Seleccionar página
Entre el círculo rojo y el tecnocapitalismo

Entre el círculo rojo y el tecnocapitalismo

La semana pintaba complicada y se inició con un muy sugestivo editorial de La Nación. El diario nacido entre las cenizas de la guerra contra el Paraguay de Solano López, en 1870, se vio en la necesidad de advertir el pasado domingo sobre el riesgo que se corre si la experiencia anarcocapitalista naufraga y pide «evitar que el populismo aplauda de pie su abandono, como en 2001, para recuperar poder y financiar desmesuras».

https://www.lanacion.com.ar/editoriales/preservar-el-programa-proteger-a-milei-nid19042026

El texto, en tono pastoral, resalta que hoy día «existe una oportunidad de cambiar el rumbo», pero puntualiza que el Gobierno tiene una «fragilidad política que aún amenaza su gestión». La Nación reconoce que hay pymes que «sufren los dolores de la conversión» al modelo que llama a defender, pero recalca que para que «Argentina complete con éxito su “camino de Santiago” se necesitan aún consensos políticos, reformas en las provincias y municipios y ganar la llamada batalla cultural para que el mérito, el esfuerzo y el premio sean valores compartidos».

El mensaje se difunde en un momento en que amplios sectores de la oposición están queriendo armar un frente antimileísta y el expresidente Mauricio Macri se muestra como opción centroderechista. Otro que está intentando saltar la encerrona del momento es el empresario italiano Paolo Rocca, titular del grupo Techint, quien mantuvo encuentros con Macri y con el gobernador de Santa Fe, el radical Maximiliano Pullaro.

El dato no es que uno de los empresarios más poderosos del país se junte con dirigentes políticos, sino que se lo difunda como un hecho destacable. Será que desde los ataques de Milei a «Don Chatarrín», el magnate quiere mostrar que lo suyo no son solo «fierros». Lo mostró en Brasil junto a Lula da Silva al inaugurar una escuela industrial, el 6 de marzo. Lo quiere mostrar ahora, intentando armar un frente de derecha «racional», sin mácula peronista.

Día de la independencia
El presidente, a todo esto, estaba en Israel para celebrar como propio el Día de la Independencia de ese país, donde se exhibió como un showman y en una exposición en la Universidad Bar-Ilán –donde le entregaron su segundo doctorado honoris causa– lanzó una frase que endulzó los oídos de Benjamin Netanyahu y de todos los supremacistas libertarios del planeta: «Con determinadas culturas no vamos a poder convivir».

Allí habló de su otro berretín, la prensa. «Gran parte del periodismo juega para las fuerzas del mal –dijo–. El otro día, en la charla con mi queridísimo amigo Bibi [Netanyahu], hablábamos de cómo tenemos que vivir y soportar las mentiras, las calumnias, injurias del periodismo de una manera violenta». Quien lo retrató muy bien en los medios israelíes fue Yoana Gonen, en el diario Haaretz, quien afirmó que lo tienen como un gran amigo de Israel porque «proporciona a los israelíes el producto más codiciado por todos: validación externa». El artículo detalla, con todo, aspectos de la política de Milei que en Argentina resultan inocultables, pero en el exterior todavía no tanto: «Se trata de un hombre que se vende como un mago libertario, pero en la práctica profundizó la recesión, agravó el desempleo y se salvó de una bancarrota nacional solo gracias a la ayuda de decenas de miles de millones de dólares por parte de la administración Trump y del Fondo Monetario Internacional».

Esos dos aspectos que destacan al mandatario argentino salieron a la luz ni bien regresó a Buenos Aires. El jueves los periodistas acreditados en la Casa Rosada se desayunaron con que tenían vedado el ingreso. El argumento fue que dos colegas del canal TN habían filmado en los pasillos del edificio subrepticiamente y el jefe de la Casa Militar, a cargo de la seguridad, recomendó esa medida y además denunció por espionaje a Luciana Geuna e Ignacio Salerno.

No se necesita mucho para que Milei declare su ira contra algún periodista, al punto que insiste en que «el 95% son delincuentes». Geuna es quien que en la campaña presidencial le preguntó si creía en la democracia y no logró una respuesta afirmativa. Tampoco negativa, pero el circunloquio que dio sobre el teorema de Arrow fue toda una definición.

Este mismo viernes, recibió en su despacho al tecnocapitalista extremo Peter Thiel, que en su haber tiene haber fundado varias empresas, entre ellas Palantir, que mantiene contratos astronómicamente millonarios con el Gobierno de Estados Unidos, de Israel y de Francia para vigilar, controlar y establecer objetivos bélicos. Los algoritmos de la firma son claves para la ofensiva de Israel en Gaza y Líbano, con la brutalidad que se conoce. Esta semana, Palantir, que ahora dirige Alex Karp, otro supremacista, publicó un documento en el que propugna la construcción de lo que el exministro de Economía griego Yanis Varoufakis llama tecnofeudalismo.

El primero de los 22 puntos de ese manifiesto dice: «Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su ascenso. La elite ingenieril tiene la obligación afirmativa de participar en la defensa de la nación». Es decir, que si no fuera por «la mano visible del Estado», las plataformas desarrolladas en ese valle de California no hubieran tenido un lugar bajo el sol.

Thiel considera que la democracia es un obstáculo para el desarrollo tecnológico, aboga por una oligarquía iluminada que domine el mundo y sostiene que hay civilizaciones superiores y otras inferiores. «Algunas culturas han producido avances vitales; otras siguen siendo disfuncionales y regresivas», dice el punto 21 del manifiesto al que seguramente desde Buenos Aires le dio enter para su difusión. Y en eso coincide 100% con Milei, que tampoco cree que la democracia sea un valor y se lo demostró cercenando el trabajo periodístico como obsequio a la visita.

¿A qué vino Thiel?, se preguntan todos. Algunos deslizaron que a ver cómo está funcionando el modelo paleolibertario que él propugna, habida cuenta de que compró una lujosa residencia en el Barrio Parque de la Ciudad de Buenos aires, donde vivir con su esposo Matt Danzeisen, y sus hijos, por lo que la cosa no parece transitoria. Desde fuentes oficiales se dice que vino a hacer negocios en la agroindustria. Otros que a firmar contratos para la vigilancia y control de la sociedad argentina en momentos en que ese modelo parece trastabillar.

Un tipo de operaciones como las que pueden imaginarse de las huestes de Theil y Karp fueron reconocidas en su momento por el CEO de Cambridge Analytica, Alexander Nix ante el Parlamento británico, y habrían sido clave para el triunfo de Macri en 2015. Thiel, ¿se establecerá en la «Reina del Plata» para sostener con sus «artes» al amigo argentino o ya que está para el candidato de la extrema derecha que competirá con Lula da Silva en octubre?

Mientras tanto, la filtración de un mail interno del Pentágono menciona un supuesto castigo de Estados Unidos a aliados que le dieron la espalda en su aventura en Irán. Menciona el caso de las Malvinas y afirma que la Casa Blanca estaría analizando retirar el apoyo a la soberanía británica sobre las islas. Guillermo Carmona, exdiputado y exsecretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur en la Cancillería, minimizó el alcance de la noticia, que el oficialismo festejó como un gol. «EE.UU. nunca ha reconocido la soberanía británica sobre Malvinas. Solo reconoce el ejercicio de un poder de facto por parte del Reino Unido en las islas».

Cambiar el eje del debate, y más con un tema tan caro al sentimiento nacional, puede dar sus frutos a corto plazo. Pero la experiencia de 1982, con una dictadura militar que se había ofrecido con tanta vehemencia a apoyar las necesidades estadounidenses en Centroamérica, debería ser ilustrativa de cómo interpretar las señales que vienen de Washington.

Revista Acción, 26 de Abril de 2026

Zona de promesas

Zona de promesas

La maldición de abril se volvió a repetir para el Gobierno libertario. En febrero de 2024, cuando recién estrenaba su mandato con una devaluación brutal que licuó ingresos a toda la población, Javier Milei avisó que los peores meses serían los dos siguientes, aunque anticipó «una especie de V: tocaremos fondo para luego rebotar». En mayo, tanto el presidente como el ministro Luis Caputo aseguraron: «Lo peor ya pasó» y prometieron un crecimiento inexorable porque el fenómeno de la inflación estaba en vías de extinción. Incluso en diciembre de ese año el entonces vocero Manuel Adorni se permitía un posteo en X con el texto «Inflación en Argentina Q.E.P.D.» cuando el Indec marcó 2,4% para noviembre.

Los mismos mensajes de «autoayuda» fueron expelidos por Luis Caputo en 2025 y hace unos días, en el foro de la Cámara de Comercio de EE.UU. en Argentina (AmCham), cuando el IPC de marzo volvió a dar un respingo y trepó al 3,4%, octavo mes de incremento desde el ahora idílico 1,9% de agosto pasado. «A partir de abril vamos a ver una desaceleración de la inflación muy importante y mayor crecimiento», dijo. No prometió ver una luz al final del túnel, fue más ambicioso: «Los próximos 18 meses serán los mejores de las últimas décadas».

El actual ministro de Economía también integró el gabinete de Mauricio Macri y contrajo (adecuado verbo para indicar algo como una enfermedad) la primera deuda con el FMI del siglo XXI, siendo titular de la cartera de Finanzas. Fue en su segundo discurso de inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso que el entonces mandatario nacional recurría a la misma muletilla. «Lo peor ya pasó y ahora vienen los años en los que vamos a crecer. Las transformaciones que hicimos empiezan a dar frutos, a sentirse».

Luego, se recuerda, «pasaron cosas». Esas mismas promesas se suceden con funcionarios que utilizan el mismo recetario para combatir una inflación que, a pesar de que la sociedad volvió a aceptar mayoritariamente el argumento de que «esta vez sí», no cesa de padecer las consecuencias de ajustes sobre ajustes sin fin. 

Habrá que decir que con los mismos que armaron el paquete de deuda no podría esperarse algo demasiado diferente, habida cuenta de que en la caja de herramientas solo tiene una motosierra. A tal punto que otra vez el FMI tuvo que agudizar un salvataje, de 1.000 millones de dólares, y que nuevamente el apoyo del secretario del Tesoro de EE.UU. facilitó empréstitos del Banco Mundial y avales para hacer frente a vencimientos de deuda. O sea, se repiten augurios que, con la baja reiterada de ingresos fiscales por la brutal contracción económica, solo decantan en más recortes presupuestarios donde duele más. Ejemplo: los servicios de PAMI, una obra social que está en la mira porque «es un seguro para autos que siempre chocan», como dijo alguna vez la actual senadora Patricia Bullrich, o de acuerdo al ministro de Salud Mario Lugones, es inviable porque cubre a más de cinco millones de ciudadanos que se empecinaron en vivir más de 80 años. Para colmo, hay unos 6.000 que superan los 100 años. O sea, nacieron cuando, según Milei, comenzó la decadencia argentina. 

Y mientras el Adorni-Gate, el $Libra-Gate y el caso Andis dan pasto a investigaciones periodísticas y judiciales, aparecen nuevos beneficiados con generosos créditos del Banco Nación. Eso, sumado a la constatación de que Adorni disfrutó de más de un fin de semana de vacaciones lujosas, dan cuenta de una nueva casta, aunque las antiguas dinastías no se quedan afuera.

Carrera por el 2027
Causaron cierto revuelo las palabras de Milei en el encuentro en la AmCham cuando sugirió que el plan que lleva adelante no tiene giro y señaló, ante una audiencia integrada por empresarios del sector que Mauricio Macri definió como Círculo Rojo, que «si no nos acompañan, no pasa nada, nos volvemos a casa».

Más allá de las críticas que despertó la frase, por eso de que ellos se pueden ir e incluso conseguir conchabo en la actividad privada, pero el tendal de víctimas de sus proyectos no tendrá los mismos privilegios de los que circularon cerca de la Casa Rosada estos años, denota un cierto registro de que no perciben que está garantizada la reelección, como creían hace un par de meses. 

Los datos duros reflejan un rechazo cada vez mayor a la figura de Milei, que ya promedia en todas las consultoras en más del 50% y algunas más del 60% de repudio a su gestión. Donde más preocupación tiene el Gobierno es en las redes sociales, un territorio que lo llevó al triunfo en 2023 y sustentó hasta ahora las extravagancias tanto del presidente como de sus acólitos. Un estudio de la consultora Zuban Córdoba revela un escuálido volumen de las métricas digitales y hasta la indiferencia ante las réplicas de los trols a sueldo del Estado. 

Por eso hay quienes ya se prueban el traje y se peinan para la foto de las elecciones del año que viene. Es lo que intenta el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, el primo del expresidente, quien mientras 150 intendentes de todo el país y de todos los partidos marcharon al Ministerio de Hacienda a reclamar por los recortes presupuestarios y la no aplicación del impuesto a los combustibles para obras públicas en los distritos, sigue con su estrategia de mostrarse feroz con los sectores más vulnerables de la sociedad. Un arma que calca del oficialismo nacional, pensando que es por ese lado que cruzará la Plaza de Mayo para calzarse la banda residencial.

De tal manera que a los desalojos impiadosos que el alcalde porteño exhibe gozoso en las redes, se apunta para competir con el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, el opositor que se vislumbra a esta altura como de mayor chance. Lo hizo primero con la decisión de privilegiar la atención en salud para los ciudadanos con domicilio registrado en la Ciudad de Buenos Aires. Ahora, con la extensión de ese bloqueo tan particular a todas las áreas y servicios de CABA a los bonaerenses, que desde ahora serán ciudadanos de segunda en la Capital Federal de la nación que integran y cuya bandera prometen defender, respetar y amar en 4º grado de la escuela primaria.

«Durante años, la Ciudad se hizo cargo de lo que otros no hacen. La incompetencia del otro lado de la General Paz la pagaban los porteños con sus impuestos. Se terminó», escribió, con gesto solemne, en X.

Si esperaba respuesta del mandatario provincial, se quedó con las ganas. Kicillof no lo subió al ring y la réplica vino de sus ministros, el de Desarrollo de la Comunidad, Andrés Larroque, y su mano derecha y titular de Gobierno, Carlos Bianco. Uno ironizo: «¡Qué tipo con ‘coraje’ sos, Jorge Macri!». El otro le sugirió encontrar «dónde disponer sus residuos». La orgullosa y exclusiva Ciudad de Buenos Aires genera unas 7.000 toneladas diarias de basura que van a parar al Complejo Ambiental Norte III del CEAMSE, en la localidad bonaerense de José León Suárez.

Kicillof, a todo esto, había viajado a España para mantener encuentros con dirigentes socialistas y participar en Barcelona de la Movilización Global Progresista, un foro del que participan, entre otros, los presidentes Lula da Silva (Brasil), Gustavo Petro (Colombia) y Claudia Sheinbaum (México), junto con el anfitrión, Pedro Sánchez. Milei, por su parte, iba a Israel, invitado por el primer ministro Benjamin Netanyahu. Allí recibirá una medalla del presidente israelí, Isaac Herzog, por su «incansable apoyo» a ese país y su compromiso «con los familiares de las víctimas» de los ataques del 7 de octubre de 2023. El martes 21 se convertirá en el primer mandatario extranjero en encender la antorcha con que se inaugura la celebración de la fundación del Estado de Israel.

Revista Acción, 19 de Abril de 2026

Un nuevo viejo proyecto

Un nuevo viejo proyecto

En el proyecto de ley de reforma laboral que el Gobierno acaba de enviar al Senado de la nación se juegan varias partidas al mismo tiempo, pero es apenas el prólogo de una catarata de iniciativas que la Casa Rosada espera aprobar, durante las sesiones extraordinarias, para tapizar un 2026 que muchos catalogan, sin más, como de consolidación del «cambo de régimen».

Para comenzar: el hecho de que una normativa como la que presenta el Ejecutivo proponga cambios impositivos implicaría, según el reglamento, que debe hacer su camino legislativo primero por la Cámara Baja, como indicó el diputado Esteban Paulón en una carta documento dirigida al jefe de Gabinete.

El legislador socialista supone que la maniobra del oficialismo obedece «al capricho de Patricia Bullrich de “capitalizar” su posible aprobación». Razones no le faltan. Bullrich integró el Gobierno de la Alianza que en mayo de 2000 había logrado la aprobación de la Ley 25.250 promulgada por el entonces presidente Fernando de la Rúa a fin de ese mes. Se trató, básicamente, del mismo planteo actual, pero con otro bozal. Ella, en esa ocasión, era secretaria de Política Criminal y Asuntos Carcelarios y en octubre pasaría al Ministerio de Trabajo en reemplazo de Alberto Flamarique, a esa altura inmerso en el escándalo de lo que se llamó Ley Banelco, por el pago de coimas para que los congresistas aprobaran el proyecto.

Otro que volvió para cumplir un viejo sueño es Federico Sturzenegger, que en marzo de 2001 asumió como secretario de Política Económica de esa gestión, elaboró el plan del Megacanje y renunció en noviembre, dos días antes de que el ministro Domingo Cavallo decretara el corralito. Eso no le evitó haber sido procesado por ese negociado con los bonos soberanos, cargo del que fue sobreseído en 2015. Bullrich y Sturzenegger volvieron a las grandes ligas inmaculados, primero durante el Gobierno de Mauricio Macri y ahora con Javier Milei. Habrá que decir que no abominaron de su vocación de manejar la represión una y las finanzas el otro. En el caso del «Coloso», como lo llama Milei a Sturzenegger, con un empecinamiento por mostrarse un adalid de la libertad irrestricta de mercados, sin importar sus consecuencias.

En cuanto a la reforma laboral, el ministro de Desregulación publicó un extenso texto en su cuenta de la red X donde explica las «maravillas» de la ley que se pretende aprobar en tratamiento exprés. Dos cosas sobre eso: la primera es que ese proyecto ya era viejo cuando el Gobierno de Carlos Menem intentó uno similar, como analizaba en 1993 el genial Tato Bores, un sagaz observador de la realidad que no pierde vigencia.

https://youtu.be/yKoPiNamd9

Trabajo registrado
La otra cuestión es que, si la zanahoria es que así se creará trabajo, habrá que decir que cada uno de esos momentos de la historia argentina desmiente rotundamente ese aserto. De hecho, la ley Banelco fue derogada en 2004 y con reglas «obsoletas» fueron creados más de 3 millones de puestos trabajo hasta 2015. Por otro lado, en una entrevista de Radio Con Vos, uno de los que diseñaron ese proyecto, el abogado Julián de Diego, se sinceró ante la periodista Noelia Barral Grigera: «No creo que modificando la legislación laboral vaya a haber creación de puestos de trabajo registrado», dijo.

El economista neoliberal Fausto Spotorno, del estudio de Orlando Ferreres, también admitió que la ley no va a crear empleo genuino. «Lo que genera trabajo es el crecimiento económico», dijo ante Romina Manguel. Una respuesta clásica de analistas de otro palo, curiosamente. Cierto que luego dijo que una ley podría ser incentivo para inversiones, las que en última instancia son las que podrían desarrollar el mercado laboral. ¿Entonces?

Quien quiera leer el proyecto completo, lo puede encontrar acá.

Un buen «despiece» se puede hallar en este hilo de tuits de Luis Campos. El investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma señala en primer lugar que no se trata de una simple reforma, sino que son tres, «una que transfiere recursos multimillonarios del trabajo al capital; otra que debilita la acción colectiva; y otra que fortalece la disciplina laboral en los lugares de trabajo».

Reglas de juego
Dos argumentos, incluso complementarios, podrían explicar por qué en cada Gobierno conservador –elegido democráticamente o no– se intenta flexibilizar, modernizar, reformar o como pinte en cada etapa llamar al cambio de reglas de juego. Reglas que remiten al primer peronismo, consolidadas en la Ley de Contrato de Trabajo que data del tercer Gobierno de Perón, sancionada en septiembre de 1974, unos meses después de su muerte y modificada a poco de instaurarse la dictadura cívico-militar.

Una explicación viene del historiador Juan Carlos Torre y habla del «impulso igualitario» que se adentra en las raíces de la nacionalidad, según el destacado del columnista Marcelo Falak. «Esa actitud que tienen los argentinos de ser y sentirse iguales. Quienes detentan un estatus social superior no encuentran en los de más abajo la mirada huidiza y obsequiosa, tan característica de las sociedades jerárquicas, sino la mirada franca y dirigida a los ojos».

https://www.letrap.com.ar/politica/reforma-laboral-un-adios-al-sueno-la-igualdad-n5420735

Élite
Otra interpretación del ansia por modificar la ley que empoderó a los trabajadores y a los sindicatos y que va en línea con lo anterior apareció en una entrevista para el diario La Nación al director del capítulo argentino del Índice de Calidad de Élites (EQx), que elabora la Universidad de St. Gallen, Suiza. Tras definir a «élite» como a esos grupos coordinados de personas con algún grado de influencia en la sociedad, desde empresarios y políticos a deportistas, periodistas y profesionales destacados, Pablo San Martín –el entrevistado– certifica: «La élite argentina es profundamente depredadora. Su principal característica es que pone el foco en el flujo de efectivo inmediato y no en el valor patrimonial de sus activos a largo plazo». Y agrega: «Hoy somos el peor país de América Latina, cuando de chico me tocó vivir la Argentina de los premios Nobel. Sería razonable pensar cómo se lograba eso y cómo volvemos a hacer de la Argentina un lugar transitable».

https://www.lanacion.com.ar/economia/por-que-la-elite-argentina-es-profundamente-depredadora-segun-un-especialista-que-se-dedica-a-nid10122025

Estas cuestiones, si se quiere histórico-culturales, definen no solo las relaciones laborales en Argentina, sino que eslabonan en el ADN de una sociedad que añora el progreso colectivo y que fue ejemplo en cuanto a niveles de educación y salud pública, otros ámbitos de la puntillosa destrucción mileísta. Una sociedad que conoció tiempos mejores y ve ejemplos de otros países con un dejo de nostalgia. Sin ir más lejos, el Gobierno de la mexicana Claudia Sheinbaum aprobó a principios de mes una reforma laboral que contempla el aumento del salario mínimo, que trepa un 154%, y la disminución progresiva de la jornada laboral hasta llegar a 40 horas semanales para 2030. Todo consensuado con el empresariado.

Así como las marchas en defensa de la universidad pública fueron masivas, es de esperar que la que la CGT organiza para el 18 de diciembre, y a la que se van sumando las dos CTA y otras organizaciones sindicales, sociales y políticas, también lo sea. El apuro en tratar el tema en extraordinarias tiene mucho de necesidad de aprovechar el relajo normal del verano para que la sociedad trague los licores más amargos. Vieja estrategia también de los Gobiernos conservadores desde el retorno de la democracia.

Revista Acción, 14 de Diciembre de 2025

Acción y reacción

Acción y reacción

Resulta fácil detectar el trasfondo mediático cuando alguna tormenta política afecta a un Gobierno conservador en la Argentina de la última década: o fue promovida por dirigentes «cooptados por el kirchnerismo» o milagrosamente algún cuerpo judicial anuncia una decisión clave –que no se toman de un día para otro– contra algún integrante de ese espacio. Ocurrió reiteradamente durante la gestión de Mauricio Macri, el gran impulsor de estas estrategias, y también en la de Javier Milei.

La semana pasada, cuando el programa que lleva adelante el ministro Luis Caputo mostraba signos de debilidad y los gobernadores aceleraban sus demandas por los fondos de las provincias en la previa de las elecciones de medio término, hubo dos ejemplos ilustrativos.

Mientras el jueves 10 el Senado preparaba una sesión que terminaría en derrota para la Casa Rosada, el juez Sebastián Casanello dictaba el procesamiento contra el expresidente Alberto Fernández por la causa Seguros, que incluye un embargo sobre sus bienes de casi 15 millones de pesos. No movió la aguja mediática. Quizás por eso, en la mañana del viernes 11, se informó que el Cuerpo de Peritos Contables de la Corte Suprema había enviado al juez Jorge Gorini el cálculo del monto que deberían devolver los condenados por la causa Vialidad, entre ellos la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Unos 537 millones de dólares.

Independientemente de la calificación que merezcan las decisiones judiciales, lo que se destaca es la oportunidad para noticias que apuntan –en este caso, sin éxito– a minimizar el resultado de una votación en la cámara alta que golpea en una administración a la que los mercados le vienen dando la espalda desde hace semanas. Y ahora lo hace la política.

Podría iniciarse el relato recordando que la semana pasada los gobernadores de las 23 provincias y el alcalde porteño avalaron dos proyectos de ley en el que demandan recursos que el Gobierno nacional se niega a transferir. Básicamente son fondos que les corresponden a los Estados provinciales, pero que a Nación le sirven para alardear de que tiene superávit fiscal. Se trata de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) y de los impuestos a los combustibles, que desde la Casa Rosada giran a cuentagotas con criterios punitivos –«a los amigos todo»– o directamente no se envían. «Si no pagás alquiler, luz, gas y agua, seguro vas a tener superávit», punzan los críticos del método.


Como Milei en la neblina
La cosa estaba tan tensa que el miércoles se sabía que habría un faltazo generalizado de mandatarios provinciales al acto por el día de la Independencia en Tucumán. Se cumplía un año del «Pacto de Mayo» y semejantes ausencias hubieran sido un baldón para Milei. Una muy oportuna neblina sirvió para justificar la decisión de quedarse en Buenos Aires. Sí viajó la vicepresidenta Victoria Villarruel, que lució poncho patrio y hasta se mostró comiendo uno de los afamados sándwiches de milanesa tucumanos en gesto diríase que populista.

El regreso de la interna en la cúpula subió un escalón más el jueves, cuando desde «la trolera» libertaria –pagada con fondos públicos– atacaron a Villarruel por haber habilitado la sesión fatal en el Senado. Vale aclarar que la sesión tenía validez en tanto formaba parte del calendario de sesiones ordinarias y se formó el quorum correspondiente.

Pero no solo desde las redes vinieron los ataques. La ministra Patricia Bullrich también estuvo muy activa. «Levántese, Sra. Vicepresidente. No denigre la institución que preside. No sea cómplice del kirchnerismo destructor. Al menos siga del lado del pueblo que la votó para cambiar este país. No convalide a la corporación política más abyecta de la historia», posteó en su cuenta de X y agregó: «Usted fue electa para terminar con el kirchnerismo, no para ser cómplice de ellos. Si va a habilitar sesiones que no cumplen con el reglamento y que tienen por objetivo perjudicar al Gobierno porque no la llaman seguido desde Casa Rosada, entonces queda de manifiesto que le importa más su ego que el país».

La réplica de la compañera de fórmula de Milei en 2023 no se hizo esperar y fue en ese mismo ring que le proponía la titular de Seguridad: «Ministra Bullrich, la democracia fue denigrada cuando personas que integraron orgas terroristas como en su caso, manejaron durante décadas el destino del país. Todos los argentinos saben de qué lado estoy en lo que a kirchnerismo se refiere porque los combatí siempre, mientras ud pululaba de partido en partido».

Así, a la ruptura existente en el «triángulo de hierro» por las diferencias entre Santiago Caputo y Karina Milei que derivaron en la expulsión del asesor sin cartera de las negociaciones preelectorales, se suma esta guerra interna con la vicepresidenta. Evidentemente Villarruel entiende que la situación no tiene retorno ya que atacó el corazón del discurso presidencial y avaló los proyectos aprobados en el Senado. «Si hay equilibrio, entonces asistir a los más desprotegidos no debiera ser tan terrible. El tema es que un jubilado no puede esperar y una discapacitada, menos. Que ahorre en viajes y en la SIDE, y listo», expresó en redes sociales. Y concluyó: «El Presidente no debe traicionar lo que dijo porque, si lo hace, los demás debemos marcárselo». La dinamita sobre el puente que la unía con su compañero de fórmula volvió a detonar.
Caputo (Luis, el ministro de Economía), por su parte, intentó una jugada que en sus papeles seguramente lucía genial, pero terminó en un bochorno. Fue cuando en su canal de streaming, el comunicador paleolibertario Alejandro Fantino dijo estar violando un «off the record» en que el ministro le decía que si se votaban las leyes que se estaban por debatir, el país se encaminaba a un desastre, palabras más, palabras menos. Más que sonar a una advertencia para presionar a los legisladores, pareció una señal de alarma como para huir a los botes y que obligó al «Messi de las finanzas» a salir a desmentir lo que se decía que habría dicho. Fantino también intentó convencer de que sus palabras habían sido editadas «maliciosamente». Y publicó en su cuenta de X el tramo completo de su declaración.

A todo esto, el presidente Milei salió a explicar que vetará cualquier ley que atente «contra el equilibrio fiscal», al que considera irrenunciable. Y que si el Congreso insistiera, recurriría a la Justicia para imponer, como sea, su política de ajuste permanente. Lo dijo con una sonrisa burlona que bien podría ser un reflejo nervioso.

Es que la primera indicación de viento en contra la habían dado el JP Morgan y la calificadora Morgan Stanley. Quizás los senadores, a pesar de que varios de los gobernadores a última hora trataron de desmarcarse de lo que se estaba por votar en el Parlamento, no hicieron sino sumarse a un momento electoral en el que el habitante del territorio, el más castigado por las políticas ultraneoliberales, necesita respuestas y no promesas de un futuro incierto.

En resumen, la Cámara Alta convirtió en ley por más de dos tercios de votos una recomposición del haber jubilatorio, la emergencia por discapacidad y rechazó el veto presidencial a la declaración de emergencia a Bahía Blanca por las inundaciones. También se convalidó la reapertura de la moratoria previsional. Al mismo tiempo, se aprobó la distribución automática de los ATN –golpe a la discrecionalidad mileísta– y reformas a la distribución del impuesto a los combustibles, proyectos que pasan a Diputados. El jefe de Gabinete, Guillermo Francos, comenzó el mismo viernes una tarea que ya le resulta habitual, la de remolcar esos descarrilamientos que provoca el Gobierno. No es que la violencia desatada por Milei o Caputo no les hayan dado resultado antes y que incluso muchos de los maltratados terminaron bajando la cerviz cada vez que la Casa Rosada lo necesitó. Pero no todos los momentos son iguales.   

Revista Acción, 13 de Julio de 2025