por Alberto López Girondo | Mar 1, 2009 | Sin categoría
Sobre progresismo y sentido común
Dice que le gustaría formar parte de la construcción de ese espacio de centroizquierda que le hace falta al país para consolidar cambios profundos en la vida de los argentinos. “Pero no cualquier progresismo”, aclara el diputado Carlos Raimundi. Disidente del sector que encabeza Elisa Carrió, como antes lo había sido del Frepaso y la UCR, donde comenzó su carrera política, afirma que nunca se fue de ningún lado, que simplemente las estructuras donde estaban habían abandonado los fundamentos ideológicos que lo habían llevado a participar. “Puedo sostener la mirada del joven que fui”, dice Raimundi, padre de tres hijos, 11, 9 y 7 años, que aún no pintan consignas políticas como él hizo alguna vez, a los 4 años, en su casa paterna de La Plata. Una mirada, claro, que implica hacerse cargo de algunos errores y de no pocas observaciones sobre la realidad del país.
-¿Es buen momento para construir un espacio progresista?
-La Argentina vive una crisis del sistema político desde hace muchos años, muchos más de lo aconsejable. En este marco, sigue estando vigente en el mundo la necesidad de construir una expresión política de un campo de ideas progresista. Y yo creo que esta construcción está absolutamente pendiente. La diferencia es que ese campo de ideas ya no tiene origen en las estrategias de Washington de un lado para construir desde el sector de la derecha y Moscú del otro lado.
-¿Que fecha le pondría a esa crisis política argentina? ¿1930, el `55, el ´76?
-Yo vendría un poco más acá. Desde 1983 para acá la Argentina fue gobernada por la alternancia de los dos grandes partidos, la UCR y el PJ. Hay un punto de inflexión que es el de los derechos humanos, los derechos vinculados con la libertad, con la vida, con el recuerdo que hacen las instituciones de los delitos de opinión, en los que indudablemente no hay punto de comparación entre democracia y dictadura. Eso de por si hace preferible a la democracia a cualquier opción, no cabe ninguna duda. En todo lo demás se retrocedió. Para mi estos han sido 25 años de continuidad de gobiernos elegidos por el voto en elecciones que a grandes trazos podemos decir no fueron fraudulentas, pero eso no es la democracia. Porque la democracia tiene un componente de ciudadanía social que no solamente no fue cumplido, sino que fue profundamente erosionado. En estos años se profundizó la pobreza, el desempleo, el endeudamiento. Y esos son grandes componentes estructurales que la ciudadanía. Ahora yo digo, hay responsables políticos, porque alguien gobernó en estos años.
-No hace mucho la gente decía que se vayan todos, porque todos eran responsables.
-Y lo que pasó fue una reconducción del sistema, una recomposición, no hubo un cambio en el sistema. En el 2001 se quiebran varios pactos fundantes de la sociedad. Ese pacto fundante de la confianza en la política quedó definitivamente quebrado, se quiebra el pacto financiero, el pacto implícito de que hay un sistema bancario que le dice a la sociedad “este dinero este hoy en mi poder sigue siendo suyo”, ese pacto se rompió. El pacto fiscal se rompió, es decir “si usted me paga los impuestos yo eso se lo devuelvo en servicios”. Y hay un pacto previsional, “si usted aporta va a tener una vejez digna”, que también está roto. Sin embargo, en lugar de construir un sistema con una nueva direccionalidad, se recondujo el sistema. Tenemos la misma estructura política. La dirigencia responsable es la del PJ y la UCR.
-Pero usted estuvo en la Alianza.
-Yo no voy a negar esto. Pero esta crisis de legitimidad del sistema ha hecho que hoy la política sea una pista de patinaje sobre hielo, con deslizamientos rapidísimos de un lado a otro a la cual la sociedad acude impertérrita. Yo creo que toda democracia se tiene que asentar sobre partidos fuertes, sobre instituciones políticas fuertes. La gran pregunta es a dónde desemboca este sistema. Puede ser que desemboque en la construcción de dos grandes polos, uno de centroderecha y uno de centroizquierda en términos tradicionales. Lo que sería un polo más conservador y un polo más progresista. O desemboca en la conclusión a la que el establishment está desesperado por llegar, que es reconstituir al PJ y a la UCR. Ese es el proyecto del poder político y del poder económico, porque cristaliza una estructura social de una Argentina inequitativa y se garantizan negocios entre el establishment y la política Así se reconstituye un justicialismo como partido del poder único y un radicalismo que le contesta en el discurso pero usufructúa de todos los cargos rentados que permite esa reestabilización del sistema político. Quienes pensamos lo contrario estamos perdiendo la disputa. Hoy tiene más chance de reconstituirse el viejo bipartidismo que de redefinirse esta crisis en dos grandes polos, y esa es nuestra propia responsabilidad. Porque nosotros cuando intentamos construir esa alternativa fracasamos. Yo hace 15 años que me fui de la UCR convencido de esto que digo, y estuve en dos grandes estructuras: La primera fue el Frepaso, con bajísima densidad institucional y mucho soporte carismático de Chacho Álvarez. El problema es que cuando ese liderazgo personal defeccionó, estalló la fuerza
-No había una construcción detrás.
-Se cumplió un ciclo histórico. Después estuve en el ARI. La Carrió que funda ese espacio es uno de los emergentes de esa crisis política. Decía “nosotros no somos ni el viejo PJ ni la vieja UCR”, pero termina en una decepción casi te diría peor que la de Chacho, porque Chacho resucita la UCR equivocadamente, pero por lo menos le imprime un componente de ideas progresistas. Carrió resucita la UCR pero desde un costado más liberal todavía. Ese corrimiento empuja al radicalismo a posiciones cada vez más vinculadas al establishment.
-¿Qué sería el progresismo hoy, entonces?
-Hay tres o cuatro preguntas clave. Todo el mundo no se para igual frente a la intervención del Estado en la economía; algunos queremos más Estado y otros quieren menos Estado. Todo el mundo no se para igual frente a una eventual alianza con EEUU; algunos piensan que como es el país más poderoso hay que estar allí y otros creemos en un país con más autonomía. Frente a un tema tan acuciante como la seguridad, algunos se paran en la fase exclusivamente represiva como método de resolución de la inseguridad y otros vemos que es un problema más estructural, que tiene una base más social, en la exclusión. Algunos dicen “bajemos la edad de imputabilidad”, otros decimos “bajemos el analfabetismo, el desempleo de los jóvenes”. No todos nos paramos igual frente a la libertad de orientación sexual de las personas. Desde lo internacional hasta lo más privado, sigue estando vigente un posicionamiento frente a estos puntos básicos de la realidad que me confirma que hay espacio para un campo de ideas progresista.
-¿Por qué no se logra consolidar ese espacio en el país?
– Ocurre que hay dos vertientes: una en la izquierda del peronismo y otra en ámbitos no peronistas. Hemos tenido siempre la tentación de poner en disputa los grandes partidos. Mi origen es la Junta Coordinadora y allí planteábamos poner en disputa el radicalismo para que los sectores más de izquierda pudiéramos hegemonizar el partido. Craso error. Es imposible hegemonizar las grandes estructuras de los partidos tradicionales. El Frepaso intentó hacer eso, no pudo. Qué es el kirchnerismo sino la ilusión de poner en disputa la orientación del justicialismo buscando que la izquierda lo hegemonizara, para terminar apoyándose en lo más ortodoxo del PJ del conurbano y en un negocio económico con Hugo Moyano como únicos factores de contención social. Eso es un retroceso fenomenal. La profundidad o no del progresismo de algunas fuerzas políticas también se mide por la herencia que dejan. Me acuerdo de que yo cuestionada al la segunda etapa de Alfonsín…
-…La etapa Posgrispun.
-Exactamente. Entre otras cosas la cuestionaba porque las opciones electorales que deja Alfonsín son Menem, un conservadurismo populista de tierra adentro; Angeloz, un conservadurismo liberal moderado, y Alsogaray. Entre esos tres candidatos se distribuyen el 90 % de los votos en 1989. ¿Cuál es la herencia del kirchnerismo? La reconstrucción de lo peor del PJ y el realineamiento de la UCR. Yo creo que por haber traicionado la ilusión de que a través del kirchnerismo se podía construir un campo progresista.
-¿Cuáles son las condiciones políticas que permiten eso? El facilismo seria decir que Alfonsín o Kirchner traicionaron.
-Si querés decí que defraudaron.
-Como sea ¿no hay una imposibilidad fáctica que algún momento la dirigencia termina acordando para mantener eso que se llama gobernabilidad?
-Ese componente está, pero vamos a otro marco de referencia, que es América Latina. Yo creo que una región que en el termino de dos años elige a un obrero metalúrgico con secundaria incompleta en Brasil, y en una sociedad muy tradicional como la chilena elige a una mujer divorciada y agnóstica, que elige en Bolivia a un líder indígena y en Paraguay a uno que por primera vez esta fuera del aparato del Partido Colorado, me parece que como sociedad le está diciendo a la política “estamos dispuestos a aceptar cambios audaces”.
-A eso me refería, porque también hay muchas críticas que se le hacen a Lula y a Bachelet, sin ir más lejos.
-Yo estoy hablando de la sociedad, no de los políticos. No ignoro que haya gobiernos que lo único que tienen de izquierda es que electoralmente le ganaron a partidos de derecha. Pero yo hablo de otra cosa.
-Y tal vez la sucesión de Bachelet sea Piñera, de derecha.
-Está bien, pero había un marco de referencia de que las sociedades de alguna manera estaban predispuestas a cambiar alguna cosa. Coincido en que hay gobiernos con un sesgo formal de centroizquierda que terminan gobernando con la agenda de la derecha. Aceptemos también que son más sensibles en la aplicación de algunas políticas sociales. Aunque es cierto que el tratado bilateral con EEUU lo terminó firmando el socialismo chileno y Astori tal vez haría lo propio si fuera candidato en Uruguay. Y en ambos lugares para ganar tuvieron que poner candidatos tan moderados que terminan siendo muy parecidos. Eso lo comparto.
-La reflexión apunta a que el progresismo pareciera tener una gran dificultad para interpelar al poder en temas centrales como la distribución y la inequidad. Y en esto el rol de los medios no es secundario.
-Es que el debate en torno de los medios es central para la reconfiguración de los sistemas políticos en general. Si no discutimos le relaciones medios-sistema político estamos hablando de la hojarasca de la cuestión. Los medios fijan la agenda. Es muy difícil que sea la política la que direccione una sociedad cuando la agenda y hasta las candidaturas las arman los medios. Los comunicadores políticos son los periodistas, no somos nosotros. Por cada minuto que un dirigente político está al aire ¿cuántos minutos esta al aire un periodista que editorializa? El problema es que los medios han dejado de ser medios. Ya no son una polea entre la realidad y la opinión pública. Hoy los medios construyen la realidad, no la transmiten. Y hasta que no se discuta eso va a ser muy difícil hacer cambios. Esto de alguna manera me hace pensar en que tiene una razón de ser esta condición de plebiscitarias de algunas democracias que hay hoy día en América Latina. Porque cuando se desfigura tanto la relación entre la política y la sociedad – porque hay políticos corruptos, porque hay medios que apuestan a desfigurar esa relación, porque hay ineficiencia- el único capital de un dirigente político contra todo ese cúmulo de intereses es la relación directa con el pueblo.
-Muchos dicen que eso jaquea al sistema democrático formal.
-Estamos de acuerdo en que a veces eso desdibuja un poquito la división de poderes de Montesquieu, el parlamentarismo como un valor excelso. Ahora, el parlamentarismo se ha desdibujado a si mismo. Cuando en julio de 2001 el parlamento argentino sanciona la ley de intangibilidad de los depósitos y a los dos meses se pone el corralito, de qué legitimidad me hablan. Hay sectores puristas, enciclopedistas, de la oposición, que me dicen que la calidad democrática está medida por la capacidad de control parlamentario. Y yo digo que esa es una democracia a la suiza, es una concepción eurocéntrica o desde el federalista de Madison o de Jefferson. Porque en la Argentina, cuando hubo una Comisión de Seguimiento de las Privatizaciones controlada por la oposición, eso significaba que había que coimear a los funcionarios del Ejecutivo y a los parlamentarios de la oposición.
-¿Plantearía un sistema plebiscitario?
-Yo no estoy en desacuerdo con el sistema de frenos y contrapesos, pero ese es el más adecuado a un modelo cultural institucional que no esta enraizado en la emergencia de América Latina. Estoy muy atento a la revalorización del populismo en términos modernos que hace Ernesto Laclau. Lo que digo es que el pueblo ha sido más feliz, los sectores más vulnerables, han sido mucho más felices con liderazgos fuertes que con el parlamentarismo puro de Montesquieu. Y eso es el primer kirchnerismo. Al principio Kirchner aterra a los sectores de la oligarquía cuando dice “¿por qué tengo que exponerme a que en el altar de la Sociedad Rural para que me critiquen?” o ¿”por qué tengo que exponerme a que un dirigente de la Iglesia me baje línea desde un púlpito?”. Simbólicamente restituyó la autoridad política. Por eso cuando me dicen que el kirchnerismo es una continuidad del menemismo yo digo que hay que tomarlo con mucho cuidado. Si hablamos de la depredación de los recursos naturales como el petróleo y la minería, digo que si; pero si hablamos de la aplicación de un modelo industrial con creación de empleo, no hay continuidad. El problema es que si a una nueva sociología política le seguimos aplicando el mismo método de la época inicial, terminamos con la paranoia de la 125, porque la Argentina había cambiado en parte gracias a las mismas medidas que había aplicado Kirchner.
-El tema es si la sociedad aceptaría un progresismo más definido, porque en algunos aspectos los Kirchner parecen estar a la izquierda de la sociedad.
-Eso no es tan así. La demora en reglamentar la Ley de Bosques, o el veto a la Ley de Glaciares dicen lo contrario. Pero Kirchner también es responsable de cómo está la sociedad, porque la gobernó en cinco años de oro.
-Pero la gente no suele apoyar esas posiciones con el voto.
-No por eso vamos a renunciar a la batalla cultural que se tiene que dar en la política. Si, nos queda pendiente la construcción de un espacio progresista fuerte e influyente. Y también sigue pendiente la discusión sobre el papel de los medios de comunicación. Uno de los grandes desafíos del progresismo debería ser cómo hacer para no rifar un solo valor ideológico, pero interpelar el sentido común, esto que hace Macri desde la derecha, que aplica programas claramente reaccionarios desde el imaginario del interés del vecino. Porque todavía hay una parte del progresismo duro, que cree que la solución es estudiar la historia vietnamita, que no se mueve de donde está, y otra que es la izquierda políticamente correcta que después termina en Cavallo. Yo quiero algo que tal vez demande más tiempo construir pero que sea más sólido.
Vocación temprana (Recuadro)
-¿Que perdió dedicándose a la política?
-Siempre viví de mi sueldo, que no es bajo comparado con un trabajador común, pero cuando no estuve en el Congreso no tuve cargos públicos. Fui elegido por el pueblo o docente y abogado. Esto me ha hecho ganar en unos respeto, en otros desconfianza y desprestigio. Si yo hubiera seguido en la actividad privada, como apoderado de Federación Patronal de Seguros que era, en términos económicos tendría menos cuestionamientos de la sociedad e infinitamente más dinero. Desde ese punto de vista perdí.
-¿Qué ganó?
-Yo tengo vocación política desde que tengo memoria de mi mismo. Lo que gané es la fidelidad conmigo mismo, que se transmite a la familia, porque de alguna manera me permite explicar que la falta de tiempo dedicada a ellos no es por razones espurias sino por motivos nobles.
-¿Les diría a sus hijos que no se dediquen a la política?
-Bueno, ninguno de ellos pinta paredes con consignas.
-No me refería a eso.
-Es que cuando tenía 4 años yo pintaba en las paredes de mi casa “Larralde-Solá”, que era la fórmula en la elección que termina ganando Andrés Framini en 1962.
-¿La política es una herencia familiar?
-No, para nada. Mi vocación que viene de haberme educado la Universidad de La Plata en los años ´60, con una sociedad extremadamente politizada. En mi familia eran radicales muy antiperonistas, muy gorilas. No haber tenido una cuna peronista hizo que viera muy tarde los componentes de ese peronista que tengo adentro.
-¿Cómo es eso?
-Mi papá me hablaba del luto obligatorio ante la muerte de Evita, pero jamás me habló de los bombardeos en la Plaza, de lo que recién me enteré cuando terminaba la escuela primaria. Si me hubiera enterado antes tal vez…pero eso es una cuestión de diván. Yo valoro el concepto de la felicidad de la gente común.
-¿Como vivió el momento de ruptura con esas certezas que te inculcaban?
-Fue muy fuerte, hubo discusiones muy fuertes, con amenazas, fue muy feroz.
-¿Cómo vivieron ellos tu tránsito por la vida política?
-Cuando me fui del radicalismo fue muy traumático para mi familia. Pero ahí ya con mi padre habíamos entrado en una relación muy adulta y tuvo mucha comprensión. No alegría pero si comprensión. Hay decisiones que las legitima el tiempo. Mi padre tenía un proyecto de vida muy distinto para mí: el abogado formal, de traje y corbata. Y yo forjé un proyecto de vida muy distinto a eso, aunque manteniendo valores de honestidad y de trasparecía que les debo a ellos.
-¿Como se sentió al hacer esos cambios?
-Yo reviso mi historia y creo que sigo siendo capaz de sostener la mirada del joven que fui, no exenta de errores graves.
-¿Como cuáles?
-Mi gran error de lectura política fue el haber creído que la Alianza era un gobierno de cambio. Durante la primera etapa Lilita leyó bien la realidad. A los 15 días de haber asumido, con toda la esperanza y el apoyo popular que había recibido, ella me dijo “De la Rúa es una continuidad de las mafias”. Yo pensé que ese no era el momento oportuno para decirlo pero el decurso de los acontecimientos me demostró que ella tenía razón y yo no. Es una etapa de mi historia política en que me equivoqué. Tengo mucho de qué arrepentirme, pero de qué avergonzarme. Mi discurso hoy, salvando distancias, es el mismo en término de valores, del día que empecé. Yo no me fui de ningún lado, lo que pasa es que a veces para persistir en un sistema de ideas hay que abandonar algunas estructuras. En lo ideológico no siento ningún cuestionamiento. En lo afectivo en la primera etapa cuando me fui del radicalismo, porque me fui muy solo, perdí afectos que luego recuperé, cuando pasaron los años y se fue viendo que no me fui por un cargo o por una conveniencia. La decisión de salir de la UCR me llevo muchos meses.
-Menos tiempo que irse de al lado de Carrió.
– Lo de Carrió tiene componentes hasta personales, de malas actitudes, de habernos llevado a construir una esperanza del ARI y después matarla de un día para el otro. Y eso no es de buenas personas.
De Litto Nebbia a Ilya Prygogine (Recuadro)
Debajo del vidrio que cubre su escritorio en el despacho en el edificio anexo de la Cámara de Diputados, donde otros ponen fotos familiares o de sus líderes políticos, Carlos Raimundi tiene unos recortes de papel de diario, amarillos por el tiempo. Un par de chistes de Sendra, algún poema de Litto Nebbia y del brasileño Ruy Barboza, una reflexión de Voltaire muestran lo que tal vez sea una línea ideológica. Hablan de realidades,, lealtades, posiciones ante la vida ¿Qué significan para el legislador platense? ¿Quiénes influyen en su pensamiento?
-Cada recorte se expresa por si mismo. Pero independientemente del contenido, los que fundan un sistema de ideas profundos son respetables en si mismos. En mí hay una conjunción de líneas y posturas y conductas. Moreno influyó mucho. Por las ideas, por la contundencia, por los sectores que representaba. Esa confrontación con Saavedra es una prefiguración de lo que vendría en los próximos 200 años. Y tiene mucho que ver con lo que hablamos recién. Saavedra le gana a Moreno porque tenía las ideas más conservadoras pero tenía la chusma con él. Moreno tenía las ideas más correctas desde el contenido, pero era minoritario. El gran problema es que esa confrontación es que, en lugar de haberse superado por vía de la síntesis, tomó por la eliminación del otro, y así la Argentina continuó solucionando sus conflictos. Me interesan esas nuevas corrientes de hombres de las ciencias duras que terminan admitiendo la incidencia de las cuestiones espirituales, como Illya Prygogne, Edgar Morel.
Revista Acción, Marzo de 2009
por Alberto López Girondo | Ene 1, 2009 | Sin categoría
Referendo por la reforma constitucional
Una camiseta de más de 50 metros de largo, con un altisonante No y el deseo de ingresar al libro Guiness de los récords, fue el comienzo de campaña que pergeñaron los prefectos que buscan derrotar en las urnas a la Nueva Constitución Política de Estado boliviano (NCPE). «Siento que ya no hay opositores, que se han reducido a algunos grupos de los jerarcas de la Iglesia Católica y algunos grupos de la prensa burguesa; los dos opositores son la Iglesia y la prensa», resumió el presidente Evo Morales. Dos caras, dos aspectos de una encrucijada que el 25 de enero culminará con el referendo aprobatorio de una Carta Magna que tiene espíritu refundacional, en lo que nadie duda es la más grande transformación en la historia boliviana desde la conquista.
Ni siquiera en la revolución de 1952 o con la efímera presidencia de Marcelo Quiroga Santa Cruz se llegó a tanto. Por eso la enorme camiseta pretende mostrar la unidad de los departamentos de la Media Luna próspera, con el objetivo de mantener el control de los recursos y las riquezas en las mismas manos de siempre. Esas manos que se comprometieron a elaborar cada parte de la inmensa prenda en un distrito diferente y alejadas de la violencia que las caracterizó hasta no hace tanto.
En el Movimiento al Socialismo (MAS) sostienen que el epicentro de esta dura pelea que se lleva a cabo desde que Morales llegó al poder, en 2006, es el reparto de las tierras. Porque la batalla por los recursos ya se vino desarrollando en estos dos años, a pesar de la brutal oposición de nativos y extraños por la nacionalización de los hidrocarburos, entre otras cosas. Una brutalidad que se llevó vidas y haciendas sin el menor escrúpulo, como quedó demostrado con la masacre de Pando.
El discurso de Morales, como se ve, pone el eje en los que con perspicacia percibe como sus verdaderos enemigos de la hora. Sin dudas, desde que la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) marcó la cancha al antagonismo salvaje de los prefectos y los comités cívicos estableciendo que no hay espacio para conatos golpistas en la región, y desde que el Gobierno expulsó a los organismos y representantes de Estados Unidos que terciaban en la cuestión, la representación de la oposición más acérrima se encarna en los medios de comunicación dominantes y en el cardenal Julio Terrazas, el primado de Bolivia, puesto en líder de los sectores más conservadores, tras haber comenzado este proceso ofreciendo sus servicios de mediación entre gobierno y rebeldes.
Cambio radical
«En tiempos inmemoriales se erigieron montañas, se desplazaron ríos, se formaron lagos. Nuestra amazonia, nuestro chaco, nuestro altiplano y nuestros llanos y valles se cubrieron de verdores y flores», así comienza el poético preámbulo de la NCPE que se votará en algunos días. En una síntesis de la historia de Bolivia, el texto agrega: «Jamás comprendimos el racismo hasta que lo sufrimos desde los funestos tiempos de la colonia». Y para que no queden dudas, asegura que en esta instancia se deja «en el pasado el Estado colonial, republicano y neoliberal» para asumir «el reto histórico de construir colectivamente el Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario». La forma de hacerlo efectivo, promete, es «cumpliendo el mandato de nuestros pueblos, con la fortaleza de nuestra Pachamama y gracias a Dios».
No es ocioso este preámbulo. Expresa el sentido que se le quiere dar a la ley fundamental. Un sentido de nuevo reparto de roles y beneficios en un país marcado por la discriminación y la explotación de la gran mayoría de sus habitantes. De allí la resistencia que genera y el enorme costo en vidas que lleva hasta el momento.
Es que un cambio tan radical en la orientación de las decisiones administrativas genera un lógico escozor entre quienes están acostumbrados a que esos que ahora legislan sobre la cosa pública sean aquellos mismos que «nacieron para obedecer», acompañados por un grupo cada vez mayor de criollos «subversivos».
El obstáculo más grande a esta revolución que se pretende pacífica fueron los comités cívicos (grupos de choque de orientación neonazi) y los prefectos de la zona más rica del país. Obligados por los gobiernos de los países de la región mediante la Declaración de la Moneda (ver recuadro), firmada en Chile, tuvieron que sentarse a negociar con las autoridades centrales el futuro de la democracia boliviana. Se acordaron modificaciones en el texto que se había aprobado un año antes, y de este modo fue posible llevarlo a plebiscito e iniciar esta nueva etapa en la vida institucional y cultural lo antes posible.
Sin embargo, «no hubo cambios demasiado importantes en la nueva constitución. Para nosotros es un triunfo haber logrado sentar a la mesa a los prefectos y que apoyaran el referendo», desliza Sacha Llorenti, el aguerrido viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales. El funcionario, militante de organizaciones de derechos humanos y a cargo de gestionar las acciones de las organizaciones sociales y civiles, es a estas horas el vocero más caracterizado en la puja con la Iglesia, luego del propio Morales. Llorenti, de paso por Buenos Aires, reconoció que la postura de Unasur fue fundamental para detener el proceso destituyente de la derecha. «La idea de nuestro presidente es que Unasur vaya reemplazando a la OEA y que se constituya también en un organismo de defensa regional», añadió. Pero la sustitución de ese organismo, creado a instancias de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, genera resquemor más allá de las fronteras, y el rechazo tajante de la derecha fronteras adentro de Bolivia.
La expulsión de la DEA y del embajador Philip Goldberg «generó un ambiente de desmejora en las relaciones con Washington –admitió el ministro de Defensa, Walker San Miguel, durante una visita a la capital argentina– pero nosotros reclamamos una adecuada comprensión de la realidad, que haya respeto por nuestras decisiones soberanas». El funcionario desgrana entonces la tesis del avance regional en materia de seguridad: «Es hora de que el subcontinente tenga un concepto de defensa y la facultad para asumir políticas conjuntas de defensa hemisférica. Hemos vivido centurias de tutelaje y creemos que nuestros países están maduros para asumir ese rol. Por eso apoyamos el lanzamiento del consejo de defensa sudamericano».
Coincidente en que por estas horas Bolivia se lanza a apoyar en forma democrática y participativa el cambio más trascendental de su historia, San Miguel recordó que la NCPE, al incorporar nuevos principios y derechos, «deberá cambiar de cuajo al menos 200 leyes, que tendrán que adecuarse al nuevo marco legal». Entre ellas están precisamente las que darán cabida y sustento al intrincado sistema de autonomías culturales, comunitarias y regionales que propone.
Santa madrecita
Cuando el diario español El País decidió nombrar los 100 personajes del año, seguramente no fue por inocencia que colocó al cardenal Terrazas entre el chacarero argentino Alfredo de Angeli y la chilena Isabel Guerrero, la vicepresidenta regional del Banco Mundial que asegura pertenecer al «organismo más preparado para combatir la pobreza». El cura se convirtió a lo largo de estos dos años de Evo en el poder en la figura más respetable entre sus opositores, que como se ha visto lucen impresentables.
De origen humilde, el sacerdote pasó gran parte de su carrera eclesiástica en Vallegrande y Oruro, donde convivió y apoyó largamente los reclamos de las comunidades indígenas. Su pasado es irreprochable, si se tiene en cuenta el rol que ocuparon otros ministros de Dios en tiempos de las dictaduras latinoamericanas: Terrazas fue el principal adversario de Hugo Banzer Suarez en los 80 y desde entonces se supo ganar un lugar de respeto entre los defensores de la democracia.
Pero la llegada al poder de un aymara, con fuerte apoyo en la población nativa, que pretende una constitución que promueve la libertad de culto en un país sometido al catolicismo desde la colonia, cambió las cosas. El viceministro Llorenti marca este giro eclesiástico de manera contundente: «El cardenal puso en cuestionamiento la existencia de esclavitud en haciendas del oriente boliviano».
Esta puja con la Iglesia, sin embargo, genera hacia adentro del Movimiento al Socialismo ciertos temores, justamente por el calibre del oponente. Hay quienes por lo bajo cuestionan la oportunidad del enfrentamiento y temen por la influencia que mantiene sobre gran parte de la comunidad. Filemón Escobar, un ex dirigente sindical que participó en los orígenes del MAS es uno de los que habla en público de la cuestión. «Terrazas defendió a los sectores más humildes, entre ellos mineros y cocaleros. Recuerdo al Cardenal cuando era arzobispo de Oruro, en la época de la guerrilla del Che Guevara», evocó el viejo líder sindical. Pero las cartas ya están jugadas y el sacerdote no hace mucho por acercar posiciones. Como cuando votó en el plebiscito de autonomía cruceña o cuando dijo, en una homilía, que Bolivia “se va convirtiendo en el espacio donde están dominando los narcotraficantes, sin Dios y sin ley”».
Más que la lucha por los minerales, lo que marca la historia boliviana desde tiempos inmemoriales es la lucha por un poco de tierra cultivable, en un territorio bastante avaro con esa riqueza. El primer gran intento de apertura en la forma de propiedad de la tierra data de 1953, con el gobierno de Víctor Paz Estensoro. Aquella Ley de Reforma Agraria pretendía eliminar el trabajo forzado, ilegalizar los latifundios y dar títulos de propiedad a la mayoritaria población campesina del país. Pero no logró otra cosa que consolidar en el oriente enormes extensiones en manos de pocos pero poderosos terratenientes, principalmente amigos del poder premiados en cada período histórico. «Fue la única reforma agraria que permitió feudos de hasta 100.000 hectáreas», critican desde varios sectores. Se dice que 55 millones de hectáreas quedaron para un puñado de familias y cientos de miles de campesinos debieron repartirse otras 45 millones. Según un informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, 100 familias en Bolivia tienen en la actualidad 25 millones de hectáreas, mientras dos millones campesinos apenas disponen de 5 millones de hectáreas.
En 1996 se dictó la llamada Ley INRA (por el Instituto Nacional de Reforma Agraria), cuya principal exigencia es que toda propiedad tenga algún uso productivo, ya sea para vivienda, ganadería, tierra comunitaria o cultivo. La norma estableció un proceso administrado por el Estado durante el cual se iban a redistribuir las unidades que no cumplieran con esta prerrogativa. Es el proceso denominado de «saneamiento», aún en vigencia.
Pero en la práctica las cosas no fueron tan idílicas como fijan los textos legales. Los números más creíbles hablan de que entre 1996 y 2003 se distribuyeron 79 millones de hectáreas de grandes extensiones a 40.000 personas mientras que para unos 55.000 campesinos quedaron 10 millones en campos de hasta cinco hectáreas.
En la misma consulta popular para aprobar la NCPE se decidirá también de qué tamaño serán las propiedades agrícolas máximas permitidas en esta nueva fase de la historia boliviana. Las opciones son 5000 o 10000 hectáreas.
Otros vientos
El viceministro de Tierras, Alejandro Almaraz, está encargado de negociar con los poseedores de muchas de esas grandes extensiones la aplicación de la Ley INRA. Hasta ahora logró acordar una agenda de discusión mínima que piensa extender luego del referendo. La NCPE define la función económico-social de la tierra. Hacia allí va el gobierno, que hasta el momento logró sólo debatir «la servidumbre ecológica», como se conoce a la prohibición de explotar tierras que se encuentran en las riberas de ríos, lagunas y cerros.
Durante los incidentes de los últimos meses, en el oriente fueron quemados edificios públicos del gobierno central. Una forma de protesta contra el centralismo paceño, dijeron a la ligera los medios hegemónicos. Gran parte de los registros del INRA pasaron a ser cenizas en esos crudos días. En La Paz dicen que eso no es problema, porque tienen forma de reconstruir los expedientes, pero es una traba que demora la entrega de campos cultivables. Y mientras tanto esos campos, que ahora se cotizan a precios altísimos por el boom de la soja, siguen generando divisas para los grandes latifundistas, que mayoritariamente son ilegales.
Es el caso de uno de los líderes de los cívicos, el tenebroso empresario de origen croata Branko Marinkovic, que permanece prófugo de la justicia. El periódico croata Vjesnik se enorgullece de presentarlo como un connacional de fuerte impronta «anticomunista» que mueve 300 millones de dólares al año entre total. La periodista Sandra Veljkovic computa a la familia Marinkovic 40.000 hectáreas repartidas equitativamente entre arroz, soja, girasol y maíz, más unas 15.000 cabezas de ganado, la fábrica de aceite IOL –que factura 100 millones de dólares– y el Banco Económico.
Marinkovic pasó a la clandestinidad, en medio de la debacle de la derecha golpista. «Voy a viajar a Europa para denunciar el acoso y la persecución política en mi contra», declaró a medios amigos. Evo Morales y la fiscalía lo acusan de terrorismo, sedición y atentado contra los bienes y la seguridad del Estado. Pero la crítica más categórica viene de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC) –el grupo de matones que financió hasta hace poco– y de sus colegas en «la contra», que le piden se presente a declarar y no huya del país, como prometió desde la guarida donde se oculta. «No es posible que a estas alturas esté diciendo que se va porque corre peligro. Todos estamos corriendo peligro, que sea valiente», le reclamó David Cejas, el no menos oscuro presidente de la UJC, que también está clandestino.
El que puso el dedo en la llaga fue el ministro de Gobierno, Alfredo Rada, cuando estimó que «es muy fácil ser dirigente y promotor de acciones violentas cuando están las buenas». Lo difícil es hacerse cargo cuando los vientos cambian de rumbo. Como parece que inexorablemente está sucediendo en Bolivia.
Revista Acción, Enero de 2009
por Alberto López Girondo | Oct 16, 2008 | Sin categoría
El hombre tiene una larga experiencia como diplomático cubano, primero como virtual embajador en Estados Unidos (como jefe de la sección de Intereses Cubanos en Washington), luego como vicecanciller, y más tarde como embajador, esta vez sí, en Brasil. Ramón Sánchez-Parodi Montoto, sin embargo, nunca estudió académicamente relaciones exteriores ni ciencias políticas. “Siempre fui un apasionado de la ciencia y de la técnica, pero me metí en la lucha contra Batista y tuve que dejar”, recuerda, a horas de cumplir 70 años, para explicar luego que tras la triunfo de la revolución, terminó su carrera de ingeniero industrial. De paso por Buenos Aires, invitado por el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE), se extendió largamente ante Acción para hablar de la situación de Estados Unidos hoy y del futuro en vista de unas elecciones que no duda en calificar de cruciales para el futuro imperial de esa nación. Y de lo que puede esperarse de cada candidato.
“No soy economista para hablar en términos económicos, pero yo creo que esta no es una de tantas crisis sino una que indica el fin de la capacidad del gobierno de EEUU de ejercer un poder imperial.”, plantea Parodi-Montoto de entrada. Según el actual columnista del diario Granma, “esto es algo real nos ha explotado en las manos, porque aunque se lo veía venir se ha hecho pública la deshonra y no tiene marcha atrás”.
-¿Cómo influirá esta crisis en las elecciones de EEUU?
-Estas elecciones no son comunes, son muy particulares. Representan el agotamiento de una tesis y de una política conservadora que se han llevado a cabo durante 40 años, y que en la práctica se ha ido concretando en lo que se llama libre mercado y desregulación. Eso se ha ido agotando porque ha sido incapaz de resolver los problemas esenciales de la población norteamericana.
-O sea que gane quien gane ya nada será como hasta ahora.
-Eso prácticamente lo está diciendo en palabras Allen Greenspan (el ex presidente de la Reserva Federal) cuando consideró que la política de corte de impuesto que propone McCain no va- Y él ha sido campeón en esto de reducir impuestos.
– Greenspan fue el gran artífice de las condiciones para esta crisis ¿no?
-Bueno, pero él es quien dice estas cosas. Él está diciendo que cualquier presidente deberá enfrentarse con este problema.
-¿Esto explicaría por qué Obama es candidato demócrata y no Hillary Clinton, también?
– Obama desarrolló, por su carisma o por su mensaje, una nueva visión de lo que podrían ser el gobierno y la sociedad de EEUU. Todos los presidentes siempre han hablado de un cambio, pero él le dio una connotación distinta y con su elocuencia hizo que ese mensaje calara en el pensamiento del norteamericano. Por eso dentro del colectivo demócrata, aunque él era representante de un pequeño grupo, alcanzó para vencer a una coalición fuerte como la de los Clinton, que tenían el grueso de establishment del partido. Sobre todo a partir de enero de este año Obama fue aglutinando a todos los sectores demócratas, inclusive desgranando del grupo de los Clinton.
– Pero una cosa en ganar la interna y otra ganar le elección ¿No podría ser que los norteamericanos terminen votando con el bolsillo?
-Es que si votan con el bolsillo deberían votar por Obama, porque él representa -por lo menos en lo que dice- lo contrario de lo que ha sido el gobierno de Bush. Pero además hay otra característica del sistema electoral norteamericano. Que no es la voluntad nacional expresada por los votos la que elige presidente.
-Claro, porque es indirecta, por electores.
-Y la mayoría de los estados ya están decididos: se sabe que van a votar demócratas o republicanos. Pero quedan unos diez, y dentro de ellos son cinco o seis los decisivos, donde se juega la presidencia.
-¿Cuáles son esos estados?
-Los estados que son el campo de batalla. Michigan y Pensilvania son los más importantes desde punto de vista demócrata. Hay otros tres estados que han sido republicanos y que pueden ser decisivos, Iowa, Colorado y Nuevo México. Hay otro grupo -Virginia, republicano, New Hampshire, demócrata, Minnesota, Washington, Oregón- donde puede estar el cambio.
-¿En los demás estados ya se sabe quién puede ganar?
-Ya ahí hay una ventaja. Y en esos momentos gana Obama. La decisión está en los que dije, aunque no se puede descartar una avalancha de votos a nivel nacional que logre cambiar los votos electorales hacia un candidato.
-¿Cómo participan los medios en estas elecciones?
-Yo creo que a estas alturas la influencia que puede haber es mínima. En esos estados lo que más va a determinar es la maquinaria electoral, la maquinaria política de demócratas o republicanos, la propaganda, la organización, y actualmente esos elementos están a favor de Obama. Cualquier cosa puede suceder, pero desde el punto de vista de la recaudación, por ejemplo, ya superó los 500 millones de dólares.
-Se dice que los demócratas para ganar necesitan que la gente vaya a votar.
-Sí, porque se supone que los que no votan lo harían por demócratas. Lo que se ha visto claramente es que el registro de votantes demócratas está siendo muy superior al de los republicanos. Para votar uno se tiene que registrar y ese trámite en los estados demócratas ha sido hasta ahora mayor. Por otro lado, un sector de la población que ha votado poco son los jóvenes, y las encuestas dicen que los jóvenes están votando mucho más en esta ocasión, y que lo harían por Obama.
-¿Cómo puede influir una mujer como candidata a vicepresidenta?
-Es indudable que se trata de una personalidad atractiva. Palin, se comportó muy bien en su discurso, pero ha sido atacada por una serie de deficiencias en su gestión en Alaska y además es una mujer que se ha manifestado claramente a favor de las posiciones más socialmente conservadoras en temas importantes como el aborto y el matrimonio del mismo género.
-¿Eso hoy en día no lleva votos?
-No lleva votos fuera del sector fundamentalista conservador.
-¿Que otros datos tomaría en cuenta para saber quién puede ganar?
– Primero, los tres debates presidenciales y vicepresidenciales. Las encuestas pueden dar indicación de quien gana el debate y eso indicaría quien puede ganar elección. En segundo lugar, las encuestas en general van diciendo mucho: cómo se va presentando la intención de voto en esos diez estados clave, por ejemplo. Por ahora son favorables a Obama. Y en tercer término, hacia donde se mueven los principales líderes en su campaña electoral. Qué estados visitan, dónde se concentran, dónde van los vicepresidentes, las principales personalidades, dónde concentran los anuncios al final de la campaña. Todos estos elementos hay que unirlos, no hay que ver tanto lo que está pasando en todo le país.
-¿Habrá que esperar algún cambio con relación a Latinoamérica?
-Hay dos cosas que diferencian las posiciones en cada uno de ellos. McCain sigue hablando de la hegemonía, de la posición de la fortaleza de EEUU, del lateralismo en la actuación. Más o menos la misma política de Bush en el orden internacional. Obama está promoviendo otra concepción, la de la cooperación, de la actuación política diplomática, de la búsqueda colectiva de caminos para solucionar los conflictos. Por supuesto que esto implica una gran diferencia en cuanto a enfrentar los problemas. Pero en EEUU existe una concepción impuesta por los intereses, la acción de los medios de difusión, que viene a partir de la idea del “destino manifiesto”, sobre todo desde la mitad del siglo XIX. Es lo que se denomina cultura imperial. Y eso invade el pensamiento hasta de los sectores más populares, que piensan que EEUU tiene que ser fuerte, tiene que ser primero. Luchar contra esa cultura, contra esa concepción, es luchar contra los intereses que promueven esta política, lo que es bastante difícil.
-¿Hay quienes se plantean esto?
-Hay sectores importantes que plantean eso, incluso dentro de las grandes empresas, en las universidades.
-¿Estudian especialmente el día después de la caída de EEUU?
-La Comunidad de Inteligencia (incluye e todos los servicios civiles y militares de espionaje, por así decirlo), está elaborando un documento estratégico sobre lo que va a ser EEUU dentro de 15 años. El principal analista de esta comunidad, Thomas Fingar, declaró que EEUU tiene disminuida su capacidad de ejercer una actitud de dominación en el mundo. Si él dice eso, que no dirán los demás. Goldman Sachs publicó un informe donde destaca que en 2020 China sobrepasará a EEUU en PBI. Antes decían que eso iba a suceder en 2033. Ya se están preparando para ese momento.
-¿Cómo se preparan?
-Estudiando. A no ser que sucedan situaciones como las de estas semanas, tratan de hacerlo paulatinamente. Estudiando, trasladando estos conocimientos a sectores económicos y políticos, influyendo en el Congreso y preparando a la opinión pública para ese momento. Pero se trata de hacerlo paulatino. Y eso está sucediendo ahora, ya. Las elecciones estas tienen mucho que ver con la percepción que ya había en los círculos de poder de que era necesario un cambio. Es una situación muy concreta, hay una gran lucha en los círculos de poder de EEUU por este tema, entre los que se agrupan en los demócratas y los que se coaligan con los republicanos. El caso es cómo habrán de lograr ese objetivo.
-¿Cómo cree que pueden cambiar las cosas en relación con Cuba?
– Desde que fue nación independiente, EEUU manifestó que era fundamental controlar a Cuba. Y prefería que estuviera en manos de España a que fuera independiente. Hasta quiso comprarla con toda la gente adentro. Cuando no hubo más remedio armó una experiencia neocolonial para controlar a la isla, en 1902. La revolución cambió eso pero no el interés de EEUU en ese esquema de dominación. Yo creo que es muy difícil cambiar la mentalidad, la cultura imperial. No creo que Obama conciba que pueda cambiar eso, podrá cambiar algunas cositas, pero él ha dicho que es necesario mantener el bloqueo. Pero es cierto que luego de lograr una autoridad y un respaldo a lo mejor se puede proponer cambiar, pero eso está en el plano de la especulación.
Revista Acción, segunda quincena de Octubre de 2008
por Alberto López Girondo | Oct 1, 2008 | Sin categoría
Investigadores en estado de debate
Sujeta a los vaivenes políticos, económicos o ideológicos de cada época, la ciencia argentina vive un momento al menos expectante. Por un lado, muchos científicos están esperanzados en que el aún flamante ministerio de Ciencia y Tecnología cumpla con el objetivo de los fundamentos que le dieran vida, en diciembre pasado. Pero las críticas no se hicieron esperar y ni bien asumió el ministro Lino Barañao se generó una polémica en torno del rol que desde el gobierno se destina al sector.
Por lo pronto, Barañao, que proviene de las ciencias consideradas duras –es Doctor en Biología y uno de los pioneros en el país en el desarrollo de la clonación vacuna- deslizó severos cuestionamientos acerca de las ciencias sociales y explayó largamente el interés oficial en fomentar lo que sería el aspecto más práctico o industrial si se quiere de esas disciplinas. “Estoy tan acostumbrado a la verificación empírica de lo que digo, que a veces los trabajos en ciencias sociales me parecen teología”, provocó, recién asumido.
La polémica – en un ámbito tan susceptible como el social- no se hizo esperar. “Como bien recordaba Albert Einstein, ´no todo lo que cuenta se puede contar; ni todo lo que se puede contar cuenta´”, le recordó el politólogo Atilio Boron, golpeado por lo que consideró un desafío oficial.
Es que en la ciencia argentina hay un par de hechos trascendente y una frase que marcó a fuego el último medio siglo de faena. El corte más profundo, una circunstancia que aún hoy muestra sus consecuencias, fue la trágica jornada conocida como La Noche de los Bastones largos, uno de los primeros actos de la dictadura militar de Juan Carlos Onganía. Todavía hoy el epistemólogo Gregorio Klimovsky piensa que “con aquel episodio comenzó la fuga de cerebros argentinos que se extiende hasta la actualidad y que resultó una verdadera epidemia para nuestro país». Y eso que han pasado más de 42 años desde aquel nefasto 29 de julio de 1966.
La sangría, en aquel momento, se computa en alrededor de 1400 profesores que renunciaron a sus cargos, cátedras enteras que literalmente desaparecieron y además, se trocó absolutamente no solo un proyecto de desarrollo científico sino también de modelo de país. “Fue una catástrofe para la cultura científica argentina”, insistió hace poco Klimovsky al recordar que unos 500 científicos de primer nivel internacional se fueron del país para ya no volver. Lo más llamativo es que esos mismos académicos encontraron pronto refugio y trabajo en universidades de México, Venezuela, Chile, Francia o Estados Unidos. “Fue una época excepcional que no volvió. Los empresarios nacionales buscaban y fomentaban desarrollos científicos y tecnológicos en las universidades públicas. Fue la época de oro de la ciencia”, evocan muchos de los que pasaron por aquellas aulas y conocen las actuales.
Otra dictadura
El otro sacudón para la ciencia vernácula, claro, se produjo a partir del 1975, cuando miles de científicos debieron emigrar ante el peligro real que corrían sus vidas. Cuando Videla y compañía tomaron el poder, en marzo del 76, muchos de los que no habían emigrado antes tuvieron que hacerlo entonces mientras que otros, con menos suerte, integran la lista de desaparecidos.
Ya en democracia, los científicos recibirían el último gran sacudón a sus expectativas, en un incidente no menor que protagonizó en 1994 el todavía ministro estrella del menemismo, Domingo Felipe Cavallo. Ocurrió cuando la socióloga Susana Torrado anunció cifras que cuestionaban los guarismos oficiales sobre desocupación.
El colérico titular de Economía la mandó a lavar los platos, sin mayores prolegómenos. La frase englobó, desde el punto de vista de los investigadores locales, a todos los científicos, ya que Caballo era el más fiel representante de una ideología que en todo estos períodos fue la imperante en los entornos gubernamentales. La idea de que el dinero que el Estado aporta para la ciencia es un gasto y no una inversión a largo plazo con beneficios para toda la sociedad.
Justamente como oposición a este pensamiento es que con el recambio de gobierno de diciembre pasado, la presidenta Cristina Fernández anunció la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, sobre la base de la secretaría que funcionaba en el área de Educación. Un ascenso de categoría y una vieja reivindicación que, sin embargo, no provocó la inmediata ola de reconocimiento que tal vez esperaba encontrar la flamante mandataria, habida cuenta de que el proyecto se inscribía en un modelo de país que sustentaría la producción y la tecnificación en las empresas nacionales.
Justamente desde el área científica surgieron cuestionamientos en publicaciones de la facultad de Ciencias Sociales, donde se consideró que si bien el plan de “reivindicación científica” tenía aristas meritorias, se corría el riesgo de que por no definir el modelo de país en que se inscribirá este proyecto, para no caer en lo que el sociólogo Andrés Carrasco ve como una dependencia del mercado.
“En la globalización neoliberal, el modelo científico-tecnológico no se propone misión o propósito alguno dirigido al bienestar general, sino que está subordinado al dinero y el poder”, señala Carrasco, y abunda en que, según esta lógica, el conocimiento pierde su valor sociocultural y termina reducido a la categoría de mercancía y, lo que resulta peor, “niega todo posible pensamiento crítico, esencial para comprender el significado de esta etapa neocolonial”. Que de eso se trata este cuestionamiento, de que no es posible imaginar un ciencia hoy día que no esté imbricada por el mercado y su razón globalizadora. “El mercado no requiere verdades científicas sólidas y verificadas sino resultados veloces y competitivos en las góndolas comerciales”, remata Carrasco.
Para la también socióloga y especialista en temas rurales Norma Giarraca, la resaca de la Noche de los Bastones Largos persiste incluso en esa forma de entender el rol de la ciencia en estos aciagos días argentinos. “No es como pasaba en los años 60, que había un gran desarrollo industrial y una enorme avidez por adquirir tecnología propia. Este es otro país, con menos interés de gran parte de las pymes y tan escasa incidencia de las grandes firmas, en manos de multinacionales foráneas, que una tecnología local se hace cada vez más ilusoria”, analizó ante Acción.
Tecnificación
La respuesta del ministro en cuanto reportaje dio en estas tiempos es que para el gobierno es esencial “ir convirtiendo esta economía basada en la producción de commodities en una basada en bienes y servicios conocimiento-intensivos” que contribuya a la distribución de los ingresos y, en última instancia, “a la consolidación de este proceso de democratización”. El ejemplo que ponen en los despachos ministeriales es que países como Finlandia, Irlanda o Israel, que destinan fuertes recursos al desarrollo del conocimiento, hay sociedades más equitativas.
En cuanto a la Argentina, Barañao definió cuatro áreas de prioridad: el software, la biotecnología y la nanotecnología. Pero también habló de destinar recursos para el desarrollo de nuevas tecnologías en salud, en agroindustria y en energía. La explicación es que en estos sectores habrá mayores potencialidades y también mayores necesidades. En energía, por ejemplo, para contar con mayores fuentes sostenibles. “Las mayores ganancias en la actualidad salen del conocimiento y no del capital -insiste Barañao- por eso apoyamos el desarrollo de software. En este campo, los programadores reciben 60 % de los ingresos por las ventas, mientras que en empresas tradicionales el porcentaje mayor queda para el dueño del terreno”.
La apuesta oficial es por la calidad y la preparación de los científicos nativos en comparación con los de otros países. El viejo recurso humano capaz de arreglar las cosas con alambre cuando sea menester. El caso es cómo arreglar las cosas si el presupuesto es esquivo o cambian las políticas de estado. Esa, tal vez, sea la mayor de las dudas para los golpeados científicos de estas pampas.
Bodega en obra
De acuerdo a la Ley de Financiamiento Educativo, el área de Ciencia y Tecnología tendrá un 1 % del PBI de presupuesto para el año del Bicentenario. Si se la compara con lo que viene ocurriendo en las últimas décadas, la cifra ilustra un cambio de tendencia auspicioso, ya que en 2000 se destinaba sólo el 0,3 % del PBI y hoy día no pasa de 0,6 %. Sin embargo, en una comparativa con otros países tomados a veces como modelo, el número queda disminuido a niveles peligrosos. Corea, Singapur e Israel, por ejemplo, invierten anualmente alrededor del 3 % de su PBI. Brasil, en el mismo lapso espera pasar de un 1 % a nada menos que el 11% en 2010 en investigación y desarrollo, el aspecto más industrial de la cuestión.
Se calcula que hay cerca de 10 mil científicos e investigadores trabajando en el exterior, mientras que en el país hay unos 15 mil. Los datos que aporta el ministerio argentino indican que en los próximos cuatro años se realizarán inversiones de unos 150 millones de dólares en infraestructura en todo el país. Entre estas inversiones se computa el edificio de Palermo donde alguna vez funcionó la bodega Giol, que servirá como sede del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, del Conicet, de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, del instituto Max Planck de ciencias biomédicas y de otras entidades de investigación en bioseguridad, patentes, nanotecnología y modelado por supercomputadoras.
Una construcción del Primer mundo de 40 mil metros cuadrados a un costo de 40 millones de dólares que contará hasta con casa de huéspedes para investigadores visitantes y auditorios para exposiciones y congresos científicos.
Ruth Ladenheim: secretos compartidos
Es secretaria de Planeamiento y Planificación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. En la práctica, Ruth Ladenheim es la número 2 de esa aún flamante cartera. En esta entrevista con Acción, la funcionaria – Doctora en Ciencias Químicas por la Universidad de Buenos Aires y Magíster en Economía y Finanzas por el Institut d’Etudes Politiques de Paris, Francia- detalla aspectos de la gestión oficial.
-Hay quienes dicen que la concepción de la ciencia que se maneja desde elgobierno es funcional a las multinacionales. Se pone como ejemplo el apoyo que brinda la empresa Monsanto.
-Muchas empresas crean premios a trabajos científicos y se tiene una política abierta de apoyo a estos premios. También queremos que las grandes empresas vean a la Argentina como un lugar de investigación, porque normalmente los centros de investigación se desarrollan en países del primer mundo y sabemos que la creación del ministerio generó mucho interés. Estamos generando un núcleo de alto nivel de aplicación para determinadas industrias que se van a realizar en el país con nuestros científicos, dando lugar a un escenario favorable para la instalación de los centros de conocimiento que se instalen en Argentina.
-La crítica es que entre las mayores empresas casi no hay firmas locales y que las PyMES no tienen volumen ni cantidad como para que ese conocimiento pueda aplicarse al país.
-Se puede demostrar lo contrario viendo el trabajo que viene realizando el FONTAR, que es un organismo que depende de la Agencia de Promoción Científica y Tecnológica. Este fondo viene financiando desde hace más de 10 años la innovación en empresas PyMES. Hay alrededor de 2500 proyectos innovadores en 5 años que se están realizando en conjunto con el sistema científico tecnológico. Por ejemplo, una PyME del sector agrícola que produce maní en Córdoba decidió instalar una fábrica de carbón activado a partir de la cáscara. Hace poco anunciamos un ejemplo asociativo para la producción de vacunas Triple en La Plata para cubrir las necesidades locales y poder, eventualmente, exportar la producción. Tenemos ejemplos de PyMES productoras de maquinaria agrícola.
-Se cuestiona también la forma de medición del índice de impacto con que se evalúa el trabajo de los científicos. Dicen que las revistas que mejor califican son internacionales y cobran mucho dinero por publicar. Que, además, evalúan de acuerdo al interés y la concepción que esas naciones tienen en la ciencia.
-Dentro del CONICET hay un centro que se llama CAICYT que administra el portal Cielo y el Núcleo Básico de Revistas Científicas. Son portales de acceso gratuito de toda Latinoamérica, sobre revistas de producción científica local y regional. Existen medios que están publicando nuestros resultados científicos. Es inevitable que los científicos sean evaluados con parámetros del mismo tipo de los que se usan en el resto del mundo. Estos parámetros son muy estrictos y se evalúa a los científicos de acuerdo al número y la calidad de sus publicaciones, pero nuestro desafío es agregar otros criterios de evaluación complementarios. Estamos evaluando la forma en que concebimos los instrumentos de financiamiento. Hasta ahora eran instrumentos horizontales: se abría una ventanilla, competían científicos de distintas áreas del conocimiento por un financiamiento y con criterios de calidad se asignaban los fondos. Esto sigue existiendo, pero diseñamos otro tipo de instrumentos; se analizan las necesidades en un campo tecnológico determinado y de acuerdo a las necesidades y las capacidades que hay en el sistema uno puede llamar a la solución de un problema identificado claramente. El científico y el tecnólogo son dos personas diferentes, uno trabaja con la voluntad de hacer públicos sus resultados mientras que el tecnólogo lo hace sobre la base del secreto industrial. En un caso no hay un fin de lucro específico y en el otro si. Tenemos que apuntar a formar nuevas generaciones de tecnólogos que puedan participar en la generación de nuevas empresas de base tecnológica.
Norma Giarracca: control público
Integró, por esas cosas de la vida, el mítico equipo que secundó a Horacio Giberti en Agricultura en 1973. Proveniente de la Sociología, se hizo experta en temas rurales, pero como era de suponerse, tuvo que exiliarse en 1976. Volvió a la Argentina tras ocho años en el exilio en Inglaterra y México, y desde entonces es referente no solo en temas del campo (justo en estos tiempos) sino especialmente en cuestiones relacionadas con políticas científicas.
“Cuando yo regresé la país, en 1984, estuve entre los científicos que fueron al Conicet de la primera democracia–recuerda Norma Giarracca- en principio estuvimos Hilda Sabato y yo y luego quedé yo sola hasta el año 88”. Un paso que la socióloga no puede olvidar porque, dice, fue fundamental para su comprensión del problema. “Toda la experiencia que yo tengo acerca del sistema científico y los científicos argentinos viene de esos años”, apunta.
-La dictadura se había ensañado con los científicos ¿verdad?
– En gran medida si. La dictadura arrasó con la ciencia en el sistema universitario y había creado los famosos institutos dependientes del Conicet, que fueron fuentes de corrupción por el uso que se le dio a los préstamos del BID. La pregunta que nos hacíamos era qué había pasado con los científicos que habían quedado, qué era eso de que no habían visto, no habían escuchado nada de lo que ocurría. Yo siempre reflexioné sobre eso, qué importantes eran las instituciones para la conducta de los actores dentro de esas instituciones. Porque si las instituciones ponen determinadas reglas o practicas que no son éticas, es muy difícil mantener una ética individual.
-¿A qué se refiere concretamente?
-Hubo gente que tuvo una ética individual y no participó de los subsidios de la dictadura, pero la mayoría si participó. Y el Conicet no solamente estaba haciendo actos de corrupción sino que estaba profundamente comprometido con la represión. Se encontraron denuncias de jóvenes investigadores que después seguramente desaparecieron. Los personajes que tomaron la gestión de esos años era gente muy peligrosa. Cuando las instituciones no tienen control, el problema ético en la ciencia se hace muy grave.
-El tema es quien controla la ciencia.
-Aprendí de Benjamín Frydman, ya muerto, que conversaba de esos temas conmigo, por qué la ciencia tiene que estar en la universidad. En la universidad estamos todas las generaciones: los científicos, los profesores, los jóvenes estudiantes. Hay un mayor control de lo que se está haciendo, mayor interpelación, mayor interrogación. Qué estamos haciendo, para qué sirve. La ciencia no es un espacio santificado, no somos santos, somos seres humanos.
-Hay quienes señalan que la ciencia se esta privatizando en todo el mundo.
-Los convenios, las empresas, las corporaciones están, pero si sacamos la ciencia de la Universidad, como se piensa hacer con al edificio destinado al Ministerio, es un pasito más.
-Desde el Ministerio dicen que el conocimiento sirve para desarrollar la industria y el trabajo argentinos.
– Aún cuando se aceptara esto, la forma en que lo están diciendo me suena infantil. Hay una serie de mediaciones entre el momento de la economía y el momento de la ciencia, que pasan por alto. Creen que van a hacer ciencia útil e inmediatamente hay una empresa que va a hacer uso de ese desarrollo. En los años 70 se hablaba del modelo italiano, donde había una articulación muy directa entre algunos centros conectados con la ciencia para ayudar al desarrollo regional de los distritos industriales. Pero no estamos en la Italia de los 70, estamos frente a la estructura económica totalmente concentrada y los que están haciendo uso del sistema que se está armando son las grandes corporaciones. La pregunta que yo hago es realmente si las corporaciones necesitan de la tecnología generada en la argentina. ¿Por qué Monsanto está tan comprometido con el sistema científico educacional argentino?. Para mi es claro que quieren ingenieros para la soja y la transgenia. Para aplicar desarrollos que no están hechos acá. Los sacó incluso la revista Ciencia hoy, donde dice que solo el 2 % de la agricultura transgenica son artefactos generados y producidos en el país.
Revista Acción, primera quincena de Octubre de 2008
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