por Alberto López Girondo | Oct 3, 2014 | Sin categoría
Se suele afirmar por estas tierras, tan proclives a la desconfianza, que ciertos encuestadores, a medida que se acercan los comicios, van publicando los resultados verdaderos, cosa de no quedar el offside cuando se conozca el resultado final de la elección. Otros, que conocen la trama más íntima de la sociedad brasileña, sostienen que los nativos de la principal potencia latinoamericana son naturalmente muy mutantes, y que cambian con frecuencia de parecer. Sin embargo, a la hora de depositar el voto todo indica que prima un conservadurismo subliminal bastante arraigado. Esa tendencia, que impidió al líder del PT Lula da Silva ganar la Presidencia en sus tres primeras incursiones electorales, entre 1989 y 1998, ahora curiosamente le jugaría favor para que una amplia mayoría apruebe un segundo mandato de Dilma Rousseff.
Ya sea que se respalde una u otra interpretación de los estudios preelectorales, lo cierto es que poco queda de ese furor inicial de las agencias encuestadoras –y que repercutían de inmediato en los grandes medios con gran expectativa –acerca de un potencial triunfo de la candidata Marina Silva, ni bien se produjo el accidente que le costó la vida al candidato del partido Socialista, Eduardo Campos. Ahora, a menos de dos meses de esa tragedia, incluso, se habla de una victoria en primera vuelta de la sucesora del ex trabajador metalúrgico. Y fluyen ríos de tinta tratando de entender las razones para tan abrupta caída en la voluntad ciudadana hacia la ex ministro de Medio Ambiente de Lula.
No sería un buen punto jugarse por cualquiera de estas opciones, ni siquiera aventurar un resultado certero este domingo. Pero sí es interesante desmenuzar los motivos que convierten a Brasil en la avanzada de una batalla por el futuro de América Latina que se disputa de un modo sibilino, «mientras todos estamos ocupados en otras cosas», parafraseando a John Lennon.
Porque no conviene creer que es casualidad el repentino incremento de hechos de violencia en territorio brasileño días antes de la elección. Ya había sucedido semanas antes del comienzo del Mundial de Fútbol, que finalmente se desarrolló sin mayores perturbaciones, salvo la abrumadora derrota del «scratch» local frente a Alemania, algo que no parece haber influido demasiado en las inclinaciones electorales de los brasileños. Tampoco es casualidad que una semana antes haya perdido valor el real con relación al dólar, luego de que se comenzaran a develar los últimos sondeos.
Lo cierto es que en este mes de octubre se juegan simultáneas cruciales para el futuro de la región. Brasil, en primer lugar y no solo cronológicamente, vio en la campaña electoral cómo se fue desplegando una pelea por un modelo económico y también social. Eso se percibe en las posiciones que fueron adoptando los candidatos.
Tanto el tercero en las encuestas, Aecio Neves, del PMDB, como Campos primero y luego Silva, lanzaron juramentos de libre mercado y defensa del status quo neoliberal. La candidata ecologista, en tal sentido, dijo claramente que en caso de ganar será impulsora de un Banco Central independiente del poder político. Algo que Dilma se encargó de retrucar alegando que su gobierno mantiene la idea de una «autonomía relativa» en ese organismo porque una independencia absoluta «convertiría al BC en un cuarto poder». Discusiones estas que han atravesado el debate en varios países y se manifestó sobre todo en la Argentina.
Nuestro conocido James Petras, sociólogo y docente en la Universidad de California en Berkeley, en un reciente análisis detalla la inquietud que trasciende en Washington por la eterna puja entre las dirigencias militares y las corporaciones multinacionales, que en la práctica están desarrollándose en «el patio trasero» latinoamericano, donde se cruzan tensiones entre «el imperialismo militar y el capitalismo extractivo».
«En Argentina y Brasil, las políticas reformistas moderadas de los regímenes de Kirchner y Lula/Rousseff están bajo asedio. Haciendo trastabillar los ingresos de exportación, con déficits crecientes y presiones inflacionarias, han alimentado una ofensiva neoliberal que toma una nueva forma: populismo al servicio de la colaboración neoliberal con el imperialismo militar.» El analista estadounidense evalúa que una parte de las corporaciones, a las que denomina «extractivas» porque sólo buscan la acumulación de capital, están divididas. «Algunos sectores mantienen lazos con el régimen (los gobiernos), otros, la mayoría, están aliados con el creciente poder de la derecha.»
La derecha brasileña, agrega Petras, creyó encontrar en una antigua ambientalista la persona indicada «para llevar adelante la línea dura a favor del sector financiero neoliberal». Para la Argentina, el autor de El nuevo orden criminal considera que «el estado imperial y los medios de comunicación han respaldado los fondos especuladores y han lanzado una guerra económica a gran escala, reclamando un default con el fin de dañar el acceso a los mercados de capital de Buenos Aires y aumentar sus inversiones en el sector extractivo».
La semana entrante hay elecciones en Bolivia. Allí no quedó mucho de la derecha política. Esa tensión permanente entre democracia, necesidad de cambios y golpismo oligárquico fue laudado por el gobierno de Evo Morales hacia «el lado de la justicia» desde la intentona de la «media luna próspera» del Oriente boliviano de 2009. A partir de ese momento, y mediante el expediente de echar del país a representantes de ONG vinculadas a la CIA y de organismos como la DEA, pasando por embajadores demasiado interesados en intervenir políticamente fronteras adentro, las aguas se fueron calmando. El líder cocalero marcha hacia una segura victoria que incluso puede ser récord, luego de haber literalmente dado vuelta al país en una revolución pacífica como no se tienen muchos antecedentes en el mundo.
El último domingo del mes, los uruguayos también van a las urnas. Y allí también se plebiscita una gestión progresista, la que en 2005 comenzó el Frente Amplio de la mano de Tabaré Vázquez. De un tono mucho más moderado que su sucesor, el inefable José Mujica, Vázquez marcha primero en las encuestas pero hasta ahora hay sondeos que indicarían un posible triunfo de Lacalle Pou. Quizás porque el representante del Partido Blanco resulta más «vendible» que el del Colorado, Pedro Bordaberry. Ambos son de derecha, y ambos son hijos de ex presidentes. Pero Bordaberry fue el que dio el golpe institucional en 1973 que abrió las puertas a la dictadura militar.
Luis Lacalle Pou, en cambio, se muestra como un joven atlético, decidido y con aires de empresario próspero pero con sentimientos sociales. Una mezcla de Enrique Peña Nieto y Henrique Capriles, que promete no romper con las políticas inclusivas de los gobiernos progresistas del FA, pero mejorando «lo que no funciona bien». No es fortuito que haya sido recibido por líderes de la oposición argentina que buscan definir un perfil para 2015 pero caminando por los senderos de la centro derecha, que son, al decir de Arturo Jauretche, como circular por la vereda donde calienta el sol.
En horas tan determinantes para Latinoamérica, la noticia del asesinato de Robert Serra, la joven promesa del chavismo, genera más preocupación por la forma en que toma la disputa en algunos territorios. El año ya había comenzado con un plan de desestabilización contra el gobierno de Nicolás Maduro que puso en vilo al continente y que a pesar de los 43 muertos, no da señales de haberse saldado. Para Petras, «El caso de Venezuela destaca la persistente importancia del militarismo imperial en la política de Estados Unidos en América Latina.» Sería interesante encontrar argumentos para decir que se equivoca.
Tiempo Argentino Octubre 3 de 2014
Ilustró: Socrates
por Alberto López Girondo | Sep 27, 2014 | Sin categoría
Su señoría, honorable Thomas Griesa, de mi consideración:
Entiendo perfectamente su voluntad de que los argentinos paguen lo que deben a los fondos de inversión que han comprado bonos de la deuda soberana. Entiendo también que desde que dictó el fallo que obliga a cumplir con esos compromisos, los acreedores han padecido todo tipo de impedimentos para poder hacerse del dinero que, según el dictamen que su señoría emitió oportunamente, les corresponde. Un fallo que el tribunal de alzada y la Corte Suprema avalaron por estar completamente sujeto a derecho. Pero básicamente comprendo su frustración porque hasta ahora no ha logrado que se cumpla con lo que la ley manda y protege. Esto es: no consiguió incautar fondos para cumplir con las obligaciones mencionadas.
Sé que el gobierno ha respondido que no puede violentar cláusulas firmadas con tenedores que aceptaron el canje de deuda y que podrían reclamar un trato similar al que usted intenta proteger desde su despacho. Y sé también que los holdouts afectados en su dictamen intentaron sin éxito embargar fondos en varios lugares del mundo para cumplir con la disposición que nos ocupa.
Por eso, sin querer pecar de imprudente, me tomo el atrevimiento de sugerirle dónde buscar fondos que podrían de servir para remediar esa injusticia que usted percibe en la actuación gubernamental.
Sabrá usted que el monto de la deuda total argentina ha coincidido con la suma de los depósitos de nativos en el exterior. Sabrá también que hay maniobras investigadas por colegas suyos en este país que prueban el modo en que esa fortuna fue a parar a cuevas fiscales y se convirtió en bonos de deuda. Habrá leído incluso en estos días que autoridades francesas entregaron una lista de ahorristas vernáculos que tienen dinero en cuentas suizas. Insisto, sin ánimo de resultar insolente, ¿por qué no embargar esos fondos y cumplir así al menos en parte una obra de justicia?
Sin otro particular, lo saluda atentamente, un ciudadano argentino.
Tiempo Argentino
Setiembre 27 de 2014
por Alberto López Girondo | Sep 26, 2014 | Sin categoría
El único lenguaje entendido por asesinos como estos (hablaba del grupo extremista Estado Islámico) es el lenguaje de la fuerza. Por eso, Estados Unidos trabajará con una amplia coalición para desmantelar esta red de la muerte.» Las palabras de Barack Obama resonaron en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. Algunos, como los países que integran esta nueva alianza que el presidente de Estados Unidos armó para combatir a las tropas islamistas que de pronto se apropiaron de parte de Siria y de Irak, aplaudieron.
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en cambio, se permitió en ese foro privilegiado –y a pocos metros de Obama– la duda sobre no sólo las acciones que emprenden los países occidentales con relación al terrorismo internacional sino incluso sobre el grupo mismo que hoy por hoy aparece como la encarnación del mal.
Es que, sin ir demasiado lejos, allí nomás, en ese mismo escenario, hace once años el entonces secretario de Estado Colin Powell entregó profusa información sobre el arsenal de armas de destrucción masiva que colocaba a Saddam Hussein, el presidente iraquí, como uno de los peores enemigos de la civilización. Algo que no debe haber estado ausente de la percepción de CFK cuando destacó que «desde las grandes potencias se cambia demasiado fácil el concepto de amigo, enemigo o terrorista».
Las críticas por la sinuosa política internacional que desarrolla el gobierno de Obama desde que llegó a la Casa Blanca son a esta altura un clásico entre grupos opositores de toda laya, pero también entre analistas y estudiosos de las temáticas internacionales.
Pero la sinuosidad se extiende a las estrategias que despliega la administración estadounidense en las últimas décadas. Como si encontrarse siendo la gran potencia global a la caída de la Unión Soviética hubiese desplegado ambiciones equiparables a las torpezas para llevarlas a la práctica. Al revés de Midas, aquel rey de Frigia que convertía en oro todo lo que tocaba, parecen trocarlo todo en un desastre, para ser elegantes y si se quiere naïfs.
Porque la guerra desatada por George W. Bush, que acabó con el régimen saddista, al poco tiempo demostró haber partido de una mentira como excusa. En aquel momento, el senador Obama se oponía al despliegue de tropas por las consecuencias que eso podría acarrear al país. Y con ese antecedente se presentó a los comicios de 2008 como una esperanza de cambios. De hecho, hace casi tres años se ufanó de haber retirado los últimos soldados de ese el pensamiento dominante entonces. Ahora, sin que se le moviera un pelo, inició una ofensiva que nadie sabe de qué modo terminará. Y sobre todo, que seguramente será una herencia maldita para quien lo suceda en 2017.
Como será que en su propio territorio, activistas por la paz como David Swanson, sostiene en su web War is a crime (la guerra es un crimen), que «cualquiera que comente el estado actual de Irak podría pensar que George W. Bush hizo algo bien». Ironiza en que un video difundido por ISIS, el anagrama con que todavía se conoce a EI en aquellas regiones, donde muestran las atrocidades cometidas y alguna frase del ex mandatario republicano: «Estás con nosotros o estás contra nosotros». En una esquina de la pantalla se lee «Bush dijo la verdad, a pesar de que es un mentiroso». Una frase que bien le calza a este Obama que echó por tierra con las razones que le permitieron ser coronado en Oslo hace casi cinco años.
Es interesante el ácido artículo de Peter Van Buren, un ex funcionario con 24 años de carrera en el departamento de Estado que fue designado para trabajar con los iraquíes luego de la invasión. Su paso por el país asiático fue entre 2009 y 2010, o sea, cuando el demócrata llegaba a Washington. «Mi función era dirigir dos equipos en la reconstrucción de la nación», señala Van Buren. «Eso significó pagar por escuelas que nunca se terminaron, el establecimiento de pastelerías en calles sin agua ni electricidad, y la realización de eventos de propaganda de temas generados en Washington.» Señala el hombre que entre las acciones de acercamiento y seducción de los nativos estaba jugar partidos de fútbol en los que se garantizaba un resultado que permitiera integrar a sunnitas con chiítas.
El problema es que a la caída de Hussein, un sunnita en una población mayoritariamente chiíta, viejas enemistades quedaron a la luz y se manifestaron con toda virulencia en múltiples atentados registrados desde entonces. Para colmo, desde el Pentágono y con anuencia de la CIA se fomentó la creación de un modelo que reparte los poderes en tres: sunnitas en el parlamento, chiítas en el ejecutivo y un presidente de origen kurdo. Agua con aceite que incluso podría haber funcionado si no fuera, piensa Van Buren, que el primer ministro Nuri Al Maliki inició persecuciones y se abrió hacia actos de corrupción que empeoraron la situación. El cambio forzado por el departamento de Estado hace algunos meses ya era una decisión desesperada y tardía.
Van Buren –autor de un libro esclarecedor, Teníamos buenas intenciones: cómo ayudé a perder la batalla por los corazones y las mentes del pueblo iraquí»– reflexiona que un chico que forme parte ahora de ese contingente de 1600 «no botas en el suelo» (Obama prometió que sólo actuarán drones y aviones de combate pero no tropas sobre el terreno) tenía ocho años cuando Bush inició la invasión. «(El muchacho ) probablemente le tuvo que preguntar a su padre de qué se trataba eso». Y el progenitor le podría haber dicho que en 2011, cuando regresó a su casa con la frente bien alta, Obama había asegurado que «estamos dejando atrás un Irak soberano, estable y autosuficiente».
John Taylor anotó en The Unz Review, un foro alternativo estadounidense creado por el dirigente conservador Ron Unz, una lista que debería tenerse en cuenta antes de adherir fácilmente al pedido de Obama para una cruzada en tierras de Irak y Siria. «¿Se ha olvidado que los mujaidin que patrocinamos en Afganistán para luchar contra los soviéticos se transformaron en el Talibán y al-Qaeda? Por el agujero de la memoria, quedó la destrucción del Estado libio, que el propio Obama presidió, y la anarquía que prevalece en la actualidad.» Y advierte que en Siria la mayoría sunnita, que está enfrentada al gobierno de Bashar al Assad, alauita y por lo tanto ligado a la vertiente chiíta del Islam, simpatiza con el EI. No porque participe de sus atrocidades, sino porque representan la posibilidad de sacarse de encima un régimen que les resulta opresivo. Esa fue la apuesta de la comunidad occidental cuando decidió apoyar a grupos opositores a Al Assad. Pero algo evidentemente salió mal. O tenía un componente envenenado y nada inocente que sirvió para forzar cualquier política pacifista de Obama.
La situación es tan enrevesada a estas horas que no resulta inaudito que Al Assad y el régimen iraní pasen a ser la mejor opción para combatir a los yihaidistas del EI. Detalla Glenn Greenwald, el periodista británico que publicó la información filtrada por el analista estadounidense Edward Snowden, los nuevos bombardeos sobre objetivos en Siria con apoyo de regímenes como los de Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Jordania. «Eso significa que Siria pasó a ser el séptimo país predominantemente musulmán en ser bombardeado por el Nobel de la Paz 2009, después de Afganistán, Pakistán, Yemen, Somalia, Libia e Irak».
Van Buren destaca que la excusa para abrir la política bélica fue la protección de los yazidis «una secta religiosa de la que nadie en este país habían oído hablar», pero de la que ya no se escucha demasiado. Y compara ese gesto con el del supuesto ataque en el Golfo de Tonkin que justificó la ampliación de la Guerra de Vietnam en 1964. «Esta última guerra en Irak cuenta con entrenadores en Operaciones Especiales y ataques aéreos a combatientes que tienen armas abandonadas por el ejército iraquí, que ahora debe ser reabastecido por Washington». Van Buren –que fue expulsado del gobierno en 2011 y padeció persecución civil– escribió también «Los fantasmas de Tom Joad: la historia del 99%». Una suerte de revival de Viñas de Ira, la novela de John Steinbeck que da cuenta de la crisis del ’30 en los sectores más castigados del Estados Unidos. El 99% de los menos favorecidos en la sociedad estadounidense actual también padece una degradación en todos los aspectos en beneficio del 1% más favorecido. Es que una cosa va ligada a la otra. Y la inequidad social junto con la guerra son componentes básicos de este momento del mundo. Componentes tan terroristas como los que cortan cuellos en las arenas de Asia Menor.
Tiempo Argentino
Setiembre 26 de 2014
por Alberto López Girondo | Sep 22, 2014 | Sin categoría
El referéndum escocés y el deseo de consulta catalán son dos de las formas en que se expresa la crisis de del Estado-Nación en Europa. Pero también son un reflejo de la crisis de identidad de muchos pueblos en el marco de la creación de Estados supranacionales que apelan a políticas económicas que resultan difíciles de digerir para grandes capas de la población.
El importante apoyo que recibió el No al separatismo de Escocia, lejos de expresar el fin de reclamos de independencia, debiera ser un dato a analizar. Porque fue conseguido tras promesas y amenazas de última hora y además, si bien deja un diferencia grande sobre el Si de más de diez puntos, revela que casi el 45% de los ciudadanos escoceses prefiere dejar el Reino Unido.
En Cataluña la situación es otra. El gobierno de Mariano Rajoy rechaza la legalidad de cualquier referéndum como el convocado para el 9N. Y por más que el Parlament haya aprobado una ley para regular las consultas populares, resulta una traba difícil de soslayar a la hora de pretender una separación formal. En otras épocas, estas cuestiones se resolvían en el campo de batalla, pero no son estos los tiempos de Europa.
Hay tres posturas que quizás reflejen lo que se juega en los meses que siguen en España. Xosé (Pepe para los íntimos) fue alcalde de un pequeño ayuntamiento en Galicia. Jubilado reciente, el hombre no deja de reconocer la capacidad e industriosidad de los catalanes. Llega a admitir que eso los amerita para merecer la independencia, pero eso es algo que lamentaría porque considera que “debilita aún más a nuestro país para debatir cuestiones económicas en Bruselas”, la sede de las principales instituciones europeas.
Natalia es propietaria de un barcito frente a la playa de Badalona. Ella culpa sin tapujos a Madrid por los males que padecen los catalanes. “Nos quieren hacer pagar por carreteras y por el AVE (el tren de alta velocidad) por más de lo que costaron, nos dan mucho menos de lo que aportamos al fisco”, se queja. Jordi es un profesional que vive a su pesar en Madrid pero añora su pequeño pueblo en el interior de Cataluña. Está particularmente indignado por lo que se vive en su tierra por estos días, una suerte de final de fútbol, dice. “Nadie habla de que hay media España que tiene otra bandera. Y la mía es la tricolor”, la roja, amarilla y violeta de la República.
La UE nació como una construcción diferente a lo que fueron hasta hace un siglo los imperios plurinacionales como los austrohúngaro, otomano o zarista. Incluso se hizo sobre una base distinta a la extinta Unión Soviética, fundada en un régimen anticapitalista. Pero terminó tras la caída de la URSS en un sistema que busca la gobernanza a través de rígidas concepciones económicas de mercado. Para lo cual crearon una moneda común que se pretende como de reserva y comercio internacional en competencia con el dólar. Lo cual creó una guerra de divisas que potenció posiciones neoliberales con consecuencias que están a la vista: la desaparición del estado de bienestar.
Ángela Merkel es el adalid de esta posición extrema y es el centro de todas las críticas. El gobierno de Francois Hollande, que llegó al Eliseo como una esperanza de cambio hacia un socialismo aggiornado, terminó cediendo a esta rigidez y ahora en su propio partido debe enfrentar el rechazo a recortes presupuestarios en nombre de la “razón de Estado”.
Es aquí donde puede entenderse el crecimiento de reclamos secesionistas como los que se agolpan detrás de la puerta en el país Vasco, Bretaña y Occitania en Francia, la Padania, Córcega y Cerdeña en Italia y lo que tal vez sea el más emblemático, Flandes, en la mismísima Bruselas, la “capital” europea.
El líder de la unificación italiana, Giuseppe Mazzini, dijo en ese año de 1860 ante su obra cumbre: “Hemos creado a Italia, ahora deberemos crear a los italianos”. Lo mismo deberían decir los líderes europeos si no estuvieran tan preocupados por cuestiones extramuros.
Una de esas cuestiones fue creada por la misma UE en Ucrania, cuando intento avanzar con proyectos de unión comercial. Rusia se reivindica como nación a partir del Rus de Kiev de fines del siglo IX. Y Crimea es el origen de otra corriente nacionalista durante el zarismo, en la segunda mitad del siglo XIX. Era difícil que no estallara un conflicto de consecuencias impredecibles si se iba por ese camino.
La otra región del mundo inmersa en disputas nacionales es el Asia Menor. Allí la preocupación se centra por estas horas en los grupos yihaidistas que dominan una parte de Siria e Irak con el objetivo manifiesto de formar un Estado Islámico de tinte medieval y represivo. Armados y entrenados por Occidente, como se recuerda, para combatir al régimen de Bashar al Assad, ahora dan muestras cotidianas de barbarie incontrolada. Esto despertó viejas ansias del pueblo kurdo, un nación de unas 25 millones de almas dispersas en territorios de Turquía, Irak, Irán y Siria, que reclaman su derecho a un estado propio. Las fronteras actuales ante la dilución del Imperio Otomano obedece al capricho y el interés del todavía poderoso Imperio Británico, alrededor de 1920, pero no contempló voluntades ni necesidades de la población local.
En Europa crecen también movimientos ultranacionalistas que en muchos casos hacen temer una vuelta de extremismos como el de la Alemania nazi o la Italia fascista. El ejemplo más claro es el de Amanecer Dorado en Gercia, el partido más radical que prospera a medida que la crisis se ensaña con los griegos de a pie.
En Gran Bretaña los conservadores del premier David Cameron deben lidiar contra miembros de su partido que se cruzan al UKIP, el grupo antieuropeo que avanza en las encuestas. Algo similar ocurre en Francia con el Frente Nacional de Marina Le Pen.
¿Qué ocurrirá en Escocia si Londres no cumple con las promesas de última hora para que gane el No? Algunas refriegas producidas en Glasgow muestran alguna de las peores posibilidades. ¿Qué ocurrirá en Cataluña los ciudadanos no pueden elegir si quieren seguir formando parte del reino? ¿Cómo se resolverá la cuestión kurda ahora que los países europeos envían armas para defenderse de los fundamentalistas del EI?
De la crisis del 30, evalúan muchos analistas con bastante criterio, no se salió solamente por las medidas keynesianas que aplicó Franklin D. Roosevelt, sino por la Segunda Guerra Mundial. Las guerras suelen ser un buen vehículo para la unificación nacional ¿Será esta la forma en que se resolverá esta crisis?
Tiempo Argentino
Setiembre 21 de 2014
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