por Alberto López Girondo | Sep 25, 2021 | Sin categoría
La detención de Carles Puigdemont en la isla italiana de Cerdeña, le dio un nuevo impulso al independentismo catalán, cuando desde Madrid el gobierno de Pedro Sánchez había abierto un diálogo con el president de la Generalitat, Pere Aragonés. “España no pierde nunca las oportunidades de hacer el ridículo”, dijo el líder independentista cuando fue liberado, pocas horas después.
Puigdemont fue apresado ni bien pisó el aeropuerto de L´Alguer, el jueves pasado, cuando iba a la 33ª edición del Aplec Internacional de Adilfok, un festival de la cultura catalana que se desarrolla hasta hoy. No se trata de un evento traído de los pelos. Durante casi cuatro siglos -entre 1326 y 1718- la región estuvo bajo el dominio de la corona de Aragón y luego España. En la actualidad hay unos 44.000 habitantes que hablan catalán allí, en L´Alguer, al que irónicamente se conoce como la Barceloneta Sarda.
Puigdemont, desde la fallida declaración de independencia de octubre de 2017, tiene pedido de captura de Madrid por sedición y malversación de fondos solicitado por la gestión de Mariano Rajoy.
La primera vez que fue detenido fue en 2018, cuando llegó a Bruselas en reclamo a las autoridades de la Unión Europea por la situación de Cataluña, pero prontamente fue liberado Hubo una segunda detención en Alemania en 2018, salió de prisión a los cuatro meses. Esta vez, en Italia, este sábado fue recibido con honores por una multitud en las calles del casco viejo de la ciudad sarda. “Estoy acostumbrado a ser perseguido por España pero siempre termina igual. Estoy libre y seguiré peleando”, dijo.
Puigdemont, titular de la Generalitat cuando llamo a un referéndum reprimido brutalmente por el gobierno de Rajoy, desde Bruselas se enfrenta a embates judiciales de manera simultánea. Por un lado, está el reclamo de la justicia española, que sin embargo no impidió que fuera elegido eurodiputado en julio de 2019, lo que debería implicar inmunidad parlamentaria. Pero su caso está en controversia porque España había dictado una “euroorden de arresto” en 2017 y hay planteos sobre si rige o no para él.
Por otro lado, el Parlamento europeo le quitó la inmunidad por considerar que no se sometía a la justicia, en marzo. Recurrida la decisión por sus abogados, aún faltaría el fallo definitivo del Tribunal General de la Unión Europea. De allí que Puigdemont haya calificado a su detención como ilegal.
El diálogo entre Aragonés y Sánchez, en tanto, tuvo un atisbo de comienzo el 15 de setiembre. Desde Madrid hubo un gesto de distensión cuando se dictó un indulto para nueve altos cargos del Govern implicados en la intentona secesionista de 2017. El president catalán y el jefe de estado español hablaron por más de dos horas en el Palau de la Generalitat, en Barcelona. “Las posiciones están muy alejadas, pero hemos coincidido en que la mesa de diálogo es el mejor camino”, dijo Sánchez a la salida. Aragonés declaró que había pedido una amplia amnistía para unos 3000 dirigentes procesados y la celebración de un referéndum como “la solución más inclusiva” al entuerto.
Tiempo Argentino, 25 de Septiembre de 2021
por Alberto López Girondo | Sep 25, 2021 | Sin categoría
Angela Dorothea Kasner, hija de un pastor luterano y una profesora de latín e inglés, doctorada en Leipzig con una tesis sobre química cuántica, pasó parte de su vida en la Alemania comunista aunque tuvo el privilegio de cruzar a la parte capitalista regularmente a visitar a familiares. Casada en 1977, a los 23 años, con el físico Ulrich Merkel, pensaba en otro destino para sus días cuando el 9 de noviembre de 1989 cayó el muro de Berlín y ella, según sus biógrafos, estaba enfrascada en su trabajo en la Academia de Ciencias.
Ese acontecimiento histórico llevó a la reunificación de Alemania de la mano de quien sería su mentor político, Helmut Kohl. Destinos cruzados el de ambos: ella había comenzado en la Juventud Libre Alemana, una organiza-ción antinazi ligada al Partido Comunista de la República Democrática de Alemania. Él se había iniciado en las Juventudes Hitleristas. Confluyeron en la Unión Demócrata Cristiana (CDU según las siglas en alemán).
Ya conocida por su apellido de casada, Angela Merkel supo cuándo dar el salto y en 1999 le propinó el golpe final a Kohl dentro del partido, esmerilado como estaba tras una serie de escándalos. Lo reemplazó como presidenta de la CDU y Kohl se terminó retirando de la vida política en 2002.
No sería sino hasta 2005 cuando cumpliría su objetivo de ser elegida canciller, inaugurando una era que muchos auguran difícil de olvidar. Su estilo de gestión, lejos de la estridencia pero firme y sin concesiones, fue puesta en controversia en varias ocasiones, pero siempre salió airosa. Un detalle no menor para la consolidación de la unidad europea es que si el basamento de la UE es el eje París-Berlín, durante sus 16 años de mandato pasaron cuatro presidentes en Francia. Y pudo con todos.
Del otro lado del Atlántico, también hubo cuatro inquilinos en la Casa Blanca. Fue durante el período final de George W. Bush que se las tuvo que ver con una crisis financiera que puso en jaque al euro. Ahí mostró su rostro más despiadado, obligando al resto de los socios de la UE a programas de austeridad que se ensañaron con la población de Grecia, pero también castigaron a Italia y España.
Sus enfrentamientos con Donald Trump integran un capítulo destacado en la historia del siglo XXI. Cuentan las crónicas que ella se quería retirar en 2016, pero Barack Obama le pidió que se quedara para intentar poner freno a las locuras de Trump.
Dentro de lo que se podía hacer con semejante personaje al frente de la potencia más poderosa del mundo, cumplió. Esa foto en la Cumbre del G7 de 2018 increpando al irreverente mandatario que había chicaneado a los jefes de estado de las principales economías del planeta no será fácil de superar.
Mientras consolidó el liderazgo de Alemania, acompañó a EE UU en Afganistán hasta hace unos meses. Pero no cedió en otras cuestiones centrales. Así, selló acuerdos comerciales con el gigante asiático mientras por otro lado fueron bloqueadas adquisiciones de firmas germanas por parte de capitales chinos. Y no rechaza la iniciativa de la Ruta de la Seda, que tiene un nudo importante en la ciudad que la vio nacer en 1954, Hamburgo. Para irritación de los estrategas geopolíticos de Washington, no se mostró propensa a impedir la llegada de los sistemas 5G chinos.
La relación con Rusia también esta teñida de ese pragmatismo sin disonancias que la caracteriza. Con Vladimir Putin tiene una relación de tú a tú: el presidente ruso fue jefe de la sede de la KGB en Dresde en la época de la Unión Soviética y habla fluidamente alemán.
En la era Trump también debió soportar la presión para clausurar el proyecto de gasoducto desde Rusia desti-nado a alimentar a la industria y calefaccionar a las ciudades en los crudos inviernos centroeuropeos. No es descabellado sostener que una de las razones para el golpe en Ucrania de 2014 fue impedir el paso del South Stream. Ahí se apuró el proyecto de reemplazo, Nord Stream, por el mar Báltico.
Trump logró en diciembre pasado que el Senado le aprobara una ley que sanciona a las empresas que participaban de la construcción de esa tubería. Con el cambio de gobierno, en enero pasado, la gestión de Joe Biden intentó que Merkel aceptara las mismas reglas de juego.
Difícilmente vaya a sonreír más de la cuenta -podrían tomarlo como una burla innecesaria- pero el 10 de septiembre pasado la petrolera rusa Gazprom anunció la finalización del gasoducto, de 1230 kilómetros de extensión. La tubería fue construida por un consorcio integrado también por la francesa Engie, las alemanas Uniper y Wintershall, la neerlandesa Shell y la austríaca OMV. El contrato de provisión es por 50 años y hasta ahora, dijeron en Berlín, los rusos están cumpliendo con la cantidad acordada. Con-fían en que este invierno resultará más tolerable.
Tiempo Argentino, 25 de Septiembre de 2021
por Alberto López Girondo | Sep 21, 2021 | Sin categoría
En política nadie tiene el triunfo asegurado y, como dice aquella vieja frase, no es bueno ir por la cena antes de comer el almuerzo. Al Gobierno le esperan semanas de mucha intensidad y compromiso para torcer un resultado inesperado en las PASO, esa gran encuesta real y concreta, como dijo el presidente Alberto Fernández, que, si bien marca tendencia, no es el resultado final de una elección de medio término.
Como primera respuesta, Fernández, tras un intercambio de cartas públicas y reuniones con la vicepresidenta Cristina Fernández y cierta tensión por la presentación de renuncias de un grupo de funcionarios, concretó un cambio de Gabinete. Con el ingreso del gobernador de Tucumán, Juan Manzur, como jefe de Gabinete, el paso de Santiago Cafiero a la Cancillería y la llegada de Aníbal Fernández (Seguridad), Julián Domínguez (Ganadería, Agricultura y Pesca), Jaime Perczyk (Educación) y Daniel Filmus (Ciencia y Tecnología), el presidente espera contar con más volumen político de cara al desafío que está en marcha. Pero también impulsará una agenda que le recuerde al votante el estado del país en 2019 y el motivo por el cual apostó mayoritariamente hace solo dos años contra el sendero neoliberal.
El Gobierno ya tomó nota de que esa encuesta refleja malhumor y carencias graves a nivel social, lo que exige un rumbo que, hasta ahora, el Frente de Todos no pudo poner impulsar con la intensidad pensada en el inicio de la gestión porque –es bueno no olvidar– tres meses después de llegar a la Casa Rosada tuvo que cargarse al hombro una pandemia a la que nadie sabía cómo enfrentar.
Respuesta del Estado
Con el diario del lunes, como dice aquel otro viejo axioma periodístico –de cuando los partidos de fútbol se jugaban solo los domingos– ahora se pueden sacar las conclusiones más apropiadas acerca de lo hecho por el Gobierno. Lo cierto es que el Estado pudo potenciar desde marzo de 2020 la estructura sanitaria y no le faltó atención a ningún paciente y también conseguir vacunas para inmunizar a la población en una campaña aún en ejecución. No se vieron aquí escenas espeluznantes de desborde del sistema sanitario como en otros rincones del mundo, algunos mejor preparados para esos avatares que la Argentina posmacrista. Ahora todo eso parece perdido en algún pliegue de la memoria colectiva, porque la desgracia que se evita no deja tanta huella como la que sí se produjo.
En todo caso, esa mejora sanitaria permite –y obliga– a acelerar a fondo con la reactivación económica. Los datos de las grandes variables muestran un crecimiento que las autoridades calculan en un 8% del PIB y analistas privados estiman no por debajo del 6%. Sin embargo, ese crecimiento no se percibió en amplios sectores de la población que mostraron su descontento quitando su apoyo al oficialismo en las PASO. Entre otras razones, porque padece una inflación que se deglute cualquier atisbo de recuperación salarial, no hay dinero en las calles y el empleo no aumenta a la misma velocidad en que cayó por la pandemia. Pero también resulta un dato a tener en cuenta que los incrementos en el sueldo de bolsillo solo llegan a los trabajadores registrados, que no son mayoría.
En la Argentina, los habitantes económicamente activos son unos 28 millones de personas. A junio pasado, último dato oficial, se contabilizaban sin embargo, 9.628.000 trabajadores registrados (entre el sector privado, el sector público y el trabajo en casas particulares), 2.350.000 trabajadores independientes (entre monotributistas y autónomos) y 1.300.000 desocupados. El cómputo proviene del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA).
Pero hay un amplio margen de pobladores que no aparece en la superficie –según el INDEC son unas 15.500.000 personas que no trabajan, pero tampoco buscan activamente–, una situación profundizada por la gestión anterior y con visos dramáticos agudizados por el efecto de la pandemia.
Hay un hecho paradigmático: el Gobierno se sorprendió cuando lanzó el primer Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), en abril del año pasado. El total de personas inscriptas pronto trepó a 11 millones. Nadie esperaba una cantidad semejante, habida cuenta de que los trabajadores en blanco cobrarían del incentivo a las empresas.
Un desafío y una oportunidad
Pero ante la segunda ola ese subsidio se cortó. Mayra Arena, una joven que adquirió conocimiento público luego de una charla Ted titulada «Qué tienen los pobres en la cabeza?» y que conoce la situación de las villas y asentamientos urbanos desde la cuna, reveló parte de esta problemática en sendas entrevistas periodísticas. Según la estudiante avanzada de Ciencia Política en la Universidad de Tres de Febrero, las medidas del Gobierno ante la pandemia no alcanzaron a llegar a todos porque precisamente ese universo que emergió pidiendo IFE quedó nuevamente sin ingreso al cabo de tres cuotas y volvió a estar sumergido este año. El cierre de la economía les quitó incluso posibilidades de «rebusque».
Si el Gobierno aspira a recuperar ese electorado no solo tiene que tomar en cuenta su necesidad y su reclamo, sino qué perspectiva de futuro le ofrece. Cualquier reactivación económica como la que empiezan a mostrar las cifras oficiales tardará en llegar a esos lugares hasta no hace tanto invisibles. El desafío es cómo llegar pronto y efectivamente. Y cómo hacer que se convierta en un proyecto sustentable de aquí en más.
La foto que muestran las PASO no es de votos que migraron a Juntos por el Cambio. Y, si bien es cierto que hubo una cantidad importante de sufragios para representantes de la derecha libertaria, ese parece un fenómeno acotado. Los votos para la izquierda, al fin y al cabo, fueron más en la sumatoria del país. Por otro lado, no representan una cifra a desdeñar los ciudadanos que ni siquiera se acercaron a las urnas, por temor al COVID o por apatía, y anularon su voto para mostrar irritación o marcar eso que el Gobierno reconoce como errores cometidos.
Y en ese sentido, tal vez los comicios del 12 de septiembre sean una buena noticia. Porque obligan a relanzar un Gobierno que estuvo enfrascado en el combate contra la pandemia y en otra cuestión, esta sí heredada y no sorpresiva, como es la renegociación de la deuda externa. Ahora tiene la oportunidad de desarrollar la agenda que le hizo ganar las presidenciales de 2019.
Ruidos en el Fondo
Si hay un tema que atraviesa la realidad argentina de un modo acuciante es el de la deuda externa. El año pasado, luego de meses de pujas y entredichos, el ministro Martín Guzmán logró un acuerdo por la deuda contraída por el Gobierno de Cambiemos con inversores privados.
Ahora encara el arreglo con el Fondo Monetario Internacional que permita encaminar el pago de ese volumen fenomenal de dinero, 44.000 millones de dólares que, como ironizan en el oficialismo, estuvo destinado a financiar la campaña electoral de Mauricio Macri.
Guzmán negocia con los técnicos del FMI un eventual alargamiento de los plazos de pago a más de 10 años y reducir la tasa de interés, con un período de gracia de cuatro años. Un respiro que permitiría crecer para poder pagar.
Las noticias que llegan del FMI no son todo lo alentadoras que podía esperarse de una nueva administración en el principal accionista, Estados Unidos, que aparece como más amigable con la posición argentina. Unos días antes de las PASO, el organismo de crédito anunció que designaba al brasileño Ilan Goldfajn como titular del Departamento para las Américas, el sector encargado de revisar las cuentas argentinas. Presidente del Banco Central de Brasil designado por Michel Temer tras la destitución del Dilma Rousseff, Goldfajn es un economista de perfil neoliberal.
La otra noticia que puede inquietar a Guzmán es que su principal sostén para un arreglo, la búlgara Kristalina Georgieva, está siendo cuestionada en el FMI tras una investigación que revela que cuando ocupó un cargo ejecutivo en el Banco Mundial, entre 2016 y 2019, supuestamente presionó a subordinados suyos para que forzaran un informe técnico en favor de China. Si el crédito para Macri tenía como contraparte el rol que jugaba el expresidente en el concierto geopolítico regional durante la administración de Donald Trump, esta revelación sobre Georgieva tiene también un tinte geopolítico, en este caso, por la política estadounidense sobre su principal rival planetario.
Revista Acción, 21 de Septiembre de 2021
por Alberto López Girondo | Sep 18, 2021 | Sin categoría
Cuando aún no cerraron las heridas por el desastroso final de la guerra en Afganistán, Estados Unidos y Gran Bretaña junto con Australia anunciaron la creación de una entente que busca aunar esfuerzos en “cibercapacidades, inteligencia artificial, tecnologías cuánticas y capacidades submarinas adicionales”. No lo menciona pero es un pacto tecnológico militar contra China que provocó de una movida dejó desairados no solo a Beijing sino también a Francia y la Unión Europea, que aseguran haberse enterado de lo que estaban pergeñando los tres gobiernos el día del anuncio. Para peor, el acuerdo implica la compra de submarinos nucleares elaborados en EE UU y romper contratos con proveedores franceses por una cifra superior a los 65 mil millones de euros.
De “puñalada a traición”, calificó el canciller galo, Jean-Yves Le Drian al pacto llamado AUKUS, por el acrónimo en inglés de los tres integrantes. Para manifestar el enojo incluso suspendieron una gala anunciada en la embajada de Francia en Washington para este sábado. La UE, a su vez, adelantó la presentación de un plan estratégico para la región Indo-Pacífico (ver aparte), la zona de mayor crecimiento del planeta y el centro de gravedad para la economía del futuro.
No es la primera alianza que emprende Washington con los países anglosajones en lo que muchos analistas definen como el “Imperio Angloestadounidense”. Al fin de la Segunda Guerra Mundial se creó el UKUSA, por las siglas en inglés de Acuerdo EEUU Reino Unido. Lo conformaron los países más desarrollados del Commonwealth, (Canadá, Australia y Nueva Zelanda con Gran Bretaña y EE UU). El propósito era el espionaje y el control global. El sistema es conocido por el muy adecuado nombre de Five Eyes (Cinco Ojos) o la sigla FVEY, y si bien tenía como propósito vigilar los movimientos de la Unión Soviética y sus aliados, sobrevivió a la URSS como reveló en 2013 el analista Edward Snowden, exiliado ahora en Rusia.
La noticia de la creación de AUKUS cayó muy mal en Beijing, que alertó sobre las consecuencias para el tráfico por los mares por donde circula gran parte de la producción china. “La cooperación entre Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia en materia de submarinos nucleares socava de manera grave la paz y la estabilidad regionales, intensifica la carrera armamentística y compromete los esfuerzos internacionales de no proliferación nuclear”, declaró el vocero de la cancillería china, Zhao Lijian. Para la embajada china en EEUU, el hecho es “irresponsable” y propio de una “mentalidad de Guerra Fría”.
El secretario de Defensa británico, Ben Wallace, pretendió ser ingenioso con un juego de palabras como respuesta. “Probablemente sea una visión de la Guerra Fría describirla como una Guerra Fría”, para replicar que China se “está embarcando en uno de los mayores gastos militares de su historia”. Según la ONG sueca SIPRI, que recolecta información verificable sobre armamentismo mundial, en 2020 China destinó 1,9% más de dinero a la defensa, con un total de 252 mil millones de dólares. En ese período, EEUU declaró 778 mil millones, el Reino Unido 59.200 y Australia 27.500.
Otro gobierno que protestó fue el de Nueza Zelanda, tradicional aliado de los países occidentales y aún socio en Five Eyes. La primera ministra neozelandesa, Jacinda Ardern, aseguró que impedirá el ingreso de submarinos en cuestión a aguas territoriales de su país, de acuerdo a la política antinuclear adoptada por el país en 1980.
Por lo pronto, Australia va a recibir 8 submarinos con tecnología estadounidense y propulsión nuclear, que no llevarán armamento atómico sino convencional, aunque eso nunca se sabe. La ventaja de una nave de estas características es que pueden permanecer bajo de la superficie varias semanas, en contraposición a los actuales submarinos diésel eléctricos, que además, son extremadamente ruidosos y detectables con equipos de sonar. El secretario de Estado Antony Blinken intentó calmar a los socios europeos y aseguró que estaban informados desde hace semanas de que se venía el AUKUS. Tanto Paris como Bruselas lo desmintieron y el ministro de Exteriores francés no se cuidó de ocultar su ira ante una decisión “unilateral, brutal e imprevisible” que comparó con los desplantes de Donald Trump. “Eso no se hace entre aliados”, siguió quejándose Le Drian. Para peor, desde Australia deslizaron que las naves francesas eran de menor calidad.
Tiempo Argentino, 18 de Septiembre de 2021
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