La administración de Donald Trump no se ahorra bravuconadas con tal de patear el hormiguero para ver si así puede retener lo que le queda del imperio global. Este viernes, el inquilino de la Casa Blanca se despachó desde el Garden City de Nueva York –y sin la menor evidencia– con un “muy pronto voy a declarar el estrecho de Ormuz como territorio de Estados Unidos”. No tan lejos de allí, su ministro de Guerra celebraba en Panamá una cumbre de la Coalición de las Américas contra los Cárteles (A3C), una suerte de Doctrina de Seguridad Nacional 2.0, a la que asistió el ministro de Defensa argentino. Mientras, el secretario de Estado publicaba en las redes un video en el que se dice, en tono amenazante, que “la Doctrina Monroe ha moldeado la política exterior de EE UU durante más de dos siglos” y que “el dominio estadounidense en el Hemisferio Occidental nunca volverá a ser cuestionado”.
Si se tiene en cuenta el fiasco en que se convirtió la aventura de EE UU e Israel en Irán, y las dificultades del Pentágono para disimular la derrota de los objetivos de ese 28 de febrero, las palabras de Trump podrían incluso sonar risibles. En ese campo de batalla, la principal potencia militar del planeta ya no está en condiciones para proteger a sus aliados del Golfo Pérsico, como lo demuestra la alianza de La Meca firmada la semana pasada por Riad, Ankara e Islamabad (ver aparte). Pero en fin.
En América Latina soplan otros vientos y precisamente esta semana se reunieron ministros, viceministros, jefes de seguridad, defensa y altos mandos militares de los 17 países de la región que habían adherido en marzo al Escudo de las Américas en Washington. Por Argentina estuvo el general Carlos Presti. El flamante presidente colombiano, por su parte, firmó la adhesión a ese club creado para “combatir el narcotráfico, el crimen organizado y la migración irregular” ni bien asumió, el viernes pasado. La A3C es el aspecto operativo de esa coalición que busca reflotar del fondo de la tenebrosa historia latinoamericana las estrategias criminales que bajaron en los años ’60 desde Washington.
Como será el “revival” que aquella alianza militar se impuso desde el triunfo de la Revolución Cubana (1959) y Pete Hegseth aprovechó el foro en cuestión para declarar que, en relación con Cuba, “todas las opciones están sobre la mesa, incluidas las militares”. Su colega Marco Rubio, cubano de origen, viene dándole manija a las amenazas contra el gobierno de la isla. «Cuba es sin duda una prioridad para nosotros porque redunda en nuestro interés nacional”, dijo el jueves. El centenario de Fidel Castro (1926-2016) le sirvió de plataforma para fustigar al líder guerrillero y afirmar: “trabajo para EE UU y considero que a nuestro país le interesa contar con una Cuba segura, estable y alineada con Estados Unidos”.
El martes, antes de que comenzara el Foro A3C, el embajador estadounidense en Panamá, Kevin Marino Cabrera –otro cubano-descendiente– relató con voz de locutor experimentado, la interpretación maximalista que le da la Casa Blanca a la Doctrina Monroe, reforzada con los corolarios Roosevelt (1904, cuando Theodore Roosevelt había fomentado la independencia de Panamá para construir el canal) y la Donroe, de 2025. Por si a alguno le quedaban dudas.
The Monroe Doctrine has shaped U.S. foreign policy for over two centuries. 🇺🇸
En un video de poco mas de 5 minutos, con pinturas, animaciones y fotografías de hechos históricos, Cabrera va contando de qué modo EE UU se convirtió en “garante” de las independencias ante el embate de las potencias europeas desde el primer cuarto del siglo XIX. Y concluye celebrando el nuevo impulso de Trump, que el 3 de enero “capturó al dictador venezolano” para juzgarlo por narcoterrorismo, lo que, afirma el embajador, fue “una maniobra calculada que envió una señal contundente a todo el hemisferio”. Cabrera concluye con eso de que la Doctrina Monroe “evolucionó hasta convertirse en un marco para la dominación regional”. Con esa recepción asistieron a Panamá los funcionarios del “patio trasero”. Entre ellos el general Presti, que posteó fotos con el jefe del Comando Sur, Francis Donovan, y con Hegseth.
Hijo de madre nacida en la ex Yugoslavia y padre jamaiquino, el historiador Peter James Hudson nació en Canadá y es docente en la Universidad de la Columbia Británica, en Vancouver. Con un interés particular por “la forma en que las personas de ascendencia africana e india resistieron el imperialismo estadounidense en el Caribe”, se metió en una investigación que le llevó más de 15 años sobre el rol de la banca estadounidense en la expansión imperial en esa región. “Es importante para todos los que viven bajo el imperialismo estadounidense comprender cómo funciona la deuda, cómo funcionan los bancos, cuáles son sus historias y cómo estrangulan la soberanía de los pueblos de América Latina”, dice, ante un ejemplar de su libro Banqueros e Imperio. De cómo Wall Street colonizó el Caribe, que editó Tinta Limón.
-La expansión imperial sobre el Caribe se produjo después de los bancos, y justo ahora padecemos otra nueva expansión imperial.
-Cuando miramos la historia del capitalismo estadounidense, vemos que muchos de los fabricantes, financieros y empresarios son, en cierto modo, visionarios y por eso pueden ver las cosas antes que el Estado. Por eso están más preparados cuando llega la oportunidad. Es importante establecer esa conexión entre la Doctrina Donroe con la cultura y el espíritu del Destino Manifiesto de Estados Unidos de 1823, que se extiende hasta el presente. Estados Unidos cree que el Caribe les corresponde, que tienen el derecho. Y van allí por la proximidad.
-Es su vecindario.
-Sí, su patio trasero. Cuba está a 145 kilómetros, Haití no está lejos. Y yo diría también que esa región es muy importante estratégicamente, especialmente por el Canal de Panamá. Desde 1903 y luego en 1914, cuando se construyó, Estados Unidos debe asegurar toda la región del Caribe, garantizar que no haya influencia extranjera, asegurar que las rutas marítimas estén protegidas.
Foto: Leonardo Spinetti
–La expansión también llegó a China y Filipinas ya a fines del siglo XIX. ¿Ya estaban pensando en ir por el continente asiático?
-Después de la Rebelión de los Bóxers, China tuvo que pagar una indemnización a las potencias europeas y norteamericanas. En ese momento, la Corporación Bancaria Internacional, un banco pionero, vio la ocasión para obtener dinero. Otra cuestión es la de Filipinas. El libro no profundiza lo suficiente, pero es importante que se comprenda que Cuba y Filipinas deben ser analizadas simultáneamente desde 1898, porque así es cómo Wall Street las vio. Y, por otro lado, el Canal de Panamá es una puerta de entrada al Pacífico.
-Eran los últimos restos del imperio español.
-El imperio colapsa y eso también es parte de la historia: Estados Unidos se apoderó de lo que España tenía hasta entonces.
-Estados Unidos se caracterizó siempre por su capacidad para desestabilizar a través del sistema financiero. Lo hemos visto a fines del año pasado en Irán con la caída de un banco que provocó las manifestaciones que imaginaron como el disparador para un cambio de régimen.
– En cierto modo la historia del siglo XX es la historia del dólar estadounidense y su uso para desestabilizar y estabilizar la economía. Empezamos a ver esto a principios del siglo XX, en el periodo al que me refiero, a través de la llamada Diplomacia del dólar, que consistía en intentar controlar los sistemas financieros de diferentes países soberanos para someterlos a la voluntad de Estados Unidos. Por supuesto, cuando hablamos de esto también se menciona el uso de la fuerza militar, las intervenciones, los intentos de cambios políticos y los intentos de cambio de régimen.
-¿Cuál es el rol de la CIA en todo esto?
-No lo tomé en cuenta porque la CIA fue fundada en la Segunda Guerra Mundial. Pero la CIA en todo el mundo, en Irán, en Jamaica o en Cuba, ha sido fundamental para llevar a cabo una diplomacia encubierta, fomentando grupos y desestabilizando gobiernos en todo el mundo.
-En Argentina hemos padecido con el dólar por décadas y los bancos que nombrs, Citibank, Chase, CitiMorgan, aparecen implicados. Justo cuando ellos llegan al Caribe, llegaron a Argentina, ¿cómo fue?
-El City Bank, el National City Bank de Nueva York, llegó a Buenos Aires en 1914. Fue una de sus primeras sucursales en el extranjero y la pudieron abrir gracias a una nueva legislación en Estados Unidos, que les resultaba necesaria porque el capital se estaba estancando y buscaban nuevos mercados y necesitaban un intermediario. Cuando Citibank llegó a Argentina, trabajó muy de cerca de los intereses comerciales estadounidenses establecidos, específicamente con el frigorífico Armour Company. Es importante entender que Argentina no está separada de Cuba o Haití, porque la persona que abrió la sucursal aquí fue John H. Allen, quien abrió sucursales en Cuba y tuvo un papel importante en la desestabilización de Haití. Eso ocurrió durante la Primera Guerra Mundial y los bancos británicos y alemanes que estaban llevaron sus recursos a Europa. El City y otros bancos vieron una oportunidad en América Latina.
-Llama la atención también ver que Delaware se había convertido ya en aquel momento en el refugio para ciertas actividades no demasiado pulcras de los bancos en Estados Unidos.
-Si estaban constituidos en la ciudad de Nueva York, podían establecer un tipo de organización y con sede en Delaware o Connecticut que podía realizar actividades no permitidas. Y eso es lo más interesante que aprendí: la genialidad de los bancos para desenvolverse en diferentes espacios legales y en las zonas grises de la ley.
-Hay un capítulo que habla de “capitalismo racial”. Y eso se da después de la Guerra Civil y las leyes de protección de afrodescendientes. ¿El capitalismo de EE UU que necesita ser racista?
–(Duda) No diría que necesita ser racista… Diría que al menos una vez. (Ríe) O sí lo es. No quiero atribuirle capacidad de decisión ni ningún tipo de pensamiento al capitalismo. Pero se puede ver que cualquier intento de expansión, de acumulación de capital, siempre ha estado ligado al racismo en Estados Unidos. No hay un solo momento en que el racismo esté divorciado de la expansión del capital. Resulta revelador ahora mismo que, si observamos a Peter Thiel, a Alex Karp, a Elon Musk, vemos que, por un lado, se está expandiendo el capitalismo estadounidense al mismo tiempo que expanden una doctrina del capitalismo racial y creo que debemos analizar estas figuras y comprender ese tipo de mensajes, que se remonta a antes de la Guerra Civil, a la esclavitud. El término capitalismo racial para algunos es redundante, pero yo diría que no debemos olvidar que en ese adjetivo racial hay un vínculo intrínseco entre clase y raza.
-Estaba pensando que en realidad la guerra civil de Estados Unidos la ganó el sur, culturalmente e ideológicamente.
-Sí, sí. Se hicieron tantas concesiones que finalmente el sur le permitieron levantarse y entonces la pregunta sería ¿para qué sirvió todo eso?
Una de espías enturbia la relación con Estados Unidos y generó un escándalo en el sistema de seguridad de España, justo cuando Pedro Sánchez estrena su nuevo gabinete y se encuentra en una agria disputa con la oposición de derecha por la amnistía a los independentistas catalanes, lo que permitió al líder del PSOE lograr un nuevo mandato. En este entuerto, a la detención de dos agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), este lunes, se siguió la expulsión de al menos tres espías estadounidenses acusados de haberse infiltrado en ese organismo. O, en términos más callejeros, de haber pagado a sus pares españoles por información que debería ser de uso exclusivo por las autoridades de su país y de carácter secreto.
El propio Sánchez tuvo que admitir el martes que el incidente había generado tensión entre Madrid y Washington y según consigna el diario El País, hubo una reunión bastante áspera entre la ministra de Defensa, Margarita Robles, y la embajadora Julissa Reynoso, luego de que el canciller José Manuel Albares le hubiera dicho algunas cositas, aunque por vía telefónica.
Robles, que estuvo de gira por Letonia en el marco de los cada vez más habituales encuentros de funcionarios del área a raíz de la guerra en Ucrania, dijo que el tema está bajo investigación judicial y agregó: “Fue el propio CNI quien denunció (a los agentes españoles) y el asunto está bajo secreto”. Para el diario El Mundo, los agentes de EE UU estaban registrados en la embajada, como exigen las reglas de urbanidad entre aliados. Pero en algún momento de su faena fueron descubiertos pagando por información clasificada como secreta.
Uno de los agentes de la Madre Patria es un alto jefe del CNI con muy buenas calificaciones y había conseguido durante la pandemia una changuita extra en una empresa de EE UU, dice El Mundo. El otro espía es un agente raso, pero mostraba un nivel de vida poco acorde con su exiguo sueldo como funcionario estatal, lo que levantó sospechas luego confirmadas.
El CNI está dirigido por una mujer, Esperanza Casteleiro, considerada una experta en contraterrorismo y con una sólida carrera en ese sector. El organismo mantiene un severo control sobre sus integrantes a raíz del escándalo por el que en junio del año pasado otro agente del CNI, Roberto Florez, fue condenado a 12 años de prisión por haber vendido información secreta a los servicios rusos.
En EE UU también se consigue
El exembajador estadounidense en Argentina y otros países latinoamericanos, Manuel Rocha, fue detenido en Miami tras una investigación del FBI, que lo acusa de haberle vendido información al gobierno de Cuba desde hace cuatro décadas. Rocha, colombiano de origen pero naturalizado estadounidense en 1982, cumplió funciones en Bolivia, República Dominicana y reportaba en su partido, el republicano, dentro del ala más fanáticamente anticastrista.
Sin embargo, para los sabuesos del FBI, desde antes de ingresar al servicio exterior de EEUU filtraba información a La Habana. Ahora se descubre que una declaración de cuando estaba destinado a La Paz y los bolivianos iban a elecciones, era un guiño encubierto para el entonces dirigente cocalero. “Los bolivianos que voten por Evo Morales, sepan que están votando por un narcotraficante y que Estados Unidos los va a castigar”, dijo, y por cierto, fue como aquel “Braden o Perón” que cambió la historia argentina en 1945.
«Esta acción expone una de las infiltraciones de mayor alcance y duración en el gobierno de los Estados Unidos por parte de un agente extranjero», declaró el fiscal general Merrick B. Garland. Rocha, de 73 años y con un paso en la empresa privada en un estudio del recientemente fallecido Henry Kissinger, admitió haber trabajado para Cuba durante «40 años» en encuentros con un agente encubierto del FBI que se le presentó como agente de la Dirección General de Inteligencia de Cuba, según un cable de AFP.
No sería extraño que algún día se le agradezca al uruguayo Luis Almagro su paso por la Organización de Estados Americanos. Básicamente porque con sus poses antipopulares extremas demostró por el absurdo la necesidad perentoria de terminar con ese corset que intenta doblegar a los latinoamericanos desde Washington. Sus imposturas llegaron a tanto que planteó -sin éxito por cierto- una sesión extraordinaria para tratar la situación de Cuba… cuando ese país fue expulsado en enero de 1962 en Punta del Este en el marco de la Guerra Fría y por presiones estadounidenses. La receta regional para dejar atrás ese organismo, a esta altura anómalo, podría estar en el esbozo de plan que por estos días propuso el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, quien habló de sustituir a la OEA por un “organismo que no sea lacayo de nadie”.
Pero los intentos de integración sin injerencias se vienen gestando desde bastante antes. Una que calza como anillo al dedo nació en febrero de 2010, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que integran 33 países y que excluye deliberadamente a Estados Unidos y Canadá.
La OEA fue creada en 1948 para “fortalecer la paz, la seguridad y consolidar la democracia, promover los derechos humanos, apoyar el desarrollo social y económico favoreciendo el crecimiento” de la América y el Caribe. Pero en concreto buscó arriar a los países de la región detrás de los intereses estadounidenses. La retahíla de golpes a cual más violento entre el que derrocó a Jacobo Arbenz y el registrado en Bolivia en 2019 nunca conmovió la sensibilidad democrática, ni el fervor por los derechos humanos de la OEA. Luego de la revolución cubana, los otros gobiernos en la mira fueron siempre aquellos que intentaron un camino que no fuera el de lacayo.
No es casualidad que con la aparición de procesos virtuosos como el que encabezó Hugo Chávez en 1999 y desde 2003 Néstor Kirchner y Lula da Silva coincidieran voluntades de intentar otra forma de integración. En el caso del sur del continente, la Unasur era una coordinación entre países más allá del color político de cada gobierno. Solo así pudieron sentarse a una misma mesa Chávez y Sebastián Piñera o Rafael Correa y Álvaro Uribe, más allá de ciertos chisporroteos.
La Celac, en cambio, le debe mucho de su origen al gobierno cubano y a Evo Morales. Y no está de más recordar que adhirieron desde el mexicano Felipe Calderón al paraguayo Fernando Lugo. Y que el primer presidente pro témpore fue el chileno Piñera, al que sucedió Raúl Castro. A lo largo de estos años y desde el triunfo de Mauricio Macri, la derecha regional fue intentando vaciar de contenido a los procesos de integración. El caso más violento es el de Unasur, que había impedido en 2010 un conato de guerra que pretendía desatar Uribe contra Chávez.
Unasur impidió también un intento de golpe contra Evo en 2009 y abortó un levantamiento policial contra Correa un año más tarde. Tenia una cláusula democrática por la cual no fue reconocido el gobierno surgido del golpe institucional contra Fernando Lugo en 2012. Al regreso de la derecha más acérrima al escenario regional pronto se creó el Grupo de Lima, con el propósito de destituir a Nicolás Maduro en Venezuela. Al que definieron como un club “democrático” y alejado de “ideologismos” pero al que no ingresaban los que no aceptaban sus reglas de juego.
Ahora Lima tiene otro color tras la llegada de Pedro Castillo al gobierno. Pero el grupo antichavista vegetaba desde bastante antes. Hay nuevas cartas sobre la mesa y es natural incluso que AMLO plantee la sustitución de la OEA, un organismo en terapia intensiva que con Almagro alcanzó cumbres jamás vistas en su historia.
“La propuesta-abundó el mandatario mexicano- es ni más ni menos que construir algo semejante a la Unión Europea, pero apegado a nuestra historia, a nuestra realidad y a nuestras identidades”. O sea, una Celac con los toques que Lula y Kirchner buscaron darle al Mercado Común del Sur. Con una pizca de Unasur, como cuando AMLO agregó: “Digamos adiós a las imposiciones, las injerencias, las sanciones, las exclusiones y los bloqueos; apliquemos, en cambio, lo principios de no intervención, autodeterminación de los pueblos y solución pacífica de las controversias”.
Alberto F. y la OEA
El Grupo de Puebla es un foro integrado por líderes progresistas a título personal. Alberto Fernández forma parte del grupo fundador, junto con AMLO, el colombiano Ernesto Samper, el expresidente del gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, y el chileno Marco Antonio Enríquez Ominami, entre otros. Al celebrar el segundo aniversario, Fernández se sumó en un encuentro virtual al reclamo de AMLO y pidió reformular a la OEA, a la que tildó de “una suerte de escuadrón de gendarmería” sobre los gobiernos populares.
Tras reclamar una investigación sobre el rol de la OEA en Bolivia, pidió un mea culpa del secretario general “por las cosas que ha hecho y también a la institucionalidad de Estados Unidos por haber sostenido a un hombre como (Luis) Almagro”.
“(Donald) Trump imponía su política sobre América Latina y eso explica muchas cosas que pasaron; eso explica la OEA que tenemos, explica el BID que tenemos, la división que tenemos, el nacimiento del Grupo de Lima, del Foro Prosur; todos mecanismos que servían a la política de Trump y no a la unidad de América latina ni al desarrollo ni al progreso de los latinoamericanos”, agregó.
Fernández convocó a institucionalizar la unidad regional mediante organismos como la Celac, y planteó que América Latina tiene la “obligación moral” y el “deber ético” de alzarse frente a los bloqueos económicos a Cuba y Venezuela en tiempos de pandemia y sostuvo que los Estados, por una cuestión “humanitaria”, no pueden “quedarse callados” en estas circunstancias.
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