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Mensajes xenófobos

Estamos construyendo una ciudadanía del Mercosur. Ese sentimiento de que somos el Mercosur es un sentimiento que se está formando y que debe consolidarse”, dijo el actual canciller brasileño Celso Amorim. Fue en la Cumbre del Mercosur de Foz de Iguazú, donde los representantes de los países miembro del experimento de integración regional más profundo que se haya hecho en esta parte del mundo desde la independencia mantuvieron la última reunión del año. Un año que fue muy fructífero en eso de lo que hablaba Amorim, de construir ciudadanía, más allá del alcance económico de esta propuesta de mercado común que ya cumplió 20 años.
Porque las cuestiones económicas entre los países pueden agotarse en debates arancelarios o de intercambio de mercancías. Pero una verdadera integración implica ir avanzando en la construcción de una nacionalidad común, una identidad que nuclee a los pueblos que decidieron, reconocieron, impulsaron, la idea de que no hay otro destino para cada uno que no sea la unidad de todos.
Para los medios tradicionales de los mismos países, hubo en ese encuentro un pedido especial de la presidenta argentina para incorporar una condena concreta a la xenofobia. Condena que, según esa visión, tendría como objetivo el desgaste de la figura del alcalde porteño, Mauricio Macri, que sin dudas, con su discurso de fuerte tono racista arrimó combustible en estos días calientes en Villa Soldati.
Como se recordará, el jefe comunal despotricó, al igual que muchos vecinos de la zona, contra la “inmigración descontrolada”. Y agregó, desprejuiciadamente, que todos los días “llegan 100 o 200 personas nuevas a la ciudad que no sabemos quiénes son, de la mano del narcotráfico y la delincuencia”.
Mirada simple y pequeña si las hay sobre un tema que debería alarmar a las mentes bien pensantes, incluso desde el punto de vista de políticos que se ofrecen como alternativa de recambio para las presidenciales de 2011. Porque más allá de que en gruesas capas de la población porteña –e incluso del resto del país– el mensaje xenófobo suele granjear más simpatías de las que se sospecha, ya no hay espacio para gobernar en la región por fuera del marco que ya impuso el Mercosur, la Unasur y los organismos que vayan surgiendo en el futuro. Como lo han reconocido incluso mandatarios de la derecha como el chileno Sebastián Piñera y el colombiano Juan Manuel Santos.
Construir una identidad común en la Cuenca del Plata significa, lisa y llanamente, construir ciudadanía con paraguayos, uruguayos, venezolanos y a un plazo no demasiado largo y más temprano que tarde, con bolivianos, peruanos, ecuatorianos y chilenos.
Por eso fue importante que en esa misma Cumbre se fueran desplegando las otras herramientas de construcción común, como los planes de educación, de libre circulación de personas, de protección laboral, y aunque parezca anecdótico, la creación de una historieta para niños fomentando la integración. Algo que no surgió porque el gobierno argentino entró en conflicto repentinamente con un sector de la población que mira con desconfianza y desprecio a los hermanos de la tierra.
El discurso xenófobo –que en Buenos Aires, y por recomendación de su asesor ecuatoriano Jaime Duran Barba, Macri puso en circulación para ganar adhesiones en su construcción política– se está extendiendo en todo el mundo de una manera que preocupa a organismos y militantes comprometidos con los Derechos Humanos y civiles. Y curiosamente, en todos los países donde hay desbordes de este talante, hay un componente de pobreza, exclusión, acusaciones de narcotráfico, intolerancia… y hasta barrabravas violentos. Lo peor es que también hay políticos dispuestos a aceptar el convite retrógrado con tal de seducir a multitudes que, en medio de crisis económicas de diverso calibre, ven en el diferente a un competidor por las migajas que se caen de la mesa de los poderosos.
El presidente estadounidense Barack Obama, por ejemplo, debió enfrentar, desde que decidió iniciar su camino hacia la Casa Blanca, a sectores racistas no solo de su país sino incluso desde las filas de su propio partido. Hace cosa de un año, el líder de la mayoría demócrata en el Senado estadounidense, Harry Reid, había catalogado a Obama como un afro estadounidense que “no habla dialecto de negro” que es exitoso porque tiene la “piel clara”, lo que levantó protestas hasta de legisladores republicanos.
Obama no pudo aún conseguir la aprobación de una ley inmigratoria que beneficie a los millones de hispanos que cruzan la frontera en busca de mejores horizontes. Tampoco una iniciativa que recibe el acrónimo de Dream (sueño), en obvia referencia a esa utopía que siguen trabajadores de todo el continente que quieren un futuro mejor para ellos y sus hijos. El Dream Act (Development, Relief and Education for Alien Minors Act, en español Acta de Fomento para el Progreso, Alivio y Educación para Menores Extranjeros) es un proyecto bipartidista que permitiría que los hijos de indocumentados estudien en institutos estadounidenses y reciban la ciudadanía a cambio de buenas calificaciones, algo que por ahora sólo logran haciendo dos años de servicio militar. Ambas leyes están frenadas en el Capitolio por un fuerte lobby anti inmigratorio.
El Parlamento Europeo, hace unos días, advirtió en su informe anual sobre el “creciente” aumento de violaciones de derechos fundamentales en Europa, y especialmente citó casos racistas y xenófobos sobre los que reclamó sanciones y procedimientos de infracción contra Estados miembro que los permitan.
El presidente galo, Nicolas Sarkozy, marcha a la cabeza en los reclamos, luego de la expulsión masiva de gitanos que inició en julio y que lo hizo trepar en las encuestas. Para no ser menos, Marine Le Pen, hija y segura sucesora del líder de Frente Nacional ultraderechista francés, Jean-Marie Le Pen, también hizo su aporte al murmullo racial, cuando comparó la ocupación nazi con las plegarias que los musulmanes desarrollan en las calles de Francia. Pero la mujer, de 42 años, no deja de crecer en los sondeos y ya está en el 14% para las presidenciales de 2012. Su no menos polémico padre había llegado el 10% en 2007.
En Rusia, que no pertenece a la Unión Europea, miles de hinchas mostraron su violencia frente al Kremlin al grito de “Rusia para los rusos”. Fue tal el clima que las autoridades decidieron acordonar la plaza para evitar mayores incidentes. “Los actos que buscan animar el odio racial, nacional o religioso son especialmente peligrosos” y “amenazan la estabilidad del Estado, pontificó el presidente Dimitri Medvédev.
“Nazismo bajo los muros del Kremlin”, tituló Novye Izvestia, opositor al gobierno. “La subcultura de los hinchas es xenófoba por naturaleza. Y hay que abordar seriamente ese problema, pero ni las autoridades del fútbol ni la fuerzas del orden quieren hacerlo”, señaló el Vedomosti, preocupado por la actuación de los barrabravas, de cara al mundial de 2018, que se llevará a cabo en Rusia. Los revoltosos rendían homenaje a un simpatizante del Spartak de Moscú muerto en un enfrentamiento con un hincha del Cáucaso, de religión musulmana.
Declaraciones como las de Marine Le Pen, el propio Sarkozy, Reid –el líder demócrata por Nevada– Mauricio Macri y muchos vecinos de Villa Soldati que se expresaron con total impunidad ante las cámaras contra otros miembros del género humano, merecieron el repudio de esa otra parte de la población que aspira a una vida en democracia y el respeto por el prójimo. Pero en Bolivia hubiesen merecido sanciones más contundentes de acuerdo a la Ley contra el Racismo y toda forma de discriminación, sancionada en octubre pasado. Por efecto de esa normativa, los medios que emitan mensajes de contenido xenófobo pueden ser multados e incluso se les puede quitar la licencia.
Pero claro, Bolivia no integra aún el Mercosur y esa ley fue criticada por las organizaciones que nuclean a los propietarios de medios como atentatoria de la libertad de prensa. Y fue votada por indios en el gobierno del país con más población indígena de América.

Tiempo Argentino, 18 de Diciembre de 2010

La inquietud del Gran Hermano

El 22 de enero de 1984, los Angeles Raiders le dieron una paliza fenomenal a los Washington Redskins en el Super Bowl XVIII, con un récord de 38 a 9 en la final por el trofeo de la NFL, la liga nacional de fútbol americano. Pero ese día figura en los anales de la comunicación por otro hecho relevante: en el descanso del tercer tiempo, mientras millones de televidentes apuraban una cerveza antes del último tramo del encuentro, un corto emitido por esa única vez impactó de un modo tan contundente que se convirtió en una de los 50 más importantes en la historia de la publicidad mundial.
Realizado por Ridley Scott, que venía de filmar la no menos impactante Blade Runner y otro ya clásico, Alien el octavo pasajero, el filme que emitieron en horario central se inspiraba en la alegoría futurista de George Orwell, 1984. El director británico haría más recientemente Gladiador y la última versión de Robin
Hood, y no suele recordar en su curriculum aquella pieza. Una lástima, porque es una joya visual.
En un minuto exacto, la película muestra a una joven con una maza que corre entre una multitud de personajes grises que, subyugados por una enorme pantalla, contemplan el discurso del Gran Hermano. La mujer, la única con vestimenta fuera de la convención apagada del entorno –ropa deportiva roja y blanca– lanza la primitiva herramienta sobre la pantalla, que estalla en mil pedazos. Al texto final del anuncio (puede verse en ), es también un clásico: “Apple Computer presentará Macintosh. Y usted verá por qué 1984 no será como 1984”.
La computadora personal ya era un artefacto conocido en la mayoría de las sociedades desarrolladas para esa época, de la mano de IBM. Pero era un instrumento sólo para iniciados. Lo que hizo Apple fue aplicar un desarrollo de Xerox, la interfase gráfica, y un mouse, lo que acercó la sofisticada tecnología al nivel de cualquier usuario. Como la chica que rompía la dependencia de tiranías mediáticas con algo tan simple como una maza, el aparato desarrollado por Steve Jobs y Steve Wozniak rompió definitivamente con el pasado y aportó las herramientas para una nueva revolución industrial.
Para diciembre de 1990, el inglés Tim Berners-Lee y el belga Robert Cailliau, del CERN, el laboratorio de física ubicado en Suiza, completaron el círculo de este cambio, cuando crearon un lenguaje estandarizado (el hipertexto) que permite conectar a computadoras lejanas utilizando la plataforma de la red militar desarrollada por los Estados Unidos en la Guerra Fría. La World Wide Web (la triple w) se fue constituyendo desde su presentación oficial, en 1993, en la mayor base de datos y de comunicaciones en la historia de la humanidad.
Desde entonces, algunos términos comenzaron a ser cotidianos, aun para gente que no está conectada a Internet y ni siquiera sabe manejar una computadora. Palabras como virtual, en contraposición a real, o hardware, complementario de software. Los cibernautas –otra palabrita reciente– mostraron desde sus comienzos una inventiva deslumbrante y, al estar en contacto con colegas y compinches de todo el planeta, potenciaron su perspicacia y una nueva forma de compartir información, inquietudes, programas y curiosidades.
También fueron compartiendo producciones artísticas y poniendo en cuestión incluso el derecho de propiedad intelectual (copyright) como opuesto al copyleft, el derecho a compartir libremente el fruto de la creación humana. A veces lo hicieron voluntariamente, otras, de un modo que linda con la ilegalidad, como es el caso de los hackers.
Todo este desarrollo coincidió, como no podía ser de otro modo, con un enorme crecimiento de las transacciones comerciales a través de la red de redes. Al punto de que en la actualidad, según la organización Internet World Stats, hay un total de cerca de 2000 millones de internautas (casi un 30% de la población mundial) y de acuerdo a la consultora Everis, se comercia en forma electrónica la friolera de 502.100 millones de dólares a nivel global.
Como ejemplo baste decir que, a la manera del tradicional Viernes Negro estadounidense, donde los negocios “reales” hacen sus ofertas de fin de año, el 29 de noviembre fue el Cyber Monday (Ciber lunes), para operaciones “virtuales”. En un día hubo transacciones por 1028 millones de dólares, lo que representa un crecimiento de 16% con respecto a lo obtenido el año pasado, reveló la consultora comScore.
Sobre esa base hay que entender el fenómeno de esta ciberguerra desatada en torno a WikiLeaks y el ahora detenido Julian Assange.
Porque Bradley Manning, el soldado acusado de haber puesto en circulación el monumental archivo de la Guerra de Irak y Afganistán, cumple por estos días 23 años. Es decir que nació con la Web. Y muchos de los integrantes de ese misterioso grupo Anonymous, que lanzó el plan de venganza contra los sitios que bloquean a WikiLeaks y sus fuentes de ingresos, no son mucho más grandes que el muchacho que está en prisión en Virginia y enfrenta un juicio que lo podría dejar 52 años entre rejas.
Es curioso que el escándalo mediático en torno a la difusión de documentos secretos se desatara con la catarata de cables diplomáticos y no cuando salieron a la luz los papeles secretos de las dos guerras que mantienen los Estados Unidos en Asia. Porque se trata de charlas de chismosas de barrio, en contraposición con las anteriores filtraciones, que prueban múltiples violaciones a los más elementales Derechos Humanos cometidos por tropas que ocupan Irak y Afganistán. A pesar de lo cual, desató una cacería sobre el mensajero y sus sponsors que repentinamente sacó de foco a los autores de aquellas tropelías.
Esta batalla en Internet, en efecto, representa una lucha por espacios que hasta ahora los países más desarrollados no habían declarado por el control de la información que circula por la red de redes. Y que comenzó con planteos de empresas productoras de discos y cine por el tráfico de copias de música y películas, costumbre que amenaza a algunas de las industrias que más facturan.
Por eso estos ciberataques los fogonean hackers y programadores, pero los pueden llevar adelante simples ciudadanos con una herramienta sencilla y hogareña como es el programita LOIC (Low Orbit Ion Cannon) para embestir contra sitios oficiales y de empresas que acorralan a Assange y cortan sus fuentes de ingresos.
“Las intenciones de Anonymous están muy claras –dice una proclama del grupo que encabeza la protesta por WikiLeaks–. Somos un pueblo en campaña por la libertad. Las intenciones de Anonymous residen en cambiar la forma en que los gobiernos del mundo y la gente en general ven en la actualidad la libertad de expresión en Internet.”
La guerra estaba declarada desde hace tiempo. Desde el momento en que esta tecnología se puso a mano de cualquier ciudadano. Y sin dudas el caso WikiLeaks habrá de cambiar las formas en que se difunden internamente archivos clave para la seguridad nacional. Lo que también amenaza la libertad de información, teniendo en cuenta que el nudo central de la red pasa por los Estados Unidos.
Pero en todo caso ya nació una generación que sabe que, más temprano que tarde, tiene en sus manos una fabulosa herramienta con la que combatir. Con la efectividad de la maza en el aviso de Ridley Scott.
Lo que no es fácil de percibir aún es cuáles serán las consecuencias.

Tiempo Argentino, 11 de Diciembre de 2010

La prisa de El País

Mientras El País de España se solazaba en varias tapas con la última catarata que derramó WikiLeaks, pasó inadvertido el cambio del control empresario del diario que representó como ninguno el modelo democrático en la península tras la muerte del dictador Francisco Franco. Como que desde ayer ofrece parte de su paquete accionario en la Bolsa de Nueva York y en unos días lo hará en la de Madrid, algo inédito en su historia.
Como se sabe, luego de un acuerdo reservado con Julian Assange, el matutino madrileño participó en el selecto club de los medios que pudieron hurgar en los cables originales y analizar con el gobierno de los EE UU qué dar a conocer y qué no de esa tanda de información de la diplomacia estadounidense. Ese grupo exquisito está conformado por The New York Times, el británico The Guardian, el francés Le Monde y la alemana Der Spiegel.
La propietaria del periódico español, Prisa (Promotora de Informaciones SA), enfrenta deudas cercanas a los 5 mil millones de euros, luego de haberse expandido en los ’90 a 22 países para convertirse en el multimedios más grande de “habla española y portuguesa”, como se promociona. A partir de su nave insignia, El País ostenta algunas marcas líderes como Santillana, Alfaguara, Aguilar, y no piensa detenerse. No por nada aspira a aprovechar todas las ventajas que puede ofrecer “un mercado global de más de 700 millones de personas”, como asegura.
Ya había anunciado a fines de abril que se había desprendido de algunas de sus subsidiarias e incluso del edificio donde tiene su redacción, en pleno centro de Madrid. También que había llegado a un acuerdo con un grupo inversor estadounidense que haría un aporte sustancial para calmar a los bancos acreedores, a cambio de quedarse con la mayoría de las acciones.
Milagrosamente pues, los archivos de WikiLeaks le cayeron como anillo al dedo para que esta nueva etapa empresaria cuente con los mejores auspicios. Es que el nivel de exposición mediática que encontró durante la última semana, y sobre todo el hecho de haber sido uno de los cinco “elegidos” de Assange, lo convierten en una joya difícil de resistir para un inversor medianamente despierto.
Tal vez en este contexto se comprenda mejor por qué gran parte de las últimas portadas de El País hicieran hincapié en lo que piensa Washington sobre los gobiernos latinoamericanos y en especial el argentino, donde Prisa tiene intereses concretos, y por lo tanto le caben las generales de la Ley… de Medios.
No se sabe por qué los “elegidos” decidieron el domingo para lanzar el vendaval WikiLeaks. Pero también en forma oportuna, un día antes, Prisa anunciaba la conformación del nuevo Consejo de Administración, donde se refleja el cambio en el equilibrio económico interno. El flamante mandamás, el fondo de inversiones Liberty Acquisition Holdings, aporta 650 millones de euros y, por una compleja ingeniería financiera, se disuelve en Prisa para vender luego el 70% del paquete en la Bolsa, con lo que en teoría el control del grupo seguiría en manos de la familia Polanco, fundadora del diario.
Lo interesante es ver quiénes son los nuevos consejeros. Las estrellas son, dinero mediante, los titulares del fondo Liberty, los archimillonarios Nicolas Berggruen y Martin E. Franklin. Nacido en París el primero, a los 49 años se jacta de no tener vivienda propia y de residir en hoteles porque es más práctico. Pero atesora 2mil millones de dólares en activos y obras de arte. Londinense, su socio es un hombre de negocios que gusta de los deportes de riesgo, no bebe, no fuma y piensa que Prisa es un excelente negocio, pero “si dentro de un año existe la necesidad urgente de vender” no tendría dudas en hacerlo.
Los expertos dicen que el verdadero alma mater de Liberty, enigmático conglomerado de inversores con sede en el paraíso fiscal estadounidense de Delaware es Paul B. Guenther, un afiliado al Partido Demócrata con fuerte llegada –y aportes de campaña– a Hillary Clinton, relacionado además con The New York Times.
Entre los nuevos integrantes del Consejo de Administración, , aparece nada menos que el ex presidente de México, Ernesto Zedillo Ponce de León. Llegado al poder en 1994, luego del asesinato del candidato natural del PRI, Luis Donaldo Colosio, Zedillo es conocido como un tecnócrata de fuerte impronta neoliberal.
Durante su gestión se produjo el Efecto Tequila, crisis que calmó luego de recibir millonarios créditos de los EE UU y un cambio en los paradigmas de la economía mexicana. No se le pueden achacar todos los errores de su partido en 70 años, pero el hecho es que fue el último “cartucho” del PRI y dejó el poder en 2000 en manos del ex Coca-Cola Vicente Fox. La incorporación de Zedillo a Prisa podría explicarse, según los analistas, en su amistad con el ex presidente de gobierno español Felipe González.
Otro destacado miembro de la nueva cúpula es Alain Minc. En la web corporativa lo mencionan como un escritor francés que presidió el Consejo de Vigilancia de Le Monde, otro de los “elegidos” wiki. Prisa tiene un 15% del diario francés, ingreso que facilitó precisamente Minc, y aspira a más, según se desprende del plan de negocios presentado hace un par de meses. Minc fue condenado a pagar una importante multa en noviembre de 2001 por un tribunal de París, tras haber sido encontrado culpable de plagiar una biografía novelada del filósofo holandés Baruch Spinoza.
También son consejeros Harry Sloan, con fuertes inversiones en el negocio mediático de Europa, aunque nacido en los Estados Unidos, donde llegó a ser vicepresidente de la Metro Goldwyn Mayer hasta el año pasado. Emmanuel Roman, otro destacado en la nueva Prisa, fue directivo durante 18 años en Goldman Sachs, la banca inversora que en la Argentina tiene parte de las acciones del Grupo Clarín. Junto con ellos estará otro banquero, el mexicano Juan Arena, quien fuera presidente de Bankinter, el sexto en importancia en España, que pertenece al Santander, y en marzo pasado fue condenado a devolver a algunos clientes las pérdidas generadas por su recomendación de invertir en el quebrado Lehman Brothers.
“El consejo se completa con Ignacio Polanco, Juan Luis Cebrián, Matías Cortés, Diego Hidalgo, Gregorio Marañón, Agnès Noguera, Borja Pérez Arauna y Manuel Polanco”, dice la información oficial.
Según declaró Ignacio Polanco, el presidente de Prisa, “las diferencias en nacionalidad, formación y antigüedad en el Consejo permiten al nuevo órgano de gobierno valorar las condiciones más adecuadas para dirigir a Prisa hacia la internacionalización, pluralidad y globalidad que los mercados requieren”.
El impacto de WikiLeaks seguramente le dará la razón en esta etapa de oferta neoyorquina, porque en todo el mundo se habló de El País. Y el diario se encargó durante toda esta semanita de mostrarles a sus inversores cómo se posiciona en la región.

Tiempo Argentino, 4 de Diciembre de 2010

Una visita guiada a la página web de los pequeños espías

Con juegos online, puzzles, trivias, y lecciones de encriptado y desencriptado de información se acercan a alumnos y docentes de todas las edades a la agencia de espionaje estadounidense.
El ingreso al reservado staff de la principal agencia de espías del planeta, la CIA, se manejó tradicionalmente por carriles más bien recónditos. Como corresponde a una organización que tiene como función proteger los intereses del imperio en el exterior. La sagacidad de los seleccionadores, en todo caso, permitió detectar a los candidatos cuando comenzaban a destacarse en alguna actividad social o política y llevarlos para su coleto con diferentes tipos de dádivas, la contratación directa o incluso la amenaza. La novedad, desde que se popularizó el uso de la web –al fin y al cabo un invento militar estadounidense– es que la CIA intenta reclutar para sus filas a los niños, con tentaciones que están de acuerdo a la edad de los pequeños aspirantes.
Así, hay oferta de juegos y rompecabezas (se trata de puzzles, no de violencia física, al menos en esta instancia) hasta clases de encriptación y desencriptación de mensajes. Visita. Además, por si hiciera falta alguna promesa adicional para los indecisos, existe una visita virtual al museo de armas no convencionales tipo James Bond y se muestran los agentes encubiertos del mundo animal: palomas mensajeras y perros adiestrados para detectar todo tipo de explosivos, venenos, drogas y los mayores etcéteras. Perros de policía secreta, por supuesto.
Es bueno destacar que la agencia hace una invitación cabal a formar parte de la cruzada que desarrollan “muchos analistas, doctores, científicos, abogados o bibliotecarios que tienen como función principal ayudar a los líderes americanos a tomar siempre la decisión correcta y a trabajar por la seguridad de la nación americana”.
Menú. Una recorrida por la página en cuestión (www.cia.gov) permite observar sobre el menú ubicado en el costado izquierdo una opción que dice Kid‘s Page. Una vez desplegado, el menú expone sus distintas versiones, para párvulos de hasta 5º grado, para la franja de 6º a 12º grado, para padres y docentes, un sector de juegos, links para ingresar en otras páginas para niños del resto de las agencias de espionaje de Estados Unidos, y toda esa gama de promociones normales en cualquier web comercial. Lo más sustancioso, de todas maneras, está en el recorrido por cada uno de los sectores hasta ahora descriptos.
Conviene munirse entonces de un diccionario inglés para los que se le animan al idioma de Maxwell Smart, o recurrir a alguien con algo de conocimiento para los menos avezados. No serán defraudados. Seguridad. “Seguramente has oído de la Agencia Central de Inteligencia”, les dice a los menorcitos, para explicar luego a qué se dedican los espías: “La gente de la CIA hace un importante trabajo. Ellos ayudan a mantener seguro a nuestro país. Dan información a nuestros líderes para que puedan tomar buenas decisiones. Y ellos sienten orgullo por su importante trabajo”. “Mira nuestras páginas y nos conocerás. Si miras con detenimiento, te puedes convertir en un experto en la CIA. Y también tenemos algunas historias cómicas y juegos para ti.” En este sector es que se cuentan historias de los héroes de la división K-9 (se pronuncia kei nains, o sea, caninos).
Entre ellos destacan Arno, Bonja, Ogden y tantos otros que parecen haber cubierto la cuota de patriotismo necesaria como pasar a la fama cibernética. En ese mismo apartado para menores de 5º grado se destaca también la historia de Aerial, una paloma descendiente, asegura, de un palomo bávaro que en la década del ’40 intervino tomando fotos aéreas luego de la creación de la agencia. Secundarios. “Si estás en la escuela secundaria y ya has pensado en una carrera en la CIA –dice la sección para alumnos de hasta 12º grado–, concéntrate en mejorar tus destrezas comunicacionales”. Aclara que se refiere a destrezas en la escritura y en lo oral, con más detalle en el uso de idiomas extranjeros.
Más específicos, teniendo en cuenta que se refieren a estudiantes secundarios, la CIA detalla la forma de acercarse a las oficinas para plegarse a la patriada imperial. Navegando las opciones de este tramo se puede recorrer el museo de la CIA donde pululan armas que envidiaría Bond, por lo menos, y que demuestran que probablemente el creador del superagente 86 se quedó corto en imaginar artilugios bélicos. Entre ellos destaca el UUV (Vehículo Subacuático No Tripulado, en su traducción castellana) que es una especie de bagre mecánico que cuenta con todo tipo de elementos para espiar, sabotear y destruir al enemigo; también se pueden observar microcámaras y minipistolas a granel y también palomas artificiales que cumplen el mismo objetivo.
Teachers. Es bastante jugosa también el área destinada a docentes y padres. Acá se ofrecen, por ejemplo, elementos para armar distintas clases de espionaje para alumnos de diferentes edades. Así, por ejemplo, se puede hacer una clase livianita que explique a los educandos la utilidad de la inteligencia en la guerra (aunque suene a oxímoron, como diría Groucho Marx), con detalles de incidentes resueltos por espías a lo largo de la historia norteamericana. Como para sopesar el talante de la propuesta de CIA Kid’s, es bueno recorrer una clase algo más sesuda, que se propone enseñar a recoger y analizar información.
Clase magistral. “Para comenzar la lección –explica el texto– el profesor repartirá fotocopias del Ciclo de Inteligencia”. Se trata de un material en que se explica en términos sencillos los cinco pasos necesarios en el proceso para culminar un buen trabajo de espionaje:
Planificación y Dirección, Colección, Tratamiento, Análisis y Producción, y Diseminación. “Después –continúa la instrucción– el profesor debería pedir a estudiantes escoger a un padre o el abuelo que ellos pueden entrevistar antes de la siguiente clase y escribir tres párrafos que comparan la vida corriente cotidiana del estudiante con la vida de su sujeto en la misma edad. Para decidir qué preguntas pedir para ver las diferencias de la vida del estudiante con la de su entrevistado en el mismo punto, el profesor debería dividir la clase en pequeños grupos. Los estudiantes pueden constituir una lista de preguntas para juntar la mejor información. Después de unos minutos, cada grupo debería compartir sus mejores preguntas con la clase”.
Parientes. Además de las preguntas que los estudiantes elaboran, insiste el manual docente de CIA para niños, “el profesor puede proveer a los estudiantes de algunas preguntas de entrevista para lograr un mejor objetivo”. En la siguiente clase, el profesor debería dividir nuevamente la clase en pequeños grupos y hacer que los estudiantes comparen sus conclusiones entre ellos y luego confeccionar un informe de grupos para toda la clase. “Pida a estudiantes hablar del proceso de información creciente y del análisis de los datos –recomienda la agencia–. ¿Qué habrían hecho ellos de manera diferente? ¿Lo que deberían haber preguntado, o qué preguntas adicionales faltaron? ¿Qué han aprendido ellos sobre sus vidas cotidianas contra su sujeto?”
Códigos. También hay lecciones de encriptado y desencriptado y acerca de la importancia de que la comunicación sea exacta, para no equivocar la decisión en función de un mensaje mal transmitido por cualquier causa. Este tramo puede estar acompañado por juegos que se agregan en la misma página, donde se pueden armar mensajes en clave o detectar la clave con que podrían haber sido confeccionados distintos mensajes. Luego de tan sustanciosas lecciones, entonces, el navegante web puede descansar algo sumergiéndose en el área de juegos, Allí se puede encontrar desde rompecabezas para armar el logo de la CIA en dos opciones, easy o hard, o analizar fotos aéreas de una ciudad.
En necesario reconocer acá que resulta muy interesante el planteo, que consiste en deducir a qué hora del día corresponde la toma fotográfica, a qué mes del año, a que profesión pueden pertenecer los diferentes personajes que aparecen. También se puede ver otro juego en que se deben descubrir imágenes encubiertas en otras fotos cotidianas de una ciudad cualquiera. Es similar al Juego de las 7 diferencias”, con la particularidad de que cada escena describe una situación de espionaje o una posible amenaza. En definitiva, los niños pueden recorrer estas bonitas páginas para divertirse y probar su interés en servir a la bandera de las barras y las estrellas. Y a los no tan chicos a jugar a ser espías por un rato. Si es que no los intranquiliza el antecedente de lo que es y lo que representa la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos.