Pasan cosas grotescas en la Argentina. El 4 de julio, en el Planetario de la Ciudad de Buenos Aires, se celebraron los 250 años de la independencia de Estados Unidos con un festival de luces y drones y parejas bailando «country». Milei dio la nota acudiendo a la embajada estadounidense, en un hecho inédito para un presidente. Cinco días más tarde, para los 210 de la independencia nacional, el edificio inaugurado en 1967 con el muy adecuado nombre de Galileo Galilei pasó la jornada sin pena ni gloria. Ni una lamparita. Nada. Javier Milei, en el acto realizado en Tucumán, en la vigilia del 9 de Julio, y en presencia de una decena de gobernadores dispuestos a una alianza para profundizar el modelo de la ultraderecha que calificó como «una especie de segunda independencia», volvió a sus relatos exaltados sobre su gestión al afirmar que «haber logrado esta transformación económica sin default, sin confiscaciones y buscando métodos de mercado para resolver todos nuestros problemas, supone una suerte de cruce de los Andes en materia económica».
Todavía resonaba un discurso del ministro Luis Caputo anunciando un programa financiero para el manejo de la deuda que él mismo había contraído en su anterior gestión con organismos internacionales y con la firma del contrato de concesión de la Vía Troncal del río Paraná tras una cuestionada licitación y el pago ese mismo 9 de Julio de 4.300 millones de dólares por vencimientos de bonos soberanos. Y mientras avanzaba el desguace del sofisticado sistema científico nacional, incluido el desarrollo nuclear de primer nivel alcanzado en décadas de inversión estatal, edificios de todo el país se cubrían de banderas argentinas y cientos de miles salieron a las calles a celebrar a Lionel Messi y la selección argentina en un clima de unidad que distaba del «sálvese quien pueda» que se alienta desde el oficialismo.
La conmemoración de la fecha patria se realizó, como es de rigor, en la casa histórica de Tucumán, donde en 1816 se declaró la voluntad de las «Provincias Unidas de Sud América» de «investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli». Diez días más tarde, cuentan los historiadores, y a instancias de quien sí cruzó la cordillera, y en condiciones extremas, José de San Martín, se agregó un apropiado «y de toda otra dominación extranjera», que los documentos oficiales –y la voluntad de dirigencias más actuales– no reflejan. Un dato ilustrativo del drama nacional es que la casa de Francisca Bazán de Laguna, donde se realizó el Congreso, que había sido construida a fines del siglo XVIII, tuvo que ser reconstruida luego de años de abandono, gracias a imágenes de las ruinas tomadas por el fotógrafo Ángel Paganelli en 1870, y fue reinaugurada en 1943.
¿Rotas cadenas? Efectivamente, un extraterrestre bien podría asombrarse de que la República Argentina viva semejante perturbación. Por un lado, parece una provincia estadounidense, por la pleitesía con que los más encumbrados de los tres poderes se sumaron a los festejos en la embajada de EE.UU. en Buenos Aires, entre ellos, por cierto, Milei, que no fue el único ni siquiera el más condescendiente. En Tucumán, en tanto, el primer mandatario se presentó a dos años de aquel remedo de acuerdo fundacional que pomposamente llamó Pacto de Mayo, pero que no logró firmarse sino tras 45 días de presiones y amenazas sobre los gobernadores hasta conseguir una masa crítica que justificara el acto.
Así, en ese tono ampuloso que se le conoce, el inquilino de la Quinta de Olivos dijo que «haciendo honor a quienes dieron su vida por romper las cadenas que nos ataban al imperio español, nuestro Gobierno asumió un histórico compromiso: liberar al pueblo argentino de la tiranía del Estado omnipresente». Ya que estaba en esa línea tan amigable con las proclamas de las extremas derechas internacionales, dijo: «Hicimos el ajuste más grande de la historia, aprobamos el RIGI, realizamos más de 16.000 reformas en el gran entramado legal que atosigaba a los argentinos, llevamos más de 2 años con superávit fiscal».
El que habló del costo de ese ajuste que puede calificarse de monstruoso fue el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, quien llamó a escuchar «los gritos de quienes claman ayuda: pobres, jubilados, enfermos, discapacitados», pidió luchar contra el individualismo y «la mezquindad política» y reclamó compadecerse de las angustias de los demás. Las palabras más fuertes tuvieron destinatarios que no mencionó, algunos de ellos presentes en su homilía del 9 de Julio, en la que estaban Milei, su hermana y el flamante jefe de Gabinete junto a la plana mayor del Gobierno nacional y el alcalde porteño. «El camino de la crueldad hacia los más débiles es el que aprovechan algunos para dividirnos y enfrentarnos, escondidos en las cuevas de la corrupción, haciendo que los pobres sean cada vez más pobres y ellos escandalosamente más ricos. Y esto no es cuestión de ser de tal o cual partido, es cuestión de ser o no transparentes y honestos», dijo el prelado.
Tucumán. Milei, con el mandatario local, Osvaldo Jaldo, funcionarios y gobernadores en la casa histórica.
Foto: NA
La unidad del fútbol Gracias al fútbol, primaba por entonces un clima de unidad, que incluso resaltó García Cuerva en el Tedeum. Pero no faltaron exageraciones propias de un nacionalismo teñido de racismo como el que llevó a una fuerte respuesta de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum a un comunicador local que sintoniza con el oficialismo, quien dijo «detestar a los mexicanos» por críticas que se hicieron desde el país norteamericano tanto al equipo que dirige Lionel Scaloni como a Messi. Desde la granja de trolls financiada por el Estado, se acusó a sectores del kirchnerismo de desear que la albiceleste perdiera, en un arranque de patriotismo que no solo la obsecuencia con la Casa Blanca o el Gobierno de Israel, sino la entrega de recursos y bienes que pertenecen a la sociedad desmentirían, en otras condiciones de normalidad. La disociación que prolifera desde las cúpulas políticas, por lo demás, se muestra en el mensaje contradictorio del jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Jorge Macri, quien así como celebraba un triunfo ordenaba reprimir los festejos populares en el obelisco porteño.
Mientras Luis Caputo busca infructuosamente los dólares que el Gobierno necesita para hacer frente a vencimientos con el FMI y otras entidades, y negocia nuevos créditos –lo que mejor sabe hacer– con tres bancos privados para conseguir u$s 3.200 millones, sigue sin cumplir con la ley de financiamiento universitario. La última novedad para incumplir esa y otras obligaciones como la de discapacidad, es que el presidente adelantó un proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, del mercado de capitales, una desregulación del mercado de seguros y de una normativa similar al «government shutdown» de EE.UU. Esto es, que «cuando agotás el presupuesto, no se puede gastar más y apagás el Estado», según explicó Milei en su canal de streaming amigo Neura.
Hablando del proyecto en cuestión con la FM Now, Milei cruzó algunos límites más y llegó a decir que se justifica la apertura de importaciones porque Argentina no produce gran cosa. Si no se comprara en el exterior «solamente comeríamos dulce de leche. Tendríamos unos problemas de sobrepeso tremendos porque sería lo único que comeríamos. Y andaríamos con biromes en colectivo nada más. O sea, no tenemos muchas más cosas».
El apagón, sin embargo, va avanzando antes de que una ley lo determine. El riesgo, para nada imaginario, es que cuando la caída en la recaudación se profundiza por la depresión económica, el cierre del Estado sea definitivo. Algo que no molestaría a Milei, que se jactó en varias ocasiones de ser un topo que llegó para destruirlo.
Donald Trump publicó este sábado un mensaje en su red social Truth que debería causar una alarma mundial, pero no pasó de un titular más en los grandes medios. Lo cierto es que el presidente de Estados Unidos avisó que hay 1000 misiles “dispuestos para devastar y destruir completamente a Irán” si llegara a ser asesinado, no despertó mayor preocupación. Lejos de ser negacionistas, quizás le está pasando como en el cuento de Pedro y el lobo, que de tanto lanzar falsas amenazas ya no le creen. ¿Y si ocurre que los iraníes intentan asesinarlo? Visto desde la perspectiva de un mundo en que el crimen político no genera indignación, que un país que vio como eliminaban a su líder espiritual, a su familia cercana y a parte de su cúpula militar, política y científica se tomara semejante venganza hasta podría alcanzar justificación. Peor aún, ante los últimos choques entre la Casa Blanca y Benjamin Netanyahu, podría ocurrir que lo intenten asesinar los servicios israelíes, para que sus socios se involucren hasta el fin en el pantanal en que se metieron el 28 de febrero. Con este mensaje, Trump abre las puertas a una acusación contra Teherán.
Una línea de tiempo puede facilitar alguna comprensión del escenario total. Se dijo desde el día de los últimos ataques conjuntos de EE UU e Israel contra Irán que Trump creyó los informes de inteligencia israelí que le garantizaban que la cadena de magnicidios produciría un cambio de régimen en el país persa y le daría las mejores cartas para la visita a Xi Jinping que se avecinaba. El presidente tenía entonces sobre su cabeza la divulgación de los comprometedores archivos de Jeffrey Epstein, razón suficiente además para “cambiar de tema” con una guerra.
Pues bien, el 30 de junio el juez de distrito Emmet Sullivan aceptó el reclamo de la periodista Katie Phang y bajo los términos de la Ley de Transparencia ordenó al Departamento de Justicia la entrega de correos electrónicos y videos de torturas y actos sexuales y la denuncia de una mujer que afirma haber sido víctima de abuso por parte del actual presidente. El 3 de julio el DOJ el fiscal general interino Todd Blanche, (designado el 2 de abril tras la destitución de Pam Bondi, precisamente por la forma en que manejó este caso) se negó alegando, que el gobierno ya había cumplido adecuadamente con la ley. Cinco días más tarde, el pliego de Blanche ingresó al Senado para su aprobación como titular de esa dependencia.
Este miércoles, desde Ankara, donde Trump se paseó como un jeque caprichoso en una cumbre de la OTAN a la que dijo no haber querido ir por la negativa de sus aliados a colaborar con la aventura en Irán. “Vine por la invitación de mi gran amigo, (Recep Tayyip) Erdogan”, indicó. Pero tras despotricar contra España por no haber incrementado su presupuesto para defensa, anunció que había ordenado nuevos ataques contra Irán, a quien acusó de haber bombardeado un petrolero que transitaba por el estrecho de Ormuz. “El Memorándum de Entendimiento (MOU en inglés) -que había firmado el 18 de junio en el Palacio de Versailles junto a Emmanuel Macron- terminó. Les vamos a dar duro. Son escoria. Es gente enferma. Están dirigidos por gente enferma, son personas crueles y violentas. No quiero tratar más con ellos”, escupió, sentado junto al secretario general de la OTAN, Mark Rutte.
Los iraníes dijeron que quienes rompieron la tregua fueron los estadounidenses y lanzaron una andanada de misiles sobre bases militares de EE UU en Baréin y Kuwait. El canciller Abbas Araghchi habló desde las redes sociales: “Los iraníes son conocidos por su cortesía, cultura y sólidos valores morales. No respondemos a la vulgaridad con vulgaridad, sino con acción: sin temor y con gran valor”. Mientras tanto, se desarrollaba el masivo funeral del asesinado Ali Jamenei, que concluyó este jueves con la inhumación de sus restos en el Santuario de Imán Reza, en la ciudad de Mashad, de donde era oriundo. El sucesor, su hijo Mojtaba Jamenei, emitió entonces un fuerte mensaje: “Prometemos vengar vuestra sangre pura y la de todos los mártires de estas dos guerras contra sus asesinos criminales y deshonrados. Esta represalia es una exigencia de nuestra nación y debe llevarse a cabo, sin duda alguna”.
Trump, que no cesa de enviar señales contradictorias -lo que no colabora para que lo tomen en serio- bajó un cambio y dijo que los iraníes habían llamado para continuar con las negociaciones. Lo que analistas financieros están elucubrando es que el mandatario estadounidense está testeando los mercados ante cada nuevo intercambio bélico. Y en estos días no movió demasiado el amperímetro, consolidando los precios del petróleo en los 76 dólares el barril, luego de haber pisado los 126 dólares en abril. Señal de que ya puede mantener otra guerra eterna sin tantas complicaciones en su frente interno por las elecciones de noviembre.
Pero por si eso no fuera suficiente, el mismo jueves expulsó a todos los integrantes de la Comisión de Asistencia Electoral (EAC en inglés), organismo que cumple un rol esencial en los comicios de ese país. “Tras el desmantelamiento de la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de Infraestructuras de EE UU, la EAC es una de las pocas entidades federales que quedan encargadas de proporcionar apoyo de seguridad electoral a los estados. Creada por el Congreso en 2002, se supone que es bipartidista. Certifica el equipo de votación y ha administrado cientos de millones de dólares en apoyo federal para las elecciones”, relata la CNN.
Cuba y la subversión
Tras el festival de sanciones y el incremento del bloqueo, inclusive energético, contra Cuba desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, el Secretario de Estado, Marco Rubio, emitió un mensaje este sábado recordando los cinco años de manifestaciones que, en la óptica de la Casa Blanca, fueron “sofocadas brutalmente” por el gobierno de la isla. “Hasta el día de hoy, cientos de cubanos permanecen injustamente detenidos, sufriendo condiciones brutales, por el simple pecado de preguntar por qué los cubanos no pueden poseer libremente negocios, participar en el proceso político o proveer para sí mismos y sus familias”, dice el texto oficial.
Rubio agregó que “Estados Unidos continuará utilizando todas las herramientas a nuestro alcance para impulsar reformas económicas y políticas significativas en Cuba y para proteger a los estadounidenses de amenazas subversivas que emanan de Cuba”. El argumento que “Cuba deje de albergar operaciones militares, de inteligencia, terroristas y subversivas hostiles de potencias extranjeras a solo 90 millas de la patria americana”.
El regreso de esa estrategia es tan obvio como que el canciller estadounidense anunció un Seminario Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político al que invitó a más de 60 países para combatir “el resurgimiento del terrorismo transnacional de extrema izquierda”. Dijo que hay creciente interés en varios países en sumarse a esta iniciativa que busca “combatir la creciente amenaza internacional de la violencia de extrema izquierda”, según reveló el The Washington Post.
El Congreso de Estados Unidos se prepara para debatir un plan de fusión de su ejército con el de Israel. La iniciativa, que se denomina Cooperación en Tecnología de Defensa, figura en la sección 219 de la Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA en inglés) para el año fiscal 2027 y recibe fuertes críticas dentro de aliados de Donald Trump, del movimiento MAGA y desde sectores del Partido Demócrata.
La NDAA es una ley que debe ser aprobada anualmente para establecer la política militar y autorizar programas de defensa y presupuesto. En la correspondiente al año que viene, se incorporó una sección que profundiza el nivel de cooperación entre las fuerzas armadas de EE UU e Israel.
En los últimos meses, desde ámbitos de la derecha que apoyaron al empresario inmobiliario aparecen críticas por lo que consideran un seguidismo de la Casa Blanca a los dictados de Israel. El periodista Tucker Carlson, uno de los que más hizo para la vuelta de Trump al gobierno, en la última emisión de su programa por la red X mostró su arrepentimiento.
“La verdad es que, después de esta guerra, es imposible decir que el Partido Republicano de Trump, MAGA, está actuando en nombre de EE UU. Está actuando en nombre de Israel. Eso es lo opuesto a lo que nos dijeron que íbamos a obtener. Es una traición tan grande… Realmente creímos que al menos ibas a intentarlo y ¿al final todo se trata de estafas de criptomonedas y guerras por Israel? No puedo creer que hayas hecho eso -le dice al presidente- estoy indignado de que alguien a quien apoyé traicione al país y a sus propios votantes y luego dé la vuelta y diga que no soy leal Tú eres el desleal. Vendiste al país a una nación extranjera”.
La excongresista Marjorie Taylor Greene -una extremista de derecha amante de las armas de fuego- llegó a reconocer como genocidio a las acciones de Israel en Gaza, lo que para los parámetros políticos de EE UU es toda una herejía. “Lo más veraz y lo más fácil es decir que el 7 de octubre (de 2023) fue horrible, pero también lo es el genocidio, la crisis humanitaria y la hambruna que están ocurriendo en Gaza”, dijo Greene hace ya tiempo.
Ante este clima, conseguir más fondos para Israel se estaba convirtiendo en un problema para la Casa Blanca. El subterfugio, afirman los cada vez más encendidos opositores, sería disfrazar ese financiamiento como cooperación en defensa. Pero a nadie escapa que sería una fusión de tecnología y cadenas de suministro en la que no queda claro quién está al mando. O más bien, temen que no quede en manos de los intereses de Estados Unidos.
En básquetbol se llama «cortina» al bloqueo de un jugador para impedir la acción de un contrario y cubrir una maniobra de un compañero libre. En fútbol, «arrastrar la marca» consiste en desplazarse sin pelota para descolocar al adversario, mientras la jugada que entrañaría peligro transcurre en otro sector del campo.
Hasta hace una semana la pregunta de los analistas de la política argentina era por qué Manuel Adorni no renunciaba, o de otro modo, por qué el presidente no lo echaba de la jefatura de Gabinete.
Si se revisa la trascendencia de algunas jugadas que se fueron desplegando en el mientras tanto, la respuesta podría ser que el polémico funcionario se llevó todas las marcas. O hizo de una monumental cortina detrás de la cual el Gobierno avanzó decisiones y consolidó alianzas que llevan a la disolución del país que construyeron las generaciones precedentes.
Un ejemplo de esto que se dice es la asistencia de Javier Milei a una celebración adelantada del cuarto de milenio de la independencia de Estados Unidos en la sede de su embajada en Buenos Aires. Es cierto que el número, 250, tiene su magnitud, sobre todo en el contexto de las políticas agresivas de Donald Trump hacia esta parte del planeta.
Pero nunca un presidente argentino en ejercicio había asistido a ese edificio, por una cuestión de las formas que el cargo exige.
El embajador Peter Lamelas celebró como «¡El rugido de la libertad!» al encuentro con quien definió como su amigo, y afirmó que bajo el liderazgo de los dos mandatarios «la relación entre nuestros países nunca ha sido tan fuerte», augurando un promisorio «MAAGA» (por «Hacer grande a EE.UU. y a Argentina nuevamente»).
Aplicando esa ley física de que no se puede estar en dos lados al mismo tiempo, aunque se trate de dos sitios cercanos, ese mismo martes el inquilino de la Quinta de Olivos pegó el faltazo a la 68ª Cumbre de presidentes del Mercosur, en Asunción. Es conocido el objetivo libertario –en coincidencia con Washington– de destruir la asociación regional. Pero en esa ausencia se podría agregar un coletazo de su inefable voluntad de interferir en las elecciones presidenciales de Brasil. Envalentonado quizás porque ultraderechistas apoyados por Trump –y Milei, por supuesto– ganaron en Chile, Honduras, Colombia y también en Perú, el jefe de Estado argentino había recibido al candidato opositor Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, condenado por golpista.
El Presidente Javier Milei junto al senador y candidato a presidente de la República Federativa de Brasil, Flávio Bolsonaro. pic.twitter.com/1DfbkryiiV
— Oficina del Presidente (@OPRArgentina) June 29, 2026
No era cuestión de tener que verse cara a cara con Lula da Silva, que no es de callarse la boca precisamente. Como que en la capital paraguaya el brasileño lanzó un mensaje para nada velado: «Nadie es dueño de América del Sur». Una lectura apurada podría indicar que el exdirigente metalúrgico se refería a Trump. ¿Será así? Veamos.
Acostumbrado a la reverencia desvergonzada a quien ayudó a que la gestión anarcocapitalista no desbarrancara en las elecciones parlamentarias de octubre pasado, un día antes Milei había tenido un gesto igualmente lesivo para la soberanía y peligrosa para los intereses nacionales en la Conferencia de Latinoamérica de la Fundación Aliados de Israel que se desarrolló en el Alvear Icon Hotel de Puerto Madero.
Allí, pretendió asumirse como responsable de «unificar a Latinoamérica del lado correcto» –mensaje para Lula– detrás de los Acuerdos de Isaac.
A continuación, Milei se puso bíblico y –guiño al primer ministro Benjamin Netanyahu– dijo que «Amalek no es el personaje de una sola batalla. Es una forma de mal que vuelve en cada generación con un nuevo rostro. En el pasado fue el faraón. Luego vinieron otras formas de antisemitismo, que culminaron en el Holocausto. Hoy es el régimen de Teherán, Hamas, Hezbollah y la red de cómplices que los sostiene».
Vaciamientos planificados No solo en estos ámbitos venía jugando el Gobierno mientras la noticia era el «problema Adorni» y sus secuelas. Sin ir más lejos, el canciller Pablo Quirno posteó orgulloso la inminente firma de otro documento que sin discusión parlamentaria incrementa la sumisión argentina a estrategias estadounidenses. Se trata de la llamada Pax Silica, que según el ministro de Relaciones Exteriores «es una coalición internacional impulsada por los Estados Unidos cuyo objetivo es asegurar las cadenas de suministro para inteligencia artificial y tecnologías avanzadas». En palabras menos vanas, se trata de garantizar, a Estados Unidos, el acceso y procesamiento de minerales críticos –litio y tierras raras– imprescindibles para la fabricación de hardware tecnológico. Básicamente es una coalición para impedir el acceso de China a esos insumos estratégicos.
En esa misma línea se entiende el vaciamiento de la capacidad tecnológica nacional en un área en que la ciencia argentina es de primer nivel, como el sector nuclear. Esta semana, un batallón de Gendarmería arremetió contra un centenar de trabajadores despedidos en la sede de la CNEA del barrio porteño de Núñez. Ni qué decir de la represión a investigadores y becarios del CONICET en el Polo Científico, en Palermo. Es que, como dice Carolina Komar Varela, investigadora y delegada de ATE–CNEA, para los «amigos» del exterior, Argentina no puede tener este tipo de desarrollo.
“Terminó de hacer el recorrido, miró a los trabajadores o a quienes lo estaban acompañando y dijo: “Ustedes no pueden tener esto”, como es un país muy poco desarrollado como para tener este tipo de tecnología”, Carolina Komar Varela pic.twitter.com/NNXz5WEWSS
— QR Escaneá La Realidad (@programaqr) July 2, 2026
Para evitar futuros «desafíos al orden occidental», seguramente lo mejor es llenar esos espacios con personal sin ninguna preparación en el rubro, como denuncias las comisiones internas de esas áreas. Otro modo es aprovechar a precio de ganga el conocimiento que la sociedad fue bancando por décadas tanto en preparación de personal como de fabricación de elementos. ¿Cuánto aceptaría cobrar en una empresa privada un técnico o ingeniero especializado que se queda en la calle? Es así que el Super-RIGI, ese proyecto que con el supuesto objetivo de convocar a inversiones cede aportes y obligaciones mínimas, podría terminar sirviendo para que una empresa privada construya una central atómica con un diseño nacional en Atucha y con personal altamente calificado a un costo bajísimo para los valores de ese mercado tan particular.
De hecho, el Gobierno anunció con bombos y platillos la construcción de un reactor de Generación III, el ACR-300, con una potencia de 300 MW, desarrollado por el INVAP de Río Negro. El proyecto está encabezado por Meitner Enegy, una firma con sede en EE.UU. que integran Black River Technology (filial de esos lares de INVAP) y el Ansari Group. Constituido en Canadá, Pakistán y Emiratos Árabes Unidos, se presenta como una «firma de consultoría boutique global» fundada por el multimillonario Hamid Ansari, nacido en Irán, pero ciudadano estadounidense desde su infancia. Como quien dice, es un iraní «potable» para los aliados de Milei.
La inversión prometida es de 1.200 millones de dólares y dicen los que saben que es un proyecto First of a Kind (FOAK, primero en su clase) de este diseño a nivel mundial. Lo que conlleva el riesgo de salir a la cancha sin un período de prueba previo. Nucleoeléctrica Argentina, según la propuesta, conservaría el derecho y la responsabilidad de conservar la operación y el mantenimiento de la central una vez que la planta entre en funcionamiento.
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