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La impostura malvinera

La impostura malvinera

Las palabras, tan devaluadas en épocas de emociones violentadas desde las redes y ciertos Gobiernos, suelen revelar mucho más de lo que puede interpretarse a primera vista. Y las que atraviesan las sociedades, en determinados momentos, alumbran allí donde los mejores reflectores no llegan.
Ya van para dos meses que cuatro palabras pintadas con aerosol en una sábana ingresada subrepticiamente en el estadio donde Argentina derrotó a Inglaterra en el último mundial de fútbol resultó un parteaguas para una sociedad que parecía adormecida ante una crisis que no es solo económica, sino fundamentalmente de identidad. Así se entiende que, en el contexto de la «batalla cultural» que pretende imponer la ultraderecha, esa frase haya descolocado tanto a los promotores de esa corriente extremista como para que este jueves el presidente Javier Milei tuviera que recular de su conocido repudio a la argentinidad en general, y en un discurso por cadena nacional de un cuarto de hora, se vistiera de nacionalista, en un remedo grotesco de aquel general que, cuando la dictadura cívico-militar se hundía irremediablemente, conjeturó que la recuperación de las Malvinas podía persuadir a las multitudes de su compromiso con los valores de la nación, sometida a ese proyecto neoliberal que encarnaban, a sangre y fuego.


Quien no conociera los antecedentes, incluso personales, de Milei con Malvinas, se puede quedar con el mensaje de tono épico que esbozó el primer mandatario, rodeado de sus ministros. Y podría decir que comparte algunos de los puntos que resaltó, los cuales, en su nudo central, representan la posición diplomática tradicional de Argentina. «Las Malvinas son argentinas, por historia y por derecho. (…) Las islas formaron parte del territorio argentino desde los orígenes de nuestra nación. En 1833 el Reino Unido ocupó las Malvinas, expulsó a las autoridades argentinas e instaló una situación colonial que se perpetúa hasta nuestros días. Esto implica que los isleños, al ser una población implantada en un territorio usurpado, no tienen un derecho legítimo a la autodeterminación y que cualquier argumento basado en referendos realizado en las islas es inválido».

Aquello, que en declaraciones anteriores estuvo puesto en duda, quedó plasmado ¿a regañadientes?
Otras cuestiones en las que no se ve objeción es en la necesidad de castigar a las empresas que están armando planes de explotación hidrocarburífera en las islas: Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration, que participan del proyecto Sea Lion. Firma de capitales israelíes la primera y británicos la otra. En este aspecto, el Gobierno parece haber advertido, ahora, que no había necesidad de una nueva ley sino apenas aplicar la 26.659, dictada en la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner. Aníbal Fernández recordó que, en el marco de esa normativa, en abril de 2022, fueron inhabilitadas para operar, y que un año antes, Harbour Energy decidió abandonar la operación por las intimaciones.


El presidente también habló de «construir una base naval integrada en Tierra del Fuego e incrementar nuestras capacidades en telecomunicaciones» en torno a un polo logístico que apunte a la Antártida. Otro proyecto que viene de un Gobierno anterior, como le recordó el exministro de Defensa, Jorge Taiana, y que fue vaciado desde diciembre de 2023. Todo indica que ahora la base sería otra manera de seducir a la Casa Blanca en un proyecto conjunto.

Para entender este viraje, las palabras ambiguas de Donald Trump acerca de la neutralidad sobre la soberanía de Malvinas sonaron a música para los oídos libertarios. Pero esa es una jugada del inquilino de la Casa Blanca en su inquina con el Gobierno británico por lo que considera una falta de apoyo a su aventura en Irán. Las posibilidades de que Estados Unidos abandone su política de alianza con el Reino Unido no son relevantes. Leopoldo Galtieri también creyó que tenía a EE.UU. en un puño por las operaciones encubiertas que fuerzas argentinas habían llevado a cabo en Centro América. Pero no.

Dato curioso: Yair Netanyahu, hijo del primer ministro israelí y residente en Miami, posteó en la red X su apoyo a la soberanía argentina en las islas del Atlántico Sur. «Gran Bretaña reconoció a Palestina después del 7 de octubre, ¿acaso los israelíes debemos apoyar la reivindicación británica sobre las Malvinas? Argentina, bajo el mandato de Javier Milei, es un aliado formidable y fuerte. ¿Por qué no apoyar su reivindicación?»

En otro «revival», horas antes de ese discurso «nacionalista», Milei pasó por Chile para participar en un encuentro del Foro de Madrid, un club de ultraderechistas de todo el mundo. Allí, el presidente celebró: «Chile es un lugar emblemático porque con su historia reciente nos recuerda el valor inmenso de dar la batalla cultural. Tras el derrocamiento del comunista Allende, Chile entró en un período de estabilidad y crecimiento que se extendió por más de 40 años y, gracias a ello, Chile fue sin lugar a dudas la envidia en términos económicos de toda la región», dijo, obviando que fue un golpe de Estado criminal contra un mandatario democráticamente elegido y que el plan económico se sustentó mediante la violencia institucional. Tampoco registró el apoyo de Pinochet a los ingleses en 1982.

Lo destacable de esa alocución fue un furcio monumental (¿una traición del inconsciente o una verdad que se coló a cascotazos?). Explicaba Milei las bondades de su plan copiado del de la dictadura chilena cuando de pronto lanzó: «Si analizamos con un mínimo grado de honestidad y nos comparamos con los Gobiernos anteriores, está claro que nunca nuestro modelo funcionó». De inmediato se corrigió («nuestro modelo funciona y vamos por el rumbo correcto»), pero ya era tarde.

Es que a veces hasta podría decirse que Milei se pasa de sincero. Como cuando hace unos días dijo que si no resultara elegido, «yo ya tengo mi futuro asegurado, es decir, yo haciendo lo que corresponde, estoy asegurando mi futuro. Voy a vivir de dar conferencias, ya no es un problema mío, lo estoy diciendo por los propios argentinos».

Y sí, el país que dejaría será un problema para los argentinos.
Ya lo están diciendo incluso los directivos de la Unión Industrial Argentina (UIA), que hasta ahora mantenían un apoyo diríase que suicida con un modelo que asfixió hasta la muerte a decenas de miles de empresas.

Tal como se evidenció en la celebración del Día de la Industria, el 2 de septiembre, que se llevó a cabo en la planta del laboratorio ELEA en la localidad bonaerense de Los Polvorines. En ese encuentro, en el que no hubo representantes del Gobierno nacional, el presidente de la UIA, Martín Rappallini, se quejó del maltrato hacia el sector. El vicepresidente, Guillermo Moretti, en declaraciones a El Destape dijo, sin pelos en la lengua: «Esta gente no conoce el país y no conoce lo que es una industria. Estamos manejados por un endeudador, un trader que no sabe lo que es un torno. Sus finanzas personales aumentaron en un año un 37% en dólares. Y a la Argentina en ese año la endeuda».
La referencia a Luis Caputo fue por la declaración jurada que presentó ante la Oficina Anticorrupción horas antes. En su propia presentación, se ve que el patrimonio de Milei creció un 43% en el año que pasó. A su hermana le fue mejor: el incremento declarado de la secretaria de la Presidencia fue de un 210%.


Otro empresario, Alejandro Schvartz, titular de Visuar, fabricante de electrodomésticos con la marca Samsung en la localidad de Cañuelas, dijo a su vez: «Si Milei es reelegido, de la industria argentina no va a quedar prácticamente nada». En el mensaje que brindó por cadena nacional, el presidente señaló: «Hoy la Argentina va camino a convertirse en una potencia exportadora de recursos estratégicos demandados por todo el planeta, metales, alimentos e hidrocarburos». En tanto, en Tierra del Fuego el desguace de las plantas industriales es aterrador. A partir de su planteo es cada vez más claro de qué habla el presidente cuando habla de soberanía.

Revista Acción, 6 de Septiembre de 2026

Milei y una agenda en el laberinto

Milei y una agenda en el laberinto

La sábana con el reclamo por la soberanía argentina en las Malvinas que desplegaron jugadores del seleccionado nacional caló más hondo de lo que el Gobierno y sus aliados externos imaginaban. Y la respuesta, como suele ocurrir en estos casos, fue con exageraciones como para disimular el pifie. Todo en una semana en que el presidente intentó por todos los medios recuperar protagonismo tanto en el país como en el exterior. Algo imprescindible para una gestión que se nutre de golpes de efecto, a falta de logros palpables para las grandes mayorías.

En esa necesidad diríase que enfermiza, Javier Milei provocó un incidente diplomático con el mandatario del principal socio comercial del país y miembro fundador del Mercosur, Lula, y se mostró en Perú con una «cátedra» bíblica al recibir otro doctorado honoris causa en una universidad local, un raid que lo mostró como «delegado» de Donald Trump para la región, según lo describió el diario británico The Guardian.

Y mientras espera que le aprueben el proyecto de ley que abre las puertas a la extranjerización del territorio nacional, emitió un DNU por el que se impediría el ingreso al país a individuos que «promuevan mensajes de odio o inciten a la violencia contra la Argentina». Al mismo tiempo, este jueves lanzó su proyecto de reforma de la carta orgánica del Banco Central con una serie de imputaciones y datos falsos sobre las gestiones de la entidad crediticia durante los mandatos de Cristina Fernández de Kirchner. La dos veces presidenta, a todo esto, recurrió a los tribunales internacionales para que revisen la causa por la que fue condenada e inhabilitada de por vida para ejercer cargos públicos. De alguna manera, la tautología de que todo tiene que ver con todo involucra a estos personajes en el drama de una Argentina que por obra y gracia de un topo que pretende destruir al Estado desde adentro, acelera la pérdida de derechos y las graves consecuencias económicas que sufrirá el país si consolida su modelo. ¿Malvinas será el último ancla?

Contracara
Que Lula da Silva es la antítesis de Javier Milei no es ninguna novedad. Por origen social y por estatura política. Si las derechas más recalcitrantes basan su mensaje individualista de que «nadie me regaló nada», no debe haber en el mundo nadie que haya recorrido el camino de este hombre nacido en la pobreza, cuyo mayor logro académico fue recibirse de tornero mecánico. Desde Trump hasta jefes de Estado de todo el planeta –incluidas estas pampas– no pasan de ser herederos. De mayores o menores fortunas, pero nadie de ellos pasó hambre y desde allí construyó la carrera política como la del inquilino del Planalto, que ahora va por su cuarto mandato, y que defiende a Brasil de los embates del magnate estadounidense, de su cerril secretario de Estado y de los acólitos que buscan su beneplácito, como el actual ocupante de la Casa Rosada.

El apoyo de Milei a Flavio Bolsonaro forma parte de su estrategia para convertirse en el líder de una internacional ultraderechista. Así se presentó el martes en Lima para la asunción de Keiko Fujimori, la hija del fallecido dictador Alberto Fujimori, que había sido condenado por delitos de lesa humanidad.

El miércoles, en tanto, Cristina Fernández publicó una carta abierta en la que denuncia el acoso judicial que padece desde hace años y destaca: «Cambian los países, cambian los nombres, cambian las circunstancias, pero el método es el mismo: convertir al Derecho y al Sistema de Justicia en un arma política para eliminar adversarios que no pudieron ser derrotados por el voto». Luego agregó que la sentencia por la que está con prisión domiciliaria, a seis años, no es la verdadera condena. Lo es su proscripción permanente.

Horas más tarde, su abogado, Carlos Beraldi, y los dos nuevos integrantes del equipo legal, el español Javier Borrego y el brasileño Rafael Valim (quien defendió a Lula da Silva en tribunales internacionales, todo tiene que ver con todo) dieron una conferencia de prensa en la que explicaron el alcance de su demanda y aclararon que, en principio, no hay impedimento legal para que la también exvicepresidenta se presente a las PASO de 2027. Lo que ocurra con la voluntad de LLA por cambiar la ley electoral del año próximo, que no tiene por ahora suficientes votos de las derechas, estará teñido de ese anuncio.

En su afán por seguir las directivas –implícitas o no– de la administración Trump, los trolls pagos por el Estado vienen difundiendo mensajes racistas y xenófobos, exacerbados en el Mundial 2026. La impostación nacionalista llegó al punto de emitir el DNU 681/2026 para denegar el ingreso a todo aquel que promueva mensajes «antiargentinos», palabra muy afín a la dictadura cívico-militar.

Como parte de ese mismo capítulo, se vuelve a insistir en que un gran porcentaje de alumnos de universidades nacional son extranjeros. Es un signo de época que esos mismos voceros pagos desde estamentos estatales se escandalicen de que haya latinoamericanos que estudien «con la nuestra». El nuevo vocero presidencial, Adrián Ravier, no dejó de poner su cuota de datos falsos sobre la cantidad de alumnos en esa condición y agregó: «Debemos cuidad el dinero de los argentinos».

Con argumentos de esa misma catadura, Milei habló en cadena nacional durante un cuarto de hora para presentar el proyecto de reforma de la carta orgánica del Banco Central. Acusó a la institución creada en 1935 de haber sido desde entonces una «estafa de la alta política». Luego agregó que Cristina Fernández y la extitular del organismo, Mercedes Marcó del Pont, habían «robado 10.000 millones de dólares». Ahora parece que ya no es un PBI, en fin. Lo central de la modificación es que busca que su presidente tenga un cargo irrevocable, algo así como un nuevo reaseguro del status quo similar a un integrante de la Corte Suprema. De prometer que Argentina será Alemania, Australia o Francia en unos años de sacrificio, ahora apunta a ser como Perú, que lleva décadas de crisis institucionales, pero el verdadero poder entre bambalinas, desde 2006, es el jefe del Banco Central, Julio Velarde Flores. Si el rey en una monarquía constitucional es el garante último de la unidad nacional, se busca copiar el modelo peruano con un rey sentado en las reservas, gane quien gane las elecciones.

Quizás el mensaje explícito del tour de la directora del FMI, Kristalina Georgieva, haya sido poner el último clavo en el ataúd de la idea de eliminar el BCRA. De paso, como nadie ignora, vino a recorrer la explotación de Vaca Muerta, cosa de comprobar de dónde saldrán los dólares que comprometieron, por dos veces y de manera escandalosa, con Luis Caputo. La economista búlgara también mostró su dosis de argentinidad repentina y asistió a una clase de tango con la bailarina Mora Godoy.

Mientras tanto, esta semana se debatirá la reforma a la Ley de Tierras, que tiene el pomposo nombre de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Elimina topes a la posesión de tierras rurales y si bien quedan al margen de esa posibilidad los Estados o los organismos públicos foráneos, pone en riesgo la soberanía del Estado. Se podrá decir, sin la menor ironía, que después de todo ese era el proyecto de Milei y que nunca lo ocultó. También se entienden mejor las palabras del titular de la Sociedad Rural, Nicolás Pino, sobre la iniciativa. «No le podés prohibir a nadie que pueda vender su tierra». Fuerte admisión, en este contexto, de que las élites «con olor a bosta», como se decía en otros tiempos, ni siquiera quieren comportarse como patrones de estancia. Se conforman, como Milei, su mayor exponente político, como capataces del mejor postor.

Revista Acción, 2 de Agosto de 2026

Fuera de tono

Fuera de tono

Javier Milei inauguró por tercera vez un año legislativo desarrollando un estudiado acto de campaña que tuvo mucho de la coreografía que lo llevó a la fama como panelista y que no cuesta tanto interpretar como la consolidación de un espacio propio de cara a la reelección. Y para eso −con más de dos años de gestión encima, cuando ya es tiempo de hacerse cargo de errores propios y no justificarse con el pasado− decidió elegir al enemigo que le permita disimular un presente aciago y plantear un futuro que no da señales de estar esperando a la vuelta de la esquina. De tal manera que esos 104 minutos de este domingo ante el pleno de la Cámara de Diputados fueron una enumeración de cifras manipuladas, cuando no directamente falsas, y de promesas inciertas bajo un manto de improperios, insultos, acusaciones y brulotes contra el kirchnerismo, centrados básicamente en la expresidenta Cristina Fernández, pero también contra legisladores de izquierda y hasta dueños de las mayores empresas industriales del país.

Como para que cualquier persona un tanto pudorosa pudiera decir, con sorna, que este 144º período de sesiones puede ser «el más ordinario» de todos los que se inauguraron en la sinuosa democracia argentina, a pesar del pomposo nombre para la ocasión: «La moral como política de Estado». 

En la maraña de chicanas y cruces de todo calibre desplegados en cadena nacional, Milei puso sobre la mesa el núcleo de las transformaciones con que sueña desde hace décadas ese sector de la Argentina al que fanáticamente quiere representar. Con énfasis en enterrar conquistas sociales que se fueron construyendo a lo largo del siglo XX −la ley laboral, que consiguió aprobar horas antes, en lugar destacado− y una alianza con Estados Unidos tan fuerte como para atravesar su mandato, el de Donald Trump y más allá. «Es hora de hacer de esto una política de Estado», dijo. «Tenemos que crear el siglo de las Américas: Make Americas Great Again, de Alaska a Tierra del Fuego. Hagamos Argentina y América grandes nuevamente», arremetió, sin pruritos nacionalistas. O, más bien, enarbolando el concepto de nación que las élites sostienen desde el fondo de la historia argentina.

Que el discurso fue todo un acting se puede inferir desde algunos de los tuis previos surgidos de la granja de trols –con presupuesto del Estado nacional– que defienden incondicionalmente en las redes el mensaje oficial. El usuario SheIby, una de las cuentas que tiene más cantidad de seguidores en X, había publicado siete horas antes de que el jefe de Estado comenzara a hablar desde el pupitre frente al hemiciclo: «Se viene doma histórica de Milei en el Congreso». Durante el discurso, no tardó en aparecer en uno de los frecuentes cruces con algún opositor esa palabra que los mileístas usan asiduamente en las redes: «Me encanta domarlos», se ufanó el presidente. 

Entre esos fantasmas ubicó a tres momentos dramáticos para los argentinos, que aseguró haber evitado cuando llegó al Gobierno: el Rodrigazo de 1975, la hiperinflación de 1989 y la crisis de 2001. «Un combo que nos hubiera convertido en Venezuela», dijo. Pero el detalle tal vez más palpable del guion con que se realizó un acto que de protocolar no tuvo nada, fue el momento en que Milei intentaba dar su versión de aquellos febriles días previos a las elecciones de medio término. «Comenzó a digitarse un ataque sin precedentes en la historia argentina que tomó su punto más alto luego de las elecciones del mes de septiembre en la provincia de Buenos Aires; algo que a opositores y propios, digamos, los hacía soñar con abrazar el sillón de Rivadavia». La cámara, precisa, tomó el gesto del presidente señalando con la cabeza a su vice, Victoria Villarruel, sentada detrás, impávida. 

Que fue un mensaje estudiado −se sabe que lo hizo junto a su asesor Santiago Caputo− y no una manifestación de inestabilidad emocional ante provocaciones de la oposición se podría demostrar, por ejemplo, en la cobertura televisiva oficial. En ningún momento las cámaras mostraron a los legisladores que lo cuestionaban desde las gradas, pero sí a los aplaudidores frecuentes y al coro que tapaba toda critica de fondo. Una pena, porque el espectador se podría quedar con la sensación de que el presidente hablaba con fantasmas. Aunque en ciertos tramos podría hacerse pensado que sí, que necesitaba recurrir a fantasmas para explicar de qué se trataba la «más amplia reforma» en la historia argentina que pretende imponer.

Culpó de aquella crisis −«riesgo kuka», la llamó− a empresarios, medios de comunicación y al gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, denunciado por el fiscal Carlos Stornelli, quien, recordó Milei, «ha reabierto la causa por los hechos sucedidos en 2001. Esperemos que la Justicia avance no solo sobre los posibles actos de sedición, sino también sobre quienes pudieran ser los beneficiarios directos e indirectos de dichas acciones», dijo.

Si algo queda nuevamente claro es que su batalla cultural implica reescribir la historia argentina para acomodarla a las necesidades de esa élite a la que pretende representar. Por eso, entre los presentes en el palco, celebró especialmente a Alberto Benegas Lynch hijo, padre del diputado del mismo nombre e impulsor, desde su tierna juventud y especialmente desde el golpe de 1955, de las teorías de la Escuela Austríaca. Estas ideas ahora aparecen como eje de la campaña de 2027 y son presentadas como el camino elegido para el futuro nacional. Y para ello, el presidente se encargó este domingo de escarnecer y ridiculizar toda crítica. «No saben sumar», «son ignorantes», «la justicia social es un robo» y así.

En este contexto, el salvavidas que le arrojó Estados Unidos en octubre pasado aparece como un triunfo de su política exterior y no un acto desesperado. «El Gobierno de Donald Trump acudió en ayuda en nuestro país. Y esa ayuda no fue por cuestiones económicas, sino para defendernos contra el embate desestabilizador de los representantes del antiguo régimen. O sea, ustedes, los golpistas de siempre», espetó hacia la derecha de la pantalla.

Luego abundó en esa concepción de la geopolítica a la que pretende incorporar al país. «La Argentina ya dejó pasar dos veces el tren de la historia. En la Segunda Guerra Mundial, nuestra neutralidad nos costó décadas de marginalidad; con el No al ALCA nos quedamos afuera del mayor ciclo de expansión económica en la historia humana (…) El Atlántico Sur es el terreno de disputa estratégica de las próximas décadas: rutas comerciales, recursos naturales, soberanía marítima y la presencia creciente de actores que no comparten nuestros valores. Quien lo controle, controlará una parte clave del trabajo global. Argentina tiene que ser ese actor (…) Pero todo esto requiere una alianza estratégica duradera. Y eso es lo que estamos construyendo con Estados Unidos de Norteamérica», expresó Milei, sin atender lo que implica esa alianza a dos días del inicio de los bombardeos a Irán.

Revista Acción, 2 de Marzo de 2026

Condena ratificada

Condena ratificada

Tal como había trascendido, la Corte Suprema de Justicia confirmó el fallo que condena a Cristina Fernández de Kirchner a seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos en la causa Vialidad. En la sede del Partido Justicialista (PJ), donde recibió la noticia, rodearon a Cristina numerosos dirigentes políticos. Desde allí, la dirigente habló tras conocerse el fallo. «Yo pienso como peronista y voy a seguir pensando siempre de esa manera. El poder económico puede tropezar una vez con la misma piedra, pero no dos. Y saben que somos los únicos que podemos construir una alternativa cuando esto se desplome», dijo la expresidenta. «Mientras los Sturzenegger, los Macri de los parques eólicos, del Correo… Mientras que los Toto Caputo caminen sin que nadie les reclame nada, estar presa es casi un certificado de dignidad política y personal histórica. Créanme», agregó. Además, aseguró que «esta Argentina que gobierna Milei no deja de sorprendernos, porque al cepo del salario le agregaron el cepo al voto popular».

Durante la tarde se registraron cortes y manifestaciones en diversos puntos de acceso a la Capital Federal, Mendoza, Rosario, Tucumán, Chaco, Corrientes, Córdoba, Entre Ríos y Santa Fe. También hubo manifestaciones de apoyo desde todas las corrientes internas del peronismo y de diversos sectores de la política. Entre ellos, el diputado nacional Carlos Heller expresó que «estamos frente a una situación gravísima. La Corte acaba de consumar un hecho de gravedad institucional que afecta el funcionamiento del sistema democrático».

En tanto, el presidente Javier Milei, desde el exterior posteó en su cuenta de X: «Justicia». La mayor parte de los dirigentes del oficialismo y los del PRO se manifestaron en coincidencia con la Corte.


La trama y el apuro final
Apenas a cuatro meses de iniciada la gestión de Mauricio Macri, un funcionario designado al frente de Vialidad Nacional presentó una denuncia por presuntas irregularidades en obras realizadas en la provincia de Santa Cruz por empresas de Lázaro Báez, un hombre cercano al expresidente Néstor Kirchner. La que después se llamó «causa Vialidad» no era la primera investigación contra la actual titular del PJ, pero sí se terminó convirtiendo, con el tiempo, en la que podía clausurar definitivamente sus futuras aspiraciones políticas.

Participaron de las distintas etapas de la investigación fiscales, jueces de primera y segunda instancia y de Casación que se llegaron a ufanar de su pertenencia al entorno de Macri, de mantener reuniones con el entonces jefe del Ejecutivo en la Casa Rosada o de jugar al tenis en la residencia de Olivos o al fútbol en su quinta Los Abrojos

Las causas contra la titular del PJ fueron muy útiles para sostener al macrismo, pero no lograron impedir que una opción diseñada por ella volviera a la Casa Rosada en 2019. Javier Milei, por su parte, tuvo desde el inicio una actuación más ambigua con la dos veces presidenta. Su mensaje es mucho más violento contra las gestiones que lo precedieron, pero no se sumó a las diatribas judiciales. Incluso su ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, expresó sus dudas cuando todavía no se había producido el primer fallo y él ni siquiera se veía ocupando un cargo público.

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Pero a medida que el tiempo fue pasando y la condena en segunda instancia todavía tenía un recurso en la Corte, surgió el apuro de parte de la dirigencia política. El calculo fue que, si por alguna razón el PJ o algún frente con preminencia kirchnerista tuviera un buen desempeño en las elecciones de medio término, el programa económico del Gobierno podría entrar en zona de riesgo. Que los «inversores» no apuesten por el país si gana la oposición peronista es muy probable. Pero tampoco lo han hecho cuando el horizonte para Milei luce totalmente despejado y sin una oposición clara y potente.

Ya la expresidenta tenía claro que el fallo era cuestión de corto plazo y en febrero, luego de algunos tira y afloje, asumió la titularidad del PJ. El temor a que ese paso fuera el prólogo de un regreso llevó a fogonear un proyecto de ley como el de Ficha Limpia. Por si la Corte no se apuraba. Pero el proyecto no avanzó.

De modo que sin una ley para proscribir a CFK, los medios alineados con el modelo paleolibertario comenzaron a batir parches para que el más alto tribunal emitiera un fallo condenatorio. El domingo 1 de junio, La Nación y Clarín salieron con esa premisa a anticipar como primicia la condena. El lunes 2, Cristina Fernández anunció en C5N que se presentaría a diputada provincial por la 3ª circunscripción electoral bonaerense. «Y saltaron todos los demonios», como afirmó Fernández en una visita del sábado posterior a Corrientes.

El lunes 9 de junio todos los sectores internos que mantuvieron diferencias en los últimos meses se reunieron en la sede del PJ para recordar el Día de la Resistencia, que conmemora los fusilamientos de militantes peronistas en 1956. Totalmente encendida a nivel político y con un discurso cada vez más claro en contra del proyecto de país que encarna el Gobierno, Cristina dijo: «¿Creen que van a solucionar esto metiéndome presa? Dale, meteme presa. ¿Y qué van a hacer? ¿La gente va a ganar más plata? ¿Le van a subir el salario a los argentinos? ¿Van a financiar las escuelas y los hospitales? ¿Van a pagar la deuda con el FMI y con los bonistas?».

Este mismo día, el diario Clarín publicó que el Gobierno emitirá deuda por 7.000 millones de dólares y subirá los encajes. La crisis que anunció Cristina Fernández sigue acechando.

Revista Acción, 11 de Junio de 2025