Seleccionar página

Pulseada en el Congreso y la Justicia

Las primeras semanas de marzo mostraron una serie de eventos coincidentes y recurrentes que enmarcaron el inicio de un ciclo parlamentario con características inéditas. Por lo pronto, el mismo día que el presidente Mauricio Macri daba su discurso inaugural ante el Congreso Nacional, el ex espía Antonio Jaime Stiuso aceleraba –tras una declaración de más de 10 horas– el cambio de fuero en la causa por la muerte el fiscal Alberto Nisman. Otra circunstancia que no debería ser tomada como casual se produjo mientras el ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, exponía en la Cámara Baja la necesidad del gobierno de arreglar el pago a los fondos buitres: la televisión mostraba al ex presidente de Brasil, Lula da Silva, llevado a declarar ante el juez Sergio Moro por corrupción en Petrobrás. Para cerrar el círculo, la ex presidenta Cristina Fernández fue llamada a declarar por el juez Claudio Bonadío el 13 de abril en la causa por la venta de dólares a futuro. Nueva casualidad: el juez neoyorquino Thomas Griesa había fijado como plazo para aceptar el acuerdo con los ahora llamados holdouts para un día después. Mientras los medios hegemónicos destacaron el rol del Poder Judicial en una cruzada continental similar al «mani pulite» de la Italia de los 90 –que, bueno es recordar, dejó como emergente de la crisis a Silvio Berlusconi–, desde los sectores progresistas se definió a esta serie de eventos como prueba de que los países de la región están sumidos en un ataque de baja intensidad contra los gobiernos populares. El argumento es que no resulta casual que tras el triunfo de Macri y la aplastante derrota del chavismo en Venezuela, hubieran surgido denuncias de corrupción contra el gobierno de Evo Morales en Bolivia, que culminaron con su derrota electoral en el referendo del 25 de febrero. Además, el desprestigio comenzó a corroer a Michelle Bachelet, presidenta chilena, por denuncias de corrupción contra su propio hijo cuando ensaya los cambios más profundos al sistema político y económico desde el pinochetismo. En ese contexto, la visita del presidente estadounidense Barack Obama, justo el día en que se cumplen 40 años del último golpe de Estado en Argentina puede leerse como una provocación, y así lo entendieron los colectivos de defensa de los derechos humanos.

El espejo

Mucho se dijo sobre los debates internos en Cambiemos acerca del cariz del discurso que debía pronunciar Macri en la apertura de sesiones del Congreso. Trascendió que el asesor Jaime Durán Barba recomendaba hablar del futuro y dejar de lado, o al menos morigerar, las alusiones al pasado reciente. Su propuesta era que Macri debería contribuir a «la pacificación» del país, a «cerrar la grieta» en la sociedad con la que tanto insistió durante la campaña que lo llevó a la presidencia.

Sin embargo los popes del ala política del macrismo –en la que se incluye al jefe de Gabinete, Marcos Peña– al igual que los analistas mediáticos más cercanos al oficialismo pidieron ir con todo contra la «pesada herencia» recibida. El argumento era que ningún gobierno puede sustentarse si no es con un relato propio y un oponente al que contrastar. Cristina Fernández bien que lo tenía, en contra del neoliberalismo y en favor de un Estado benefactor. Faltaba que Macri abonara su propia interpretación del mundo, sobre la que el resto de sus políticas encontraría fundamento. No es osado decir que si el kirchnerismo necesitó del macrismo como el espejo donde no mirarse, ahora el macrismo devuelve el gesto y lo coloca en el lugar del enemigo.

Para completar el panorama, Stiuso, el espía más nombrado en el largo año que va desde su expulsión de la Secretaría de Inteligencia en diciembre de 2014 a su intempestivo regreso a las lides a fines de febrero pasado, se había convertido en una amenaza para el anterior gobierno. Para los medios concentrados, era el personaje que más sabía sobre la presunta responsabilidad del kirchnerismo en la muerte de Nisman. Con este giro, el relato macrista cierra en teoría perfecto. El enemigo es no solo todo lo que enrostró Macri en su discurso sino, además, responsable de un magnicidio.

Por lo pronto, los diputados que dejaron el bloque del Frente para la Victoria y algunos senadores que ya mostraron su acercamiento a la Casa Rosada parecen jugar a favor de los planes del oficialismo, que además mantiene presión sobre las provincias por el giro de fondos federales, jugando una carta fuerte en la negociación política para lograr respaldo a sus proyectos legislativos.

En virtud de esa necesidad de seducción de distintos sectores del justicialismo, llamó la atención que el discurso inaugural de las sesiones manifestara las deficiencias atribuidas a la gestión precedente con cierta virulencia. El clima en el FPV no fue el mejor y sus legisladores lo mostraron exhibiendo ante el presidente carteles con críticas por el alza de los precios y el vendaval de despidos.

Devaluación y después

El tema de la devaluación, otro de los ejes de la campaña, ahora es una estocada contra los responsables del área económica del kirchnerismo. El juez Claudio Bonadío, uno de los más cuestionados del Poder Judicial, tomó una denuncia de legisladores de Cambiemos por las operaciones de venta de dólares a futuro realizadas por el Banco Central poco antes del cambio de gobierno. Según los denunciantes, sería un negocio para un puñado de personas que obtendrían ganancias desmesuradas al haber apostado por un dólar a poco más de 10 pesos cuando la cotización –que no para de subir– ya está en torno de los 16. La operatoria forma parte de las medidas que se adoptan en el marco de una política económica y la diferencia surgió tras la abrupta devaluación decidida por el actual gobierno.

Lo que importará, en todo caso, será la foto de la ex presidenta entrando o saliendo del edificio de Comodoro Py. Esa misma foto que los medios brasileños buscaron con el allanamiento del departamento y la violenta comparencia que el juez Moro ordenó contra el exlíder metalúrgico y el presidente que más hizo por las clases desposeídas en Brasil. La humillación de Lula fue evidente en el discurso posterior, cuando ante una multitud de simpatizantes del Partido de los Trabajadores dijo que «si querían matar a la yarará, no la golpearon en la cabeza. Le dieron en el rabo y la serpiente está viva, como siempre ha estado». Una forma de decir que se presentará en 2018 para suceder a Dilma Rousseff.

Desde este lado de la frontera, la mediática comparencia forzosa sonó como alarma tanto en el oficialismo como en la oposición. Si bien es un buen dato para el proyecto de extirpar el «populismo» de la región que encarna Macri, también, como dijo la canciller Susana Malcorra, «si Brasil estornuda, a Argentina le agarra neumonía», ya que es el principal socio comercial y de la esperanza de su recuperación depende la buena salud de la economía local. Y por lo tanto, del macrismo.

Pero el golpe también dio de lleno en la oposición kirchnerista. El juez brasileño, con estudios de posgrado en Estados Unidos, avanza contra el PT buscando la ruta de presuntos cobros de coimas a través de la petrolera estatal pero no contra los partidos de la derecha. Aquí, Bonadío llegó al juzgado con el menemismo y fueron ostensibles sus relaciones con los órganos de espionaje durante el paso por la ex SIDE de Miguel Ángel Toma, uno de sus mentores. Y, según el ex ministro de Economía Domingo Cavallo, figuraba en la servilleta de jueces menemistas que cubrieron los desaguisados y la corrupción de las privatizaciones de los 90.

Todos estos temas alcanzan relevancia en el momento en que el presidente Obama encara lo que sería su última gira por América Latina antes de dejar el gobierno, en enero del año que viene. Luego del acercamiento con Cuba, tras la gestión del papa Francisco, el avance en las relaciones bilaterales lo llevó a La Habana el 21 y 22 de marzo, para de allí viajar a Buenos Aires el 23. La Casa Blanca suele diseñar con mucha antelación y precisión la agenda presidencial. Por lo tanto, no puede creerse que se les haya escapado que su paso por la Argentina coincidirá con el 40º aniversario del golpe genocida que, tras la desclasificación de documentos secretos, se sabe que fue pergeñado a través de la Secretaría de Estado a manos entonces de Henry Kissinger. ¿Vendrá Obama en tren de reconciliación, pedirá disculpas oficiales como hace no tanto hizo el papa en su gira por la región por el genocidio de a la población indígena a la llegada de los europeos?

Macri considera que necesita una mano de Obama para que «los mercados» confíen en Argentina. Por eso también quiere apurar el pago a los buitres. Está convencido de que de este modo podrá conseguir fondos externos. Solo así cerraría su proyecto político. El duro mensaje en el Congreso suena tanto a una amenaza como a una propuesta. «Voten el acuerdo con los holdouts y volveremos a hablar en otros términos», sería el mensaje.

El ataque a locales partidarios de sectores kirchneristas, como en Mar del Plata contra La Cámpora, y en el barrio porteño de Villa Crespo contra Nuevo Encuentro, no parece ir en el camino de la reconciliación. El caso es quién es el que está jugando con fuego y para qué.

Desinteligencias

Que Antonio Jaime Stiuso volvería para torcer el rumbo de la investigación sobre la muerte del fiscal de la causa AMIA era un secreto a voces. Solo faltaba definir cuándo. Lo que llamó la atención fue no tanto lo que dijo sino la celeridad con que la jueza Fabiana Palmaghini, que hasta un días antes decía que no había elementos para decir si Alberto Nisman se suicidó o lo mataron, se declaró incompetente y dejó la causa en el fuero federal, el que reclamaban los abogados de las hijas y la madre del funcionario judicial y por el que pugnaba su ex esposa, la jueza federal Sandra Arroyo Salgado.

Según Stiuso, el crimen fue perpetrado por agentes ligados con el gobierno anterior, que ya le habían pedido que dejara de investigar a Irán por el atentado a la Amia en 1994. Pero el propio abogado del espía dijo que en realidad su cliente no tenía pruebas, solo presunciones. Para colmo, la fiscal Viviana Fein salió a protestar porque no solo le habían sacado la causa sino que además Palmaghini ordenó investigarla por no haber puesto en el acta de la declaración de Stiuso en 2015 la supuesta manifestación que hizo en el sentido de que estaban ante un homicidio. «Él no es un lego ni su abogado lo es. El acta les fue leída y la firmaron ambos», precisó la fiscal, que cuenta con una carrera judicial sin mácula. Además, dijo que la corrieron justo cuando estaba por pedir que declarara un grupo de agentes de inteligencia que sospechosamente intercambiaron llamados de celular como nunca en su carrera, horas antes de que se supiera que Nisman estaba muerto.

Para agregarle una cuota más de suspenso, Gustavo Vera, titular de la fundación La Alameda, presentó sendas denuncias penales contra Stiuso y un grupo de agentes que volvieron a la ahora AFI, y la segunda de esa institución, la exdiputada del PRO Silvia Majdalani, por lavado de dinero y creación de empresas fantasma para nebulosas operaciones. Entre los denunciados están Darío Richarte, ex vicerrector de la Universidad de Buenos Aires y vicepresidente tercero de Boca Juniors, y el secretario de Finanzas de la AFI, Juan José Gallea, ligado al ahora desmantelado Grupo 23. Vera es muy cercano al papa Francisco desde que era el obispo Jorge Bergoglio. Investigó y denunció a los talleres clandestinos y ahora va contra los espías. La fría recepción que Francisco le dio a Macri en Roma puede tener este origen.

Revista Acción
Marzo 15 de 2016

Bolivia: Hijos y entenados

A una semana del primer comicio que perdió Evo Morales desde que llegó al poder en Bolivia, en enero de 2006, los dos temas de debate en el país del altiplano son, en ese orden, el embate de los medios y de la derecha, que presagian el final abrupto del proceso revolucionario y la existencia de un hijo ilegítimo del mandatario con una mujer que actualmente es gerenta de una empresa china.

El resultado del referéndum con el que Morales esperaba reformar la constitución del Estado Plurinacional por él promovida, en 2009, fue lo suficientemente ajustado como para no hablar de una derrota fulminante, 51,27 a 48,73 por ciento. Fue casi un empate bien lejos del estrepitoso golpe del chavismo en las parlamentarias de diciembre pasado. Pero en un escenario continental donde la derecha antipopulista viene ganando elecciones, era obvio que este traspié fuera leído desde el establishment y desde sus medios dominantes como un nuevo avance para revertir esta década larga de gobiernos progresistas. Y justo en el corazón de América Latina y ante el proceso, junto al venezolano, que más había logrado reconvertir las instituciones en beneficio de los desposeídos.

Es cierto que el gobernante MAS no había perdido ninguna elección desde entonces y de hecho siempre ganó con un promedio de 60% de los votos. Pero no es verdad que Morales se haya mantenido invicto hasta el domingo pasado. En realidad, ya había perdido las presidenciales de 2002 a manos de Gonzalo Sánchez de Lozada -el dirigente criado en Estados Unidos que habla castellano con notable acento «gringo»- quien duraría en el cargo lo que un suspiro tras las políticas ultra-neoliberales que aplicó.

Más allá de estos detalles, es bueno recordar que el propio Hugo Chávez Frías perdió un referéndum para reformar la constitución por él creada para poder ser reelecto, en 2007. Y que luego de ese único tropiezo ganó todos los comicios posteriores, incluso el que le permitió un nuevo período presidencial, en 2012. De allí las palabras de Morales tras reconocer el resultado adverso: «Se perdió una batalla, pero no la guerra».

La importancia de esta consulta popular, que se adelanta en tres años a las futuras presidenciales, que serán en 2919, radica en que precisamente por ser un país rodeado de naciones ahora envueltas en sus propias problemáticas -en Brasil con el acoso de la oposición conservadora y en la Argentina, con el triunfo de Mauricio Macri- debía dar señales de previsibilidad.

Hace unos meses Morales hizo una gira por Europa para buscar inversiones. Bolivia creció y consolidó un modelo económico exitoso como nunca había ocurrido en los 180 años de independencia, conducido por el primer presidente de raíz indígena. Pero el entorno regional y la crisis mundial, debido a la baja de sus principales productos de exportación, como son los hidrocarburos y los recursos mineros, ponen en jaque esa misma espiral creciente.

Hasta los medios y los analistas más derechosos reconocen el éxito en la gestión del MAS. Es que a pesar de haber expropiado algunas de sus empresas de servicios durante este gobierno, los inversores cuentan con horizontes de crecimiento y ganancias que los mercados agradecen: un estado fuerte y bien administrado, una sociedad con expectativas de crecimiento pero sobre todo sin conflictos sociales.

En esa gira, y tras un encuentro con la líder alemana Angela Merkel -desde 2005 jefa de gobierno alemán y aspira a lograr su cuarto mandato en 2017, algo que en Europa no llama la atención- Morales se preguntó por qué si en el viejo continente los dirigentes no tienen límite para su gestión él no podría hacer lo propio en Bolivia. Desde el punto de vista retórico, el argumento es cierto, pero en la práctica hay algunas diferencias entre los gobiernos parlamentarios a la usanza europea y los presidencialistas calcados del modelo estadounidense que pululan en nuestra región. Los americanos, sin distinciones, no aceptamos las monarquías, salvo en los cuentos infantiles o para la festividad del 6 de enero.

El primer ministro con poder ejecutivo y un parlamento detrás, bajo la sombra de un monarca o un presidente que garantice la institucionalidad en caso de crisis, es una respuesta europea a los problemas europeos. Un sistema que en Argentina alguna ver propuso el presidente Raúl Alfonsín y que suele alentar el ex juez supremo Raúl Zaffaroni.

Quizás entre las razones para que más de la mitad de los bolivianos hayan dicho NO a una nueva reelección de Morales esté el hastío por liderazgos de largo aliento, aún a pesar de que todos reconocen el avance que los ciudadanos lograron desde la llegada de Morales al Palacio Quemado. Sobre esta percepción es que se montó una furiosa campaña en los medios concentrados de información acerca de las bondades de la alternancia en el poder. Algo que la realidad desmiente: sólo basta mirar la encrucijada en que se sumergió España con la ruptura del bipartidismo el 20D de 2015.

Morales y sus partidarios se mostraron particularmente afectados por el embate furioso de los medios. Pero es bueno recordar que alguna vez Juan Domingo Perón se burló del rol de los medios en la política al decir que «en 1955, con toda la prensa a favor, nos echaron. En 1973, con toda la prensa y los medios en contra, volvimos». De todas maneras, habrá que admitir que influyen.

Aquí viene a cuento mencionar el viejo recurso de socavar la credibilidad de un líder político ventilando trapitos personales al sol en medio de un comicio. Gabriela Zapata, quien fue pareja del presidente entre 2005 y 2007, habría tenido un hijo con él del que hasta ahora no se tenía noticia. Entre otras razones porque según informó el presidente, el niño habría muerto al nacer. El caso salió a la luz a través de un periodista, Carlos Valverde, sindicato como agente de inteligencia de gobiernos de derecha. Y salió justo tan oportunamente como para enchastrar al mandatario unos días antes del referéndum del 21F. Morales es soltero y tiene otros tres hijos reconocidos con dos mujeres distintas. El tema de debate ahora es que la familia de Zapata, detenida por la justicia porque la denuncia original habla de tráfico de influencias, asegura que el pequeño no murió. Evo asegura que a él le dijeron que había muerto. Las dos cosas pueden ser ciertas.

Los hijos no reconocidos de presidentes no son algo extraño en la política del todo el mundo. Y sino que lo diga Anne Pingeot, que tuvo una hija con el ex presidente francés François Mitterrand de la que se supo recién cuando el líder socialista dejó el cargo, en 1995. En Paraguay, las primeras acusaciones contra Fernando Lugo ni bien llegó al poder es que tenía varios hijos no reconocidos con sendas mujeres. Lugo, de tendencia centroizquierdista, había sido obispo en la región de San Pedro y el hecho daba para hablar de la hipocresía de un representante de la iglesia que prometía cambiar el orden socioeconómico en ese empobrecido país. Pero el caso fue ventilado por los que se niegan a perder prebendas centenarias que incluyen, en muchos casos, el medieval «derecho de pernada».

En Brasil, Lula perdió la segunda vuelta de 1989 ante un personaje construido por O Globo con técnicas sutiles de marketing electoral , Fernando Collor de Mello, quien tuvo que renunciar dos años más tarde por corrupción. Días antes del balotaje, la cadena O Globo invitó a Miriam Cordero, una enfermera con la que Lula había tenido una relación antes de su segundo casamiento y con la que había tenido un hijo. Ante las cámaras, Cordero aseguró que el dirigente metalúrgico le había pedido que abortara. Un escándalo en el país católico más grande del mundo.

Pero ahora se conoció un escándalo mucho más grande y duradero que salpica al ex presidente Fernando Henrique Cardoso, quien tuvo una relación extramatrimonial con la periodista de O Globo –cuándo no- Mariam Dutra. La mujer denunció que el viejo líder político que reclama la renuncia de Dilma Rousseff por casos de corrupción que publican los medios y se muestra como hombre venerable y digno no solo le hizo abortar en dos ocasiones sino que cuando nació su hijo, hace 25 años, se las arregló para que madre e hijo viajaran a Europa, lejos de los focos de la prensa, y armó una estructura ilegal para financiar los gastos de ambos.

La protección mediática que tuvo Mitterrand mientras tuvo poder es comparable a la de Cardoso en un cuarto de siglo. Los ataques mediáticos que sufrió Lula desde que quiso ser presidente trocaron ahora a presuntos casos de corrupción en los que se implica a uno de sus hijos. Ni que decir los ataques contra Evo cuando era simplemente un dirigente cocalero. Son los mismos ahora que quiere un nuevo mandato para garantizar continuidad a un proyecto político revolucionario. Y que sufrirá su hija Evaliz, si verdaderamente se ofrece como garante de ese proceso en 2019.

Tiempo Argentino
Especial 29 de febrero de 2016

Se vienen tiempos interesantes

Me he despertado trosco esta mañana. Y se me ocurre pensar que el hecho de que casi todos los ministros y funcionarios que designa Mauricio Macri vengan del mundo empresario es una señal de que necesitaron poner toda la carne en el asador. Mi gen nac & pop se pregunta: ¿Porque los avances del populismo fueron afectaron más de lo que nosotros mismos imaginamos al establishment? Para pensar.

Tradicionalmente en Argentina las crisis de la dirigencia política la «solucionaban» los golpes militares. Con Alfonsín la resolvió el modelo menemista, que al principio también había convocado a empresarios, recordad el Plan Bunge y Born.

A punto de estallar el país con la inoperancia de De la Rúa, en 2001 hubo un clamor popular en contra de todos los políticos, sin distinciones. Pero luego de Menem ya no había un partido militar al que recurrir, él logró destruirlo. Por eso la crisis se saldó con una transición «duhaldista» y luego, como el propio Duhalde confesó a algún íntimo, convocando al «loco» Kirchner.

¿Hay una crisis política hoy en día? Lo que hubo fue una crisis de dirigencia política del establishment, que fue perdiendo influencia en estos años de recuperación de los viejos valores que habían nacido con el primer peronismo, como un rol determinante para el estado y una mirada latinoamericanista para «la solución de los problemas argentinos», parafraseando el lema del principal jugador de esa clase social, Clarin.

Pero la influencia de ese medio y de La Nación, y errores propios que sería bueno analizar en frío y sin fanatismos, terminaron por convencer a una capa importante de la población de que «los políticos» son corruptos, ineficientes, ignorantes.

El famoso video de Prat Gay que escandalizó al algunos por lo que decía de los santiagueños debió escandalizar por lo que dejaba claro sobre los que «no tienen preparación», es decir, por los no tecnócratas. Por otro lado, ¿cuántos de ese 51,4% habrán votado en contra de este gobierno y cuántos a favor del regreso del neoliberalismo? Buena cuestión para analizar también.

Algunas otras consideraciones: Franco Macri es un empresario que hizo su fortuna en base a contratos con el estado desde que llegó a la Argentina. Luego tuvo acuerdos con Fiat y Peugeot para administrar lo que era Sevel en tiempos de la dictadura, sin dejar de lado la constructora. En ese momento sus deudas en dólares fueron licuadas y las terminó pagando la sociedad. El grupo es uno de los más importantes del país y en esos años albergó a no pocos dirigentes del peronismo. Tuvieron contrato tipos que luego formaron la Renovación peronista como el poco recordado Carlos Grosso.

Mauricio es heredero, y no es lo mismo. Cuando nació la plata ya estaba hecha y por eso pudo estudiar en los colegios de la elite. Son el establishment, pero no la oligarquía, porque para aquella rancia estirpe Macri hasta no hace tanto era el «tano» recién venido del barco.

En el gabinete hay tecnócratas con aires de sabiondos y ejecutivos de empresas privadas. No son empresarios, pero la gestión será empresarial. Se juegan todo. Si les sale mal, si no pueden dar respuesta -y nada hace pensar que la puedan dar para todos, porque justamente en el ADN del capitalismo está que no todos puedan entrar a la fiesta- ¿qué hay detrás? ¿el regreso del populismo o la revolución socialista?

Por lo pronto, quienes fueron designados en el área de Seguridad en los tres distritos que gobernará el PRO no prometen ser defensores de las garantías individuales. ¿Habrá espacio para reprimir la protesta social?

Se vienen tiempos interesantes.