por Alberto López Girondo | Sep 11, 2018 | Sin categoría
Con un acto en las puertas del edificio donde Lula Da Silva cumple prisión, en Curitiba, el Partido de los Trabajadores de Brasil (PT) abre su campaña presidencial con su mueva fórmula: Fernando Haddad-Manuela D´Ávila. Así, al filo de la fecha estipulada en la convocatoria electoral y cumpliendo puntillosamente con las leyes, la agrupación creada por el líder metalúrgico reemplazó el dúo original en vista de la decisión del Tribunal Supremo Electoral (TSE) que prohibió la candidatura de Lula, quien marcha primero en todas las encuestas.
Así, un académico y docente en Ciencias Políticas que formó parte del Gabinete de Lula como Ministro de Educación y una periodista y militante del partido Comunista do Brasil (PCdoB) serán el estandarte del PT para regresar al gobierno, del que fue desplazado por un golpe institucional contra Dilma Rousseff en agosto de 2016.
Luego del ataque a cuchillada al candidato de la ultraderecha, Jair Bolsonaro, y de la arremetida del jefe del Ejército, el general Eduardo Vilas Boas contra la designación de Lula, la incógnita es cómo se desarrollará de aquí en más un comicio que viene bastante torcido por la violencia verbal y la inocultable maniobra para sacar de la cancha al dos veces presidente en un intento por enterrar bajo siete lápidas la posibilidad de retorno de un gobierno popular.
Fernando Haddad, descendiente de una familia libanesa afincada en San Pablo, se graduó en la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad paulista. En 2005 pasó a integrar el equipo más cercano a Lula en la cartera de Educación. Desde allí promovió planes de inserción e integración en el sistema con el llamado Plan ProUni (Universidad para Todos), que abrió la posibilidad de estudiar en universidades públicas a más de un millón de jóvenes.
Entre sus aspiraciones estaba la de lograr que para 2011 el 30% de los jóvenes brasileños asistieran a la Universidad. Como aspiración, miraba los datos de Argentina,con el 32% en esa fecha, y de Canadá, con 62%. Las políticas neoliberales de Michel Temer vienen limando esas conquistas a base de neutralizar o eliminar presupuestos.Y no solo en Educación.
Haddad también fue alcalde de San Pablo, en un histórico triunfo de la mano de Lula. No era un personaje conocido públicamente y el ex mandatario lo llevó literalmente de la mano para que sus seguidores lo votaran como si fuese él mismo. Esta vez, y ante un desafío mayor, el conocimiento popular de Haddad sigue siendo un problema. Agravado porque Lula ya no puede estar a su lado y para completar el escenario. El poder judicial brasileño, que buscó todas las variantes para condenar al ex presidente, tampoco acepta que en la publicidad del PT ni aparezca su imagen.
Así y todo un último sondeo de Data Folha, habitual fuente de consulta sobre estos temas en Brasil y normalmente aceptado como certero, daba a a Haddad creciendo y a Bolsonaro como primero con 24% de los votos, casi sin variantes a pesar de que normalmente un ataque como el que sufrió sirve como elemento publicitario.
Cuando las encuestas tomaban en cuenta a Lula -algo que el TSE también prohibió expresamente el último fin de semana- el ex militar era el segundo, lejos, del líder obrero, que se mantenía cercano a los 40 puntos.
Muchos todavía no estaban enterados de que Haddad había asido designado candidato a presidente, y sin haber participado en los dos debates presidenciales previos, aún así mostró un 9 % de apoyo. Optimistas, para el PT es un segundo lugar, ya que unieron en un mismo pelotón a los que están dentro del margen de error de una encuesta: Ciro Gomes, con 13%, Marina Silva, con 11%, y Geraldo Alckmin, con 10%.
El detalle de ese análisis es más alentador. Según Datafolha, el 33% de los consultados afirmaron que votarán a quien indique Lula y otro 16% dijeron que «podrían votar» al preferido del ex mandatario. Esto suma 49%, al borde de ganar en primera vuelta. Lo que sería una hazaña inédita ya que ni el propio Lula logró ganar sin pasar por el balotaje.
Al desconocimiento popular de Haddad entre la gran mayoría de la población brasileña se suma que su candidata a vice, Manuela D´Ávila, proviene del PCdoB, en una campaña donde el componente anticomunista de Bolsonaro se le añade que gran parte de la campaña para destituir al PT se basó en que las medidas que había tomado desde 2003 y especialmente con Dilma en el poder -una ex guerrillera, para más datos- el país avanzaba hacia el marxismo o algo así.
La alianza del PT con el PCdoB significa un giro a la izquierda del laborismo brasileño y la ruptura de esa coalición con el PMDB que lo llevó al Planalto en 2003 pero que al fin y al acabo lo terminó traicionando, con el vice Temer tumbando a la presidente y además, «derrocando» todas las iniciativas progresistas de la gestión.
D´Ávila es una joven dirigente gaúcha que a los 37 años que hace 12 que fue elegida diputada federal por Porto Alegre. En esa ciudad nació y allí se graduó en periodismo en la Pontificia Universidad Católica, aunque luego cursó Ciencias Sociales en la Universidad Federal de Río Grande do Sul.
Carismática estuvo en el escenario paulista donde Lula de despidió de su gente ante de someterse a la detención dictada por el juez Sergio Moro. La presentó como al nueva dirigencia junto con Guilherme Boulos, del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), que finalmente no forma parte de este frente aunque es el único que defiende la necesidad de que Lula también pueda participar en la elección ya que la condena en su contra no está firme y la acusación, también para él, es amañada. Y que además, reivindica sus políticas.
Tiempo Argentino, 11 de Septiembre de 2018
por Alberto López Girondo | Sep 9, 2018 | Sin categoría
Mientras el exnuncio en EE UU, Carlo Maria Viganò, sigue «cascoteando» al Papa Francisco con su reclamo de que renuncie, el obispo Juan Barros declaraba como imputado de encubrimiento de abusos sexuales en el seno de la Iglesia católica de Chile.
Barros, amigo personal de Jorge Bergoglio, fue sindicado por haber ocultado las denuncias contra curas y en especial de uno de los «depredadores chilenos», Fernando Karadima. El caso se potenció cuando el Papa nombró a Barros obispo de Osorno y explotó durante su visita a Chile de principios de año.
La presencia ante la brigada de Delitos Sexuales de la Policía de Investigaciones (PDI) de Barros –cuya renuncia el Pontífice aceptó en junio, junto con las de otros 33 prelados– no es un dato menor en la delicada situación que vive el Vaticano.
A mediados de agosto una corte de Pensilvania publicó un informe sobre abusos de más de 300 clérigos a un millar de víctimas. De ese documento salió el mote de «depredadores sexuales» para los curas.
El exnuncio (embajador) de la Santa Sede en Washington arrojó la primera piedra cuando Francisco estaba de gira por Irlanda, otro país donde proliferaron denuncias de abusos. Viganò acordó con medios ligados al catolicismo la publicación el 22 de agosto de una carta en la que acusa al Papa argentino de haber ocultado denuncias desde que fue designado, en marzo de 2013. Pero especialmente de haber levantado la condena de Benedicto XVI contra el exarzobispo de Washington, Theodore McCarrick, también acusado de abusador serial.
Viganò ya había escrito cartas también explosivas a Benedicto XVI donde marcaba los escándalos de corrupción en la Santa Sede. El caso estalló en 2012, se lo conoció como Vatileaks y terminó con la condena de un mayordomo, Paolo Gabriele, y de un sacerdote, Lucio Ángel Vallejo Balda, pero por posesión ilegal de documentos privados y por su divulgación.
Ahora Viganò detalla múltiples abusos dentro de EE UU pero les suma las denuncias conocidas de Australia, Irlanda y Chile. De la orden salesiana y nacido en Italia hace 77 años, el prelado había sido «trasladado» a EE UU por el Papa Joseph Ratzinger. Tomando como ejemplo el paso al costado que dio el Pontífice alemán, ahora pidió la renuncia de Bergoglio.
La carta fue interpretada como parte de la guerra del ala más conservadora de la Iglesia estadounidense contra el «progresismo» de Francisco y su posición contra el neoliberalismo y el poder del capitalismo financiero. En la misiva Viganò destaca que no habría que hablar de abuso de menores, ya que algunas de las víctimas eran mayores de edad. Por eso, puntualiza, «más correcto es hablar de efebofilia», porque se trata de jóvenes adolescentes.
Acto seguido despliega un pormenorizado detalle de sacerdotes homosexuales que utilizan su poder para satisfacer sus deseos físicos. Entre ellos ubica a McCarrick pero también a gran parte de la curia de ese país. También señala a varios obispos muy cercanos a Francisco.
El Papa por ahora prefiere esperar a que baje la espuma mediática. El exnuncio, que dejó su cargo en 2016, volvió entonces a arremeter al revelar un encuentro de Francisco en Washington con una secretaria judicial de Kentucky que fue presa en 2015 por negarse a firmar actas de matrimonios homosexuales. El Papa negó el encuentro y sólo dijo que saludó a una mujer entre muchas pero no sabía quién era. Como para embarrar más la cancha, Viganò –ahora– dice que sí sabía, que le había dicho personalmente de quién se trataba. ¿Le tendió una trampa entonces?
Tiempo Argentino, 9 de Septiembre de 2018
por Alberto López Girondo | Sep 9, 2018 | Sin categoría
Fue, sin dudas la peor semana de Donald Trump en el gobierno. La que expuso con más rigor eso que ya es usual calificar como «golpe suave». Como esos que las agencias estadounidenses saben hacer en el resto del mundo, pero enfocado hacia las propias entrañas de la Casa Blanca. Claro que no es ajena a esta andanada la cercanía de las elecciones de medio término, que el 6 de noviembre puede modificar la composición del Congreso para, ahí si, impulsar la destitución por alguna de las vías institucionales previstas por las leyes.
La «forma limpia» sería forzarlo a una renuncia, como sucedió en 1974 con Richard Nixon, envuelto en el escándalo de Watergate. Bill Clinton fue sometido a un impeachment por ciertos deslices amorosos con una pasante, pero zafó porque no se lograron los votos de los dos tercios del Senado. Nadie se anima a hablar de la tercera vía para sacarlo del gobierno, en un país en el que tres presidentes fueron asesinados, el último hace 55 años.
El gobierno de Trump se puso de enemigos a la prensa y al llamado Estado Profundo desde que asumió, el 20 de enero de 2016. Pero a medida que se acerca la renovación legislativa arrecian los ataques contra una gestión que el establishment considera errática y peligrosa.
En estos días se presenta un libro explosivo de Bob Woodward, uno de los que investigó el caso Wategate en 1972. Prestigioso periodista ligado al Washington Post –que publicó un adelanto el martes– cada una de sus investigaciones suelen estar sustentadas en documentación y fuentes indiscutibles, al punto que en los ’80 puso en jaque a Ronald Reagan por el escándalo Irán-Contras. Justo el 11 de septiembre, en el aniversario de los ataques a las Torres Gemelas, sale a la venta Fear: (Miedo) Trump en la Casa Blanca. Allí cuenta detalles de cómo se maneja el mandatario republicano en el día a día y lo ejemplifica contando que altos funcionarios retiraron un documento a la firma por el que eliminaba un acuerdo comercial de décadas con Corea del Sur, el aliado estadounidense en esa región desde la Guerra Fría.
El New York Times publicó luego una nota de opinión, sin firma –a contramano de todos los códigos éticos y sus propias reglas de trasparencia, aunque las autoridades del diario aseguran conocer la identidad del autor–, de un supuesto integrante del staff presidencial, que agrega más detalles del funcionamiento del gobierno. Llega a decir que hay todo un equipo que trata de enmendar los arranques impulsivos del presidente para evitarle males mayores a Estados Unidos. «Soy parte de la resistencia en la Administración Trump», se titula el artículo, que causó revuelo en Trump y sus íntimos.
En primer lugar porque lo muestra poco afecto a comprender la política internacional y falto de moral. Pero sobre todo porque el redactor, que aclara que no es de izquierda, desliza que «hay rumores de dentro del Gabinete de invocar le Enmienda 25» para revocar su mandato.
Esa enmienda fue establecida en 1965 a raíz del asesinato de John Kennedy. De acuerdo a la ley de acefalía vigente hasta entonces, cuando toma el cargo Lyndon Johnson, el vicepresidente, quedaba en las brumas el mecanismo de su reemplazo en el Senado. Fue así que se detallan los pasos para cubrir ese bache, pero de paso, para quitarse de encima presidentes que incomoden al establishment. Son cuatro condiciones pero una es la que preocupa a Trump: es la que establece el modo por el cual el vicepresidente y la mayoría de sus secretarios pueden declarar al presidente «incapaz para desempeñar sus funciones» y exigir el recambio.
Lo primero que hizo el mandatario fue criticar la falta de ética del diario y luego demandó una investigación para que revelen quién es el autor de la nota, al que no dudó en calificar de traidor. Al mismo tiempo, fustigó a Woodward y repitió su mensaje de que los grandes medios sólo lo critican por medio de mentiras.
Uno que salió en su ayuda fue Paul Craig Roberts, secretario del Tesoro durante el gobierno de Reagan y un liberal convencido. Roberts, que también es editor asociado en el Wall Street Journal, sostiene que no hay ningún funcionario detrás de la columna, sino el mismo periódico, que intenta crear desconfianza en el equipo de Trump y de este contra sus colaboradores. Pero agrega algunos indicios que muestran el trasfondo del ataque.
El artículo dice textualmente que «en público y en privado, el presidente Trump exhibe una preferencia por los autócratas y dictadores, como el presidente ruso, Vladimir Putin, y el líder norcoreano Kim Jong-un, y muestra poco aprecio por los lazos que nos unen con naciones aliadas que tienen una forma similar de pensamiento». Y cuestiona su renuencia a expulsar espías rusos tras el incidente con el Novichok en Gran Bretaña.
Dice Roberts: «El supuesto ‘alto funcionario’ tergiversa, como lo hace el New York Times, los esfuerzos del presidente Trump por reducir tensiones peligrosas con Corea del Norte y Rusia», y agrega: «¿Por qué resolver las tensiones peligrosas es una ‘preferencia por los dictadores’ y no una preferencia por la paz?». A lo que suma el detalle de que Vladimir Putin fue reelegido tres veces «por mayorías que ningún presidente de EE UU tuvo jamás». Su conclusión es que buscan demoler a Trump por intereses ligados al complejo militar, que mucho tiene que perder si las relaciones internacionales entran en una etapa dialoguista con las otras potencias.
Para colmar el vaso, el cineasta Michael Moore presentó en el Festival de Toronto su nuevo documental, Farenheit 11/9, una suerte de anverso del 11S con fuertes críticas a la dirigencia política estadounidense a la que responsabiliza por el ascenso de Trump al poder. También plantea la forma de evitar un camino irreversible hacia «el despotismo y la tiranía» en noviembre.
La frutilla que corona el postre fue el discurso del viernes del expresidente Barack Obama, que decidió volver al ruedo para sumarse al coro anti Trump y reclamarle al partido republicano que hagan algo para quitarse del medio a este inquilino de la Casa Blanca que «está socavando nuestras alianzas, acercándose a Rusia».
Tiempo Argentino, 9 de Septiembre de 2018
por Alberto López Girondo | Sep 6, 2018 | Sin categoría
Podría ser una «devolución de gentilezas» o una escalada de la guerra del ex presidente paraguayo, Horacio Cartés, contra gran parte del establishment del partido Colorado. Y tiene su antecedente, porque cuando el polémico empresario anunció el traslado de la embajada de Paraguay en Israel a Jerusalén, la decisión causó rechazo en el equipo de Mario Abdo Benítez, elegido como primer mandatario por la misma agrupación política. Como corolario, podría ser que el tradicional partido nacido al fin de la guerra de la Triple Alianza -esa que con la colaboración de las presidencias de Bartolome Mitre y Domingo F. Sarmiento destruyó a Paraguay entre 1865 y 1870- decidió tomar el toro por las astas y romper con todo vestigio de este quinquenio de «semioficialismo». El caso es que el regreso diplomático a Tel Aviv, tras casi cuatro meses, generó el retiro de embajador israelí en Asunción y al mismo tiempo la apertura de la representación de Palestina en la capital paraguaya. Un enroque difícil de explicar en otro contexto.
El partido Colorado -que salvo breves períodos gobernó ese país en forma continua y hasta acompañó al dictador Alfredo Stroessner entre 1954 y 1989, aunque también lo volteó cuando era un escollo para la gobernabilidad- había quedado bastante lastimado durante la gestión de Fernando Lugo, quien había avanzado hacia la integración regional y ciertos toques de estado de bienestar, y mucho más por el golpe de 2012 contra el ex obispo. Por eso en 2013 había aceptado llevar como candidato a un multimillonario que acumuló tanta fortuna como denuncias por evasión fiscal, lavado de dinero, tráfico de drogas y falsificación de cigarrillos. Eso a pesar de que no cumplía con los plazos de afiliación que los mismos estatutos preveían. Bien se sabe que «billetera mata galán». O a militante.
Pero ni bien ocupó el cargo, Cartes comenzó a gestionar sin ninguna consulta con sus compañeros electorales, lo que generó fuertes controversias que solo pudo acallar porque supo aprovechar un leve viento de cola por la expansión de la exportación de soja, lo que atrajo no pocas inversiones externas. Este año el PBI paraguayo aumentará dentro del promedio de los últimos seis, en torno del 4%, aunque tambièn es cierto que la pobreza no bajó nunca del 27 %.
En 2017, el empresario quiso reformar la Constitución o forzar su sentido para obtener un nuevo mandato, cosa que rechazaron los legisladores, encabezados por el coloradismo. El 22 de abril, sin demasiada sorpresa, el candidato del Partido Colorado, Mario Abdo Benítez, hijo del que fuera secretario privado de Stroessner, ganó las elecciones.
Los votos todavía estaban calientes y faltaba poco para que terminara su mandato cuando el 9 de mayo Cartes anunció que, siguiendo la línea de Donald Trump, había decidido trasladar la embajada de Paraguay en Israel a Jerusalén. Junto con Guatemala y EEUU, fueron los únicos en hacer esa movida.
Paralelamente Cartes negociaba contrarreloj para obtener la banca en el senado a la que había sido autorizado por un amañado fallo de la Justicia. Buscaba obtener los fueros que lo tranquilizarían ante la presumible venganza política de quienes tomaran su lugar, los mismos a quienes había ninguneado por un lustro. Como ex mandatario, tiene derecho a una banca pero sin voz ni voto, pero eso no le resultaba suficiente.
El 28 de mayo, Cartes presentó su renuncia, tres meses antes de la entrega del poder, generando una crisis política que se resolvió un par de semanas más tarde, cuando se convenció de que el Congreso no iba a avalar su jugada. Tuvo que quedarse hasta el fin.
Abdo Benítez llegó al Palacio de los López el 15 de agosto. Apenas habían pasado 100 días cuando desde Asunción llegó la orden de levantar todo de las oficinas que le había destinado el gobierno de Benajamin Netanyahu, en el parque tecnológico de Jerusalén y volver a Tel Aviv. Fue una medida tomada entre cuatro paredes entre el nuevo presidente y su canciller, Luis Alberto Castiglione, cosa de no alertar a medios ni informantes de Israel.
Ni bien se supo la noticia, Netanyahu informó que retiraría su propia embajada en Asunción. Y la autoridad palestina indicó que recibía la novedad con beneplácito y a su vez enviaría un representante diplomático a la capital paraguaya.La pelea entre Cartes y los dirigentes colorados siguió por tuit. Esto dijo Cartés:
Hoy se traicionaron los valores de la civilización Judeo Cristiana; hoy se traicionó a UN AMIGO!, hoy se traicionó la voluntad y el sentimiento del pueblo paraguayo! Hoy se traicionó la amistad entre PARAGUAY e ISRAEL. Cada pueblo que le dio la espalda a Israel pagó muy caro!— Horacio_Cartes (@Horacio_Cartes) 6″=»»>https://twitter.com/Horacio_Ca… de septiembre de 2018
Esto respondió Abdo Benítez:
Paraguay es un país de principios. El espíritu de la decisión anunciada es que los pueblos de Israel y Palestina logren alcanzar una paz amplia, justa y duradera. Siempre seremos respetuosos del derecho internacional.— Marito Abdo (@MaritoAbdo) 5″=»»>https://twitter.com/MaritoAbdo… de septiembre de 2018
El canciller Castiglioni se sumó al debate de este modo:
Paraguay es una nación amiga de Israel y Palestina. Nuestra decisión está basada en el derecho internacional y pretende contribuir a la búsqueda de la paz https://t.co/qqVq4D2VQ0— Luis A. Castiglioni (@LuisCastiglioni) 5″=»»>https://twitter.com/LuisCastig… de septiembre de 2018
En ese sentido se habia expresado la cartera de Exteriores para justificar la vuelta a Tel Aviv. «La República del Paraguay se ha adherido con consistencia a la visión de una región en la que dos Estados democráticos, Israel y Palestina, vivan uno al lado del otro en paz y dentro de fronteras seguras y reconocidas, conforme al criterio plasmado en numerosas resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, como ser la Nº 1397 (2002), Nº 1515 (2003), Nº 1850 (2008) y Nº 2334 (2016)», dice el comunicado de la cancillería. Recuerda luego que las relaciones con Israel datan de 1948 y que en 2005 inició relaciones con Palestina para dar su reconocimiento como estado en 2011.
En una conferencia de prensa, Castiglioni hizo hincapié en la necesidad de aceptar las decisiones de la ONU como vinculantes y señaló que la situación en Medio Oriente indica que se debe volver a las fronteras de 1967, antes de la ocupación de Jeruslaén Este y de gran parte de los territorios asignados a Palestina 20 años antes.
Ni Castiglioni ni Abdo Benítez son dirigentes incilnados a la izquierda. De hecho, el canciller fustigó duramente la cercanía de Lugo a Chávez y Abdo Benítez nunca rompió lanzas con el stronesnerismo, dijo que había conocido al dictador cuando era chico y que no tenía mal recuerdo de él como persona. «Hay que mirar adelante» se limita a decir cuando lo apuran sobre eso.
El tema es mas de fondo y tiene que ver con Cartes y con la influencia que Israel puede haber tenido en la inconsulta, como desde el coloradismo insisten, medida de trasladar la embajada. También Jimmy Morales, el presidente de Guatemala, el otro país en trasladar la embajada jerosolimitana, lucha como gato entre la leña contra la oposición y algunos oficialistas ante sucesivas denuncias por corrupción.
Tiempo Argentino, 6 de Septiembre de 2018
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