Seleccionar página

Economías de guerra

A menos de dos meses de las elecciones legislativas, el presidente Barack Obama parece haber tomado conciencia de que, si no patea el hormiguero, las va a tener difíciles con los republicanos en noviembre.

«La guerra es padre de todos, el rey de todos”, decía Heráclito de Éfeso, según la mejor traducción de una de las pocas frases que se conservan de aquel misterioso filósofo presocrático que, a casi 25 siglos de su muerte, todavía cautiva a los jóvenes estudiantes de periodismo.
A menos de dos meses de las elecciones legislativas, el presidente Barack Obama parece haber tomado conciencia de que, si no patea el hormiguero, las va a tener difíciles con los republicanos, que vienen montándose en un discurso sinuoso y muy inclinado a la derecha, pero contundente detrás de errores, inconsistencias y limitaciones de su gestión.
Por supuesto que siempre es más fácil ser opositor, porque desde la vereda de enfrente basta contar costillas ajenas para encontrar audiencia. No por eso deben minimizarse gruesas fallas de los demócratas en esta primera parte del mandato de un presidente no blanco en la historia estadounidense. Porque justamente el principal déficit, de cara a la ciudadanía, pasa por la cuestión económica.
Tiene razón Obama en culpar a su antecesor George W. Bush y a los republicanos en general por la formación de la crisis y sus consecuencias actuales. Pero en política no basta con tener razón. También se necesita que los votantes estén de acuerdo con esa versión de los hechos.
Ese es uno de los motivos para que el inquilino de la Casa Blanca se haya puesto la ropa de candidato, y con la camisa arremangada (como correspondía al ámbito) diera un discurso de corte populista en Milwaukee, ante trabajadores y sindicalistas sorprendidos.
El Premio Nobel Paul Krugman, en su habitual columna para The New York Times y un sinfín de diarios internacionales, comentó entonces que este momento político podría ser asimilado al año 1938 de Franklin Roosevelt. Para el economista, el presidente Obama repitió el error que ya había cometido Roosevelt en 1937, “cuando retiró demasiado pronto los estímulos fiscales”. Y recalcó que en 2009 el gobierno federal alentó el crecimiento para salir de la crisis, pero que al dejar de lado demasiado pronto esa política, el país volvió a estancarse ni bien los actores económicos notaron que el viento de Washington dejaba de soplar. Por lo tanto, aplaudió este regreso a las fuentes keynesianas.
En aquel 1938, también de año de elecciones legislativas, habían prosperado cuestionamientos contra el New Deal y se generó un consenso importante como para sostener medidas en sentido contrario, a pesar de que ese acuerdo social había sacado a la Nación de una crisis terminal. Algunos biógrafos de Roosevelt –el único presidente reelecto cuatro veces en la historia de ese país– señalan que la decisión de volver a los estímulos económicos se basó en la evaluación de que la guerra europea era inminente. Y la guerra, padre de todas las cosas, fue “un arrebato de gasto gubernamental financiado con déficit, a una escala que en otras circunstancias jamás se habría aprobado. En el transcurso de la guerra, el gobierno federal pidió prestada una cantidad equivalente a aproximadamente el doble del valor de PBI en 1940”, explica Krugman.
No lo dice el Nobel, por políticamente incorrecto, pero también la economía de guerra había logrado terminar con la depresión y el estancamiento en la Alemania nazi, en el Japón, en Italia y en general en el resto de Europa, que encontró en la salida militar la forma de activar las economías sin sentir las culpas por los déficits presupuestarios y las críticas de los teóricos monetaristas.
Por estos días, Obama anunció un plan de construcción de infraestructuras ferroviarias y viales por 50 mil millones de dólares, un programa de incentivos fiscales por 100 mil millones a empresas que inviertan en investigación y desarrollo, otra tanda de beneficios impositivos para compañías que lo hagan en nuevos equipamientos y recortes en beneficios a los más ricos.
La semana estuvo cruzada por la amenaza de un cazador de spots televisivos, Terry Jones, el pastor radical de Florida que prometió quemar ejemplares del libro sagrado musulmán como un provocativo homenaje a las víctimas de los atentados a las Torres Gemelas, de los que hoy se cumplen 9 años. Jones se convirtió, con ese gesto amenazante, en la expresión pública de miles y miles de fanáticos en los Estados Unidos que manifestaron su rechazo a la construcción de una mezquita cerca del Ground Zero, el hueco que dejaron los edificios destruidos ese 11-S. Que alimentan el deseo de un combate final contra el Islam.
Luego de una alarma internacional por las presumibles repercusiones y dramáticas respuestas ante la incendiaria manifestación de intolerancia religiosa, y después de llamadas y presiones del gobierno federal, Terry decidió que era hora de guardar los fósforos, al menos por esta vez. Para los que lo tildaron de “cobarde”, dijo que le habían jurado que no se construiría el edificio sagrado en una zona no menos sagrada para el orgullo estadounidense, y que con eso se daba por satisfecho.
Esta noticia, en otro contexto, no pasaría de una boutade, una anécdota sin relevancia periodística. No más de un recuadrito mínimo en alguna columna de Breves, que sin embargo recibió una amplia cobertura en la gran mayoría de los medios de todo el mundo por sus implicaciones, aunque planteó cuestiones éticas para el periodismo. La agencia AP y la cadena Fox, de la derecha yanki, propiedad del magnate australiano Rupert Murdoch, por ejemplo, dijeron que si la quema se produjera no difundirían imágenes, para no hacerse eco de una provocación innecesaria.
En contraposición, a pocos días de que las últimas tropas de combate cruzaran la frontera de Irak, se conoció también un nuevo escándalo que involucra a efectivos militares estadounidenses, esta vez en Afganistán, aunque la noticia no recibió la misma difusión masiva que la posible quema del Corán. Y eso que se trata de un escándalo que no por repetido debe ser escamoteado. Según la información difundida por una revista que circula entre familiares de soldados estadounidenses, Army Times, un grupo de militares había armado un equipo que se dedicaba a matar civiles, a los que hacían pasar por talibanes, y que luego se quedaban con partes de los cuerpos como trofeos de guerra.
Si es verdad que, como decía el viejo Heráclito, la guerra es padre de todos, y que, “a unos ha acreditado como dioses, a otros como hombres; a unos ha hecho esclavos, a otros libres”, es posible que el estadounidense promedio y los académicos conservadores, para aceptar medidas de reanimación económica, necesiten de una guerra que logre unificar a toda la sociedad detrás del esfuerzo bélico, como ocurrió en los años cuarenta.
Pero desde Vietnam a esta parte, cada nueva incursión de tropas estadounidenses no deja más que un reguero de atrocidades, desde la masacre de la aldea de My Lay, en 1968, hasta las cárceles de Abu Ghraib y Guantánamo, pasando por otros “daños colaterales” registrados en estos años. Tal vez sea buen momento, entonces, para que la gran guerra, el padre de todos los combates, no consista en recurrir a la épica para poner en marcha las economías, sino en aplicar las energías de la sociedad en construir una ética. Una ética de justicia y de igualdad social.

Tiempo Argentino, 11 de Septiembre de 2010

El enemigo que viene de afuera

Los gestos de racismo son cada vez más evidentes en ese conglomerado de naciones que, aún en tiempos de vacas flacas, necesita de la inmigración para contrarrestar su baja tasa de natalidad y su necesidad de mano de obra barata.

La decisión del gobierno de Nicolás Sarkozy de expulsar de Francia a los gitanos no fue más que el último eslabón de una cadena que se había iniciado con el debate por el uso del velo islámico en los colegios, en 2004, y tuvo un fuerte impulso el año pasado, con una campaña implementada desde el gobierno para que los ciudadanos determinen cómo es la identidad francesa. Extraña iniciativa en manos de un presidente con apellido tan poco francés, hijo de un aristócrata húngaro exiliado.
Ya en ese momento, las voces más sensatas de la sociedad gala advertían sobre el peligro de una escalada racista en un país que ya tiene el 13% de la población de inmigrantes, algo fácil de advertir en los equipos nacionales de fútbol. Pero a fines de julio Sarkozy, que venía en picada en los sondeos de popularidad, decidió deportar a gens du voyage, comunidades nómades, muchas de ellas de origen gitano, pero con un 95% de nativos franceses. Los que figuran como extranjeros, rumanos o búlgaros, son sin embargo ciudadanos de la Unión Europea (UE), lo que los habilita para entrar y salir sin problemas de Francia, de donde en teoría sólo pueden ser echados si cometen delitos.
La experiencia indica que, en momentos de crisis, suele ser más fácil encontrar enemigos entre los diferentes que buscar razones en raíces más profundas relacionadas con un sistema básicamente injusto. De este modo, a medida que en Europa se extendió el riesgo de debacle económica, fueron apareciendo expresiones de rechazo hacia emigrantes de todos los rincones del mundo. Lo padecieron incluso miles de argentinos y latinoamericanos en la madre patria.
Los gestos de racismo son cada vez más evidentes en ese conglomerado de naciones que, aún en tiempos de vacas flacas, necesita de la inmigración para contrarrestar su baja tasa de natalidad y su necesidad de mano de obra barata. En primer lugar para realizar las tareas que los oriundos no harían ni por todo el oro del mundo y, además, para competir con la industria china.
El caso es que, tras las primeras repatriaciones de gitanos, se alzaron voces críticas en el mismo seno de un continente con un pasado nefasto en cuestiones raciales. A las marchas como la coordinada para hoy en Bruselas por la Red Europea contra el Racismo (ENAR) que representa a más de 700 ONG que luchan contra la discriminación en la UE, se suman partidos políticos, en su mayoría del centro hacia la izquierda, que convocan al mismo tiempo a la movilización en Francia.
El martes, el Parlamento europeo debatirá el tema en una sesión extraordinaria. La institución comunitaria, se hizo eco de voces como las del socialdemócrata rumano Ioan Enciu, quien pidió actuar ante lo que calificó de “deportaciones masivas”, y la también socialdemócrata española Carmen Romero López, quien denunció violaciones de los derechos fundamentales de ese pueblo milenario, y señaló que Francia “no hace una revisión de caso por caso antes de la repatriación, a pesar de la exigencia legal”.
Pero la Comisión Europea –el órgano ejecutivo del Parlamento- no quiso todavía echar culpas sobre el gobierno de Sarkozy. “Necesitamos más información”, coincidieron la directora general de la sección de derechos fundamentales, la francesa Françoise Le Bail, y la comisaria de Justicia de la UE , Viviane Reding.
Varios hechos registrados en estos días, sin embargo, deberían ser un aviso de que es necesario fijar desde las instituciones políticas posiciones más contundentes. De esto se hacen eco las ONG antirracistas, que meten el dedo en la llaga al recordar el caso del hombre que en Bratislava, la capital eslovaca, disparó contra una familia gitana y mató a siete personas para luego, según la información oficial, acabar con su propia vida. Para los voceros policiales fue un simple desquiciado que discutió con un vecino. Para la ENAR, el hombre en cierto modo también fue una víctima, pero “de un clima” en que se crean “estereotipos negativos” dirigidos contra las minorías étnicas en toda Europa.
Por estos días, en Alemania, un miembro del consejo directivo del Bundesbank, el Banco Central germano, desató un escándalo al presentar un libro, Alemania se disuelve, en el que echa pestes sobre los inmigrantes turcos y el riesgo que, según él, entraña el islamismo para la civilización occidental. Otro caso que podría encuadrarse como de travestismo racial, dado el apellido tan poco alemán del autor, Thilo Sarrazin, sin dudas originario de Oriente –como sugiere el término sarraceno– con el que la mayoría de las lenguas europeas identifican a los árabes desde la Edad Media.
No es que al banquero racista, con un frondoso curriculum como economista doctorado en la universidad de Bonn, se le haya soltado el lazo, porque ya había sido amonestado varias veces por su ímpetu intolerante. Pero ahora, como bien señaló el vicepresidente del Consejo Central de los Judíos en Alemania, Dieter Graumann, “definitivamente ha sobrepasado la línea roja.” El presidente alemán, Christian Wulff, analiza por estas horas el pedido de la comisión directiva del banco de exonerar a Sarrazin. Pero su prédica tiene seguidores.
En Holanda, una figura controvertida como la de Geert Wilders también despierta temores por su extremismo racial. Creador del Partido para la Libertad (PVV), propugna ponerle límites a la inmigración de países musulmanes, la prohibición del velo, el recorte de ayuda a los ciudadanos islámicos y el cierre de mezquitas. No hace falta recorrer muchos kilómetros para encontrar más muestras de “incomodidad” ante el extraño, el diferente. Incluso entre simpatizantes de corrientes políticas de mayor contenido social. Hace pocos días, en Buenos Aires, el presidente del partido de la independentista Esquerra Republicana de Catalunya manifestaba su preocupación ante Tiempo Argentino, porque en pocos años el 15% de la población en esa región española será musulmana.
La inquietud, como en el resto de Europa, pasa por las manifestaciones más evidentes, desde el uso de la burka y la construcción de mezquitas, hasta los cambios que registran en las costumbres, muchas de ellas nacidas, paradójicamente, al calor de la ocupación de la mayor parte del territorio peninsular durante ocho siglos, hasta 1492.
Una intranquilidad similar muestran en los Estados Unidos los grupos más radicalizados de la derecha, que intentan trabar la construcción de una mezquita cerca del Ground Zero, el hueco que dejó la caída de las torres gemelas. Son los mismos sectores que “acusan” al presidente Barack Obama de ser musulmán.
Muchos de ellos estuvieron en el mitín de la semana pasada en Washington, organizado por el también controvertido Glenn Beck junto con la ex candidata a vicepresidenta republicana, Sarah Palin. El mediático presentador de la cadena Fox, convertido en emblema del movimiento ultraconservador Tea Party, aseguró que el encuentro se proponía “restaurar el honor” en los Estados Unidos y que no tenía nada de racismo. Como prueba, llevaron a Alveda Celeste King, sobrina del legendario pastor bautista Martin Luther King. Sucede que en ese mismo lugar, exactamente 47 años antes, el líder religioso había dado su famoso discurso Tengo un sueño. Casualidades, dijo Beck con cara de asombro, como si fuera un personaje de Peter Capusotto.
Lo preocupante es que Beck y Palin juntaron 400 mil personas frente al Lincoln Memorial, y que más de un millón y medio de holandeses –el 10% de la población– votaron en junio a Geert Wilders, colocando a su partido en el tercer lugar en el Parlamento local. Además, el 48% de los franceses está de acuerdo con la expulsión de los gitanos, según un estudio realizado por la empresa Csa. Y de acuerdo a un sondeo del Instituto Emnid, de Alemania, el 51% de los consultados piensa que Sarrazin debe conservar su cargo.

Tiempo Argentino, 4 de Septiembre de 2010

La furia de los elementos

Nunca en la historia de la humanidad hubo semejante desarrollo tecnológico, ni tanta devastación ambiental. Nunca hubo tanto progreso intelectual, ni desprejuicio en la explotación de la tierra y de sus habitantes.

El 2 de mayo de 1999, en Pizotla, un pueblito del estado mexicano de Guerrero, tropas del Ejército detuvieron a Rodolfo Montiel y Teodoro Cabrera, dirigentes agrarios que meses antes habían fundado la Organización de Campesinos Ecologistas de la Sierra de Petetlán y Coyuca de Catalán (Ocesp), una zona a más de 3000 metros sobre el nivel del mar, con imponentes bosques y mucha pobreza.
Montiel, Cabrera y muchos otros campesinos vieron amenazada su existencia por la tala indiscriminada iniciada por empresas locales y multinacionales, y organizaron un paro. Se habían convertido en un problema a eliminar. Presos sin orden judicial, luego de unos días les hicieron firmar confesiones de que eran cultivadores de marihuana, que tenían relaciones con grupos guerrilleros y que estaban relacionados con el crimen de un cacique. Los dos eran analfabetos. El caso trascendió cuando Amnistía Internacional los declaró presos de conciencia. Dos años más tarde, el gobierno de Vicente Fox los liberó por “incompatibilidad del encierro con su estado de salud y condición física”, pero debieron exiliarse y cruzaron la frontera hacia los Estados Unidos.
Montiel expuso ayer su caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con sede en Costa Rica, donde no pidió leyes para proteger el medio ambiente, sino para controlar las actividades del ejército mexicano. Quieren volver a su país donde, se sabe, mantenerse con vida se hace difícil, como lo prueban cada día las crónicas policiales.
Mientras tanto, los medios de todo el mundo se conmovieron cuando los rescatistas trabaron contacto con 33 mineros que permanecen atrapados desde el 5 de agosto, en una mina de la región de Atacama. Deberán esperar hasta fin de año para volver a la superficie. El ministro chileno de Salud, que seguramente nunca bajó hasta los 700 metros de profundidad, declaró que “ellos entendieron” la situación. Distinto fue el tono que se escuchó cuando los trabajadores hablaron por teléfono con el presidente Sebastián Piñera: “Bajo un mar de rocas, estamos esperando que todo Chile haga fuerza para que nos puedan sacar de este infierno”, dijo Luis Urzúa.
Nunca en la historia de la humanidad hubo semejante desarrollo tecnológico, pero tampoco tanta devastación ambiental. Nunca hubo tanto progreso intelectual ni desprejuicio en la explotación de la tierra y de sus habitantes. Nunca antes, los cuatro elementos –agua, tierra, aire, fuego– habían dado tantas muestras de estar cada vez más cerca del colapso.
Algo de esto se percibió en el fabuloso embotellamiento registrado en la autopista que une Pekín con el norte de China, donde por 11 días, miles de vehículos quedaron atascados a lo largo de 100 kilómetros de un modo que sólo Julio Cortázar pudo haber imaginado. La cuestión sería determinar cuál fue la razón de semejante trabazón: para las autoridades, todo comenzó cuando se decidió repavimentar parte de la capa asfáltica de la autovía.
La explicación de los cientos de choferes de camión atascados fue radicalmente diferente. El carbón representa el 70% de la energía que mueve el impresionante coloso chino. Hasta no hace mucho, el mineral se obtenía en la provincia de Shanxi. Pero eran explotaciones tan precarias que llegaron a provocar unas 1600 muertes en un año por desmoronamientos, explosiones o incendios. Ahora se explotan las minas de la lejana región de Mongolia Interior.
Los camioneros dicen que prefieren llegar a la capital a través de la Autopista 110, que en algunos tramos tiene un sólo carril, porque hay menos controles y no se ven obligados a sobornar a los policías para que no les secuestre la carga. Como dato anecdótico, durante el embotellamiento prosperó, inesperadamente, la economía del lugar: a lo largo de esos 100 kilómetros surgieron kioscos donde se vendían alimentos, medicamentos, ropa y revistas.
A medida que fueron pasando los días y el tedio se hacía más insoportable –otro verdadero infierno en superficie– se armaron partidas de naipes, y músicos locales y bailarinas mostraron sus virtudes al aburrido público. Algo similar está ocurriendo en el poblado de Atacama, donde cientos de periodistas de todo el mundo llevaron un oasis de prosperidad momentánea a los vecinos, para nada habituados a tanto visitante con recursos económicos merodeando por la zona.
Mientras tanto, en Pakistán, 20 millones de personas –la mitad de la población argentina– resultaron afectadas por los ríos desmadrados, que causaron el mayor desastre ambiental en la historia de ese país. La ONU lanzó varias peticiones de ayuda urgente. La cantidad de muertos supera los 1600 y, todavía ayer, las autoridades ordenaron la evacuación de 400 mil habitantes de tres ciudades sureñas, en el Valle del Indo.
Al menos 253.500 personas fueron simultáneamente evacuadas en la provincia de Liaoning, en el noreste de China, por el desborde del Río Yalu, frontera natural con Corea del Norte. Las lluvias torrenciales provocaron una subida inusitada del curso de agua, que derrumbó un dique de contención y arrasó centenares de viviendas. Algo más al sur, Nueva Delhi decretó el estado de alerta por las precipitaciones extremas que elevaron el Río Jamuna a niveles dramáticos. En el área urbana de la capital india viven cerca de 20 millones de personas. Las lluvias torrenciales también causaron 21 muertos en Afganistán, 8 en Turquía y 28 en la más lejana Nicaragua.
El otro elemento, el fuego, destruyó millones de hectáreas de bosque en Rusia y hasta amenazó plantas nucleares, arrasó cultivos y puso en riesgo a millones de vidas. El daño podría haber sido “de tres a diez veces mayor” que lo indicado por las autoridades de ese país, según evaluó Greenpeace en Moscú. Para la ONG, las llamas afectaron al menos 12 millones de hectáreas, y provocaron perdidas por unos 255 mil millones de dólares, cifra equivalente a los gastos presupuestarios anuales de Rusia.
Pero no es el único lugar de riesgo. Más de 30 mil incendios se registran en todo Brasil, especialmente en la región amazónica. Algunos focos están cerca del Palacio del Planalto, la casa de gobierno brasileña, según indicó un vocero del Instituto Brasileño del Medio Ambiente a la agencia italiana Ansa. “Los productores queman indiscriminadamente para abrir nuevas explotaciones agrícolas, el fuego es más barato que usar maquinaria, se economiza en tractores, pero con un gran costo ambiental”, señaló el especialista.
Las mismas razones se invocan para explicar los incendios que se registran en Bolivia, donde, como cada año, se produce el “chaqueo”, la quema de rastrojos y zonas boscosas para ampliar las áreas de cultivo. Allí, el director general de Gestión y Desarrollo Forestal boliviano, Weimar Becerra, sostuvo que se necesitarán unos 200 millones de dólares para reforestar las zonas arrasadas por el fuego. “Los latinos tienen un 83,3% más de probabilidades de estar expuestos a contaminación industrial que un estadounidense promedio”, dice un estudio de la Universidad de California en Irving. La explicación es que “son inmigrantes con poco o ningún conocimiento del inglés, con lo que quedan al margen de información crucial para protegerse”. Además, no están en condiciones de elegir mucho, aunque entiendan el idioma.
Hace cinco años, el 29 de agosto de 2005, el huracán Katrina destruyó el 80% de la ciudad de Nueva Orleans. Los fuertes vientos y la tormenta provocaron la ruptura de los diques de contención, 1800 personas murieron y 134 mil viviendas terminaron destruidas, entre la población pobre de la capital del jazz.
Felipe Arriaga era otro campesino de la Sierra de Petatlán. Al igual que Montiel, había sido detenido en forma ilegal por un crimen que no había cometido, y fue finalmente liberado por la presión internacional. Recibió en 2005 el Premio Chico Mendes, del Sierra Club, la organización ambientalista más antigua de los EE UU. En septiembre de 2009, una combi lo atropelló cuando iba a cruzar una ruta. Murió pocas horas después. El conductor del vehículo huyó.
Chico Mendes es aquel trabajador de las plantaciones de caucho que luchó contra la deforestación del Matto Grosso. “No firmen nada”, les decía Chico a los seringueiros, cuando eran presionados por los hacendados, para comprarles los terrenos. “Esta tierra es de ustedes. Cuando la transforman en dinero, pierden la posibilidad de sobrevivir. La tierra es la vida.” Mendes recibió el Premio Global 500 de la ONU, en 1987. Fue asesinado por dos fazendeiros el 22 de diciembre de 1988.
Como los campesinos mexicanos, los brasileños son gente sin instrucción. Pero saben del valor de la Tierra.

Tiempo Argentino, 28 de Agosto de 2010

Los catalanes quieren su independencia

Comenzó la campaña proselitista para las elecciones regionales por Buenos Aires. Y ante la prensa Joan Puigcercós detalló cómo se fue endureciendo el enfrentamiento con Madrid, que podría llegar al nacimiento de un nuevo miembro de la UE.

Puigcercós es presidente de Esquerra Republicana de Catalunya, el partido más antiguo de la región, fundado en 1931, que fue prácticamente devastado en la Guerra Civil, y luego “el último en ser legalizado cuando empezó la democracia, recién en 1979”, recuerda.
Muchos de aquellos catalanes republicanos tuvieron que exiliarse, en su mayor parte en la Argentina y México. Fieles a su tradición, los republicanos de izquierda retomaron la senda progresista y ahora, cuando son el tercer partido político catalán y forman parte de la coalición gobernante, plantean sin tapujos la independencia de Cataluña. “No va a ser sencillo, nada lo es, pero todo indica que es el único camino que nos queda”, dijo Puigcercós en una ronda de prensa ante varios medios gráficos porteños.
El hombre de ERC visitó Buenos Aires como parte de su campaña electoral para los comicios de noviembre, y aquí deslizó sus argumentos en favor del separatismo de una de las regiones más ricas de España. “Por las vías democráticas”, insiste.
“El debate por la relación de Cataluña y España fue empujado por el proceso de reforma de nuestro estatuto”, explica Puigcercós. Y pasa a detallar: “En el año 2003 se creyó que luego de 25 años hacía falta un nuevo código de leyes para regir la comunidad catalana. La idea era ganar más competencias para el gobierno de la región. La reforma del estatuto catalán fue aprobada por el 89 % de los diputados. Era una reforma ambiciosa que se basaba en tres grandes ejes.”
El primero de esos ejes, detalla, es “un tema que siempre está latente entre el centro y la periferia, como es el de al recaudación”.
−Nosotros somos partidarios de aplicar lo mismo que tiene el País Vasco, que es recaudar la administración básica y luego renegociar con el Estado la parte a distribuir. El segundo eje es que pasen al control catalán las grandes infraestructuras, como el aeropuerto de Barcelona, porque creemos que bajo tutela catalana puede convertirse en un aeropuerto de transferencia para el resto de Europa. Ahora todo eso está gestionado desde Madrid y eso nos impide tener un plan de desarrollo propio. El tercer eje es delimitar las competencias de cada uno, lo que es catalán y lo que es español.
−No debe ser algo fácil.
−Hasta ahora hay un conflicto permanente que nos está desangrando ante la opinión pública, porque cada ley que hace el parlamento catalán es recurrida por el gobierno español y viceversa. Hay un solapamiento entre las competencias de cada uno. A grandes trechos, ese es el panorama, esos son los tres ejes, más un cuarto que es más simbólico, como es el reconocimiento de Cataluña como nación. Esto parece algo semántico, nominalista sobre qué cosa es una nación y qué cosa no. Nosotros decimos que no hace falta entrar en el debate, pero se puso en el estatuto la necesidad de reconocer a Cataluña como nación. Tiene un gran valor simbólico que las cortes españolas reconozcan el sentido nacional de Cataluña.
−Y no lo hicieron.
−Este fue el inicio de un conflicto en que estamos desde el 2003, porque el gobierno español y sobre todo el Partido Popular han sido muy duros con Cataluña. Han hecho incluso campañas de boicot contra productos hechos en la región, una campaña permanente en medios de comunicación de Madrid, y se fueron recortando cuestiones esenciales del estatuto. Pero la cuña entre Cataluña y Madrid ha tenido su capítulo final con la sentencia del Tribunal Constitucional tras una serie de enmiendas presentadas por el PP por el reconocimiento de la nacionalidad. Eso echó a la calle a 1 millón y medio de personas, la mayor manifestación en Barcelona, protestando contra lo que consideramos un avasallo del tribunal.
−¿Incide ese tema en las elecciones?
−Hasta esa fecha se iban a dirimir cuestiones normales sobre la gestión de gobierno, pero ahora el debate es cada vez más entre la región de Cataluña y España. La cuestión es que si después de siete años de proceso para la reforma estatutaria el mensaje que nos dan desde Madrid es que no hay nada que reformar y cualquier ley del parlamento de Cataluña sistemáticamente lleva al tribunal constitucional. Nosotros decimos que cualquier pacto debe implicar un cambio en el marco político de Cataluña. Defendemos un referéndum para saber si la gente quiere continuar igual o si quiere una nueva legalidad. Que se vote si se quiere ser un país independiente separado de España.
−¿Hay aprobación a esta medida?
−Una parte importante de la ciudadanía que no era separatista, no era independentista, ahora piensa que la creación de un nuevo Estado libre dentro de la Unión Europea es un objetivo deseable, necesario y lo mejor que le puede pasar a Cataluña. Históricamente estábamos en 10 o 20% de aprobación al separatismo, ahora estamos superando el 45%. Gente de izquierda, de derecha, incluso abstencionistas que ahora deciden dar un paso en un proceso democrático, en un referéndum. Una situación que Madrid está viviendo como un trauma.
−¿Los partidos políticos presentan este tipo de plataformas?
−Todos menos el PP proponen un escenario de futuro diferente para Cataluña. Las corridas de toros se han convertido en un problema nacional, llevaron a un debate histérico de quienes pensaban que fue una estrategia de los catalanes para borrar los símbolos de identidad nacional y cultural de España. Todo se contamina de estos debates.
−¿No acarrearía problemas económicos la independencia?
−Siempre hay consecuencias. Pero con la globalización han cambiado mucho las cosas. Antes, de cada 100 productos hechos en Cataluña, 60 iban al mercado español. Hoy, de cada 100, 25 quedan en el mercado catalán, 25 van a España, 25 a la UE y 25 fuera de la UE.
−¿Qué pasa si gana el referéndum?
−Deberemos sentarnos a negociar con Madrid, que no va a ser fácil, y buscar el apoyo y el reconocimiento de las instituciones europeas, que tampoco va a ser fácil. Somos consientes de que no va a ser un camino llano. Pero allá nadie quiere entender que cuando se quisieron hacer las cosas bien, permanecer dentro de España con un texto estatutario con más poder para Cataluña, se cerraron las puertas.

Tiempo Argentino, 27 de Agosto de 2010