A cinco días de haberse cumplido dos años del atentado que podría haberle costado la vida y a dos meses de iniciado el juicio a los responsables materiales del intento de magnicidio, Cristina Fernández de Kirchner presentó en sus redes sociales un documento que bajo el título «Es la economía bimonetaria, estúpido» –remedando la frase de campaña de Bill Clinton en 1992– detalla la situación del país al cabo de nueve meses de «la primera experiencia global anarcocapitalista». Más allá de las críticas al modelo que se impone a palos y gases desde la Casa Rosada, la dos veces presidenta de los argentinos también se mete de lleno en los avatares del peronismo, al que describe como «torcido» y espera ver reordenado y convertido en una fuerza política que vuelva a representar a las mayorías «para pasar de ser oposición a alternativa de gobierno».
El mensaje de Cristina Fernández –de tono fuertemente crítico y que generó un ataque del presidente Javier Milei– aparece cuando el Partido Justicialista permanece con las heridas abiertas y sin cicatrizar y sus principales figuras intentan reconstruir un espacio entrecruzado de disputas personales y por liderazgos. La gestión del expresidente Alberto Fernández, vapuleada por la realidad económica que dejó y por la denuncia de maltrato de su pareja, aflora como una pesada mochila difícil de sobrellevar. En este escenario, a los bloques políticos y mediáticos que comulgan con las políticas de Milei se les hace sencillo meter a todos en la misma bolsa. El peronismo en estado de debate permanente les resulta el contrincante ideal bajo el que intentar barrer sus propias miserias. Tan es así que La Libertad Avanza (LLA), el PRO y el radicalismo conservador necesitan de un PJ en esas condiciones para poder sostener su proyecto antipopular. La peor noticia para ellos es la unidad que se ha logrado mantener durante este período en los bloques legislativos de Unión por la Patria, que hizo posible aplicar algunos frenos a iniciativas regresivas del Ejecutivo.
Pujas y enfrentamientos El tema es que no solo da la impresión de que no hubiera coincidencias a las que se sumarse, sino que en algunos aspectos priman enfrentamientos personales y si se quiere ideológicos. La inquina que muestra el exsecretario de Comercio, Guillermo Moreno, contra el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, es ya casi es un sello de fábrica del ahora panelista de C5N, que además intenta recuperar para el redil justicialista al excandidato presidencial de Juntos por el Cambio, Miguel Ángel Pichetto, y busca un acercamiento con la actual vicepresidenta Victoria Villarruel. Jugadas ambas de un «panperonismo» extremo que incomodan a más de cuatro en el partido que lidera el espacio con más representantes en el Congreso.
Guillermo Moreno: "Negarle la posibilidad de que Villarruel se vuelva peronista es un error de CFK" https://t.co/hRVCU33BCg
Las diferencias que afloraron entre la intendenta de Quilmes y el alcalde de Avellaneda tienen también sus bemoles. Ambos tienen cercanía con la expresidenta: Jorge Ferraresi fue su segundo en el Instituto Patria y ostenta innegable prosapia peronista; Mayra Mendoza, por su parte, actúa como su habitual vocera sin cartera, la que dice en público lo que Cristina Fernández en ocasiones solo expresa en privado.
A las mentiras se las combate con verdades.
Gobernar es asumir las responsabilidades que cada dirigente y que cada militante tiene con su pueblo.
Si se asume que Kicillof, que va por su segundo mandato y no tiene reelección, apuesta por la presidencia, se entiende que haya disputas por el espacio que dejaría vacío en La Plata. Y hasta que La Cámpora, comandada por Máximo Kirchner, rivalice por un lugar bajo el sol bonaerense o nacional. Los más enjundiosos peronistas, sin embargo, recuerdan que en 2023 Kicillof ganó con menos porcentaje que cuatro años antes, y que si las propuestas de derecha encarnadas en el PRO y LLA hubiesen ido juntas otro habría sido el cantar.
El exministro de Economía de Cristina Fernández está obligado, si quiere disputar un cargo de relevancia, a ir por la presidencia de la Nación. Sería una apuesta valerosa: nunca un gobernador de la provincia de Buenos Aires dio con éxito el salto electoral para llegar a la primera magistratura, lo que no implica que sea imposible. En tanto, el gobernador riojano Ricardo Quintela, que podría también aspirar a una futura candidatura, hace lo posible a estas horas por comandar al PJ a nivel nacional. Tiene con qué: nadie le niega lauros como peronista, en un momento en que el «peronómetro» parece a full para algunos dirigentes con más pantalla que votos.
Quintela acaba de lograr la aprobación de una constitución que presenta novedades conceptuales como «democracia paritaria, renta básica universal y gobernanza» y, además, puso en circulación una cuasimoneda local, el «Chacho».
Me invade la emoción y la alegría de ver concretado este momento tan importante para toda la provincia de La Rioja. En el Superdomo, todo el pueblo riojano juró la nueva Constitución, una Constitución que consagra derechos y establece los principios para la vida en la comunidad.… pic.twitter.com/kBbjlCjHYS
Avisado por la experiencia política e histórica de cómo sería el trato hacia las provincias del gobierno de Milei, en enero Quintela anunció la creación de los Bonos de Cancelación de Deuda (Bocade), que fueron aprobados por la Legislatura local a finales de febrero. Tanto una constitución progresista como el «Chacho» son desafíos abiertos a la «revolución cultural» reaccionaria que pretende el fundador de LLA.
Milei y sus adláteres, tanto los visibles como los que operan anónimos, o casi, en las redes sociales, apuntan todos sus cañones contra Kicillof. A las controversias por la instalación de la planta de GNC y ahora a la traza del gasoducto de Vaca Muerta, le suman un «cepillado» cotidiano a su figura. Y el gobernador no le esquiva a la pelea. Más bien se acomoda los guantes de box y aprovecha que lo subieron al ring.
Así, a cada medida del tándem Milei-Caputo-Sturzenegger responde con una contramedida. Si se eliminan dependencias publicas relacionadas con Género o Derechos Humanos, responde con la creación de instancias provinciales de reemplazo local. Si el presidente critica ferozmente al sector industrial en su entidad corporativa y mientras celebran su día, Kicillof se compromete a «actuar como escudo contra las políticas que se están aplicando a nivel nacional».
En el Día de la Industria nos reunimos con cámaras empresarias y sindicatos para reafirmar que sin industrialización no hay desarrollo posible para nuestro país. Cuenten con este Gobierno provincial para actuar como escudo contra las políticas que se están aplicando a nivel… pic.twitter.com/T5jwJO8OPw
El gobernador ya había removido el avispero peronista cuando hace justo un año, antes de la primera vuelta electoral, había comparado al peronismo con esas «bandas de rock que tocan grandes viejos éxitos» y pidió una nueva canción, «no una que sepamos todos». El texto recientemente difundido por Cristina Fernández tiene, quizás, algunos acordes que van en esa línea.
En Argentina, la palabra «revisionismo» remite a esa corriente historiográfica que desde la segunda mitad del siglo XX hurgó en tono crítico en la versión de la historia construida por las élites nativas desde la Carta Magna de 1853, muy al gusto de una inserción liberal en el mundo decimonónico.
Otra construcción historiográfica se fue elaborando colectivamente desde la recuperación de la democracia, en 1983, y tuvo como eje el juicio y castigo a los culpables de los crímenes de lesa humanidad. Ahora, en un intento de mover hacia atrás las agujas del reloj, se pretende encarar una nueva corriente revisionista, desde la emergencia como figura pública de Javier Milei, que no por casualidad se sumó en ese anhelo a la reconocida negacionista y reivindicadora de la dictadura, Victoria Villarruel. Algunas de las diferencias entre ellos radican en que el presidente recupera la figura del autor del texto en que se cimentó aquella Constitución, Juan Bautista Alberdi, mientras que su vicepresidenta recurre a un nacionalismo extremo con el objetivo confeso de reivindicar a los militares juzgados y condenados en estas cuatro décadas.
El horror vivido en los años de plomo es tan profundo que cada tanto se vuelve sobre él. En estos días se cumplirán, precisamente, dos años del estreno de la multipremiada 1985, película dirigida por Santiago Mitre –comparte apellido pero no lazos sanguíneos con Bartolomé, el pionero en aquella historia oficial del siglo XIX– que revive el juicio a las juntas militares y fue la más vista en 2022. Ahora se acaba de presentar Traslados, un documental sobre los vuelos de la muerte, ese atroz método de extermino también utilizado por los genocidas, y que dirige Nicolás Gil Lavedra, hijo de Ricardo, quien integró el tribunal que condenó a los comandantes de la dictadura.
La visita de legisladores de La Libertad Avanza (LLA) a presos por delitos de lesa humanidad en la cárcel de Ezeiza del 11 de julio pasado despertó fuertes críticas desde amplios sectores de la oposición y generó disputas internas que llevaron incluso al quiebre del bloque oficialista.
A esta leña le agregó combustible la vicepresidenta, cuando en una reunión en el senado en ocasión del Día Internacional de la Conmemoración a las Víctimas del Terrorismo, dijo: «Reabriremos todas las causas de víctimas del terrorismo para que sea la Justicia la que haga lo que debió hacer hace más de 20 años», y agregó: «Todos los montoneros tienen estar presos por ensangrentar nuestra Nación».
Celebró esa postura una organización de Estados Unidos, Counterpoint Institute, creado y dirigido por Shea Bradley-Farrell, una adalid de conservadorismo global que integró el gabinete de Donald Trump y fue asesora de su hija, Ivanka Trump.
“We will reopen all cases of victims of terrorism." Bravo @VickyVillarruel !
Vice President Victoria Villarruel led an event in the Senate and stated: "All Montoneros must be in prison." https://t.co/sAk7Bsl0XF
El discurso generó prontos intentos de «despegue» del presidente y sus principales espadas, que están en una lucha ya sin cuartel con la compañera de fórmula electoral y ahora virtual enemiga íntima. Pero también abrió viejas heridas en el peronismo, donde algunos de sus integrantes, como el exsecretario de Comercio Guillermo Moreno y el exministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, vienen intentando un acercamiento con Villarruel. También se sumó el senador José Mayans, quien invitó a la vicepresidenta a profundizar la amistad, en medio de un diálogo suscitado durante el debate de la ley de movilidad jubilatoria en la Cámara alta. Esto fue respondido ácidamente por Cristina Fernández de Kirchner.
Pericia psiquiátrica le vamos a pedir a los que dicen que Villarruel es peronista.
A esta escalada «revisionista» se sumó, aunque desde otro ángulo, el ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, quien en la Comisión de Mujeres y Diversidad de la Cámara Baja fustigó la agenda que en el Congreso se viene llevando en ese ámbito desde hace décadas.
Se terminó la agenda cultural de izquierda y la ideología de género que se usaron para enmascarar curros que dejaron a la mitad de los argentinos en la pobreza.
Desde esta administración no vamos a gastar más dinero público en caprichos ideológicos sin sentido, nuestra prioridad… pic.twitter.com/YY14my3QLA
El debate demostró que más allá de los brulotes con que los espacios libertarios condenan las políticas de derechos humanos y de género que la sociedad fue asumiendo desde el 10 de diciembre de 1983, son temas que calaron lo suficientemente hondo como para que una vuelta atrás aparezca como impensble.
Por el lado de los juicios a responsables de los crímenes contra la humanidad, porque todas las instancias judiciales ya dieron su veredicto, y porque la misma Justicia ya dictaminó que en el caso de las organizaciones guerrilleras, los delitos ya prescribieron. Un dato que alguien esgrimió en las redes sociales es que esa es otra impostura de LLA, que en un debate presidencial puede acusar a Patricia Bullrich de haber puesto una bomba en un jardín de infantes y luego de amigarse convenientemente, la unge como ministra de Seguridad. Otros recordaron que la dictadura no juzgó a sus víctimas y que muchas de ellas siguen desaparecidas. Como sucede con los padres de la exdiputada Victoria Donda.
Sin embargo, más allá del barullo mediático, si algo positivo tuvo todo el escándalo circundante es que ejerció una enorme tarea didáctica al menos para la diputada Lourdes Arrieta. Visitante en Ezeiza y radiante en la «foto familiar» junto a sus colegas y los presos, alegó desconocer quién era Alfredo Astiz, a pesar de ser hija de un cabo del ejército, porque, se disculpó, «nací en 1993».
En la ordalía caníbal en LLA, la acusaron de «no tener los patitos en fila» y ella pidió una investigación interna sobre cómo se organizó el viaje a Ezeiza. Además, presentó audios y chats del grupo de legisladores que asistieron, donde se desmienten los descargos de los involucrados.
Por si fuera poco, también afirmó que finalmente había comprendido el alcance de lo que había ocurrido en los 70. Fue en declaraciones a Daniel Tognetti en la radio AM 530, cuando tras conformar un bloque unipersonal en el Congreso, afirmó estar leyendo el Nunca Más que se le vio bajo el brazo en las últimas sesiones y aseguró haber entendido por qué se decía que eran 30.000 los desaparecidos.
En los años 90 el documental Las patas de la mentira resultó provocativo porque la recopilación de su autor, el psicólogo Miguel Rodríguez Arias, mostraba en actos fallidos las intenciones ocultas que subyacían en los discursos de los dirigentes del menemismo. Mucho cambió para que las nuevas versiones del viejo modelo neoliberal digan con total impunidad las verdades más intolerables hasta con una sonrisa en la boca. Ni qué decir lo que se publica con no menor desparpajo en las redes sociales, más cercano a la categoría de brutalidades más propias del hombre lobo de Thomas Hobbes que de la mano invisible de Adam Smith. La palabra «sinceramiento» aparece ya en 2015 como un subterfugio de lo que sería con Mauricio Macri un aumento brutal de precios y un generoso blanqueo de capitales que permitió la legalización de fortunas mantenidas fuera de los ojos del fisco por, entre otros grandes evasores, algunos familiares del entonces presidente. Los «sinceramientos de precios» vuelven en esta alianza entre derecha y ultraderecha pero ahora con otro tipo de blanqueo de intenciones como las de alguien muy ducho en esas lides, el ministro sin cartera Federico Sturzenegger. De muy buena llegada a los ambientes académicos de Harvard, el autor del DNU 70/2023 y de la abortada ley Ómnibus de Javier Milei, sabe venderse como un astuto economista que en anteriores pasos por la gestión pública –con Fernando de la Rúa y el propio Macri– padeció el capricho de la realidad en contra de sus teorías. ¿La última? En un seminario en esa universidad estadounidense aseguró que la desregulación del flamante Gobierno no es tanto un programa económico como un programa político «para cambiar la estructura de poder» en Argentina. ¿Cómo? «Una posibilidad es empobrecer a los grupos de interés. Drenarle los recursos. Si lo hacés, tenés una chance de ganarles». Se refiere a los sindicatos, pero involucra a pequeños y medianos empresarios y al resto de la sociedad. Previo a su segundo paso por el Gobierno, Sturzenegger había sorprendido cuando en otro video que se difundió en 2015 –también para un auditorio angloparlante– confesó los consejos de campaña del ecuatoriano Jaime Durán Barba: que no proponga ni explique nada. ¿Por qué? «A la gente no le preocupan esas cosas. Y si vos explicás qué es la inflación, vas a tener que explicar que la emisión monetaria genera inflación, que entonces debería reducirse la emisión, y que si entonces haces eso tendrías que hacer un ajuste fiscal, y que si haces un ajuste fiscal entonces la gente va a perder su trabajo y eso es lo que no queremos que digas (…en su lugar) decí cualquier cosa, hablá de tus hijos». En 2017, el titular del Banco Nación, Javier González Fraga, dijo que en los doce años del kirchnerismo se había alentado el consumo y «se le hizo creer a un empleado medio que su sueldo servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos, irse al exterior». Fue en esa época en que el ministro de Educación de Cambiemos, Esteban Bullrich, afirmaba sin rubor que para doblegar a los sindicatos docentes su estrategia consistía en «lanzar muchas iniciativas a la vez (…) el gremio focaliza en una y las otras avanzan. Cuando se dieron cuenta de que había una que se implementó, van atrás de esa y avanzás con las que no habías avanzado». La misma crudeza verbal y hasta provocativa se vio en 2022 en un encuentro organizado por AEA, la entidad que nuclea a las mayores empresas argentinas –Coto, Arcor, Techint, Clarín– cuando Federico Braun reveló cómo se manejaban con la inflación en la cadena más grande de supermercados de la Patagonia. «¿Qué hace La Anónima? Remarca precios todos los días», dijo entre risas.
Deudas y dólares Como corolario de otra semana dramática para los argentinos de a pie, el presidente Milei, tras su gira por Israel, Roma y el Vaticano, se enroscó en agravios contra los gobernadores, la «casta política» que le bochó la megaley y hasta la cantante Lali Espósito. En tanto, las redes tronaban por el caso de Ezequiel Francisco Curaba, de 21 años, que murió quemado tras una explosión cuando intentaba robar cables de alta tensión, en Rosario. Cuentas trogloditas llegaron a festejar semejante tragedia en la que solo la voz conmovida de su maestra en la escuela Carlos Fuentealba, Melina Gigli, aportó humanidad entre tanto primitivismo y puntualizó las deudas de la sociedad para con un muchacho que «tiraba de un carro para sobrevivir» y que no merecía una muerte como esa. Milei también insistió en la necesidad de los ajustes que realiza su Gobierno y en que el camino al que conduce al país es el de la dolarización. Sonó en una entrevista para el canal LN+ en respuesta a un documento de 33 páginas que la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner había subido a sus redes un día antes y donde, entre otras cuestiones, detalla minuciosamente las tres fases de la crisis de la deuda externa argentina y alerta por el plan de exterminio de la moneda nacional de Milei. «La dolarización significaría perder para siempre la posibilidad de desarrollo de nuestro país», señaló Cristina Fernández. No solo ella advierte sobre ese riesgo para el futuro de la nación. También lo hizo Martín Lousteau, senador porteño y presidente de la Unión Cívica Radical. «No veo plan de estabilización», dijo quien fue el primer ministro de Economía de Cristina y terminó fuertemente enfrentado con ella. «Tengo miedo que este plan, que por ahora es solo aumento de impuestos y de tarifas y una enorme licuación de nuestros ingresos que afecta particularmente a la clase media y baja, se transforme en algo irreversible que es la dolarización». remarcó. En una columna publicada en el medio español elDiario.es, el historiador económico Pablo Gerchunoff analiza las primeras semanas de Milei y también revela su temor a una dolarización como única propuesta del libertario. «Argentina sería, después de la dolarización, una sociedad tan compleja y volátil como lo es hoy, más estable en su dinámica de precios pero carente de una moneda», dice quien fue Jefe de Asesores de los ministerios de Economía de Raúl Alfonsín y de De la Rúa. «El propio Milton Friedman, un favorito de Milei, se arrancaría los cabellos. Él sabía que la ausencia de política monetaria es también un problema productivo y un problema de empleo», para concluir: «Después de la dolarización, Argentina sería una Grecia pero aislada, una Grecia sin Europa y sin Banco Central Europeo». Lo peor, según los que señalan que la dolarización sería una catástrofe para el futuro de los argentinos, es que no se terminaría con las crisis externas e incluso se profundizarían las deudas hacia muchachos desesperados como Ezequiel. Porque, como reconoce alegremente Sturzenegger, el plan es político y pasa por empobrecer a la mayoría de la sociedad.
Piedad Córdoba era de esas gentes siempre dispuestas a la solidaridad y la lucha por las causas justas. Así, estuvo con Tiempo en 2016 tras visitar a Milagro Sala, cuando el gobernador jujeño le había armado las primeras causas para dejarla entre rejas. Y mucho le costó en su vida ese alto perfil combativo en aquella Colombia en la que cualquiera que buscara la paz era catalogado como guerrillero.
Ni qué decir de quienes defendían los derechos de la mujer, de las minorías étnicas o sexuales o las libertades civiles. Abogada por la Universidad Pontificia Bolivariana, desde joven participó en el Partido Liberal, el más antiguo y, si se quiere, progresista del país y en encendidas disputas con el Conservador. Pronto fundó el movimiento Poder Ciudadano, más identificado con las ideas de izquierda, dentro del PL.
Fue Senadora entre 1994 y 2010, cuando el entonces Procurador General Alejandro Ordoñez la acusó de tener vínculos con las FARC y ordenó su destitución y la inhabilitación por 18 años. Y todo porque en su afán de terminar con años de conflicto interno buscó el diálogo con los grupos armados. Lo había hecho decenas de veces para lograr la liberación de rehenes en manos de la guerrilla. ¿Con quién iba a negociar para la pacificación del país?
El “caso Piedad Córdoba”, como se lo llamó, fue un hito en el historial de esta mujer impetuosa y determinada. Y terminó seis años más tarde cuando el Consejo de Estado encontró que el fiscal había actuado con saña y sin pruebas. Para completar su perfil, en su trayectoria se acercó a líderes de esa corriente progresista surgida en los primeros años de este siglo, como Hugo Chávez o Cristina Fernández de Kirchner. Volvió al Senado en 2022.
Este sábado fue llevada por su personal de custodia a la Clínica Libertador de Medellín, donde corroboraron que había fallecido de un infarto. Estaba por cumplir 69 años.
“Nuestro adiós a la senadora Piedad Córdoba, dirigente política latinoamericana comprometida con la paz de su amada Colombia. Querida amiga, si hay alguien que merece descansar sos vos. Te lo has ganado”, posteó CFK. “Fue una mujer golpeada por un época y una sociedad. Luchó toda su vida madura por una sociedad más democrática. Su cuerpo y su mente no resistieron la presión de una sociedad anacrónica, que aplaudía los ajustamientos de jóvenes, que odiaba el dialogo y la paz, que odiaba a los negros, a los indígenas y a los pobres, que la trataba como una criminal”, la despidió el presidente Gustavo Petro.
Comentarios recientes