Giancarlo Summa es periodista y politólogo. Colaboró en las campañas de Lula da Silva en 2002 y 2006 y fue director de comunicación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Brasil, México y África Occidental. En Buenos Aires presentó una obra colectiva coordinada junto con Mónica Herz, El desorden del mundo. La extrema derecha contra el multilateralismo en América Latina, editado por la UNSAM.
-Tengo mis dudas de si la ONU sirvió de mucho en estos más de 80 años, salvo esporádicamente.
-Yo pienso que la ONU tuvo un papel importante al organizar un lugar de encuentro y de diplomacia sobre temas diversos. Funcionó mejor en algunos periodos y ahora está una crisis como nunca se vio antes. También organizó una visión del mundo que hasta hace diez años funcionaba. La Declaración Universal de Derechos Humanos, las convenciones de Derechos Humanos, los acuerdos globales de la OIT sobre trabajo. Todo eso era una referencia civilizacional. Fue muy fuerte en el proceso de descolonización de África. En América Latina las luchas por los Derechos Humanos no hubieran sido posibles de no existir el marco de lo que es aceptable o no.
-Pero después algo pasó.
-Yo digo que en 2015 fue el Canto del Cisne. Ese año la ONU aprobó por unanimidad el acuerdo de París sobre cambio climático y la agenda 2030 con los objetivos de desarrollo sostenible, que era una cosa aspiracional: combatir el hambre, educación para todos, reducción de la desigualdad, igualdad de género. Todos los países firmaron. Hoy hay gobiernos como el de Trump y oposiciones como Vox en España que denuncian a esta agenda como un globalismo estúpido que quiere subvertir los valores nacionales. El 2016 fue el año del Brexit, primera elección de Trump y en Brasil el golpe parlamentario contra Dilma Rousseff. Fue el año en que se abrió la caja de Pandora. Pero mirando en perspectiva (yo entonces no me di cuenta), el año del quiebre en realidad fue 2008, la gran crisis financiera internacional a la que los gobiernos dieron malas respuestas.
-Salvaron a los bancos.
-Salvaron a los bancos y no a la gente. Eso llevó a la quiebra del acuerdo mínimo de confianza en los representados y los representantes. Impactó en la política, porque en los últimos 20 hubo un aumento sin precedentes en la concentración de riqueza en las manos de pocos. Los milmillonarios.
-El famoso 1% de la población.
-El 1% funciona bien como eslogan, aunque es mucho menos, tal vez el 0,1. Pero son los que dominan el planeta, tienen más recursos que los gobiernos.
-Una interpretación dice que la disputa de la actualidad es entre el capitalismo atlántico y el indopacífico.
-También hay milmillonarios allí.
-Sí, pero el Estado mantiene el control.
-En todo caso, el resto del mundo funciona con este arreglo: tú tienes microélites en cada país con sus intereses económicos y los gobiernos hacen lo que les sirve a esas élites.
-Si esas élites tienen más poder que los gobiernos era natural que la ONU se fuera diluyendo.
-Hubo algunos momentos de fricción evidente, por ejemplo, en toda la cuestión ambiental, donde tenemos a los grandes productores de combustibles fósiles, que además hacen que los gobiernos se pongan a su servicio y le den subsidios que se cortan a los pobres. Cuando la ONU empezó a estructurar una respuesta, abogando por un cambio de la matriz energética, varios Estados sabotearon ese acuerdo. Los estados hoy son una especie de instrumentos al servicio de intereses de las élites.
-Como un departamento administrativo de las élites.
-Un sociólogo inglés, Michael Mann, habla de las cuatro patas del poder social. El poder político, el poder económico, el poder militar y el poder cultural. Otros hablan del poder de las redes internacionales, la circulación de ideas, la información. Un error muy básico de los gobiernos progresistas fue concentrarse sobre la dimensión política. Lo que importa es las elecciones, sin atender las otras dimensiones del poder. Las élites, mientras los gobiernos hacen lo que ellos quieren, no necesitaban del control político. La novedad de estos diez años es que hay élites que acaban apoyando a la extrema derecha.
-En el 2015-2016 Donald Trump y Mauricio Macri, que forman parte de las élites, también llegaron al gobierno.
-Mi impresión es que ante esa placa tectónica que estamos viendo, ellos sintieron que los mecanismos de ese poder tradicional no eran suficientes. Y la forma de garantizar la continuidad del modelo de concentración de la riqueza era con una disminución de los espacios posibles de democracia, para evitar el peligro de que las cosas no fueran en la dirección que querían. Creo que en eso estamos.
-Quizás este documento de Palantir viene a ser como la frutilla del postre de todo esto.
-Probablemente cuando ellos llegaron a esa conclusión lo codificaron a partir de algo que ya está en curso. No es el Qué hacer de Lenin lo que vamos a hacer, sino lo que ya hicimos, una constatación.
-Sí, Palantir no es IA sino recopilación y estrategias con los datos que ya estaban. Entonces, ¿qué puede hacer una democracia para no fallecer en el camino?
-La articulación de los intereses del capital rentista financiero y los de la extrema derecha funcionan a nivel transnacional. Superan las fronteras. La respuesta democrática tradicionalmente intentó concentrarse en lo nacional, lo que hoy es una batalla perdida antes de empezar el combate. En ese sentido la única cosa que positiva que hemos visto en varios años fue en el encuentro progresista que se desarrolló en Barcelona (el 16 y 17 de abril pasado). No es la revolución, pero es la primera vez en años que diferentes fuerzas progresistas, democráticas, se encuentran para por lo menos empezar a hablar.
-¿El Foro Mundial Social de Porto Alegre desde 2001 no era eso?
-Es interesante, porque Porto Alegre funcionó hasta que se implementó la llamada “Marea rosa”.
Foto: Agencia de Noticias NA
-¿Hasta que Lula llegó al gobierno?
-Lula, Néstor. La izquierda consideró la discusión sobre la movilización social y la lucha por la equidad solo hasta que llegaron al poder político, sin entender la dimensión más completa del poder. La derecha hace de otra forma. En los últimos 25 años la extrema derecha realizó más de 2500 reuniones transnacionales, algunas más chiquitas, otras más grandes. Y cuando se hace la reunión de la CPAC o del Foro Madrid van los presidentes junto con los líderes de partidos, influencers, movimientos sociales. Porto Alegre funcionó y fue importante en la gestación y hasta que se llegó al gobierno, pero el gobierno es solo una parte del poder. Esto la derecha lo sabe de forma mucho más sofisticada que nosotros.
-Ellos nacieron en esa vereda.
-Exactamente, y hasta pocos años atrás no necesitaban tener a los suyos en el gobierno. Ahora, algo cambió para ellos también. Mi hipótesis es que ante esta crisis entre el viejo equilibrio y el nuevo equilibrio, el desorden actual, ellos quieren tener e la mano sobre el poder: el poder militar, el poder represivo, el poder de la fuerza.
-¿Por qué?
-Para la derecha, la cuestión de la violencia siempre fue central. El monopolio del uso de la fuerza es la violencia simbólica, la motosierra es simbólica pero práctica también, como las bombas de Trump sobre Irán. Son dos dimensiones del mismo fenómeno. Es bueno poder controlar quién utiliza directamente la fuerza, tal vez sea eso. En el 2008, quién sabe si pasaron cosas que todavía nosotros no sabemos. Pienso en si los gobiernos hubieran decidido salvar a los pueblos y no a los bancos. Un gran riesgo.
-Sí, además la crisis de 2008 no se solucionó nunca.
-Nunca. Porque no es solucionable, hay un exceso de capital circulando en el mundo, hay plata que no se sabe dónde colocar.
Donald Trump estaba cómodamente acodado en su escritorio en la presentación de su plan para abaratar los medicamentos cuando la corresponsal en la Casa Blanca de la PBS, la televisión pública estadounidense, lo sacó de eje. “¿Usaría un arma nuclear contra Irán?”, preguntó Liz Landers. «No, no lo necesitamos. ¿Para qué lo necesitaría? ¿Por qué una pregunta tan estúpida?», soltó, para agregar que sin ese tipo de armamento “hemos aniquilado por completo a Irán sin ella”. Si la bomba atómica fue el as en la manga de toda potencia que se precie de tal para mostrar poder desde que Estados Unidos devastó las poblaciones de Nagasaki e Hiroshima en agosto de 1945, la respuesta del presidente de EE UU no permitiría respirar tranquilo. Ya se sabe como las gasta el hombre.
Pero puede ser que ahora haya un nuevo chiche que suena definitivo, la Inteligencia Artificial aplicada a fines militares. No por casualidad debe ser que Palantir publicó esta semana un documento que resume los 22 puntos centrales de la tesis esbozada en el libro de Alex Karp y Nicholas W. Zamiska: La República Tecnológica: poder duro, pensamiento débil y el futuro de Occidente. No será casualidad, seguramente, que se afincara en Buenos Aires el otro fundador de la temible tecnológica, Peter Thiel, y se reuniera este viernes con Javier Milei para armar estrategias que no suenan como muy compatibles con la democracia, según se desprende del pensamiento explícito del dúo Thiel-Karp.
Lo de Trump, desde que se embarcó en una guerra contra Irán de la mano de Israel, no anda para nada bien, y se nota en respuestas como las que le dio a PBS. Porque el contexto indica otra cosa de lo que las palabras intentan señalar. Por ejemplo, el martes, cuando vencía el alto el fuego mediado por Pakistán, Trump anunció una extensión indefinida, no sin antes amenazar con las peores calamidades y asegurar que tomó la decisión a la espera de que culminen las divisiones internas que atribuye a Teherán. “¡A Irán le está costando muchísimo definir a su líder! ¡Simplemente no lo saben! La lucha interna entre los intransigentes, que han sufrido grandes derrotas en el campo de batalla, y los moderados, que no son nada moderados (¡pero se están ganando el respeto!), es una locura”, chicaneó desde su red Truth.
El magnate se montó sobre varios artículos daban cuenta de diferencias entre el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Iraní con el presidente del Parlamento, el poder ejecutivo y el judicial. La desmentida provino del primer mandatario, Masud Pezeshkian, de Mohammad Bagher Ghalibaf y del titular del poder judicial, Gholamhossein Mohseni Ejei. “Todos somos iraníes y revolucionarios, y con la férrea unidad de la nación y del gobierno, con plena obediencia al líder supremo de la revolución, haremos que el agresor se arrepienta de sus actos”, respondieron, para concluir: “Un solo Dios, un solo líder, una sola nación, un solo camino”. En los hechos, Irán no envió a ningún representante a la reunión que ese día se debería haber realizado en Islamabad y si el vicepresidente JD Vance estaba por viajar, se tuvo que volver para no pasar vergüenza. El viernes, Trmp dijo que había cancelado el viaje de su yerno Jared Kushner y de su amigo inmobiliario Steve Witkoff, los dos negociadores de los que Irán no quiere ni cerca.
Foto: captura
El tono de esos mensajes, como acostumbra, suena altanero, pero si se rasca un poco, se nota que no tiene mucho para alardear, porque Irán sigue sin estar pidiendo la toalla, y más bien aprovecha el impasse para rearmarse. A decir verdad, lo mismo están haciendo Israel y Estados Unidos. Entre las reglas no escritas en cualquier guerra, se sabe que un cese el fuego es la excusa para recomponer el material destruido en la previa y dar descanso a los guerreros. Porque ya nadie duda de que la guerra se reanudará en breve. De hecho, el Pentágono ya envió unas 50 mil tropas y hay tres portaaviones que, afirma, se están acercando al teatro de operaciones.
Palantir, mientras tanto, pone en negro sobre blanco lo que piensan Thiel y Karp, sus directivos belicistas, supremacistas y prosionistas germano-parlantes. “Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su ascenso. La élite ingenieril de Silicon Valley tiene una obligación afirmativa de participar en la defensa de la nación”, señala el punto 1. El mensaje tiene un destinatario, Dario Amodei, fundador de Anthropic, que desarrolló Claude, la IA que se considera más avanzada en occidente y que a principios de marzo entró en la lista negra del Pentágono porque se negó a que fuera utilizado para la vigilancia masiva y el manejo autónomo de armamento.
Palantir es una plataforma que recopila datos y actúa en consecuencia. La devastación de la población y los asesinatos selectivos en Medio Oriente son obra de ese sistema perverso que, por decir algo, fue la herramienta para eliminar al ayatola Ali Jamenei y las cúpulas política, militar y científica de Irán. Lo que no podía prever el chiche tecnológico era que el líder religioso había establecido varias capas sucesorias para seguir el programa de guerra simétrica que viene llevando a cabo. Tampoco que la certeza de la muerte no implica, para los chiítas, un freno su la voluntad de persistir.
Los 22 Mandamientos
El punto cinco de los 22 Mandamientos de Palantir especifica: “La pregunta no es si se construirán armas de IA sino quién las construirá y con qué propósito”. ¿Qué propósito puede tener un arma que no sea destruir al enemigo, no? El séptimo es aún más claro: “Si un marine de EE UU pide un rifle mejor, deberíamos construirlo; y lo mismo aplica para el software”.
Pero donde no quedan dudas sobre el carácter que la plataforma creada por Peter Thiel y Alex Karp representa es en la implicancia de la IA para la supremacía militar. Ítem número 12: “La era atómica está terminando. Una era de disuasión, la era atómica, está terminando, y una nueva era de disuasión construida sobre IA está a punto de comenzar.” Con semejante herramienta, es natural que en la tecnorepública (¿o tecnomonarquía?) que plantea, se recuerde que “al menos tres generaciones-miles de millones de personas, sus hijos y ahora sus nietos. Nunca hayan conocido una guerra mundial”. Qué mejor entonces que proponer el rearme alemán y japonés, en el apartado Nº 15. O decir puntualmente -sin eufemismos, cosa que quizás deba valorarse- que “ciertas culturas e incluso subculturas . . . han producido maravillas.
Otras han demostrado ser mediocres, y peor, regresivas y dañinas”.
En ese marco, el subtítulo número 22 es un digno cierre a este catálogo de iniquidades. “Debemos resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío y hueco. Nosotros, en América y más ampliamente en Occidente, hemos resistido durante el medio siglo pasado definir culturas nacionales en nombre de la inclusividad. Pero ¿inclusión en qué?”.
La pregunta que se hacen muchos en este complicado momento para la humanidad, con una escalada bélica sin precedentes en Medio Oriente contra Irán, pero esencialmente contra China, es cómo va a responder el gigante asiático ante las continuas amenazas de Donald Trump y el gobierno de Israel. Facundo Muciaccia -magíster en Historia Económica por la UBA, fundador del CEDI (Centro para el Desarrollo Integral) y autor de Tianxia. Todo lo que hay bajo el cielo. Globalización con características chinas, de ediciones Ciccus- puede dar algunas respuestas, basadas en la concepción del mundo de esa civilización milenaria.
-¿Qué diferencia al globalismo occidental del concepto de Tianxia?
-Tiene muchas similitudes con Rodolfo Kusch. Hay una articulación en cuanto al pensamiento situado y el “estar siendo”, con la construcción cultural en términos de comprender que el otro enriquece mi acervo cultural. No imponer mi mirada, si total todos estamos dentro del mismo barco, para decirlo mal y pronto. Ellos se plantean “yo no quiero importar una teoría anglosajona y que la realidad china se meta en esa teoría, sino utilizar ciertas cuestiones de esa teoría que enriquezcan, pero que funcionen en el esquema de la mirada China del mundo”. El concepto es que tiene que haber siempre un anclaje cultural. La discusión china es en la cultura china, pero comprendiendo que tiene que dialogar con diferentes civilizaciones.
Foto: Edgardo Gómez
-Pero el nombre chino para esa nación es Zhongguo, País o Imperio del Centro. Eso en occidente suena a la pretensión de una dominación mundial.
-Yo tengo dos preguntas, ¿cuántas bases militares de China hay fuera de China? Segundo. ¿Cuántos procesos de dominación hizo China con otros países? No hay datos sobre eso porque no existió, lo que sí existió es una filosofía donde China tiene dos objetivos importantes. El concepto de Tianxia te permite pensar un mundo en armonía. Un mundo en que también hay conflicto, hay consistencia entre el conflicto y la armonía, donde se pueden resolver las cuestiones de lo cercano a lo lejano. Podemos tener más cercanía o más lejanía, pero todos estamos acá dentro. Entonces, tenemos que tener algún grado de consenso en la gobernanza mundial. Los proyectos que uno está viendo ahora de China de La comunidad de Futuro Compartido, la Iniciativa global de la Franja y la Ruta, la Civilización ecológica, todo eso está anclado en este concepto de pensar que todos podemos ser parte de ese cielo. Eso es Tianxia, “todo lo que hay bajo el cielo”.
-Algunos sectores se plantean, «bueno, pero ante tantos conflictos actuales ¿China qué hace? ¿Por qué no intervino en Venezuela? ¿Cuándo va a intervenir en Irán?
-¿Les parece que no intervino? Los chinos tardan en reaccionar en algunas cuestiones, pero cuando toman una decisión reaccionan firmemente. Lo que pasó en Venezuela podría haber sido la Tercera Guerra Mundial. ¿Por qué? Porque Venezuela está loteada. El sector ruso, el sector chino, un sector norteamericano. Lo que hizo Estados Unidos es recuperar parte de su sector, pero no se metió en el proceso ruso ni el chino. Hay un cierto acuerdo y el régimen político chavista sigue. Ahí hubo una intervención diplomática fuerte, porque eso no se hizo de la noche a la mañana, fueron casi cinco meses de negociación. Siempre los portavoces de la diplomacia china tienen un mensaje concreto de “respetemos el multilateralismo, respetemos la autodeterminación de los pueblos, esto genera desequilibrios”.Hay que saber leer esas cosas también. Los chinos tienen otra concepción del tiempo, no es todo inmediato. Sobre Irán tiene un posicionamiento claro. Irán es parte del proceso de la ruta. Yo estuve en China en julio pasado y cuando discutía por la guerra de los 12 días, me planteaban “nosotros estamos a favor de quien no quiere la guerra”. ¿Y quién no quería la guerra? Irán.
-Sí, pero hace unas semanas Israel bombardeó un puente del ferrocarril que va de Teherán a Xinjiang.
-Y lo van a reconstruir.
Foto: Edgardo Gómez
-Entiendo que mis preguntas parten de una perspectiva occidental. Y la perspectiva occidental quiere un posicionamiento fuerte, pegar un golpe en la mesa. Ellos no lo hacen.
-Lo hacen de otra manera, más sofisticada. Ejemplo, “te voy a pegar donde duele. Voy a cambiar el proceso de negociación de monedas con Brasil». La economía más grande de Sudamérica dentro del hemisferio occidental bajo la influencia norteamericana va a negociar en yuanes, no en dólares. Ejemplo, “te voy a cortar la compra de bonos”. Ejemplo, “vos me vas a bloquear el estrecho de Ormuz y van a pasar 20 barcos míos”. Y pasaron 20 barcos. Hay que entender que los chinos son una civilización y tienen otro grado de respuesta. No es porque sean mejores que nosotros, pero tienen 5000 años. Y esto ya lo vieron en blanco y negro y en colores. Conocen el poder anglosajón. Conocen cómo se manejan las potencias occidentales. Acumularon la fuerza necesaria para darse estas discusiones.
-Pero el puente fue destruido por los israelíes, que luego se jactaron de haberlo hecho.
-Pero Israel es el proxy de Occidente. ¿Cómo respondió China? Irán bombardeó once países, con inteligencia china, con armamento ruso, con capacidades instaladas propias de innovación de bajo costo. ¿Alguno le tiró un tiro? De los once países, ¿alguno le tiró un tiro? ¿Por qué? Porque no son tontos, pierden todos. Si Arabia Saudita tira un tiro se le rompe el acuerdo estratégico que tenía con China .
-Claro, China había logrado un acuerdo de Arabia Saudita con Irán.
-Irán trata de respetar eso, como puede, pero la discusión en este momento es muy compleja. Porque occidente no tiene la capacidad armamentística de relevo de lo que utiliza como municiones, porque es muy caro, por ende poco eficiente y en cambio los muchachos (Irán) están mostrando cierta eficiencia política. ¿Qué están demostrando? Si Irán puede hacer esto, imaginate en Ucrania. No es una discusión económica o geopolítica solamente, es una discusión civilizatoria cultural. Es “loco, se terminó tu cuestión de que todos tenemos que hacer lo que vos querés con tus cánones particulares”. Y eso se ve en lo económico.
-¿Qué hay de la Cumbre de Trump con Xi Jinping, que iba a ser el 30 de marzo?
-Tengo una leve percepción. Trump quiere resolver rápidamente por su debilidad y ellos hacen que se exponga cada vez más. Yo creo que estamos yendo a una política internacional regionalizada de áreas de influencia muy fuerte.
–¿Cómo que a lo que charlaron Trump y Putin en Alaska le faltaba la discusión con Xi Jinping? ¿Sos partidario de esa teoría de que Trump pensó que se mandaba un golpe en Irán e iba con otras cartas a Beijing?
-No, yo creo que Trump es como un jugador compulsivo. Como todo negociador, te la pone arriba, te la baja, te la pone arriba, te la baja, te la pone arriba, hasta que encuentra un punto que le sirve. Y no lo está encontrando ahora. Porque una cosa es Venezuela, que está en una región de paz, por algo fue tan limpia la extracción (de Maduro). Irán es otra cosa. Irán es la tumba de los imperios. A mi me parece que esa discusión con los iraníes es civilizatoria. Ellos tienen la misma concepción que los chinos. No es una cuestión de plata. Es una cuestión de cómo nosotros con el orgullo nacional podemos sostener nuestra forma de vida cultural, porque son persas, son 90 millones y tienen una economía y un desarrollo tecnológico bastante interesantes. «
Seminario de geopolitica
El Centro de Estudios para el Desarrollo Integral llevará a cabo un seminario de Introducción a la Geopolítica Situada, que se realizará en los próximos tres martes en el Espacio Taura, calle Alsina 685 CABA.
Son encuentros presenciales el 21, el 28 y el 5 de mayo a las 18 horas y estarán dictados por Facundo Muciaccia y Gustavo Martínez, directores del CEDI. Son cupos limitados, la inscripción está abierta.
Alguien propuso en la red X, con buen criterio, que deberían cambiarle el nombre a «Estrecho de Schrödinger». Por eso de que parece estar abierto y cerrado al mismo tiempo. La última novedad es que Irán volvió a establecer el control militar en Ormuz luego de que Donald Trump hubiera afirmado mantendría el bloqueo naval “únicamente sobre Irán”, algo que Teherán considera un acto de piratería. El viernes, el canciller iraní había publicado que “en consonancia con el alto el fuego en el Líbano” que había firmado Israel, se declaraba abierto el paso marítimo “por la ruta coordinada tal como ya anunció la Organización de Puertos y Asuntos Marítimos de la República Islámica de Irán”. Ante este nuevo cierre, unos 20 barcos listos para la travesía daban un giro de 180 grados, mientras India y el Reino Unido denunciaban disparos de la Guardia Revolucionaria contra buques con esas banderas.
La situación en esas regiones es bastante incierta, básicamente porque el magnate inmobiliario embarra la cancha cada vez que abre la boca y su palabra tiene cada vez menos valor. Si algo le faltaba a Donald John Trump -DJT, como le gusta firmar en Truth– es haberse travestido esta semana en Jesucristo y de haber doblado la apuesta contra el papa León XIV. Una demasía que le granjeó rechazos de la grey católica, de los grupos evangélicos que lo apoyan ciegamente y hasta de los musulmanes, para quienes Isa ibn Maryam (Jesús, el hijo de María), al igual que para el cristianismo, es el Mesías, por lo que tuvo que bajar la imagen creada con IA.
FOTO: NA
Para colmo, cada día le va peor con sus aliados ideológicos. A la pérdida de acólitos del movimiento MAGA y la derrota aplastante de Viktor Orbán en Hungría a pesar de su apoyo y el del vicepresidente JD Vance, le sumó el rechazo de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, quien se aleja del guerrerismo estadounidense y forma parte, quién lo diría, de una suerte de alianza “independentista” dentro de la OTAN junto con el socialista español Pedro Sänchez. Claro, siendo Roma la sede de la Iglesia Católica, no podía dejar pasar lo que sonó a insulto trumpiano en la figura del pontífice nativo de Chicago.
El cruce con Robert Francis Prevost comenzó con declaraciones del obispo de Roma en las que cuestionaba “la amenaza contra todo el pueblo de Irán”. Trump, que no había sido mencionado, dijo que el papa “es débil en materia de delincuencia y pésimo en política exterior”. La réplica no se hizo esperar: “No tengo miedo a la Administración Trump, yo proclamo la paz”. Días después, León XIV pisó suelo argelino para una gira por África que lo llevaría luego a Camerún, Angola -donde llegó este viernes- para culminar en Guinea Ecuatorial el miércoles. En su primera escala, Prevost, de la orden agustina, estuvo en Anabá, la antigua ciudad de Hipona, donde San Agustín, aquel bereber pecador y converso -en ese orden- fue obispo y murió en el año 430. En Argel, el pontífice firmó el libro de oro en la Gran Mezquita en señal del acercamiento interreligioso con los musulmanes.
Fuera de este debate quizás “para la gilada”, Trump muestra, sin querer, que Teherán maneja los tiempos en una guerra de la que intenta salirse, pero sin pagar los costos de una aventura criminal fallida. Una de las condiciones iraníes a la que la delegación que encabezó JDV en Islamabad le dio un portazo hace una semana fue el alto el fuego en Líbano. A pesar de que la versión oficial decía que la mesa de diálogo forzada por China en Pakistán seguía firme, la información de que EE UU sigue enviando tropas a la región y que el portaaviones USS Gerald Ford volvía luego de reparaciones en Creta, hace presagiar que la tregua que vence este martes no sea sino el preparativo para una nueva ofensiva. Esta vez con las botas en el suelo.
Lo llamativo fue el posteo de DJT sobre avances en las negociaciones con Irán. Tras afirmar que el “polvo nuclear” creado por bombardeos de los B-2 serían enviados a EE UU, escribió una frase que resuena como un ultimátum a quien según sus detractores lo lleva de las narices a la guerra. “Israel no volverá a bombardear Líbano. Estados Unidos se lo prohíbe. ¡Ya basta! (Enough is enough)”. Habrá que ver qué tanto respeto le tiene Benjamin Netanyahu a la prohibición de la Casa Blanca…
Foto: Li Yuanqing / Xinhua
Un artículo que publica en el Wall Street Journal apela a fuentes oficiales para confirmar: “el ejército se prepara para abordar en los próximos días petroleros vinculados a Irán e incautar buques mercantes en aguas internacionales, extendiendo así su ofensiva naval más allá de Oriente Medio”. El profesor de Ciencia Política de la Universidad de Chicago Robert Pape considera que “estamos en un punto de inflexión: que Estados Unidos retroceda e Irán emerja como el cuarto centro de poder mundial a corto plazo o que roduzca una escalada para evitar que eso suceda”. Y concluye: “Trump se dirige hacia la escalada”.
Mientras tanto, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, el hombre fuerte de la dirigencia persa hoy día, se tomó su tiempo para desmentir a Trump. Entre otras cosas dice: “Si continúa el bloqueo, el estrecho de Ormuz no permanecerá abierto/ El tránsito en el Estrecho de Ormuz se realizará según la ‘ruta designada’ y con ‘permiso de Irán’/ La apertura o cierre del estrecho y las regulaciones que lo rigen lo determinará el Mando (iraní), no las redes sociales/ La guerra mediática y la ingeniería de la opinión pública son una parte importante de la guerra, y la nación iraní no se ve afectada por estos trucos”.
Lo más impactante es el tono del mensaje, con palabras, según los que conocen, tomadas del Corán. Ghalibaf puntualiza que Trump miente y le espeta: “Con estas mentiras no lograron la victoria en la guerra y, con toda seguridad, en las negociaciones tampoco llegarán a nada”. «
Sánchez, jugado contra la guerra
Y de pronto Pedro Sánchez coronó su aspiración de ser líder del progresismo internacional con una cumbre en Barcelona a la que convocó a los presidentes Claudia Sheinbaum, Lula da Silva, Gustavo Petro, Cyril Ramaphosa y al gobernador bonaerense Axel Kicillof. No sólo eso, de un día para otro terminó coincidiendo con la italiana Giorgia Meloni en que la OTAN está en terapia intensiva y con pronóstico reservado, luego de los embates de Donald Trump desde el otro lado del Atlántico.
A días de la estrepitosa derrota de Viktor Orbán, el llamamiento de Sánchez a tomar acciones en defensa de la democracia frente a las guerras, la desigualdad y la propagación de la desinformación sonó a blasfemia en la ultraderecha hispana del partido Vox.
«Vemos ataques al sistema multilateral, un intento tras otro de impugnar las reglas del derecho internacional y una peligrosa normalización del uso de la fuerza y dentro de nuestras sociedades crece la desigualdad y la desinformación», dijo el español, quien intenta convencer a sus pares regionales para salirse del corset estadounidense y crear un ejército europeo. Con slo eso se ganó la enemistad de Trump, que en España cuenta con la simpatía del partido Vox.
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