siguiente generación, el Predator MQ-9, está concebido para transportar hasta 2250 libras (1020 kilos) de municiones externas, lo que incluye misiles GBU-11, GBU-38, AIIM-9 y bombas de pequeño diámetro. “Nuestro reto es saber cómo crecer lo más rápido posible”, declaró el instructor de la escuela de manejo para los drones en la Indian Springs Auxiliary Air Field, cerca de Las Vegas al sargento primero (MSgt) Orville F. Desjarlais Jr, en , sitio web perteneciente a la Fuerza Aérea estadounidense.
La información que brinda la USAF destaca, además, que el Predator es fabricado por General Atomics Aeronautical Systems Inc. y viene en un kit que incluye cuatro aviones, una estación de control en tierra y un link al Satélite Primario Predator, todo al increíble costo de 20 millones de dólares por unidad, al año 2009 .
“Una vez que se lo emplea, uno se pregunta cómo pudimos arreglárnosla sin él por tanto tiempo”, se ufana el Teniente Coronel John Breeden, comandante del 11º Escuadrón de Reconocimiento en la Base Aérea Creech, Nevada, en la página que regentea el sargento Desjarlais.
Quizás ese argumento logró convencer a Obama de la aplicación de este ingenio militar. Que se maneja como un juego de Playstation algo más sofisticado.
Pero que produce muertes reales del otro lado de la pantalla.

Tiempo Argentino, 23 de Abril de 2011

El voto de Vargas Llosa

El ballottage entre el ex teniente coronel de artillería Ollanta Moisés Humala Tasso y la licenciada en Administración de Negocios por la Universidad de Boston, Keiko Sofía Fujimori Higuchi, sorprende por el tendal de alianzas forzadas que compromete y la forma en que obliga a los peruanos a tomar posición de cara a un futuro que en lo macroeconómico es prometedor, pero en el plano político amenaza con fuertes sacudidas.
Por lo pronto, y mientras desde Montevideo el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa ya no duda en darle su voto al ex militar nacionalista –luego de haber dicho que la segunda vuelta sería para elegir entre un cáncer terminal o el sida–, en Lima los centros financieros mostraban sus resquemores con una baja en la Bolsa de Valores que acumulaba un 9% en la semana.
Las razones del escritor peruano, que está viniendo a Buenos Aires para participar en la Feria del Libro luego de una explosiva controversia por sus posturas fuertemente derechistas, muestran un poco en detalle su propia visión del mundo, pero también de cientos de miles de sus conciudadanos.
Urgido a optar entre un hombre al que todavía se “acusa” del pecado de mantener vinculaciones políticas con Hugo Chávez y de querer redistribuir ingresos o la hija de un ex presidente preso por corrupción y delitos de lesa humanidad, Vargas Llosa dijo: “que gane Keiko Fujimori significaría la resurrección de una de las dictaduras más crueles y más corrompidas que hemos tenido en la historia”. Sobre Humala, en cambio, se limitó a señalar que su “esperanza es que eso que dice sea cierto, y que esa nueva actitud que dice haber adoptado sea una realidad que confirme con acuerdos concretos que nos permita votar por él a quienes no queremos que de ninguna manera se desplome un sistema que trae buenos resultados a Perú”.
Con “lo que dice Humala” se refiere a la renovada postura del más votado en la primera vuelta. Que cada día se muestra más moderado en su discurso, cosa de captar los votos de las clases que más se beneficiaron con estos años de bonanza que colocaron a Perú entre los países con más alto crecimiento en todo el mundo, muy cercano a la mismísima China. Lo que no dice Keiko –pero circula como muy posible y para nada descabellado– es que de ganar el ballottage indultaría a su padre, de quien fue primera dama a los 19 años luego de la escandalosa separación de la pareja presidencial.
Ya en 2006, Humala había ganado por un porcentaje similar en la primera ronda electoral (un 30,61% contra el 24,3 % de Alan García). Pero terminó perdiendo por el 52,2% a 47 y monedas. El domingo pasado obtuvo el 31,7% contra el 23,5% de Keiko. Lo que implica que la relación de fuerzas en Perú sigue igual, aunque cambie la cara del oponente al nacionalismo de izquierdas que representa Humala. Quien está decidido a no repetir los errores que lo dejaron a las puertas de la Casa de Pizarro, la sede del gobierno en Lima, hace cinco años.
De allí el intento por adherir al modelo de Lula da Silva y el cambio en la vestimenta, más formal ahora. Para alejarse lo más posible del sambenito de que el venezolano le paga la campaña, de que quiere modificar la Constitución y de que es un enemigo de la libre iniciativa privada, ansioso por estatizar todo lo que se mueva.
Rápido, el tercero en la discordia electoral, el millonario Pedro Pablo Kuczynski (PPK), ex ministro de Economía de Alejandro Toledo, llamó a los dos contendientes a firmar un compromiso de seis puntos, que contempla entre otras cosas el respeto de la Carta Magna, el mantenimiento de la economía de mercado y el rechazo de la corrupción y la impunidad, bajo el argumento de que los dos “tienen antecedentes preocupantes para la democracia”. Humala y Keiko visitaron a PPK y le dieron la mano, amigables, pero todavía no hay definición sobre posibles acuerdos electorales con ninguno.
Alejandro Toledo, que más que lidiar con el resto de los candidatos tuvo que competir con su antiguo colaborador por las preferencias del mismo sector socioeconómico, se muestra más cerca del ex militar. “Si se eliminan ciertos parámetros del plan de gobierno de Humala ya estamos muy cerca, ya que no se necesita hacer una alianza, sino trabajar juntos por la democracia”, dicen en el entorno del ex académico en las universidades de Stranford y Johns Kopkins que ya fue presidente y combatió con la misma dureza que Humala a Alberto Fujimori, a quien sucedió en el año 2001.
Como parte de este tenso y largo intermedio –la segunda vuelta será el 5 de junio– se van perfilando otras estrategias de cambio de imagen. Por lo pronto, los dos postulantes cambiaron a sus voceros. En ambos casos por exabruptos.
Martha Chávez, portavoz de Keiko, se tuvo que ir luego de que en una entrevista televisiva defendió abiertamente al gobierno de Alberto Fujimori. No ahorró elogios ni para sus aspectos más oscuros.
Humala renovó su equipo de prensa luego de que Carlos Tapia se trenzara en una áspera disputa con una periodista televisiva, a quien acusó estentóreamente de fujimorista, luego de haber descalificado ferozmente a los candidatos que quedaron afuera del ballottage.
En otro giro en medio de la campaña –aunque no se sabe a quién puede beneficiar– se entregó sorpresivamente, y luego de diez años en la clandestinidad, el ministro de Economía de Alberto Fujimori.
Juan Carlos Hurtado Miller, autor del sanguinario plan de ajuste neoliberal practicado en los ’90 en Perú, está acusado de peculado, asociación ilícita y colusión desleal, y se sometió a la justicia luego de haberse escabullido por una década. Y también sorpresivamente fue dejado en libertad con la excusa de que ya tiene 70 años, y que juró acudir a los llamados del tribunal que lo juzga. El hombre se hizo conocido luego de haber sido filmado cuando Vladimiro Lenin Montesinos, el temible jefe de los servicios de espionaje fujimorista, le entregaba 300 mil dólares para financiar una campaña a la alcaldía limeña en 1998. Montesinos fue condenado a 25 años por tráfico de armamento y violaciones a los Derechos Humanos.
Lo que resulta interesante de este momento de decisiones, con todo, es la postura de Vargas Llosa, que tiene doble nacionalidad peruano española y reside en Madrid desde 1990, tras haber perdido en segunda vuelta con Fujimori. La relación del exquisito novelista con los Humala, una suerte de Kennedys andinos, viene de lejos. Como que el patriarca, Isaac Humala, un abogado que de joven dirigió una célula marxista-leninista, tenía entre sus adherentes universitarios al propio Vargas Llosa, que lo retrató como un personaje folklórico en su atrapante Conversación en la catedral.
Don Isaac fomentó una ideología que desde el comunismo enraizó en un indigenismo radical. De allí que la mitad de sus ocho hijos tienen nombres incaicos: Pachacutec, Ima Sumac, Cusicollur, Antauro y Ollanta. Todos tuvieron su grado de participación política y dos de ellos –Ulises y Antauro, sentenciado a 25 años en 2009 por la toma de una comisaría– fueron candidatos, aunque luego tuvieron graves diferencias que los alejaron, quizás, definitivamente.
El único que quedó en carrera fue Ollanta. “El guerrero que todo lo mira”, en quechua. El mal menor, para el autor de La tía Julia y el escribidor.

Tiempo Argentino, 16 de Abril de 2011

Imperios de chocolate

Nicolas Sarkozy viene perdiendo imagen puertas adentro de Francia. Y como parecen indicar las normas no escritas de la política imperial, apela al recurso de las acciones en el plano internacional para recuperar protagonismo interno. Al precio de no resistir las frías evidencias de ningún archivo. Como su apurada, nerviosa, incursión en Libia, cuando todavía ni la Unión Europea ni la OTAN habían decidido qué hacer en torno a un conflicto que no veían de fácil resolución, como efectivamente está ocurriendo en relación con Muammar Khadafi.
Una incursión que decidió apenas días después de que su ministra de Relaciones Exteriores tuviera que renunciar por su estrecha vinculación con el ex mandatario tunecino, Ben Ali, expulsado del poder por movilizaciones populares que reclamaban democracia en un país sometido a gobiernos autoritarios por décadas. Y luego de haber apoyado al egipcio Hosni Mubarak –caído en circunstancias similares– hasta que no tuvo más remedio que soltarle la mano.
Vieja potencia imperial en el continente africano desde que ocupara Argelia, en 1830, Francia venía retirándose de sus antiguas colonias, donde aún ejerce una suerte de protectorado, por razones básicamente presupuestarias. Sin embargo, y luego de ese renacer ensayado en Libia –contra la voluntad de los italianos, que repentinamente también recordaron su pasado colonizador y no quieren perder influencia en los asuntos norafricanos– el Elíseo mantiene su rol protagónico en la crisis de Costa de Marfil, antigua posesión en la que se juegan no pocos intereses económicos, más que la salida democrática que argumentan los entidades políticas multinacionales y varios gobiernos, incluido el de Barack Obama, que mira expectante el resultado de esta lucha por el control del principal productor mundial de cacao. No quedaría mal decir, entonces, que el revival imperial en África tiene color negro, y olor a petróleo en Libia y a chocolate en Costa de Marfil.
Pero para entender algo más de lo que sucede en Abidjan, conviene recordar algunos antecedentes, sobre todo de sus principales protagonistas. Porque para los grandes medios, todo el problema se reduce al empecinamiento de un presidente, Laurent Gbagbo, que perdió las elecciones de noviembre pasado y se niega a dejar el poder a su sucesor reconocido por todos los organismos internacionales, Alassane Dramane Ouattara (ADO). Pero no se menciona tanto el apuro de las trasnacionales del cacao para solucionar un problema que, como consecuencia del bloqueo al que se sometió al gobierno de Gbagbo para que deje el poder, impide desde diciembre la venta (al menos la legal) del principal componente de ese Alimento de los Dioses inventado por los aztecas.
Gbagbo, el malo de la película, es profesor de historia graduado en su país y con un master en la Sorbona. De tendencia socialista, fue arrestado por primera vez en 1971 por su lucha contra el derechista Félix Houphouet-Boigny, presidente “democrático” desde la independencia, en 1960, hasta su muerte, en 1993. Gbagbo fue uno de los fundadores del Sindicato Nacional de la Investigación y la Enseñanza Superior (Synares) y alcanzó renombre como para postularse a presidente en 1990. Fue declarado perdedor, a pesar de las denuncias de un fraude escandaloso que en ese momento no despertó críticas de los centros del poder mundial. Otro intento de despojo, en 2000, terminó con una revuelta popular sólo aplacada cuando las autoridades de entonces reconocieron su triunfo. Ensayó como mandatario una política contraria a los designios de Francia y, sobre todo, del Fondo Monetario Internacional, con el que se propuso negociar un reescalonamiento en los pagos de la deuda marfileña para no realizar los ajustes a que lo obligaban.
Pero ya por entonces su enemigo político era Ouattara. Que precisamente había sido ministro en tiempos de Houphouet-Boigny y de sus no menos “democráticos” sucesores (Aimé Henri Bédié y Robert Guéi). ADO también fue mano derecha del ex director del FMI Michel Camdessus.
Porque Ouattara, musulmán del norte de Costa de Marfil, educado en Burkina Faso y los Estados Unidos, al que le costó mucho le reconocieran la nacionalidad marfileña, ya que toda su familia es burquinesa, desde joven rumbeó como cuadro de los estamentos financieros internacionales. Y tras recibirse de bachiller en Ciencia en la Universidad Drexel, de Filadelfia, se doctoró en Economía en la Universidad de Pensilvania a los 23 años, en 1965, y tres años más tarde ingresó al FMI. Allí Camdessus, que dirigió el organismo de crédito en los años de oro del neoliberalismo y sin dudas es uno de los responsables de la gran crisis argentina de 2001, lo nombró director general adjunto en 1994.
Casado en segundas nupcias con Dominique Nouvian, una ambiciosa empresaria de nacionalidad francesa nacida en Argelia, ADO conformó un matrimonio que, según informes de organismos de inteligencia franceses, entre alianzas y contactos, le permitió afianzar una cuantiosa fortuna, con propiedades y empresas en África, Francia, los Estados Unidos y cuentas bancarias en las más sólidas instituciones, si las hay. Pero nunca dejaron de levantar sospechas por la rapidez con que se construyó ese imperio personal. Premonitores, el casorio de los Ouattara-Nouvian, en 1990, había sido apadrinado por el entonces alcalde de Neuilly-sur-Seine, Nicolas Sarkozy.
Sin entrar en detalles, para 2002 estalló en Costa de Marfil una feroz guerra civil que partió el país en dos. En el Norte se ubicaron los “rebeldes” de las Forces Nouvelles, dirigidas y financiadas por el ouattarismo, mientras que el sur quedaba en poder de Gbagbo. Los cascos azules de la ONU ingresaron a ese territorio en 2004, con la justificación de cumplir tareas humanitarias. Las tropas francesas, acantonadas en la base de Port Bouet, pusieron su granito de arena en esta contienda que tuvo también ingredientes étnicos y religiosos, pero una base económica innegable.
Así las cosas, y luego de ingentes negociaciones que involucraron a la mayoría de los países africanos –deseosos de poner fin a la matanza– el presidente llamó a elecciones en 2010. Ouattara, para todos los veedores, fue el ganador, con 54% de los sufragios. Gbagbo desconoció ese resultado, explicando que, como ya lo habían hecho otras veces, metieron mano en las urnas en complicidad con franceses y empresas transnacionales.
Esta es la razón por la cual, para acelerar la caída de Gbagbo, al amparo de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU de protección de la seguridad de los civiles que también se aplica en Libia, las tropas francesas iniciaron la llamada “Operación Unicornio” junto con los cascos azules internacionales.
El documentalista dinamarqués Miki Mistrati presentó el año pasado un film en que refleja otra vertiente del drama marfileño. El lado oscuro del chocolate muestra que gran parte de la producción de cacao que sale de la región está hecha por mano de obra infantil y esclava. Se compran niños por unos 230 euros para que trabajen en plantaciones por la comida diaria, sostiene el testimonio, fue publicado por Tiempo Argentino el 12 de diciembre pasado.
Las denuncias hechas durante una década desataron investigaciones contra Cargill y Archer Daniels Midland (ADM) como comercializadoras del cacao y Barry Callebaut, Nestlé, Kraft Foods, Ferrero y Mars como fabricantes del dulce néctar. Todos se comprometieron a combatir el problema.

Tiempo Argentino, 9 de Abril de 2011