por Alberto López Girondo | Oct 1, 2008 | Sin categoría
Entrevista con el historiador Fernando Devoto
La relaciones entre Argentina y Brasil parecen no solo complejas, sino ineludibles. Como, salvando las distancias, las que mantienen Francia y Alemania. Y antes de las últimas polémicas en torno de la actuación del coloso sudamericano en la ronda de Doha, hubo guerras y acercamientos entre las naciones que apuntalan el andamiaje del Mercosur. Sobre estos temas habló con Acción el historiador argentino Fernando Devoto, quien junto con el brasileño Boris Fausto publicó “Argentina – Brasil 1850-2000”. Devoto es especialista en temas relacionados con la inmigración, docente e investigador en la Universidad de Buenos Aires.
“Antes se debería aclarar cuándo nace la Argentina –se ataja Devoto- porque hasta 1860 hay un proceso de independencia de un conglomerado que era el virreinato nacido en 1776. En 1810 no hay una identidad nacional, hay identidades locales, provinciales. Y en 1820 cada provincia recupera su autonomía. Por eso este libro lo empezamos en 1850. Eso no quiere decir que no hubiera procesos de unificación, pero hay que recordar que eran proyectos sobre todo de Buenos Aires”.
-Las relaciones anteriores eran entre Buenos Aires y el Imperio.
– Yo diría que hay una lógica que viene del periodo colonial, que es un conflicto de zonas de influencia e intereses entre Brasil o Portugal y España, sobre todo en torno de la Banda Oriental.
-¿No es por la cuenca del Plata, y por razones geopolíticas?
-Eso es un poco más adelante, cuando aparece un interés de las potencias europeas para navegar los ríos. Es cierto, la Banda Oriental es un área de potencial expansión del Brasil, como lo era de Portugal. Pero los grupos dirigentes porteños están divididos acerca de la cuestión y por tanto la actitud de Buenos Aires con la Banda Oriental es ambigua.
-Incluso fomentan el ingreso de los portugueses.
-Para suprimir el poder de Artigas, eso es evidente. Y cuando él desaparece políticamente, en 1820, vuelven a aparecer las voluntades de unir dos partes que lo estaban anteriormente desde el punto de vista cultural. Los federales porteños tienden a apoyar la unificación y los unitarios tienden a no invertir en ese terreno, pero luego se produce la guerra, y es una guerra que objetivamente no se puede ganar.
-Desde el punto de vista político.
-Ni militar.
-¿Y la batalla de Ituzaingó?
-Se podía ganar Ituzaingó, ¿pero cómo se sigue? Porque Brasil tenía un estado, mientras que el nuestro era muy provisional, como en el periodo de Rivadavia. Brasil era más fuerte y tenía más recursos, inclusive humanos.
-¿Y por qué no avanzó el Imperio, entonces?
-Ahí tenemos a otro actor, que es Inglaterra. La solución británica fue que las dos márgenes del Plata no estuvieran dominadas por el mismo estado. Y eso no es un problema para la elite porteña, que en cambio ve como un problema el puerto de Montevideo, que competía con el de Buenos Aires.
-Desde ese momento se crea una situación de permanente tensión. Ellos colaboraron para la caída de Rosas, por ejemplo.
-Que uno diga que Brasil tuvo una estrategia hacia su frontera sur, es cierto. Pero el imperio se mantiene unido y el virreinato se disgrega en las guerras de la independencia. El Brasil interviene en la caída de Rosas porque lo llaman, pero Rosas también tiene proyectos de intervenir en Brasil. Van a colaborar en Caseros, pero luego no hay una política brasileña sobre la Argentina, en cambio va a haber un acercamiento con Mitre.
-Y eso va a dar lugar a la intervención en la guerra contra el Paraguay.
Efectivamente, con Mitre se cambia la lógica en el sistema de alianzas de Argentina. Pero Mitre lo hace para consolidar la situación interna, en función de los conflictos contra los federales que resisten el poder de Buenos Aires.
-¿Y la intervención británica?
-Hay un financiamiento de la guerra por parte de capitales ingleses, pero no hay pruebas documentadas de una intervención del gobierno. Y el que se endeuda por la guerra es sobre todo Brasil. La participación de Argentina es más corta y de menor intensidad. Una de las paradojas es que la guerra lleva a la caída del imperio.
-¿Qué tipo de relación se establece desde ese momento?
-La Argentina va a obtener las ventajas políticas de la guerra y Brasil las ventajas territoriales. Brasil queda con una parte del Paraguay y con una distancia política y cultural enorme, que acerca Paraguay a la Argentina. Las relaciones nuestras con Brasil se estabilizan, en cambio. Una de las razones es que son dos estados colindantes pero con una frontera pequeña. Por un lado, el Uruguay más que un tapón es un amortiguador, por el otro, Argentina inicia una expansión mucho más rápida y eficaz que la brasileña.
-¿Por qué razón?
-Porque tiene territorios inmensos que pone en producción a partir de la revolución de los transportes. La locomotora de Brasil es el café en San Pablo. Por otro lado, también hay un efecto de eslabonamiento: según cuál sea el bien primario será el tipo de actividades que se eslabonan. Por ejemplo, con el trigo se eslabona hacia atrás una pequeña metalurgia de reparación de maquinas, hacia adelante fabricas de galletitas y fideos. Con el café se eslabonan muchas menos cosas.
-Eso explicaría por qué primero se desarrolló la industria argentina.
-Y también explica el crecimiento de la población. Nosotros somos muchos más exitosos en atraer inmigración. A Brasil van subsidiados, no elegían ir a San Pablo, acá vienen espontáneamente. Nuestro mercado interno crece mucho. Pese a no tener política industrial hubo crecimiento de la industria. Brasil pasa del imperio la República Vieja, también llamada Café con Leche, que es una la alianza de los sectores ganaderos de Minas Geraes con los productores de San Pablo. Pero son poco eficaces en la construcción del estado. Antes tenían un estado más fuerte, pero en 1910 el estado argentino es mucho más moderno, abarcador y eficaz, fundamentalmente desde 1880.
-¿No había una alianza mucho más fuerte de Argentina con Gran Bretaña que Brasil?
-Hasta la primera guerra mundial, las empresas son británicas de ambos lados. Y las inversiones son más grandes acá, porque la riqueza era enorme. Luego se hace más visible la presencia de los intereses económicos estadounidenses, tanto acá como allá. La Argentina sigue creciendo después de la guerra, pero ya ellos empiezan a crecer un poco más rápido.
-También se suele hablar de la eficacia de Itamaraty.
-No siempre van juntas la política exterior y la interior. La economía argentina en 1910 es 50 % más grande que la brasileña, cuando en 1850 ellos eran cuatro veces más grandes. Siempre tuvieron una buena diplomacia, pero en general se puede decir que los conservadores nuestros fueron mucho más eficaces que los de ellos. Favorecieron la educación, la inmigración, siempre en el marco de una expansión capitalista muy amplia. La única voz que advierte algo es un economista católico, Alejandro Bunge, que dice que la frontera de crecimiento ligado al campo se acaba y es necesario tener una política industrial, ya en esa época él ve un modelo, el de San Pablo.
-¿Cómo surge el poderío industrial de San Pablo?
-Esa era la economía más dinámica de Brasil, pero el cambio más significativo se da en los años ´30, con Getulio Vargas. Vargas, en un contexto autoritario, construye el estado brasileño moderno, aprovechando la crisis económica internacional.
-¿Cómo es eso?
-Muy sencillo, en tiempos de crisis lo que primero se resiente son los consumos suntuarios. El café padece la crisis mucho más que el trigo o la carne, en términos muy banales. Así nace una alianza de largo plazo entre el estado varguista y la burguesía de San Pablo.
-¿Cómo interviene en todo esto EEUU?
-Esa fue la opción de Vargas en el ´42. La Argentina conservadora siguió una política de confrontación con EEUU, Vargas es lo suficientemente pragmático como para unirse al vencedor, incluso para salvarse de su pasado cercano al fascismo corporativo.
-Hubo entonces un antecedente del Mercosur, entre Argentina, Brasil y Chile.
– En 1945 hay transición política en ambos países, pero Vargas y los trabajadores pierden. El 17 de octubre triunfa en Argentina y fracasa en Brasil. Ellos van hacia un liberalismo. Pero en el ´50 hay una crisis y vuelve Vargas, ahora como político tradicional, con mucha oposición. La vía para consolidarse vuelve a ser una alianza con EEUU, aunque al mismo tiempo nace Petrobras. A este Vargas no le interesa una alianza con Perón.
-¿Este período culminaría con la construcción de Brasilia?
– Vargas se suicida en 1954, cuando lo están por derrocar, lo que salva el varguismo. Allá no hay una desperonización, las transiciones en Brasil son más suaves. Brasil sigue creciendo 1% anual desde el 20. Pero ese es un crecimiento sin distribución. La sociedad argentina no toleraría una situación así por mucho tiempo, esa es otra diferencia. Cuando se compara, yo me quedo con la sociedad argentina, aún como está hoy. Como sea, llega al poder Juscelino Kubischek, que señala ese rumbo encarnado en Brasilia. Se produce una gran brecha con el gobierno de Frondizi, que establece políticas de desarrollo industrial similares, pero ellos tienen éxito y nosotros no.
-Sin embargo hay un golpe en 1964.
-Si, pero hay continuidad en la política económica, que sigue siendo proteccionista. Acá el golpe es en 1966, cuando cae el gobierno de Illia, que había tenido los índices de desarrollo más grandes de ese periodo.
– Se dice que en Argentina el proyecto de industrialización terminó con el golpe de 1976.
-Yo iría un poco más atrás, al rodrigazo. En el 75 se corta el modelo de sustitución de importaciones. En Brasil no se corta.
-Pero ya en 1972 Nixon decía que Sudamérica irá para donde vaya Brasil, confían en esa una clase dirigente.
-Si, eso puede ser. Pero no podemos decir que Lula sea lo mismo. Acá hay un dato a tener en cuenta: el varguismo no sobrevivió al golpe militar de 1964. La industria siguió creciendo y surge una nueva clase obrera, en el ABC de San Pablo. El anterior era otro sindicalismo, creado por Vargas desde arriba. Perón había incorporado a la vieja guardia sindical, no es lo mismo. La clase trabajadora actual en Brasil se articula a través del PT de Lula.
-Podría decirse que Lula termina de consolidar el proyecto industrialista.
-Es que Brasil ya es una potencia mundial. En el 1951 el PBI de ambas naciones se equipara, en 1970 ya es el doble, y ahora es tres veces mayor el de ellos. Es una tendencia general. Entre el 75 y el 2001 hubo una gran depresión en la Argentina, otro dato.
-¿Cómo explicar esta nueva alianza entre Argentina y Brasil?.
-Mi punto es ¿si no es Brasil qué? En las pocas cosas que yo participé, vi más interés en ellos en la alianza bilateral, por lo menos en iniciativas académicas. El libro fue a propuesta de ellos. Cada vez que volvemos a crecer un poco decimos que podemos salir solos, y no es así. La salida es solamente regional, tal vez con el Unasur. Con Brasil hay una lógica histórica. Alemania y Francia necesitan constituir un eje estabilizador, igualmente podrían ser Argentina y Brasil en Sudamérica.
Revista Acción, primera quincena de Octubre de 2008
por Alberto López Girondo | Oct 1, 2008 | Sin categoría
Ensayo sobre la miseria
El portugués José Saramago no hubiera imaginado de modo más dramático este escenario de desesperación extrema que desde principios de setiembre viven los haitianos: robos de alimentos entre pobladores hambrientos, violencia desatada por peleas en torno de los artículos más esenciales -como algunas gotas de agua potable-proliferación de enfermedades contagiosas entre los miles de evacuados. “Esto es lo más cerca al infierno en la tierra”, fue el lapidario testimonio de la representante de la ONU en Haití, Hédi Annaba, luego de visitar Gonaives, tal vez la zona más pobre dentro del país más pobre del continente y donde en consecuencia se registraron los mayores daños, tanto en términos humanos como materiales.
Cierto es que el sector occidental de la isla La Española fue atravesado por una serie de impresionantes tormentas, al punto que se computaron tres fuertes huracanes en diez días. Pero las condiciones de miseria e imprevisión en Haití, una situación que viene de lejos, y la escasa disposición de organismos internacionales para encontrar otro tipo de soluciones que no pasen por desplegar la fuerza de paz que ocupa el inestable país caribeño desde 2004, no hacen más que, si no fomentar, al menos permitir este tipo de calamidades.
Las cifras estimadas de la tragedia no pueden ser más impresionantes: el paso sucesivo de los huracanes Gustav, Ike y Hanna y otras dos tormentas menores dejó un balance provisional de más de 600 muertos –algunos durante los vendavales, otros ahogados en las inundaciones posteriores, y muchos asesinados en el contexto de luchas entre pobres- y más de un millón de desplazados, con las casas destruidas y sin ninguna esperanza de cambiar su situación en breve, ya que una reconstrucción inminente suena ilusoria.
Las agencias de noticias internacionales resaltaron un ejemplo que ilustra sobre la cuestión: en el hospital ambulatorio instalado por Médicos Sin Fronteras (MSF) en el barrio Raboteau, de Gonaives, un hombre resultó “masacrado, su cabeza fue aplastada a golpes por una muchedumbre que lo creyó un ladrón”, según informó Massimiliano Cosci, jefe de esa organización en Bélgica. El desdichado había intentado visitar a un pariente internado con graves heridas. Los médicos, resaltó MSF, nada pudieron hacer para evitar el desenlace. Ni siquiera estuvieron en condiciones de entregar el cadáver, ya que no pudieron averiguar su lugar de residencia.
Olor a muerte
Pero ese no parece un problema inusual en la zona, según relatan los testigos de estos días terribles para Haití. Cuentan los cronistas que por las calles de las poblaciones devastadas se veían por todos lados cuerpos sin vida de seres humanos y animales. «El olor a la muerte es muy desagradable en Gonaives. El número de muertos podría ser enorme», contó el inspector Ernst Dorfeuille, jefe de la policía local. En la cercana de Cabaret, por caso, nadie abandonó su vivienda a pesar de las advertencias, porque, según le dijo un poblador al periódico The Miami Herald, “no teníamos adonde ir”.
En un contexto semejante, las caravanas con vehículos de ayuda humanitaria que a cuentagotas llegan a la isla, viajan escoltados por la policía o tropas de los cascos azules de la ONU. Son muchos los que tanto en Haití como en otros países cuestionan la intervención de la denominada Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH). El grupo militar, en el que intervienen efectivos de varios países –incluso Argentina- está coordinado por Brasil y fue desplegado en Haití en junio 2004 tras la destitución de Jean-Bertrand Aristide.
Para algunos, esto representa una odiosa intervención en los asuntos internos haitianos que en nada ayudó a la pretendida estabilización del país. Durante este período, además, hubo graves denuncias sobre excesos cometidos por las tropas ocupantes contra la población haitiana. El suicidio del general brasileño Urano Teieira da Matta Bacellar, en enero de 2006, fue considerado también una señal de que ese no era el mejor destino ni siquiera para los altos jefes de la misión. Bacellar, de 57 años, dirigía la MINUSTAH y se disparó su propia arma en un hotel de Puerto Príncipe, en circunstancias nunca aclaradas del todo, a pocos días de retornar de una visita a su familia, en Río de Janeiro.
Pero más allá de esas elucubraciones, en esta circunstancia en particular las críticas contra los organismos internacionales destacaron que es totalmente incorrecto culpar exclusivamente a la naturaleza por la devastación de Haití. Porque nadie parece haber hecho demasiado para tomar las previsiones del caso luego del alerta del Centro Nacional de Huracanes ubicado en Florida (EE.UU.), que había informado sobre la inusitada violencia que habrían de tener las tormentas que normalmente azotan la región para esa época del año.
Como prueba de estas palabras, los críticos acercan datos sobre lo que la cadena de tempestades dejó en otras zonas cercanas: en Santo Domingo, que comparte la isla, si bien la violencia ciclónica fue menor, produjo un par de muertes, en un caso por una palmera que cayó sobre un automóvil. En Estados Unidos ,a cifra trepa a los 40 muertos. En cambio en Cuba, donde se habían preparado para lo que fue la peor tormenta en 48 años, la cantidad de muertes no llegó a la decena. Hubo varios pueblos inundados y daños a unas 320.000 viviendas en la isla, de las cuales unas 30.000 resultaron derrumbadas. Pero claro, ante la información de lo que se venía ordenaron evacuar ordenadamente y tomaron las previsiones de manual que corresponden para estos casos. Un viejo documento de la ONU, de 2004, destaca que el riesgo de morir en Cuba por un huracán era más de 15 veces menor que en Estados Unidos y 81 veces que en Haití.
Mafias
El huracán Ike, uno de los más violentos esta temporada, alcanzó vientos sostenidos de casi 230 kilómetros por hora. El gobierno haitiano había reconocido que varias zonas del país permanecían a una semana del cataclismo incomunicadas por la caída de puentes y por la destrucción de carreteras. Oficialmente se habló en forma genérica de “varios miles de damnificados”, aunque en forma extraoficial se hacía ascender ese número a casi un millón, cerca de la mitad de la población total de la nación. El Subsecretario General de la ONU para Asuntos Humanitarios, John Holmes, definió la situación de Haití como “verdaderamente desesperada”. Holmes calculó, de acuerdo a los informes de los representantes de ese organismo, que el país necesitaría una ayuda urgente de unos de 100 millones de dólares para recuperarse de los consecuencias de los ciclones.
La flamante primera ministra de Haití, Michèle Pierre-Louis, reconoció a su turno que había problemas para la distribución de la ayuda entre los damnificados. Más aún, admitió que parte de la ayuda no está llegando a los afectados y que grupos a los que no identificó armaron estructuras de tipo mafiosas para hacerse de artículos de primera necesidad que llegan al país para venderlas luego a los desesperados (que pueden juntar dinero a como dé lugar). «Cada vez que hay situación de emergencia, los malhechores se aprovechan», justificó en una rueda de prensa en la capital haitiana. Pierre-Louis enfatizó que en Gonaives «hay personas que confiscan las donaciones para venderlas». La funcionaria se comprometió ante los periodistas en que apelaría al uso de la fuerza pública para corregir esos desmadres. Algo que sonó virtualmente imposible de sostener en este clima de disolución de los valores sociales que se extiende en la nación desde hace décadas.
Oscuros pronósticos
Desde hace añares, Haití enfrenta un escenario de miseria del que parece no haber salida. En abril pasado, el país fue noticia por las violentas protestas de la población frente al alza exorbitante en el precio de los alimentos de primera necesidad y los combustibles. Se registraron al menos cinco muertos y el primer ministro Jacques Edouard Alexis tuvo que renunciar. Su reemplazante, la economista Michele Pierre-Louis, asumió recién el 5 de setiembre pasado, cuando el vendaval ya se había esparcido en Haití con su secuela de destrucción.
Entre las prioridades que deberá enfrentar la primera mujer en ocupar ese cargo en la nación está justamente el control de los precios. Y los informes económicos no le son favorables, ya que se auguran nuevas hambrunas en los meses siguientes por la pérdida de gran parte de la cosecha de arroz, el principal alimento de los nativos.
La ciudad portuaria de Gonaives, la más afectada por el temporal, es precisamente la capital de la región arrocera de Artibonite. Según la ONG Christian Aid, cerca de la tercera parte de la producción anual de arroz del país, que asciende a unas 60.000 toneladas, resultó destruida por las inundaciones. Las protestas de abril pasado podrían, a partir de este dato, convertirse en mera anécdota frente lo que se avecina si el presidente René Préval no toma esta vez las medidas adecuadas.
Revista Acción, primera quincena de Octubre de 2008
por Alberto López Girondo | Oct 1, 2008 | Sin categoría
COSTAS DE SOMALIA
Miles de pobladores de la devastada nación del Cuerno de África literalmente viven del ataque corsario a las naves que atraviesan el Índico hacia el Mar Rojo.
Es, por lo que muestra, una consecuencia de la desaparición del estado en países con tradición y cultura marinas. Así pasó, por ejemplo, en aquel lejano y fundamental fin de siglo XV, cuando cayó Constantinopla y pocos años más tarde los musulmanes fueron expulsados de España. “Ambos hechos condujeron a la proliferación de vagabundos sin rumbo -en el este, cristianos, en el oeste musulmanes- arruinados, desarraigados, sedientos de venganza y muchos de ellos se convirtieron en bucaneros”, sostiene John Norwich, historiador y documentalista de la BBC, en un libro sobre el Mediterráneo aparecido hace poco. Fue de ese modo, dice el investigador, que alcanzaron justa fama dos hermanos, Aruj y Khizr -mejor conocido como Jair-al-Din o Jeireddín- Barbarroja, nativos de la isla de Mitilene, la actual Lesbos. “Los hermanos Barbarroja –aclara Norwich- no tenían ni una gota de sangre turca, ni árabe ni bereber, de lo cual daban fe sus famosas barbas rojas”. Es decir, eran cristianos conversos a la fuerza. A la fuerza también vivieron y murieron.
Algo parecido sucede en la actualidad en el que tal vez sea el país más devastado de África, Somalia, sin un estado central desde 1991 y con costas absolutamente peligrosas para el tránsito de buques de comercio o militares a través del estrecho de Bab el Mandeb y el golfo de Aden, paso obligado al canal de Suez de millones de dólares en combustibles, armamentos y productos industriales.
A fines de setiembre pasado la mayoría de los medios de comunicación reflejaron uno de estos hechos, seguramente el más dramático de los registrados hasta entonces, cuando Estados Unidos y Rusia amenazaron con irrumpir en el buque ucraniano Faina, que transportaba 33 tanques rusos T-72, lanzagranadas y abundantes municiones con destino al gobierno de Kenya, según la información difundida oficialmente. La nave había sido ocupada por piratas somalíes que pretendían un rescate de 35 millones de dólares porque, argumentó ante una radio somalí uno de sus voceros, identificado como Janune Ali Jama, “tenemos en nuestro poder un buque con un precioso equipo militar a bordo”.
Armas tomar
El secuestro de la embarcación había generado una profunda inquietud en servicios de inteligencia de varios países, alarmados por los estadounidenses sobre la posibilidad de que las armas terminaran en manos de Al-Qaeda. “Si Francia y Estados Unidos intervienen militarmente, la responsabilidad por lo que suceda recaerá sobre ellos”, amenazó sin embargo el pirata, quien agregó que estaban dispuestos a terminar con la vida de toda la tripulación del buque y que no dudarían en incendiar la nave “antes que ser atrapados” por las fuerzas navales internacionales.
No se informó puntillosamente sobre el fin de estos corsarios del siglo XX, el caso es que el Faina fue liberado y la carga recuperada –se dijo que ni siquiera estaba destinada realmente a Kenia- luego de un misterioso y conveniente tiroteo entre los propios corsarios, según la palabra oficial, que dejó un saldo de tres muertos.
Unos días antes grupos de piratas habían copado el buque cisterna griego Captain Stephanos y pedido un fuerte rescate por el preciado cargamento. Otro caso fue el del velero de lujo Le Ponant, con 30 tripulantes, liberado tras la intervención de comandos franceses, aunque nadie descartó el pago de una apetecible compensación.
A lo largo de 2008 fueron reportados el abordaje de 115 naves, el secuestro de otras 31, y 23 más que fueron incendiadas, según datos del International Maritime Bureau (IMB), un organismo creado y financiado por las compañías de seguros y las armadoras de buques de comercio. El Piracy Reporting Centre (PRC) –que puede consultarse en www.icc-ccs.org/main/- revela además que 581 tripulantes fueron tomados de rehén, otros nueve resultaron secuestrados, nueve más fueron asesinados y otros siete permanecen como desaparecidos, supuestamente muertos de piratería.
Para el director de la oficina de la IMB londinense, capitán Pottengal Mukundan: » El incremento en la frecuencia de actos de piratería y los niveles de violencia son una preocupación significativa para la industria del transporte y los marineros. Los tipos de ataques, la violencia asociada con esos ataques, el número de rehenes tomados, y las cantidades de rescates que se necesitaron para la liberación de los navíos han aumentado de un modo muy drástico”.
Sin embargo, el problema de la piratería no sólo existe en el cuerno de África, en ese extremo en que el Océano Índico se convierte en el Mar Rojo luego de atravesar un desfiladero mítico. También se reportan anualmente decenas de casos en Nigeria y Indonesia, aunque en escalas menores.
Intervención militar
En los países que suelen ser víctimas de estos ataques, la polémica se desató entre los propietarios de las naves y los gobiernos, ya que se debate si corresponde que los organismos públicos deban encargarse de la protección de mercancías que circulan por aguas de otros territorios con el propósito de hacer negocios particulares. La solución fue que muchas armadoras mantienen verdaderos ejércitos privados a bordo para prevenir incursiones bucaneras. Pero eso no soluciona el problema cuando los ataques son tantos y de tal magnitud.
El director del International Chamber of Shipping (ICS, Cámara Internacional del Transporte marino), Peter Hinchliffe, sostiene razones para solicitar la intervención estatal. Las “compañías que están en el negocio de proporcionar seguridad privada, por supuesto, esperan ofrecer esos servicios. Pero pienso que las marinas de guerra se están olvidando, y quizás los gobiernos se están olvidando también, de que no estamos hablando de la protección de una nave individual en una porción de agua. Que estamos hablando de la obligación fundamental de las naciones de proporcionar un paso seguro para el comercio mundial”.
El director de IMB abundó, en tanto, en que la captura del Faina demostró que los piratas somalíes ahora tienen los recursos, la experiencia y las armas que necesitan realizar secuestros cada vez más sofisticados. Este fue el disparador para que varios gobiernos del Viejo Continente impulsaran la creación de una flota de protección para las naves que circulan por la región. La Unión Europea anunció el despliegue de entre cuatro y seis barcos y alrededor de tres aviones de reconocimiento en aguas de Somalia con el objetivo de disuadir las actividades de la piratería, dar cobertura al tráfico marítimo de la zona y “proteger los buques del Programa Mundial de Alimentos, que permiten la supervivencia de la martirizada población de Somalia”.
La medida está en consonancia con una decisión del Consejo de Seguridad de la ONU, que había adoptado en forma unánime una resolución llamando a combatir la piratería fuera de control de la costa africana.
Salida para la crisis (Recuadro)
Para la población somalí, los corsarios que asuelan las naves que pomposamente circulan cerca de sus costas con riquezas que ellos nunca verán, son verdaderos héroes. Y son admirados, en carne viva, como cualquier chico del otro lado del mundo puede admirar al personaje de Johnny Depp en la zaga de Piratas del Caribe. Con una diferencia, los niños somalíes los ven como un modelo a seguir, según reflejó el periodista Abukar Albadri para la agencia española EFE.
No es para menos, la salida ensayada por los bucaneros del Cuerno de África es la más próspera en un país devastado por la guerra civil que desde 1991 dividió al territorio en decenas de estados mínimos sin basamento económico alguno y sin poder de centralizar ninguna medida común.
«Aquellos que salimos a la mar e interceptamos el barco, ahora recibimos 30.000 dólares, pero los que se quedaron esperando en tierra para defendernos, se llevan 20.000», señaló uno de los jóvenes entrevistados. El reparto del dinero logrado en los rescates se hace de forma equitativa. Nadie queda al margen de botines que normalmente superan el millón de dólares estadounidenses.
El cronista señala que en la aldea de Hoybo, ubicada a unos 500 kilómetros al norte de Mogadiscio, la “presunta” capital de Somalía, fue en otros tiempos una pujante población que vivía fundamentalmente de la pesca. Pero los tiempos cambiaron y a falta de otras salidas, alrededor de 200 de sus 1.400 habitantes viven de la piratería. La prueba más evidente de este cambio de paradigma es que apenas cuatro de las ochenta embarcaciones atracadas en el puerto se dedican a atrapar peces. El resto son utilizadas para la pesca de otros objetos marinos mucho más provechosos. Como que frente a sus narices pasa el 8 por ciento del comercio internacional.
Revista Acción, Octubre de 2008
por Alberto López Girondo | Sep 16, 2008 | Sin categoría
Recambio presidencial
Una potencia empantanada en una guerra de la que nadie sabe cómo salir sin seguir enterrándose y conflictos latentes en todo el planeta, un déficit económico colosal que haría palidecer a cualquier gobierno neoliberal del planeta –o incluso dejaría al país fuera de los acuerdos de la Unión Europea- más una crisis financiera que tal vez aún no mostró todo su potencial. Y el avance persistente de potencias globales con capacidad para discutir en pocos años el diseño del mundo. Sólo para comenzar la cuenta, esas son algunas de las joyas que recibirá el futuro presidente de los Estados Unidos ni bien reciba el bastón de mando.
Por lo pronto, la situación económica del país es un polvorín a punto de estallar que solo a fuerza de fuertes dosis de intervención estatal pudo campearse por ahora, arrastrando a gran parte de la solvencia del conjunto de los países desarrollados. Como ocurrió con el salvataje de los dos gigantes de préstamos, Fannie Mae y Freddie Mac, responsables de la crisis de las hipotecas de un lado del Atlántico, que dejó temblando al mercado inmobiliario en el viejo continente. Y que amenaza con provocar la caída de otras entidades crediticias a lo largo del hemisferio norte.
El otro punto oscuro en el futuro norteamericano es el de las cuentas públicas. Se acusa a la cúpula dirigencial que secunda a George W. de haber echado a andar “la maquinita de imprimir dólares” para financiar las guerras como último recurso. Como dato, algunos analistas señalan que el dólar actual sólo representaría el 5 % del que tenía en 1913, cuando se fundó la Reserva Federal, el banco central de Estados Unidos.
La deuda nacional —la acumulación total de los déficits presupuestarios anuales— ha subido además en forma asombrosa desde que George W. Bush asumió la presidencia en enero del 2001 y superará los 12,5 billones cuando deje el cargo en enero del 2009. Habría que tomar nota de esta cifra, porque es de un informe que elabora regularmente la CIA, The World Facbook, en que figuran los números fiscales y poblacionales de todos los países del planeta.
Allí, en un cómodo primer lugar, figura como el gran deudor internacional la patria de Bush, seguido de no muy lejos por Gran Bretaña. Lo más destacado es el incremento de esa deuda, que pasó -según esa fuente privilegiada- de 862 mil millones de dólares en 2003 a 1,4 billones en 2004 para trepar luego en forma monstruosa a 8,8 billones en 2005. Un salto, destaca la agencia de los espías estadounidenses, de 531,21 % en solo un año, en coincidencia con el desarrollo de la invasión y la ocupación de Irak, a partir de marzo de 2003. La cifra de 12,5 billones corresponde a la proyección para este año fiscal que hizo la CIA en mayo pasado y representa una deuda personal de cada habitante de EE.UU de casi 42.000 dólares.
Gran parte de esa deuda está integrada por bonos en poder de chinos, coreanos, japoneses e ingleses, con lo que un eventual default llevaría a una verdadera calamidad a nivel planetario nunca vista en la historia del capitalismo. La herencia para Barack Obama o para John McCain, en este terreno, es un sayo verdaderamente corto de sisa. Porque el futuro presidente será comandante de la potencia militar del mundo, pero con un riesgo país que viene bajando de “AAA”, el más alto, a “AA”, según le evaluación de la conocida Standard & Poor’s. Lo que implica que más temprano que tarde puede perder la capacidad de conseguir crédito fácil para financiar sus aventuras expansivas.
Clima bélico
La delicada situación política internacional, en ese sentido, no es un tema menor para el próximo ocupante del Salón Oval, que enfrentará un clima de inestabilidad permanente en Irak, más una creciente conflictividad en Afganistán, agravada por la situación en Pakistán luego del asesinato de Benazir Butho. En este contexto, tal vez el polvorín en Georgia sea la frutilla que faltaba al postre. Una frutilla que se extiende a lo largo de oleoductos que atraviesan países con poderío nuclear, nada menos.
A nivel militar el descontento de la población es creciente. Y se relaciona con la respuesta ensayada por Bush a los ataques a las Torres Gemelas del 11 de setiembre de 2001. No sólo por el fuerte descenso en las libertades individuales que implican las nuevas políticas de “seguridad” y espionaje (con su secuela de violaciones a los Derechos Humanos en Abu Ghraib y Guantánamo, por nombrar algo), sino porque se amplía la base de población que cuestiona el hecho mismo de destinar tropas a morir en territorio irakí en la defensa de intereses que cada vez más son vistos como los de las empresas multinacionales.
Es demostrativa la cantidad de soldados de los ejércitos invasores que directamente deciden desertar para no volver a inmiscuirse en terreno peligroso, ya sea en Irak como en Afganistán. Es así que se comienza a extender el término que se aplica en inglés para denominar a los soldados que ya no creen en los beneficios de defender las banderas del imperio: Awol, sigla que corresponde a absent without official leave, ausente sin permiso oficial. Un Awol es un recluta que falta a su base de destino por más de 30 días. En esa situación quedaron más de mil británicos sólo en los primeros cuatro años de contienda y unos 8.000 estadounidenses hasta 2006, con un promedio de más de tres mil cada año.
Protocolos al margen
Otras áreas de conflicto que deberá enfrentar el nuevo habitante de Washington son también resabios del estilo que encabezó durante estos ocho años George W. Como su cuota de responsabilidad en el estancamiento de la negociaciones en la ronda de Doha y la negativa de su gobierno a adherir al Protocolo de Kioto, una normativa internacional para reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Punto conflictivo si los hay, desde el momento en que la Unión es el mayor contaminador del planeta, responsable de una cuarta parte del total del emisiones de dióxido de carbono (CO2) y de metano, óxido nitroso, hidrofluorocarbonados, perfluorocarbonados y hexafloruro de azufre.
Los (bajos) fondos del imperio, aunque en sentido territorial, también habrán de preocupar al heredero de Bush, sin ninguna duda. Porque el rotundo revés al lanzamiento del ALCA en Mar del Plata y las dificultades que tuvo la cúpula dirigente para imponer Tratados de Libre Comercio (TLC) a nivel individual implicarán seguramente un rediseño de la política a nivel regional. No escapa a este análisis la percepción que se tiene en los despachos del poder central sobre gobiernos como los de Hugo Chávez, Evo Morales o Rafael Correa, a los que se suma la no demasiado agradable recepción a las propuestas estadounidenses en el resto de las naciones de esta parte del mundo.
En resumen, el legado con que se encontrará el sucesor de George Walker Bush el 20 de enero próximo será de tal magnitud que, bien mirado, el premio mayor en las elecciones de noviembre tal vez sea para el que no pueda acceder a la Casa Blanca. A menos que quien lo haga sea un empecinado optimista que piense en sacar a ese país de lo que parece una decadencia lenta pero constante a favor de los nuevos jugadores que amenazan ese poder: China, India, Rusia y hasta Brasil.
Revista Acción, segunda quincena de Septiembre de 2008
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