El arrebatado mensaje de apertura de sesiones ordinarias del Congreso Nacional fue un marco adecuado para «no hablar de ciertas cosas» –como diría Luca Prodan–, pero también para que, en el fárrago de insultos y estudiados movimientos de cámara, el presidente Javier Milei deslizara sin tanta visibilidad su intención de volver atrás el reloj de la historia argentina. En principio, medio siglo, que es la distancia entre la Ley de Contrato de Trabajo 20.744 y la N°27.802, promulgada este viernes y terminada de aprobar con mayorías cómodas en ambas Cámaras el 27 de febrero, y que clausura derechos y garantías conquistadas mucho antes.
En una semana en que desde una oposición golpeada y sin respuesta se cuestionaba el mensaje presidencial y las internas en torno al primer mandatario afloraban en carne viva, el Gobierno también dio pasos que van contra consensos democráticos alcanzados desde 1983. Adosado al interés imperial de Estados Unidos, el ministro de Defensa, el general Carlos Presti firmó una Declaración Multilateral en materia de Defensa y Seguridad con representantes de 15 países de la región. El militar que está cargo del área de Defensa –una anomalía para la democracia recuperada en 1983 y todo un símbolo cuando se cumplen 50 años de aquel golpe criminal–, es también heredero de una dinastía: su padre llegó al grado de coronel y recibió acusaciones de delitos de lesa humanidad. El ministro, que era jefe del Estado Mayor General del Ejército desde enero de 2024, juró el cargo el 10 de diciembre pasado, día de los Derechos Humanos.
El jueves, en un encuentro bautizado Conferencia Anticárteles convocada en Washington, Presti firmó la Declaración de Seguridad Conjunta, lo que implicaría la participación de militares en la lucha contra el narcotráfico, o en palabras de Trump, «narcoterrorismo». «Por primera vez estamos a la ofensiva contra los narcos. Ya no tenemos lanchas para hundir», lanzó el secretario de Guerra de EE.UU., Pete Hegseth en ese acto.
También surgió el viaje de Milei para participar del lanzamiento del Escudo de las Américas, una iniciativa de Donald Trump que tiene como razón de ser «el combate a los carteles del narcotráfico, la seguridad y la migración masiva», aunque al mismo tiempo pretende limitar la influencia de China y Rusia en el sur del Río Bravo. «Doctrina Monroe», se jacta el no menos violento inquilino de la Casa Blanca, que a su vez hace lo posible por rescatar, en una mezcla, la temible Escuela de las Américas con la Doctrina de la Seguridad Nacional que coronaron el golpe cívico-militar de 1976. La iniciativa se inscribe en la vieja Doctrina de la Seguridad Nacional pero reforzada y enfocada en China, aunque con el barniz de una lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. Excusa que facilitaría incrementar los niveles de represión y persecución en todos y cada uno de los países participantes. En este encuentro, Milei se codeó con el ecuatoriano Daniel Noboa, el paraguayo Santiago Peña, el salvadoreño Nayib Bukele y el chileno José Antonio Kast, a punto de asumir la presidencia. No asistieron los jefes de estado de Brasil, México, Colombia, Guatemala y, por supuesto, Cuba, Nicaragua ni Venezuela.
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Shield of the Americas Summit: the historic meeting reinforcing the Donroe Doctrine pic.twitter.com/TC7hg6OArN
Recambio Mientras la alianza sin fisuras que Milei estableció con Trump mete al país en una guerra de imprevisibles consecuencias en el Oriente Medio extendido, con epicentro en Irán, se terminó de producir un recambio de Gabinete nacional que se venía demorando desde fines del año pasado. El «coronado» para ocupar el Ministerio de Justicia que dejó Mariano Cúneo Libarona fue el controvertido Juan Bautista Mahiques, hasta ahora fiscal general de la Ciudad de Buenos Aires, hombre de la familia judicial y miembro de una dinastía de fuerte influencia en los círculos del poder real. Asiduo concurrente a encuentros reñidos con lo que se entiende como moral cívica de un magistrado –como la famosa visita a la estancia el millonario británico Joe Lewis en Lago Escondido–, este Mahiques también tiene vinculaciones con la Asociación del Fútbol Argentino, donde había sido designado vicerrector de la Universidad de la AFA por Claudio «Chiqui» Tapia.
Juan Bautista Mahiques asumió durante un acto en la Casa Rosada en el que quedó en claro que Karina Milei es definitivamente la jefa del Gobierno libertario en detrimento del encumbrado asesor Santiago Caputo, que en las primeras designaciones del nuevo ministro perdió a todos sus alfiles en esa cartera. El saludo displicente de Caputo, con las manos en los bolsillos cual irlandés opuesto a la monarquía, fue tendencia en las redes.
Tapia, acosado por denuncias judiciales desde fines del año pasado, enfrenta el asedio del grupo Clarín por contratos de televisación caídos y de los «privatistas» del fútbol, tuvo su venganza cuando consiguió que gracias a sus gestiones el gendarme Nahuel Gallo fuera liberado por el Gobierno de Delcy Rodríguez en Venezuela. Los intentos oficiales por minimizar la participación del pope del fútbol argentino en ese operativo, para el que puso a disposición un avión contratado por la AFA, fue recordado por una pareja de argentinos que quedaron varados en Emiratos Árabes Unidos tras el cierre de los aeropuertos como consecuencia de la guerra desatada por Israel y Estados Unidos el sábado pasado. Virginia Luca se hizo famosa en la televisión cuando la llamaron para que contara sus desventuras en el país árabe, donde estaba de viaje mediante una empresa low cost que los dejó de a pie. No tuvo mejor idea que plantear que estaba a la espera de que Tapia hiciera de las suyas para traerlos de vuelta.
Argentinos varados en medio oriente piden ayuda al Chiqui Tapia. Hay que cerrar el estadio.- pic.twitter.com/O4PoLOC0qn
Quizás en la entrevista que emitirá LN+ este domingo, Javier Milei deje algunos apuntes ante el comunicador oficialista Luis Majul de este objetivo de inserción del país en una coalición ultraderechista que está poniendo al mundo en vilo. En su discurso del 1 de marzo, el presidente adelantó algunas frases que marcan el rumbo: «Es hora de hacer de esto (una alianza indisoluble con EE.UU.), una política de Estado. Tenemos que crear el siglo de las Américas: Make Americas Great Again, de Alaska a Tierra del Fuego». Más claro: nada de decirle No al ALCA ni de declararse neutral en guerras que no involucran los intereses del país. El ALCA fue una iniciativa de Bill Clinton; el Proyecto del Nuevo Siglo de América (no de las tres Américas, sino de EE.UU.) fue pergeñado en 1997 por dos ultraconservadores, William Kristol y Robert Kagan, y en 2001 comenzó a ponerse en marcha luego de los atentados a las Torres Gemelas. Irán es el otro objetivo de aquella belicosa propuesta que quedó trunca en Irak y Afganistán y a la que alude, no de manera casual, el presidente de los argentinos.
Como viene ocurriendo desde asumió la primera magistratura argentina, el Foro de Davos fue un espacio muy apetecible para que Javier Milei pueda mostrarse como líder intelectual del espacio libertariano ante los ultrarricos que digitan la economía y las finanzas del mundo. Esta vez, en lugar de ponerse provocativo con determinados sectores sociales, eligió una suerte de clase filosófica sobre la eficiencia política «en contraposición con el respeto de los valores éticos y morales de Occidente». Un tema espinoso más propio de algún ámbito académico que, además, contrastó con la pelea en sordina que habían desarrollado sus antecesores en el uso de la palabra sobre lo que realmente está en juego en este delicado momento para el planeta. Tanto fue así que el primer ministro canadiense, Mark Carney, sacudió el avispero hablando de «la ruptura del orden mundial, el fin de la grata ficción y del amanecer de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno» y el estadounidense Donald Trump volvió con su reclamo sobre Groenlandia, territorio al que definió como «un pedazo de hielo» al que no piensa renunciar, con una amenaza que dejó flotando en el aire: «Pueden decir que sí (y cederlo a EE.UU.) y se lo agradeceremos mucho. O decir que no y lo recordaremos». El argentino, mientras tanto, en media hora creyó haber demostrado que «el capitalismo de libre empresa no solo es más productivo, sino que además es el único sistema justo» y se fue convencido de haber clavado el último clavo en el ataúd de Maquiavelo.
Con prolíficas citas de autores mayoritariamente de la Escuela Austríaca, Milei propuso salvar a Occidente volviendo a inspirarse en «la filosofía griega, abrazar el derecho romano y retornar a los valores judeo-cristianos», Luego abundó en elucubraciones –mucha intervención de Adam Smith y algo menos de John Locke en los argumentos– acerca de las ventajas del libre mercado sobre cualquier tipo de intervención estatal para corregir «fallos de mercado que desde mi perspectiva no existen». Pero tanta estructura lógica devino en el postulado de que «desde Mises, Hayek, Rothbard, Kirzner, Hoppe hasta Jesús Huerta de Soto, ha demostrado la imposibilidad del socialismo». Más aún, para alguien que se muestra ducho en demostraciones lógicas, resulta una base endeble pretender que se deba «aceptar con carácter axiomático el principio de que todo ser humano tiene derecho de apropiarse de los resultados de su creatividad empresarial». O sea, aceptar como una cuestión de fe.
Fruto de una necesidad axiomática similar, seguramente, fuera del Congreso de la Nación Argentina la Policía de la Ciudad arremetía contra un grupo de jubilados que como todos los miércoles se junta para reclamar por sus derechos.
Contrastes Es interesante contrastar el discurso de Milei, que fustigó al socialismo y especialmente a lo que considera su «versión más hipócrita, el wokismo», con el mensaje disruptivo de Carney, que utilizó la figura esbozada por quien fue el último presidente de Checoslovaquia y el primero de la República Checa, Vlaclav Havel, sobre un imaginario verdulero que, con solo dejar de poner un cartel en favor del Gobierno socialista en su local, logró que se cayera el sistema en el Este europeo. Carney propuso, de este modo, que el mundo deje de vivir en la mentira.
«Ha llegado el momento de que las empresas y los países retiren sus letreros. Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamamos el orden internacional basado en reglas. Nos unimos a sus instituciones, alabamos sus principios y nos beneficiamos de su previsibilidad. Podíamos impulsar políticas exteriores basadas en valores bajo su protección». Pero luego fue al grano: «Ese pacto ya no funciona (…) estamos en medio de una ruptura, no de una transición» en que las grandes potencias actúan sin freno, para recordar al historiador griego Tucídides: «Los fuertes hacen lo que pueden, y los débiles sufren lo que deben». Y señaló que «ante esa lógica, existe una fuerte tendencia de los países a adaptarse para encajar. A acomodarse. A evitar problemas. A esperar que el acatamiento compre seguridad». Se diría que es el mismo diagnóstico que hace la dirigencia conservadora y ultra argentina; pero con un contenido diametralmente opuesto.
Carney, que no es un populista precisamente, llegó al Gobierno en marzo del año pasado luego de la crisis política derivada, esencialmente, de las primeras movidas de Trump en la Casa Blanca, cuando declaró de modo despectivo que Canadá debería incorporarse a la Unión como estado número 51. Proveniente del Partido Liberal, hizo su eje de campaña en torno a la defensa de la soberanía del país, un tradicional y hasta obsecuente aliado de EE.UU. por décadas. Pero a medida que tanto Trump como él se fueron consolidando y Carney surfeó amenazas de aranceles y presiones políticas, se fue desmarcando de esa tradición. Así, hace unos días viajó a Beijing para mantener una bilateral con Xi Jinping y ahora, en su mensaje en la ciudad suiza, casi que se propone para liderar a los «descontentos» con la Casa Blanca.
A pleasure to meet with President Xi in Beijing.
Canada and China are forging a new strategic partnership. We’re leveraging our strengths — focusing on trade, energy, agriculture, seafood, and other areas where we can make massive gains for both our peoples. pic.twitter.com/C1YGTF5w7J
Es interesante desde dónde habla Carney. Se reconoce administrador de una potencia intermedia, que no tiene cabida en la mesa de los grandes, pero que tiene potencial para hacer ruido. Digamos que Canadá fue desde los años 70 proveedor de tecnología nuclear y de hecho la Central Embalse es del tipo Candu (Canadá Deuterio Uranio). Sobre esta base se desarrolló el Proyecto Carem(Central Argentina de Elementos Modulares), un reactor de baja potencia en el que nuestro país es líder y que los Gobiernos conservadores hicieron lo posible por desarticular. El de Milei no es la excepción. Todo en el altar de un seguidismo de EE.UU. que el premier canadiense ahora descubre como letal para sus propios fines de desarrollo.
Mark Carney. El primer ministro canadiense sacudió el avispero en la reunión anual del Foro Económico Mundial.
Foto: Getty Images
Asunto de otros Trump, por su parte, se explayó en autoalabanzas y en cuanto a sus aliados europeos, de alguna manera hizo recordar aquella frase de Henry Kissinger: «Ser enemigo de EE.UU. es peligroso, pero ser amigo lo es más». Así, dijo que no piensa usar la fuerza para tomar Groenlandia. Y explicó: «EE.UU. solo pide un lugar llamado Groenlandia, que ya teníamos como administración fiduciaria, pero que respetuosamente devolvimos a Dinamarca no hace mucho, tras derrotar a alemanes, japoneses, italianos y otros en la Segunda Guerra Mundial. Se lo devolvimos. Éramos una fuerza poderosa entonces, pero ahora somos mucho más poderosos».
En cuanto a la OTAN y la guerra en Ucrania, dijo que espera que se llegue a un acuerdo de paz pronto y que trabaja para ello. Pero agregó, lapidario: «¿Qué gana EE.UU. con todo este trabajo? Todo este dinero, aparte de muerte, destrucción y enormes cantidades de efectivo, va a parar a personas que no aprecian lo que hacemos. No aprecian lo que hacemos. Hablo de la OTAN. Hablo de Europa. Ellos tienen que trabajar en Ucrania. Nosotros no. Estados Unidos está muy lejos. Nos separa un océano inmenso y hermoso. No tenemos nada que ver con eso».
A todo esto, si la Unión Europea esperaba que apurando el dilatado acuerdo de libre comercio con el Mercosur le estaban mostrando algún tipo de independencia a Trump, casi en simultáneo a estos discursos en Davos se llevó un chasco no demasiado lejos de allí, en Estrasburgo, donde el Parlamento Europeo votó por una mínima mayoría enviar al Tribunal de Justicia (TJUE) el documento firmado en Asunción para que los jueces analicen si viola alguno de los acuerdos comunitarios. Lo que podría ser otra demora en activar el pacto arancelario o el preludio a su clausura seguramente definitiva.
Finalmente, Milei se sumó a la propuesta de integrar como socio fundador el Consejo de Paz con que Trump busca diluir lo que queda de Naciones Unidas. El único problema será de dónde sacar los 1.000 millones de dólares que cuesta la membresía.
El 2025 comienza con aumentos en los precios de todos los servicios –gas, electricidad, agua– y combustibles, con lo que el costo de los boletos de transporte también se incrementará más temprano que tarde, a pesar de que, según las cifras oficiales, la inflación viene en baja. El año nuevo ya se había anunciado con malas noticias por el desguace y el desmantelamiento de áreas claves del Estado, comentaba el titular de ATE nacional, Rodolfo Aguiar, en una asamblea del gremio para tratar los despidos en la exEsma y el cierre del Centro Cultural Haroldo Conti. No se había cumplido una semana de esta nueva hoja del almanaque cuando el Gobierno le dio una vuelta más de tuerca a la tormentosa relación con Venezuela: mientras reclamó ante la Corte Penal Internacional (CPI) por la detención del gendarme Nahuel Gallo, arrestado desde el 8 de diciembre en algún lugar de Caracas no revelado, Javier Milei recibirá al antichavista Edmundo González Urrutia, al que reconoce –al igual que países europeos y EE.UU.– como presidente de Venezuela, cuando el próximo viernes Nicolás Maduro será investido con un nuevo mandato.
Parecen muchos temas para tan pocos días, pero se sabe que la gestión paleolibertaria actúa con urgencias para implementar sus políticas. Para remachar en caliente, como se suele decir, o simplemente para cambiar los ejes de la sociedad antes de que las variables económicas dejen de resultar favorables. Y ojo que Milei no se anda con vueltas a la hora de explicar su estrategia. Ya lo dijo en el cierre del Coloquio de IDEA, la ONG empresarial, en el encuentro que se realizó en Mar del Plata en octubre pasado.
«Teníamos claro que por el tipo de ajuste que estábamos haciendo era muy probable que el impacto más fuerte se sintiera durante el primer trimestre. Por lo tanto, también era importante hacerlo durante vacaciones, para que la gente no se enterara tanto, por decirlo de alguna manera, de lo que estaba ocurriendo», dijo esa vez, con un guiño canchero y sin sonrojarse.
Parece que en este verano pretende repetir aquel impacto y comenzó con despidos en todas las áreas del Estado y especialmente en las relacionadas con la defensa de los derechos humanos y los Espacios de la Memoria. Sitios que la sociedad fue recuperando para resaltar los valores con que buscó construir la democracia luego de los años del horror de la dictadura cívico-militar.
La dupla ganadora del balotaje de noviembre de 2023 era rotundamente negacionista, con un candidato a presidente que resaltó en cada ocasión su rechazo a las políticas desarrolladas por Raúl Alfonsín desde el 10 de diciembre 1983, y Néstor y Cristina Kirchner en este siglo. Su vicepresidenta, Victoria Villarruel, por lo demás, desplegó su carrera política reivindicando a los condenados por crímenes contra la humanidad.
Las notorias diferencias que fueron creciendo entre ellos en este año y monedas nunca borraron, y puede aventurarse que no lo harán, esa coincidencia de matriz.
Lo que para un mandatario que hace gala de elementos de la lógica para ridiculizar a quienes se oponen a su línea de pensamiento –con términos como «falacia ad hominem», propios de manuales de escuela secundaria–, estos días marcaron también groseras contradicciones, solo explicables por la banalidad esencial de sus argumentaciones.
Veamos: que las fuerzas de seguridad impidan el acceso a los edificios destinados a mantener la llama de los derechos humanos, en los mismos sitios donde se produjeron las peores atrocidades, espacios que siguen una línea que en Europa se desarrolló tras la Segunda Guerra Mundial y para mantener el permanente recuerdo de la barbarie nazi en los campos de exterminio.
❗Repudiamos el accionar de la Secretaría de Derechos Humanos en la ex ESMA, impidiendo el acceso a trabajadores y trabajadoras, en el marco de los despidos masivos. Lo hacen con el uso de personal policial donde funcionó un centro clandestino y hoy existe un espacio de memoria pic.twitter.com/3pSfNhf4xW
Que luego de los incidentes con el Gobierno de Maduro –que llegaron al punto de un generarme argentino detenido por intentar su ingreso irregular en Venezuela, en condiciones difíciles de explicar para las autoridades nacionales– la cancillería recurra al la Corte Penal Internacional (CPI) se convierte en un despropósito. Más aún, cuando la ministra Patricia Bullrich, jefa de la institución en la que reporta Nahuel Gallo, habla de «desaparición forzada» del joven a manos del «régimen de Maduro». Y que lo catalogue de «crimen imprescriptible para los autores», al mismo tiempo que desde otros rincones de esa gestión se analizan mecanismos para liberar a los condenados de la última dictadura.
Denunciamos desde nuestra Cancillería ante la Corte Penal Internacional al régimen de Maduro por la desaparición forzada de nuestro gendarme Nahuel Gallo. Crimen imprescriptible para los autores. No vamos a permitir que el régimen tome de rehén a Nahuel.
Por si esto fuera poco, la CPI es el mismo tribunal al que adhiere Argentina, donde tiene rango constitucional, y que recibió fuertes críticas de la Casa Rosada en noviembre a raíz de la orden detención contra el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu por crímenes de lesa humanidad en Gaza. Lo que evidencia una ostensible doble vara, aunque en el contexto actual de las relaciones internacionales, habrá que reconocer que no desentona tanto.
Declaración de la República Argentina en defensa de Israel
La República Argentina manifiesta su profundo desacuerdo con la reciente decisión de la Corte Penal Internacional (CPI) de emitir órdenes de arresto contra el Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y el…
Para un Gobierno que se basa en irritaciones varias diseminadas en las redes sociales, provocaciones calculadas y el ejercicio pertinaz de la simulación, el despido de la subsecretaria de Turismo, la segunda del titular de esa área, el excandidato peronista Daniel Scioli, aparece como otra puesta en escena de pretendida austeridad. Yanina Martínez viajó a Londres y cayó mal que hubiera desoído la orden presidencial de no salir de vacaciones al exterior. Por otro lado, Bullrich explicó su visita a Disney en que era una vieja promesa a sus nietos para «cuando terminaran la primaria». El vocero Manuel Adorni irá por esos lares también. Él aseguró que hace diez años vacaciona con su familia en Miami y no era cuestión de cambiar las costumbres.
En este rubro marquetinero habría que anotar al retiro de la custodia a la exprimera dama Fabiola Yañez en Madrid. En este caso, Bullrich respondió públicamente a una orden de Milei para proceder en un asunto que lo preocupa, dice, como es el uso que se les da a los impuestos de los ciudadanos, que, afirma, deben ser «para mejorar la vida de la población. No para privilegios de quienes no llevaron con austeridad la investidura».
Presidente: ya hago el informe de manera inmediata y se lo elevo a la Justicia. https://t.co/0qjuFTRBp5
La idea de que la disolución de la Unión Soviética fue una catástrofe para el espacio socialista pero también para Estados Unidos no es nueva. Analistas de fuste como el francés Tierry Meissan sostienen que incluso la falta de un enemigo enfrente, como era el bloque comunista, dejó a Occidente sin un incentivo para sostener su unidad. Y en el caso estadounidense, dejó –entienden– a la principal potencia planetaria en riesgo de una guerra civil porque su cohesión interna estaba amalgamada en torno a un objetivo al que finalmente llegó sin la guerra con la que soñaban sus estrategas. La realidad de EE.UU. de estos últimos años da ejemplos en favor de esa tesis, lo que explicaría el rol que intenta cumplir Donald Trump en esta particular trama.
No es novedoso tampoco sostener que el presidente argentino adhirió a esas estrategias extremas para cimentar su imagen política en un contexto como el de la crisis económica que asolaba al país. Y desde el 10-D de 2023 busca consolidarla para aplicar sus políticas regresivas en modo «aturdimiento colectivo». En ese período, tanto él como funcionarios y adherentes del oficialismo, descargaron en forma recurrente agravios y descalificaciones hacia opositores políticos, sectores sociales, organismos de derechos humanos, sindicatos, entre muchos otros. Las agresiones manifestadas en la ciudad suiza el 23 de enero, sin embargo, generaron las masivas marchas del 1 de febrero en todo el país. No siempre es gratis agraviar.
El fuego y sus circunstancias Todo el debate generado en torno a esa alta dosis de ira del jefe de Estado fue en paralelo al avance de las llamas en la cordillera patagónica. En esta instancia, el Gobierno nacional –con el inestimable aporte de los gobernadores Ignacio Torres, de Chubut, y Alberto Weretilnek, de Río Negro– tiraron la pelota afuera para no hurgar en las responsabilidades del desastre ambiental, social y económico que se extiende desde San Carlos de Bariloche hasta El Bolsón y Epuyén. Al igual que el «seguidismo» característico de Milei sobre Trump –como el anuncio de retiro de organizaciones internacionales como la OMS o la Comisión de Derechos Humanos la ONU–, la Casa Rosada buscó culpables antes que soluciones. Así había hecho días antes el magnate inmobiliario, culpando a los demócratas por los incendios en Los Angeles.
En esta parte del continente se apunta a los mismos que en su anterior paso por el Ministerio de Seguridad había designado Patricia Bullrich: las comunidades mapuche. Un enemigo más fácil de reconocer y un pueblo que desde la recuperación de la democracia venía logrando mínimas, aunque importantes, reivindicaciones territoriales y culturales. Como se recordará, en enero de 2016 Bullrich comenzó a hablar de una organización denominada Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) y los medios nacionales señalaron a Facundo Jones Huala como su «violento» líder.
Desde entonces la RAM estuvo a mano para caratular cualquier incidente en esas regiones, donde el que aparece como dueño y señor de voluntades y fuerzas de choque es el inglés Joe Lewis, quien en abril pasado fue condenado en Nueva York a tres años de libertad condicional y el pago de 5 millones de dólares de multa tras haberse declarado culpable del uso de información confidencial para hacer negocios bursátiles. La RAM y Jones Huala volvieron a la escena en esta nueva etapa, con una detención del lonko mapuche de menos de 24 horas, el 19 de enero, tras haber sido acusado de intento de robo de un auto, que no pudo probarse ante la fiscalía.
A medida que los incendios se extendían, ni Torres ni Weretilnek hablaban de cómo frenar el infierno, ni de si se debía a cuestiones climáticas, falta de previsión o la necedad de algún turista o, como finalmente se demostró, a un hecho intencional.
EL BOLSÓN: ESTAMOS ANTE UN HECHO INTENCIONAL Y DELICTIVO
La Policía de Río Negro, el Fiscal de Turno y peritos accedieron a los puntos donde comenzó el fuego. En uno de ellos se encontró una botella de vidrio, que será peritada para determinar su vinculación con el incendio.… pic.twitter.com/yBExy5qaDR
LOS DELINCUENTES QUE INCENDIAN NUESTRA CORDILLERA VAN A TERMINAR TODOS PRESOS
Hoy, después de estar en Epuyén acompañando a las familias damnificadas por el incendio, estuvimos presentes en un nuevo foco ígneo que estaba siendo rápidamente apagado por los Bomberos, luego de que,… pic.twitter.com/xAej0wstT2
No le pusieron nombre a los supuestos autores, pero a los pocos días se registraron incidentes en la comisaría de El Bolsón cuando un grupo de pobladores fueron a reclamar por la detención de tres brigadistas y fueron apaleados por parapoliciales a caballo. El intendente de esa ciudad de la Comarca Andina, Bruno Pogliano, dio la vuelta de tuerca que faltaba al hablar de terrorismo.
Bullrich, a todo esto, anunciaba que el Gobierno nacional declarará a RAM como organización terrorista. Fue el mismo día que la cartera a su cargo pasó de ser Ministerio de Seguridad de la Nación a Ministerio de Seguridad Nacional. «No es solo un cambio de nombre, es una transformación profunda en la forma de entender la seguridad en nuestro país». Posteó en sus redes la funcionaria, para afirmar luego que la prioridad «será la lucha contra el crimen organizado y el terrorismo».
EL MINISTERIO DE SEGURIDAD DE LA NACIÓN AHORA ES EL MINISTERIO DE SEGURIDAD NACIONAL: UNA NUEVA ERA CONTRA EL CRIMEN
Argentina tiene, por primera vez, un Ministerio de Seguridad Nacional. No es solo un cambio de nombre, es una transformación profunda en la forma de entender la…
Como consecuencia de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el Gobierno de George W. Bush desplegó una guerra global contra el terrorismo, amparado en la llamada ley USA Patriot (rebuscado acrónimo en inglés por «Ley para Unir y Fortalecer a Estados Unidos Proveyendo las Herramientas Apropiadas Requeridas para Impedir y Obstaculizar el Terrorismo»), muy criticada porque otorga poderes especiales al Gobierno federal para realizar escuchas telefónicas y vigilar las comunicaciones electrónicas, entre otras cuestiones.
Nunca hubo consenso sobre qué debe entenderse como terrorismo porque algunas de las definiciones les cabrían a acciones que suelen cometer las grandes potencias. El proyecto de Milei-Bullrich también recurre a un enemigo al que acusar de promover el terror. Puede ser el kirchnerismo, el radicalismo, la comunidad LGTBQI+, el socialismo-comunismo… o los mapuches por los incendios en el sur.
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