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El mundo nacido el 11-S se desmorona aceleradamente

El mundo nacido el 11-S se desmorona aceleradamente

Todo ocurre de un modo tan acelerado que casi supera la posibilidad de relatar los hechos. El caso es que, cuando se cumplen 25 años de los ataques a las Torres Gemelas, que fueron la justificación para la “guerra contra el terrorismo”, el despliegue militar de Estados Unidos por el Medio Oriente extendido y el unipolarismo planetario post-soviético, Irán y el movimiento de resistencia islámica Ansarallah asestan golpes letales al proyecto imperial. Mientras tanto, Donald Trump pasa de haber mentido con su rol durante aquel 11-S (nunca salvó a nadie, estaba en su oficina, lejos del World Trade Center) a desviar la atención chicaneando al Reino Unido y, en una visita a Irlanda, mete la llaga hablando de su “sueño de unificación” irlandesa y el reclamo argentino por Malvinas (ver recuadro).

El jueves, el secretario de la Marina de EE UU, Hung Cao, tuvo que reconocer que las fuerzas iraníes habían destruido la base Apoyo Naval a la Actividad en Bahréin (NASB, en inglés), sede de las fuerzas navales del Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) y de la Quinta Flota. “La destruyeron totalmente”, dijo Cao al sitio The Epoch Times. Caso curioso el de Cao: de familia vietnamita, nació en Saigón en 1971 y sus padres lograron escapar antes de la estrepitosa caída de la que era capital survietnamita, en 30 de abril de 1975. Como oficial de la Marina, cumplió destinos en Irak, Afganistán y Somalia. Retirado en 2021, fue confirmado en abril como titular de la cartera tras la renuncia de Jonh Phelan por desavenencias con el secretario de Guerra. Ahora tuvo que dar la cara por un hecho que era conocido pero prolijamente negado por el Pentágono. Quizás otra huida estrepitosa como la de hace 51 años en Saigón o la de Kabul, en agosto de 2021.

Sucede que lo peor todavía estaba por conocerse. El viernes podría decirse que colapsó el régimen saudita y entre sus consecuencias previsibles, nadie sabe a cuánto se puede disparar el precio del petróleo, que superaba los 100 dólares el barril ese día. Por un lado, los hutíes lanzaron una ofensiva furiosa en la costa occidental del estrecho de Bab el Mandeb (término árabe que suele traducirse como “puerta de las lágrimas”) y tomaron desde las ciudades de Al-Khokha al puerto de Al-Moka y la estratégica isla de Mayun (también llamada Perim). No solo eso, causaron tal estrago en el oleoducto Este-Oeste, de Abqaiq a Yanbu, que el ministerio de Energía saudita anunció su cierre preventivo. Se trata de una cañería de 1200 km de extensión que permite el transporte de petróleo al Mar Rojo evitando los estrechos de Ormuz y Bab el Mandeb, los dos puntos de estrangulamiento más importantes del mundo en estos días.

La información disponible indica que ambos ataques fueron posibles mediante misiles hipersónicos fabricados en Yemen con tecnología iraní, según confirmó el vocero de las fuerzas yemenitas Yahya Sarea. Riad, sin embargo, atribuyó la operación contra la tubería a fuerzas no identificadas desde Irak. Una forma de esquivar la realidad de una derrota estratégica no solo para el reino saudita sino para occidente. Así se percibe con mayor certeza la magnitud del desastre para la coalición EE UU- Israel luego de la aventura del 28 de febrero pasado.

Es que las bases militares estadounidenses en esa parte del mundo fueron prácticamente destruidas y, lo más importante, la capacidad no solo de mantener sus tropas sino de controlar el espacio aéreo, ya que fueron eliminados todos los radares de última generación desplegados. En pocas palabras, si Estados Unidos era el garante de la seguridad para sus aliados árabes, ya nada queda de ese supuesto escudo protector. No es que no lo supieran. De hecho el 7 de agosto Arabia Saudita, Turquía y Pakistán firmaron el Acuerdo de La Meca, que se propone como una suerte de OTAN musulmana para defender a cualquier miembro de un ataque. Islamabad, que oficia de mediador entre Irán y EE UU, ya avisó que considera no aplicable en este caso porque lo enmarcan en la guerra contra los hutíes que viene desde 2015.

Israel, mientras tanto, el otro protagonista de estos estropicios, prosigue su demolición de Gaza, Cisjordania y el sur de Líbano, incluso ante las denuncias de genocidio que cada vez se hacen oír mas fuerte. Esta semana, el ministro de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, Ed Miliband, anunció sanciones a la importación de productos procedentes de los asentamientos israelíes en Cisjordania y reiteró el compromiso de Londres para la creación del Estado Palestino. Ese mismo día se conformó una coalición de 12 países -además del Reino Unido, están Francia, España, Canadá, Suecia, Irlanda, Polonia, Portugal, Finlandia, Dinamarca, Islandia y Noruega- para imponer restricciones comerciales y sanciones contra los colonos ilegales. Benjamin Netanyahu está en la mira de muchos dirigentes occidentales ante lo que es una evidente decadencia moral de su gobierno, que parece no tener freno en sus políticas de exterminio. Uno de sus más extremistas es el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, quien ahora tiene un plan para solucionar “el problema en Gaza”: dice que si cada país europeo recibiera a 20 mil o 30mil gazatíes “esta situación hubiera terminado”. De las colonias ilegales no dijo nada, será porque él mismo es nacido en una de ellas.

En India, a todo esto, se realizó la 18ª Cumbre de los BRICS, grupo del que forma parte Irán, coquetean sin decidirse Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos y se negó a integrar Javier Milei ni bien asumió, en diciembre de 2023, a pesar de que Argentina ya tenía tarjeta de ingreso. En la Declaración de Nueva Delhi, un documento final firmado de manera unánime, el bloque manifestó su “profunda preocupación” por la escalada bélica en Asia Occidental, (Medio Oriente), pidieron moderación, diálogo multilateral y una resolución pacifica. Por otro lado, los BRICS condenan el uso de medidas arancelarias y no arancelarias unilaterales en el comercio internacional (llamada para Trump) y definen al Sur Global como un “actor determinante para impulsar transformaciones positivas frente a los desafíos geopolíticos y económicos actuales”. Estamparon su rúbrica Narendra Modi, Xi Jinping, Vladimir Putin y Masud Pezeshkian.  «

Malvinas con Irlanda

Si algo sabe hacer Donald Trump es patear hormigueros. Este sábado, sin ir más lejos, pasó por Dublín en su gira para ver el Irish Open de golf, se sentó junto al primer ministro Micheál Martin, y declaró muy suelto de cuerpo: «me encantaría la unificación de Irlanda”. Y aclaró: «No quiero causar ningún problema, pero te diré que me encantaría verla unificada. Tengo amigos en ambos lados, gente estupenda. Son irlandeses. Me encantaría verla unificada”, aunque dijo saber que Londres iba a tener algo que decir al respecto.
No es que ignoraba el alcance de esas palabras en una isla donde hasta 1997 los ingleses intentaban por todos los medios -que ya se sabe cuáles son- impedir que el Norte protestante (Belfast) formara parte de la república, instaurada luego de una cruenta guerra contra la corona, en 1922. Ya que estaba en ese territorio poco amigable con la Rubia Albión, y ante la pregunta de una periodista, dijo estar seguro de que lo llamarán para “intervenir en un posible desastre” en Malvinas entre Argentina y el Reino Unido.
Lo que sugieren las palabras de Trump es que no sabe mucho sobre el conflicto que Javier Milei pretende reflotar en su aspiración reelecionista. “Recuerdo que, cuando era joven, bastante joven, de todos modos, pero las Islas Malvinas… creo que en ese entonces el Reino Unido era un país un poco diferente, pero entraron y se apoderaron de ellas”, balbuceó, como si creyera que los ingleses hubieran invadido recién en 1982 o desconociendo los 149 años previos de usurpación. Todo puede ser. “Ahora están con otros problemas y no sé si van a estar tan dispuestos a viajar tan lejos”, concluyó.

Tiempo Argentino, 13 de Septiembre de 2026

Teorías y aporías en un trasfondo oscuro

Teorías y aporías en un trasfondo oscuro

Uno de los primeros en cuestionar la versión oficial de los atentados a las Torres Gemelas fue el francés Thierry Meyssan, autor de La gran impostura, donde plantea no solo que Al Qaeda fue una creación de la CIA, sino que ningún avión de línea comercial se estrelló contra la fachada del Pentágono, sino que se trató de un misil dentro de una disputa interna. Además, recalca que todo el atentado fue una operación de bandera falsa orquestada por sectores del complejo militar-industrial de EE. UU. para justificar las intervenciones militares en Oriente Medio.

Teorías y aporías en un trasfondo oscuro

El abogado Stanley G. Hilton, de San Francisco, en representación de 400 individuos y 14 familias de víctimas del atentado, reclamó ante los tribunales a la cúpula del gobierno alegando que la administración Bush permitió y hasta alentó los ataques del 11 de septiembre. En 2004 el caso fue desestimado porque “los ciudadanos estadounidenses no tienen ningún derecho a demandar a un presidente en ejercicio”, que por ocupar ese cargo tiene Inmunidad Soberana. El tribunal determinó también que no se había logrado establecer la conexión causal que ligara a los acusados con el hecho. En 2012 a Hilton le quitaron la licencia para ejercer la abogacía en California, donde residía, por inconducta.

El caso más reciente y más impactante es el de Curt Weldon, congresista republicano entre 1987 y 2007 por el 7º Distrito de Pensilvania y en ese carácter, vicepresidente del Comité de Servicios Armados y del Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes. En resumen, Weldon arguye que desde que se puso a investigar por su cuenta la versión oficial de los hechos comenzó a ser perseguido y de hecho perdió su banca en manos de un oponente que logró recolectar millones de dólares solo para sacarlo de la cancha. En una entrevista con el periodista conservador Tucker Carlson, quien asegura haber creído la postura oficial sobre los hechos del 11-S, se mantiene este diálogo:

-¿Cree que hubo personas en el gobierno que sabían que iba a ocurrir y permitieron deliberadamente que sucediera?

–El informe del 11 de septiembre carece de credibilidad. No creo nada de lo que dice; es pura basura. Es un montón de papel sin sustancia alguna. Por lo general, prefiero no especular sobre asuntos que no puedo probar al 100 % por mí mismo o sobre los que no estaría dispuesto a someterme a una prueba del polígrafo. Lo que sí puedo afirmar categóricamente es que hubo un encubrimiento. Y quisiera señalar un hecho más. Tony Schaefer obtuvo la autorización de su general al mando para publicar sus memorias, tituladas Operation Dark Heart (Operación Corazón Oscuro). Escribió el libro y contó con una editorial. Siguiendo el protocolo, acudió a su general para que revisara la obra. El general le dijo: «Está bien, Tony; no hay nada ahí que suponga un problema. Publícalo». Tony publicó el libro. Cuando nuestro «Estado profundo» se enteró de la publicación, se emitió una orden de cese y desistimiento contra la editorial, pero ya era demasiado tarde. Nuestro gobierno compró los 10.000 ejemplares de la primera edición con dinero de los contribuyentes y los destruyó”.

Teorías y aporías en un trasfondo oscuro

¿Qué sería lo grave que decía ese libro? Según detalló el excongresista, allí se decía que el que encabezó la investigación oficial, Philip David Zelikow no había hecho otra cosa que encubrir lo que ocurrió ese día realmente, “nuestras agencias utilizan su posición no para algo relacionado con nuestra seguridad nacional, sino para encubrir la identidad de una persona que fue aprobada públicamente por el Congreso de los Estados Unidos y nombrada por el asesor de seguridad del presidente Bush. Es un encubrimiento masivo”, sostuvo Weldon.

Tiempo Argentino, 10 de Septiembre de 2026

11-S: el día que emergió la República Imperial

11-S: el día que emergió la República Imperial

Si el asesinato de John Fitzgerald Kennedy implicó un giro radical para Estados Unidos en los años `60, qué no haría el atentado a las Torres Gemelas del 11 de setiembre de 2001. Porque ese día surgió con todo el ímpetu la República Imperial de la que ya en 1972 hablaba el francés Raymond Aron. De modo que no hacía falta escarbar demasiado en las consecuencias de aquella tragedia provocada por dos aviones de línea estrellándose en vivo y en directo contra el emblema del poder financiero mundial en el corazón de la única potencia dominante en el mundo desde hacía justo diez años.

Ese 11-S murieron 2996 personas y se registró una veintena de desaparecidos, según el reporte final. Entre las víctimas fatales estuvieron 19 supuestos perpetradores del ataque, a los que las agencias de inteligencia identificaron de inmediato como integrantes de la red terrorista islámica Al Qaeda, liderada por el saudita Osama bin Laden.

Si la pista para encontrar al asesino debe partir de quiénes se benefician con el crimen, (“cui bono” se decía en la antigua Roma) sin dudas que los atentados a las Torres Gemelas beneficiaron a quienes necesitan sociedades hipervigiladas, quienes acumulan sus riquezas con la venta de armas y quienes querían extender los dominios de Estados Unidos a todos los rincones del planeta. Es ahí donde las teorías conspirativas dan mucha tela para cortar. Y donde, al mismo tiempo, perviven verdades tan ocultas como quiénes estuvieron atrás del magnicidio de JFK.

Las sospechas de un ataque pergeñado por el Estado Profundo o realizado con anuencia de servicios de inteligencia incluso de Israel o Gran Bretaña, se asientan en algunos datos por lo menos llamativos. Los aviones se precipitaron casi ante las cámaras de la televisión primero contra el complejo del Bajo Manhattan y 17 minutos más tarde en la Torre Sur. También hubo un avión que impactó de un modo inexplicable en el ala oeste del edifico del Pentágono, la sede de las fuerzas armadas de EEUU, del que no se vieron demasiados restos. Pero lo más misterioso fue el colapso del 7 World Trade Center, un mamotreto de 47 pisos a pocos metros de las Torres Gemelas, donde ninguna aeronave había chocado y se desplomó de manera sospechosamente vertical y hacia adentro.

Allí había oficinas de la CIA, el Departamento de Defensa y la Oficina de Manejo de Emergencias, y el modo en que cayó, según los expertos en demoliciones, recuerda a las técnicas que se utilizan para demoler edificios de manera controlada. “Cayó como si hubieran puesto dinamita en sus bases que hubieran explotado simultáneamente”, dijo alguno de ellos, resguardando su identidad ya que este tipo de intrigas suele ser vista como complicidad con el terrorismo.

11-S: el día que emergió la República Imperial

Lo que si puede decirse con certeza es que George W. Bush no parecía el más despierto de los candidatos posibles para hacerse cargo de la presidencia de Estados Unidos en el año 2000. Con un historial de alcoholismo y de hijo malcriado del también presidente George H.W. Bush, quien antes había sido vice de Ronald Reagan y director de la CIA por un breve lapso, entre 1976 y 1977, mientras las dictaduras en América Latina emprendían una ordalía de sangre.

Durante su único mandato presidencial, 1989-1993, GHWB fue testigo y protagonista de la disolución del principal contendiente de Estados Unidos, y de ponerse al frente de una coalición que enfrentó a Saddam Hussein cuando el presidente iraquí invadió Kuwait, en agosto de 1990. En febrero del `91, ordenó avanzar por tierra contra el régimen del que fuera colaborador de la agencia estadounidense.

Pero no lo derrocó, tarea que quedaría pendiente para el díscolo GWB, quien llegó a la presidencia nueve meses antes del 11-S. Secundado por un equipo que venía trabajando en un proyecto imperial desde antes incluso de la llegada de GHWB al Salón Oval, pero que serían las mentes detrás del proyecto de su heredero. Dick Cheney, de secretario de Defensa con el padre, pasó a vicepresidente y casi con las riendas totales del Poder Ejecutivo en la gestión del hijo. James Baker, de secretario de Estado a jefe de Gabinete. Donald Rumsfeld, viejo conocido de Cheney, ocuparía el cargo de secretario de Defensa con GWB y sería clave en el diseño de la estrategia militar desarrollada hasta el 2009.

11-S: el día que emergió la República Imperial
Dick Cheney, el poder detrás de GWB.

Cuando votaron los muertos

Un detalle que muestra el “Estado de la Unión” en las elecciones del año 2000 es el modo en que ganó Bush Jr. Competía con el vicepresidente de Bill Clinton, Al Gore, que defendía una agenda ecologista, pero no tenía demasiado carisma. El tercero, muy lejos, por el Partido Verde, era Ralph Nader. En las urnas, ganó el demócrata, por 543.895 votos de diferencia, 48,38% a 47,87%. En un sistema con colegio electoral, eso no se reflejó en el congreso, donde Bush Jr obtuvo 271 delegados contra 266. 

Pero en el camino hubo una controversia que mantuvo en vilo a la sociedad estadounidense, tan orgullosa de su sistema democrático que se cree con autoridad para imponerlo en el resto del planeta. En Florida, el distrito que gobernaba Jef Bush, hermano menor de Jr, el recuento venía cabeza a cabeza y al cierre del escrutinio había 1784 votos a favor de Bush. La secretaría de Estado de Florida ya estaba por levantar el brazo del republicano cuando desde el otro lado le dijeron que no podía cantar triunfo porque ella había hecho campaña por el retador. Además, los demócratas descubrieron chanchullos de “país bananero” y pidieron un recuento de votos a mano, mientras que los republicanos insistían con las máquinas electrónicas. Al cabo de 35 días de chicanas mutuas -se dijo que habían votado hasta los muertos- la Corte Suprema, controlada por los conservadores, dio ganador a Bush Jr por 537 sufragios.

11-S: el día que emergió la República Imperial
George W. Bush con su secretario de Defensa Donald Rumsfeld.

Foto: TIM SLOAN / AFP

Ya en el poder, el equipo imperial se ocupó desde el 20 de enero de 2001 de poner en la cancha el Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense (PNAC en inglés) pergeñado por los ultraconservadores William Kristol y Robert Kagan, personaje este llamado a tener un rol central en los sucesos que se desarrollarían en el este de Europa desde entonces, y fundamentalmente por su esposa, Victoria Nuland.

El «siglo americano»

El PNAC, según los críticos, pretendía una Pax Americana en términos de “están con nosotros o son nuestros enemigos” y serán considerados como terroristas. Ese arsenal de argumentos y justificaciones salió a la luz repentinamente ese trágico día de la mano.

Entre los objetivos principales de la PNAC, según su Declaración de Principios -que hoy día es imposible encontrar en archivos de internet-  era promover el liderazgo global estadounidense mediante fuertes y efectivas intervenciones militares. “A medida que el siglo XX llega a su fin, Estados Unidos se erige como la potencia preeminente del mundo. Después de haber llevado a Occidente a la victoria en la Guerra Fría, Estados Unidos enfrenta una oportunidad y un desafío: ¿Tiene Estados Unidos la visión para aprovechar los logros de décadas pasadas? ¿Tiene Estados Unidos la determinación de dar forma a un nuevo siglo favorable a los principios e intereses estadounidenses?”, plantea la hoja de ruta que firmaron los “padres fundadores” de esta iniciativa el 3 de junio de 1997.

Por orden alfabético, primero le tocó estampar su rúbrica a Elliot Abrams, de notoria participación en los 80 en la financiación de milicias genocidas en América Central -los Escuadrones de la Muerte-mediante una operación conocida como el Escándalo Irán-Contras por el que llegó a ser condenado y luego indultado por Bush padre. El último entre los firmantes fue Paul Wolfowitz, quien pasó de la academia a promover intervenciones estadounidenses desde la subsecretaría de Defensa con GWB o cuando fue embajador en Indonesia, donde apoyó al dictador Suharto, quien también tuvo sus milicias criminales, que asesinaron a alrededor de un millón de personas entre 1965 y 1967, la mayoría miembros del Partido Comunista de Indonesia (PKI).

“Necesitamos aceptar la responsabilidad por el papel único de Estados Unidos en la preservación y extensión de un orden internacional amigable con nuestra seguridad, nuestra prosperidad y nuestros principios”, escribían en esa lejana mitad del año ’97. “Una política reaganiana de fuerza militar y claridad moral tal vez no esté de moda hoy en día. Pero es necesario si Estados Unidos quiere aprovechar los éxitos del siglo pasado y garantizar nuestra seguridad y nuestra grandeza en el próximo”, concluía el texto.

La organización se disolvió en 2006, cuando ya era evidente de que sus iniciativas, en realidad, habían logrado enterrar el predominio estadounidense en el oprobio en Irak y Afganistán. Pero la influencia en las líneas fundamentales siguen aún y hasta abril de 2024 Victoria Nuland fue subsecretaria de Estado de la administración Biden, tras haber ocupado altos cargos también en las gestiones de Obama .cuando promovió el golpe en Ucrania contra el presidente Viktor Yanukovich, en 2104-y de GWB.

“La magnitud del gasto del Pentágono tras los ataques del 11 de septiembre fue notable”, dice William D. Hartung, director del Programa de Armas y Seguridad del Centro de Política Internacional del Watson Institute de la Universidad Brown de Providence, Rhode Island, Estados Unidos. El autor registra de fuentes oficiales que el aumento del gasto militar estadounidense entre el año fiscal 2002 y el 2003 superó todo el presupuesto militar de cualquier otro país, incluidos las principales potencias como China, Rusia, el Reino Unido, Alemania y Francia y que en ese clima político posterior el 11-S, “los aumentos en el gasto del Pentágono fueron mucho más allá de los gastos específicamente vinculados a librar las guerras en Irak y Afganistán.

Destaca ese trabajo una frase en el The Wall Street Journal de octubre de 2001 de uno de los beneficiarios de esa catarata de dinero, Harry Stonecipher, entonces vicepresidente de la empresa Boeing: «la bolsa está ahora abierta… cualquier miembro del Congreso que no vote por los fondos que necesitamos para defender esto deberá buscar un nuevo trabajo después del próximo noviembre”.

Militarización extrema

Al mismo tiempo se expandieron las bases militares de Estados Unidos alrededor del mundo.

El total de bases para abril de 2023 fue de 750 en todo el mundo, la mayoría en Alemania y Japón (119 y 120 respectivamente) y Corea del Sur (73), seguidos por Guam, en Oceanía, con 54, y un poco más atrás, Italia, Puerto Rico, el Reino Unido y Portugal, con entre 20 y 44 bases. La cantidad de tropas en cada uno de estos “cuarteles” está en consonancia. En Japón había casi 54.000 soldados, en Alemania 34.000 y en Surcorea 26.000.

Lo concreto es que la invasión a Afganistán se produjo cuando no había pasado un mes de los ataques a las Torres Gemelas, el 7 de octubre, en el marco de lo que el gobierno de GWB denominó la Guerra contra el Terrorismo y con la excusa de que los talibanes que estaban en el poder no querían entregarle a Osama bin Laden, acusado de haber organizado los atentados con el grupo Al Qaeda. Luego vendría la era de la vigilancia sobre los individuos tanto dentro como fuera de Estados Unidos. Una nueva había comenzado para el mundo.

*Extractos del libro Cerca del Apocalipsis o Cómo se fue construyendo la Tercera Guerra Mundial

Tiempo Argentino, 10 de Septiembre de 2026

La impostura malvinera

La impostura malvinera

Las palabras, tan devaluadas en épocas de emociones violentadas desde las redes y ciertos Gobiernos, suelen revelar mucho más de lo que puede interpretarse a primera vista. Y las que atraviesan las sociedades, en determinados momentos, alumbran allí donde los mejores reflectores no llegan.
Ya van para dos meses que cuatro palabras pintadas con aerosol en una sábana ingresada subrepticiamente en el estadio donde Argentina derrotó a Inglaterra en el último mundial de fútbol resultó un parteaguas para una sociedad que parecía adormecida ante una crisis que no es solo económica, sino fundamentalmente de identidad. Así se entiende que, en el contexto de la «batalla cultural» que pretende imponer la ultraderecha, esa frase haya descolocado tanto a los promotores de esa corriente extremista como para que este jueves el presidente Javier Milei tuviera que recular de su conocido repudio a la argentinidad en general, y en un discurso por cadena nacional de un cuarto de hora, se vistiera de nacionalista, en un remedo grotesco de aquel general que, cuando la dictadura cívico-militar se hundía irremediablemente, conjeturó que la recuperación de las Malvinas podía persuadir a las multitudes de su compromiso con los valores de la nación, sometida a ese proyecto neoliberal que encarnaban, a sangre y fuego.


Quien no conociera los antecedentes, incluso personales, de Milei con Malvinas, se puede quedar con el mensaje de tono épico que esbozó el primer mandatario, rodeado de sus ministros. Y podría decir que comparte algunos de los puntos que resaltó, los cuales, en su nudo central, representan la posición diplomática tradicional de Argentina. «Las Malvinas son argentinas, por historia y por derecho. (…) Las islas formaron parte del territorio argentino desde los orígenes de nuestra nación. En 1833 el Reino Unido ocupó las Malvinas, expulsó a las autoridades argentinas e instaló una situación colonial que se perpetúa hasta nuestros días. Esto implica que los isleños, al ser una población implantada en un territorio usurpado, no tienen un derecho legítimo a la autodeterminación y que cualquier argumento basado en referendos realizado en las islas es inválido».

Aquello, que en declaraciones anteriores estuvo puesto en duda, quedó plasmado ¿a regañadientes?
Otras cuestiones en las que no se ve objeción es en la necesidad de castigar a las empresas que están armando planes de explotación hidrocarburífera en las islas: Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration, que participan del proyecto Sea Lion. Firma de capitales israelíes la primera y británicos la otra. En este aspecto, el Gobierno parece haber advertido, ahora, que no había necesidad de una nueva ley sino apenas aplicar la 26.659, dictada en la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner. Aníbal Fernández recordó que, en el marco de esa normativa, en abril de 2022, fueron inhabilitadas para operar, y que un año antes, Harbour Energy decidió abandonar la operación por las intimaciones.


El presidente también habló de «construir una base naval integrada en Tierra del Fuego e incrementar nuestras capacidades en telecomunicaciones» en torno a un polo logístico que apunte a la Antártida. Otro proyecto que viene de un Gobierno anterior, como le recordó el exministro de Defensa, Jorge Taiana, y que fue vaciado desde diciembre de 2023. Todo indica que ahora la base sería otra manera de seducir a la Casa Blanca en un proyecto conjunto.

Para entender este viraje, las palabras ambiguas de Donald Trump acerca de la neutralidad sobre la soberanía de Malvinas sonaron a música para los oídos libertarios. Pero esa es una jugada del inquilino de la Casa Blanca en su inquina con el Gobierno británico por lo que considera una falta de apoyo a su aventura en Irán. Las posibilidades de que Estados Unidos abandone su política de alianza con el Reino Unido no son relevantes. Leopoldo Galtieri también creyó que tenía a EE.UU. en un puño por las operaciones encubiertas que fuerzas argentinas habían llevado a cabo en Centro América. Pero no.

Dato curioso: Yair Netanyahu, hijo del primer ministro israelí y residente en Miami, posteó en la red X su apoyo a la soberanía argentina en las islas del Atlántico Sur. «Gran Bretaña reconoció a Palestina después del 7 de octubre, ¿acaso los israelíes debemos apoyar la reivindicación británica sobre las Malvinas? Argentina, bajo el mandato de Javier Milei, es un aliado formidable y fuerte. ¿Por qué no apoyar su reivindicación?»

En otro «revival», horas antes de ese discurso «nacionalista», Milei pasó por Chile para participar en un encuentro del Foro de Madrid, un club de ultraderechistas de todo el mundo. Allí, el presidente celebró: «Chile es un lugar emblemático porque con su historia reciente nos recuerda el valor inmenso de dar la batalla cultural. Tras el derrocamiento del comunista Allende, Chile entró en un período de estabilidad y crecimiento que se extendió por más de 40 años y, gracias a ello, Chile fue sin lugar a dudas la envidia en términos económicos de toda la región», dijo, obviando que fue un golpe de Estado criminal contra un mandatario democráticamente elegido y que el plan económico se sustentó mediante la violencia institucional. Tampoco registró el apoyo de Pinochet a los ingleses en 1982.

Lo destacable de esa alocución fue un furcio monumental (¿una traición del inconsciente o una verdad que se coló a cascotazos?). Explicaba Milei las bondades de su plan copiado del de la dictadura chilena cuando de pronto lanzó: «Si analizamos con un mínimo grado de honestidad y nos comparamos con los Gobiernos anteriores, está claro que nunca nuestro modelo funcionó». De inmediato se corrigió («nuestro modelo funciona y vamos por el rumbo correcto»), pero ya era tarde.

Es que a veces hasta podría decirse que Milei se pasa de sincero. Como cuando hace unos días dijo que si no resultara elegido, «yo ya tengo mi futuro asegurado, es decir, yo haciendo lo que corresponde, estoy asegurando mi futuro. Voy a vivir de dar conferencias, ya no es un problema mío, lo estoy diciendo por los propios argentinos».

Y sí, el país que dejaría será un problema para los argentinos.
Ya lo están diciendo incluso los directivos de la Unión Industrial Argentina (UIA), que hasta ahora mantenían un apoyo diríase que suicida con un modelo que asfixió hasta la muerte a decenas de miles de empresas.

Tal como se evidenció en la celebración del Día de la Industria, el 2 de septiembre, que se llevó a cabo en la planta del laboratorio ELEA en la localidad bonaerense de Los Polvorines. En ese encuentro, en el que no hubo representantes del Gobierno nacional, el presidente de la UIA, Martín Rappallini, se quejó del maltrato hacia el sector. El vicepresidente, Guillermo Moretti, en declaraciones a El Destape dijo, sin pelos en la lengua: «Esta gente no conoce el país y no conoce lo que es una industria. Estamos manejados por un endeudador, un trader que no sabe lo que es un torno. Sus finanzas personales aumentaron en un año un 37% en dólares. Y a la Argentina en ese año la endeuda».
La referencia a Luis Caputo fue por la declaración jurada que presentó ante la Oficina Anticorrupción horas antes. En su propia presentación, se ve que el patrimonio de Milei creció un 43% en el año que pasó. A su hermana le fue mejor: el incremento declarado de la secretaria de la Presidencia fue de un 210%.


Otro empresario, Alejandro Schvartz, titular de Visuar, fabricante de electrodomésticos con la marca Samsung en la localidad de Cañuelas, dijo a su vez: «Si Milei es reelegido, de la industria argentina no va a quedar prácticamente nada». En el mensaje que brindó por cadena nacional, el presidente señaló: «Hoy la Argentina va camino a convertirse en una potencia exportadora de recursos estratégicos demandados por todo el planeta, metales, alimentos e hidrocarburos». En tanto, en Tierra del Fuego el desguace de las plantas industriales es aterrador. A partir de su planteo es cada vez más claro de qué habla el presidente cuando habla de soberanía.

Revista Acción, 6 de Septiembre de 2026