Decía el prusiano Carl von Clausewitz que la guerra es la continuidad de la política por otros medios. La frase habilita un corolario: «El poder blando es la continuidad de la guerra por otros medios». Se entiende por soft power, que de eso se está hablando, a la capacidad de una nación para influir sobre otros actores internacionales a través de sus valores culturales, ideológicos, históricos. Un país que sepa aprovechar esa cualidad puede, siguiendo a otro estratega militar, el chino Sun Tzu, ganar 100 batallas sin disputar ninguna. El Mundial de Fútbol le está demostrando otra vez, como hace cuatro años, la enorme posibilidad que ofrece la argentinidad para ser protagonista y no solo en las canchas.
Solo bastan un par de ejemplos: los festejos en India y Bangladesh de los triunfos del seleccionado de Lionel Scaloni, y especialmente contra Inglaterra, no paran de asombrar a propios y ajenos.
Celebrations of crazy 🇦🇷 Argentina fans from Daffodil University, Dhaka, Bangladesh 🇧🇩 pic.twitter.com/oTOAlO8qFN
— ARG Soccer News ™ 🇦🇷⚽⭐️⭐️⭐️🏆 (@ARG_soccernews) July 17, 2026
Se puede decir que son países donde el dominio colonial británico –«poder duro o hard power» en su máxima expresión– no dejó un buen recuerdo. Lo mismo sucede, por ejemplo, en Escocia o Gales, donde los lazos con Inglaterra son más estrechos y por lo tanto más asfixiantes. En Irlanda, por su parte, reconocen a las Malvinas como territorio argentino, en contra incluso del pensamiento que alguna vez expresaron el presidente Javier Milei, el embajador ante la Unión Europea Fernando Iglesias o la diputada Sabrina Amjechet, ahora en La Libertad Avanza.
"EN IRLANDA LES ASEGURO QUE CONOCEMOS LA HISTORIA…LAS ISLAS MALVINAS ARGENTINAS" 🇮🇪🫶🇦🇷
Los irlandeses son más argentinos que los libertarios del traidor Milei admirador de Tatcher que hundió al Belgrano.
Tango Otras formas de «soft power argento» podría ser la frase «se necesitan dos para bailar el tango» tan extendida como ilustrativa en todo el planeta. Ni hablar de los tangos que aparecen en películas no solo de Hollywood como algo que forma parte de la cultura universal, pero refiere automáticamente a la Argentina, mal que les pese a los uruguayos, que son partícipes necesarios de esa diablura, diría Borges (otro universal) que «los atareados años desafía». ¿Y el mate? Otro asunto a compartir con la otra orilla del Plata y el sur de Brasil que caló en mundialistas de la talla del francés Antoine Griezman, retirado de Les Bleus hace un par de años, y el español Ferrán Torres, que estará contra la albiceleste este domingo en el estadio de East Rutherford, Nueva Jersey.
“Demasiado argentino”: Ferran Torres desató una ola de críticas en España por tomar mate antes del Mundial
Ferran Torres quedó en el centro de una inesperada polémica antes del partido entre España y Bélgica por los cuartos de final del Mundial 2026. El delantero español llegó… pic.twitter.com/P4n3mkAke0
La polémica de la semana que pasó toca tangencialmente estos temas. Porque el Gobierno nacional terminó embadurnado en una disputa en el ámbito que para Milei es el punto neurálgico de su paso por el mundo, como es la batalla cultural. Y salió perdiendo. Si en 2022 el cántico popular aludía a «los pibes de Malvinas que jamás olvidaré», esta vez, que el equipo conducido por Lionel Messi tuvo que enfrentar a Inglaterra en semifinales, era obvio que la cosa iba a escalar.
La actitud de la Casa Rosada se pareció demasiado a aquella del mundial en casa, en 1978, cuando los comunicadores del régimen imploraban para que desde las tribunas no arrojaran papelitos porque era algo de mal gusto, impropio o poco menos. Ahora la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, dijo que en el estadio de Atlanta no se iba a permitir el ingreso «con botellas ni con elementos que contengan mensajes provocativos, políticos, de odio o de intolerancia racial o religiosa». Y aclaró: «Banderas con las Malvinas es contenido político. No pueden ingresar banderas con contenido político».
Hablamos con @AleMonteoliva, Ministra de Seguridad de la Nación en #NoSomosNadie sobre el operativo especial que se implementará para el partido entre la Selección Argentina e Inglaterra y detalló las medidas de seguridad acordadas con las autoridades estadounidenses.
Tanto Scaloni como el presidente de la Nación buscaron bajar decibeles sobre el encuentro. Que «es solo un partido de fútbol», que «no hay que buscar nada más allá de eso». Los voceros no oficiales del Gobierno –al igual que sus antecesores de hace 48 años– se sumaron a la decisión en nombre de la moral, las buenas costumbres y etcétera; pero en la cancha «se vieron los pingos» y ya desde los himnos se sintió que no era un partido más. Al final, la bandera con la inscripción «Las Malvinas son argentinas» que mostraron los jugadores golpeó fuerte en el Gobierno y ni que decir en los quizás hasta 3.000 millones de personas que vieron el encuentro en todo el planeta en los distintos dispositivos en vigencia.
Si del triunfo de la selección se querían colgar dirigentes del oficialismo, con Milei a la cabeza, la vicepresidenta le permitió mostrar una faz nacionalista que su compañero de fórmula no comparte, y hasta desde Washington celebró el canciller israelí, Gideon Sa’ar con sus pares de Argentina, Paraguay y Bolivia en una minicumbre que tuvo mucho tufo a excusa para estar en las plateas, la imagen de esa bandera fue como una «puñalada trapera». Había que ver el rostro de indignación de los mencionados personajes públicos y el reclamo para nada solapado de que la FIFA castigue a los transgresores.
Sesión caída. El clima instalado tras el partido contra Inglaterra impidió la sanción de la ley de inviolabilidad de propiedad privada, herramienta para la libre extranjerización de la tierra.
Gibraltar Cosas del soft power geopolítico: el mismo miércoles se puso en vigencia el acuerdo entre la Unión Europea y Reino Unido que eliminó el paso fronterizo peatonal, la famosa Verja que separaba Gibraltar de La Línea de la Concepción desde 1909, un acontecimiento festejado como un triunfo por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. Todavía no estaba definido quién iría en la final de la Copa 2026 contra España, pero si era el caso de la Rubia Albión, se correría el riesgo de que jugadores españoles reclamaran por el Peñón, como hicieron en 2024 el mediocampista Rodri y el delantero Álvaro Morata y terminaron sancionados por la UEFA.
En fin, que mientras tanto el Gobierno de Milei tuvo que suspender el tratamiento de la ley que permitiría la venta irrestricta de tierras a extranjeros. No era el momento en semejante clima de efervescencia de lo argentinidad. Sí, en cambio –como se trató del más silencioso decreto 590/26– se aprobó el permiso para que la firma Challenger Energy PLC, de origen británico, explore en busca de hidrocarburos en la plataforma marina. Y la Cancillería tuvo que salir a protestar, obligadamente, en este contexto, por el ingreso del buque de guerra británico HMS Medway en aguas jurisdiccionales argentinas. Y además, el propio Milei tuvo que pedir micrófono para afirmar que el reclamo por las Malvinas está en la agenda. Si hasta e el diario británico The Guardian pegó el mensaje de los jugadores argentinos y admitió que no podrán seguir siendo inglesas por mucho tiempo más.
«Estamos orgullosos y felices de poder regalarle una alegría a la gente, los mundiales para nosotros son especiales y nos olvidamos de todo lo mal que nos toca pasar. Hay gente que no tiene trabajo, que no llega a fin de mes o que la vive peleando, la vida nuestra que nos tocó siempre. Poder regalarle todo este tipo de alegrías a ellos, estar en una final del mundo una vez más, meter dos seguidas es una alegría para nosotros», dijo un Messi totalmente convertido en ídolo popular. Y ser ídolo para los argentinos quiere decir todo eso que conmueve en el mundo y que, bien aprovechado, representa un poder capaz de hacer ganar batallas sin necesidad de usar armas.
La administración de Donald Trump no se ahorra bravuconadas con tal de patear el hormiguero para ver si así puede retener lo que le queda del imperio global. Este viernes, el inquilino de la Casa Blanca se despachó desde el Garden City de Nueva York –y sin la menor evidencia– con un “muy pronto voy a declarar el estrecho de Ormuz como territorio de Estados Unidos”. No tan lejos de allí, su ministro de Guerra celebraba en Panamá una cumbre de la Coalición de las Américas contra los Cárteles (A3C), una suerte de Doctrina de Seguridad Nacional 2.0, a la que asistió el ministro de Defensa argentino. Mientras, el secretario de Estado publicaba en las redes un video en el que se dice, en tono amenazante, que “la Doctrina Monroe ha moldeado la política exterior de EE UU durante más de dos siglos” y que “el dominio estadounidense en el Hemisferio Occidental nunca volverá a ser cuestionado”.
Si se tiene en cuenta el fiasco en que se convirtió la aventura de EE UU e Israel en Irán, y las dificultades del Pentágono para disimular la derrota de los objetivos de ese 28 de febrero, las palabras de Trump podrían incluso sonar risibles. En ese campo de batalla, la principal potencia militar del planeta ya no está en condiciones para proteger a sus aliados del Golfo Pérsico, como lo demuestra la alianza de La Meca firmada la semana pasada por Riad, Ankara e Islamabad (ver aparte). Pero en fin.
En América Latina soplan otros vientos y precisamente esta semana se reunieron ministros, viceministros, jefes de seguridad, defensa y altos mandos militares de los 17 países de la región que habían adherido en marzo al Escudo de las Américas en Washington. Por Argentina estuvo el general Carlos Presti. El flamante presidente colombiano, por su parte, firmó la adhesión a ese club creado para “combatir el narcotráfico, el crimen organizado y la migración irregular” ni bien asumió, el viernes pasado. La A3C es el aspecto operativo de esa coalición que busca reflotar del fondo de la tenebrosa historia latinoamericana las estrategias criminales que bajaron en los años ’60 desde Washington.
Como será el “revival” que aquella alianza militar se impuso desde el triunfo de la Revolución Cubana (1959) y Pete Hegseth aprovechó el foro en cuestión para declarar que, en relación con Cuba, “todas las opciones están sobre la mesa, incluidas las militares”. Su colega Marco Rubio, cubano de origen, viene dándole manija a las amenazas contra el gobierno de la isla. «Cuba es sin duda una prioridad para nosotros porque redunda en nuestro interés nacional”, dijo el jueves. El centenario de Fidel Castro (1926-2016) le sirvió de plataforma para fustigar al líder guerrillero y afirmar: “trabajo para EE UU y considero que a nuestro país le interesa contar con una Cuba segura, estable y alineada con Estados Unidos”.
El martes, antes de que comenzara el Foro A3C, el embajador estadounidense en Panamá, Kevin Marino Cabrera –otro cubano-descendiente– relató con voz de locutor experimentado, la interpretación maximalista que le da la Casa Blanca a la Doctrina Monroe, reforzada con los corolarios Roosevelt (1904, cuando Theodore Roosevelt había fomentado la independencia de Panamá para construir el canal) y la Donroe, de 2025. Por si a alguno le quedaban dudas.
The Monroe Doctrine has shaped U.S. foreign policy for over two centuries. 🇺🇸
En un video de poco mas de 5 minutos, con pinturas, animaciones y fotografías de hechos históricos, Cabrera va contando de qué modo EE UU se convirtió en “garante” de las independencias ante el embate de las potencias europeas desde el primer cuarto del siglo XIX. Y concluye celebrando el nuevo impulso de Trump, que el 3 de enero “capturó al dictador venezolano” para juzgarlo por narcoterrorismo, lo que, afirma el embajador, fue “una maniobra calculada que envió una señal contundente a todo el hemisferio”. Cabrera concluye con eso de que la Doctrina Monroe “evolucionó hasta convertirse en un marco para la dominación regional”. Con esa recepción asistieron a Panamá los funcionarios del “patio trasero”. Entre ellos el general Presti, que posteó fotos con el jefe del Comando Sur, Francis Donovan, y con Hegseth.
Arabia Saudita, Pakistán y Turquía firmaron un tratado de seguridad y defensa trilateral llamado a consolidar un nuevo jugador que incidirá en los conflictos regionales ante el declive de las fuerzas estadounidenses. En principio, el Acuerdo Conjunto de Defensa de La Meca que sellaron el Príncipe Heredero, Mohammed bin Salman, con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, tiene todas las características de un pacto militar que compromete a los signatarios a responder ante cualquier ataque a uno de sus miembros. Tipo “el que se mete conmigo se mete con todos”.
Honoured to sign the Makkah Joint Defence Agreement alongside my dear brothers, HRH Crown Prince Mohammed bin Salman and H.E. President Recep Tayyip Erdoğan.
Three brotherly nations, united by faith, friendship and a shared resolve for peace and security.
Por otro lado, son naciones de mayorías sunnitas que pueden sumar características como para un formar un bloque poderoso, gracias a la capacidad nuclear de Islamabad, el desarrollo armamentístico de Ankara y el bolsillo generoso de Riad. En el orden geopolítico, Turquía es parte de la OTAN, los sauditas son aliados -con vaivenes- de Estados Unidos, y Pakistán, como mediador en la guerra de Irán, se muestra más cercano a China y ocupa un rol clave como mediador en el conflicto más grave que enfrenta la administración Trump, enfrascada desde el 28 de febrero en una aventura junto a Israel de incierto final.
Bugün Suudi Arabistan Veliaht Prensi ve Başbakanı Muhammed bin Selman’ın nazik davetine icabetle Mekke-i Mükerreme’ye bir ziyaret gerçekleştirdik.
Ziyaretimde aziz kardeşlerim Suudi Arabistan Veliaht Prensi ve Başbakanı Muhammed bin Selman ve Pakistan Başbakanı Şahbaz Şerif’le…
De hecho, el canciller iraní, Abbas Araghchi, dio la bienvenida al nuevo acuerdo de defensa y pidió una mayor solidaridad entre los países de mayoría musulmana. Pero luego agregó que a ese acuerdo le falta “una hoja de ruta”. Como país de mayoría chiita es difícil que se sume a un pacto como el de La Meca, nombre convocante para los musulmanes, por ser una ciudad sagrada para el Islam.
Es así que mientras se anunciaba la alianza tripartita, Araghchi salía a la palestra informando que Irán y Omán están “muy cerca” de un acuerdo para establecer una ruta de tránsito temporal a través del Estrecho de Ormuz. Al mismo tiempo, el ministro de exteriores persa avisó que ese paso marítimo no se abrirá “hasta que EE UU compense sus violaciones” al Memorándum de Entendimiento firmado precisamente en la capital de Pakistán con la presencia del vicepresidente JD Vance y refrendado luego en Versailles por el propio Donald Trump.
El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Mohammad Bagher Zolghadr, presentó en simultáneo una serie de requisitos de mínima para abrir el estrecho. Pero básicamente, lo que exige Teherán es el cumplimiento estricto del MdE, algo que Trump no está dispuesto a cumplir.
Una de sus espadas en el Capitolio, Joe Wilson, representante por Carolina del Sur, celebró el Pacto de La Meca como un triunfo de la estrategia del magnate “que promueve la estabilidad, la paz y la prosperidad en Oriente Medio. Con nuestros aliados prósperos del Golfo, una Siria liberada y negociaciones entre Líbano e Israel, está claro que el régimen asesino en Irán está aislado y que el pueblo iraní puede recuperar un nuevo gobierno digno de su rica historia”.
The mutual defense pact of Saudi Arabia, Türkiye, and Pakistan is another achievement of @POTUS promoting stability, peace, and prosperity in the Middle East. With our prosperous Gulf allies, a liberated Syria, and Lebanese-Israeli negotiations, it is clear the murderous regime…
Lo que pueda pasar de aquí en más no es fácil de discernir a esta altura, lo que es claro es que hay otro participante en esta partida que por ahora no se mostró en estas últimas movidas, China. En 2023 Bejjing había logrado juntar las cabezas de Irán y Arabia Saudita para restañar viejas heridas de décadas. Riad y Teherán ingresaron luego a los BRICS, pero de ahí en más la situación entre ambos es cambiante. Los ataques del 28-F escalaron de tal modo que las fuerzas iraníes atacaron bases militares estadounidenses en la región, entre ellas la Príncipe Sultán, en Al Kharj. Pero además, Ansar Allah, el movimiento de resistencia yemenita, sigue siendo un problema para Riad, que aspira “liberar” el estrecho de Bab el Mandeb, el paso hacia el Mar Rojo que los también llamados hutíes mantienen bajo control. En las últimas semanas, el conflicto se elevó tras ataques a petroleros sauditas y réplicas en edificios como el Aeropuerto de Saná.
En este intrincado panorama, si efectivamente los firmantes del Pacto responden solidariamente un incidente que afecte a Arabia Saudita, tanto de Ansar Allah como de Irán -que siempre reivindicó su derecho a golpear en bases estadounidenses desde donde partieron los bombardeos a su territorio- podrían ser respondidos por fuerzas de las tres naciones. Aunque, claro, está el problema de que Irán confió las negociaciones con la Casa Blanca en Pakistán. Por eso será que Araghchi llamó a la unidad de todos los musulmanes en esta hora crítica.
Iran's Powerful Armed Forces have shown their readiness, capability, and might in face of the world's most expensive military.
When Muslims stand together, we can face every challenge by malicious outsiders head-on.
Time to rely only on ourselves and embrace true brotherhood.
Lindsey Olin Graham murió el 11 de julio pasado, al regreso de un viaje Kiev, lo que levantó sospechas no solo el lugar de su fallecimiento, sino de las causas. Porque el hombre era lo que por aquellos lares se llama “un halcón”, aunque merecería seguramente un apelativo menos ornitológico. Fue un ferviente propulsor de extender la guerra en Ucrania hasta Rusia y, por cierto, del apoyo incondicional al estado de Israel y en especial a las políticas de Benjamin Netanyahu. Oficialmente el que fue senador por Carolina del Sur desde el 20 de enero de 2003 fue víctima de una disección aórtica provocada por una enfermedad cardiovascular arteriosclerótica.
Su desaparición física no se llevó a la tumba su voluntad, expresada de inmediato en la designación de su hermana Darline como sucesora de su bancada, con el objetivo de terciar a favor de una ley electoral clave para Donald Trump en las elecciones de noviembre. Pero además, en la ceremonia fúnebre logró juntar a Netanyahu, el presidente Volodimir Zelenski y la plana mayor de la administración Trump. Un video que circuló en las redes mostró al premier israelí como dando directivas muy estrictas a Marco Rubio y al Pete Hegseth. Pero quien sabe si esa no es otra interpretación malintencionada.
El caso es que las exequias de Graham fueron una ocasión inmejorable para que los jefes de Estado ucraniano (MC) e israelí pudieran encontrarse con el inquilino de la Casa Blanca para arreglar como siguen las guerras, que cada vez se acercan más hacia lo que desea Zelenski: que la de Irán y la de Ucrania sean una y la misma Gran Guerra. Por lo pronto, todos los indicios muestran que se está preparando una gran ofensiva contra el país persa que incluirá -ya no lo oculta nadie e incluso Donald Trump se jacta de ello- la destrucción de infraestructura civil. Algo que es a todas luces un crimen de guerra.
La represalia iraní -que nunca ignoró que el Memorándum de Entendimiento que firmó Trump en Versailles era papel mojado- sería sobre objetivos que pondrían en peligro las economías de Israel, Jordania y los estados del Golfo Pérsico, muchos de los cuales ya fueron atacados a medida que el CENTCOM, el Comando Central de las tropas estadounidenses, bombardeaba regiones costeras de Irán. El MOE fue apenas una pausa para recuperar fuerzas, reponer armamento y lo que se avizora es una guerra más amplia en todos los frentes. Lo que incluye al estrecho de Bab el Mabdeb, donde Arabia Saudita está buscando colaboración para atacar al movimiento Ansar Allah.
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