En su discurso en el Foro Económico del NOA que se desarrolló en el Hotel Hilton Garden Inn de San Miguel de Tucumán, el presidente volvió a desplegar una exégesis del pensamiento de Adam Smith, como había hecho un día antes en Buenos Aires, y ensalzó que el economista escocés, «básicamente, era un gran profesor de filosofía moral». En ese marco inscribió su lema de inauguración del año legislativo: «La moral como política de Estado». Fue una especie de clase académica de alrededor de 80 minutos en la que Javier Milei insistió en diatribas contra los «empresarios prebendarios que le ponen tonelada de guita los periodistas»; sin nombrarlo, aludió al CEO de Techint, y sugirió que hay «una carnicería» contra su Gobierno. Horas más tarde, partió en el avión oficial ARG 01 con destino a Budapest, donde se reuniría con el presidente húngaro, Tamás Sulyok, y el ultraderechista primer ministro, Viktor Orbán.
Pero la verdadera razón del viaje a Hungría era el encuentro de este sábado en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC). Un club derechista que desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca funge como el gran catalizador internacional de referentes de ese sector. En la aeronave oficial tuvieron cabida su hermana, Karina Milei, y el canciller Pablo Quirno. No se sumó, esta vez, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, atribulado por estos días a raíz de la revelación de otros vuelos con fuertes cuestionamientos desde lo ético, que catapultaron investigaciones sobre la esquiva posesión de bienes materiales difíciles de sostener con sus ingresos declarados. Ni en Tucumán ni en el homenaje previo al moralista nativo de la ciudad de Kirkaldy, Milei habló sobre el «Adornigate» ni sobre la otra mancha que se extiende sobre su gestión: la criptoestafa $Libra, en la que tanto él como la secretaria general de la Presidencia aparecen cada vez más complicados.
ALERTA – AHORA
1/6 Una anotación recuperada del celular del lobista Mauricio Novelli detalla un presunto acuerdo de US$5 millones por el apoyo del presidente Javier Milei al lanzamiento de $LIBRA.https://t.co/piZ6F9bkoX
Como si con estos «contratiempos» no fuera suficiente, a esto se le suma que los datos de la inflación, la desocupación y la caída en picada de la imagen presidencial también golpean en Balcarce 50, por más que el mandatario intente barrer debajo de la alfombra. O la AFA vuelva a ser noticia por las investigaciones judiciales contra la cúpula. Con un combo, además, en que la guerra en Irán golpea de lleno en la estrategia económica del ministro Luis Caputo, por el lado del incremento del precio del petróleo, de insumos básicos para la producción agrícola como la urea, y el riesgo que las bravuconadas del presidente contra Teherán terminen por meter al país en un conflicto en el que no tiene arte ni parte, por más que ese sea el deseo y hasta la necesidad política del Gobierno, como ya no callan sus voceros más belicosos, entre ellos la senadora Patricia Bullrich, que dan como probada la intervención de agentes de Irán en este ataque y en el de la AMIA.
"No nos estamos metiendo en una guerra ajena, estamos yendo contra alguien que atacó a la Argentina"
Patricia Bullrich sostuvo que en el país "han pasado muchas cosas con Irán", recordó los "ataques a la embajada y la AMIA" y agregó: "Esta guerra tiene raíces acá". pic.twitter.com/5H8kRq5NJV
Durante el acto en conmemoración de los 34 años del atentado contra la Embajada de Israel en Buenos Aires, Milei dijo que ese hecho «es una herida en el pueblo argentino, en la comunidad judía y en los cimientos morales de nuestra sociedad» y añadió que desde entonces el país enfrenta al terrorismo y subrayó que «Israel es un aliado estratégico de nuestro país y, por eso, reafirmamos nuestro compromiso porque creemos que es lo correcto. Llevamos la moral como política de Estado», dijo.
Es la economía… Lo llamativo, a esta altura, para quienes tienen algo de memoria es el argumento recurrente no solo para justificar las medidas que busca imponer la élite conservadora, a 50 años del golpe, sino también la justificación para cuando todo sale mal, como inevitablemente ocurre. Esta semana, Luis Caputo trató de explicar las razones por las cuales la inflación viene en aumento, a pesar del discurso presidencial en contrario. «Veníamos muy bien hasta junio del año pasado y sufrimos un retroceso en los últimos siete, ocho meses», dijo en el 21° Simposio de Mercado de Capitales y Finanzas Corporativas. Bien al estilo del «veníamos bien y pasaron cosas» de Mauricio Macri en 2018, que fue usado para explicar la mochila de la deuda con el FMI que el propio Caputo dejó como legado de su primer paso por la administración pública. El caso es que mientras el titular de Economía ensaya alambicadas explicaciones sobre el por qué de la escalada inflacionaria y estira algunos meses el famoso dato de que el IPC dará «con un cero coma», Milei sostiene que en realidad ya estamos en ese escenario y «todo marcha de acuerdo al plan», con una inflación mayorista que a él le da con un 0 adelante.
INFLACIÓN MAYORISTA A LA BAJA IPIM: 1,0% IPIB: 0,7% IPP: 0,7%
TOTO, por lejos, el mejor ministro de economía de la historia argentina.
En las calles, sin embargo, pasan otra película y la población de a pie está dando, según coinciden varias encuestas, muestras de repudio a la palabra oficial. Crece, en este contexto, el rechazo al Gobierno, y lo más destacable es que esos guarismos se dan incluso entre votantes de La Libertad Avanza. También se registra mayor cantidad de respuestas que reflejan cansancio sobre los mensajes acerca de la «batalla cultural» mileísta. Es que el incremento en los niveles de morosidad crediticia señalan que no hay más lugar para seguir pedaleando las deudas con tarjetas para comprar artículos esenciales: alimentos y medicamentos. Es así que productos como la carne ya son un lujo para gran parte de los argentinos.
A todo esto, en la oposición peronista se siguen cruzando invitaciones a unirse a algún tipo de alianza para enfrentar al oficialismo ante un previsible clima de mayor deterioro social y carencia de presentación que esté en condiciones de defender a los caídos del sistema, que son cada vez más, pero están más invisibilizados en las cuentas oficiales que provienen del Indec caputista. Hay quienes pretenden extender el convite hasta la vicepresidenta, notoria negacionista de los crímenes de la dictadura.
Uno que también percibe para dónde están soplando los vientos es el expresidente Macri. En un acto que se realizó el pasado jueves en Parque Norte, azuzó a sus seguidores que aún están en el PRO, el partido que fundó en 2007, a volver del letargo para plantarse de cara al 2027. Ninguneado por LLA, que como un Pacman le va comiendo a sus acólitos, está buscando un lugar bajo el sol sin distanciarse de la base ideológico-política conservadora. En realidad, quiere competir en el espacio del oficialismo para negociar mejores lugares ante una eventual candidatura de Milei o, si todo se termina de ir al demonio –por causas económicas o «morales»–, encabezar a ese sector de la sociedad que jamás votaría a alguien con el menor atisbo de peronista. «El PRO no viene a cuestionar el rumbo, señores. Viene a completarlo». Y para que no queden dudas, agregó: «No vamos a hacer oposición, no vamos a boicotear ninguna ley que haga bien al país, no vamos a darle ninguna excusa al populismo para volver. Eso no va a pasar nunca».
Hay tantas frases populares para definir el momento que vive el Gobierno de Javier Milei que lo difícil es decidirse por una. Podría ser, por ejemplo, la que se le atribuye a Napoleón, de que el hombre «es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras». O aquella otra, que encaja en el tono soez tan característico del presidente, de que «hablan de moral con la bragueta baja». Es que el viaje de una nutrida comitiva nacional a Estados Unidos mostró en carne viva una feroz interna en torno al mandatario justo en un momento para el mundo en que conviene tener la cabeza fría y muy claros los objetivos más convenientes para la nación, mientras los números de la economía no dan para hacer alharaca de casi nada.
La noticia que ocupa prácticamente la semana la protagoniza el jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Un corrosivo militante libertario que desde las redes consiguió visibilidad con un tono agresivo que lo acercó a Milei cuando estaba construyendo un espacio propio para hacerse un lugar bajo el sol de la política vernácula. Primero como vocero y luego como esa suerte de primer ministro que es el cargo creado por la constitución de 1994, no abandonó esa pose de sobrador que, desde ese lugar, solo le podía granjear enemigos. Y bien que los supo conseguir.
Hace exactamente dos domingos, cuando Milei habló ante el Congreso de la Nación para la apertura de sesiones ordinarias de este año, fue uno de los que más promocionó el lema con que imaginaban coronar un año benévolo luego de que la perinola de las elecciones de medio término –con la ayuda de Donald Trump y una oposición adormecida– cayó en «toma todo». «La moral vuelve a ser política de Estado. Cambio de época. Dios bendiga a la República Argentina.» tuiteó Adorni ese primero de marzo.
Poco duró ese espíritu épico y mientras en varios medios circulaba la información sobre nuevas pruebas que implican al presidente en la criptoestafa $Libra, se supo que el jefe de Gabinete había viajado a Nueva York en el avión presidencial con su esposa, Bettina Angeletti, que no tiene ninguna función oficial. Cuando el escándalo iba creciendo, incluso desde comunicadores «del palo», Adorni explicó la presencia de su consorte alegando que quería que lo acompañara porque «vengo una semana a deslomarme a Nueva York».
Si la presencia de Bettina Angeletti colada en una gira oficial hacía ruido, ni qué decir de eso de «deslomarse». Para colmo, apareció un video en que se ve a la pareja en un viaje con un avión privado a Punta del Este en el verano que generó otro alboroto en el que terminó envuelto un periodista de la TV Pública contratado por la actual gestión. Las redes estallaron de memes, cada cual más imaginativo. La del Club Sacachispas –esa humilde y creativa institución del barrio porteño de Villa Soldati–, como suele ocurrir, se hizo notar de entrada.
Ante la duda que se originó en estos días, queremos aclarar. Ninguna esposa del plantel ni del cuerpo técnico viajó en el micro oficial en el último partido. Como corresponde, siempre se pagan el viaje cada una de forma personal.
Hubo una agencia de turismo que captó al vuelo que con un poco de ingenio iban a saltar al estrellato. Y así lanzó una promo: «Para el que quiera irse una semana a deslomarse a Nueva York encontré vuelos ida y vuelta desde 573 USD».
Para el que quiera irse una semana a deslomarse a Nueva York encontré vuelos ida y vuelta desde 573 USD 🇺🇸
Milei, que tampoco es de cuidar las formas, se metió en la discusión utilizando una estrategia que hasta ahora parecía resultar efectiva. De tal manera que para defender a Adorni de las críticas de que la esposa viajó «con la nuestra», salió a «explicar» que no había un gasto adicional. «Si supieran el concepto de costo marginal tendrían claro que muchas cosas que se dicen no tienen ni el más mínimo sentido. Pero como pocos economistas lo entienden de verdad y a otros rubros no les importa (ni lo captan) entonces ensucian…», escribió.
Si supieran el concepto de costo marginal tendrían claro que muchas cosas que se dicen no tienen ni el más mínimo sentido. Pero como pocos economistas lo entienden de verdad y a otros rubro no les importa (ni lo captan) entonces ensucian… ÁNIMO @madorni …!!! LLA! VLLC!
La red X se llenó automáticamente de funcionarios del Gobierno en apoyo al colega en desgracia –incluso de Santiago Caputo, acusado de las filtraciones originales por su pelea con Karina Milei–, señal de que la bala había entrado y Adorni se disculpó por eso del «deslome». Algunos apelaron a la interpretación presidencial: es decir, que para el viaje del avión Tango 01, un pasajero no sumaba costos. Claudio Ortizbelgoff, empresario aeronáutico, mostró algunos datos que desmienten esa tesitura. En un largo tuit desmenuza costos extra, como que cada «pasajero adicional (más su equipaje) altera el peso de despegue (MTOW). Eso aumenta el combustible por hora de vuelo. Multiplicado por las horas de una gira presidencial, el costo real es medible, no es cero». Y tras examinar otros adicionales, concluye: «El “asiento vacío” en un vuelo comercial es una pérdida, pero un “asiento ocupado” por alguien ajeno a la operación en un vuelo oficial es un costo fiscal y ético innecesario».
Darío, con el mayor de los respetos y desde la experiencia en el sector aeronáutico, la teoría económica del costo marginal no se aplica de forma lineal en el aire. Combustible por Peso: En aviación, cada kilo cuenta. Un pasajero adicional (más su equipaje) altera el peso de… https://t.co/2aNdpBmj5l
— Claudio Ortizbelgoff🇦🇷🇷🇺🇺🇾🇶🇦🇪🇸 (@obc68) March 12, 2026
Ruidos y nueces El objetivo final del viaje era la presentación del Argentina Week, un «road show de inversiones», según explicó el embajador Alejandro Oxenford, que se realizó en las sedes del nuevo edificio del JP Morgan, el Bank of America y el Consulado Argentino en esa ciudad. El Gobierno anunció que se habían logrado inversiones por 16.150 millones de dólares. Pero el mismo informe indica que los inversores fueron Mercado Libre, Pampa Energía, TGS y Taca-Taca/ First Quantum. Las tres primeras son firmas de capitales nacionales (Marcos Galperin, Marcelo Mindlin, familia Sielecki), la cuarta es una multinacional chino-canadiense que ya estaba en el país desde 2014. Como alguien escribió por ahí, podrán haber hecho la presentación en Puerto Madero y se ahorraban dinero y problemas políticos. O sea, demasiado ruido para tan pocas nueces.
El inquilino de la Quinta de Olivos habló también en la Universidad Yeshiva de Nueva York y allí dijo que se sentía orgulloso de ser «el presidente más sionista del mundo», y temerariamente señaló que Irán es enemigo de Argentina. No solo eso, ratificó su alianza con Estados Unidos e Israel y agregó: «Vamos a ganar la guerra contra Irán». Una declaración de guerra que no fue autorizada por el Congreso y que pone en riesgo a la población del país. En tal sentido, una encuesta de Zuban-Córdoba muestra una amplia oposición a semejante posibilidad. Entre los votantes de Sergio Massa, el rechazo alcanza el 91,9%, entre los de Milei, el 53,4%, con solo 29,2% a favor.
La otra guerra que alentó Milei en Nueva York fue contra los industriales argentinos, a los que catalogó de «chorros» y «empresarios prebendarios». Puso nombre y apellido a sus enemigos: «Rocca y Madanes, en convivencia con políticos ladrones, volvieron a ir en contra de los argentinos», dijo, y calificó al cierre de Fate como un apriete cuando se estaba votando la ley laboral.
La UIA, que había mostrado una tibieza que enervaba a los miembros de la organización tras los ataques recibidos el 1-M, pareció apenas despertarse en un comunicado que dice: «Cuando desde la máxima investidura institucional se utilizan expresiones que descalifican a quienes producen e invierten, se genera un agravio injusto hacia ese esfuerzo cotidiano y se debilita el clima de respeto que la Argentina necesita reconstruir».
Mientras Milei celebraba la asunción de su par chileno, el pinochetista José Antonio Kast, y se preparaba para volar a España a recibir otro premio de la ultraderecha internacional, la inflación medida con el índice Caputo dio para febrero 2,9% y amenaza con superar los 3 puntos en marzo. Desde hace 9 meses no baja la inflación y el Gobierno no le encuentra la vuelta a la que, hasta ahora, viene siendo su principal carta de presentación. Cada vez más arrugada, por cierto.
Una cosa es la verborragia belicista de matón de barrio y otra la realidad. Cuando se escucha al presidente Donald Trump se tiene la sensación de que la Casa Blanca del magnate inmobiliario tiene todo fríamente calculado y que, efectivamente, todo marcha sobre ruedas en la guerra que con Israel inició contra Irán hace una semana. Pero cuando se hila un poco más fino, hay detalles que viene bien revisar. Por ejemplo, horas antes de la cumbre con presidentes latinoamericanos afines para el lanzamiento del Escudo de las Américas, dijo que este mismo sábado “Irán recibirá un duro golpe” y, como una maestra de primaria, que el país persa “por su mala conducta” se está “considerando seriamente la destrucción total y la muerte segura de zonas y grupos de personas que hasta ahora no se habían considerado como objetivos”. El viernes, sin embargo, y enterrando definitivamente lo poco que quedaba de su lucha contra el “Estado profundo”, se reunió con las mayores empresas del complejo militar industrial. “Acordamos cuadruplicar la producción de armamento de clase exquisita», posteó en su cuenta de la red Truth, para asegurar a continuación que las fuerzas armadas tienen un suministro “prácticamente ilimitado de municiones de grado medio y medio superior”. Un día antes, había recibido en el Salón Oval a una veintena de pastores evangélicos que oraron en torno a él, que escucha las plegarias con los ojos cerrados y sentado a su escritorio. Como en cualquier régimen teocrático, por cierto.
Uno de los problemas que enfrentan los tres involucrados en esta contienda es cuánto pueden durar los artefactos bélicos disponibles. Israel tiene el ejército más poderoso de la región pero desde el 7-O de 2023 se lanzó a una operación de exterminio en Gaza y Cisjordania que consumió gran parte de sus arsenales. Estados Unidos envió en tiempos de Joe Biden gran parte de sus reservas a Ucrania y por supuesto, a Israel. Irán, en la Guerra de los 12 días, había agotado también gran parte de sus existencias pero no se fácil determinar cuánto pudieron reconstruir y cuánto tenían almacenado e silos subterráneos. Hace añares que Teherán se preparaba para esto que parece una estocada final y plantea sus estrategias para una guerra asimétrica, como no puede ser de otra manera habida cuenta de sus posibilidades reales.
La noticia que sublevó en los medios estadounidenses, como The Washington Post, es que Rusia estaba brindando información de inteligencia a Irán sobre los movimientos de las fuerzas israelo-estadounidenses que le permite atacar con precisión a buques y aviones con misiles que incluso demostraron ser capaces de evitar los radares. Muchos le recordaron al exdiario de referencia de EE UU su doble rasero cuando EE UU envía armas y datos a Ucrania. También se habla de apoyo chino a los persas, lo cual es difícil de demostrar, aunque posible dado el riesgo que para Beijing implica la pérdida de un proveedor de petróleo importante y sobre todo, cercano.
Irán es el corazón geopolítico de esta parte del mundo por su ubicación, su posibilidad de control del Estrecho de Ormuz y como nudo de ductos para transporte de gas y petróleo al Asia Central. Un análisis bastante razonable indica que Trump necesita acelerar el desenlace en Irán antes de viajar a Beijing el 31 de marzo para encontrarse con Xi Jinping. De ello depende cómo negociará con el presidente chino. Si con cartas ganadoras y con la lengua afuera porque los iraníes están resultando un hueso muy duro de roer. Con el ataque a fuerzas de Estado Islámico en Nigeria del 25 de diciembre y el secuestro de Nicolás Maduro en Caracas el 3 de enero, Trump podría jactarse de controlar dos de las más grandes fuentes petroleras internacionales. Irán sería la coronación de ese objetivo y la administración lo ve al alcance de la mano.
Sin embargo, hubo algunos contratiempos que no estaban en los planes. Como que Irán decidió dejar de lado anteriores pruritos y bombardeó bases de EE UU en los países vecinos y destruyó radares y sofisticados equipos de rastreo de el Ejército estadounidense. Según el exanalista de la CIA Larry Johnson -uno que se ganó la enemistad del Estado Profundo porque critica la política exterior de su país y con data dura- “Irán destruyó cinco radares estadounidenses avanzados (dos de ellos con un valor de 1000 millones de dólares cada uno) y tres baterías THAAD, aproximadamente el 30% del suministro mundial de Estados Unidos. (…) Las defensas aéreas estadounidenses están ahora prácticamente ciegas”.
La amenaza de que las incursiones en el espacio aéreo de sus vecinos forzarían a armar una coalición contra Irán parece desvanecerse. Cierto que hubo protestas agrias de Qatar y de Kuwait, el aeropuerto de Dubái y un bombardeo contra residencias en Bahréin donde se supone se alojaba personal estadounidense. En cuanto a la principal refinería saudita, la de Ras Tanura, Irán negó haber realizado el ataque y la información disponible más bien señala a un operativo de falsa bandera realizado por Israel. El magnate emiratí Khalaf Ahmed al-Habtoor, por su parte, se quejó de que EE UU los usó para su propio beneficio y a la hora de los cachetazos los dejó solos. «Nosotros no firmamos para esto; su ‘Junta de la Paz’ fue financiada por nosotros, ahora son cenizas», protestó. Como para bajar un cambio, el presidente Masud Pezeshkian presentó las disculpas del caso y anunció la suspensión de bombardeos contra objetivos en los países vecinos, aunque se reservó el derecho a actuar si fuese atacado desde allí. Más allá de los “fierros” duros, lo que está causando estragos en todo el mundo es el cierre del Estrecho de Ormuz, lo que eleva los precios del petróleo a niveles que nadie se atrevería a predecir. Todo dependerá de cuánto dure la contienda.
Israel, en tanto, desató una fuerte ofensiva sobre el Líbano y ordenó la evacuación de todo el territorio al sur del río Litania, lo que incluye a las ciudades de Tiro, Sidón, Nabatiye y Yezin. El gobierno de Netanyahu argumenta que está combatiendo acciones de Hezbollah, el grupo islámico cercano a Irán. A su vez, fuerzas israelíes atacaron una instalación petrolera cerca de Teherán. «
El general Wesley Kanne Clark fue comandante supremo de la OTAN y en 1999 dirigió a las tropas conjuntas en la guerra de Kosovo y en el bombardeo a Belgrado. No es precisamente un pacifista, pero si un crítico de la expansión militar de EE UU posterior a los atentados a las Torres Gemelas. En un reportaje que volvió a las redes estos días, allá por 2003 declaró que un alto oficial le había contado de los planes del gobierno de George W. Bush de atacar de manera progresiva siete naciones musulmanas: Irak, Siria, Líbano, Libia, Somalia y Sudán para terminar luego con Irán. Sin una razón valedera.
El objetivo de ir por todo siempre alimentó el sueño húmedo de las cúpulas dirigentes estadounidenses desde el derrumbe de la Unión Soviética. El 11-S no fue sino el incentivo final. Pero antes de eso hubo directivas para sustentar ese despliegue imperial cuando ya no había enemigos de peso del otro lado. En ese mismo año de 1997 un grupo de ultraconservadores liderados por William Kristol y Robert Kagan fundaron un think tank que elaboró el Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense (PNAC en inglés). De ese grupete participaron el que luego sería secretario de Defensa de Bush, Donald Rumsfled y el vicepresidente, Dick Cheney, junto con Francis Fukuyama (el del Fin de la Historia), el luego consejero de Donald Trump John Bolton y el inefable Elliot Abrams. En su discurso del domingo pasado, Javier Milei aludió al Siglo de las Américas, no inocentemente. Aquel borrador elaboró estrategias para imponer -no por las buenas, claro- la Paz Americana en aquellas regiones.
Otro proyecto con el mismo fin fue pergeñado por el propio Rumsfeld con el almirante Arthur Cebrowski. La llamada Doctrina Rumsfeld-Cebrowski promueve básicamente el caos permanente y desestabilización planificada en el marco de guerras sin fin en el Medio Oriente extendido, que llega hasta Afganistán. De ese modo EE UU fue apelando a excusas que pronto mostraron las huellas de la mentira. Que las armas de destrucción masiva de Saddan Hissein, que la represión a su propio pueblo de Muhamad al Gadafi o Bashar al Assad. Esa misma estrategia se usó contra Viktor Yanukovich en Ucrania, allí gracias a la intervención destacada como subsecretaria de Estado de Barack Obama de Victoria Nulland, a la sazón esposa de Roberto Kagan.
Oficialmente ninguna de estas teorías está vigente y los lineamientos en política exterior son establecidas por cada administración al inicio de su gestión en su Estrategia de Seguridad Nacional (NSS en inglés). La última, de noviembre pasado, es esa en la que el presidente lanzó el Corolario Trump a la Doctrina Monroe o, directamente, la Donroe. El magnate había llegado a su segundo mandato luego de una evaluación certera de la decadencia de Estados Unidos y prometiendo ir el Estado Profundo. Ese estamento burocrático permanente que dicta las políticas en función de los intereses de las élites, más allá de los presidentes. Que son los del complejo militar-industrial-congresional-de inteligencia-mediático-académico-think tank (MICIMATT), según lo definió el exanalista de la CIA Ray McGovern. Pero pasaron cosas y los archivos del pedófilo Jeffrey Epstein “convencieron” a Trump de las bondades de no romper con esa tradición, para escarnio de sus antiguos apoyos (el periodista Tucker Carlson, su exasesor Steve Bannon).
Acusan a Trump de estar atado a los intereses de la ultraderecha israelí de Benjamin Netanyahu y sus ministros Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir. Que sostienen el plan «bíblico» de crear el Gran Israel, que iría desde el Éufrates al Nilo. Se lo reconoció a Carlson el embajador de EE UU, Mike Huckabee, un cristiano sionista. Alguien más fanático que un ultraderechista israelí, si cabe.
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