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La organización vence al tiempo

Qué error tan fundamental! Y sobre todo en un revolucionario con algunas modestas responsabilidades como las que la revolución me vino imponiendo desde hace más de 30 años”, se lamentó el presidente venezolano Hugo Chávez al anunciar públicamente que el mal que lo mantiene internado en La Habana desde principios de julio tiene mayor gravedad de la que se sospechaba. El mandatario atribuye su situación a descuidos en su salud, quizás por los masculinos temores a consultar un médico, a hacerse chequeos regulares. Pero el error que percibe el bolivariano no es tanto por su propio estado –al fin de cuentas reconoció que está en las mejores manos posibles, ya que si algo puede mostrar Cuba es la calidad de su medicina– sino por las consecuencias políticas de la ausencia obligada hasta que se reponga totalmente.
No por nada en un discurso de menos de 15 minutos que, fuera de su costumbre, leyó ante las cámaras de la televisión, recordó la forma en que le detectaron que algo andaba mal en su organismo. “Me interrogó casi como un médico, me confesé casi como un paciente”, dijo, para desgranar luego una serie de metáforas sobre el delicado momento que vive. Al mismo tiempo, deslizó algunas menciones que quizás para el gran público rioplatense suenen lejanas, sin olvidarse del Libertador caraqueño, fuente constante de inspiración de Chávez.
El venezolano relató que desde que el mismo Castro le dio la noticia sobre el resultado de los análisis, “comencé a pedirle a mi señor Jesús, al Dios de mis padres, diría Simón Bolívar; al manto de la Virgen, diría mi madre Elena; a los espíritus de la sabana, diría Florentino Coronado; para que me concedieran la posibilidad de hablarles, no desde otro sendero abismal, no desde una oscura caverna o una noche sin estrellas. Ahora quería hablarles desde este camino empinado por donde siento que voy saliendo ya de otro abismo. Ahora quería hablarles con el sol del amanecer que siento me ilumina. Creo que lo hemos logrado. ¡Gracias, Dios mío!”
Florentino Coronado es un personaje de Cantaclaro, una de las novelas de Rómulo Gallegos, ambientada en los llanos del Guárico, con similitudes tan fuertes con el Martín Fierro que la explicación de Chávez suena pertinente: el espíritu de la llanura, de la sabana, guió su pluma. Porque Gallegos fue uno de los escritores más impactantes del continente y a la vez fue todo un ejemplo de compromiso político al que suele recurrir Chávez.
Florentino, un coplero que recorre la sabana recogiendo historias de perseguidos y humillados, es el paradigma de la lucha que Gallegos y muchos otros venezolanos de la década de 1930 mantenían contra una dictadura retrógrada como la de Juan Vicente Gómez. Tras el golpe de Estado de 1945 que llevó al poder a Rómulo Betancourt, Gallegos fue ungido candidato por todas esas fuerzas progresistas en la primera elección verdaderamente libre en la historia de ese país, con voto secreto, universal y sin fraudes. Asumió con una abrumadora mayoría de votos (nada menos que el 80%) en febrero de 1948, pero en noviembre de ese mismo año el ejército lo expulsó del poder y el novelista tuvo que exiliarse, hasta que en 1958 volvió a su patria, donde moriría en 1969.
El Chávez de estos días también tiene en mente el derrotero de Bolívar, que en su intención de crear la Patria Grande latinoamericana tuvo que dejar el poder en Bogotá y Caracas a dos personajes que finalmente pasarían a la historia como traidores a su causa, Francisco de Paula Santander y José Antonio Páez. Ese espíritu de traición no se percibe en su gobierno, pero sin dudas será azuzado por los grandes medios de comunicación, que vienen disputando una fuerte lucha contra el líder de la revolución bolivariana, principalmente desde el intento de golpe de 2002.
Sólo en ese contexto se entiende que la cadena CNN se haya permitido sugerir que ese hombre de campera con los colores de la bandera bolivariana que hablaba –firme pero con huellas de haber acusado el magullón sobre su salud– bien podría ser un doble y no el original. No es la primera vez que ante la demostración de que los líderes de procesos de cambio genuino en una sociedad también se enferman y son mortales, salen a relucir ese tipo de miserias.
Tal vez el antecedente más siniestro sea el de aquel lejano 1951, cuando a Eva Perón le encontraron un tumor en el cuello del útero.
“¡Viva el cáncer!, escribió alguna mano enemiga en un muro de Buenos Aires. La odiaban, la odian los biencomidos: por pobre, por mujer, por insolente”, describió el uruguayo Eduardo Galeano en Memorias del Fuego. “Suspiran aliviados los usureros, los mercaderes, los señores de la tierra”, continuaba en uno de los textos más reveladores del autor de Las venas abiertas de América Latina.
También padecieron estos ataques infrahumanos la por entonces aspirante a la presidencia de Brasil, Dilma Rousseff, cuando en abril de 2009 anunció que comenzaba un tratamiento contra un cáncer linfático en una clínica de San Pablo. La derecha utilizó la enfermedad para cuestionar la elección de Lula de Silva como sucesora, a pesar de que Dilma presentó un año más tarde certificados de su recuperación.
Algo más complicada la tuvo el paraguayo Fernando Lugo, que también se atendió en la clínica paulista, pero además de luchar contra un cáncer que tratado a tiempo es curable, tuvo que hacerlo contra un vicepresidente como Federico Franco, finalmente un rival político que no habría tenido empacho en gritar “Viva el cáncer”. También se repuso el ex obispo, y si bien no habla del asunto, muchos de sus seguidores fomentan un cambio en la constitución para que pueda acceder a un nuevo mandato.
“Mi único heredero es el pueblo”, dijo Juan Domingo Perón, cuando ya sus días se estaban apagando. Precisamente ayer se recordó el aniversario de la muerte de ese estadista que marcó toda una época. El mismo que luego de 18 años de exilio volvió con todos los honores y dejó otra frase reveladora: “Sólo la organización vence al tiempo.”
Cuando murió Néstor Kirchner, fronteras adentro quedó marcado a fuego el “Nunca menos”. Nunca la sociedad habrá de aceptar menos de lo que viene construyendo desde 2003 hasta ahora. Hacia el exterior, a Kirchner lo sucedió una institución como la Unasur, capaz de lidiar en momentos de crisis contra los enemigos de la integración y de la democracia en Sudamérica.
Si Chávez no estuviera enfermo, este martes iba a nacer una organización teñida con el mismo espíritu de la Unasur, en ocasión de celebrar el Bicentenario de Venezuela: la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), de la que forman parte todos los países del continente, salvo los Estados Unidos y Canadá. Ambos países quedaron deliberadamente fuera de una entidad destinada a integrar a los iguales, a los más débiles, a los que han padecido injusticias, como los personajes de José Hernández o de Rómulo Gallegos.
En la tradición de unidad continental que no pudo concretar Bolívar, tempranamente muerto en 1830, y que otros latinoamericanos vienen impulsando desde diversos ámbitos con suerte esquiva. Como marcan los tiempos y las experiencias, una organización que trascienda la humana finitud de sus creadores.

Tiempo Argentino, 2 de Julio de 2011

Manual de zonceras europeas

Extraña interpretación sobre la propiedad curativa de los fármacos, la de Guido Westerwelle, ministro de Asuntos Exteriores alemán. “Las medicinas tienen algunas veces sabor amargo, pero, justamente por ello, resultan eficaces”, fue la forma de explicarles a los griegos por qué deberían digerir los planes de ajuste y privatizaciones que proponen la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional. Planes que, como se dijo hasta el hartazgo, tienen como objetivo que Grecia pague puntualmente y en moneda dura sus deudas con los bancos, pero, fundamentalmente, que no siga el ejemplo perverso de los malos de la cuadra. Es decir, los argentinos, que no sólo se salieron del corset de una moneda que no emitía su banco central, sino que hizo severos recortes en el monto de su deuda externa.
Fue el Nobel de Economía Paul Krugman quien salió en defensa de estas pampas, ante los ataques que todavía algunos destilan contra el tupé de los sudamericanos para plantarse frente a los organismos internacionales. “Me sorprende que digan que Argentina no es un país serio. No veo cómo el default argentino puede ser presentado, entre todos los ejemplos posibles, como una advertencia para Grecia”, escribió en su blog del New York Times.
Pero el que coronó esta semana de reivindicaciones a la “salida argentina” fue el ex director del FMI, el francés Michel Camdessus. “Hicimos probablemente muchas tonterías, muchos errores con la Argentina”, afirmó en un encuentro con empresarios católicos en Buenos Aires el hombre al mando del Fondo durante el período de las privatizaciones y los ajustes perpetuos vernáculos.
Si Arturo Jauretche estuviera vivo, le hubiera recordado que esos “errores” no fueron fruto de tonterías sino de las zonceras que rigen en la inteligencia económico-financiera desde hace décadas y que la crisis desatada en 2008 no hizo más que poner de relieve, mal que les pese a los “expertos” que confían en la utilidad de los remedios amargos.
Fue este criollo nacido hace un siglo en Lincoln, provincia de Buenos Aires –que de puro patriota se murió un 25 de mayo de 1974– el que explicó como nadie en qué consisten esas zonceras y a qué conducen. Tanto que con sólo releer esos textos fervorosos que escribió a lo largo de su vida cualquier mortal aprende lo que hace falta saber de economía política y hasta puede pasar por augur.
La primera de las zonceras que desarrolló en su ahora arquetípico manual –publicado en 1968– es la que él llama La madre que las parió a todas, la de Civilización y Barbarie, que explica una de las razones que justifican los usuales ataques contra los argentinos desde ambos lados de la frontera. Esta zoncera “intentó crear Europa en América trasplantando el árbol y destruyendo lo indígena que podía ser obstáculo para su crecimiento según Europa y no según América”.
Esa misma sensación queda cuando se escuchan críticas contra los griegos y en modo admonitor se les habla del valor de los contratos, de la confianza en la palabra dada y de la importancia de pertenecer al primer mundo. No se les dice, en cambio, que no podrían tolerar verlos convertidos en incivilizados que osan desconocer reglas establecidas, como hicieron los rioplatenses. Y para peor, que les fuera bien.
“Todo hecho propio, por serlo, era bárbaro, y todo hecho ajeno, importado, por serlo, era civilizado. Civilizar, pues, consistió en desnacionalizar”, anotó Jauretche, en un texto que bien podía hablar de la época en que el peronismo estaba prohibido, o del de 2001, o de esas naciones maliciosamente llamadas PIGS (cerdos) por Portugal, Irlanda, Grecia y España. Los malos de esta película que fallaron en cumplir las reglas neoliberales.
Prolífico, frontal e incisivo analista en sus últimos años, Jauretche –que venía del radicalismo yrigoyenista y adhirió al movimiento peronista el 17 de octubre– advirtió sobre las consecuencias del ingreso de la Argentina al FMI cuando la dictadura de Aramburu llamó a los técnicos de ese organismo para “sanear” la economía que había dejado Perón. “Asesorarse con los técnicos del Fondo Monetario Internacional es lo mismo que ir al almacén con el manual del comprador escrito por el almacenero”, escribió certeramente en noviembre de 1955, a dos meses del derrocamiento del gobierno peronista. Y señaló punto por punto en El Plan Prebisch: retorno al coloniaje, título premonitor si los hay, lo que habría de ocurrir de aplicarse esas medicinas.
El lector que conoce el texto sabe de lo que se habla, y el que no, reciba el buen desafío de comprobar la exactitud de lo que Jauretche vaticinaba con lo que se vivió en los años del menemismo y sobre todo en el último gobierno radical, el de Fernando de la Rúa.
“La mayor parte de nuestra industria, que se sustentaba en el fuerte poder de compra de las masas populares, no tardará en entrar en liquidación. Los argentinos apenas si tendremos para pagarnos la comida de todos los días. Y cuando las industrias se liquiden y comience la desocupación, entonces habrá muchos que no tendrán ni para pagarse esa comida. Será el momento de la crisis deliberada y conscientemente provocada…”, escribió. Hace 56 años.
Jauretche, presidente del Banco Provincia entre 1946 y 1951, describió también el rol de la banca en el esquema neoliberal. “El que maneja el crédito maneja más la moneda que el que la emite… El que maneja el crédito maneja más el comercio de exportación e importación que el que compra y el que vende… estimula determinadas formas de producción y debilita otras; establece qué es lo que se ha de producir y qué es lo que no; determina lo que puede y lo que no puede llegar al mercado con facilidades de venta, y maneja por consecuencia el consumo. El que maneja el crédito crea moneda de pago y poder adquisitivo… decide qué se produce en el país y qué no se produce, quién lo produce, cómo lo produce, cómo lo vende y cómo lo acapara, adónde lo exporta y en qué condiciones; determina las condiciones de la plaza, incide en la bolsa, todo, en una palabra”, añadió en otro jugoso tramo de ese libro.
Este apasionado polemista publicó un puñado abundante de libros que desde el título son como un guante arrojado en el rostro: Los profetas del odio; El medio pelo en la sociedad argentina; Filo, contrafilo y punta; Prosas de hacha y tiza.
“El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza”, dijo alguna vez, como alentando a las tropas.
Pero también, luego de un fallido intento por reponer en el gobierno a Hipólito Yrigoyen en 1933, escribió un poema gauchesco que en su traducción al griego podría agotarse en pocos días, El Paso de los Libres, deliciosamente ambigua referencia al sitio por el que los revolucionarios radicales tuvieron que escapar de los dictadores de la primera Década Infame, prologado por Borges. Allí explica su medicina para terminar con los penares de trabajadores y de las clases marginales:

Hasta que un día el paisano
cansado ya de este infierno,
haciendo suyo el gobierno,
con solo esta ley se rija:
es pa’ todos la cobija,
o es pa’ todos el invierno.

Tiempo Argentino, 25 de Junio de 2011

Los platos rotos de la boda

La premura del presidente francés Nicolas Sarkozy para designar al frente del FMI a su ministra de Finanzas obedece más a la desesperación por salvar la ropa que a un crudo nacionalismo. Un dato para apuntalar esta conjetura es que el interino del FMI, el estadounidense John Lipsky, está mostrando las garras en Europa. En concreto, según revela el diario británico The Guardian, presionó fuertemente para que Alemania alcanzara un acuerdo para rescatar a Grecia por segunda vez en un año, ante el peligro de que la crisis contagie al resto del continente y cruce el Atlántico. El otro es que los bancos franceses son los más expuestos ante un posible default helénico.
En este marco, España suda la gota gorda por las amenazas de que “los mercados” pongan contra las cuerdas definitivamente al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Por ahora, la dirigencia política y empresarial se mantiene en sus trece de que en la península todo está bien, salvo ese pequeño detalle de la explosiva situación griega, que castiga a los hispanos aumentando las tasas para nueva deuda.
En un editorial del diario El País, titulado sin tapujos “Para salvar el euro”, se insiste en que “la estabilidad política y económica europea depende de un pacto urgente sobre Grecia”. Para el matutino, todavía cercano al oficialismo y fuerte defensor del expansionismo español sobre América Latina en los ’90 –de la mano de las privatizaciones de empresas públicas impulsadas por el FMI en esos años de fulgor neoliberal– la indecisión europea “está poniendo en peligro la estabilidad financiera de la Eurozona y, como un efecto secundario grave, la solvencia de otros países europeos, como es el caso de España, que se enfrentan a un nuevo episodio de crisis de deuda.” La línea argumental es: las cosas tienden a mejorar y “casi todo el problema se resume en un nombre: Grecia”.
Sin embargo, va quedando al desnudo hasta qué punto España está en bancarrota desde que estalló la burbuja inmobiliaria en los Estados Unidos, en 2008. Ahora se supo que la deuda de las comunidades autónomas y los municipios es mucho mayor de lo que inicialmente se había establecido. Para lo cual los ajustes diseñados hasta ahora resultarán insuficientes.
Por eso los ministros de Trabajo de la UE le piden que complete la reforma del sistema de negociación colectiva y que apure una nueva reforma laboral que, bajo la excusa de reducir la desocupación –del 20,7%, la más alta de la UE y el doble de la media comunitaria– y generar empleo para los más jóvenes, modifique a la baja los derechos de los trabajadores. El objetivo, dice el organismo supranacional, debe ser “garantizar que el crecimiento salarial refleje mejor la evolución de la productividad, así como las condiciones a nivel local y de empresa y dar a las compañías suficiente flexibilidad para adaptar internamente las condiciones de trabajo a los cambios en la situación económica.”
Para los argentinos, es música conocida con un final predecible. El problema es que todas las medidas que aprueban los líderes de la UE (lo que digan Sarkozy y la alemana Angela Merkel, en la práctica) junto con el provisorio mandamás del FMI, apuntan no sólo en una dirección que en estas costas se probó equivocada, sino que se disponen con el deliberado propósito de impedir en la península griega una solución a la argentina. Por eso tratan por todos los medios de que Atenas no provoque un default de la deuda y se salga del euro.
De todas maneras, según un trabajo de la cadena británica BBC, son muchos los analistas advertidos que de hecho la deuda griega es impagable, más allá de los nuevos paquetes de rescate. “Los mercados ya dan por descontado una dura suspensión de pagos. Para ellos, del 50% al 70% del dinero ya está prácticamente perdido”, dice el estudio.
El periódico madrileño, en tanto, explica en otro artículo las razones que llevaron a la crisis en la cuna de la civilización occidental. “La banca europea dispone del 81% de la deuda pública griega, y en especial las entidades francesas y alemanas tienen una mayor exposición”, un dato que no es nuevo. Pero a continuación agrega que “Standard & Poor’s ha rebajado la nota de solvencia de Grecia hasta CCC, dejándola ligeramente por encima de la calificación de impago efectivo”. En esta ubicación destaca, “la calificación de Grecia pasa a ser la peor de todos los países del mundo examinados” por la evaluadora de riesgos estadounidense.
Lo que no explica tanto el presuntuoso informe es que S&P nada dijo en su momento de las oscuras maniobras del banco Goldman Sachs, la entidad que, según reveló en su momento el estadounidense The New York Times, ayudó desde 2001, mediante una complicada ingeniería financiera, a que Grecia –que recién se incorporaba a la zona euro– pudiera burlar la disciplina económica de la Eurozona dibujando impúdicamente los balances presupuestarios. Y con el aval del banco – socio en Argentina del Grupo Clarín– pudo endeudarse hasta niveles disparatados, con entidades que creen a rajatabla en la mano invisible de los mercados y confían en ese puntal de Wall Street que es el Goldman.
Entre las maniobras detectadas en un informe que ahora investiga un fiscal de Nueva York, Grecia pactó con el GS alterar el tipo de cambio al que se firmaban los préstamos de modo que, en realidad, recibía más dinero para gastar –una lluvia de millones de euros– del que nominalmente figuraba como deuda emitida. La UE no detectó el desfase porque no fiscalizaba esos contratos. También creía en la mano invisible.
Ayer, el primer ministro socialista, Georgios Papandreu, modifico su gabinete con la esperanza de calmar las aguas, en vista de que el Parlamento se le pone reacio para aprobar la venta total de lo que queda del país para pagar deudas. Como nadie quería agarrar la papa caliente de la cartera de Economía, puso en ese lugar uno de los últimos soldados fieles que le van quedando, Evangelos Venizelos, hasta ahora titular de Defensa. Un abogado constitucionalista que gusta de la buena mesa y que, dicen, “hará lo que tiene que hacer”.
Enfrente tendrá que vérselas con los indignados griegos, los aganaktismenoi, que hace semanas vienen reuniéndose en la Plaza Syntagma (de la Constitución) para buscar salidas algo más democráticas a la crisis. Según Yorgos Mitralias, fundador del Comité Griego contra la Deuda (www.contra-xreos.gr) que se propone investigar el origen de la deuda, la venta masiva de empresas y propiedades públicas no reducirá la exposición del país, pero además será algo así como “vender la platería de la familia sólo para tener que alquilarla nuevamente a la hora de la cena”. Por eso, no se extraña de que los jóvenes, que rechazan toda cercanía con los partidos políticos –y con razón, dadas las circunstancias– gritan cosas como “No debemos nada, no vendemos nada, no pagamos nada”, pero también “Na figoun oloi”. Que se vayan todos.
Según la tradición, en las fiestas de casamiento griego se rompían platos en señal de alegría y desprendimiento. La costumbre se mantiene en los restaurantes de la diáspora griega. Allí aseguran que esta ceremonia, el kefi, es un homenaje al que baila zebékiko o el tsamiko.
Se ve que los aganaktismenoi no quieren pagar los platos de un baile al que no fueron invitados.

Tiempo Argentino, 18 de Junio de 2011

La educación presidencial

El 22 de octubre de 1970, un grupo armado abrió fuego en Santiago contra el comandante del Ejército chileno René Schneider. El militar, líder del grupo legalista dentro de las Fuerzas Armadas, murió tres días más tarde en un hospital. No fue un ataque atribuible a grupúsculos terroristas ni a la inseguridad ciudadana. Fue un atentado perpetrado por la derecha más recalcitrante de ese país, alentado y financiado por la CIA y el presidente Richard Nixon, para evitar que Salvador Allende asumiera la primera magistratura y desde allí concretara sus promesas electorales.
La Doctrina Schneider fue la respuesta de militares que, respetuosos de la democracia, no aceptaron el convite de bloquear la llegada de Allende que otro general, Roberto Viaux, el instigador del asesinato, aceptó gustoso. “Nuestra doctrina y misión es de respaldo y respeto a la Constitución Política del Estado”, resumía Schneider. Allende fue derrocado tras meses de acoso político y económico, y ese detalle, que no se ignoraba, fue confirmado en 1998, cuando los Estados Unidos desclasificaron los documentos oficiales sobre aquel oscuro período de la historia latinoamericana.
Probablemente las intentonas de los carapintadas de tiempos de Raúl Alfonsín fueran el último estertor de esos ejércitos imbuidos de la Doctrina de la Seguridad Nacional para imponer democracias controladas en la región. Pero el establishment demostró que tiene recursos para sostenerse más allá de la voluntad de los pueblos.
Así fue que el propio Alfonsín padeció la última estocada a su gestión de manos del poder financiero. Y la Argentina, que había popularizado trágicamente la palabra “desaparecidos”, bautizó también otro término, “golpe de mercado”, para referirse a esa variante antipopular de guante blanco. Con corridas bancarias, escasez de alimentos, hiperinflación, descontento social. El periodista Horacio Verbitsky llamó a este período de “Educación Presidencial”. Los dueños del poder real, ya sea con amenazas uniformadas o desestabilizaciones financieras, dictaban a los dirigentes políticos lo que debían hacer para mantenerse en el sillón.
Lo que vino luego fue el más crudo neoliberalismo (“un salto sin paracaídas”, según el adalid de este proceso, Carlos Saúl Menem). Y al fin de toda esta época nefasta, Néstor Kirchner llegó al gobierno con el índice más bajo de aprobación y sin posibilidades de fortalecerse en el ballottage, porque Menem se bajó antes. Fue entonces que, sin espacio para intentonas armadas, y luego del desastre del sistema financiero en 2001, tomaron la posta los grandes medios.
Se recuerda aún el planteo que un alto directivo de La Nación al futuro gobernante. El plan que le proponía a Kirchner el centenario matutino de los Mitre consistía en un pliego de condiciones, pautas de “sobrevivencia” para una gestión que de otro modo, intimidaba el periódico, no llegaría ni a cumplir un año.
1- El país debe alinearse con los Estados Unidos.
2- No se debe revisar la lucha contra la subversión.
3- El presidente debe recibir en forma urgente a los empresarios.
4- Deben revisarse las relaciones con Cuba.
5- Debe generarse un mejor sistema de control del delito.
El lunes pasado, a pocas horas del triunfo de Ollanta Humala en Perú, el diario El Comercio, la versión andina de La Nación, publicó un severo editorial con un planteo similar hacia el ex militar, “acusado” de querer imponer un “régimen” como el que en Venezuela estableció Hugo Chávez. “Lo que debe y no debe hacer en economía el nuevo gobierno”, amenaza el título. “Lo que hay que hacer”, subraya un subtítulo del texto. Para reducir la pobreza le señala que el mejor camino “es aquel que convierte en empresarios a los pobres, esto es, dar a las personas más necesitadas capacidad para vender (y obtener ingresos) los recursos que tenga”. Y, cosa de que ni piense en cambiar lo que hay, esto es, el país con mayor índice de crecimiento en la década y el de peor distribución de esa riqueza del continente, le dice que para generar inversión es necesario mantener la confianza de los empresarios, “lo que incluye el respeto de las reglas de juego ya establecidas”.
Otro subtítulo, revelador también, explica “lo que no se quiere”. Y claro, no SE quiere la nacionalización de las actividades estratégicas, la creación de una empresa de telecomunicaciones del Estado y de una línea aérea de bandera. “Otra gran preocupación es la idea de reformar el sistema de pensiones, de modo que aumente el aporte al sistema estatal (para financiar una pensión a los mayores de 65 años), dejando como voluntario el aporte a una AFP”, finaliza el ultimátum.
El Comercio es el mismo diario al que renunció el escritor Mario Vargas Llosa días antes de los comicios, porque tenía una posición demasiado sesgada en contra de Humala. Una posición de rechazo lesiva de los elementales cánones del periodismo que horrorizó hasta al Nobel, al que no podría acusarse de populista ni de estatista.
Un ataque similar sufrió durante su campaña la brasileña Dilma Rousseff. Que, por traer un ejemplo, obligó a que Lula da Silva arremetiera contra ese puñado de familias que mantienen el control de los medios en el país más extenso y poderoso de Sudamérica. Algunas de esas familias se reunieron durante ese período de 2010 en un seminario para Democracia y Libertad de Expresión en San Pablo, del que participaron los mandamases de O Globo, Abril, de la revista Veja y de Folha do São Paulo, junto con un grupo de académicos afines.
“Tenemos que ser ofensivos y agresivos, no sirve reclamar después”, sentenció el periodista Arnaldo Jabor. “El PT es un partido contrario a la libertad de expresión. No hay dudas en relación a eso”, declaró suelto de cuerpo el filósofo Denis Rosenfield. “La idea de control social de los medios es oficial en los programas del PT. El partido podría haberse vuelto socialdemócrata, pero decidió que su camino sería el de la restauración stalinista. Y no casualmente el centro de esta restauración stalinista es el ataque verbal a la libertad de prensa y expresión”, completó el sociólogo Demétrio Magnoli.
Leonardo Boff, el legendario ideólogo de la Teología de la Liberación, expulsado de la Iglesia Católica por el todavía cardenal Joseph Ratzinger durante la gestión de Juan Pablo II, resumió aquellos golpes mediáticos contra la candidata petista: “En esta guerra vale todo lo factible, la ocultación de hechos, la distorsión y la mentira directa”, y definió a ese grupete de propietarios de medios como “familias que, cuando ven contrariados sus intereses comerciales e ideológicos, se comportan como “familia” mafiosa. “Son dueños privados que pretenden hablar para todo Brasil y mantener bajo tutela a la llamada opinión pública.”
Esa prensa que no toleró en Brasil el triunfo de Dilma, encontró un resquicio donde colar su agenda desestabilizadora en su jefe del gabinete, Antonio Palocci. Que sin dudas se benefició con la asesoría a empresas privadas –legal, quizás, pero moralmente cuestionable– pero también colaboró para que esas firmas acrecentaran sus propios beneficios. Por eso tal vez el costo que paga la presidencia es sólo político y no padeció un embate de eso que genéricamente se llama mercados.
El que sí los debe enfrentar, aun antes de probarse la banda presidencial, es Humala, quien el mismo lunes en que El Comercio le indicaba una hoja de ruta vio caer la Bolsa limeña más de un 12%. Una caída sin dudas “educativa”.

Tiempo Argentino, 11 de Junio de 2011