En los años 90 el documental Las patas de la mentira resultó provocativo porque la recopilación de su autor, el psicólogo Miguel Rodríguez Arias, mostraba en actos fallidos las intenciones ocultas que subyacían en los discursos de los dirigentes del menemismo. Mucho cambió para que las nuevas versiones del viejo modelo neoliberal digan con total impunidad las verdades más intolerables hasta con una sonrisa en la boca. Ni qué decir lo que se publica con no menor desparpajo en las redes sociales, más cercano a la categoría de brutalidades más propias del hombre lobo de Thomas Hobbes que de la mano invisible de Adam Smith. La palabra «sinceramiento» aparece ya en 2015 como un subterfugio de lo que sería con Mauricio Macri un aumento brutal de precios y un generoso blanqueo de capitales que permitió la legalización de fortunas mantenidas fuera de los ojos del fisco por, entre otros grandes evasores, algunos familiares del entonces presidente. Los «sinceramientos de precios» vuelven en esta alianza entre derecha y ultraderecha pero ahora con otro tipo de blanqueo de intenciones como las de alguien muy ducho en esas lides, el ministro sin cartera Federico Sturzenegger. De muy buena llegada a los ambientes académicos de Harvard, el autor del DNU 70/2023 y de la abortada ley Ómnibus de Javier Milei, sabe venderse como un astuto economista que en anteriores pasos por la gestión pública –con Fernando de la Rúa y el propio Macri– padeció el capricho de la realidad en contra de sus teorías. ¿La última? En un seminario en esa universidad estadounidense aseguró que la desregulación del flamante Gobierno no es tanto un programa económico como un programa político «para cambiar la estructura de poder» en Argentina. ¿Cómo? «Una posibilidad es empobrecer a los grupos de interés. Drenarle los recursos. Si lo hacés, tenés una chance de ganarles». Se refiere a los sindicatos, pero involucra a pequeños y medianos empresarios y al resto de la sociedad. Previo a su segundo paso por el Gobierno, Sturzenegger había sorprendido cuando en otro video que se difundió en 2015 –también para un auditorio angloparlante– confesó los consejos de campaña del ecuatoriano Jaime Durán Barba: que no proponga ni explique nada. ¿Por qué? «A la gente no le preocupan esas cosas. Y si vos explicás qué es la inflación, vas a tener que explicar que la emisión monetaria genera inflación, que entonces debería reducirse la emisión, y que si entonces haces eso tendrías que hacer un ajuste fiscal, y que si haces un ajuste fiscal entonces la gente va a perder su trabajo y eso es lo que no queremos que digas (…en su lugar) decí cualquier cosa, hablá de tus hijos». En 2017, el titular del Banco Nación, Javier González Fraga, dijo que en los doce años del kirchnerismo se había alentado el consumo y «se le hizo creer a un empleado medio que su sueldo servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos, irse al exterior». Fue en esa época en que el ministro de Educación de Cambiemos, Esteban Bullrich, afirmaba sin rubor que para doblegar a los sindicatos docentes su estrategia consistía en «lanzar muchas iniciativas a la vez (…) el gremio focaliza en una y las otras avanzan. Cuando se dieron cuenta de que había una que se implementó, van atrás de esa y avanzás con las que no habías avanzado». La misma crudeza verbal y hasta provocativa se vio en 2022 en un encuentro organizado por AEA, la entidad que nuclea a las mayores empresas argentinas –Coto, Arcor, Techint, Clarín– cuando Federico Braun reveló cómo se manejaban con la inflación en la cadena más grande de supermercados de la Patagonia. «¿Qué hace La Anónima? Remarca precios todos los días», dijo entre risas.
Deudas y dólares Como corolario de otra semana dramática para los argentinos de a pie, el presidente Milei, tras su gira por Israel, Roma y el Vaticano, se enroscó en agravios contra los gobernadores, la «casta política» que le bochó la megaley y hasta la cantante Lali Espósito. En tanto, las redes tronaban por el caso de Ezequiel Francisco Curaba, de 21 años, que murió quemado tras una explosión cuando intentaba robar cables de alta tensión, en Rosario. Cuentas trogloditas llegaron a festejar semejante tragedia en la que solo la voz conmovida de su maestra en la escuela Carlos Fuentealba, Melina Gigli, aportó humanidad entre tanto primitivismo y puntualizó las deudas de la sociedad para con un muchacho que «tiraba de un carro para sobrevivir» y que no merecía una muerte como esa. Milei también insistió en la necesidad de los ajustes que realiza su Gobierno y en que el camino al que conduce al país es el de la dolarización. Sonó en una entrevista para el canal LN+ en respuesta a un documento de 33 páginas que la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner había subido a sus redes un día antes y donde, entre otras cuestiones, detalla minuciosamente las tres fases de la crisis de la deuda externa argentina y alerta por el plan de exterminio de la moneda nacional de Milei. «La dolarización significaría perder para siempre la posibilidad de desarrollo de nuestro país», señaló Cristina Fernández. No solo ella advierte sobre ese riesgo para el futuro de la nación. También lo hizo Martín Lousteau, senador porteño y presidente de la Unión Cívica Radical. «No veo plan de estabilización», dijo quien fue el primer ministro de Economía de Cristina y terminó fuertemente enfrentado con ella. «Tengo miedo que este plan, que por ahora es solo aumento de impuestos y de tarifas y una enorme licuación de nuestros ingresos que afecta particularmente a la clase media y baja, se transforme en algo irreversible que es la dolarización». remarcó. En una columna publicada en el medio español elDiario.es, el historiador económico Pablo Gerchunoff analiza las primeras semanas de Milei y también revela su temor a una dolarización como única propuesta del libertario. «Argentina sería, después de la dolarización, una sociedad tan compleja y volátil como lo es hoy, más estable en su dinámica de precios pero carente de una moneda», dice quien fue Jefe de Asesores de los ministerios de Economía de Raúl Alfonsín y de De la Rúa. «El propio Milton Friedman, un favorito de Milei, se arrancaría los cabellos. Él sabía que la ausencia de política monetaria es también un problema productivo y un problema de empleo», para concluir: «Después de la dolarización, Argentina sería una Grecia pero aislada, una Grecia sin Europa y sin Banco Central Europeo». Lo peor, según los que señalan que la dolarización sería una catástrofe para el futuro de los argentinos, es que no se terminaría con las crisis externas e incluso se profundizarían las deudas hacia muchachos desesperados como Ezequiel. Porque, como reconoce alegremente Sturzenegger, el plan es político y pasa por empobrecer a la mayoría de la sociedad.
Piedad Córdoba era de esas gentes siempre dispuestas a la solidaridad y la lucha por las causas justas. Así, estuvo con Tiempo en 2016 tras visitar a Milagro Sala, cuando el gobernador jujeño le había armado las primeras causas para dejarla entre rejas. Y mucho le costó en su vida ese alto perfil combativo en aquella Colombia en la que cualquiera que buscara la paz era catalogado como guerrillero.
Ni qué decir de quienes defendían los derechos de la mujer, de las minorías étnicas o sexuales o las libertades civiles. Abogada por la Universidad Pontificia Bolivariana, desde joven participó en el Partido Liberal, el más antiguo y, si se quiere, progresista del país y en encendidas disputas con el Conservador. Pronto fundó el movimiento Poder Ciudadano, más identificado con las ideas de izquierda, dentro del PL.
Fue Senadora entre 1994 y 2010, cuando el entonces Procurador General Alejandro Ordoñez la acusó de tener vínculos con las FARC y ordenó su destitución y la inhabilitación por 18 años. Y todo porque en su afán de terminar con años de conflicto interno buscó el diálogo con los grupos armados. Lo había hecho decenas de veces para lograr la liberación de rehenes en manos de la guerrilla. ¿Con quién iba a negociar para la pacificación del país?
El “caso Piedad Córdoba”, como se lo llamó, fue un hito en el historial de esta mujer impetuosa y determinada. Y terminó seis años más tarde cuando el Consejo de Estado encontró que el fiscal había actuado con saña y sin pruebas. Para completar su perfil, en su trayectoria se acercó a líderes de esa corriente progresista surgida en los primeros años de este siglo, como Hugo Chávez o Cristina Fernández de Kirchner. Volvió al Senado en 2022.
Este sábado fue llevada por su personal de custodia a la Clínica Libertador de Medellín, donde corroboraron que había fallecido de un infarto. Estaba por cumplir 69 años.
“Nuestro adiós a la senadora Piedad Córdoba, dirigente política latinoamericana comprometida con la paz de su amada Colombia. Querida amiga, si hay alguien que merece descansar sos vos. Te lo has ganado”, posteó CFK. “Fue una mujer golpeada por un época y una sociedad. Luchó toda su vida madura por una sociedad más democrática. Su cuerpo y su mente no resistieron la presión de una sociedad anacrónica, que aplaudía los ajustamientos de jóvenes, que odiaba el dialogo y la paz, que odiaba a los negros, a los indígenas y a los pobres, que la trataba como una criminal”, la despidió el presidente Gustavo Petro.
Si alguien pensó que una vez terminada la etapa de soldadura del último tubo del Gasoducto Presidente Néstor Kirchner (GPNK) no se iban a ver más chispas por esas regiones, la inauguración del primer tramo, en Salliqueló, demostró que estaba en un error. Porque a partir del discurso de Cristina Fernández de Kirchner se despertaron rencillas entre la vicepresidenta y su sucesor como hacía tiempo no se veía. Y eso que estos dos últimos mandatarios de la Nación no son esta vez candidatos. O tal vez, quién sabe, por esa razón es que se vuelven a chucear, ahora por las responsabilidades en la demora de la puesta en marcha de esta monumental construcción que está destinada a cambiar la matriz energética del país. Cierto es que fue Fernández de Kirchner quien durante la ceremonia del 9 de julio, y tras hacer girar la válvula con la que simbólicamente se puso en marcha el GPNK –un rito que cumplió junto con el presidente Alberto Fernández; el ministro de Economía, Sergio Massa; y el titular de ENARSA, la empresa pública de energía, Agustín Geréz– cuestionó de manera muy dura a empresarios que, entre sus pares a puertas cerradas, se muestran contrarios a la intervención del Estado en la economía, pero luego hacen negocios con organismos públicos. En un momento de su exposición Cristina Fernández dijo una frase que solía usar cuando finalizó su segundo Gobierno, «no fue magia», para referirse ahora a la obra que se inauguraba; pero a continuación recordó que «este gasoducto fue planificado en el año 2015 y recién se ejecutó en nuestro Gobierno. En los cuatro años que sucedieron no hubo ninguna planificación». El expresidente Macri replicó poco más tarde en un largo tuit que «la historia de este gasoducto (disculpen si no lo llamo por su nombre oficial) es otro ejemplo de las oportunidades, los millones y el tiempo que perdimos los argentinos por la obstinación del kirchnerismo de destruir cualquier cosa que estuviera hecha por nosotros». Y siguió: «La vicepresidenta me acusa de no haber construido gasoductos. ¿Para qué iba a hacerlo, si nos había dejado sin gas para transportar? Su Gobierno y el de su marido fueron desastrosos en energía, los peores de la historia: cayó la producción casi todos los años, multiplicaron las importaciones y los subsidios». El retruco, picante otra vez, de la dos veces presidenta no se hizo esperar. También en un largo mensaje en su red social señaló que con sus 573 kilómetros, este tramo de tubería «permite incorporar, en esta primera etapa, 11 millones de metros cúbicos al día a la red troncal de gas». Más precisa, indicó que «entre 2003 y 2015 se instalaron 3.211kilómetros de gasoductos troncales y 290.690 HP en plantas compresoras que permitieron ampliar la capacidad de transporte de producción de gas nacional en 26 millones de metros cúbicos al día. Entre 2016 y 2019 se instalaron 53 kilómetros de gasoductos troncales y 3.100 HP en plantas y turbocompresoras, cifras que –como los propios valores indican– no tuvieron impacto alguno en el sistema de transporte». Y puso quinta velocidad: «Ahora se entiende por qué su mamá lo castigaba por mentir». Según Macri, en su contrarréplica, «lo dejamos (al concurso) listo para arrancar la obra. Había que apretar un botón. Pero no lo hicieron, se comieron dos inviernos de precios altos y recién ahora lo inauguran, después de hacerle perder al país 6.000 millones de dólares por su ineficacia y sus negocios» para rematar: «Y no se meta con mi madre, vicepresidenta, que fue una buena madre». Fernández aludía a una entrevista a Alicia Blanco Villegas de Macri con la revista Noticias en la que la madre del exmandatario confesó que cuando era chico llegó a pegarle por mentir.
Construir soberanía Más allá de la polémica entre dos dirigentes que por distintas razones no se presentan al comicio –aunque mantienen su poder dentro de cada uno de los espacios que representan– la inauguración del GPNK fue el inicio de la campaña electoral para el oficialismo, que mostró alineados a funcionarios, precandidatos, sindicalistas y hasta a los trabajadores de las empresas constructoras vestidos de uniforme y cascos reglamentarios que asistieron a la ceremonia. Formaron parte del estrado este domingo el jefe de Gabinete, Agustín Rossi y el titular de Economía, quienes integran una de las fórmulas de Unión por la Patria que compiten en las primarias del espacio ahora denominado Unidos por la Patria (UxP) . Al lado del aspirante a la primera magistratura estaba el presidente de la Nación, Alberto Fernández, secundado por Cristina Fernández y el gobernador Axel Kicillof. Entre el público destacaba el otro precandidato de UxP, Juan Grabois. El primero en hablar fue Massa. «Agradezco a las empresas argentinas que cumplieron en tiempo y forma con los plazos, a los gobernadores, a los legisladores que votaron el aporte solidario en el Congreso, a los autores del proyecto (los diputados) Máximo Kirchner y Carlos Heller». El ministro se dio tiempo para una pequeña ironía: «A los argentinos que aportaron vamos a mandarles una carta agradeciéndoles, porque el gasoducto contribuye al desarrollo de Argentina. A los que no pagaron, se perdieron la oportunidad de ser parte de algo que por 30 años los argentinos van a disfrutar». Massa agradeció a Alberto Fernández por «la decisión de seguir adelante cuando el FMI pedía que se parara», y a la vicepresidenta por «el coraje de recuperar YPF» para el Estado en 2012. «Frente a todos aquellos que plantean que Argentina es un país de frustración, fracaso, sin destino y sin futuro, hoy es uno de esos días que aparece en el alma el orgullo de ser argentino y saber que, aunque nos pongan obstáculos y nos quieran condenar a ser un país dependiente, tenemos con qué construir soberanía, patria, el futuro de nuestra Nación», concluyó.
De norte a sur La vicepresidenta destacó, además de que en los cuatro años que siguieron a su gestión no se avanzó con la obra, la importancia de definir la traza de este tipo de construcciones estratégicas y trajo a colación lo ocurrido en la construcción del primer gasoducto, realizado durante el primer Gobierno de Juan Perón, y explicó: «Esa vez comenzaron desde Llavallol hacia Comodoro Rivadavia», rememoró. La razón es que si empezaban desde el sur se corría el riesgo de que intereses espurios trataran de que se convirtiera en una cañería para la exportación del fluido y no para que lo utilizara la población. «Ahora queríamos que primero fuera a la provincia de Buenos Aires, al corazón de la industria argentina y la mayor productora oleaginosa y de granos», destacó. Cerró la ronda de discursos Alberto Fernández, quien se refirió a la demora en construir el gasoducto. «El Gobierno que nos precedió intento varias veces hacerlo, pero no lo logró porque no consiguió financiamiento, o el FMI se opuso. Además, proponía el programa público-privado por el que se otorgaba en concesión durante 27 años a un privado con tarifas dolarizadas». El mandatario confirmó que en setiembre se lanzará la licitación para la segunda etapa del GPNK, que unirá Salliqueló y San Jerónimo, en la provincia de Santa Fe. Se trata de otros 470 kilómetros que conectarán con la tubería que baja desde Bolivia, donde tras completar la obra de reversión –esto es, que el gas circule en sentido contrario– se llevará el fluido hacia el norte con lo que se podrá exportar a través de Chile y el Altiplano. Las cifras de exportaciones, destacaron los oradores, permiten avizorar un futuro promisorio no solo por el ahorro de divisas por compras en el exterior sino por el ingreso de dólares por las ventas a todo el mundo.
El recuerdo a los 20 años de la elección en la que finalmente Néstor Kirchner resultaría consagrado presidente fue una ocasión que desde ningún espacio se desaprovechó para interpretar, y hasta reinterpretar, la historia reciente del país. Y sirvió para confirmar una vez más la centralidad que ocupa la vicepresidenta Cristina Fernández en el escenario político nacional. A tal punto que su discurso en el acto que se desarrolló el 27 de abril en el Teatro Argentino de La Plata en el lanzamiento de la Escuela Justicialista Néstor Kirchner (EJNK), fue esperado por militantes y dirigentes del Frente de Todos con igual expectativa que los de la oposición más acérrima. La gran incógnita a despejar era si finalmente anunciaría su postulación a un nuevo período presidencial. Y volvió a repetir que la negativa que esbozó en diciembre pasado sigue vigente. «Yo ya viví, ya di lo que tenía que dar», dijo a modo de clausura sobre su postulación. De todas maneras, esa frase, con lo que tiene de lapidaria o definitiva, no cierra la aspiración de muchos de quienes se encolumnan en su sector del peronismo y pugnan por contar con su figura en un comicio que se aventura particularmente difícil en un contexto de alta inflación, escasez de reservas y un clima externo que en términos poco académicos podría definirse como de «viento en contra». Desde el tablado platense Cristina Fernández detalló el eje de lo que debería ser, según su interpretación, la disputa para esta ronda presidencial. «Es posible que 20 años después estemos discutiendo lo que fracasó en la Argentina. Es una Argentina que vuelve sobre sus fantasmas y sus viejos fracasos. No digo que tengamos la razón, pero no me quieran convencer de que tenemos que volver para atrás para resolver este presente», dijo la dos veces presidenta, tras afirmar que el problema inflacionario en el país está relacionado con las imposiciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). Y ahí puso el dedo en la llaga desde el título mismo de su exposición: «La Argentina circular. El FMI y su histórica receta de inflación y recesión». «La Argentina fue el país que más se endeudó con fondos privados (desde 2016) y cuando no pudieron más, volvieron al FMI. Fue criminal lo que pasó», sostuvo Fernández. Si estas dos décadas están signadas por la crisis del 2001 y el fin de la convertibilidad, no es ajeno a aquel estallido el condicionamiento del FMI, que en 2006 había dejado de tener influencia luego de que Néstor Kirchner canceló el total de la deuda con el organismo de crédito.
Impacto del Fondo Lo que Cristina Fernández puso sobre la mesa es un tema fundamental que solo un mecanismo de ocultamiento mediático y político puede barrer de los debates, como es el regreso del FMI y las ataduras que impone. No hace tanto en un programa de tevé se hizo una pequeña compulsa en las calles y la mayoría de los consultados –gente que circulaba ocasionalmente– ignoraba qué papel podía tener el FMI en la vida cotidiana o estaba convencida de que el crédito lo había contraído el Gobierno de Alberto Fernández. Y por otro lado, en todas las críticas a la gestión actual desde la oposición jamás se menciona el impacto del Fondo en el diseño de la economía. El mismo jueves 27, horas antes de que la vicepresidenta hablara en la capital bonaerense, el contratante del acuerdo, Mauricio Macri, lanzó una carta pública fustigando este período. «Veinte años de una ocasión desperdiciada», tituló el expresidente. «Habíamos logrado salir de la peor crisis de nuestra historia y empezábamos, después de mucho dolor, a recuperarnos», dice el texto. Tras una enumeración de esos años en clave macrista, la carta concluye que «no habrá más años de kirchnerismo, más allá de lo que diga el resultado electoral. El dominio del kirchnerismo sobre el peronismo y sobre la política argentina se terminan en 2023».
Una gran familia. Con el expresidente fuera de la grilla de candidatos, la cúpula macrista intentó limar asperezas.
Foto: NA
Un par de días antes, Patricia Bullrich, precandidata por el PRO a la presidencia y una de las integrantes del Gobierno que renunció en 2001 en medio de esa crisis terminal que sesgadamente menciona Macri, había prometido en un foro empresarial que ella iba a «demoler el régimen económico de los últimos 20 años».
El factor Milei La que fuera ministra de Trabajo del Gobierno de Fernando de la Rúa fue una de las participantes del encuentro que el macrismo celebró el viernes 28 en San Isidro, en la casa del exministro de la misma cartera, Jorge Triaca, junto con las principales espadas del partido: Macri, el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, el diputado Diego Santilli, la exgobernadora María Eugenia Vidal, entre otros. En esa cumbre se debatieron las disputas internas en ese sector de cara a las PASO y en un entorno de críticas cruzadas luego de la renuncia del exmandatario a una nueva postulación y el rol que asumió el alcalde porteño para aspirar a la presidencia. Las únicas palabras salieron de boca del diputado Cristian Ritondo, designado vocero de ese tipo de cónclaves hace ya tiempo para controlar la versión oficial y evitar a los asistentes la tentación de hablar de más ante los micrófonos. La novedad fue que se habrían de reunir con José Luis Espert para ofrecerle participar de las PASO dentro de Juntos por el Cambio. De alguna manera esta movida también obedece al discurso de Cristina Fernández, quien en el Teatro Argentino «subió al ring» a Javier Milei, el verborrágico competidor ultraliberal de Espert. Fue cuando rememoró discursos de quien definió como discípulo «con más pelo» del creador de la convertibilidad, en alusión a Domingo Cavallo, en el que acusaba a la dirigencia política de tenerle miedo. «Esos mamarrachos que dicen que “la casta” tiene miedo, ¿de qué te tenemos miedo? Si nunca te pasó nada. ¿De dónde te tenemos miedo?», dijo la líder del Frente de Todos, para luego insistir en que es «la única dirigente política que fue condenada, proscripta e intentada asesinar» y señalar que el Poder Judicial «no quiere investigar a los que me quisieron matar». Eso sí, reconoció que tiene miedo, pero porque sus nietos «puedan crecer en un país tan injusto e inequitativo».
Programas contrapuestos Lo que en definitiva quedó claro tras el discurso de Cristina Fernández en La Plata y la respuesta conservadora es que en ninguno de los espacios con aspiraciones se está discutiendo, puntualmente, por personalidades sino sobre programas. Para la expresidenta, el programa no será «uno de fe anticapitalista», y tras encuadrar al capitalismo como «el modelo de producción más eficiente», agregó que «la gran discusión no va a ser sobre si capitalismo sí o no, si no quién conduce el proceso de producción para no dañar tanto el medioambiente, si dejamos a los mercados o la política vuelve a tomar la dirección». En el libro Segundo tiempo, Macri de alguna manera fijó su programa y es el que intenta imponer en el PRO, con mayor o menor acompañamiento de los otros socios de JxC, la UCR y la Coalición Cívica, que a pesar de hablar de sus diferencias con la ultraderecha, no se oponen a un acuerdo con Espert, un personaje no menos drástico en sus postulados económicos que el discípulo de Cavallo. Es que ese programa es el mismo y ni siquiera tienen que esforzarse mucho en elaborarlo. Es el que desde 2018 dicta el FMI.
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