Javier Milei volvió de Nueva York sin la ansiada foto con Donald Trump; apenas consiguió 20 minutos con Benjamin Netanyahu, a quien le volvió a garantizar el apoyo «firme e incondicional» a Israel y de quien recibió elogios por su política económica. «Has roto la jaula y estás dando libertad a la gente», le dijo el primer ministro israelí, aislado por el resto de los mandatarios que vaciaron el recinto cuando dio su discurso.
Del paso por la 81º Asamblea General de la ONU, el presidente argentino trajo más desazón que motivos para el festejo. Porque los datos que llegaban desde Argentina impactaron en el precio de los bonos soberanos y llevaron a una nueva alza al «riesgo país». Y para colmo, desde la apertura de las sesiones quedó clarísimo qué está en juego en la América Latina de estos días: por un lado, Lula da Silva que se planta ante el mandatario estadounidense para decirle que «Brasil no es patio trasero de nadie», mientras Trump hace gala de su prepotencia para decir que tras el secuestro de Nicolás Maduro se quedó con el 60% del petróleo mundial. El magnate inmobiliario dejó algunas definiciones que pintan el momento: «Nuestras acciones en Venezuela son la prueba de que Estados Unidos ya no permitirá que las amenazas contra América se afiancen en ningún lugar del hemisferio occidental y, si es necesario, utilizaremos nuestro poderío militar sin igual para salvaguardar los intereses nacionales vitales de Estados Unidos» y «al vencedor le pertenecen los despojos». Hubo otra, sobre Irán, no menos dantesca: «¿Se llegará a un acuerdo con Irán (…) o debería aniquilar a la República Islámica?».
Milei esperaba una bilateral con Trump que le permitiera avanzar en algo más concreto para lucir el apoyo estadounidense a su flamante nacionalismo ante el máximo foro mundial. Primera decepción: el inquilino de la Casa Blanca había mantenido una reunión con el nuevo premier británico, Andy Burnham, en la que hablaron del asunto. «Mencionamos las Falklands (en nuestra conversación) y tuviste la amabilidad de escucharnos sobre esos temas», dijo Burnham. «La relación con Reino Unido está bien, ha mejorado sustancialmente. Nos cuidamos. Hemos hablado de comercio, de las Falklands. Ha sido genial», replicó Trump.
Milei había planificado encuentros con empresarios e inversores a los que pensaba tentar con la irrestricta apertura que ofrece al mundo. Pero resulta que en la gran capital financiera internacional también había recalado el gobernador bonaerense. Axel Kicillof buscó aprovechar los focos mediáticos para mostrarse como presidenciable o, al decir de algún analista malicioso, «un peronista portador sano». Así, tuvo un encuentro con Lula da Silva y el presidente de Gobierno español, Pedro Sánchez, en una cumbre organizada por el alcalde neoyorquino Zohran Mamdani en su residencia oficial de Gracie Mansion. Estaban presentes el titular del Consejo Europeo, António Costa, y la primera ministra de Barbados, Mia Amor Mottley, entre otros. El lema del coloquio era «Construyendo una economía para la mayoría». Kicillof se reunió luego con inversores para hablar de su modelo de gestión y criticar duramente a la administración de Milei.
Nos reunimos en Nueva York con fondos de inversión internacionales que tienen títulos de nuestra provincia y participaron de la reestructuración de nuestra deuda bonaerense. Un encuentro importante para intercambiar sobre la situación económica de nuestro país.
Como en paralelo las noticias que llegaban desde Argentina se reflejaban en las cotizaciones, el presidente intentó tirar la pelota a la tribuna. «Si aparecen pelotudos hablando por Nueva York, sube el riesgo país, obvio. Exclusivamente por lo que el mercado denomina «riesgo kuka». Después dicen «uy, no, creíamos que era boludo, pero no tanto»», dijo, fiel a su estilo maleducado y provocador, en el mitin organizado por el International Republican Institute (IRI) y la fundación Federalismo y Libertad.
Como siempre, para Milei la culpa es del otro. Y la suba del riesgo país tiene que ver con sus intervenciones y las del ministro Caputo, que no lograron convencer a nadie de los supuestos éxitos de su modelo. Además, hay datos que no conviene soslayar. Por un lado, el Indec daba cuenta de un crecimiento de la pobreza y la indigencia, aún con los valores de un índice que no refleja la realidad. Así, en el primer semestre del año hay una subida de más de cuatro puntos porcentuales, hasta el 32,3% de la población, mientras que la indigencia se ubicó en el 7,5%. Esto significa unos 15,4 millones de personas. ¿Es necesario recordar el número de argentinos que Milei dijo que había sacado de la pobreza desde que llegó a la Casa Rosada?
#DatoINDEC Encuesta Permanente de Hogares (EPH) en 31 aglomerados urbanos: la pobreza alcanzó al 24,4% de los hogares y al 32,3% de las personas en el 1° semestre de 2026; y la indigencia, al 5,6% y al 7,5%, respectivamente https://t.co/AYeQnndT2Qpic.twitter.com/Si7QOO6j9A
Por si esto fuera poco, la exsubdirectora del FMI, la indio-estadounidense Gita Gopinath, entrevistada para el ciclo Conversaciones con Tyler, del economista Tyler Cowen, lanzó un dardo inesperado. «Considero que el peso argentino necesita ajustarse más y que se le debe permitir depreciarse en mayor medida de lo que lo está haciendo actualmente», dijo. «Argentina tendrá que acumular reservas de divisas, aunque el objetivo sea, obviamente, contar con un tipo de cambio flotante», subrayó. Devaluación, palabra maldita para un Gobierno que espera ser reelecto el año que viene.
Otra mala noticia en este momento tan delicado para la economía mileísta, que ya está inmersa en una recesión técnica sin poder evitar una inflación que se resiste a ser domada. Este jueves, las petroleras confirmaron un incremento en los combustibles de entre el 2% y el 5%. Se sabe cómo impactan estos precios en la economía en general y en los productos de la canasta básica.
En un discurso ante empresarios e inversores en el The Economic Club de Nueva York, Milei prometió que si resultara reelecto en 2027, «2028 será el mejor año económico de la historia de la Argentina. No solo en términos financieros, sino también en la economía real». Con sorna, algunos malpensados recordaron los «mejores 18 meses» que habrían comenzado, según el ministro de Economía Luis Caputo, en abril pasado. ¿No lo están notando?
Podría compensar como «buena noticia» en los términos en que los presenta el Gobierno al acuerdo Corredor Andes-Atlántico que el canciller firmó junto al subsecretario de Estado, Christopher Landau. «Es la primera iniciativa de la Asociación para la Infraestructura y la Inversión Global del G7 en el Hemisferio Occidental, en una clara señal de apoyo al desarrollo de Argentina», celebró Pablo Quirno. «Se abre así un nuevo canal clave gracias a la ambición de los instrumentos conjuntos: el Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproca (ARTI) y en el Acuerdo Marco de Minerales Críticos, y Pax Silica, integrando a la Argentina a las cadenas de suministro de inteligencia artificial, semiconductores y minerales críticos», añadió el ministro de Relaciones Exteriores en X
Lanzamos el Corredor Andes-Atlántico junto al Subsecretario de Estado 🇺🇸, Christopher Landau (@DeputySecState).
Es la primera iniciativa de la Asociación para la Infraestructura y la Inversión Global del G7 en el Hemisferio Occidental, en una clara señal de apoyo al desarrollo… pic.twitter.com/nUnjfZTZYM
La iniciativa obedece claramente a un ambicioso plan anunciado en tiempos de Joseph Biden para competir con la Franja y la Ruta de la Seda china, pero que todavía anda en promesas a nivel mundial. En estas pampas, el proyecto habla de 7.000 millones de dólares del G7 para «identificar proyectos de infraestructura prioritarios para la rehabilitación y expansión de ferrocarriles, vías navegables y puertos, con oportunidades para que empresas estadounidenses compitan en licitaciones o en calidad de subcontratistas» centrados específicamente en «los recursos energéticos de la región de Vaca Muerta mediante inversión, tecnología e instrumentos financieros estadounidenses, incluyendo préstamos directos, garantías de préstamos y productos de seguros para movilizar capital, equipos y proveedores de servicios de los Estados Unidos».
Resuenan detrás de estos anuncios las palabras de Trump en Naciones Unidas. «Al vencedor le pertenecen los despojos».
Giancarlo Summa es periodista y politólogo. Colaboró en las campañas de Lula da Silva en 2002 y 2006 y fue director de comunicación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Brasil, México y África Occidental. En Buenos Aires presentó una obra colectiva coordinada junto con Mónica Herz, El desorden del mundo. La extrema derecha contra el multilateralismo en América Latina, editado por la UNSAM.
-Tengo mis dudas de si la ONU sirvió de mucho en estos más de 80 años, salvo esporádicamente.
-Yo pienso que la ONU tuvo un papel importante al organizar un lugar de encuentro y de diplomacia sobre temas diversos. Funcionó mejor en algunos periodos y ahora está una crisis como nunca se vio antes. También organizó una visión del mundo que hasta hace diez años funcionaba. La Declaración Universal de Derechos Humanos, las convenciones de Derechos Humanos, los acuerdos globales de la OIT sobre trabajo. Todo eso era una referencia civilizacional. Fue muy fuerte en el proceso de descolonización de África. En América Latina las luchas por los Derechos Humanos no hubieran sido posibles de no existir el marco de lo que es aceptable o no.
-Pero después algo pasó.
-Yo digo que en 2015 fue el Canto del Cisne. Ese año la ONU aprobó por unanimidad el acuerdo de París sobre cambio climático y la agenda 2030 con los objetivos de desarrollo sostenible, que era una cosa aspiracional: combatir el hambre, educación para todos, reducción de la desigualdad, igualdad de género. Todos los países firmaron. Hoy hay gobiernos como el de Trump y oposiciones como Vox en España que denuncian a esta agenda como un globalismo estúpido que quiere subvertir los valores nacionales. El 2016 fue el año del Brexit, primera elección de Trump y en Brasil el golpe parlamentario contra Dilma Rousseff. Fue el año en que se abrió la caja de Pandora. Pero mirando en perspectiva (yo entonces no me di cuenta), el año del quiebre en realidad fue 2008, la gran crisis financiera internacional a la que los gobiernos dieron malas respuestas.
-Salvaron a los bancos.
-Salvaron a los bancos y no a la gente. Eso llevó a la quiebra del acuerdo mínimo de confianza en los representados y los representantes. Impactó en la política, porque en los últimos 20 hubo un aumento sin precedentes en la concentración de riqueza en las manos de pocos. Los milmillonarios.
-El famoso 1% de la población.
-El 1% funciona bien como eslogan, aunque es mucho menos, tal vez el 0,1. Pero son los que dominan el planeta, tienen más recursos que los gobiernos.
-Una interpretación dice que la disputa de la actualidad es entre el capitalismo atlántico y el indopacífico.
-También hay milmillonarios allí.
-Sí, pero el Estado mantiene el control.
-En todo caso, el resto del mundo funciona con este arreglo: tú tienes microélites en cada país con sus intereses económicos y los gobiernos hacen lo que les sirve a esas élites.
-Si esas élites tienen más poder que los gobiernos era natural que la ONU se fuera diluyendo.
-Hubo algunos momentos de fricción evidente, por ejemplo, en toda la cuestión ambiental, donde tenemos a los grandes productores de combustibles fósiles, que además hacen que los gobiernos se pongan a su servicio y le den subsidios que se cortan a los pobres. Cuando la ONU empezó a estructurar una respuesta, abogando por un cambio de la matriz energética, varios Estados sabotearon ese acuerdo. Los estados hoy son una especie de instrumentos al servicio de intereses de las élites.
-Como un departamento administrativo de las élites.
-Un sociólogo inglés, Michael Mann, habla de las cuatro patas del poder social. El poder político, el poder económico, el poder militar y el poder cultural. Otros hablan del poder de las redes internacionales, la circulación de ideas, la información. Un error muy básico de los gobiernos progresistas fue concentrarse sobre la dimensión política. Lo que importa es las elecciones, sin atender las otras dimensiones del poder. Las élites, mientras los gobiernos hacen lo que ellos quieren, no necesitaban del control político. La novedad de estos diez años es que hay élites que acaban apoyando a la extrema derecha.
-En el 2015-2016 Donald Trump y Mauricio Macri, que forman parte de las élites, también llegaron al gobierno.
-Mi impresión es que ante esa placa tectónica que estamos viendo, ellos sintieron que los mecanismos de ese poder tradicional no eran suficientes. Y la forma de garantizar la continuidad del modelo de concentración de la riqueza era con una disminución de los espacios posibles de democracia, para evitar el peligro de que las cosas no fueran en la dirección que querían. Creo que en eso estamos.
-Quizás este documento de Palantir viene a ser como la frutilla del postre de todo esto.
-Probablemente cuando ellos llegaron a esa conclusión lo codificaron a partir de algo que ya está en curso. No es el Qué hacer de Lenin lo que vamos a hacer, sino lo que ya hicimos, una constatación.
-Sí, Palantir no es IA sino recopilación y estrategias con los datos que ya estaban. Entonces, ¿qué puede hacer una democracia para no fallecer en el camino?
-La articulación de los intereses del capital rentista financiero y los de la extrema derecha funcionan a nivel transnacional. Superan las fronteras. La respuesta democrática tradicionalmente intentó concentrarse en lo nacional, lo que hoy es una batalla perdida antes de empezar el combate. En ese sentido la única cosa que positiva que hemos visto en varios años fue en el encuentro progresista que se desarrolló en Barcelona (el 16 y 17 de abril pasado). No es la revolución, pero es la primera vez en años que diferentes fuerzas progresistas, democráticas, se encuentran para por lo menos empezar a hablar.
-¿El Foro Mundial Social de Porto Alegre desde 2001 no era eso?
-Es interesante, porque Porto Alegre funcionó hasta que se implementó la llamada “Marea rosa”.
Foto: Agencia de Noticias NA
-¿Hasta que Lula llegó al gobierno?
-Lula, Néstor. La izquierda consideró la discusión sobre la movilización social y la lucha por la equidad solo hasta que llegaron al poder político, sin entender la dimensión más completa del poder. La derecha hace de otra forma. En los últimos 25 años la extrema derecha realizó más de 2500 reuniones transnacionales, algunas más chiquitas, otras más grandes. Y cuando se hace la reunión de la CPAC o del Foro Madrid van los presidentes junto con los líderes de partidos, influencers, movimientos sociales. Porto Alegre funcionó y fue importante en la gestación y hasta que se llegó al gobierno, pero el gobierno es solo una parte del poder. Esto la derecha lo sabe de forma mucho más sofisticada que nosotros.
-Ellos nacieron en esa vereda.
-Exactamente, y hasta pocos años atrás no necesitaban tener a los suyos en el gobierno. Ahora, algo cambió para ellos también. Mi hipótesis es que ante esta crisis entre el viejo equilibrio y el nuevo equilibrio, el desorden actual, ellos quieren tener e la mano sobre el poder: el poder militar, el poder represivo, el poder de la fuerza.
-¿Por qué?
-Para la derecha, la cuestión de la violencia siempre fue central. El monopolio del uso de la fuerza es la violencia simbólica, la motosierra es simbólica pero práctica también, como las bombas de Trump sobre Irán. Son dos dimensiones del mismo fenómeno. Es bueno poder controlar quién utiliza directamente la fuerza, tal vez sea eso. En el 2008, quién sabe si pasaron cosas que todavía nosotros no sabemos. Pienso en si los gobiernos hubieran decidido salvar a los pueblos y no a los bancos. Un gran riesgo.
-Sí, además la crisis de 2008 no se solucionó nunca.
-Nunca. Porque no es solucionable, hay un exceso de capital circulando en el mundo, hay plata que no se sabe dónde colocar.
Iván Fiodorovich, uno de los Hermanos Karamazov, en la póstuma novela de Fedor Mijáilovich Dostoyevski esboza que «si Dios ha muerto, todo está permitido». Podría resumirse este momento de la historia en una paráfrasis: “Si la ONU no existe, todo está permitido”. Esa alegoría quedó flotando tras los discursos de jefes de estado en la 80ª Asamblea General de ese organismo surgido desde las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, con abundancia de sugerencias de reformas pero certezas de su inoperancia. Se destacaron la intervención inaugural de Lula da Silva y la de Mahmud Abbas por video conferencia -su ingreso a Estados Unidos estaba vedado por decisión unilateral de los “dueños de la pelota”- pero por su peso, impactó la de Donald Trump, que preguntó retóricamente “¿cuál es el propósito de Naciones Unidas?”, y la de Benjamin Netanyahu. El primer ministro israelí hubiese impresionado a Iván Fiodorovich Karamazov: “Bibi” pudo viajar a Nueva York a pesar del pedido de captura por crímenes de guerra impuesto por otro organismo al que el país anfitrión no adhiere, el TPI; son pocas las naciones de la tierra donde puede darse ese lujo. Una más: el viernes el Departamento de Estado anunció que revocaría la visa a Gustavo Petro por un acto público en las calles neoyorquinas junto a Roger Waters en el que instó a los soldados estadounidense a “no disparar contra la humanidad” y a desobedecer órdenes en tal sentido. “Lo que hace el gobierno de EE UU conmigo rompe todas las normas de inmunidad en que se basa el funcionamiento de las Naciones Unidas y su Asamblea General», respondió Petro en la red X.
El discurso del colombiano había sido fascinante. “Quizás una Edad de Piedra Global se ha abatido sobre la humanidad”, evaluó de entrada. “La política antidroga no es para detener la cocaína que llega a los Estados Unidos, es para dominar los pueblos del Sur en general”, señaló, en su cruzada en defensa de las amenazas contra Venezuela. En otra condena a las acciones del gobierno israelí, dijo que “Naciones Unidas debe detener el genocidio mediante una votación de la Asamblea General; y debe establecer una fuerza de mantenimiento de la paz para proteger a los palestinos (…) Necesitamos un poderoso ejército de países que no acepten el genocidio”. En la apertura del debate en la UNGA 80 (en inglés), Lula dijo que EE UU no debía cerrar el diálogo con el gobierno bolivariano y puntualizó: “nada justifica el genocidio que se está produciendo en Gaza”.
Los cuestionamientos a la ofensiva israelí fueron moneda corriente, salvo excepciones, entre ellas la del presidente argentino. Al inicio de esta Asamblea General ya suman 155 los países que reconocieron al Estado de Palestina, ahora con Francia, Reino Unido, Australia y Canadá. Netanyahu no dejó pasar el reto y consideró que hay líderes que se rindieron a la presión mediática. «¿Cuándo aprenderán? No pueden apaciguar a la yihad y no escaparán de la tormenta islamista», deslizó, para agregar que “las autoridades palestinas pagan a los terroristas para matar a los judíos. Darle a los palestinos territorio cerca de Israel es como darle estado a Al Qaeda a Estados Unidos después del 11 de septiembre. No lo vamos a hacer”. La resolución 181 de la ONU, de 1947, contempla la creación de un estado judío y uno árabe en Palestina.
Trump, acusado por muchos de los simpatizantes que le dieron su respaldo de haberse sometido a Netanyahu, había adelantado que reconocer al Estado palestino significaría “una recompensa a Hamas por sus horribles atrocidades” y consideró que en la ONU se habla mucho «pero las palabras no resuelven guerras». Desde el viernes, tal vez por eso, asegura que está cerca un acuerdo con el Movimiento de Resistencia Islámico, en el que interviene Recep Tayyip Erdogan. Sueña con el Nobel de la Paz.
Sobre el genocidio, lo que se piensa en los despachos del DC puede resumirse en un anuncio del secretario de Guerra (ya no de Defensa) Pete Hegseth del jueves: decidió que 19 soldados del 7ª de Caballería conserven las Medallas de Honor por la masacre de Wounded Knee, ocurrida contra la población indígena de la reserva de Pine Ridge, en Dakota del Sur, en 1890. En 2024 la administración Boden había ordenado revisar las condecoraciones porque los estudios históricos demostraron que de heroicos no tuvieron nada. Fue una matanza a mansalva sobre hombres, mujeres y niños indefensos de la tribu sioux lakota.
Hegseth es el mismo que según The Washington Post, emitió una orden a más de un centenar de altos mandos de las Fuerzas Armadas para una cumbre a desarrollarse en la base de la Marina en Quantico este martes. No se sabía mucho sobre los temas a tratar, pero el diario destaca que «sería extraño movilizar a toda la cúpula militar del país solo para una charla de motivación». Si se une este inusual cónclave a otra información aparecida en el The New York Times unos días antes, la cosa empieza a tomar otro espesor. El periodista Eric Schmitt afirma que según sus fuentes, el Pentágono prepara una operación militar en Venezuela. Los efectivos involucrados no son tan importantes como para una invasión, pero lo suficientes como para generar un caos “y provocar la caída del régimen” chavista. La recompensa de U$S 50 millones por la cabeza de Nicolás Maduro también puede ser un jugoso incentivo desoír los cantos de sirena de Petro. O de la ONU, si los hubiere. «
Tensiones en el Báltico
El Ejército de Dinamarca informó ayer que detectó nuevos sobrevuelos de drones no identificados durante la noche sobre varias bases e instalaciones militares, entre ellas la de Karup, la más grande del país, en lo que califica de un «ataque híbrido». En las últimas semanas se vienen denunciando incursiones aéreas sobre países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), lo que incrementa las tensiones, mientras Rusia anuncia la toma de nuevas localidades en el sur de Ucrania.
El jueves la OTAN dijo haber interceptado cinco cazas rusos cerca del espacio aéreo de Lituania, lo que se suma a denuncias de incursiones en Polonia, Estonia y Rumania. Según la organización atlántica, dos aviones de combate húngaros de la misión de policía aérea del Báltico despegaron desde la base de Siauliai para interceptar a tres Mig-31, un Su-30 y un Su35 próximos al espacio aéreo de Lituania.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, dijo que de repetirse estos incidentes podrían derribar los aparatos “si fuese necesario”. Donald Trump, a su turno, instó a sus aliados a que en un caso semejante abran fuego. Desde Moscú, el vocero del Kremlin, Dmitri Peskov protestó enfáticamente que “una vez más escuchamos esta exaltada histeria sobre que nuestros pilotos habrían violado alguna norma y penetrado en el espacio aéreo de otros países. Pero todas estas afirmaciones son completamente infundadas y carecen de pruebas”. En el canal Rossiya 1 fue más lejos: «las declaraciones de que deben derribar aviones rusos tienen, por supuesto, consecuencias peligrosas».
Veinte minutos y una foto junto a Donald Trump con los pulgares para arriba fue el corolario más esperado de la bilateral que quiso mostrar Javier Milei para llevar algo de calma a los mercados antes de las elecciones del 26 de octubre. Al término del encuentro que se desarrolló en Nueva York, en el marco de la 80ª Asamblea General de la ONU, hubo palmadas tranquilizadoras, frases de compromiso sobre la amistad que dicen dispensarse ambos jefes de Estado, loas al rol de «fuerte aliado» que Estados Unidos tiene ahora en la otra punta del continente, todo eso sazonado con el apoyo total del empresario inmobiliario incluso hasta para una aún lejana reelección de su colega de la Casa Rosada. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, a su turno, fue hasta quizás más enfático en un cruce con la senadora demócrata Elizbeth Warren, que cuestionó severamente el salvataje de la actual administración al Gobierno argentino. Hoy Bessent informó que «el Tesoro está negociando actualmente con las autoridades argentinas una línea swap de 20.000 millones de dólares con el Banco Central. Trabajamos en estrecha coordinación con el gobierno argentino para evitar una volatilidad excesiva». Antes, el Banco Mundial había anunciado que aceleraría un desembolso de 4.000 millones de dólares que está incluido en un paquete de apoyo de 12.000 millones anunciado en abril.
En el aspecto público, Milei logró ponerse en los spots nuevamente, como cuando asumió el cargo, en diciembre de 2022, y mostró fuertes cartas de que recibirá «todo lo que haya que poner», en palabras de Bessent, para terminar con las turbulencias que acosan a la gestión de Luis Caputo. Pero fuera de cámara hay un entramado del compromiso estadounidense con detalles que no trascendieron de inmediato. La experiencia demuestra que «la gran democracia del norte» no hace beneficencia ni tiene por costumbre hacer negocios en que los dos ganen algo. Mucho más explícitamente con Trump, los negocios son una perinola en la que a ellos siempre les toca el «toma todo». De todos modos, en medio de una gran «emoción», el ministro de Economía, Luis Caputo, aclaró que el prestamista del norte «no pidió nada a cambio».
Amigos son los amigos Todavía estaban las sillas calientes cuando desde la cuenta oficial de la Oficina del Presidente postearon en la red X una foto en la que el mandatario argentino celebra un mensaje impreso del presidente de Estados Unidos en su red Truth Social. «El muy respetado presidente de Argentina, Javier Milei, ha demostrado ser un líder verdaderamente fantástico y poderoso para el gran pueblo argentino, avanzando en todos los niveles a una velocidad récord», escribe Trump, para agregar: «Él heredó un “desorden total” con una inflación horrible causada por el anterior presidente de la izquierda radical (al igual que el deshonesto Joe Biden, el peor presidente de la historia de nuestra nación), pero ha devuelto la estabilidad a la economía argentina». El final es sugerente: «Argentina: Javier Milei es un muy buen amigo, luchador y ganador, y tiene mi respaldo completo y total para la reelección como presidente, ¡nunca te decepcionará!», dice la traducción que publica OPRArgentina. Otra versión posible para el «He will never let you down!» del texto podría ser «Nunca te defraudará». Una nimiedad, pero quién sabe.
El Presidente Javier Milei recibió por parte del Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, la publicación impresa en la red social Truth donde expresa su apoyo al Gobierno Nacional.
"El muy respetado presidente de Argentina, Javier Milei, ha demostrado ser un líder… pic.twitter.com/C53ilTKtBi
No había pasado demasiado tiempo cuando Bessent se trenzó en un debate por X con Warren, representante del ala izquierda de los demócratas y contendiente en las primarias por la presidencia en 2020 y 2024. «Primero, Trump nos hizo pagar precios más altos por el café y la carne para apoyar a un golpista convicto en Brasil. Ahora quiere que los contribuyentes estadounidenses rescaten a su amigo Milei en Argentina. Trump debería dejar de aumentar los precios para los estadounidenses y de regalar nuestro dinero a sus amigos corruptos», señala la legisladora por Massachussetts. La chicana venía a cuento de los aranceles extraordinarios del 50% a productos brasileños con la excusa de la condena judicial a Jair Bolsonaro; pero engloba a Milei en la categoría de «amigo corrupto». No hace falta acotar a qué se refiere.
La respuesta de Bessent tiene lo suyo, porque ubica al candidato a la alcaldía de Nueva York, Zorhan Mandani, en un equipo seguramente impensado para él. «Pocos deberían sorprenderse por la interpretación autocompasiva de @SenWarren de “Don’t Cry for Me Massachusetts” –le dice a Warren–. Las políticas económicas destructivas que ha impulsado desde que se incorporó al Senado en 2013 rivalizan con la fallida agenda izquierdista de la oposición argentina. Si su alma gemela política y compañero peronista estadounidense, @ZohranKMamdani, llega a la alcaldía de la ciudad de Nueva York, estoy seguro de que el senador pedirá un rescate financiero cuando lleve a la ciudad a la quiebra».
Pero luego Bessent analiza –y justifica a su manera– la razón financiera para la supuesta ayuda a nuestro país. «Los fondos de inversión que atacaron los activos argentinos en los últimos meses sin duda sufrieron grandes pérdidas ayer. Los fondos mutuos a largo plazo y los fondos de pensiones que invierten en nombre de los trabajadores estadounidenses se beneficiaron (por el apoyo de Estados Unidos)».
Few should be surprised by @SenWarren’s self-pitying rendition of “Don’t Cry for Me Massachusetts.”
The destructive economic policies she has championed since joining the Senate in 2013 rival the failed leftist agenda of the Argentine opposition. Should her political soulmate… https://t.co/CtyIPPO68V
— Treasury Secretary Scott Bessent (@SecScottBessent) September 23, 2025
O sea, cualquier posible envío de dinero –de la manera en que eso llegara a ocurrir– no es para los argentinos sino para las jubilaciones de los estadounidenses, en riesgo por la caída de los bonos vernáculos. Suena como la explicación de Mauricio Macri para el «rescate» del FMI de 2018.
Contracara sudamericana El otro tema que Warren saca a relucir es el de los aranceles contra Brasil. Precisamente en la misma jornada, y como ya es tradición, el inicio de la ronda de debates en la Asamblea General corresponde al presidente brasileño y lo sigue el estadounidense. Un rito desde hace 80 años en reconocimiento al país sudamericano por haber enviado tropas a combatir contra los nazis en la II Guerra Mundial.
Hubo cumbres en las que las lisonjas entre Bolsonaro y Trump, durante su primer mandato, eran casi obscenas. Porque comparten una ideología ultraderechista sin fisuras que querían mostrar en ese escenario. Ahora el estadounidense no duda en una injerencia no menos obscena para presionar por la liberación del expresidente. Esta vez, Lula da Silva usó apenas 18 minutos para plantar una agenda diametralmente opuesta a su par norteamericano. «La pobreza es tan enemiga de la democracia como el extremismo», dijo el exmetalúrgico.
«La única guerra de la que todos pueden salir victoriosos es la que libramos contra el hambre y la pobreza», agregó. «En todo el mundo, las fuerzas antidemocráticas están tratando de someter a las instituciones y reprimir las libertades. Adoran la violencia, alaban la ignorancia, actúan como milicias físicas y digitales, y restringen a la prensa», puntualizó luego.
Tuvo más frases destacables, lanzadas así, de un tirón, sin ayudamemoria ni texto escrito. «Un antiguo jefe de Estado fue condenado por atacar la democracia, por primera vez en los 525 años de historia de Brasil. Se respetó su derecho a defenderse ante los tribunales, algo que se le habría negado en una dictadura (…) Nuestra democracia y nuestra soberanía no son negociables».
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