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Nació en Corral de Bustos, Córdoba, y fue discípulo en los ‘70 de Ronald Barthes y Gerard Genette en la Escuela de Altos Estudios de París. Cruzando en charco nuevamente, fue docente en las universidades de Indiana y Duke, Carolina del Norte. El sociólogo peruano Aníbal Quijano Obregón le cambió la cabeza y fue así que el semiólogo y filósofo Walter Mignolo se convirtió en uno de los referentes del pensamiento decolonial. Buen momento para hablar con él de colonialidades, desoccidentalización y reoccidentalización.

“La colonialidad no terminó, no hay postcolonialismo como algo después del colonialismo. La estructura básica de la colonialidad, como la estructura colonial de poder en todos los dominios, sigue”, explica vía Zoom. “No solo en la economía: gobierno, conocimiento, subjetividad, toda la cuestión de raza y género, siguen”.

–¿Nada cambió?

–Hay cambios en la superficie, pero no en la base. Lo que se ha intensificado es la disputa en lo que yo llamo desoccidentalización y reoccidentalización. Hacia el 2000 Putin toma el timón en Rusia; en 2001, China entra en la OMC, Rusia fue integrada al G7. Pero en 2014 en Ucrania se terminó el esfuerzo de reoccidentalización. La reoccidentalización es la contra-reforma. No es una revolución, es como el protestantismo, que no fue una revolución del cristianismo. En el caso de EE UU, con (George W) Bush comienzan a conquistar el mundo, es el momento del fin de la historia. Hasta que entra Trump y aceleró la cosa. Estados Unidos estaba con toda la atención en Asia occidental, casi nadie hablaba de la doctrina Monroe en esos años, hasta que Trump dice “América Latina nos pertenece». Entonces, va lo de Venezuela, la pretensión de extenderlo a Ormuz, el gran error que Trump. China crece y Rusia no da  tregua y se veía un agotamiento de los de los partidos de izquierda o de los demócratas acá (en EE UU). Hay un desencanto, estos partidos no dan lo que se esperaba.

–-Sí, pero en los primeros años de este siglo con Hugo Chávez, Néstor Kichner, Lula da Silva….

–Pero en Estados Unidos y América Latina ya no sienten que estos gobiernos los están apoyando. Y ahí viene Trump y Milei.

–Pero los Milei, De la Espriella o Delcy Rodríguez tienen lugar no solo por un descontento. Hay un sustrato de colonialidad que nosotros acá en Argentina lo vemos con el antiperonismo y en Brasil se ve contra Lula.

–La colonialidad está siempre escondida bajo las promesas de la modernidad. No lo tenemos que olvidar. La modernidad tiene una retórica de salvación. Milei y Trump emplearon esa retórica muy bien, y también, claro, además se vota para que no gane el peronismo y aquí entra la cuestión de la subjetividad y el racismo. Esto es fundamental en Quijano. Él habla de patrón colonial de poder: el capitalismo es parte del patrón colonial de poder y una de esas partes es el racismo. Iberoamérica es muy distinta al Asia o África, y también al Caribe francés, inglés y holandés. Todas las Américas están controladas por gentes de ascendencia europea. No pasa esto en África, no pasa en Asia, no pasa en el Caribe actual, donde la diáspora africana está en control. Será de derecha, de izquierda, de centro, lo que sea, pero hay otra historia, hay otra subjetividad. Además hay una diferencia muy grande entre América del Norte y América del Sur.

–¿En qué?

–América del Sur fue colonizada por Iberia (España y Portugal) que perdió el tren de la modernidad en la Ilustración. Tengo un amigo filósofo jamaiquino afrodescendiente que decía: “Europa huele a clase, las Américas huelen a raza”. El racismo no es una cuestión de color de piel, es una justificación para la explotación del trabajo, la esclavitud y la expropiación de la tierra.

–Podría decirse entonces que este proyecto emancipador de Iberoamérica de principio de siglo se desmoronó porque nunca atacó ese sustrato de colonialidad.

–Exactamente. Se atacaron los contenidos, como decimos nosotros, pero no los términos de la conversación. Decía Quijano que si discutimos los contenidos en lo que llamamos Occidente, del 1500 hasta hoy, van a ganar ellos, porque inventaron el juego y lo controlan.

–En Venezuela secuestran al presidente y a la esposa y de pronto terminamos amigos del secuestrador.

–Quien controla el conocimiento controla la subjetividad. Y de pronto las cosas desaparecen porque quien controla el conocimiento ya no habla. Cuando Israel y Estados Unidos bombardean a Irán, los objetivos eran cambio de régimen y detener la política nuclear. Nadie habla de eso ahora. Porque fracasó.

–En Venezuela el objetivo era terminar con el narcoterrorismo y ahora Estados Unidos saca de la lista de países terroristas a Venezuela. Era por el petróleo, como siempre supimos. Lo interesante en esta tragedia es que con Donald Trump ya no hay máscaras.

–Eso es fundamental en Trump. Esto lo empezamos a ver desde que apareció Trump. Biden todavía mantenía la máscara, Trump directamente se la sacó. De todas maneras mantiene esa retórica de salvación que en el caso de Irán dice: “Los iraníes no tienen derecho a tener la bomba nuclear”. Israel sí, aunque no lo dicen. “Irán está gobernado por un autoritarismo teológico”, como si el liberalismo y el neoliberalismo fueran una democracia. La mayoría de la gente se lo cree, por el control del conocimiento que ahora circula por los medios oficiales y el social media.

–Trump tiene su propia red social, Truth.

–En cuestiones académicas, Russia in Global Affairs es una revista de un altísimo nivel intelectual pero los rusos deben escribir en inglés.

—Un paper de cualquier disciplina científica tiene que estar en inglés.

–El inglés funciona como el dólar. Funciona en el control del conocimiento como el dólar funciona, o funcionaba, en el control de la economía. En las finanzas y en la economía no solamente necesita un conocimiento técnico, sino que se necesita otra metateoría, digamos así, que se justifica en que no hay otra alternativa. Dicen “el capitalismo no es perfecto, pero no hay alternativas”. Se lo creen y han logrado imponer esta idea hegemónica de que el capitalismo es la  única economía posible.

Tiempo Argentino, 3 de Octubre de 2026