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El deseo del Armagedón

El deseo del Armagedón

Cuando el 24 de febrero de 2022 el presidente Vladimir Putin anunció el inicio de una Operación Militar Especial para “desmilitarizar y desnazificar” Ucrania, los medios de Occidente afirmaron muy rápidamente que se trataba de la primera guerra en Europa desde 1945.

Sin embargo, el 24 de marzo de 1999, la OTAN comenzaba el bombardeo de Belgrado, que duraría hasta el 10 de junio, la “frutilla del postre” para una sangrienta guerra civil en los Balcanes que se había iniciado cuando se disolvía la URSS. El 9 de agosto de ese mismo 1999, en Moscú, empezaba la primera gestión de Putin, quien se dedicaría a construir su liderazgo –que no abandonaría hasta hoy– y a reconstruir el de Rusia como gran potencia mundial. Mientras tanto, Estados Unidos, que se había convertido en el “Gran Hegemón”, avanzaba en su proyecto de ser el imperio global del siglo XXI. ¿Casualidades?

En lo que va de este siglo, se produjo el ataque a las Torres Gemelas, la emergencia de los países de Brics y, fundamentalmente, de China como la única potencia capaz de rivalizar cara a cara con EE.UU.; las desastrosas invasiones de Irak y Afganistán, la era de la vigilancia global y de los ejércitos mercenarios privados, una profunda crisis financiera de la que el mundo no se restablece, un período virtuoso de integración sudamericana y una operación de limpieza étnica israelí en Palestina. Todo eso en el marco de un lento, pero persistente, derrumbe del imperio estadounidense y de sus principales armas: el dólar y el liderazgo militar.

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Los atentados ya no son obra de «grupos terroristas de izquierda», como en la mitad del siglo XX

Hasta las elecciones del 5 de noviembre de 2024, en Estados Unidos, era perceptible una unidad de criterios dentro de la OTAN, y durante la última parte de la administración de Joe Biden, el reloj del apocalipsis comenzó a acercarse velozmente a la medianoche; esto indicaría el fin de la humanidad. El aplastante triunfo del extravagante magnate inmobiliario Donald Trump pareció dar vuelta todo. Pero no pasó mucho tiempo para el regreso de esa peligrosa “normalidad”.

Los cuatro años de su primer mandato y los cuatro de su travesía por el desierto fuera de la Casa Blanca le ensenaron que no iba a tener mucho tiempo para concretar sus planes, los cuales se basan en el lema de “Hacer Grande Nuevamente a EE. UU.” (MAGA, en inglés) y recuperar la “era dorada” con guerras arancelarias, mucho maltrato sobre todo a los aliados, una rearticulación de su aparato imperial y un objetivo bastante explicito de que el resto del planeta pague la astronómica deuda pública generada por décadas de guerras inútiles. Y perdidas.

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Pero el 13 de junio de 2025, Israel lanzó sus primeros ataques contra el aparato científico nuclear de Irán. Unos días más tarde, Trump era otro: ordenó destruir la base de enriquecimiento de uranio de Fordow, a un centenar de metros bajo la superficie. En ese preciso instante, sus principales apoyos dentro del movimiento MAGA –desde el ideólogo ultraderechista Steve Bannon hasta el periodista Tucker Carlson– le bajaron el pulgar. Trump se había rendido a la voluntad del lobby israelí y al “Estado profundo” contra el que se había comprometido a luchar.

Las preguntas claves serán: ¿Cómo se llegó a esto? ¿Es posible evitar otra catástrofe? Y para los que vivimos en esta parte del mundo, ¿cómo afectará a la Argentina y a América Latina una Tercera Guerra Mundial, con la amenaza de gobiernos, como el de Javier Milei, que se acoplan sin fisuras a lo que se decida en el Salón Oval y a las ansias expansionistas del Gobierno de Israel? ¿La guerra se dará entre lo que queda de Occidente y Rusia-China o los Brics –al que renunció el gobierno argentino no bien asumió Milei, en diciembre de 2023– serán el enemigo?

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El sueño de Armagedón

En 1994 el historiador británico Eric Hobsbawm publicó La edad de los extremos: El corto siglo XX. Una profunda revisión del período que va de 1914 a 1991. Es decir, desde la Primera Guerra Mundial hasta la disolución de la Unión Soviética y la caída en simultáneo del bloque del “socialismo realmente existente”, como recalca el académico, cuya tumba está ubicada en el cementerio de Hightgate, en Londres, a pocos metros frente a la de Karl Marx. Vaya deseo póstumo.

Cuando se cumplieron tres décadas de esa publicación, y en medio de dos guerras de consecuencias impredecibles, en Ucrania y en Medio Oriente, hay algunos párrafos de aquel trabajo memorable de Hobsbawm que despiertan todas las alertas. Fundamentalmente si se tiene en cuenta que la Organización del Tratado del Atlántico Norte bate parches de una escalada contra Rusia mientras Israel no cesa en su estrategia de demolición de Palestina, lo que arrastra al mundo a una nueva conflagración, esta vez con el riesgo cierto de un holocausto nuclear.

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“¿Por qué, pues, las principales potencias de ambos bandos consideraron la primera guerra mundial como un conflicto en el que solo se podía contemplar la victoria o la derrota total? –dice Hobsbawm, para responderse–. La razón es que, a diferencia de otras guerras anteriores, impulsadas por motivos limitados y concretos, la primera guerra mundial perseguía objetivos ilimitados. En la era imperialista, se había producido la fusión de la política y la economía. La rivalidad política internacional se establecía en función del crecimiento y la competitividad de la economía, pero el rasgo característico era precisamente que no tenía límites”. ¿Suena a algo actual? Pues claro. Pero sigue.

“De manera más concreta, para los dos beligerantes principales, Alemania y Gran Bretaña, el límite tenía que ser el cielo, pues Alemania aspiraba a alcanzar una posición política y marítima mundial como la que ostentaba Gran Bretaña, lo cual automáticamente relegaría a un plano inferior a una Gran Bretaña que ya había iniciado el declive. Era el todo o nada. En cuanto a Francia, en ese momento, y también más adelante, sus aspiraciones tenían un carácter menos general pero igualmente urgente: compensar su creciente, y al parecer inevitable, inferioridad demográfica y económica con respecto a Alemania. También aquí estaba en juego el futuro de Francia como potencia de primer orden”. Si se cambian los nombres de los países –o mejor dicho de los bloques– por Estados Unidos-Unión Europea y Rusia-China-Brics, el resultado da que hay dos trenes a punto de chocar y nadie parece dispuesto a evitarlo.

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¿Cuándo se empezó a gestar esta nueva guerra europea? Una respuesta podría ser, parafraseando a Hobsbawm, que mientras se diluía la URSS y el centro de Europa volvía a quedar huérfano de un poder central que aglutinara a pueblos y culturas al borde del abismo desde hace siglos. Se diría que son aguas revueltas desde la caída del Imperio Romano Germánico que terminó con la invasión napoleónica, en 1806. O de los imperios zarista y otomano, desparecidos entre 1914 y 1918. Pueblos surgidos de los restos imperio romano con una fuerte impronta cristiana, en permanente rechazo al mundo musulmán y la cultura eslava. Y no nos olvidemos, también del mundo judío, porque si hay otro foco de incendio ese es el Medio Oriente.

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El contexto en el que están sumergidas las grandes potencias tiene mucho de ese pasado que no cesa de irse, sumado a iniquidades cometidas por Occidente en todo el planeta desde 1991, como recalca Vladimir Putin. Lo que no debería sonar a una apología del presidente ruso. Se anotan para entender las razones esgrimidas en el juego geopolítico que se desarrolla en ese territorio clave de Eurasia y la apuesta por revitalizar el estatus de superpotencia de Rusia.

Ese porfía se exterioriza con más ímpetu desde 2021, aunque desde 2014 Putin venía advirtiendo que para Rusia, Ucrania es la línea roja de la que no aceptará moverse. Es decir, así como Rusia solo puede contemplar la victoria o la derrota total, lo mismo ocurre con la OTAN, Estados Unidos, el Reino Unido y los socios en la Unión Europea. Tampoco China se bajaría a esta altura del sendero que la lleva a dejar atrás el “siglo de la humillación”.

Este bien podría ser otro capítulo de una guerra cuyo prólogo se produjo entre 1914 y 1918, hubo un capítulo entre 1939 y 1945 y el ¿epílogo? está ahora en sus albores. No por casualidad se trata de los mismos escenarios y con, básicamente, los mismos actores: el imperio anglosajón llevando de la mano a la OTAN, y ahora nuevos jugadores internacionales, que se unen en el grupo Brics+ y que participan en ese mundo multipolar que busca consolidar un lugar bajo el sol.

Esos locos peligrosos

Si España fue en 1936 el laboratorio de pruebas de nuevos artefactos bélicos, en Ucrania, como poco antes en Siria, prueban la más reciente generación de maquinarias creadas para la destrucción humana. El temor es que el experimento culmine con la aplicación de la energía nuclear con fines criminales, como Estados Unidos hizo en Nagasaki e Hiroshima en agosto de 1945. El temor es que ya no tenga vigencia la estrategia de disuasión nuclear de la Guerra Fría, eso que el matemático húngaro-estadounidense John von Neumann llamó Destrucción Mutua Asegurada, cuyas siglas en inglés se escriben MAD, literalmente “loco”. Es decir, si la URSS y EE.UU. tenían capacidad nuclear como para eliminarse mutuamente, había que estar loco para ir más allá de la amenaza verbal. Y funcionó –a pesar de algunos sofocones como la crisis de los misiles en Cuba en 1962– mientras la Unión Soviética estuvo en pie.

¿Qué tan locos están los líderes de primer este cuarto del siglo XXI? ¿Qué tan dispuestos irían a todo o nada para mantener la supremacía? ¿Qué tan racionalmente podrían actuar cuando en la sociedad de la nación todavía más poderosa –aunque en decadencia– hay grupos cada vez más numerosos e influyentes que no le temen al Armagedón sino todo lo contrario: lo buscan con desesperada fe religiosa para comenzar un nuevo mundo mejor, para terminar con el Mal en la Tierra? ¿Exagerado? Veamos.

¿Hacia una Tercera Guerra Mundial?

Un artículo de 2004 de la revista The Atlantic que firma James Mann recuerda que durante el gobierno de Ronald Reagan, y en el marco de una creciente paranoia ante la posibilidad de que estallara un conflicto nuclear con la Unión Soviética, dos burócratas de alta escuela que serían determinantes en este siglo, Dick Cheney –vicepresidente de George W. Bush– y Donald Rumsfeld –secretario de Defensa de esa administración– diseñaron un programa clandestino para establecer líneas sucesorias en caso de que un ataque acabara con la cúpula política de la nación. Se lo llamó Plan Armagedón y luego de los atentados a las Torres Gemelas, el 11S de 2001 y con Cheney y Rumsfeld en el poder, se puso en marcha para esconder a Bush y establecer una cadena de mandos con la orden de que las agencias federales activaran una sede alternativa fuera de Washington y personal preparado para lo que fuera.

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El fin de los tiempos

Armagedón es un término, según los que saben, que deriva del hebreo Har Megiddon, literalmente Monte Megido, a unos 90 kilómetros al norte de Jerusalén. Allí, según el Libro del Apocalipsis, se desarrollará la batalla final entre el bien y el mal, entre Dios y las fuerzas del mal.

La idea del Armagedón ocupó libros y films de Hollywood del género de terror, pero subrepticiamente fue creciendo por debajo de la superficie en la sociedad estadounidense y se extendió a gran parte de América Latina mediante una formación religiosa evangélica sionista.

Se trata de una teología que en líneas generales sostiene que la creación del Estado de Israel –o el Reino de Israel en términos bíblicos– es una señal de que está en marcha el reloj del Armagedón y se acerca la segunda llegada de Jesucristo. Cosa que ocurrirá cuando se construya el Tercer Templo de Jerusalén.

Luego de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, un grupo de presión llamado Cristianos Unidos por Israel (CUI) que asegura contar con 10 millones de miembros –eso dice Adam Gabbatt en The Guardian)–, y otras tantas iglesias evangélicas de Estados Unidos manifestaron su apoyo irrestricto a Israel. “De acuerdo con la tradición cristiana de la Guerra Justa, también afirmamos la legitimidad del derecho de Israel a responder contra quienes han iniciado estos ataques, ya que Romanos 13 otorga a los gobiernos el poder de portar la espada contra quienes cometen actos tan malvados contra vidas inocentes”, dicen en un comunicado.

John Hagee, telepredicador y fundador de CUI, había profetizado unos meses antes, en diciembre de 2023: “Dios se está preparando para defender a Israel de una manera tan sobrenatural que dejará sin aliento a los dictadores del planeta Tierra, pero estamos viviendo en la cúspide de la mayor serie de eventos sobrenaturales que el mundo haya visto jamás”.

En marzo de ese mismo año, la documentalista noruega Tonje Hessen Schei presentó su último trabajo, codirigido por el estadounidense Michael Rowley, Praying for Armageddon (Orando por el Armagedón), al que denominó un “thriller político” que revela la fusión entre el cristianismo evangelista y la dirigencia política de Estados Unidos. “No creo que muchos estadounidenses se den cuenta de que el tipo de lobby oculto del Armagedón del fin de los tiempos… tiene un poder político real. Constituyen la columna vertebral del Partido Republicano”, afirma la autora en un reportaje con Deadline, una revista online dedicada al cine. En entrevistas con los involucrados y con expertos en el asunto, el film muestra el modo en que esos grupos buscan el fin de los tiempos y una nueva creación.

“Imagínese no solo creer que el mundo está llegando a su fin, sino también querer que suceda. Con ansias. Luego, vayamos un paso más allá e imaginemos a personas con esa mentalidad diseñando la política y las relaciones exteriores estadounidenses para lograr exactamente lo que buscan: el apocalipsis”, dice el crítico Matthew Carey en esa misma publicación.

La base bíblica sobre la que se sostiene esta teogonía está en el Antiguo Testamento.

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Estos sectores basan su interpretación en los textos sagrados para enarbolar su visión extrema del mundo. O en otro sentido, no es el cristianismo ultra el único credo con una visión definitiva y fatal del momento histórico. Durante las últimas décadas la palabra fundamentalismo parece remitir en los medios solo al extremismo musulmán. Yihadistas, talibán, grupos como Al Qaeda, Boko Haram o Daesh son chivos expiatorios fáciles para medios y mandatarios de todo el mundo occidental a la hora de atribuir responsabilidades sobre hechos violentos. Los atentados ya no son obra de “grupos terroristas de izquierda”, genéricamente hablando, como en la segunda mitad del siglo XX.

Así, hay estados descriptos despectivamente como “teocráticos” porque basan la autoridad de su gobierno en el poder de Dios o de un sacerdote que interpreta la voluntad de Dios. El ejemplo que sale de inmediato es Irán, donde si bien hay un sistema político elegido por el voto popular, la palabra del imán tiene un peso determinante como líder espiritual de la nación.

Israel se jacta de ser la única democracia realmente existente en el Medio Oriente. Pero en julio de 2018 el parlamento –Knesset– aprobó una polémica ley que declara al Estado de Israel como “la nación-estado del pueblo judío, en el que éste ejerce su derecho natural, religioso e histórico a la autodeterminación”. Y agrega que ese derecho a la autodeterminación es “exclusivo del pueblo judío”.

Eso no es todo. La Biblia, para los colonos israelíes –que no cesan de ocupar tierras fuera de las fronteras previas al año 1967 en Cisjordania y cometen tropelías amparados por el estado y sus fuerzas militares– funge de escritura notarial de las parcelas que quieran utilizar para su provecho, desplazando violentamente a los pobladores originarios palestinos que ostentan derechos legítimos.

Para bellum

¿Sería apenas una teoría conspirativa la que lleva a inquietarse ante un Armagedón nuclear? ¿Habrá que creer que son solo bravuconadas propias de películas de terror o teorías de mentes afiebradas?

En diciembre de 1987 y en el marco de los nuevos tiempos que asomaban en la URSS, el jefe de estado soviético, Mijail Gorbachov, firmó con el 40º presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, el Tratado INF (Siglas en inglés para Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio) que puso fin a los misiles balísticos y de crucero con un alcance de entre 500 y 5.500 kilómetros.

En abril de 2010 el entonces presidente de Rusia, Dmitri Medvedev, y el 44º presidente de EE.UU., Barack Obama, firmaron el Start III (Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, en inglés) o New Start, por el que se comprometieron a reducir su arsenal atómico en dos tercios. En la práctica fue presentado como el broche final a la Guerra Fría.

El 20 de octubre de 2018, el 45º presidente, Donald Trump, anunció que retiraría a su país del Tratado INF tras acusar a Rusia de no haber cumplido fielmente sus términos. Suspendió su participación en febrero de 2019, un día después, Vladimir Putin hizo lo propio. El Tratado perdió vigencia en agosto de 2019. En febrero de 2023 el presidente ruso suspendió la participación de su país en el START III porque “Rusia debe estar preparada para probar armas nucleares si Estados Unidos lo hace primero”.

La Parabellum es una pistola semiautomática diseñada a fines del siglo XIX por el austríaco Georg Luger, de allí que se haya hecho popular bajo el nombre de Luger. Producida desde 1900 por la fábrica alemana de armas Deutsche Waffen und Munitionsfabriken (DWM), fue utilizada por las fuerzas del Reich hasta 1945. Hoy es un objeto de culto. El nombre original proviene de una sentencia de los tiempos del imperio romano: “Si vis pacem, para bellum”, si quieres la paz, prepárate para la guerra.

A este axioma acudió el presidente francés, Emmanuel Macron, el 14 de marzo de 2024, a horas del inicio de una nueva elección presidencial en Rusia. “Si Europa quiere la paz, debe prepararse para la guerra”, dijo, una frase luego repetida por el presidente del Consejo europeo, Charles Michel. “Francia ya está involucrada y, por lo que parece, está dispuesta a estarlo más”, le respondió Putin. (…)

El 20 de agosto de 2023, el New York Times informa que en ese mismo mes de marzo el presidente Joe Biden había firmado una actualización de la llamada Guía de Empleo Nuclear, que se fija como objetivo “preparar a Estados Unidos para posibles desafíos nucleares coordinados de China, Rusia y Corea del Norte”. El diario agrega que el documento tiene un nivel de clasificación como ultrasecreto tan alto que “no hay copias electrónicas, solo una pequeña cantidad de copias impresas distribuidas a unos pocos funcionarios de seguridad nacional y comandantes del Pentágono”.

¿Cuántas armas nucleares hay en poder de cada país? Imposible saberlo con certeza, porque el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) no controla a todos los jugadores de este peligroso deporte y la paranoia es el peor consejero en estas cuestiones. Se sabe que Israel, por ejemplo, tiene entre 90 y 200 artefactos sin declarar y por lo tanto sin verificación externa, pero también en junio de 2025 llevó al mundo al borde del abismo en la que Trump pretendió vender como una “guerra de los 12 días” cuando se lanzó a destruir el proyecto nuclear iraní.

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Salvo el “pequeño detalle” de que ahora hay armamento atómico, no ocurre nada que no haya sucedido poco antes del asesinato del archiduque Francisco Fernando, el 28 de junio de 1914, como nos recuerda Hobsbawm. Si todos se arman tan abierta y provocativamente, tarde o temprano van a terminar usándolas. Mientras tanto, vayamos a rastrear en ese pasado reciente y no tanto en busca de entender cómo llegamos a esto y qué consecuencias puede tener para un país como Argentina, que con el gobierno de Javier Milei adscribe como ninguno en una región tradicionalmente de paz a los postulados de Estados Unidos y de Israel.

☛ Título: Cerca del apocalipsis

☛ Autor: Alberto López Girondo

☛ Editorial: Ciccus

☛ Edición: 2025

☛ Páginas: 280

Datos del autor

Alberto López Girondo es editor de la sección Mundo del diario Tiempo Argentino de Buenos Aires desde 2010 y redactor-columnista en la revista Acción, del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos.

Fue docente en la escuela de periodismo TEA y editor del canal Noticias del extinto portal El Sitio.com. Fue subeditor de la sección Policiales del diario PERFIL (año 1998), secretario de Redacción del diario La Prensa (1994-1997) y redactor en Página/12 (1988-1994).

Fue colaborador free-lance en las revistas Veintitrés, Tercer Sector, Tres Puntos, La Maga, El Periodista, El Observador, Somos, Crisis y El Equipo, y coordinó la tarea periodística de la revista Colección Deportiva.

Publica sus artículos en el sitio web Sopa Caótica. www.lopezgirondo.com.ar.

Diario Perfil, 19 de Abril de 2026

Los buitres merodean a Trump por el petróleo de Venezuela

Los buitres merodean a Trump por el petróleo de Venezuela

Nadie puede llamarse a engaño. Con Donald Trump las cartas están sobre la mesa, lo que facilita cualquier interpretación sobre sus verdaderos propósitos, mal que les pese a propios y ajenos. El encuentro de este viernes en la Casa Blanca con los CEOs de las grandes petroleras mundiales fue la explicitación más clara del “nuevo orden trumpista” para Venezuela, mientras que las nuevas amenazas contra Groenlandia dejan a Europa en posición de debatir de dónde les viene el peor peligro, si del este, con el monstruo que supieron construir en Vladimir Putin, o del oeste, con el “amigo americano” al que todavía aplauden mansamente. El secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fue seguramente el último clavo en el ataúd del “mundo basado en reglas” de las que hacían gala los anteriores gobiernos estadounidenses, y quizás la única voz de advertencia de peso hoy día sea la del papa León XIV, que en una audiencia ante casi medio millar de diplomáticos de 184 países en el Vaticano dijo que “la guerra vuelve a estar de moda” y señaló puntualmente que «se ha roto el principio establecido tras la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras ajenas».

La semana posterior a la incursión terrorista sobre Venezuela dio pasto para análisis de todos los colores sobre lo que ocurrió en la madrugada del sábado pasado y cómo quedaban las fichas tras el secuestro de Maduro. Pronto la niebla se disipó y tras la asunción como presidenta encargada (interina) de Delcy Rodríguez, el mundo siguió andando a su nuevo ritmo. La hasta ahora  vicepresidenta fue esquivando las chanzas y provocaciones de Trump y avanzó hacia un grado de normalización de las relaciones entre Caracas y Washington, al tiempo que la petrolera nacional PDVSA confirmaba acuerdos para la venta de crudo a EE UU.

Los buitres merodean a Trump por el petróleo de Venezuela

Foto: Aldana Somoza

Un incidente con un buque petrolero que mostraba bandera rusa y que navegaba en el Atlántico Norte hizo temer por un enfrentamiento directo entre las dos potencias. La sucesión de hechos sugiere que los gestos son más elocuentes que mil palabras: se sabía que Putin tenía “la pelota sobre el tejado” tras el ataque con drones ucranianos interceptados cerca de su residencia en Nóvgorod. Ese hecho, unos días antes del secuestro de Maduro, indicaba que occidente no se andaba con chiquitas, de modo que la respuesta, con el “as en la manga” del misil hipersónico Oreshnik no se hizo esperar. El Mando Aéreo Oeste de la Fuerza Aérea de Ucrania confirmó que el misil “se desplazaba a una velocidad de aproximadamente 13.000 kilómetros por hora en una trayectoria balística” sus seis cabezas convencionales impactaron en instalaciones energéticas en la región de Lviv, en el oeste y cerca de la frontera con Polonia.

El clima está bastante espeso entre los que quieren consolidar el mundo multipolar contra la hegemonía estadounidense, que se alían en el BRICS. En China, el gran enemigo, el presidente Xi Jinping convocó al Politburó y salió con los botines de punta contra la incursión estadounidense, que afecta directamente los intereses del gigante asiático, comprador principal del petróleo venezolano. El otro proveedor, Irán, esta sufriendo una ofensiva interna de imprevisibles consecuencias. Teherán denuncia a las administraciones de Trump y de Benjamin Netanyahu. Beijing sospecha lo mismo.

Los buitres merodean a Trump por el petróleo de Venezuela

Mientras Trump repite provocaciones contra México y hace un guiño a Gustavo Petro –a quien recibiría en breve tras una conversación en que parecen haber hecho las paces- la tiene complicada en el frente interno por el asesinato en Minneapolis de una activista contra las redadas antimigratorias, Renee Nicole Good, acribillada por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE en inglés). En el Congreso, en tanto, todos los senadores demócratas y un puñado de republicanos aprobaron (52 votos a favor y 47 en contra) una resolución que trata de impedir aventuras intervencionistas sin aprobación legislativa.

Netanyahu también enfrenta sus cuitas por muerte del juez Benny Sagi, atropellado por un auto cuando conducía su motocicleta cerca de kibutz Kfar Menachem, en territorio palestino ocupado. Sagi, de 54 años, era presidente del Tribunal del Distrito de Beresheba, que investiga causas de corrupción contra el primer ministro, entre ellas el llamado «Caso 3000», sobre la compra de submarinos y buques a Alemania.

El secretario de Estado, Marco Rubio, a todo esto, si bien se destaca por ser el impulsor de la ofensiva contra Venezuela y el Caribe en general, da señales de que busca darle un barniz institucional al operativo y habla de un plan de tres fases. En la primera está el tema de la apropiación del petróleo, una segunda etapa se habla de la “recuperación del sector petrolero”, que tras años de bloqueos está bastante golpeado, y la tercera, lejana, sería avanzar hacia un proceso democrático.

Pero el jefe de Estado puso quinta velocidad y este viernes reunió a directivos petroleros para plantearles su plan. Le puso un número al desafío, costaría unos 100.000 millones de dólares, pero con un pequeño inconveniente para la voracidad de esos jugadores: deberán ser dólares propios.  “No necesitan dinero público, pero sí protección del Gobierno y seguridad de que recuperarán su inversión y obtendrán un retorno muy bueno”, garantizó. No se fueron muy convencidos.

Los buitres merodean a Trump por el petróleo de Venezuela

El que sí hizo pingües beneficios con la crisis venezolana y la apropiación de activos de esa nación en el exterior fue nuestro conocido Paul Singer. El hombre, dueño de un fondo buitre acostumbrado a lucrar con las desgracias de países que padecen alguna forma de acoso judicial, en la Argentina litigó por bonos de deuda en default del 2001 cuyos tenedores no aceptaron la refinanciación durante los gobiernos kirchneristas. Eran 177 millones de dólares que se convirtieron así en 2280 millones que Mauricio Macri pagó sin chistar ni bien asumió, en 2016.

 Con maniobras semejantes, la cadena de refinerías y estaciones de servicio Citgo de Estados Unidos, de propiedad de PDVSA, fue llevada a situación crítica y en noviembre pasado el juez Leonard Stark, de la Corte del Distrito de Delaware, donde se sustanciaba su quiebra, dictaminó la venta de sus acciones al fondo Elliot Investment Management. Por 5900 millones de dólares, el fondo fundado en 1977 por Singer se llevó una joya de la corona venezolana valuada en 2023 en hasta 40.000 millones y 20.000 millones en 2025. Un negocio redondo que Trump viene a consolidar. Algo es algo.

Los buitres merodean a Trump por el petróleo de Venezuela
Oreshnik, el nombre de la «vendetta» rusa

Un comunicado de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) informa que Rusia atacó el oeste de Ucrania con “242 drones suicidas, 13 misiles balísticos Iskander-M/S-400, 22 misiles de crucero Kalibr y un misil balístico de mediano alcance Oreshnik” y murieron al menos cuatro personas, con unos 60 heridos.
El misil hipersónico impactó en el distrito de Stryi, Lviv, cercano a la frontera con Polonia, y destruyó “la instalación subterránea de almacenamiento de gas Bilche-Volytsko-Uherske”. Se trata de la planta “más grande de Ucrania y estratégicamente importante para toda Europa”, puntualiza.
“La situación más crítica es el suministro de calor”, lo que con la ola de frío -se calcula que en los próximos días habrá hasta 20 grados bajo cero- deja a más de 1,7 millones de personas sin calefacción y obligará a cortes de electricidad a otros 2,5 millones de personas.
El ministerio de Defensa de Rusia dijo el viernes que «en respuesta al ataque terrorista del régimen de Kiev contra la residencia del presidente de la Federación de Rusia las Fuerzas Armadas lanzaron un ataque masivo con armas de precisión de largo alcance con base en tierra y mar, incluido el sistema móvil terrestre de misiles de alcance intermedio Oreshnik, contra instalaciones de importancia crítica en territorio de Ucrania».

Tiempo Argentino, 11 de Enero de 2026

Coalición de Voluntarios: los líderes europeos corren a Vladimir Putin con la vaina

Coalición de Voluntarios: los líderes europeos corren a Vladimir Putin con la vaina

Los líderes europeos siguen empecinados en continuar la guerra en Ucrania y diseñan alianzas destinadas a presionar para que Rusia acepte condiciones en un escenario en el que ya demostró sus cartas de triunfo. Para decirlo en criollo, intentan correr a Vladimir Putin con la vaina mientras en sus propias casas la situación se desmorona. Pruebas al canto: Emmanuel Macron -cuyo primer ministro pende de un hilo- recibió en el Eliseo a varios jefes de estado que adhieren a una denominada Coalición de Voluntarios. La cumbre sería seguida vía Zoom por el británico Keir Starmer -coorganizador de la movida- y otros que prefirieron no viajar a París. Al cierre se conectaría Donald Trump. La hoja de ruta: el despliegue de tropas luego de un eventual acuerdo entre Kiev y Moscú. Macron y Volodimir Zelenski anunciaron que 26 países se sumaron a una fuerza de “tierra, aire y mar” para garantizar la seguridad de Ucrania. Dato adicional: los convocados eran 35, los “voceros” informan tácitamente que nueve no adhirieron, aunque no dan más precisiones. Pero la italiana Giorgia Meloni y los mandatarios de Polonia, Japón y Turquía, avisaron que no van a enviar soldados. Putin se apuró a señalar que cualquier efectivo militar que aparezca en el teatro de operaciones será considerado un “objetivo legítimo para su destrucción”. ¿Fin?

La cumbre fue el jueves y a medida que pasan los días hay un clima de desasosiego en los promotores de la Coalición. El representante de Trump, Steve Witkoff, se retiró a los 20 minutos de iniciado el encuentro, sin dar explicaciones. Al rato, los jefes de la OTAN, el Consejo y la Comisión Europea y Zelenski armaron la videollamada con la Casa Blanca. Macron dijo que se trataba de explicarle a Trump cuál era el propósito del encuentro y de convencerlo de que sea uno más o, en todo caso, ver hasta donde podían contar con EE UU.

El presidente estadounidense, sin embargo, seguía obnubilado por el impresionante desfile que se había producido en Beijing y sobre todo por la imagen de Xi Jinping con Putin, y el abrazo de ambos con el indio Narendra Modi en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái. Ahí se juegan las cartas que pesan hoy día y no en la palestra europea, donde ya la administración republicana dio pruebas de que se quiere desentender y enfocarse en otros ámbitos menos comprometedores.

Macron enfrenta una crisis política por el rechazo de gran parte de la sociedad a los ajustes de 44.000 millones de euros que plantea su gobierno, bajo la batuta del premier conservador. François Bayrou enfrenta este lunes un voto de confianza en el Parlamento que podría derivar en la caída de una gestión que nació ya golpeada en diciembre, luego de la debacle de otro representante de la derecha, Michel Barnier. Maniobras de Macron que le permitieron aguantar tras los comicios de mediados de 2024 y su derrota ante la centroizquierda del Nuevo Frente Popular y la ultraderecha de Agrupación Nacional. El miércoles Bloquons Tout (Bloqueemos Todo), un movimiento de protesta que integra a unas 20 organizaciones que se mueven desde las redes sociales, esperan paralizar al país.

Starmer, en tanto, que suele ser muy activo en sus propias redes, no habló de la Coalición militar, pero dio otra señal sobre la manera en que busca reactivar la economía británica. Su oficina de prensa difundió un comunicado donde resalta que «el primer ministro acogió con satisfacción las declaraciones de los socios de la coalición sobre su voluntad de suministrar misiles de largo alcance a Ucrania para reforzar su arsenal». Desde su cuenta de X, puntualizó: “Prometí que nuestra industria de defensa sería el motor de la renovación nacional. Se están creando más de 1700 nuevos puestos de trabajo en el sector, ya que hemos conseguido una inversión extranjera sin precedentes. Ese es mi Plan de Cambio en acción: impulsar el crecimiento y las oportunidades para los trabajadores”. Keynesianismo bélico a todo vapor.

Sobre la efectividad de la Coalición de los Voluntarios digamos que el nombre refiere a aquella alianza que en 2003 atacó Irak para destronar a Saddam Hussein y que solícitamente integraron el Reino Unido de Tony Blair y la España de José María Aznar con el gobierno de George W Bush. Las consecuencias se conocen. En diciembre de 2023, último tramo del gobierno de Joe Biden, la Casa Blanca armó otra Coalición de Voluntarios contra Ansarollah, el grupo de resistencia islámica yemenita que bloquea el tráfico con destino a Israel por el Mar Rojo. Esa vez también eran unos 20, según los anuncios. Tampoco dijeron quiénes eran. No pasó gran cosa y los hutíes siguen en lo suyo. 

Tiempo Argentino, 7 de Septiembre de 2025

China recuerda los 80 años de su victoria contra Japón y reafirma su liderazgo mundial

China recuerda los 80 años de su victoria contra Japón y reafirma su liderazgo mundial

China celebrará este miércoles los 80 años de su victoria sobre las fuerzas invasoras en la que, con justa razón, denomina Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la agresión Japonesa y la Guerra Antifascista Mundial, con un desfile militar en el que mostrará el poderío que construyó desde aquel momento histórico. Ignorada por Occidente –que no suele computar como víctimas de la Segunda Guerra a los 35 millones de chinos que cayeron en esa brutal contienda, ni los 80 millones de desplazados o las 1100 ciudades arrasadas por el imperio nipón- la China actual muestra el lugar que ocupa en el mundo con una celebración a la que asistirán unos 50 líderes, entre los que destacan el presidente ruso, Vladimir Putin, el norcoreano Kim Jon Un, el iraní Masud Pezeshkian, el cubano Miguel Díaz-Canel y los jefes de estado de Asia central, del Congo, de Zimbabue, de Serbia, de Bielorrusia y de Eslovaquia.

Por si fuera poco, Xi Jinping abrirá el recordatorio este domingo, cuando reciba al primer ministro indio, Narendra Modi, al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan y al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, en la XXV cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) que se desarrolla en la ciudad de Tianjin.

Se trata de dos manifestaciones del lugar que ocupa la República Popular de China en este momento de profundo cambio de hegemonía mundial. La OCS es una organización surgida formalmente en 2001 que se consolida como una OTAN asiática y que atiende a la seguridad regional y la cooperación económica. Formada inicialmente por China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán, actualmente cuentan con una banca India, Pakistán, Irán y Bielorrusia, con Mongolia y Afganistán como observadores, y hay otras 14 naciones que buscan lugar. Para tener una idea, digamos que abarca el 24% de la superficie terrestre, el 42% de la población mundial y el PBI ronda en 23%.

Mientras el presidente Donald Trump se presenta como promotor de un acuerdo entre Ucrania y Rusia para poner fin a la guerra iniciada en febrero de 2022, Putin aprovechará su escala en Tianjin para conversar del asunto con Modi, Erdogan y Pezeshkian. La bilateral con el líder indio es toda una señal para la Casa Blanca, ya que Trump confirmó esta semana la aplicación de un 50% de aranceles contra India en castigo por la compra de petróleo a Rusia. Por otro lado, más allá de choques puntuales entre Nueva Delhi y Beijing y los recientes enfrentamientos militares en la frontera de Cachemira -que también Trump se jacta de haber solucionado-, en la OCS se verán Modi con el pakistaní Shehbaz Sharif y podrán limar asperezas sin injerencias extracontinentales.

Putin, a todo esto, concedió un amplio reportaje a la agencia Xinhua en el que subraya que los ciudadanos soviéticos y chinos fueron “quienes padecieron las mayores dificultades en la lucha contra los invasores y desempeñaron un papel decisivo en la derrota del nazismo y del militarismo” y recordó que gracias a la resistencia china Japón no pudo “asestar una puñalada por la espalda a la Unión Soviética durante los meses más oscuros de 1941-1942”. Por tal razón, agregó en medio de otras consideraciones acerca de las relaciones Moscú-Beijing, dijo que se debe condenar “cualquier intento por tergiversar la historia de la Segunda Guerra Mundial”.

Asesinato en Leópolis

Las imágenes captadas por las cámaras de seguridad mostraban al atacante saliendo detrás de un vehículo estacionado en la calle y acercarse al transeúnte que circulaba tranquilamente por la vereda. Ligeramente cubierto por las ramas de un árbol, no se percibe el momento en que Andrii Parubi, el expresidente de la Rada, el Parlamento ucraniano, era rematado de ocho disparos en la ciudad de Leópolis, donde había nacido en 1971. El homicida huyó en una bicicleta eléctrica.

Parubi es recordado como uno de los coordinadores del Euromaidán, las manifestaciones que terminaron con el derrocamiento del presidente Viktor Yanukovich, en 2014, que desataron primero la incorporación de Crimea a Rusia y luego de las repúblicas de Donetsk, Lugansk y los óblast de Zaporiyia y Jersón a la Federación de Rusia en 2022, días antes de la guerra.

Volodimir Zelenski acusó de inmediato a Rusia por el crimen, pero Parubi era un personaje incómodo para el presidente, que según algunas fuentes, temía que le estuviera armando un Maidán en vista de su pérdida de liderazgo y la decisión de atornillarse al poder sin llamar a elecciones.

Para Moscú, Parubi no era ciertamente alguien querido y lo acusan de haber tenido inclinaciones nazis y de haber organizado el incendio en la Casa de los Sindicatos de Odessa en mayo de 2014 que dejó un saldo de 36 muertos. El canal ruso RT le atribuye la siguiente frase para mostrar quién fue: “Yo mismo soy un gran partidario de la democracia directa, incluso me dediqué a ello a nivel científico. Por cierto, les diré que la persona más importante que practicó la democracia directa fue Adolf Aloizovich (Hitler) en los años 1930. Debemos recordar esto”. 

Tiempo Argentino, 31 de Agosto de 2025