por Alberto López Girondo | Ago 26, 2017 | Sin categoría
«Este gobierno ha sido más agresivo, ha ido detrás de personas con muchos años de residencia, ha hecho redadas en comunidades que se consideran seguras, lo que genera una sensación de inseguridad para toda la comunidad», detalla Ana Padilla, directora de Operaciones de Pilsen Neighbors Community Council (PNCC), una ONG que se ocupa de dar asistencia a mexicanos de Chicago en ese vecindario con nombre de cerveza que alguna vez fundaron inmigrantes checos y desde hace más de medio siglo es el barrio de los venidos del sur del río Bravo.
Padilla, coordinadora de la Fiesta del Sol, que cada año reúne durante un fin de semana largo a los connacionales para juntar fondos con qué financiar las actividades de la organización, no olvida que Barack Obama, que hizo toda su carrera en esa ciudad y fue senador por Illinois antes de llegar a la presidencia, «fue uno de los que más personas deportó, y eso que era aliado. Si ese era aliado, cómo serán los enemigos, ¿no?», ironiza desde la esquina de Cermak y Loomis, un tramo donde se desarrolla el evento.
Donald Trump basó su campaña a la presidencia en el combate a la inmigración y la promesa de construir un muro entre México y Estados Unidos, lo que repercutió de lleno en los residentes originarios del otro lado de la frontera. De acuerdo con una encuesta de Gallup, aumentó un 2,5% la angustia cotidiana entre los hispanos, que hoy día son unos 56,6 millones (los registrados), casi el 18% del total de habitantes de EE UU.
En el caso específico de Chicago, la situación tiene sus matices. El alcalde, Rahm Emanuel, es amigo personal de Obama y, como describe Padilla, la ciudad es amigable con los inmigrantes, o «santuario», como se la denomina en la jerga burocrática. Esto es, que la policía local no lleva adelante persecuciones a inmigrantes ilegales. La embestida de Trump es tal que consiguió aprobar una normativa que priva de fondos federales a las ciudades que protejan a sus residentes de las autoridades nacionales de inmigración. Tanto Emanuel como los jefes de gobierno de California y de San Francisco presentaron demandas judiciales, pero chocan con el procurador de Justicia, Jeff Sessions, que celebró el enfoque presidencial contra la inmigración.
«Si te arrestan por un cargo serio –señala Padilla– entonces sí se involucra Migraciones, por eso la gente no está segura». El detalle es que en estos casos al acusado le tiran las carpetas con su pasado para sumarle otros cargos «por causas menores de cuando eran adolescentes». O los tienen en la mira y si salen del país a visitar a parientes, le impiden el regreso en la frontera.
Lo curioso, puntualiza Padilla –nativa de Jalisco y graduada en Arte con especialización en Latinoamérica en el Harold Washington College– es que muchos hispanos votaron a Trump, aun sabiendo lo que amenazaba hacer con los inmigrantes. «Ellos se enfocaron en el tema del aborto y dejaron afuera lo demás. Es una de las maneras de entrar que tuvo en la comunidad, porque son personas de religión, creyentes, para quienes ese tema es importante».
Desde PNCC dan asistencia legal, pero también apuntan al desarrollo comunitario, de empleo y temas de salud. Cuenta Ana Padilla que la organización nació en 1954 y lleva adelante la Feria del Sol desde hace 45 años como un modo de juntar fondos para sostenerse. Allí se despliegan puestos de venta de comidas típicas de México, artesanías y un escenario donde residentes y visitantes se aventuran con el cancionero popular, cosa de no perder las raíces.
El trabajo del PNCC comenzó por reclamos puntuales, como tener un colegio secundario en el barrio, para evitar los riesgos de que los chicos tuvieran que viajar ante el acoso, por entonces, de las pandillas. Así se construyó la Escuela Benito Juárez. También pedían que el municipio recogiera la basura, como en el resto de la ciudad, para lo cual todavía se recuerda una iniciativa popular de juntar residuos y llevarlos hasta el centro de Chicago en protesta. «Luego los juntaban hasta dos veces por semana», sonríe Padilla.
En cuanto a lo educativo, la joven destaca que el objetivo es consolidar liderazgos en base a las ideas de un estadounidense, Saul Alinski, quien postuló el término «organizador comunitario» para definir a ese personaje clave en detectar los problemas de un sector social y encontrar la forma de lograr resolverlos con modelos de lucha pacíficos e innovadores. Alinski, que murió en 1972, escribió Reglas para Radicales (que es la palabra para definir a quienes plantean reformas profundas en la sociedad) y Reveilleforradicals (Despertar para Radicales). «Cuando se une la comunidad logra cosas increíbles y eso es lo que queremos», añade Padilla. «
El indulto de Trump al racista Arpaio
El presidente de EE UU, Donald Trump, considera ejercer su derecho de gracia en favor de Joe Arpaio, el exsheriff recientemente condenado por violar la prohibición impuesta por un juez de patrullar sistemáticamente en busca de inmigrantes ilegales. «Considero seriamente perdonar al sheriff (Joe) Arpaio», declaró Trump, en una entrevista difundida en el sitio de Internet de Fox News.
Según el mandatario, Arpaio es un «gran patriota estadounidense» que «se implicó mucho en la lucha contra la inmigración ilegal», agregó, y «no merece ser tratado de la forma en que lo ha sido». Arpaio, de 85 años y ferviente partidario de Trump, llevó durante casi un cuarto de siglo una persecución reivindicada e implacable en el condado de Maricopa, estado de Arizona, contra los inmigrantes latinos. Entre otras vejaciones, imponía a los detenidos bajo su custodia dormir en tiendas bajo un calor sofocante, vestidos con ropa interior de color rosa.
«No nos equivoquemos: se trataría de la promoción presidencial oficial del racismo», comentó Cecillia Wang, portavoz de ACLU, organización estadounidense de defensa de los derechos civiles.
Tiempo Argentino
Agosto 19 de 2017
por Alberto López Girondo | Ago 26, 2017 | Sin categoría
El jefe de Gobierno español, Mariano Rajoy y el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se dieron la mano con frialdad y luego encabezaron junto al rey Felipe de Borbón y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, la marcha de repudio a los atentados del jueves en La Rambla. Al menos para la foto, el enfrentamiento entre Madrid y Cataluña quedaba de lado ante el horror por el ataque de un grupo yihadista en el tradicional paseo, repleto de turistas, que dejó un saldo de al menos 13 muertos y casi un centenar de heridos. Pero como bien dicen en la península, la procesión iba por dentro.
Si bien en la superficie hubo colaboración entre las fuerzas nacionales y los Mossos d’Esquadra, la policía autonómica catalana, que trabajó en el caso ni bien se supo que una camioneta había atropellado a la multitud de transeúntes, con el correr de las horas fueron saliendo a la luz las desavenencias previsibles en una situación como esta.
Así, mientras el ministro del Interior de España, Juan Ignacio Zoido, se apuró a declarar que la célula implicada en el caso había quedado totalmente desarticulada luego de la balacera que costó la vida de cinco presuntos terroristas en la localidad de Cambrils, el portavoz de los uniformados catalanes, Albert Oliva, replicó de modo cáustico que la investigación continúa y que serán los Mossos quienes darán la última palabra. «De la misma manera que cuando se produjo el atentado fueron los Mossos d’Esquadra el cuerpo que dio la primera información y somos los que estamos dando la información, seremos nosotros los que concluiremos el resultado final de la investigación cuando consideremos que la célula esté totalmente desarticulada», fue la frase que usó.
El Periódico de Cataluña, a su turno, destacó el malestar de autoridades catalanas por la supuesta falta de colaboración en temas relacionados con el terrorismo, ya que se supo de un informe de la CIA advirtiendo hace al menos dos meses a Madrid del riesgo de un ataque precisamente en La Rambla.
Los medios españoles, sin embargo, destacan en general que para lo que es el cruce entre Cataluña y Madrid a semanas del referéndum independentista convocado para el 1 de octubre, el operativo frente al golpe en La Rambla no permitió avizorar fisuras graves entre el Estado Español y el poder autonómico. Recuerdan, de todos modos, que la primera declaración de Rajoy al conocerse el hecho, luego de los pésames de rigor, fue para decir que «al terrorismo se lo vence con unidad institucional». Lo que adelanta que esa será la clave para lo que resta hasta la consulta, declarada ilegal por el gobierno central.
Mientras tanto, las autoridades revisaban minuciosamente las viviendas de los implicados en el ataque, Moussa Oukabir, de 17 años, Mohamed Hychami, de 24 y Younes Abouyaaqoub, de 22, todos de Ripoll; y el de Said Aallaa, de 18 años, de Ribes de Freser, ambas localidades en la provincia de Girona.
Pero parecían enfocarse especialmente en la residencia de Abdelbaki Es Sattii, un imán de 43 años que llegó hace un par de años a la mezquita de Ripoll con el objetivo de resolver una interna clerical y que los investigadores piensan que fue un personaje clave para la radicalización del grupo de jóvenes, que según todo indica, venían planeando un ataque mucho más grande pero les falló el explosivo que pensaban utilizar y destruyeron una casa en Alcanar, Tarragona.
Lo que no sabían aún es si viajó apresuradamente a Marruecos el martes, como trascendió en un primer momento de un vecino de departamento, o fue uno de los abatidos en Cambrils que aún no habría sido identificado. Entre sus antecedentes, la policía destaca su cercanía con uno de los acusados por los atentados del 11 de marzo de 2004 en estaciones ferroviarias de Madrid.
Tiempo Argentino
Agosto 20 de 2017
por Alberto López Girondo | Ago 26, 2017 | Sin categoría
El principal contrincante de Lula da Silva para las elecciones presidenciales de 2018 es un ex militar de ideas cercanas al neonazismo, que reivindica la tortura y fue condenado a pagar una multa a una diputada del PT de la que dijo que “no merecía ser violada”. Jair Messias Bolsonaro, que obtendría un cuarto de los votos en una eventual votación y disputaría el balotaje con el ex presidente brasileño, suele hacer comentarios de corte medieval en sus redes sociales pero logra al mismo tiempo ponerse al margen de las disputas en torno al Lava Jato, lo que para muchos sectores sociales es garantía de anticorrupción.
Bolsonaro trascendió las fronteras brasileñas cuando comenzó el juicio político contra Dilma Rousseff al dedicar el voto por su separación del cargo al coronel Carlos Brilhante Ustra, el sádico personaje de la dictadura militar que gobernó el país entre 1964 y 1985 y que se ufanaba de haber torturado a la joven Dilma, por entonces militante de un grupo guerrillero.
Desde las redes sociales, que aprovecha al máximo –tiene cuatro millones de seguidores en Facebook, sin ir más lejos-, este ex capitán de paracaidistas de 62 años que fue arrestado en 1986 bajo el cargo de haber planeado la colocación de un artefacto explosivo en un cuartel del ejército en Río de Janeiro, acostumbra despotricar contra lo que considera un “legado comunista”, como las políticas implementadas por el PT desde que llegó al gobierno, en 2003.
Tuvo otras intervenciones provocativas que levantaron críticas a granel, según recopiló el periodista “gaúcho” Pedro Henrique Leal. Como cuando dijo que el ex presidente Fernando Henrique Cardoso debería ser “fusilado en una plaza pública”. O como cuando llamó “animales” a los activistas negros y por tanto, pidió que regresen “al zoológico”. En esa misma línea, llegó a tildar a refugiados haitianos, africanos y de Oriente Medio que pidieron asilo en Brasil de ser “la escoria de la humanidad” y considerar que el ejército debería “encargarse de ellos”.
Por si fuera poco, reveló su homofobia extrema cuando dijo que los homosexuales tienen esa preferencia sexual por “no haber recibido suficientes palizas”. Padre de tres hijos que ya comenzaron sus respectivas carreras políticas, dijo en consecuencia que no estaba preocupado por posibles desviaciones de sus vástagos (como salir con mujeres afrodescendientes o ser gay”, porque les dio “una educación adecuada”.
Sin pelos en la lengua, como se dice –aunque en su caso con gruesa pelambre en todo el cuerpo por su inaudito “gorilismo”- sostiene que si cometieron un error los militares que protagonizaron las más cruentas dictaduras en la historia latinoamericana en los 70 fue “no haber matado a suficientes personas”. Sobre todo, a militantes y simpatizantes de sectores de izquierda, a los que califica, sin distinciones, como comunistas.
Para combatir el delito y las costumbres que considera desviadas tanto en lo sexual como en lo político, propone aplicar mano durísima. Lo que incluye autorizar el uso de armas, a la manera de la sociedad estadounidense.
Por lo pronto, una de sus bravuconadas le costará algo más de tres mil dólares. La causa fue refrendada en segunda instancia por la Tercera Sala del Superior Tribunal de Justicia brasileño, que ratificó por unanimidad la condena en una causa promovida por la diputada del Partido de los Trabajadores María do Rosario Nunes.
Hace tres años, en un discurso en la Cámara de Diputados, Bolsonaro tuvo y fuerte cruce con la legisladora, que condenaba las violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen militar. Despectivo, como siempre, el entonces representante del Partido Social Cristiano espetó: «No la voy a violar porque ni eso merece».
No contento con el revuelo que levantó, en una entrevista posterior al diario Zero Hora insistió: «Ella no lo merece porque es muy mala, muy fea; no califica para mi gusto. Jamás la violaría. No soy violador, pero si lo fuese, no la violaría porque no lo merece».
Lo llamativo y al mismo tiempo peligroso, desde otra perspectiva, es que Bolsonaro -que ya anunció su postulación a presidente con una nueva agrupación política, Partido Ecologista Nacional (PEN)- según una última encuesta del instituto DataPoder360 sigue creciendo en las preferencias del electorado brasileño y ya araña el 25 % de voluntades. Lula, condenado el mes pasado por el juez Sergio Moro en una causa por la supuesta compra de un departamento en Guarujá, también creció y ronda el 32 % del electorado. Lo que implica que si las elecciones fueran hoy, el ex metalúrgico y el ex paracaidista irían a segunda vuelta.
Cierto es que Bolsonaro no está implicado en los escándalos que sacuden a la política brasileña, lo que quizás le granjee la simpatía de sectores sociales hastiados de las denuncias de corrupción.
El riesgo es que este personaje salido de las cavernas estaría a las puertas de gobernar la mayor economía de América Latina, con lo que esto implica para el resto de los países de la región.
Tiempo Argentino
Agosto 17 de 2017
por Alberto López Girondo | Ago 26, 2017 | Sin categoría
La demora del presidente Donald Trump en condenar el ataque en Charlottesville del sábado pasado y las fuertes críticas que despertó su tibio comunicado en que pone en un mismo nivel a racistas que a antirracistas, sumado a los enfrentamientos que todavía despierta el enfoque sobre la guerra civil, revela que hay una profunda grieta en Estados Unidos que no se ha cerrado en más un siglo y medio. Y precisamente este año se cumplieron 140 años del fin de un proceso virtuoso en el sur esclavista que había llevado a la igualdad de derechos entre negros y blancos por la que habían muerto cerca de un millón de norteamericanos en la terrible guerra de Secesión.
Como se sabe por cientos de filmes de Hollywood, los estados sureños intentaron hacer rancho aparte de la Unión al negarse a terminar con el sistema de esclavitud, una de las promesas de Abraham Lincoln en su campaña electoral. Es así que en noviembre de 1860, tras el triunfo del candidato republicano (si, aquellos republicanos eran antiesclavistas, mientras que los demócratas eran esclavistas), Carolina del Sur anunció que se separaba de la Unión. Para febrero de 1861 siete distritos habían conformado los Estados Confederados de América.
Lincoln asume el 4 de marzo y el 15 de abril estalla lo que Arturo Jauretche llamó “la guerra de las camisetas”. Es decir, una conflagración en la que se dirimía dónde y cómo se irían a fabricar las prendas con el algodón producido por los esclavos negros del sur; si en el norte industrializado y con obreros asalariados o en Gran Bretaña.
En pocos meses los confederados eran 11 estados (Carolina del Sur, Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Luisiana, Texas, Virginia, Arkanzas, Carolina del Norte y Tennessee).
Tras un infierno de cuatro años, el 9 abril de 1865 el general Robert E. Lee se rinde y comienza otro período en la historia de Estados Unidos. Un período que ya no protagonizará Lincoln, asesinado cinco días después de este acontecimiento, durante una función a la que había asistido en el Teatro Ford de Washington por un actor virginiano supremacista, John Wilkes Booth.
Asumió su vicepresidente, Andrew Johnson, no tan comprometido con la equiparación de derechos entre negros y blancos como Lincoln, y que inició un Plan de Reconstrucción del sur derrotado en mayo de 1865. Para fin de ese año, Johnson anunció el fin de ese proceso y que los estados confederados podían desde entonces regresar a la Unión respetando el fin de la esclavitud.
Pero esto no era todo por lo que se habái luchado y los legisladores republicanos no estaban de acuerdo: solo habría una verdadera reconstrucción del país si los hombres liberados en el sur tuvieran todos los derechos que emanaban de ser ciudadanos estadounidenses. Para ese año, también, nace el Ku Klux Klan, con el objetivo de mantener los privilegios de los blancos, escudados en la supremacía sobre otras razas.
Choque de poderes
Nació entonces un enfrentamiento entre el presidente y el Congreso, que por las suyas aprobó un Acta de Reconstrucción Militar, en 1867, y pasó por sobre el veto del mandatario. El sur fue dividido en cinco distritos militares gobernados cada uno por un general, respaldado en tropas federales, para garantizar que se cumpliera la 14 enmienda constitucional, que daba plenos derechos a negros y blancos.
Avanzó en el Parlamento un impeachment contra Johnson, que se salvó por un voto de ser destituido.
Como fuera, los antiguos esclavos pasaron a reclamar los 40 acres (16 hectáreas) y una mula prometidos por ley. Y a participar activamente en la vida política, no solo como votantes sino como legisladores. De hecho, fueron primordiales para el triunfo de Ulysses Grant en 1868.
Para 1870 las quinta parte de los oficiales sureños eran afroamericanos, tenían 22 representantes en el Capitolio. Los esclavistas no se quedaron de brazos cruzados y desplegaron medidas legales para frenar los avances y cuando no pudieron, comenzaron con actos terroristas.
En 1871 se dictaron las Actas de Ejecución, que convertían en ilegal el soborno, la fuerza o las tácticas de terror para impedir que otra persona vote. Hubo también apoyo para emprendimientos e inversiones industriales en el sur rebelde, cosa de convencer por el bolsillo de las ventajas del capitalismo sobre otros modelos de explotación económica.
Pero la situación se fue enrareciendo y en 1872 se dictó un Acta de Amnistía por la cual los responsables de haber demorado o bloqueado las reformas por métodos reñidos con la civilización quedaron exculpados y entre otras cosas, recuperaran derechos civiles.
Desde entonces y lentamente los demócratas fueron tomando posiciones claves en el control de los estamentos del estado en cada distrito. Hasta que en 1876 se produce el hecho que los supremacistas, como se los llama ahora, estaban esperando.
Los demócratas postularon al gobernador de Nueva York, Samuel Tilden, los republicanos, a Rutheford Hayes. Tilden tuvo más votos populares, pero quedaba a un elector de consagrarse presidente. Hayes decidió ganar a como diera lugar. Y lo hizo con la promesa de retirar al ejército de los estados sureños ni bien asumiera su cargo.
En marzo de 1877 el nuevo presidente retiró todas las tropas federales. Desde ese momento y en muy pocas semanas, los negros fueron perdiendo todos sus derechos y comenzaría una verdadera dictadura blanca que duraría, al menos en los papeles, hasta la década de 1960. Hayes es el mismo personaje que como árbitro de una disputa fronteriza entre el estado argentino y lo que quedaba del país de Francisco Solano López luego de la guerra de la Triple Alianza (otra guerra por el algodón en cierto modo) laudó a favor de Parguay, que en su honor nombró Presidente Hayes al distrito recuperado.
Un siglo debió pasar de aquella guerra contra la esclavitud para que, luego de una lucha que sumó a Rosa Parks (la mujer que en diciembre de 1955 se negó a dejarle su asiento a un blanco en un autobús en Montgomery, Alabama), Martin Luther King, Malcolm X, Stokely Carmichael, W.E.B. Du Bois y tantos otros líderes, lograran que otro vicepresidente asumido en reemplazo de un mandatario asesinado, (Lyndon Jonhson, sucesor de John Kennedy) aprobara una ley de Derechos Civiles, en 1965, que volvía a prohibir la discriminación racial.
La llegada de Barack Obama a la presidencia, en 2009, hizo pensar que finalmente terminaba una era oscura en la historia de esa nación y que se igualaban derechos no solo en los papeles sino en la cultura de los ciudadanos. Pero la seguidilla de casos de violencia policial contra negros durante su mandato reveló que la brecha seguía abierta.
Estos últimos casos, en Charlottesville y ahora en Carolina del Norte, dan cuenta de una divisoria social que no se consigue cerrar. En Virginia, un joven fanático atropelló a una multitud y mató a una mujer e hirió a casi 20 personas en manifestaciones a favor y en contra de destruir una estatua del general que se rindió ante las tropas federales. En Durham un grupo tiró abajo la estatua de un soldado confederado para simbolizar la ruptura con ese pasado que sigue sin embargo pesando en el imaginario estadounidense.
Tiempo Argentino
Agosto 16 de 2017
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