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La furia de los elementos

Nunca en la historia de la humanidad hubo semejante desarrollo tecnológico, ni tanta devastación ambiental. Nunca hubo tanto progreso intelectual, ni desprejuicio en la explotación de la tierra y de sus habitantes.

El 2 de mayo de 1999, en Pizotla, un pueblito del estado mexicano de Guerrero, tropas del Ejército detuvieron a Rodolfo Montiel y Teodoro Cabrera, dirigentes agrarios que meses antes habían fundado la Organización de Campesinos Ecologistas de la Sierra de Petetlán y Coyuca de Catalán (Ocesp), una zona a más de 3000 metros sobre el nivel del mar, con imponentes bosques y mucha pobreza.
Montiel, Cabrera y muchos otros campesinos vieron amenazada su existencia por la tala indiscriminada iniciada por empresas locales y multinacionales, y organizaron un paro. Se habían convertido en un problema a eliminar. Presos sin orden judicial, luego de unos días les hicieron firmar confesiones de que eran cultivadores de marihuana, que tenían relaciones con grupos guerrilleros y que estaban relacionados con el crimen de un cacique. Los dos eran analfabetos. El caso trascendió cuando Amnistía Internacional los declaró presos de conciencia. Dos años más tarde, el gobierno de Vicente Fox los liberó por “incompatibilidad del encierro con su estado de salud y condición física”, pero debieron exiliarse y cruzaron la frontera hacia los Estados Unidos.
Montiel expuso ayer su caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con sede en Costa Rica, donde no pidió leyes para proteger el medio ambiente, sino para controlar las actividades del ejército mexicano. Quieren volver a su país donde, se sabe, mantenerse con vida se hace difícil, como lo prueban cada día las crónicas policiales.
Mientras tanto, los medios de todo el mundo se conmovieron cuando los rescatistas trabaron contacto con 33 mineros que permanecen atrapados desde el 5 de agosto, en una mina de la región de Atacama. Deberán esperar hasta fin de año para volver a la superficie. El ministro chileno de Salud, que seguramente nunca bajó hasta los 700 metros de profundidad, declaró que “ellos entendieron” la situación. Distinto fue el tono que se escuchó cuando los trabajadores hablaron por teléfono con el presidente Sebastián Piñera: “Bajo un mar de rocas, estamos esperando que todo Chile haga fuerza para que nos puedan sacar de este infierno”, dijo Luis Urzúa.
Nunca en la historia de la humanidad hubo semejante desarrollo tecnológico, pero tampoco tanta devastación ambiental. Nunca hubo tanto progreso intelectual ni desprejuicio en la explotación de la tierra y de sus habitantes. Nunca antes, los cuatro elementos –agua, tierra, aire, fuego– habían dado tantas muestras de estar cada vez más cerca del colapso.
Algo de esto se percibió en el fabuloso embotellamiento registrado en la autopista que une Pekín con el norte de China, donde por 11 días, miles de vehículos quedaron atascados a lo largo de 100 kilómetros de un modo que sólo Julio Cortázar pudo haber imaginado. La cuestión sería determinar cuál fue la razón de semejante trabazón: para las autoridades, todo comenzó cuando se decidió repavimentar parte de la capa asfáltica de la autovía.
La explicación de los cientos de choferes de camión atascados fue radicalmente diferente. El carbón representa el 70% de la energía que mueve el impresionante coloso chino. Hasta no hace mucho, el mineral se obtenía en la provincia de Shanxi. Pero eran explotaciones tan precarias que llegaron a provocar unas 1600 muertes en un año por desmoronamientos, explosiones o incendios. Ahora se explotan las minas de la lejana región de Mongolia Interior.
Los camioneros dicen que prefieren llegar a la capital a través de la Autopista 110, que en algunos tramos tiene un sólo carril, porque hay menos controles y no se ven obligados a sobornar a los policías para que no les secuestre la carga. Como dato anecdótico, durante el embotellamiento prosperó, inesperadamente, la economía del lugar: a lo largo de esos 100 kilómetros surgieron kioscos donde se vendían alimentos, medicamentos, ropa y revistas.
A medida que fueron pasando los días y el tedio se hacía más insoportable –otro verdadero infierno en superficie– se armaron partidas de naipes, y músicos locales y bailarinas mostraron sus virtudes al aburrido público. Algo similar está ocurriendo en el poblado de Atacama, donde cientos de periodistas de todo el mundo llevaron un oasis de prosperidad momentánea a los vecinos, para nada habituados a tanto visitante con recursos económicos merodeando por la zona.
Mientras tanto, en Pakistán, 20 millones de personas –la mitad de la población argentina– resultaron afectadas por los ríos desmadrados, que causaron el mayor desastre ambiental en la historia de ese país. La ONU lanzó varias peticiones de ayuda urgente. La cantidad de muertos supera los 1600 y, todavía ayer, las autoridades ordenaron la evacuación de 400 mil habitantes de tres ciudades sureñas, en el Valle del Indo.
Al menos 253.500 personas fueron simultáneamente evacuadas en la provincia de Liaoning, en el noreste de China, por el desborde del Río Yalu, frontera natural con Corea del Norte. Las lluvias torrenciales provocaron una subida inusitada del curso de agua, que derrumbó un dique de contención y arrasó centenares de viviendas. Algo más al sur, Nueva Delhi decretó el estado de alerta por las precipitaciones extremas que elevaron el Río Jamuna a niveles dramáticos. En el área urbana de la capital india viven cerca de 20 millones de personas. Las lluvias torrenciales también causaron 21 muertos en Afganistán, 8 en Turquía y 28 en la más lejana Nicaragua.
El otro elemento, el fuego, destruyó millones de hectáreas de bosque en Rusia y hasta amenazó plantas nucleares, arrasó cultivos y puso en riesgo a millones de vidas. El daño podría haber sido “de tres a diez veces mayor” que lo indicado por las autoridades de ese país, según evaluó Greenpeace en Moscú. Para la ONG, las llamas afectaron al menos 12 millones de hectáreas, y provocaron perdidas por unos 255 mil millones de dólares, cifra equivalente a los gastos presupuestarios anuales de Rusia.
Pero no es el único lugar de riesgo. Más de 30 mil incendios se registran en todo Brasil, especialmente en la región amazónica. Algunos focos están cerca del Palacio del Planalto, la casa de gobierno brasileña, según indicó un vocero del Instituto Brasileño del Medio Ambiente a la agencia italiana Ansa. “Los productores queman indiscriminadamente para abrir nuevas explotaciones agrícolas, el fuego es más barato que usar maquinaria, se economiza en tractores, pero con un gran costo ambiental”, señaló el especialista.
Las mismas razones se invocan para explicar los incendios que se registran en Bolivia, donde, como cada año, se produce el “chaqueo”, la quema de rastrojos y zonas boscosas para ampliar las áreas de cultivo. Allí, el director general de Gestión y Desarrollo Forestal boliviano, Weimar Becerra, sostuvo que se necesitarán unos 200 millones de dólares para reforestar las zonas arrasadas por el fuego. “Los latinos tienen un 83,3% más de probabilidades de estar expuestos a contaminación industrial que un estadounidense promedio”, dice un estudio de la Universidad de California en Irving. La explicación es que “son inmigrantes con poco o ningún conocimiento del inglés, con lo que quedan al margen de información crucial para protegerse”. Además, no están en condiciones de elegir mucho, aunque entiendan el idioma.
Hace cinco años, el 29 de agosto de 2005, el huracán Katrina destruyó el 80% de la ciudad de Nueva Orleans. Los fuertes vientos y la tormenta provocaron la ruptura de los diques de contención, 1800 personas murieron y 134 mil viviendas terminaron destruidas, entre la población pobre de la capital del jazz.
Felipe Arriaga era otro campesino de la Sierra de Petatlán. Al igual que Montiel, había sido detenido en forma ilegal por un crimen que no había cometido, y fue finalmente liberado por la presión internacional. Recibió en 2005 el Premio Chico Mendes, del Sierra Club, la organización ambientalista más antigua de los EE UU. En septiembre de 2009, una combi lo atropelló cuando iba a cruzar una ruta. Murió pocas horas después. El conductor del vehículo huyó.
Chico Mendes es aquel trabajador de las plantaciones de caucho que luchó contra la deforestación del Matto Grosso. “No firmen nada”, les decía Chico a los seringueiros, cuando eran presionados por los hacendados, para comprarles los terrenos. “Esta tierra es de ustedes. Cuando la transforman en dinero, pierden la posibilidad de sobrevivir. La tierra es la vida.” Mendes recibió el Premio Global 500 de la ONU, en 1987. Fue asesinado por dos fazendeiros el 22 de diciembre de 1988.
Como los campesinos mexicanos, los brasileños son gente sin instrucción. Pero saben del valor de la Tierra.

Tiempo Argentino, 28 de Agosto de 2010

Los catalanes quieren su independencia

Comenzó la campaña proselitista para las elecciones regionales por Buenos Aires. Y ante la prensa Joan Puigcercós detalló cómo se fue endureciendo el enfrentamiento con Madrid, que podría llegar al nacimiento de un nuevo miembro de la UE.

Puigcercós es presidente de Esquerra Republicana de Catalunya, el partido más antiguo de la región, fundado en 1931, que fue prácticamente devastado en la Guerra Civil, y luego “el último en ser legalizado cuando empezó la democracia, recién en 1979”, recuerda.
Muchos de aquellos catalanes republicanos tuvieron que exiliarse, en su mayor parte en la Argentina y México. Fieles a su tradición, los republicanos de izquierda retomaron la senda progresista y ahora, cuando son el tercer partido político catalán y forman parte de la coalición gobernante, plantean sin tapujos la independencia de Cataluña. “No va a ser sencillo, nada lo es, pero todo indica que es el único camino que nos queda”, dijo Puigcercós en una ronda de prensa ante varios medios gráficos porteños.
El hombre de ERC visitó Buenos Aires como parte de su campaña electoral para los comicios de noviembre, y aquí deslizó sus argumentos en favor del separatismo de una de las regiones más ricas de España. “Por las vías democráticas”, insiste.
“El debate por la relación de Cataluña y España fue empujado por el proceso de reforma de nuestro estatuto”, explica Puigcercós. Y pasa a detallar: “En el año 2003 se creyó que luego de 25 años hacía falta un nuevo código de leyes para regir la comunidad catalana. La idea era ganar más competencias para el gobierno de la región. La reforma del estatuto catalán fue aprobada por el 89 % de los diputados. Era una reforma ambiciosa que se basaba en tres grandes ejes.”
El primero de esos ejes, detalla, es “un tema que siempre está latente entre el centro y la periferia, como es el de al recaudación”.
−Nosotros somos partidarios de aplicar lo mismo que tiene el País Vasco, que es recaudar la administración básica y luego renegociar con el Estado la parte a distribuir. El segundo eje es que pasen al control catalán las grandes infraestructuras, como el aeropuerto de Barcelona, porque creemos que bajo tutela catalana puede convertirse en un aeropuerto de transferencia para el resto de Europa. Ahora todo eso está gestionado desde Madrid y eso nos impide tener un plan de desarrollo propio. El tercer eje es delimitar las competencias de cada uno, lo que es catalán y lo que es español.
−No debe ser algo fácil.
−Hasta ahora hay un conflicto permanente que nos está desangrando ante la opinión pública, porque cada ley que hace el parlamento catalán es recurrida por el gobierno español y viceversa. Hay un solapamiento entre las competencias de cada uno. A grandes trechos, ese es el panorama, esos son los tres ejes, más un cuarto que es más simbólico, como es el reconocimiento de Cataluña como nación. Esto parece algo semántico, nominalista sobre qué cosa es una nación y qué cosa no. Nosotros decimos que no hace falta entrar en el debate, pero se puso en el estatuto la necesidad de reconocer a Cataluña como nación. Tiene un gran valor simbólico que las cortes españolas reconozcan el sentido nacional de Cataluña.
−Y no lo hicieron.
−Este fue el inicio de un conflicto en que estamos desde el 2003, porque el gobierno español y sobre todo el Partido Popular han sido muy duros con Cataluña. Han hecho incluso campañas de boicot contra productos hechos en la región, una campaña permanente en medios de comunicación de Madrid, y se fueron recortando cuestiones esenciales del estatuto. Pero la cuña entre Cataluña y Madrid ha tenido su capítulo final con la sentencia del Tribunal Constitucional tras una serie de enmiendas presentadas por el PP por el reconocimiento de la nacionalidad. Eso echó a la calle a 1 millón y medio de personas, la mayor manifestación en Barcelona, protestando contra lo que consideramos un avasallo del tribunal.
−¿Incide ese tema en las elecciones?
−Hasta esa fecha se iban a dirimir cuestiones normales sobre la gestión de gobierno, pero ahora el debate es cada vez más entre la región de Cataluña y España. La cuestión es que si después de siete años de proceso para la reforma estatutaria el mensaje que nos dan desde Madrid es que no hay nada que reformar y cualquier ley del parlamento de Cataluña sistemáticamente lleva al tribunal constitucional. Nosotros decimos que cualquier pacto debe implicar un cambio en el marco político de Cataluña. Defendemos un referéndum para saber si la gente quiere continuar igual o si quiere una nueva legalidad. Que se vote si se quiere ser un país independiente separado de España.
−¿Hay aprobación a esta medida?
−Una parte importante de la ciudadanía que no era separatista, no era independentista, ahora piensa que la creación de un nuevo Estado libre dentro de la Unión Europea es un objetivo deseable, necesario y lo mejor que le puede pasar a Cataluña. Históricamente estábamos en 10 o 20% de aprobación al separatismo, ahora estamos superando el 45%. Gente de izquierda, de derecha, incluso abstencionistas que ahora deciden dar un paso en un proceso democrático, en un referéndum. Una situación que Madrid está viviendo como un trauma.
−¿Los partidos políticos presentan este tipo de plataformas?
−Todos menos el PP proponen un escenario de futuro diferente para Cataluña. Las corridas de toros se han convertido en un problema nacional, llevaron a un debate histérico de quienes pensaban que fue una estrategia de los catalanes para borrar los símbolos de identidad nacional y cultural de España. Todo se contamina de estos debates.
−¿No acarrearía problemas económicos la independencia?
−Siempre hay consecuencias. Pero con la globalización han cambiado mucho las cosas. Antes, de cada 100 productos hechos en Cataluña, 60 iban al mercado español. Hoy, de cada 100, 25 quedan en el mercado catalán, 25 van a España, 25 a la UE y 25 fuera de la UE.
−¿Qué pasa si gana el referéndum?
−Deberemos sentarnos a negociar con Madrid, que no va a ser fácil, y buscar el apoyo y el reconocimiento de las instituciones europeas, que tampoco va a ser fácil. Somos consientes de que no va a ser un camino llano. Pero allá nadie quiere entender que cuando se quisieron hacer las cosas bien, permanecer dentro de España con un texto estatutario con más poder para Cataluña, se cerraron las puertas.

Tiempo Argentino, 27 de Agosto de 2010

Tierra arrasada

Es importante entender que un soldado combate por ganarse su paga, o porque su gobierno lo obliga a hacerlo. ¿Qué pueden perder los que siguen a los rebeldes, aparte de su vida? Nada, no tienen nada que perder.

Los sesenta estaban llegando a su fin con su estela de transformaciones y protestas sociales en casi todo el mundo. Había pasado el Mayo Francés y varias camadas de estadounidenses habían conocido las desventuras de una guerra tan bárbara como inútil, en el sudeste asiático. Ya habían asesinado a John y Robert Kennedy y a Martin Luther King cuando Marlon Brando, en su momento de esplendor, quiso dar un vuelco a su carrera para interpretar en la pantalla esa rebeldía que se manifestaba en las calles. Fue en ese clima que conoció la obra del italiano Gillo Pontecorvo, quien venía de filmar La Batalla de Argel.
El director, a su vez, se había interesado en la historia real de una masacre ejecutada por los españoles en una isla del Caribe en 1520, cuando sofocaron una revuelta indígena eliminando a la población nativa para remplazarla por esclavos negros luego de incendiarlo todo. Pontecorvo se juntó con Franco Solinas y Giorgio Arlorio y surgió el guión de Queimada, una joya del cine de aquellos tiempos, con un inmejorable Brando. El actor encarna a William Walker, un agente inglés contratado por el directorio de una compañía azucarera que, mediante amañados acuerdos comerciales, es la virtual dueña del país, independizado de Portugal poco antes.
El gobierno de Queimada enfrenta la insurrección de un grupo de trabajadores negros y mulatos acaudillados por José Dolores, que se refugian en las montañas y ataca a las plantaciones. Dolores, armado convenientemente por Walker, había protagonizado la independencia, una década antes.
El film, visto a la distancia, puede parecer un tanto denso, por momentos pesado. Dicen incluso que Brando terminó sin hablarse con Pontecorvo, porque no se ponían de acuerdo sobre el perfil que correspondía darle a Walker. En todo caso, el ex miembro del almirantazgo británico devenido en lo que hoy sería un “contratista privado”, aparece con una dosis bastante exacerbada de cinismo como para dejar a lo largo de las poco más de dos horas algunas lecciones de política que viene bien a cuento ahora que el gobierno de Barack Obama inició el retiro de las tropas de combate de Irak. Y su remplazo por contratistas y asesores privados. Mientras tanto, Afganistán sigue siendo una arena movediza de la que les resultará imposible retirarse con alguna elegancia.
“Estoy aquí, en calidad de consejero militar, invitado por el gobierno de Queimada, encargado por la Antilles Sugar Company y autorizado por el gobierno de Su Majestad Británica”, le dice Walker-Brando a los directivos de la empresa y las autoridades del imaginario país. El “asesor” insiste:
“Tenemos que meternos en la cabeza, que si tenemos éxito en eliminar a José Dolores, no será porque seamos más valientes que él, o más heroicos que él; sino sólo porque tenemos más armas y más hombres que él. Es importante también entender que un soldado combate por ganarse su paga, o porque su gobierno le obliga a hacerlo. (…) ¿Qué pueden perder los que siguen a Dolores, aparte de su vida? Usted, en cambio, General, tiene mucho para perder: esposa, hijos, casa, carrera, ahorros, sus hábitos, placeres y aspiraciones normales. No hay de qué avergonzarse, pero es así. De hecho, según sus informes, José Dolores tiene unos pocos centenares de hombres, pocas armas, muy poca munición, y ningún equipamiento. Usted, en cambio tiene miles de soldados y armas y equipamiento modernos. Sin embargo, en seis años, no han logrado ninguna victoria. ¿Por qué? Porque las bases de ellos están en la Sierra Madre. Y allí no hay posibilidades de sobrevivir. Ni un árbol, ni un pedazo de hierba. Y los únicos animales son víboras y escorpiones. (…) A pesar de ello, hace seis años que los guerrilleros tienen allí sus bases. ¿Cómo es posible? Porque hay una serie de pequeñas aldeas, en las pendientes de la Sierra. Gente pobre con condiciones de vida miserables, que no tienen nada que perder. Los guerrilleros son su única salvación.”
Según la información oficial, la última brigada “de combate” estadounidense cruzó las fronteras de Irak pero 50 mil tropas “no combatientes” se quedarán para capacitar a las Fuerzas Armadas iraquíes. Entre ellos habrá probablemente unos 7000 contratistas privados. Son 7000 Walkers diseminados en un territorio devastado luego de siete años de una invasión con la excusa de terminar con el gobierno de Saddam Hussein –el ex amigo entrenado y armado por Washington– y su inexistente arsenal de armas de destrucción masiva. Luego de cientos de miles de muertos entre la población civil, y oficialmente unos 4500 uniformados estadounidenses, se registran regularmente atentados suicidas, como el que el martes dejó 60 muertos en un centro de reclutamiento para las tropas iraquíes.
Obama concentrará ahora todos los esfuerzos bélicos en Afganistán, ocupado desde octubre de 2001, en este caso bajo el argumento de la búsqueda de las bases de Al Qaeda y su líder Osama Bin Laden –también entrenado por los Estados Unidos– a quienes se acusó de los atentados en las Torres Gemelas de Nueva York. Pero allí también hay grupos irregulares que, como no tienen nada que perder, resultan imposibles de derrotar.
A pesar de tanta parafernalia bélica hollywoodense y de estrategias de márketing político, los Estados Unidos vivieron más fracasos que éxitos en el plano militar en las últimas décadas. Algo insólito tratándose de la primera potencia mundial, con un poderío bélico y una capacidad de destrucción jamás conocidos en la historia de la Humanidad. Porque en la práctica, la última batalla en la que pudo haberse sentido ganador fue la Segunda Guerra Mundial.
Pruebas al canto: tras el fin de esa contienda multinacional, se registró la Revolución China, con la toma del poder de Mao Tse Tung, el 1 de octubre de 1949. Pocos meses más tarde, en junio de 1950, en uno de los primeros conflictos de la Guerra Fría entre Washington y Moscú estalló la guerra de Corea. No viene muy al caso el detonante de conflicto, lo concreto es que, como la definición se demoraba, el general Douglas MacArthur, una suerte de virrey de Japón, propuso arrojar una bomba atómica en China. Una locura que el presidente Harry Truman y el Congreso no aceptaron por el riesgo para la salud del planeta, teniendo en cuenta que del otro lado estaba Stalin. Truman destituyó a MacArthur, a pesar de las protestas de la derecha republicana. Y a la muerte del líder soviético, en julio de 1953, se firmó el Armisticio de Panmunjon, que implicó un empate y consolidó la partición del país a la altura del paralelo 38.
Pero los Estados Unidos no tardaron mucho en inmiscuirse en Vietnam, donde los franceses habían sido derrotados por los ejércitos del general Vo Nguyen Giap, en 1954. La escalada bélica se desarrolló a partir de 1959 y fue el más grande de los fracasos en la historia estadounidense. No sólo por la cantidad de vidas que se llevó la contienda, sino por lo que implicó en términos de debate sobre el rol del país como superpotencia imperial y las consecuencias sociales y culturales que arrastró.
Luego de haber extendido la guerra a Laos y Camboya, el 27 de enero de 1973 representantes de los Estados Unidos, Vietnam del Sur y Vietnam del Norte concluyeron las negociaciones de la Conferencia de París con los acuerdos que marcaron la retirada de los ejércitos estadounidenses. Una rendición, el triunfo de David frente a Goliat.
Desde entonces, salvo que se compute un éxito rotundo a la invasión de Granada en 1983, o la de Panamá en 1989 para expulsar del poder a su ex agente Manuel Noriega, el resto de las intervenciones armadas terminaron en bochornos más o menos evidentes. Comenzando por la invasión de Bahía de Cochinos en 1961. Luego vendrían participaciones en Somalía, en 1993, en Haití en 1994 y 2004, en los Balcanes, desde 1995.
En todos estos casos el resultado fue el mismo: a partir de la presencia de tropas estadounidenses quedó tierra arrasada, estados destruidos o inexistentes. Pero se incrementó el negocio de la guerra en manos privadas. Los mercenarios ganaron la partida a pesar de perder la guerra. Quizás porque la guerra consistía sólo en eso, en dejar tierra arrasada.
Como en Queimada.

Tiempo Argentino, 21 de Agosto de 2010

El negocio de la paz

Parece, a la ligera, una frase típica de algún senador cordobés o de un jefe de Gabinete quilmeño. Pero fue la fórmula que encontró el ministro del Interior y Justicia colombiano, Germán Vargas Lleras, para definir el atentado frente al edificio de Radio Caracol, en Bogotá. “Quieren medirle el aceite al nuevo gobierno.” Un golpe, agregó, destinado a “inaugurar” la gestión de Juan Manuel Santos Calderón, asumido apenas hace una semana, en medio de un conflicto que él no había creado con el gobierno de Venezuela.
Sabe de qué habla el flamante funcionario, porque fue víctima de dos atentados en su vida política. Uno de ellos, muy cerquita de allí, en octubre de 2005, al salir de una entrevista en la misma radio, hoy propiedad del grupo español Prisa. Esa vez, resultaron heridas nueve personas, entre ellas, algunos miembros de su custodia.
Ese bombazo enfrentó al entonces senador del Partido Liberal con Álvaro Uribe, a la sazón presidente. El mandatario, fiel a su talante de fanático converso, se apuró a atribuir el golpe a las FARC, antes de haberle preguntado una opinión al seguro destinatario del ataque. Y resulta que Vargas Lleras tenía datos que ubicaban a los agresores en una posible alianza de dirigentes políticos con paramilitares.
Es interesante seguir la carrera de Vargas Lleras, miembro de una de las familias más tradicionales de Colombia. Porque este abogado por la añeja Universidad del Rosario, de Bogotá, y doctor en Gobierno y Administración Pública por la Complutense de Madrid, es nieto de Carlos Lleras Restrepo, presidente entre 1966 y 1970, el período en que nació y se fue extendiendo la guerrilla creada por Manuel Marulanda Vélez, “Tirofijo”.
Para 1998, Vargas Lleras fue reelegido senador por el PL, y devino en acérrimo crítico de las negociaciones de paz con las FARC que impulsaba el entonces presidente Andrés Pastrana. Esta posición lo acercó a Álvaro Uribe. En 2002, era senador por tercera vez –ahora con un partido independiente– cuando recibió un regalo fatal que le cambiaría la vida: abrió despreocupadamente un libro bomba que le enviaba un supuesto admirador y perdió varios dedos de la mano izquierda. Se lo alcanza a ver en algunas fotos con una prótesis muy ostensible en el dedo mayor, pero no suele hablar mucho del tema.
En las últimas elecciones fue de candidato a presidente. Proponía continuar con la política de mano dura contra la guerrilla, pero sin Uribe, de quien como se dijo, se había distanciado. Derrotado en primera vuelta al frente de su partido Cambio Radical, Vargas Lleras, sin embargo, fue una sorpresa, porque logró 1,4 millón de votos. No tantos como para entrar al ballotage, pero suficientes para que Santos lo llamara a formar parte de su equipo de trabajo en ese gabinete concebido como de unidad.
Fiel a su principio, Vargas Lleras no se apuró a atribuir el atentado del jueves a nadie en particular. Sólo apeló, al igual que Santos, a considerarlo genéricamente obra de “grupos terroristas”, y a calificarlo como un atentado muy bien planificado para, como quien dice, marcarle la cancha a la nueva administración. En línea con su actual jefe político, insistió en que están dispuestos a dialogar con todo el mundo, pero sobre la base del abandono de la lucha armada, para empezar.
En la Radio Caracol, en cambio, no demoraron en lanzar una hipótesis para la que no parecían, hasta ayer, contar con demasiados datos, según se desprende de un cable de la agencia Efe, que también sufrió el ataque: el atentado podría ser obra de un cabecilla de las FARC, Germán Briceño, alias “Grannobles”, “que según informes de inteligencia habría impartido la orden de atacar un medio de comunicación”. El detalle que faltaba es que “Grannobles”, según la denuncia de Uribe en la OEA que ahora Santos desactivó, estaría refugiado en Venezuela.
Como se dijo hasta al hartazgo en estas semanas, Colombia vive en situación de violencia extrema desde hace décadas y está atravesada por una maraña de grupos que se disputan cada uno parte del poder y de la economía, legal e ilegal. A las dos agrupaciones guerrilleras de izquierda, el ELN y las FARC, se suman las bandas de narcotraficantes, organizaciones paramilitares de ultraderecha, y también los equipos militares estadounidenses legales, ilegales, contratados, mercenarios y profesionales que pululan en las siete bases que aprobó Uribe. Un cóctel explosivo en el que, es fácil prever, son muchos los que basan su subsistencia en la permanencia del statu quo vigente.
También se dijo hasta el cansancio que muchos miembros de la clase política, entre los que están funcionarios del anterior gobierno y el propio Uribe, aparecen implicados en varias causas, por ligazones no siempre claras con paramilitares o negocios non sanctos con el tráfico de sustancias prohibidas.
Al actual mandatario le caben las generales de la ley. Fue denunciado por la incursión de tropas del otro lado de la frontera ecuatoriana para atacar un campamento de las FARC y por el caso de los falsos positivos, aquel horroroso negocio del asesinato de civiles inermes para hacerlos pasar por guerrilleros muertos en combate y cobrar la recompensa que ofrecía el gobierno. El anterior presidente aparece involucrado con los negocios de la droga en un lapidario informe de la DEA.
Uno de los grupos irregulares, las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC, las Triple A caribeñas), de extrema derecha, fueron declaradas terroristas y, luego de muchos cabildeos, alcanzaron un acuerdo por el que unos 30 mil miembros aceptaron entregar las armas a cambio de impunidad, en 2003. Políticamente se habían convertido en una molestia luego del Plan Colombia, que derramó unos 7000 millones de dólares en “ayuda militar” estadounidense desde 2002.
Sin embargo, que muchos de ellos hayan aceptado una desmovilización formal no quiere decir que hayan abandonado el combate ilegal de la guerrilla. Hay vigentes un puñado de bandas organizadas a las que las autoridades colombianas agrupan bajo el nombre genérico de Bacrim (Bandas criminales emergentes). Para los servicios de espionaje, entran bajo esta denominación tanto paramilitares de derecha como narcos y miembros desviados de la guerrilla.
Algunos de estos grupos podría ser el autor del atentado. Y las razones no son muy difíciles de sospechar, al menos desde la perspectiva de ese escenario de violencia consuetudinaria. La guerra es un formidable negocio, y cualquier señal en contrario afecta intereses reales y concretos.
Entre ellos, los millones de dólares que se destinan al Plan Colombia y que embolsan las empresas bélicas privadas, los millones en seguridad que se van en protección y vigilancia de personas y haciendas. Los millones que se destinan a la lucha contra el cultivo de coca, marihuana y amapolas, y la elaboración y transporte de narcóticos. Y, quizás más importante, los millones de excusas para mantener bases desde las que desplegar tropas hasta Tierra del Fuego en pocas horas.
Es decir, si Santos y Vargas Lleras, a quienes nadie podría atribuir vecindad ideológica con la guerrilla y la izquierda en general, llegaran a consolidar acuerdos de paz duraderos, muchos deberían buscarse otra forma de vida o nuevas estrategias de ocupación.
¿Es posible que este Vargas Lleras –nieto de presidente y de prosapia liberal– junto con Santos Calderón –sobrino nieto de Eduardo Santos Montejo, también liberal y presidente, aunque entre 1938 y 1942– logren avanzar hacia acuerdos de paz?
Tienen una enorme ventaja sobre cualquier otro negociador. No son intermediarios, vienen del poder real de Colombia. Son el establishment, sin la menor duda.
Conviene recordar a esta altura que no fueron los demócratas estadounidenses los que lograron la paz en Vietman y se acercaron a la China de Mao Tsé-Tung. Fue con el republicano extremo Richard Nixon y el no menos derechista Henry Kissinger como secretario de Estado.
Un dato que seguramente no escapa a quienes pusieron la bomba en el Chevrolet Swift 1994 color gris, patente BOO 483, cargado con 50 kilogramos de explosivo anfo que estalló minutos antes de las seis de la mañana en Carrera Séptima con calle 19, como dicen los colombianos.
El caso es si para ellos la paz es negocio.

Tiempo Argentino, 14 de Agosto de 2010