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La gobernanza mundial

En la campaña aérea de la OTAN en Libia hay demasiadas violaciones de la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas”, protestó el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Lavrov, luego de que la Alianza Atlántica, que lleva adelante las acciones bélicas contra el gobierno que responde a Muammar Khadafi, matara a un hijo del líder libio, tres nietos y a decenas de civiles en ataques centrados en objetivos civiles dentro de Trípoli.
El canciller contrastó el propósito con que la OTAN cruzó el Mediterráneo –el bloqueo aéreo contra supuestos ataques de aviones khadafistas a la población civil– con la realidad de que el operativo se convirtió en una política de destrucción de edificios y equipos productivos de ese país. Tal cual denunció el propio Khadafi en una de sus incursiones televisivas. Lavrov dijo que la posición rusa cuenta con el apoyo de Brasil, India, China y Sudáfrica, los países emergentes nucleados en el grupo conocido como BRICS.
Pero se acordó tarde de rezongar, porque tanto Rusia como China, con poder de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, eligieron abstenerse en la votación que “encomendó” a la OTAN ocuparse del tema libio. Y no porque faltaran las señales de cómo venía la mano.
Otro funcionario ruso, el director del Servicio Federal de Control de Drogas, Víctor Ivanov, aceptó en una cumbre del grupo G-8 desarrollada en París esta semana una propuesta de los organizadores tendiente a consolidar los esfuerzos en la lucha contra el crimen organizado en torno al narcotráfico. El encuentro de los países más ricos contó también con representantes de Latinoamérica y África, de naciones donde se producen narcóticos o figuran en la lista de países de tránsito de la droga a nivel internacional. Si se tiene en cuenta que los principales consumidores de estupefacientes están en ese selecto club de los más desarrollados, en esta extensa lista cabe literalmente el resto del planeta.
Sarkozy, que últimamente protagoniza las posiciones más extremas contra Khadafi y sobre los asuntos árabes y africanos en general, arrastrando a sus socios europeos, se puso también a la cabeza de este reclamo. Para lo cual llegó a proponer que se use el dinero incautado a las bandas de traficantes –no dijo si esto incluye vender la mercadería obtenida– para solventar el costo de las operaciones que esa lucha acarrea. El detalle es que para esa cruzada global pretende patrullar las costas de las regiones donde se producen los narcóticos o los puertos desde los que son trasladados para su comercio. Una excelente excusa para que las tropas occidentales vigilen a todo el planeta sin la incómoda necesidad de explicar qué hacen allí. Simplemente vigilan que nadie venda mercadería ilegal, con la cobertura de la OTAN, que es la misma que se aplica en Irak, Afganistán y Libia, por si hiciera falta aclarar.
Esto representa una vuelta al imperialismo más desembozado de fines del siglo XIX, ahora con la mayor tecnología disponible por la humanidad y la incorporación del aparato militar de los Estados Unidos. No por nada, siempre la OTAN tuvo dirección civil europea, pero el comando militar es provisto por el Pentágono.
Poco importó el pedido del funcionario ruso, en ese encuentro parisino, para que se discuta también la ruta de la heroína que proviene de las plantaciones de Afganistán, el principal productor del mundo de la adormidera de la que se extrae el preciado opio. Víctor Ivanov señaló que todas las medidas tomadas en el combate de la “narcoamenaza” afgana resultaron ineficaces. Rusia se queja de que no consigue consensuar acciones de ese tipo con la OTAN, y de que las tropas emplazadas en Afganistán no se muestran decididas a terminar con las plantaciones de las amapolas, aunque sendas resoluciones de la ONU de 1998 y 2009 lo piden expresamente.
Más allá de todo posible debate sobre el comercio de drogas, el cultivo de la adormidera es una extraordinaria fuente de ingresos para poblaciones locales, jefes tribales que juegan a favor de la OTAN en ese rincón del mundo, y también para solventar gastos corrientes de ejércitos de ocupación por fuera del presupuesto oficial.
Pero la cumbre del G-8 no se proponía calar tan hondo, sino apenas ir delineando los futuros enemigos de la coalición occidental luego del asesinato de Osama bin Laden hace un par de semanas. Por eso, tanto en los Estados Unidos como en la OTAN el caso puntual de Afganistán fue barrido debajo de la alfombra.
Y en cualquier caso, ya sea que se aplique la Guerra Santa contra las drogas, o se profundice la versión no menos sagrada de la lucha contra el terrorismo, de todas maneras la OTAN tendrá una posición privilegiada de gendarme global subsidiario de la estrategia militar del Pentágono.
La Organización del Tratado del Atlántico Norte nació en plena Guerra Fría, en abril de 1949. Cuando el “peligro para la paz mundial” era el comunismo soviético y el que ya se preveía seguro triunfo de Mao Tse-tung en China. Los países fundadores fueron Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos, como ganadores de la Segunda Guerra, más Bélgica, Luxemburgo, Holanda, Dinamarca, Italia, Islandia, Noruega, Portugal y Canadá. Pero a poco de andar se fue viendo que el interés que representaba el organismo estaba más ligado a los anglosajones que al resto de los afiliados.
Por eso ya en 1958 el francés Charles de Gaulle fue planteando una estrategia para abandonar la alianza. Primero retiró su flota del Mediterráneo, luego prohibió el despliegue de armamento nuclear en su territorio, y finalmente ordenó devolver las diez bases militares estadounidenses en Francia. La sede del organismo militar se trasladó entonces a Bélgica. Para 1966 ya no había tropas galas en el comando integrado. Recién en 2009, con Sarkozy en el poder, volvió al redil. En el medio, había caído el sistema socialista soviético, Alemania se había vuelto a unificar y China avanzaba a pasos agigantados hacia el capitalismo. Es más, ya es otra vez una amenaza, ahora como potencia económica, al igual que Rusia más ese “puñado de advenedizos” que integran el BRICS.
Es tal vez en este escenario que debe entenderse la insistencia de Sarkozy para querer acaudillar cuanta operación militar se desarrolle en el tablero internacional. Para conquistar los lugares que ya no ocupa España desde que el derechista José María Aznar dejó el gobierno, y competir con el que sostiene a duras penas Gran Bretaña tras el alejamiento de Tony Blair de la gestión pública.
Pasa, además, que Sarkozy entendió perfectamente que la OTAN es la Santa Alianza de estos días. O más acá en el tiempo, que es una coalición que intenta reeditar, como sostiene el escritor estadounidense Rick Rozoff –director del sitio Stop NATO International– el Congreso y la Conferencia de Berlín que entre 1878 y 1885 convocó a las potencias europeas de entonces a resolver la cuestión de los Balcanes y repartirse las colonias africanas.
“Asistieron representantes de Austria-Hungría, Bélgica, Gran Bretaña, Dinamarca, Francia, Italia, Holanda, Portugal, Prusia, España y Suecia-Noruega. Y abrió toda África a las formas más brutales y cínicas de rapiña y saqueo”, recuerda Rozoff. El almirante italiano Giampaolo Di Paola, presidente del Comité Militar de la OTAN, no pudo ser más claro: “Es necesaria una nueva forma de gobernanza mundial, en la cual la OTAN, la UE y otras importantes organizaciones internacionales tienen que jugar un papel.”
En eso andan esos mismos aspirantes a imperio de hace más de un siglo, ahora bajo la férula estadounidense.

Tiempo Argentino, 14 de Mayo de 2011

Gerónimo y el Gran Garrote

«Geronimo EKIA» (por las siglas en ingles de Enemy Killed In Action). Algo así como “Gerónimo, el enemigo, fue muerto en acción”. Con esta contundente frase, el todavía director de la CIA, Leon Panetta, anunció la eliminación de Osama bin Laden en un lejano suburbio de Islamabad. El rostro entre absorto y exaltado de la plana mayor del gobierno de Barack Obama contemplando la escena en tiempo real, como gusta decirse en tiempos de Playstation, algún día será el ícono más acertado para describir esos 38 minutos tan intensos en la vida de personas como la secretaria de Estado, Hillary Clinton.
Los voceros de los organismos públicos estadounidenses se apuraron a decir que Gerónimo no era el nombre clave de la operación (según parece, la habían bautizado Jackpot, como el Gordo de Navidad en la lotería) y ni siquiera aludía al líder de Al Qaeda. Pero ese detalle se lo van a tener que explicar a los ofuscados representantes de los pueblos originarios de Norteamérica. “Demuestra hasta qué punto la idea de indio igual a enemigo está incrustada en la mentalidad de este país”, se indignó Suzan Harjo, integrante de un grupo de abogados indios que presentaron una protesta en el Congreso de los Estados Unidos. “Es un insulto y un terrible error”, agregó Harlyn Gerónimo, quien vistió uniforme militar en Vietnam y es bisnieto del último jefe apache, perseguido durante casi tres décadas por las tropas federales en el territorio de sus ancestros, por entonces una amplia región de la actual frontera entre México y los Estados Unidos.
Goyaalé, (“el que bosteza”, en lengua chiricagua) había nacido en 1823 en Arizona, territorios llamados por los nativos como Bedonkohe. Su abuelo, Mako, llegó a ser cacique de la tribu. Cuando murió su padre, dice la historia, lo llevaron a criar a Chihenne y luego se casó con una mujer de la tribu nedni-chiricahua.
Ni él ni su pueblo jamás admitieron la ocupación de sus territorios por el hombre blanco, ya sea que hablara en castellano, como los mexicanos, o que fueran gringos. Pero el hecho que cambió su vida fue el ataque del coronel José María Carrasco al campamento que ocupaban. Corría el año 1858 y las tropas mexicanas esperaron a que los hombres no estuvieran para provocar una masacre en la que murieron la esposa, los hijos y la madre de Goyaalé, entre otros miles de nativos.
Sombrío, organizó una alianza con otro célebre indio, Cochise. Podría pensarse livianamente en venganza, pero en realidad era la última batalla por la subsistencia de los aborígenes del norte de América, acorralados en un territorio apetecido por la “civilización y el progreso”. Se dice que el nombre con el que pasó a la fama surgió durante uno de sus golpes de guerrilla contra los invasores. Armados de cuchillos, presentaron batalla contra fusileros mexicanos, que se encomendaban a San Jerónimo para aventar el miedo que les producía semejante acto de valentía. Un estadounidense creyó que esa imprecación se refería al nombre del impetuoso caudillo, que desde entonces fue conocido como Gerónimo, con G.
Las llamadas “Guerras Apaches” continuaron hasta que desde Washington pusieron toda la carne en el asador y mandaron a 5000 hombres del Cuarto Regimiento de Caballería, que después de eliminar a gran parte de la población indígena, logró la rendición de Gerónimo, en 1886. El cacique pasó el resto de su vida prisionero. Encerrado en Fort Sill, Oklahoma, fue llevado a olvidar a sus dioses y a convertirse al Cristianismo. La peor afrenta fue que, totalmente doblegado, lo pasearon como una de las maravillas del mundo en ferias y kermeses. Murió en 1909.
Presentado como atractivo extra en un desfile, estuvo frente a frente con el entonces presidente Theodore Roosevelt, tío abuelo de Franklin Delano. Hombre enérgico, Theodore, representa el espíritu de conquista estadounidense a caballo de los siglos XIX y XX. Por un lado, fue un ferviente defensor de la libertad de empresa, pero a la vez atacó a la concentración del capital –se enfrentó con el JP Morgan, sin ir más lejos– y todavía se recuerda que en persona puso fin a una huelga de mineros, consiguiendo lo que llamó un “acuerdo equitativo”, que consistió en un 10% de aumento y la reducción de la jornada laboral de 8 horas.
Al mismo tiempo, despreciaba en profundidad a negros, indios, asiáticos y latinoamericanos. Antes de llegar a la presidencia, Theodore Roosevelt había planificado la guerra contra España, que le permitió a los Estados Unidos extender sus dominios a Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Ya en la Casa Banca, pergeñó la revuelta en la que Panamá se independizó de Colombia, con lo que consiguió hacer el Canal bioceánico de acuerdo a los intereses de Washington. Construyó, también, la base de Guantánamo, en Cuba.
Pero se lo recuerda más por el lema Speak softly and carry a big stick, you will go far (Habla suave y carga un gran garrote, así llegarás lejos), convertida en doctrina del imperialismo estadounidense. Roosevelt obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 1906, por haber mediado en la guerra rusojaponesa de un año antes.
Desde hace algunas semanas el gobierno de Barack Obama está dando señales de que quiere mantenerse a toda costa en la Casa Blanca. Y para eso decidió apelar a los más profundos sentimientos del pueblo estadounidense, sin importarle que deja de lado las consignas con las que en 2008 sedujo a los votantes más progresistas o incluso liberales.
Así fue que, lejos de desmantelar la cárcel de Guantánamo, como había prometido en la campaña, a principios de marzo pasado aprobó la reanudación de los juicios militares a los detenidos en esa prisión. Un mes más tarde, y cuando sus socios de la Otan se mostraban empantanados en Libia, ordenó el envío de aviones no tripulados para atacar a las tropas leales a Khadafi. Desde esta misma columna se alertó sobre las consecuencias que la aplicación de esas tecnologías letales ya venían trayendo para las relaciones con Pakistán (“Depredadores electrónicos”, 23 de abril).
La semana pasada nuestro panorama “El modelo Petraeus” terminaba recordando: “Panetta alguna vez recomendó a Obama que ante cualquier duda sobre algún tema en el que el Pentágono tuviera opinión, lo más recomendable sería seguir la línea que le marcaban los militares. Últimamente le está dando la razón.” El mismo día en que salió publicada, la OTAN mató a un hijo de Khadafi y a tres nietos en un ataque a una de sus residencias. Y el domingo tropas estadounidenses hicieron lo propio con Osama bin Laden.
La información para llegar al líder de Al Qaeda, reconoció Panetta, fue obtenida en Guantánamo con métodos de tortura. Para cuando Obama dio la orden de aniquilar a Bin Laden, se daban a conocer nuevas filtraciones sobre la barbarie cometida en esa base de la isla de Cuba. Y, según sospechas generalizadas, en cualquier momento se iba a difundir el nombre de la fuente a la que se le sacó el dato exacto luego de sesiones de ablandamiento brutales. Igual trato está recibiendo el soldado que habría hecho las filtraciones WikiLeaks, Bradely Manning. Quien sabe algún día vayan a exponerlo como hicieron con Gerónimo.
Después de todo, Obama también es Premio Nobel de la Paz. Y aceptó ejercer la política del Big Stick, el Gran Garrote.

Tiempo Argentino, 7 de Mayo de 2011

El modelo Petraeus

Estos son los líderes que elegí para ayudar a guiarnos a través de los difíciles días que vendrán.” Con estas palabras, el presidente Barack Obama anunció una serie de enroques en un área altamente sensible de su gestión como es el saturado frente bélico estadounidense. Lo hizo cuando se conocían filtraciones de WikiLeaks sobre la barbarie cometida en la cárcel de Guantánamo. Fue también cuando tuvo que sacar a relucir su partida de nacimiento para demostrar de qué lado de la frontera nació. Rara coincidencia.
Los cambios pasan por el retiro del secretario de Defensa, Robert Gates, que había sido designado por George W. Bush. En cadena, el actual titular de la CIA, Leon Panetta, tomará el lugar que deja vacante Gates y el hasta ahora jefe de las operaciones de la OTAN en Afganistán, el general David Petraeus, ocupará el sillón principal en la agencia de los espías estadounidenses.
Las razones que esgrimió el mandatario fueron de orden práctico, pero debajo de esta decisión hay una puja sobre el rumbo en la política exterior de Washington ante el escenario que plantean los levantamientos en el mundo árabe, los resabios de la invasión a Irak y la ocupación de Afganistán, que para la mayoría de la población de los Estados Unidos se convirtió en una pesada carga, no sólo económica sino moral.
Es así que los analistas se devanan los sesos tratando de adivinar cómo reaccionarán los distintos actores de esta movida presidencial. Y sobre todo en la CIA que, como resaltan al unísono, no es una oficina demasiado dispuesta a dejarse dirigir por ajenos “que creen saber más” que quienes la vienen remando desde adentro, según sugieren Adam Goldman y Kimberley Dozier para la agencia AP.
Los especialistas en la trama de la inteligencia estadounidense se relamen para ver cómo Petraeus abordará su nuevo trabajo en “la compañía”. Robert Dreyfuss, en The Nation, descuenta que el general de cuatro estrellas se las verá difíciles frente a un personal en su mayoría civil, famoso “por haberse masticado y escupido a los jefes que no les gustan”. Como pasó con James Schlesinger en 1973 y Porter Goss en 2006. Irónico, Dreyfuss agrega que si tuviera que apostar en una guerra entre “Petraeus y los burócratas de la CIA y sus agentes operativos, yo me quedaría con el personal de la CIA”.
Sin embargo, el prestigioso general tiene avales como para dar batalla en las oficinas de Langley, en Virginia, y de asentarse –como parece que lo están tentando− hacia una carrera política. Ente los lauros de Petraeus, que sucedió al controvertido y dicharachero Stanley McChrystal en el comando de las tropas en Irak y Afganistán, se cuenta un trabajo que culminó en 2006: la actualización del Manual de Contrainsurgencia, que venía de la época de Vietnam y modernizó sus consignas para aplicarlas en tierras árabes luego del 11-S.
El militar, además, se opone a la retirada de tropas de combate de la región, donde según su dossier, todavía da para quedarse y desplegar en toda su extensión las teorías desarrolladas en el Manual, conocido en sus siglas militares como COIN, que significa literalmente “moneda”.
El plan, que inauguró McChrystal, combina tácticas de la más dura línea militar con políticas de seducción a los pobladores. “Uno puede ganar batallas y perder la guerra”, piensa Petraeus. Por eso en uno de los apartados del trabajo (que puede consultarse en ) sostiene que el éxito del COIN requiere alejar a los terroristas del lugar, luego consolidar estrechas relaciones con los habitantes –conociendo no sólo el idioma sino también las costumbres y tradiciones− y más tarde crear las bases para que esa relaciones fructifiquen en instituciones que garanticen que “la subversión” no vuelva. Esto implica el establecimiento de un gobierno legítimo apoyado por la población −cosa que no se hizo en ninguno de los países donde se empleó, como es notorio− y una gran cantidad de tropas durante bastante tiempo. Quizás hasta que una nueva generación “entienda” de qué viene la ocupación.
El convencimiento, supone el estudio, vendrá de acciones en concreto que en su momento entusiasmaron a la actual secretaria de Estado, Hillary Clinton. Puesto que la doctrina de contrainsurgencia exige que los servicios sociales en zonas de guerra −las escuelas, la justicia, el desarrollo económico− sirvan como apoyo de las acciones de los militares.
“Usted no puede luchar contra ex saddamistas y extremistas islámicos del mismo modo que lo hizo contra el Viet cong, los Moros (filipinos musulmanes) o Tupamaros; la aplicación de principios y fundamentos para tratar a cada uno varía considerablemente”, dice el voluminoso expediente elaborado por un equipo que dirigió Petreus, egresado de West Point, la academia militar estadounidense, en 1974, un año después de la derrota en Vietnam.
Entre las técnicas bélicas, el COIN propone el uso de toda la tecnología vigente y sobre todo de imágenes satelitales y de aviones no tripulados Predator. Por eso es que la CIA cada vez trabaja más estrechamente con el Pentágono en todo el mundo, ya que la información básica sobre qué objetivos atacar desde las centrales de comando de los drones debe ser provista por la central de inteligencia. Pero sucede que ya hubo demasiados “errores” y “daños colaterales”.
Por eso, el cambio de un hombre del Pentágono −y el más prestigioso de ellos, con título universitario en Relaciones Internacionales en Princeton y todo− tiene también sabor de ajuste de cuentas. Es que en el geométrico edificio militar se acusa a los espías de recopilar data pero no compartirla con sus colegas uniformados, lo que obliga a crear fuentes de información duplicadas.
“Como un consumidor permanente de inteligencia, sabe que la inteligencia debe ser oportuna, precisa y actuar en forma rápida”, dijo Obama cuando dio cuenta del nuevo rol de Petraeus. “Entiende que mantenerse un paso por delante de adversarios ágiles requiere intercambio y coordinación de la información.”
Petraeus buscará solucionar este problema y fortalecer las operaciones de la agencia, pero además ya dio señales hacia el sector militar. Como que McChrystal fue declarado inocente de cualquier ilícito en la investigación que hizo el Pentágono sobre las declaraciones que publicó el año pasado la revista Rolling Stone y que derivaron en su despido como máximo comandante de las tropas estadounidenses en Asia.
El informe oficial, difundido hace diez días, resalta que al citar a individuos no identificados cercanos a McChrystal, “el artículo le atribuyó al general declaraciones despectivas sobre miembros del grupo de seguridad nacional del presidente Barack Obama, incluido el vicepresidente Joe Biden”, que no se pudo probar que haya hecho realmente.
El documento firmado por el Departamento de Defensa sostiene que la evidencia disponible no alcanza para concluir que McChrystal haya violado alguna norma legal o ética aplicable. Cuando echó a McChrystal, Obama dijo que se había comportado por debajo de “los estándares que debe establecer un general al mando”. Ahora, para resarcirse, lo designó al frente de un organismo que asesorará a familias de militares que padecen las consecuencias de las guerras.
Dicen que Panetta alguna vez recomendó a Obama que ante cualquier duda sobre algún tema en el que el Pentágono tuviera opinión, lo más recomendable sería seguir la línea que le marcaban los militares. Últimamente le está dando la razón. 

Tiempo Argentino, 30 de Abril de 2011

Depredadores electrónicos

El resultado final de la guerra de Vietnam, para el analista John Arquilla, puede resumirse en un ícono: “miles de combatientes con fusiles individuales AK-47 contra potentes naves B-52 de la Fuerza Aérea” y un resultado catastrófico. Los Estados Unidos perdieron la guerra. El testimonio tiene relevancia porque el autor es doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad de Stanford y trabajó en la Rand Corporation, donde era hombre de consulta de Donald Rumsfeld, secretario de Defensa de George W. Bush. Arquilla, que publicó sus conclusiones en Nuevas reglas de la guerra, advierte que en estos tiempos hay condiciones similares en Afganistán para otro fiasco, esta vez con el uso del arma de la que Barack Obama parece haberse enamorado y que enviará a Libia. Los aviones no tripulados Predator (literalmente, “depredador”).
“Es irónico que esta guerra contra el terrorismo haya comenzado en las montañas de Afganistán con el mismo tipo de B-52”, destaca el hombre de la Rand. Porque los drones −un nombre hollywoodense creado por los guionistas de Stargate en la primera mitad de los ’90 para las naves aéreas controladas a distancia− son enviados al teatro de operaciones desarmados dentro de los enormes bombarderos.
Este jueves, el sucesor de Rumsfeld, Robert Gates, hizo el anuncio de que van a mandar drones Predator para combatir a Muammar Khadafi. Y para justificar la incursión de estos mortales “juguetes” electrónicos, dijo que son muy precisos y que producen “menos daños colaterales”. Un problema con el que los cazas piloteados por humanos están complicando a la OTAN en el norte de África, donde han dejado un tendal de víctimas civiles e incluso entre los rebeldes a los que se supone que van a ayudar. Lo menos que puede decirse de la explicación de Gates es que pretende desconocer lo que están haciendo los Predator en la estancada ocupación de Afganistán.
Según un informe publicado por Dailymail , desde que Obama llegó al gobierno hubo un notable incremento en los vuelos de aviones no tripulados, que podría llegar hasta el 50% por sobre la era Bush. También, como correlato, se incrementaron las muertes civiles en estos poco más de dos años. Las cifras que se manejan hablan de entre 368 y 724 en 2009, y entre 607 y 993 en el 2010. “¿Cuántos de ellos eran realmente los terroristas?”, se pregunta el autor del trabajo, David Rose.
La New America Foundation, utilizando los artículos publicados por los medios de comunicación, sugiere que los drones produjeron un total de entre 1435 y 2283 muertos desde 2004, y que se supone una “verdadera tasa civil de letalidad de alrededor del 32%”. Lo que deja unos 730 inocentes asesinados en el marco de eso que para Gates es una guerra impoluta que se asemeja a un desafío en Playstation, pero manejado por la CIA.
Uno de los casos más resonantes de daño colateral se produjo a mediados de marzo, cuando un Predator sobre una Jirga −una asamblea tribal−, en la frontera de la provincia pakistaní de Waziristan del Norte con Afganistán, atacó a más de 150 representantes de clanes pastunes que debatían una disputa sobre ingresos comunales. El resultado del bombardeo fue de 48 muertos. “Dispararon cuatro misiles sobre personas de todas las edades”, protestó un testigo presencial de los hechos.
“En Pakistán, el zumbido de los drones se percibe cada vez más como la cara de la política exterior estadounidense y los ataques son denunciados por figuras de los medios hasta cantantes de pop”, señala Micah Zenko en Foreign Policy. Lo que obligó a que las autoridades pakistaníes endurecieran las protestas contra Washington. “Es cierto que los drones han matado a algunos terroristas importantes, pero ahora están ayudando a conseguir más reclutas a causa de los extremistas y al mismo tiempo socavan la soberanía pakistaní”, comentó un miembro del servicio secreto de Pakistán, el ISI, al experto del Council on Foreign Relations (CFR), un think tank estadounidense .
“Los ataques están afectando a toda la relación con los Estados Unidos”, sostuvo el secretario de Asuntos Exteriores pakistaní, Salman Bashir, en visita a Washington para tratar el tema. “Estos ataques son acciones unilaterales, dirigidas por la CIA. No nos dicen cuál es su objetivo, dónde es su objetivo, ni cuándo es su objetivo, a pesar de que estamos usando nuestro propio ejército y fuerza aérea en la misma región”, se quejó el jefe de los espías ante Zenko.
¿Hay forma de saber la cantidad real de muertos “colaterales” que dejan los drones? Eso quiso saber la American Civil Liberties Union (ACLU), otra ONG de los Estados Unidos, que recurrió al Acta de Libertad de Información (FOIA, por sus siglas en inglés) para solicitar esa información al gobierno de Obama. “El Departamento de Defensa no creó ni mantiene documentos para compilar la estimación de víctimas civiles de los ataques con drones separados de los estimados para otros sistemas de armas… las armas utilizadas por los drones son tratadas en forma idéntica con las disparadas por otros aviones y, por lo tanto, las estimaciones no diferencian entre ambas plataformas”, fue la respuesta oficial .
Pakistán y Afganistán fueron el campo de experimentación para las tecnologías “pulcras” con las que ahora Obama espera derrotar a las fuerzas khadafistas. Pero las primeras versiones de estas naves no tripuladas se probaron en 1995 en Bosnia, durante las guerras balcánicas. Allí se inició este tipo de vuelo letal mediante sensores programados y comunicación satelital que permite controlar los vuelos desde una cómoda oficina a miles de kilómetros de distancia y sin riesgo alguno para el “piloto”.
El Predator MQ-1, según la información oficial, puede transportar misiles Hellfire AGM-114 capaces de atravesar equipo blindado. La siguiente generación, el Predator MQ-9, está concebido para transportar hasta 2250 libras (1020 kilos) de municiones externas, lo que incluye misiles GBU-11, GBU-38, AIIM-9 y bombas de pequeño diámetro. “Nuestro reto es saber cómo crecer lo más rápido posible”, declaró el instructor de la escuela de manejo para los drones en la Indian Springs Auxiliary Air Field, cerca de Las Vegas al sargento primero (MSgt) Orville F. Desjarlais Jr, en , sitio web perteneciente a la Fuerza Aérea estadounidense.
La información que brinda la USAF destaca, además, que el Predator es fabricado por General Atomics Aeronautical Systems Inc. y viene en un kit que incluye cuatro aviones, una estación de control en tierra y un link al Satélite Primario Predator, todo al increíble costo de 20 millones de dólares por unidad, al año 2009 .
“Una vez que se lo emplea, uno se pregunta cómo pudimos arreglárnosla sin él por tanto tiempo”, se ufana el Teniente Coronel John Breeden, comandante del 11º Escuadrón de Reconocimiento en la Base Aérea Creech, Nevada, en la página que regentea el sargento Desjarlais.
Quizás ese argumento logró convencer a Obama de la aplicación de este ingenio militar. Que se maneja como un juego de Playstation algo más sofisticado.
Pero que produce muertes reales del otro lado de la pantalla.

Tiempo Argentino, 23 de Abril de 2011