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Tierra arrasada

Es importante entender que un soldado combate por ganarse su paga, o porque su gobierno lo obliga a hacerlo. ¿Qué pueden perder los que siguen a los rebeldes, aparte de su vida? Nada, no tienen nada que perder.

Los sesenta estaban llegando a su fin con su estela de transformaciones y protestas sociales en casi todo el mundo. Había pasado el Mayo Francés y varias camadas de estadounidenses habían conocido las desventuras de una guerra tan bárbara como inútil, en el sudeste asiático. Ya habían asesinado a John y Robert Kennedy y a Martin Luther King cuando Marlon Brando, en su momento de esplendor, quiso dar un vuelco a su carrera para interpretar en la pantalla esa rebeldía que se manifestaba en las calles. Fue en ese clima que conoció la obra del italiano Gillo Pontecorvo, quien venía de filmar La Batalla de Argel.
El director, a su vez, se había interesado en la historia real de una masacre ejecutada por los españoles en una isla del Caribe en 1520, cuando sofocaron una revuelta indígena eliminando a la población nativa para remplazarla por esclavos negros luego de incendiarlo todo. Pontecorvo se juntó con Franco Solinas y Giorgio Arlorio y surgió el guión de Queimada, una joya del cine de aquellos tiempos, con un inmejorable Brando. El actor encarna a William Walker, un agente inglés contratado por el directorio de una compañía azucarera que, mediante amañados acuerdos comerciales, es la virtual dueña del país, independizado de Portugal poco antes.
El gobierno de Queimada enfrenta la insurrección de un grupo de trabajadores negros y mulatos acaudillados por José Dolores, que se refugian en las montañas y ataca a las plantaciones. Dolores, armado convenientemente por Walker, había protagonizado la independencia, una década antes.
El film, visto a la distancia, puede parecer un tanto denso, por momentos pesado. Dicen incluso que Brando terminó sin hablarse con Pontecorvo, porque no se ponían de acuerdo sobre el perfil que correspondía darle a Walker. En todo caso, el ex miembro del almirantazgo británico devenido en lo que hoy sería un “contratista privado”, aparece con una dosis bastante exacerbada de cinismo como para dejar a lo largo de las poco más de dos horas algunas lecciones de política que viene bien a cuento ahora que el gobierno de Barack Obama inició el retiro de las tropas de combate de Irak. Y su remplazo por contratistas y asesores privados. Mientras tanto, Afganistán sigue siendo una arena movediza de la que les resultará imposible retirarse con alguna elegancia.
“Estoy aquí, en calidad de consejero militar, invitado por el gobierno de Queimada, encargado por la Antilles Sugar Company y autorizado por el gobierno de Su Majestad Británica”, le dice Walker-Brando a los directivos de la empresa y las autoridades del imaginario país. El “asesor” insiste:
“Tenemos que meternos en la cabeza, que si tenemos éxito en eliminar a José Dolores, no será porque seamos más valientes que él, o más heroicos que él; sino sólo porque tenemos más armas y más hombres que él. Es importante también entender que un soldado combate por ganarse su paga, o porque su gobierno le obliga a hacerlo. (…) ¿Qué pueden perder los que siguen a Dolores, aparte de su vida? Usted, en cambio, General, tiene mucho para perder: esposa, hijos, casa, carrera, ahorros, sus hábitos, placeres y aspiraciones normales. No hay de qué avergonzarse, pero es así. De hecho, según sus informes, José Dolores tiene unos pocos centenares de hombres, pocas armas, muy poca munición, y ningún equipamiento. Usted, en cambio tiene miles de soldados y armas y equipamiento modernos. Sin embargo, en seis años, no han logrado ninguna victoria. ¿Por qué? Porque las bases de ellos están en la Sierra Madre. Y allí no hay posibilidades de sobrevivir. Ni un árbol, ni un pedazo de hierba. Y los únicos animales son víboras y escorpiones. (…) A pesar de ello, hace seis años que los guerrilleros tienen allí sus bases. ¿Cómo es posible? Porque hay una serie de pequeñas aldeas, en las pendientes de la Sierra. Gente pobre con condiciones de vida miserables, que no tienen nada que perder. Los guerrilleros son su única salvación.”
Según la información oficial, la última brigada “de combate” estadounidense cruzó las fronteras de Irak pero 50 mil tropas “no combatientes” se quedarán para capacitar a las Fuerzas Armadas iraquíes. Entre ellos habrá probablemente unos 7000 contratistas privados. Son 7000 Walkers diseminados en un territorio devastado luego de siete años de una invasión con la excusa de terminar con el gobierno de Saddam Hussein –el ex amigo entrenado y armado por Washington– y su inexistente arsenal de armas de destrucción masiva. Luego de cientos de miles de muertos entre la población civil, y oficialmente unos 4500 uniformados estadounidenses, se registran regularmente atentados suicidas, como el que el martes dejó 60 muertos en un centro de reclutamiento para las tropas iraquíes.
Obama concentrará ahora todos los esfuerzos bélicos en Afganistán, ocupado desde octubre de 2001, en este caso bajo el argumento de la búsqueda de las bases de Al Qaeda y su líder Osama Bin Laden –también entrenado por los Estados Unidos– a quienes se acusó de los atentados en las Torres Gemelas de Nueva York. Pero allí también hay grupos irregulares que, como no tienen nada que perder, resultan imposibles de derrotar.
A pesar de tanta parafernalia bélica hollywoodense y de estrategias de márketing político, los Estados Unidos vivieron más fracasos que éxitos en el plano militar en las últimas décadas. Algo insólito tratándose de la primera potencia mundial, con un poderío bélico y una capacidad de destrucción jamás conocidos en la historia de la Humanidad. Porque en la práctica, la última batalla en la que pudo haberse sentido ganador fue la Segunda Guerra Mundial.
Pruebas al canto: tras el fin de esa contienda multinacional, se registró la Revolución China, con la toma del poder de Mao Tse Tung, el 1 de octubre de 1949. Pocos meses más tarde, en junio de 1950, en uno de los primeros conflictos de la Guerra Fría entre Washington y Moscú estalló la guerra de Corea. No viene muy al caso el detonante de conflicto, lo concreto es que, como la definición se demoraba, el general Douglas MacArthur, una suerte de virrey de Japón, propuso arrojar una bomba atómica en China. Una locura que el presidente Harry Truman y el Congreso no aceptaron por el riesgo para la salud del planeta, teniendo en cuenta que del otro lado estaba Stalin. Truman destituyó a MacArthur, a pesar de las protestas de la derecha republicana. Y a la muerte del líder soviético, en julio de 1953, se firmó el Armisticio de Panmunjon, que implicó un empate y consolidó la partición del país a la altura del paralelo 38.
Pero los Estados Unidos no tardaron mucho en inmiscuirse en Vietnam, donde los franceses habían sido derrotados por los ejércitos del general Vo Nguyen Giap, en 1954. La escalada bélica se desarrolló a partir de 1959 y fue el más grande de los fracasos en la historia estadounidense. No sólo por la cantidad de vidas que se llevó la contienda, sino por lo que implicó en términos de debate sobre el rol del país como superpotencia imperial y las consecuencias sociales y culturales que arrastró.
Luego de haber extendido la guerra a Laos y Camboya, el 27 de enero de 1973 representantes de los Estados Unidos, Vietnam del Sur y Vietnam del Norte concluyeron las negociaciones de la Conferencia de París con los acuerdos que marcaron la retirada de los ejércitos estadounidenses. Una rendición, el triunfo de David frente a Goliat.
Desde entonces, salvo que se compute un éxito rotundo a la invasión de Granada en 1983, o la de Panamá en 1989 para expulsar del poder a su ex agente Manuel Noriega, el resto de las intervenciones armadas terminaron en bochornos más o menos evidentes. Comenzando por la invasión de Bahía de Cochinos en 1961. Luego vendrían participaciones en Somalía, en 1993, en Haití en 1994 y 2004, en los Balcanes, desde 1995.
En todos estos casos el resultado fue el mismo: a partir de la presencia de tropas estadounidenses quedó tierra arrasada, estados destruidos o inexistentes. Pero se incrementó el negocio de la guerra en manos privadas. Los mercenarios ganaron la partida a pesar de perder la guerra. Quizás porque la guerra consistía sólo en eso, en dejar tierra arrasada.
Como en Queimada.

Tiempo Argentino, 21 de Agosto de 2010

El negocio de la paz

Parece, a la ligera, una frase típica de algún senador cordobés o de un jefe de Gabinete quilmeño. Pero fue la fórmula que encontró el ministro del Interior y Justicia colombiano, Germán Vargas Lleras, para definir el atentado frente al edificio de Radio Caracol, en Bogotá. “Quieren medirle el aceite al nuevo gobierno.” Un golpe, agregó, destinado a “inaugurar” la gestión de Juan Manuel Santos Calderón, asumido apenas hace una semana, en medio de un conflicto que él no había creado con el gobierno de Venezuela.
Sabe de qué habla el flamante funcionario, porque fue víctima de dos atentados en su vida política. Uno de ellos, muy cerquita de allí, en octubre de 2005, al salir de una entrevista en la misma radio, hoy propiedad del grupo español Prisa. Esa vez, resultaron heridas nueve personas, entre ellas, algunos miembros de su custodia.
Ese bombazo enfrentó al entonces senador del Partido Liberal con Álvaro Uribe, a la sazón presidente. El mandatario, fiel a su talante de fanático converso, se apuró a atribuir el golpe a las FARC, antes de haberle preguntado una opinión al seguro destinatario del ataque. Y resulta que Vargas Lleras tenía datos que ubicaban a los agresores en una posible alianza de dirigentes políticos con paramilitares.
Es interesante seguir la carrera de Vargas Lleras, miembro de una de las familias más tradicionales de Colombia. Porque este abogado por la añeja Universidad del Rosario, de Bogotá, y doctor en Gobierno y Administración Pública por la Complutense de Madrid, es nieto de Carlos Lleras Restrepo, presidente entre 1966 y 1970, el período en que nació y se fue extendiendo la guerrilla creada por Manuel Marulanda Vélez, “Tirofijo”.
Para 1998, Vargas Lleras fue reelegido senador por el PL, y devino en acérrimo crítico de las negociaciones de paz con las FARC que impulsaba el entonces presidente Andrés Pastrana. Esta posición lo acercó a Álvaro Uribe. En 2002, era senador por tercera vez –ahora con un partido independiente– cuando recibió un regalo fatal que le cambiaría la vida: abrió despreocupadamente un libro bomba que le enviaba un supuesto admirador y perdió varios dedos de la mano izquierda. Se lo alcanza a ver en algunas fotos con una prótesis muy ostensible en el dedo mayor, pero no suele hablar mucho del tema.
En las últimas elecciones fue de candidato a presidente. Proponía continuar con la política de mano dura contra la guerrilla, pero sin Uribe, de quien como se dijo, se había distanciado. Derrotado en primera vuelta al frente de su partido Cambio Radical, Vargas Lleras, sin embargo, fue una sorpresa, porque logró 1,4 millón de votos. No tantos como para entrar al ballotage, pero suficientes para que Santos lo llamara a formar parte de su equipo de trabajo en ese gabinete concebido como de unidad.
Fiel a su principio, Vargas Lleras no se apuró a atribuir el atentado del jueves a nadie en particular. Sólo apeló, al igual que Santos, a considerarlo genéricamente obra de “grupos terroristas”, y a calificarlo como un atentado muy bien planificado para, como quien dice, marcarle la cancha a la nueva administración. En línea con su actual jefe político, insistió en que están dispuestos a dialogar con todo el mundo, pero sobre la base del abandono de la lucha armada, para empezar.
En la Radio Caracol, en cambio, no demoraron en lanzar una hipótesis para la que no parecían, hasta ayer, contar con demasiados datos, según se desprende de un cable de la agencia Efe, que también sufrió el ataque: el atentado podría ser obra de un cabecilla de las FARC, Germán Briceño, alias “Grannobles”, “que según informes de inteligencia habría impartido la orden de atacar un medio de comunicación”. El detalle que faltaba es que “Grannobles”, según la denuncia de Uribe en la OEA que ahora Santos desactivó, estaría refugiado en Venezuela.
Como se dijo hasta al hartazgo en estas semanas, Colombia vive en situación de violencia extrema desde hace décadas y está atravesada por una maraña de grupos que se disputan cada uno parte del poder y de la economía, legal e ilegal. A las dos agrupaciones guerrilleras de izquierda, el ELN y las FARC, se suman las bandas de narcotraficantes, organizaciones paramilitares de ultraderecha, y también los equipos militares estadounidenses legales, ilegales, contratados, mercenarios y profesionales que pululan en las siete bases que aprobó Uribe. Un cóctel explosivo en el que, es fácil prever, son muchos los que basan su subsistencia en la permanencia del statu quo vigente.
También se dijo hasta el cansancio que muchos miembros de la clase política, entre los que están funcionarios del anterior gobierno y el propio Uribe, aparecen implicados en varias causas, por ligazones no siempre claras con paramilitares o negocios non sanctos con el tráfico de sustancias prohibidas.
Al actual mandatario le caben las generales de la ley. Fue denunciado por la incursión de tropas del otro lado de la frontera ecuatoriana para atacar un campamento de las FARC y por el caso de los falsos positivos, aquel horroroso negocio del asesinato de civiles inermes para hacerlos pasar por guerrilleros muertos en combate y cobrar la recompensa que ofrecía el gobierno. El anterior presidente aparece involucrado con los negocios de la droga en un lapidario informe de la DEA.
Uno de los grupos irregulares, las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC, las Triple A caribeñas), de extrema derecha, fueron declaradas terroristas y, luego de muchos cabildeos, alcanzaron un acuerdo por el que unos 30 mil miembros aceptaron entregar las armas a cambio de impunidad, en 2003. Políticamente se habían convertido en una molestia luego del Plan Colombia, que derramó unos 7000 millones de dólares en “ayuda militar” estadounidense desde 2002.
Sin embargo, que muchos de ellos hayan aceptado una desmovilización formal no quiere decir que hayan abandonado el combate ilegal de la guerrilla. Hay vigentes un puñado de bandas organizadas a las que las autoridades colombianas agrupan bajo el nombre genérico de Bacrim (Bandas criminales emergentes). Para los servicios de espionaje, entran bajo esta denominación tanto paramilitares de derecha como narcos y miembros desviados de la guerrilla.
Algunos de estos grupos podría ser el autor del atentado. Y las razones no son muy difíciles de sospechar, al menos desde la perspectiva de ese escenario de violencia consuetudinaria. La guerra es un formidable negocio, y cualquier señal en contrario afecta intereses reales y concretos.
Entre ellos, los millones de dólares que se destinan al Plan Colombia y que embolsan las empresas bélicas privadas, los millones en seguridad que se van en protección y vigilancia de personas y haciendas. Los millones que se destinan a la lucha contra el cultivo de coca, marihuana y amapolas, y la elaboración y transporte de narcóticos. Y, quizás más importante, los millones de excusas para mantener bases desde las que desplegar tropas hasta Tierra del Fuego en pocas horas.
Es decir, si Santos y Vargas Lleras, a quienes nadie podría atribuir vecindad ideológica con la guerrilla y la izquierda en general, llegaran a consolidar acuerdos de paz duraderos, muchos deberían buscarse otra forma de vida o nuevas estrategias de ocupación.
¿Es posible que este Vargas Lleras –nieto de presidente y de prosapia liberal– junto con Santos Calderón –sobrino nieto de Eduardo Santos Montejo, también liberal y presidente, aunque entre 1938 y 1942– logren avanzar hacia acuerdos de paz?
Tienen una enorme ventaja sobre cualquier otro negociador. No son intermediarios, vienen del poder real de Colombia. Son el establishment, sin la menor duda.
Conviene recordar a esta altura que no fueron los demócratas estadounidenses los que lograron la paz en Vietman y se acercaron a la China de Mao Tsé-Tung. Fue con el republicano extremo Richard Nixon y el no menos derechista Henry Kissinger como secretario de Estado.
Un dato que seguramente no escapa a quienes pusieron la bomba en el Chevrolet Swift 1994 color gris, patente BOO 483, cargado con 50 kilogramos de explosivo anfo que estalló minutos antes de las seis de la mañana en Carrera Séptima con calle 19, como dicen los colombianos.
El caso es si para ellos la paz es negocio.

Tiempo Argentino, 14 de Agosto de 2010

Independentistas: soberanos problemas

Dicen que cuando sólo se tiene un martillo, todo parece un clavo. Muchos catalanes podrían estar pensando algo así a partir de la prohibición de las corridas de toros en la región autónoma. Porque aunque parezca mentira, la ley de abolición de esa práctica milenaria quedó enfrascada en la disputa mayor por la autonomía de Cataluña. Y se inscribe en una ola de querellas por las soberanías territoriales que recorre el mundo desde tiempos inmemoriales pero que se potenció a partir de que el Tribunal de La Haya admitió como legal a la declaración unilateral de independencia de Kosovo de 2008.

La catarata de justificaciones para prohibir las corridas –crueldad, maltrato hacia animales indefensos, barbarie– chocó con una razón impensada cuando se inició la demanda: la tauromaquia es una costumbre que distingue como pocas a España. Su eliminación apareció como un excelente motivo para sustentar la identidad nacional catalana.
Unos días antes, el Tribunal Constitucional con sede en Madrid había rechazado un aspecto sustancial del Estatut de la Generalitat. «La única nacionalidad admitida es la española», decretaron los supremos. Esa rica región bañada por el Mediterráneo viene luchando por mayores grados de autonomía desde por lo menos el año 1200, y Barcelona fue uno de los pilares de la Segunda República. A la muerte del dictador Francisco Franco, en 1975, esos reclamos retornaron.
El Tribunal fue tan inoportuno como para abrir un canal por donde ahora se exacerban los deseos de independencia de muchos catalanes. Uno de ellos es el ex presidente del club Barcelona, Joan Laporta, que ya sueña con un país reconocido por la Unión Europea. No es para menos, la Copa del Mundo de Fútbol de Sudáfrica mostró que la base de ese equipo nacional estuvo formada por jugadores catalanes, surgidos en las canteras barcelonesas; pero defendían la bandera del reino.

Centralismo debilitado
Los promotores del Estado central esperaban que Madrid pudiera controlar las fuerzas centrífugas que expresan con mayor o menor efervescencia los partidos nacionalistas desde el País Vasco hasta Galicia. Entre otras razones porque esas regiones quedaron en manos de partidos españolistas (el PSOE y el PP). Por eso en el debate por los toros no faltó la voz del derechista Mariano Rajoy, que impulsa una moción al Congreso de los Diputados para que las corridas sean declaradas «de Interés Cultural General». La presidenta de la Comunidad de Madrid, la también «popular» Esperanza Aguirre, aportó lo suyo: «La prohibición es liberticida», dijo. Sólo pretende «romper los lazos entre Cataluña y España», agregó. «No tiene nada que ver con protección del medio ambiente ni con el maltrato animal», culminó.
Todo indica que el futuro en torno del «deporte de los cuernos» –que será ilegal en Cataluña desde el 1 de enero de 2012– es incierto. Y que la cuestión de la autonomía proseguirá por otros canales. En los últimos dos años hubo referendos simbólicos sobre la autonomía donde no se había registrado demasiada participación popular. Los analistas recalcaron entonces que el separatismo venía perdiendo vigor. Hasta la sentencia del Constitucional.
Los reclamos, ahora, fueron ganando en contundencia. Hubo marchas multitudinarias contra el dictamen del Tribunal. Pero hubo también otras manifestaciones muy nutridas donde los gritos fueron «Independencia» y «Adéu Espanya» (Adiós, España).

Dictamen no vinculante
El partido Esquerra Republicana de Catalunya ya avisó que iniciará acciones que lleven a discutir lisa y llanamente la emancipación. Y Convergència i Unió, dijo que «los derechos catalanes de autodeterminación no tienen límites». El portavoz de Candidatures d’Unitat Popular (CUP) de Cataluña, Adam Majó, animó a su vez al grupo independentista Causa Galiza a que impulsen convocatorias para debatir la soberanía plena de las provincias gallegas. Al mismo tiempo, el representante de la Izquierda Abertzale, Txelui Moreno, habló de «confrontación política y democrática» con el Estado central para lograr la independencia del pueblo vasco.
Una opción a futuro podría estar en la propuesta del presidente regional de Cataluña, José Montilla, miembro del partido del presidente de gobierno, José Luis Zapatero, que pidió la creación de un «Senado federal» en una España «multinacional», quizás pensando en el modelo boliviano. Una salida desechada en España por siglos.
El fallo de la Corte Internacional de Justicia sobre Kosovo no es vinculante. Obliga, sin decirlo, a negociaciones con Serbia, que considera a ese territorio como sagrado para su propia nacionalidad y por lo tanto una provincia indisoluble. No viene a cuento ahora el horror de la guerra que en los 90 significó la desmembración de lo que fuera la Yugoslavia del mariscal Tito; pero sí que el fallo de La Haya alimentó temores y esperanzas por igual en el resto del mundo. En algunos casos, porque temen que pueda ser la excusa para otros pedidos de autonomía. En otros, porque puede ser una salida para concretar finalmente viejas aspiraciones de autodeterminación.
Allí mismo, en los Balcanes, en Bosnia Herzegovina, existe el deseo de reconocimiento de la República Sprska. En estos días se sumó otro foco de tensión en el Alto Karabaj, al sur del Cáucaso. Sucede que la población de ese territorio montañoso sueña con su independencia y el reconocimiento internacional como nación, pero Azerbaiyán amenaza con recuperarla del control que ejerce Armenia desde 1994.
No hay que viajar mucho para registrar los reclamos de Osetia del Sur y Abjasia, que se declararon independientes de Georgia. Rusia aprueba y apoya esa medida, en contra de los deseos de los georgianos. Una pugna en la que no faltan ingredientes geopolíticos, como ocurre con los más de 25 millones de kurdos, que varían desde pedir mayores grados de autonomía en la parte bajo jurisdicción de Irak o la independencia total en la zona turca.
En Europa, además del país Vasco (extendido entre España y Francia) hay reclamos de Escocia, en el Reino Unido; el Trentino – Alto Adige, de mayoría alemana, en Italia; y partes de Rumania y Eslovaquia, pobladas por minorías húngaras. Sin embargo donde se comprueba hasta qué punto el viejo continente está inmerso en esta controversia nacionalista es en el mismo corazón de la UE, en Bélgica, donde ganó las elecciones el partido separatista flamenco.
«Noble Bélgica, oh madre patria (…) te juramos que vivirás, vivirás siempre grande y hermosa en tu invencible unidad» dice la Brabanconne, la canción patria trilingüe de Bélgica. Una promesa que no alcanzó desde 1830 a conformar la unidad entre francófonos y neerlandófonos y es desde hace algunos años una amenaza constante de ruptura. O una pregunta sin respuesta.

Revista Acción, 15 de Agosto de 2010

Evo Morales: «Estados Unidos se ha convertido en un basurero de delincuentes»

En una entrevista exclusiva, el presidente boliviano repasa parte de su pasado como dirigente sindical, cuenta cómo se hace política sin dinero y critica la cobertura que reciben dirigentes derechistas que huyeron al Norte.

Evo Morales impacta. Por una sencillez que en nada refleja el cargo que ocupa ni el lugar en la Historia que sin dudas ya se ganó. Por los logros desde que se dio a conocer como dirigente campesino, allá por los finales del siglo XX. Porque se empecina en cumplir con las promesas electorales de cambiar en profundidad y definitivamente a un país atravesado por la injusticia y el racismo. Y porque, aunque se niegue, podría dar lecciones de cómo amalgamar voluntades e intereses contrapuestos en beneficio de un bien común. La Constitución del Estado Plurinacional es un ejemplo, que recién se está poniendo en marcha luego de la aprobación de las cuatro leyes fundamentales.
Morales recibió a Tiempo Argentino el martes pasado, en su habitación del hotel Alkazar, de San Juan, donde había estado en la Cumbre de Presidentes del Mercosur. De sport, mientras se preparaba para un acto ante la comunidad boliviana afincada en Cuyo. Con poco tiempo, como le ocurre desde hace décadas desde que se metió en la dirigencia gremial de los campesinos cocaleros.
Responde parco, cuidando las palabras, se diría que tenso. Hasta que la conversación deriva en cuestiones personales, de esas que le dan dimensión de hombre, y entonces se relaja, se suelta. Ahí aparece un hombre consciente de su destino, con un pasado muy rico en vivencias. Que de un origen humilde como hijo de un trabajador golondrina, construyó luego una fuerza política capaz de convertirse por primera vez en una alternativa de poder, para la absolutamente mayoritaria población indígena de la nación fundada por Sucre y bautizada en honor a Bolívar.
−Usted contó la emoción que le producía haber estudiado en un colegio de Calilegua, sin saber siquiera el idioma, a haber llegado a recibir el título honoris causa de dos universidades en San Juan. ¿Cómo vivió ese momento?
−Pues conmovido, claro. Hay muchas cosas que pasaron. Y mira las que pasaron después de Calilegua.
−Vendió helado, jugó al fútbol, nada hacia suponer este presente.
−Vendía Picolé (palito de agua), y bastante vendía. Mi padre era muy trabajador, porque a veces había paro de trabajadores, entonces mi padre trabajaba sábados y domingos, esperando continuamente que hubiera paro.
−Claro, si había paro no podía cobrar.
−Ahí descansaba, claro.
−Usted recordó con agradecimiento a Kirchner y lo catalogó más que como secretario, como presidente de la Unasur. ¿Por qué?
−En 2006, cuando yo empecé, estaba de presidente Néstor Kirchner. Y en nuestras reuniones él me alentó, me inspiró, me orientó, me animó, me impulsó mucho en mi presidencia. Yo recién electo, y en mis primeros meses de presidente. Ha sido muy solidario conmigo. Y en mis primeros meses, mi primer opositor fueron las inundaciones, y él fue muy solidario en febrero, marzo, con helicópteros, fuerzas armadas ayudando a la gente por las inundaciones. Una larga historia. Y en el momento más difícil de amenazas por las trasnacionales después de la nacionalización del petróleo, después del 1 de mayo de 2006, cuando la oposición decía “no va a haber inversión, no va a haber nuevos campos petroleros, no va a haber exploración, se van a espantar los inversores”, ahí estaba Néstor Kirchner diciendo “no se preocupe, acá estamos nosotros, todos juntos”. También cuando desde el Oriente nos impedían la llegada de alimentos, aceite, estuvo presente, se ocupó de que nada nos faltara.
−¿Y con Lula cómo es la relación? Porque el tema del petróleo no fue fácil…
−(Sonríe) Con Lula, después del 1 de mayo de 2006, tuvimos problemas. Yo intenté en varias oportunidades comunicarme, y ha sido difícil comunicarme telefónicamente. Yo quería comunicarme, decirle que “vamos a tomar la propiedad”. Como no podía, decidí ejercer la propiedad como Estado. Expropiar, por supuesto. Ahí momentáneamente hubo un problema y ahí el mismo compañero Kirchner nos convocó a cuatro presidentes: él, yo, Chávez y Lula, bajo la dirección de Kirchner, en una ciudad de la Argentina, no me acuerdo exactamente, lo resolvimos.
−¿Qué les dijo?:“Pónganse de acuerdo”?
−Discutimos, yo le expliqué de manera detallada. Una vez que nos entendimos, ya mejoramos las relaciones y en diciembre de 2006, en la Cumbre de Jefes de Estado de Europa, Latinoamérica y el Caribe, en Viena, hemos superado eso. Nos sentamos a ver cuáles son nuestras diferencias. Y yo le dije: “Tengo un mandato del pueblo y el mandato del pueblo es ejercer el derecho de propiedad como socios, no con patrones.” Y uno de los contratos ilegales e inconstitucionales que decía (recita de memoria): “el titular −que es la transnacional− adquiere el derecho de propiedad en boca de pozo”. Y nos dicen los gobiernos neoliberales “cuando está bajo tierra sigue siendo nuestro, pero cuando sale de boca de pozo, ya parece que son de las trasnacionales petroleras”, y acabamos eliminando eso.
−¿Ahora la relación es buena?
−No… está bien. Con Lula ahora tenemos excelentes relaciones. Compartimos ideales, él como presidente obrero, yo como presidente originario. Esa es también la diversidad de Sudamérica
−Bueno, son los dos presidentes que vienen de más abajo.
−Así es, ambos venimos de abajo, pero yo mucho más abajo que él. (Risas)
−Qué le diría a Obama si lo tuviera adelante?
−Le diría que como uno de los discriminados, como es su sector social, que no discrimine a otros latinoamericanos en los Estados Unidos. Le diría que como excluido, marginado, perseguido, como afroamericano que es él, ¿Cómo puede permitir normas como las de Arizona para expulsar a los latinoamericanos? Que por encima de nuestra diferencias de no al capitalismo ni al imperialismo, esto es algo social importante. Seguro que mañana voy a enviar una carta a Obama que estoy elaborando, ahí va a ver. (Efectivamente, la carta fue anunciada dos días después, está fechada el jueves 5 de agosto.)
−¿Cambiaron algo los Estados Unidos entre Bush y Obama?
−Para nada. Hasta ahora, para nada. Sólo la expectativa de su presencia en la presidencia, pero yo siento que no cambia nada. Sigue el bloqueo económico a Cuba, siguen esas políticas del capitalismo en crisis. Eso yo no puedo entender. Como vengo de una familia pobre, cuando hablamos de capitalismo se habla de gente millonaria, de Estados ricos, y que tengan semejantes crisis económicas. Las quiebras, la crisis, las nacionaliza Obama. Aquí nosotros nacionalizamos la riqueza, pero no la pobreza ni la crisis. Esa es también nuestra diferencia.
−¿Qué le aconsejaría ante las crisis? Porque Latinoamérica tomó otros rumbos y le fue bastante mejor.
−Mira, yo no soy quién para aconsejarle ni dar lecciones sobre políticas económicas. Respeto sus políticas si son democráticas, por supuesto, pero lo que no aceptamos es en este nuevo milenio a los imperios, a las monarquías, oligarquías o jerarquías. Estamos en el tiempo de los pueblos. Por lo tanto habría que implementarse políticas que beneficien a los pueblos y no simplemente a grupos de los pueblos. Esa es nuestra profunda diferencia. Tarde o temprano, estoy convencido, el capitalismo va a caer, y los pueblos se levantarán. Entonces, antes de que sean rebasados por los pueblos, es mejor encabezar esas profundas transformaciones.
−Otro dato de la realidad es que mientras en Bolivia se aprobaba la Ley de Autonomía (último eslabón para implementar los cambios de la nueva Constitución), donde se reconocen 36 nacionalidades, en España se discute con fuerza la nacionalidad catalana.
−Es todo un proceso ese de las transformaciones democráticas, los cambios estructurales, los cambios orgánicos de las distintas estructuras del Estado. En Bolivia tenemos un Estado plurinacional, no un Estado colonial. Un Estado con autonomías departamentales, regionales, pero en el marco de la unidad del país. Esa es la transformación que hacemos, felizmente con el acompañamiento del pueblo. En Bolivia ya estamos en la tercera etapa de esa Asamblea Constituyente, que es la implementación de la Nueva Constitución. Felizmente acabamos ya con las leyes orgánicas, ahora vienen las leyes laborales, sociales, productivas, para garantizar estas transformaciones profundas de Bolivia. No faltaron en los pasados años quienes entendían la autonomía como independencia, o autonomía para pequeños grupos que después de perder a nivel nacional, se metieron en las regionales para que esas autonomías sean las oligarquías. Se equivocaron, y nosotros estamos buscando autonomía para los pueblos y no para las oligarquías. Esa es la profunda diferencia. Ahora, cuando ya empezamos a implementar autonomías para los pueblos, hay resistencia en los departamentos (o provincias, como los llaman aquí), resistencia porque no quieren soltar la plata allí.
−¿Cómo marcha eso? ¿Cómo cree que cambiará la sociedad?
−Mira, yo sé que cuesta cambiar. Por eso yo digo, podemos cambiar con alguna dificultad normas, leyes, una Constitución, pero lo que no se puede cambiar es la mentalidad. Eso es lo más difícil para mí. Ahí tenemos muchas diferencias. Y quienes venimos de las luchas sociales, que somos dirigentes sindicales o de cualquier movimiento social, sabemos que fundamentalmente la función pública es servicio, es sacrificio, es compromiso con el pueblo. No pensar en uno o en dos, mientras que hay alguna gente que ya no son de compromiso, de sacrificio para los pueblos, eso es lo peor. Aquí se requiere de una profunda reflexión, educación, orientación si pensamos en nuestra querida Bolivia. Y mejor todavía si pensamos en integrarnos a Sudamérica, a nuestra querida Latinoamérica. Yo sigo convencido de que somos la esperanza para el mundo. Entonces ¿Qué hacer ahora?
−La lucha más fuerte la tiene entonces dentro de sus propias filas. Cambiar al hombre, como pedía el Che Guevara.
−Sí, sí, eso es, estoy convencido: cambiar al hombre, un nuevo hombre, con una nueva mentalidad. Eso empieza desde la niñez. Hay ciertas estructuras como la justicia o la policía, donde a veces es muy duro, muy duro, muy duro… Porque es el Estado colonial, y el Estado colonial es la mentalidad, y esa mentalidad que está representada en el Estado colonial es el egoísmo, es la ambición personal, que no es una buena ambición para la patria.
−¿Cuándo se pensó como presidente? Imagino que no cuando estaba en Calilegua.
−No, para nada. Ni cuando fundamos ese instrumento político de la liberación económica y social. ¿Cuándo pensé? En 2002, para mi primera candidatura. Con otros dirigentes especialmente del sector campesino hicimos un programa, que era como un pliego único de la Central Obrera Boliviana. No era un programa-programa (repite con énfasis). Nos presentamos, no teníamos plata y nos sorprendemos. Cinco partidos en total eliminé: Bolivia Libre, un supuesto Partido Socialista que se va con la derecha, otro pequeño de Oruro, cinco legalmente reconocidos juntos con la cabeza del MNR de Gonzalo Sánchez de Losada. Nos ganaron con menos del 1% y nos robaron el triunfo.
−Le hicieron un gran favor, suele decir.
−Pero me quedé tranquilo y contento, porque no estábamos preparados para gobernar porque hemos dado la sorpresa.
−¿Pero pensaban que podían ganar?
−No. Las encuestas decían que tendríamos alrededor del 5% máximo, cuando hemos sido los primeros, y solos, y no como el MNR, eliminando a 5 partidos aliados entre sí. Y ahí dije: “En cualquier momento soy presidente, hay que prepararse.”
−¿Cómo fue ese momento? ¿Cómo fue eso de prepararse? ¿Se trataba de cuadros, de una preparación personal?
−Mira, ese año ganamos en el departamento de Potosí, sin candidatos, hemos ganado senadurías sin candidatos.
−¿Cómo es eso?
−Mira, en un departamento el ganador tiene dos senadores y yo tenía dos candidaturas a senadores. Sin embargo, faltando dos semanas el segundo candidato renunció y solo hemos ido con un candidato. Ganamos el departamento y nos correspondían los dos senadores, pero no teníamos a los dos senadores… Igualmente ocurrió en el departamento de La Paz. Y lo más importante, mis compañeros del campo, mis hermanos, hermanas, dejaron de trabajar escuchando la radio voto a voto. Mirando, mirando… Faltaba poquito para ganar (junta la uña del pulgar a la punta del índice derechos). Esa es la alegría. Y yo tenía miedo. Pero eso fue un error de la derecha-derecha (vuelve a enfatizar). El error de los Estados Unidos. Si yo hubiera sido el enemigo de ese momento político, hubiera metido al Evo Morales como Presidente en 2002, cuando todavía no estábamos preparados, y además de los 130 diputados teníamos apenas 27, lo mismo nos pasaba en Senadores. Éramos minoría y todavía sin ninguna preparación. Y ellos, mayoría, con su bancada, me hubieran eliminado.
−¿Y qué pasó?
−Pues mira, qué hizo ahí el ex embajador de los Estados Unidos, Manuel Rocha, ese que dijo que yo era el Bin Laden andino, de los cocaleros a los talibanes. Pues faltando dos semanas para la elección, dijo: “No voten por Evo Morales, y si lo votan no habrá apoyo internacional.” ¿Y qué hizo?, Juntar a dos partidos que son de la derecha, pero eran enemigos entre ellos: el MIR y el MNR. ¿Quiénes eran los operadores para estas alianzas? Uno condenado por narcotráfico, Oscar Eid Franco, y otro también narcotraficante, el delincuente Carlos Sánchez Berzaín, que se escapó a los Estados Unidos, y su secretaria fue encontrada con más de cuatro toneladas de cocaína en el aeropuerto de El Alto. Estos dos delincuentes eran operadores políticos, uno a nombre del MIR, otro a nombre del MNR. Y ellos hablando a nombre de la democracia, y yo, ahhh, asco (espanta con la mano derecha). Yo digo felizmente, si el embajador de los Estados Unidos hubiera sido inteligente le metía al Evo Morales, y en un año estábamos servidos. Parlamentarios de la oposición en mayoría, todavía sin ninguna experiencia, sin un programa. Hubiera pasado lo que con (Hernán) Siles Suazo, que no tenía mayoría parlamentaria y se volcaron los movimientos sociales contra él por una cuestión económica.
−¿Cómo hizo para hacer política sin plata?
−Todo organización, todo concientización, debate con los movimientos sociales, toda esa estructura. En mi sector, el del Trópico fundamentalmente, se movilizó para la campaña a nivel nacional. Hubo aportes sindicales, aportes de otras formas en las comunidades. Se gasta algo de propaganda en televisión, se gasta algo en las radios, algo en panfletería y en la movilización. Movilizarse con el aporte de cada uno. No es que el jefe del partido y el que es presidente va a poner plata. ¿Qué plata yo puedo poner? Cuando empezamos en el 95, en Chapare especialmente, nuestra primera participación en elecciones municipales, decisión orgánica, sindical, elección desde las bases de concejales, no teníamos plata para hacer panfletos ni afiches. La derecha nos inundó de propaganda y algunos compañeros ponían esos afiches de la derecha y nosotros decíamos: “Qué pasa compañero, ese no es nuestro partido, estamos haciendo propaganda para nuestro partido.” Y el compañero de base nos decía “pero ustedes también traigan su propaganda”. Y ahora qué hacemos. No tenemos plata. Por sindicato, por la central campesina un aporte. Hicimos todos un aporte, ya para banderas, ya para afiches. Nos alcanzó para 15 mil afiches, en la región, y los compañeros en vez de repartir, en vez de colocar, se lo llevaron dentro de sus casas (risas).
−¿Como recuerdo?
−Como recuerdo, como si fuera de nuestros libertadores. Y yo no era candidato. Me acuerdo siempre de una compañera, Herminia Mamani, no teníamos banderas de Izquierda Unida. Habíamos ido con la Izquierda Unida, así, a la prestada, y la bandera de un partido que se llamaba Movimiento Bolivia Libre era roja y amarilla, y la de Izquierda Unida era como la tricolor de Bolivia, amarillo, rojo y verde. Pero nosotros no teníamos nada. Herminia, nos comentó, fue decirle a una compañera: “Usted vaya a hablar contra el Evo Morales, contra el instrumento político, y diles que eres de Movimiento Bolivia Libre y que te den todas sus banderas.” Y habló contra mí, contra Izquierda Unida, y en el MBL le dieron todo. La compañera se había conseguido una tela verde, que las cosieron y así han tenido la bandera tricolor de Izquierda Unida. Le puedo comentar bastante de esto.
−Esos son los gestos que construyen, ¿no?
−Eso es, compromiso.
−¿Qué le falta construir aún?
−Seguir trabajando por la igualdad, por los sectores más abandonados. Según las Naciones Unidas, la extrema pobreza ha bajado del 40 al 30%, y es muy alentadora esta cifra. Evitamos la deserción escolar, con un bono llamado Juancito Pinto. La Renta Dignidad para los abuelos, que ahora son los abuelos de verdad porque disponen de un poco de dinero. Porque ahora en el campo los abuelos tienen para pagar las tarifas de energía eléctrica con su renta que reciben mensualmente. Es poco, pero tiene mucho significado para ellos. Quiero mejorar eso, esa es una forma de cómo ayudar a la gente no pudiente, a la gente abandonada históricamente. Otro deseo que tenemos es que los niños sean bien alimentados. Sin hambre. Estamos haciendo algunas industrias sobre procesos de cítricos, leche y otros productos, para mover las economías regionales y eso es alimento para niños en edad escolar.
−¿Cómo se posiciona la derecha? ¿Hay alguna posibilidad de levantamiento?
−Ninguna. Está totalmente derrotada. El último de sus líderes, mi contrincante Manfred Reyes, un delincuente, un maleante, se escapó a los Estados Unidos. Lamentablemente, los Estados Unidos, bajo la presidencia de Obama, se convierten en el basurero de los delincuentes de Latinoamérica. Los delincuentes se escapan allá y él no hace nada. ¿Cómo puede recibir a los delincuentes y darles asilo político? Desde Goñi, González de Losada y tantos otros. Los ministros que acá robaron, siguen escapándose a los Estados Unidos.
−¿Quién es hoy el principal enemigo de todo este proceso revolucionario?
−Algunos grupos oligárquicos, por supuesto, pero sobre todo es el capitalismo, el imperialismo de los Estados Unidos. Mediante la agencia norteamericana Usaid se infiltran en algunas alcaldías, algunos movimientos sociales, con prebendas, tengo cantidad de documentos sobre ese tema. Tratan de confundir, de enfrentar algunos departamentos entre ellos. Siempre ha sido así la historia, antes enfrentaron a La Paz con Chuquisaca y ahora quieren enfrentar a Oruro con Potosí. Pero son bien orquestados, bien organizados, para tratar de confundir este proceso. En 2007 o 2008, hablaron de que necesitábamos tener dos tercios para aprobar la Constitución, ahora tenemos dos tercios en diputados, dos tercios en senadores, dos tercios en alcaldes, dos tercios en gobernadores.
−¿Y no les resulta suficiente?
−Como ahora tenemos dos tercios, nos tratan de totalitarios, de autoritarios, de dictadores. ¿Qué culpa yo tengo si la gente nos apoya y tenemos dos tercios en todas las estructuras?

Tiempo Argentino, 8 de Agosto de 2010