El 9 de diciembre de 2022 cientos de miles de argentinos salieron a las calles a celebrar el pase a semifinales del seleccionado de fútbol masculino en la Copa del Mundo de Qatar. Fue el día de las orejas de Topo Gigio de Lionel Messi al técnico neerlándes, Louis Van Gaal, y del «¿Qué mirás bobo?» al goleador Wout Wehgorst. Tiempos de volver a ilusionarse con un equipo que, llegado al certamen con perfil bajo, había perdido el primer partido y se fue afianzando paso a paso. Tiempos en que se viralizaba una versión de «Muchachos» del grupo La Mosca que hablaba de «los pibes de Malvinas que jamás olvidaré». Tiempos en que los muchachos del barrio porteño de Villa Luro celebraban ritualmente cada triunfo en la puerta de una mujer de –ahora– 78 años con un «Abuela lalala» basado en la melodía de Go West de Pet Shop Boys. La llegada a Buenos Aires del equipo nacional llevó a las calles a algo así como cinco millones de personas que se sumaron a los festejos en un clima de jolgorio y armonía social conmovedor.
Un año después asumía la primera magistratura Javier Milei, que había ganado el balotaje con promesas de motosierra y combate a la casta. A los dos años, el presidente sopla la primera velita de su gestión con una sorprendente adhesión, mientras sus acólitos y los medios afines celebran alegres los ajustes feroces y barren debajo de la alfombra la soberanía en las islas del Atlántico Sur. Y el mismo día en que se anuncia la eliminación de los remedios gratuitos para jubilados, tratan de ver a quién le endilgan la membresía del senador entrerriano que contra la voluntad de quienes lo votaron por Unión por la Patria levantó la mano a favor de todo lo que necesitó el Gobierno: fue uno de los que asistió al asado en la Quinta de Olivos tras los vetos presidenciales y fue detenido en Paraguay con 200.000 dólares no declarados.
Se le atribuye al expresidente de Estados Unidos, Richard Nixon, la «Estrategia del loco», una forma de enfrentar al bloque soviético en plena guerra de Vietnam consistente en hacer creer que estaba tan loco como para no dudar en desatar un ataque nuclear en la península asiática. Según el historiador Zachary Jonathan Jacobson, el método «convenció» a los líderes de la URSS y de China de que mejor no desafiar al inquilino de la Casa Blanca, pero a la vez justificó la necesidad de aumentar sus arsenales atómicos, por las dudas.
Rompan todo Desde la publicación del libro El loco, del periodista Juan Luis González, se conocen detalles de la vida del diputado que había ganado su banca en base a su fama como un panelista de televisión, de verba encendida y violenta. Su historial de hijo golpeado y de víctima de bullying en su infancia aglutinó a su alrededor a jóvenes que en alguna medida se identificaron con él. El momento social, económico y político también ayudó a convertir a Milei en referente del deseo de «romper todo» porque para muchos todo estaba mal.
Pero el discurso del líder de La Libertad Avanza se centraba en terminar con la inflación y, genéricamente, con «la casta»: una capa de la población que según él disfrutaba de privilegios y sometía al resto a la miseria. Milei era el hombre que, sin antecedentes partidarios, no dudaría en avanzar como topadora contra los que robaban el futuro.
Como para las grandes mayorías nombres como Friedrich Hayek, Murray Rothbard y Milton Friedman no dicen gran cosa, logró colar en el discurso publico el mensaje de que esos teóricos tenían la llave para salir de los problemas que el país arrastra desde hace décadas. Y de que eran lo nuevo, a pesar de que esas políticas ya estuvieron en vigencia con mayor o menor profundidad desde el golpe de 1955 de la mano de los exministros Álvaro Alsogaray, José Alfredo Martínez de Hoz, Roberto Alemann, en sucesivas dictaduras, y más acá, durante las presidencias de Carlos Menem y Mauricio Macri. Fracasos todos ellos que los defensores de esos modelos atribuyen a que el remedio para todos los males no fue seguido al pie de la letra el suficiente tiempo.
Como sea, si al principio de sus incursiones televisivas Milei llegó a decir que se conformaba con poner sobre el tapete los debates sobre el rol del Estado, las regulaciones y la apertura de los mercados, algo estrictamente económico, luego avanzó hacia lo que llama su «batalla cultural». Esa batalla emprendida por el libertario pasa por el bullying contra cualquier postura que no sea la del anarcocapitalismo del que se dice el principal impulsor a nivel mundial. Así, desde Horacio Rodríguez Larreta hasta los presidentes de Brasil, México, Colombia, Chile son comunistas irredentos. Lula Da Silva respondió a su turno que no le resulta insultante que lo llamen comunista o socialista. Lo curioso es que a Milei sí le irrita que le digan nazi o fascista.
Contra la casta Ese sistema de victimización forma parte del protocolo de la ultraderecha internacional, que precisa forzar una nueva interpretación de la historia. En el caso del argentino, para construir una nueva cultura necesita arrojar por la ventana la conciencia social y política construidas desde el primer gobierno democráticamente elegido, el de Hipólito Yrigoyen en 1916.
Para esa «nueva Argentina» con que sueña –y que remite a la vieja oligarquía que tuvo que ceder poderes con la ley Sáenz Peña de 1912– cada logro popular es un obstáculo. Desde la ley de educación pública y gratuita 1420, de 1884, la reforma universitaria de 1918, la ley de salud 13012, de 1947 y los derechos laborales y sociales consagrados por las reformas constitucionales desde 1949 –anulada por bando militar– a la de 1994.
No es el caso insistir con la violencia verbal de la que hace gala el presidente contra quienes no piensan como él ni de las amenazas contra la convivencia civilizada que plantean los que pretenden formar el «brazo armado» de LLA. Ni siquiera los cruces fuera de lugar contra mandatarios de casi todo el mundo o de la política exterior contraria a los intereses del país y que destruye los códigos de relación con los vecinos. Sí vale la pena mencionar qué jirones de esa «firmeza de convicciones» dejó en el camino.
Debió aceptar que con Lula Da Silva no tiene más remedio que arreglar, como lo hizo en el G20 y ahora en el Mercosur. Que con China no tiene más remedio que arreglar, porque es el gran jugador en la economía mundial, por muy cercano que se quiera mostrar con Donald Trump.
Por otro lado, comprobó las ventajas de acordar con sectores políticos que hasta ayer nomás eran «ratas corruptas» para aprobar las leyes con las que espera modificar el presente y cristalizar el futuro de los argentinos. La sociedad, en tanto, a dos años de aquel festival de unidad y armonía que fueron los festejos del mundial, descubre que la «Abuela lalala», los jubilados, los trabajadores y los «pibes de Malvinas», entre otros, forman parte de la casta sometida a la acción de la motosierra.
Todo es muy dinámico en el Gobierno de Javier Milei, principalmente en las relaciones internacionales. Habían pasado exactamente 12 horas y 50 minutos desde que el presidente reposteó un tuit en que un ¿usuario? de la red X fustigaba a Andrés Manuel López Obrador, Gustavo Petro y Lula da Silva por su posición sobre la crisis en Venezuela, hasta que se vio obligado a agradecer a Brasil por haberse hecho cargo la embajada argentina en Caracas. El ultimátum del presidente venezolano Nicolás Maduro ordenaba retirar a todo el personal y a quienes se encontraban asilados en la sede diplomática, y de no ser por la ayuda brasileña, el incidente podría haber escalado a niveles impredecibles.
Pero Itamaraty, que en la cumbre de la OEA del miércoles convocada de urgencia por el secretario general, Luis Almagro, había tomado una postura que irritó al libertario y sus acólitos en las redes, con un sencillo acto le dio lecciones de una prudencia política que dista de estar en el ADN del mandatario vernáculo.
Decir que las relaciones de Milei con Lula Da Silva son distantes es poco. El mandatario argentino destrató al tres veces presidente constitucional de la principal potencia económica latinoamericana desde el día que asumió el cargo, al invitar a la ceremonia de asunción a su antecesor, Jair Bolsonaro, quien intentó derrocar al líder del PT. Luego, en ocasión de la cumbre de presidentes del Mercosur, a principios de julio, faltó al convite para ir a un encuentro ultraderechista en Camboriu en el que junto a los Bolsonaro se regocijaron con bromas de estudiantina con olor a naftalina. Esa vez, desairó a Da Silva pero también a los jefes de Estado de Uruguay, Paraguay y Bolivia, que se incorporaba oficialmente al «equipo» regional.
Llamado a los militares La situación en Venezuela dio para una nueva ofensiva contra todo lo que huela a progresismo. Y antes de que el Consejo Nacional Electoral de Venezuela anunciara el resultado de la elección del domingo, ya Milei y Mauricio Macri habían salido a afirmar –sin datos– que el candidato de la oposición había triunfado, y lo que es más grave, pidieron una intervención militar.
DICTADOR MADURO, AFUERA!!!
Los venezolanos eligieron terminar con la dictadura comunista de Nicolás Maduro. Los datos anuncian una victoria aplastante de la oposición y el mundo aguarda que reconozca la derrota luego de años de socialismo, miseria, decadencia y muerte.…
La mayoria de los venezolanos hablaron fuerte y claro: Maduro debe dejar el poder. Ahora las Fuerzas Armadas de Venezuela tienen la oportunidad de ponerse del lado correcto de la historia y garantizar que se respete la voluntad del pueblo.
Luis Almagro, excanciller del Frente Amplio uruguayo, se convirtió desde que llegó a Washington, en 2015, en un férreo defensor de los intereses de las derechas regionales en una organización como la OEA, fuertemente cuestionada en la región por su alineamiento con las necesidades de Estados Unidos. Así que este mismo lunes se apuró a catalogar al comicio venezolano de fraude en un documento con su rúbrica, y sin consultar con el resto de los representantes latinoamericanos. «A lo largo de todo este proceso electoral se vio la aplicación por parte del régimen venezolano de su esquema represivo complementado por acciones tendientes a distorsionar completamente el resultado electoral, haciendo que ese resultado quedara a disposición de la manipulación más aberrante», dice, sin aportar pruebas. Llamó, entonces, a una reunión de urgencia en la capital estadounidense. Algo similar había hecho en 2019 con el resultado de las elecciones en Bolivia que terminó en un planteo militar contra Evo Morales, quien finalmente renunció.
Canciller desmentida por Cancillería Lula, mientras tanto, se ponía en contacto con el secretario de Defensa, Antony Blinken, para coordinar acciones. El veterano líder metalúrgico declaró: «Estoy convencido de que es un proceso normal y regular», pero luego afirmó que el problema se resolvía presentando las actas con los votos de cada candidato. El viernes, de todas maneras, la administración Biden, mediante un comunicado del propio Blinken, reconoció como presidente electo a Edmundo González Urrutia.
El presidente mexicano, luego de acusar a la OEA de «injerencista», tampoco estuvo en el pelotón de los que se rasgaron las vestiduras en torno a las elecciones venezolanas. Una mirada similar mostró Petro, otro de los gobernantes constitucionales que le quitan el sueño a Milei. El «trípode», Brasil, México, Colombia busca una salida civilizada a una crisis que se arrastra desde hace años y este jueves emitieron un documento en el que reclaman a las autoridades venezolanas presentar «los datos desglosados por mesa de votación».
La canciller argentina, en tanto, reconoció como presidente electo a González Urrutia horas después de que el Gobierno de Biden hiciera lo propio. Diana Mondino expresó que «el legítimo ganador y presidente electo es Edmundo González». Sin embargo, en lo que parece más un paso de comedia que un acto de gobierno, la propia cancillería, mediante un comunicado, salió a desmentir a su titular. «La República Argentina fue uno de los primeros países en rechazar y desconocer el resultado de la elección presidencial venezolana el 28 de julio. Las evidencias recogidas hasta el momento no han hecho más que confirmar esa posición», señala el comunicado de Cancillería, y aclara que «Argentina sigue con extrema atención y preocupación los acontecimientos en Venezuela a fin de pronunciarse en forma definitiva».
Lula da Silva. El líder brasileño gestiona la política exterior con criterios de un líder regional, en contraposición con las agresiones de Milei.
Foto: Getty Images
Votación en la OEA En el encuentro de la OEA, un texto apoyado por los sectores conservadores –la posición argentina fue defendida por Mondino– había exigido al CNE que «publique inmediatamente los resultados de la votación», pero no obtuvo la mayoría necesaria para su aprobación. La propuesta sumó 17 votos a favor, 11 abstenciones, 5 ausencias y ninguno en contra. Brasil y Colombia se abstuvieron, México faltó, al igual que Venezuela. El país caribeño no tiene representante porque el organismo reconoció el mandato del diputado Juan Guaidó y a Maduro no le interesó pelear ese lugar.
Ese resultado enfureció a Milei, que a las 8:20 del miércoles posteó un texto explosivo replicando un tuit con las fotos de AMLO, Lula y Petro y afirmando: «Algunos imbéciles me acusaron de loco por ver comunismo en todos lados…» y ufanándose de que «hoy no solo se prueba que tengo razón en la agenda internacional que señalo sino que además queda claro que esos que me cuestionaban son cómplices, ya sea por ignorantes y/o por estúpidos».
OTRA VEZ Y VAN… Algunos imbéciles me acusaron de loco por ver comunismo en todos lados…
Otros desde la corrección política decían que ya no existe más el comunismo y que soy un exagerado…
En el fondo, hoy no sólo se prueba que tengo razón en la agenda internacional que… https://t.co/q365sELccd
Pero a las 9:10 del jueves tuvo que recular en chancletas. «Agradezco enormemente la disposición de Brasil a hacerse cargo de la custodia de la Embajada argentina en Venezuela. También agradecemos la representación momentánea de los intereses de la República Argentina y sus ciudadanos allí».
AGRADECIMIENTO A BRASIL Agradezco enormemente la disposición de Brasil a hacerse cargo de la custodia de la Embajada argentina en Venezuela. También agradecemos la representación momentánea de los intereses de la República Argentina y sus ciudadanos allí.
No era la primera vez. A mediados de abril, Mondino había entragado una carta a su par brasileño en la que Milei pedía una bilateral con Lula para tratar los temas de la agenda común. El fundador del PT apenas mencionó que sabía de la carta, pero que no la había leído. Esa vez le exigió disculpas por los maltratos, exigencia a la que Milei no respondió. Quizás ahora, por lo bajo, haya salido esa disculpa, aunque sin mencionar al presidente. La bandera «verde-amarelha» en el frente de un edificio donde figura la placa que dice «Embajada Argentina» es un mensaje muy explícito de cómo hacer algunas cosas en el mundo real.
El gobierno de Javier Milei lo hizo, como era de prever. Mediante una carta dirigida a los representantes de los países fundadores, anunció que declina la invitación a formar parte del grupo BRICS ampliado, cosa que debía ocurrir este 1 de enero.
En estas páginas se dijo ya varias veces de la importancia de participar en ese equipo que integran los países llamados a liderar el siglo XXI. Y se detalló el grande error que significaría negarse a entrar en un club donde entre los temas que se plantean, aparte de dejar de lado la dictadura del dólar para potenciar las monedas locales -un punto central para las recurrentes crisis argentinas- está el debate de las necesidades de cada uno en un plano de igualdad y no de sumisión a la voluntad de Washington o Bruselas. Para repetir, además, unas “relaciones carnales” que no dejaron ningún beneficio.
La idea de los fogoneros del proyecto libertario que se encolumnan detrás de Milei, fundamentalmente su canciller, Diana Mondino, es de una elementalidad peligrosa para los intereses del país. Pero no es el único lugar en el que esa cerrazón ocurre, de modo que si hasta acá llegamos sin BRICS, bien podemos seguir así. Ya vendrán tiempos mejores.
Acostumbrados como están al maltrato y la humillación fácil, sin embargo, el gobierno envió una misiva respetuosa de los cánones diplomáticos. Es que China y Brasil habían sido los impulsores del ingreso de estas castigadas provincias del Río de la Plata. Y esos dos países son los principales socios comerciales del país. Agradezcamos al menos ese gesto de sensatez.
Pero hay una cuestión que especialmente se destaca en todo este embrollo: para militantes de la causa de la meritocracia, de eso de que “nadie me regaló nada, todo lo que tengo me lo gané”, seguramente Lula, el que más hizo por el ingreso de Argentina a los BRICS, es un personaje desagradable.
No porque sea comunista, socialista, populista o colectivista-que algo de todo eso tiene- sino porque si hay en el mundo un ser humano que debiera ser emblema de la meritocracia es Luiz Inácio Lula Da Silva.
Sí que vino de abajo Lula, sí que pasó miseria desde esa cuna en los rincones más pobres de Brasil. Desde ese origen construyó un sindicato, un partido político y un liderazgo indiscutible. Y como broche de oro, va por el tercer mandato de la principal potencia de América del Sur, que por estos días pasó a Canadá para convertirse en la novena economía del mundo. Sin haber pisado nunca una universidad y con el solo título de tornero mecánico.
Cuando faltan pocos días para cumplir un año del tercer mandato de Lula da Silva al frente de la mayor economía de América Latina, el líder metalúrgico celebró como un triunfo de su ministro de Hacienda la aprobación de la mayor reforma tributaria en más de tres décadas, que entre otras cosas, crea el Impuesto al Valor Agregado, y al tiempo que en general facilita el pago de contribuciones, por otro lado incrementa las tasas a los ingresos más altos. “Va a facilitar las inversiones y a mejorar la vida del pueblo”, se alegró Lula, tras recordar que esta modificación, que incluyó la reforma de varios artículos de la Constitución, fue lograda con mucha muñeca política ya que su partido está en minoría en el Congreso. Entre los ejes de esta nueva normativa, que por la amplitud de los cambios se terminará de implementar en su totalidad recién en 2030, figura la eliminación de varios impuestos estaduales y municipales que se incorporarán al IVA, una modalidad que en Brasil nunca se había puesto en marcha y que se estima rondará el 27,5%, una de las más altas del mundo. Sin embargo, los productos de la canasta básica de alimentos estarán exentos. El IVA incluirá cinco impuestos que actualmente están en vigencia: la Contribución sobre Bienes y Servicios (CBS) y el Impuesto sobre Bienes y Servicios (IBS), para lo cual se debieron reformar dos artículos de la Constitución. Dentro del CBS figuran tres impuestos, a la Integración Social, al Financiamiento de la Seguridad Social y a los Productos Industrializados. El IBS está integrado por un impuesto a la Circulación de Mercaderías y Servicios y sobre los Servicios, según detalla el portal de Carta Capital. Esta intrincada maraña de contribuciones federales, estaduales y municipales demorará la puesta en marcha total porque todavía resta articular la letra fina. El proyecto original había sido presentado en junio, pero efectivamente la escasa representación del Partido de los Trabajadores dificultó por un lado el tratamiento y luego fue trabando cada una de las iniciativas con chicanas de los distintos espacios opositores. Finalmente la iniciativa (Propuesta de Enmienda Constitucional, PEC), que había sido devuelta con modificaciones del Senado, terminó aprobada por 365 votos a favor y 118 en contra. La reforma fue aplaudida incluso por la poderosa cámara empresarial paulista, la Federación de Industrias del Estado de San Pablo (FIESP), que en un comunicado dijo que Brasil “pasará a tener un sistema tributario más moderno, transparente y alineado a las mejores prácticas internacionales, simplificado la vida de quien genera empleo y renta”. Los empresarios celebraron especialmente que la normativa impide el aumento de la carga tributaria, aunque prevé una revisión de las exenciones cada cinco años. «Brasil maduró. Necesitaba enfrentar esa agenda, que es la más importante de las reformas, porque organiza todo el sistema productivo», declaró, eufórico, el titular de la cartera de Hacienda y excandidato a presidente en 2018, Fernando Haddad. Ayer, durante la ceremonia de la firma de un contrato para las obras en el emprendimiento “Copa do Povo”, en Itaquera, San Pablo, Lula dijo que “la reforma va a facilitar inversiones, pago de impuestos, que pague más quien gana más y menos quien gane menos, mejorando la vida del brasileño”. El escenario era en terrenos comprados por el Movimiento de los Sin Tierra (MST) en 2014 y donde se construirán dentro del plan Mi Casa, Mi Vida, de la Caixa, una institución de crédito pública con más de 160 años de historia. Allí, Lula aprovechó para darle un nuevo empuje a su pollo para promover el liderazgo del diputado federal Guilherme Boulos, del Partido Socialismo y Libertad (Psol) para candidatearse a la prefectura de San Pablo. La puja entre la entrada del proyecto y la votación final estuvo centrada en la particularidad de que el nuevo régimen especifica que algunos rubros tendrán un tratamiento preferencial, entre ellos, el transporte, el combustible y los bancos. Los industriales alegaron que eso iba en detrimento de un sector clave para la economía del país y que eso elevó el valor del IVA a más de 27%, al menos cinco puntos más de lo que calculan. Pero finalmente aceptaron con la condición de revisar regularmente estos casos. La propuesta, como resaltó Lula, se la cargó al hombro Haddad, en una estrategia que intentó que el presidente no tuviera que poner la cara y que apareciera como una iniciativa más bien colectiva. De allí que los impulsores legislativos fueron el presidente de la cámara Baja, Arthur Lira, del conservador -aunque no lo sugiera- Partido Progresistas, y su par del Senado Eduardo Braga, del Movimiento Democrático Brasileño (MDB).
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