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Un bloque a la medida de Washington

Cuando en abril de 2011, poco antes de entregar el gobierno, Alan García logró cristalizar la Alianza del Pacífico (AP), muchos creyeron ver en esta iniciativa del peruano una zancadilla a su sucesor, Ollanta Humala. Porque el bloque que nacía, conformado por Chile, Perú, Colombia y México, nacía de la unión de gobiernos teñidos de una notoria impronta neoliberal. Andando el tiempo, la AP se dio el gusto en la última Cumbre Iberoamericana de Cádiz –escuálida por la ausencia de tres mandatarios del Mercosur como Cristina Fernández, José Mujica y Hugo Chávez, pero también por la suspensión de Paraguay tras el golpe contra Fernando Lugo– de mostrar sus credenciales al mundo y de incluir, como miembro observador, precisamente a España, que ante la crisis terminal de su modelo económico busca alternativas hasta debajo de las piedras y ahora mira de otro modo a América Latina.
De este modo, la AP fue la cara visible de un modelo de integración regional, en detrimento del Mercosur, que sólo mantuvo presencia con la brasileña Dilma Rousseff, tratada con algodones por los españoles porque, de paso, y a sabiendas del rol que Brasil está alcanzando entre las potencias económicas, también le podría servir para superar su encerrona.
Estos actos protocolares desnudaron, así, una crisis subterránea en la región que hasta no hace mucho se jactaba de haber construido, más allá de las diferencias, un organismo como Unasur que podría cobijar todas las tendencias de los países sudamericanos hacia un destino común, que no podría ser otro, se suponía, que sumarse a la sociedad comercial representada por Mercosur.
Pero sucede que el mercado común nacido en Asunción en 1991 representa una visión del mundo relacionada con un parque industrial bastante desarrollado pero fundamentalmente una producción agropecuaria de gran importancia para el mundo.

Dos miradas
La dificultad para juntar los dos océanos, como sugieren conocedores del tema, entre ellos, el argentino Alberto Sosa, miembro del Instituto Argentino de Geopolítica (IADEG), se basa en que el eje del Pacífico tiene una mayor producción de minerales y se ubica como punto clave en el área de mayor crecimiento de las últimas décadas y es llamado a convertirse en el centro económico mundial para el resto del siglo. O sea que hay dos miradas diferentes sobre cómo insertarse en los mercados internacionales.
De hecho, la AP representa a países que tienen tratados de libre comercio entre ellos, con Estados Unidos y también con la mayoría de las naciones del mundo. Chile es el caso más paradigmático, pero México y Colombia no le van en zaga. De allí la posibilidad más concreta de avanzar hacia otras políticas de integración, como la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas.
Más puntualmente, Chile y Colombia son fuertes en los servicios y energía, México es un importante centro regional de producción con acceso directo a la economía mas grande del mundo, y Perú ostenta niveles récord de crecimiento económico y alto nivel de producción de materias primas.
Los números fríos dicen que los 4 países tienen 205 millones de habitantes, reúnen el 35% del PBI de Latinoamérica y exportan más de la mitad de bienes de toda la región. Si se lo computara como un solo país, representaría la novena economía del planeta, con pautas similares en cuanto al rol que debe tener el Estado. Por otro lado, para integrar la AP se requiere la plena vigencia del Estado de derecho, de la democracia y del orden constitucional.
Porque todos sostienen a rajatabla una economía de libre mercado y un sistema de multipartidismo que, por ejemplo, llevó a que esos países morigeraran el castigo de Unasur a la dirigencia paraguaya por el golpe contra Lugo como así también a mantener en el último encuentro de ministros de Defensa continentales en Punta del Este las posiciones más cercanas a lo que pretende el Pentágono para su patio trasero.
No por nada la mitad de los miembros del grupo tienen una fuerte injerencia de tropas de EE.UU. en planes armados con la excusa del combate al narcotráfico, como el plan Colombia y el plan Mérida. O sea, son territorio de libre tránsito también para uniformados con la bandera de las barras y estrellas en el brazo izquierdo. Y el Paraguay de hoy no está demasiado alejado de esa «amistad» con los uniformados estadounidenses.
Cabeza de puente

A diferencia de lo que ocurría en el mundo hispanohablante en la edad de oro del Consenso de Washington, Piñera dijo que «hoy día América Latina puede ser una plataforma para proyectarse al mundo del Asia Pacífico». Y luego se ofreció como puente para el mercado español hacia los países asiáticos.
Es que el bloque se propone firmar un tratado de libre comercio con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), una alianza de 10 países de «la otra orilla» entre los que se cuentan Indonesia, Tailandia, Vietnam y Singapur.
En Cádiz, todo un símbolo, Piñera, el peruano Humala, el colombiano Juan Manuel Santos y el mexicano Felipe Calderón firmaron una declaración conjunta en la que aseguran, entre otras cosas, que durante el 2013 reducirán los aranceles internos en un 90% y que ya no habrá que tener visa para que los ciudadanos viajen de un país a otro.
«Nuestra meta es lograr que a comienzos del próximo año más del 90% de los bienes puedan circular libremente sin ningún arancel entre nuestros países», abundó Piñera.
La cita sirvió también para dar la bienvenida oficial a 5 países que se incorporaron como observadores: España, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Uruguay. Costa Rica y Panamá continúan con su estatus inicial de candidatos a miembros plenos en cualquier momento.
Mientras tanto, de este lado de los Andes, todavía resuenan los ecos de la renuncia de Samuel Pinheiro Guimarães, alto representante del Mercosur, que pegó un portazo antes de la cumbre de Mendoza donde se formalizó la suspensión de Paraguay y el ingreso de Venezuela. El brasileño alegó entonces falta de apoyo para sus proyectos de integración que denominó «Mercosur x 9», que incluían, entre otras cosas, la convocatoria a Bolivia, Ecuador, Guyana y Surinam.
Guimarães, un diplomático de carrera en Itamaraty con un bagaje de experiencia y vocación integradora que lo ubica como uno de los propulsores de Mercosur desde sus orígenes, percibía que el eje Argentina-Brasil estaba perdiendo la partida en el armado de la unidad regional tras la muerte de Néstor Kirchner y el recambio de Lula da Silva por Dilma Rousseff en Brasil. Pero por lo que se ve, su sonoro alejamiento no logró despabilar a la «alianza atlántica» sudamericana.

El neogolpismo
Guimarães denunció luego ante la prensa (ver recuadro) el «neogolpismo» en Sudamérica, «impulsado por las clases tradicionales hegemónicas que, ante la victoria (electoral) de candidatos progresistas, construyen una teoría según la cual (estos presidentes) fueron elegidos pero no gobiernan democráticamente, hacen políticas populistas, están en contra de la libertad de prensa».
Como para sopesar esto que se dice, conviene tomar en cuenta un artículo del vocero del «latinoamericanismo» proestadounidense afincado en Miami, Andrés Oppenheimer. El periodista nacido en Argentina describió en el Miami Herald a la Alianza del Pacífico como una muy auspiciosa entidad para la defensa del mercado libre y la democracia. «Los 4 miembros del nuevo bloque (…) tienen ante sí una oportunidad de oro. Sigo siendo respetuosamente escéptico sobre la Alianza del Pacífico, pero mucho menos que con respecto a los otros bloques comerciales y políticos que han surgido recientemente en la región, porque arranca con bases más concretas». Si él lo dice.

Revista Acción, 1 de Diciembre de 2012

Katiuska Blanco, la biógrafa de Fidel

Comenzó su carrera como corresponsal de guerra en Angola, siguiendo los pasos de algunos históricos revolucionarios cubanos. «Pienso en hombres como el Che –dice–, que hizo como guerrillero una labor tremenda y al mismo tiempo con su diario hizo una labor periodística. Fue él quien fundó Radio Rebelde en la Sierra Maestra. Pero antes del Che también habíamos tenido otros combatientes, por ejemplo, los de la independencia de Cuba, que fundaron el diario Cubano Libre. Otro antecedente fue Ernest Hemingway. Para nosotros, en la carrera de periodismo en Cuba, Hemingway era una personalidad venerada». Lejos ya de las trincheras africanas, Katiuska Blanco está escribiendo la biografía del líder de la Revolución Cubana casi mano a mano con él. Fidel Castro Ruz, guerrillero del tiempo es un trabajo de «largo aliento», que en los primeros dos tomos «apenas» llega hasta el 1º de enero de 1959, cuando los barbudos combatientes llegaron a La Habana para sellar el fin de la dictadura de Fulgencio Batista y el triunfo de la revolución.
–¿Angola era una opción natural para una joven periodista en ese momento?
–No resultaba tan extraño querer hacer periodismo de calidad en una contienda bélica. Además, la participación cubana en Angola era solicitada por el pueblo angoleño contra la invasión sudafricana. No era cualquier lugar sino la Sudáfrica que venía del apartheid. Por lo tanto, también tenía desde el punto de vista social, una razón de peso, profunda y también de lucha contra la discriminación racial. Por otro lado, yo recuerdo que cuando estaba en tercer año de la universidad había tenido lugar en Cuba el Sexto Pleno de la Unión de Periodistas de Cuba, presidido por Fidel. Junto con eso hubo una reunión de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba que enmarcó de alguna manera lo que después él llamó «avanzar por el camino correcto». Fue tan importante para Fidel la retroalimentación que recibió de los intelectuales y de los periodistas que eso definió, de alguna manera, un rumbo distinto en el desarrollo de la revolución. Se llamó también la etapa de la «rectificación de errores». Esto fue en 1985. Yo me gradué en 1987, pero pude participar como estudiante de tercer año de periodismo en encuentros como delegada por la universidad. Ahí tuve la oportunidad de conversar con el Comandante, de hacerle unas preguntas sobre el tema de la orientación…
–¿Era la primera vez que estaba con él?
–No, yo no lo cuento como la primera vez que estuve con Fidel porque él presidía la mesa y yo estaba como una delegada más en una sala del Palacio de las Convenciones. Pero sí creo que le mencioné el hecho de que a veces llegábamos al quinto año de la carrera y no teníamos muy definido el medio en el que íbamos a ir a trabajar. En Cuba tú terminas la universidad y el Estado te emplea. Yo pensaba que había que buscar la manera de que el estudiante supiera con cierta antelación en qué medio iba a estar para que pudiera profundizar los conocimientos específicos de ese medio.
–¿Y qué ocurrió?
–Le hablé del Congreso, porque allí se acordó que los jóvenes graduados tuvieran una especie de entrenamiento después de la carrera. Para ese entrenamiento se escogía a los que habían tenido mejores resultados y también a los más integrales. En Cuba, la selección de los mejores no la hacen los profesores ni los profesionales sino que los propios estudiantes son quienes eligen a los que están indicados en el escalafón, que no incluye sólo los resultados sino que es una discusión de la asamblea estudiantil. Recuerdo que me gradué el 16 de julio de 1987, el 3 de agosto comencé un curso de cámara de cine y de cámara fotográfica en los estudios fílmicos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), el 3 de setiembre terminamos el curso y el 13 nos montamos en el avión y nos fuimos para Angola.
–No hay muchas mujeres corresponsales de guerra. ¿Cómo fue esa experiencia en África?
–Estuve un año en escenarios de guerra. En Angola no siempre se trataba de una guerra convencional de estas que salen en las películas, sino que allí se la conocía como «la guerra de las minas», por las minas antipersonales y antitanques. No presenciamos una guerra común aunque sí había emboscadas en los caminos y demás. Por supuesto había que ir armados a todas partes. Uno iba con un arma de defensa personal, una pistola, porque era un oficial. Todos los estudiantes de periodismo en Cuba en esa etapa tenían entrenamiento militar y salíamos con el grado de tenientes. Era una guerra aburrida y al mismo tiempo no lo era, porque había hostigamiento. Escribí hace mucho tiempo una crónica titulada El sur en la memoria o algo así. Porque el sur era el territorio del espanto. Allí pasaban cosas tremendas. Estaba la invasión sudafricana pero también estaba el Movimiento Unita, apoyado por Estados Unidos y Sudáfrica. No voy a decir que no tuve temores, porque el que diga eso está mintiendo, pero el temor más grande que sentía era pensar en que a mi mamá y a mi familia les llegara una mala noticia. El sufrimiento que iba a causar si a mí me pasaba algo. Aunque a veces siento que era un amuleto para el grupo y que donde yo iba no pasaba nada.
–¿Era así?
–Creo que sí porque no me ha ocurrido nada. Y eso que fui a lugares difíciles. Estuve en un avance hacia un lugar que se llamaba Techipa, que los cubanos decían «Techipa te chupa» por lo malo que era. Hubo allí hostigamiento de E5 y E6, un tipo de artillería donde los proyectiles penetran en los refugios. Si no están bien construidos el proyectil penetra y se expande. Entonces, había que hacer los refugios con gruesos troncos, tierra, gruesos troncos, más tierra y así sucesivamente para que no causaran daños. Tuve compañeros que cayeron en esta guerra.
–¿Todos los días tenía que escribir algo?
–Sí, casi siempre. Aunque yo era muy joven, estaba recién graduada, y las fotos me salían muy mal. A veces mis trabajos no se publicaban. Todavía hoy digo que primero me muero antes que publicar de nuevo aquello que escribí porque era muy elemental. Las crónicas de Angola tenían el mérito de exaltar el valor de los jóvenes cubanos, que estaban allí cumpliendo una tarea de solidaridad muy grande.
–Todavía no llegamos al momento en el que conoció a Fidel.
–Al regreso de Angola comencé a trabajar en el periódico del partido, el Granma. Me tocó cubrir en muchas oportunidades actos oficiales, encuentros y recorridos con Fidel. Yo atendía las secciones Juventud, Familia, Educación y demás. Había escrito un trabajo que se llamaba La secundaria básica. El eslabón más débil. Fidel empezó a preguntar sobre esa parte de la educación, sobre el desarrollo de la secundaria básica en Cuba, porque era el nivel con mayores dificultades, no sólo en Cuba sino en el mundo entero. Fidel me consultó y yo respondí algo que había escrito, que había estado investigando, hablando con maestros y demás. Y de pronto me dijo: «¿Tú eres docente o especialista en secundaria?». Le dije que era periodista de Granma. Luego me preguntó mi nombre, y cuando le dije Katiuska, quiso saber cuándo me pusieron ese nombre. «Creo que el día en que nací», le contesté, en 1964. Y le conté la historia de por qué me llamaba Katiuska (ver Un nombre…). Luego pasaron años sin verlo hasta que fui a una expedición de la juventud que reeditaba el viaje del Granma. Fuimos a México e hicimos la trayectoria marítima del Granma…
–¿Quiénes hicieron ese viaje?
–Eran jóvenes cubanos. Yo iba como periodista. Con las crónicas que escribí para el periódico, ampliadas, se publicó el libro Después de lo increíble. Los compañeros de la juventud, a fin de año, me dicen: «Katiuska, envíanos dos ejemplares que ese va a ser el obsequio de la juventud cubana a Fidel y a Raúl por el aniversario del triunfo de la revolución». A los pocos días, en enero de 1993, Fidel me convocó al Palacio de la Revolución y en un momento me dice que le habría gustado hablar conmigo antes de que el libro se publicara para contarme lo sucedido. En ese momento comenzó una extraordinaria evocación de aquellos hechos. Lo vi varias veces más hasta que en 1996 me invitó a ir a Birán (su lugar de nacimiento).
–¿Eso es lo que narra en Guerrillero del tiempo?
–Claro. Es la etapa en la que empiezo a trabajar, primero como periodista y después como investigadora, en la oficina del vocero de la Cancillería cubana. Al mismo tiempo que hacía mi trabajo investigaba sobre la vida de Fidel, la genealogía, el ambiente, la vida en Birán.
–¿Se fue dando la idea del libro o lo tenía como proyecto?
–Primero se dio a raíz de que él me invitó a ir a Birán. Fidel me dijo: «Vamos y después con eso tú haces lo que quieras». Alguien que estaba al lado mío me dijo: «Deberías hacer algo de largo aliento». Yo me quedé con aquella frase, que para mí es muy poética por la musicalidad de las palabras. Me pregunté: ¿Qué será largo aliento? ¿Una crónica de 4 cuartillas, de 15? ¿Un reportaje de 100 páginas? Y cuando hablé con Guillermo Cabrera Álvarez, un maestro de periodistas en Cuba, me dijo: «Katiuska, haz un libro sobre Fidel en Birán. Si cuentas el lugar donde vivió, la gente que lo rodeó, lo que lo marcó, estás contando a Fidel, estás narrando el perfil de Fidel». Así empezó. Ese libro se publicó en 2003 y se llamó Todo el tiempo de los cedros. Paisaje familiar de Fidel Castro Ruz. No lo escribí pensando en hacer una biografía, pero de alguna manera, fui siguiendo a Fidel.
–¿Recogió testimonios de gente del lugar, de familiares…?
–Entrevisté a prácticamente todos los hermanos de Fidel en Cuba. A la hermana mayor, Angelita; Agustina Castro, su hermana menor; entrevisté a Raúl cuando faltaban pocos días para terminar el libro, porque me faltaba nada más su testimonio para tener determinadas precisiones. Porque las cronografías, los estudios en las oficinas en las que investigaba casi siempre eran sobre Fidel. Yo me preguntaba dónde está Raúl en toda la historia de Fidel. El libro se hizo con eso, con indagaciones, revisando los diarios de la época, incluso antes de que Fidel naciera. Porque el libro empieza con un capítulo que se llama «Ángel», que es la narración de la vida del papá de Fidel, desde que nació en España.
–¿En qué lugar de España?
–Una aldea gallega llamada Láncara, en la provincia de Lugo. En España, Castro no es cualquier cosa. Si buscas en las enciclopedias encuentras «la cultura castreja». Castros eran los asentamientos humanos de los celtas en España. Y sobre los vestigios de las ruinas de los celtas se edificaron los castillos romanos. En un determinado momento los nombres de las familias es «del castro tal o cual» hasta que el Castro terminó siendo un apellido. Los castros existen en toda España, pero Galicia es donde hay mayor número. Estos castros celtas tenían una característica: el gran desarrollo de las edificaciones defensivas y su capacidad de resistencia. Para nosotros esto tiene un doble simbolismo. Porque Cuba ha resistido y ha desarrollado una capacidad muy grande de defenderse. Nunca fue un país agresor, por el contrario, fue invadido, ocupado y colonizado.
–Asombrosa coincidencia, ¿no?
–Esta investigación propició, de alguna manera, que comenzara a trabajar en la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, creada por la guerrillera Celia Sánchez Manduley. Ella comenzó guardando en su mochila papelitos de la contienda o de la guerrilla y cuando éstos ya no le entraban, los dejaba en custodia de campesinos. Así se conservaron todos los documentos del Che, de Fidel, los partes, los mensajes, las comunicaciones, las órdenes que emitían. Todo eso se le debe a Celia.
–¿Cómo surge la idea de hacer una biografía de Fidel?
–Creo que Fidel tenía esa idea desde hacía bastante tiempo. Nosotros conversábamos mucho. Ya para 2009 habíamos trabajado en conjunto en cosas que él quería que yo velara en lo que respecta a la edición de libros, enmiendas y todo eso.
–¿Ya había salido el libro de Ignacio Ramonet sobre Castro?
–Sí, ya estaba publicado. A veces nos pasábamos seis meses sin conversar y otras conversábamos una semana seguida.
–Da la sensación de que cuando se enfermó, se apuró en dejar testimonio.
–Sí, en aquel momento a Fidel le preocupaba cumplir la palabra dada a Ramonet y terminar el libro. Se había dado cuenta de que al transcribir había habido errores de comprensión y entonces había habido datos que presentaban errores. Él quería leer el libro, revisarlo y que quedara una cosa bien hecha. Además Ramonet le había insistido mucho para que lo hiciera y él, por cuestiones de trabajo, no había podido. Creo que Fidel tenía esa gran preocupación porque conocía el riesgo que corría.
–Fue cuando emprendió la tarea de esta biografía que usted escribió.
–Claro. Lo que me conmovía era que más que preocupado por su vida o por vivir o morir, era el rigor y la seriedad que debía tener ese testimonio. Eso es una cosa propia de un hombre que no le tiene temor a la muerte. A partir de una de esas conversaciones que teníamos me dijo: «¿Por qué no me preparas un cuestionario inquisitorio?». Empecé a preparar un buen número de preguntas y fuimos articulando los capítulos. Yo le iba enviando los cuadernillos y él los revisaba. Nunca hizo una enmienda en las preguntas. Que las podría haber hecho porque después de todo, ¿Qué soy yo al lado de un hombre de la dimensión de Fidel? Siempre digo y he repetido cuando me preguntan «¿por qué a ti?”», que eso demuestra la humildad de Fidel. Porque podría haber aspirado a que alguien consagrado, no sólo en Cuba sino a nivel internacional, fuera el destinatario de la narración de su historia.

Revista Acción, 15 de Noviembre de 2012

El juicio del siglo en Brasil

El sistema democrático que dejó la dictadura brasileña resulta más un embrollo destinado a impedir cualquier cambio profundo en la distribución del poder que entre 1964 y 1985 diseñaron los militares que un modelo para la extensión de los derechos ciudadanos. Lo dicen los analistas más diversos y lo corroboró incluso el presidente del Supremo Tribunal Federal de Brasil, Ayres Britto, en un dictamen por el que se condenó por delitos de corrupción a tres encumbrados dirigentes del PT en una causa en la que todos los jueces que participaron de la investigación reconocieron que no hay ninguna prueba material para semejante fallo. Que se manejó sólo con indicios y aportes absolutamente subjetivos luego de la denuncia de un oscuro personaje de ese país que estuvo separado de la política durante diez años por cargos sí comprobables de corrupción. Uno de los condenados es José Dirceu de Oliveira e Silva, un ex dirigente guerrillero que integró el grupo formador del partido del ex presidente y dirigente metalúrgico Lula da Silva.

IMPACTO. La Justicia brasileña llevó el proceso hasta las últimas consecuencias pero levantó críticas en la sociedad.

Dirceu fue el factótum, también, de la gran transformación del Partido de los Trabajadores, que llevó a Lula al poder en 2003, pero que un par de años más tarde caería en desgracia por una combinación de un ataque de la derecha más reaccionaria del país, con apoyo de los medios concentrados y de una Corte de Justicia que al tiempo que intentaba demostrar dignidad en condenar actos que consideró de gravedad institucional sin evidencias, niega el derecho a investigar los delitos de lesa humanidad cometidos por uniformados en los que hay multitud de pruebas tangibles y demostrables.
Quizás la estocada final contra Dirceu y José Genoino, que era el presidente del PT al inicio de la causa, tenga que ver precisamente con el impulso que el ala izquierda del partido trabalhista le quería dar a los juicios por la Verdad –que puso en marcha finalmente Dilma Rousseff– mientras que Lula sentaba las bases para poner en marcha los cambios más profundos en la historia moderna del Brasil, bajo un sistema democrático diseñado para impedírselo.
Vida de novela

La historia de Dirceu podría ser la base para una novela. Nacido en Minas Gerais, se instaló en San Pablo donde devino en líder estudiantil en aquellos acalorados días de 1965, a poco de que los militares se instalaran en el Planalto con un proyecto económico de corte desarrollista-represivo. En 1968 cae detenido en el interior del estado de San Pablo en el marco de un congreso de estudiantes. En 1969 dos grupos guerrilleros, el MR-8 (por el día de octubre en que fue muerto el Che Guevara) y Acción Libertadora Nacional (ALN), secuestraron al embajador de Estados Unidos en Brasil, Charles Burke Elbrick. Dirceu y otros 14 presos políticos fueron liberados y deportados como parte del acuerdo para dejar en libertad al diplomático. Dirceu fue primero a México y luego a Cuba. Allí se hizo una cirugía estética y cambió su identidad para volver clandestinamente a su país, donde fue conocido como Carlos Henrique Gouveia de Mello. Ni siquiera la mujer con la que se casó entonces sabía de su pasado. Mientras tanto, la dictadura le había quitado la ciudadanía. Con la amnistía de 1979, «rehizo» su cara original y volvió a su país para fundar, unos años más tarde, el PT junto con un puñado de dirigentes obreros e intelectuales de izquierda.
Recuerda Ricardo Romero, politólogo y docente en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la de San Martín (UNSAM) y especialista en temas brasileños que renueva cotidianamente en su sitio www.politicabrasil.com.ar, que fue Dirceu el que diseñó la estrategia para la toma del poder por la vía democrática. Es decir, aceptando unas reglas de juego que no facilitaban las cosas. Lula había perdido en tres ocasiones y en el PT primó la idea de que si se quería dejar de ser un partido testimonial y de oposición era necesario armar coaliciones. Así fue que se diseñó una política de alianzas con partidos de centroizquierda primero y luego con sectores más conservadores pero dispuestos a apoyar un neodesarrollismo que prometía beneficiar a la clase trabajadora por su impulso a la producción nacional pero que iba en principio a atacar a los viejos «coroneles» de los que solía escribir Jorge Amado, esos caudillos feudales del Nordeste del país, sin ir más lejos.
De esta urdimbre nació el acuerdo con el vicepresidente que tuvo Lula, José Alencar, un empresario textil de derechas, líder de un movimiento de la Iglesia Evangelista con gran inserción en medios radiales en todo el territorio del país.
Prender el ventilador

Uno de estos aliados, Roberto Jefferson, sería el que clavaría el frío puñal por la espalda, con el apoyo de la revista Veja, en ese año de 2005 que dejaría como un gran hito para la historia latinoamericana el entierro del ALCA en Mar del Plata. Esa, que parece otra historia, quizás no lo sea tanto en vista de lo que se jugaba entonces en los medios brasileños primero y en el interior del PT después.
Según el entonces diputado Roberto Jefferson, Dirceu, a la sazón el jefe del gabinete de Lula, era el encargado de repartir sobresueldos de hasta 12.000 dólares por mes a aliados del PT gobernante para acelerar leyes esenciales para la gestión. El caso saltó a la prensa como el mensalão (literalmente «sueldón mensual») entre enero de 2003, cuando asumía el PT, y principios de 2005. Según Jefferson, que admitía no tener ninguna prueba, los beneficiarios fueron legisladores de los aliados partidos Progresista (PP, conservador) y Partido Liberal (PL, derecha, el del vicepresidente). Él mismo, como miembro del Partido Trabalhista Brasileiro (PTB), declaró haber recibido dinero del PT para financiar su campaña en el marco de la alianza interpartidaria.
El problema es que toda esa información la sacó a la luz luego de haber sido denunciado por la revista Veja en el marco de una denuncia de irregularidades en el Correo que lo involucraban directamente. Ya Jefferson había estado en el centro de los debates algunos años antes, cuando era la única espada que en el Congreso defendía a Fernando Collor de Melo en el juicio por corrupción que finalmente lo obligó a renunciar.
El caso es que Jefferson –como diría Amado– «prendió el ventilador» para defenderse del caso del Correo y acusó a Dirceu, al presidente del PT, José Genoino, y al tesorero Delúbio Soares de haber pergeñado un esquema de corrupción del que juró que el presidente Lula no tenía conocimiento.
El caso ponía en el tapete el sistema que amañó la dictadura y por el cual, resalta Romero, ningún partido puede tener mayoría parlamentaria, lo que obliga a una permanente negociación. Se lo conoce como sistema de preferencias. «Hay una doble elección: un candidato adhiere a un partido pero junta votos de manera personal. Se trata de una lista no bloqueada o plurinominal», aclara. Eso personaliza la elección y hace que la negociación sea no sólo con la oposición sino también hacia adentro del propio partido. Cada diputado tiene su base territorial a la que necesita rendir cuentas logrando dinero para obra pública o incluso para conseguir cargos a los adherentes.
Por otro lado, tienen más representación regiones con menos población a expensas de los distritos más populosos. Lo que hace que Recife tenga en comparación más representantes que San Pablo. Y no es mal visto que un dirigente pase de bando por cuestiones momentáneas. «No es raro que un diputado entre por un partido, se pase a otro en medio de una negociación clave y luego vuelva al partido original». De tal modo que cada decisión a nivel parlamentario se tiene que dar con los bloques pero también con dirigentes que tienen peso territorial.
Es así que prendió la denuncia contra el PT, acusado de haber «comprado» votos de congresistas para que le aprobaran las leyes que el gobierno necesitaba.
El problema es que no había nada que vinculara a los condenados con el llamado mensalão, más allá de que el partido pudiera haber girado fondos para la campaña de sus aliados, como señala el fallo del Tribunal, que por 6 votos a 2 consideró que Dirceu «comandó la actuación» de los operadores de un procedimiento de financiación ilegal que desvió dineros públicos para «comprar apoyos» en el Congreso a través de transferencias irregulares a dirigentes de partidos aliados.
Curiosamente el presidente del Supremo Tribunal Federal (STF), la Corte Brasileña, se descargó en un veredicto contra el sistema político en general. Así, tras condenar a los reos (a los tres se suman dirigentes y algún empresario que habría actuado de intermediario) descargó sus críticas al «modelo de gobierno de coalición» del que dijo que sólo debería existir en los períodos preelectorales. «El sentido de las alianzas es su transitoriedad», dijo Ayres Britto. «Cada partido goza de autonomía política, administrativa y financiera en gran medida. Tiene una identidad ideológica o político-filosófica que se pone en suspenso para formar alianzas en el período electoral». Una vez terminado este período, considera, «son sustituidas por alianzas tópicas, puntuales, episódicas, para la aprobación de proyectos específicos». Luego critica lo que llamó alianzas ad aeternum, «que implican un condicionamiento material a la hora de las votaciones».
Pruebas elásticas

Para agregar algo más de leña al fuego, el jurista brasileño Fábio Konder Comparato, sostiene que se le agregó una P al viejo terceto de tradicionales condenados en Brasil. Antes, ironiza, sólo eran encarcelados pretos (negros), pobres y prostitutas. Ahora se le agregaron políticos. Y cuestiona que la justicia no avance sobre otros delitos que en el marco de las instituciones de ese país se han cometido y se cometen, pero que atañen a partidos de la derecha.
Breno Altman, director del sitio Opera Mundi y de la revista Samuel, centró su análisis en el tratamiento de la prensa de temas que ensucian a personajes de la envergadura de Dirceu y golpean tan de cerca a Lula. El dato que apunta Altman es la forma en que los medios mostraron a los jueces del STF de acuerdo con el voto que fueron deslizando, ya que no emiten sentencia en conjunto.
El magistrado que ofició de relator, Joaquim Barbosa, y el revisor, Ricardo Lewandowski, son dos caras de una misma moneda. El primero, que encontró culpables de corrupción activa a los acusados a pesar de reconocer la falta de pruebas, es un héroe mediático que destacan como «la estrella, el negro que habla alemán, el mineiro que baila forró, o el juez que ama la historia y los trajes de Los Angeles y París». Lewandowski, en cambio, fue acusado de parcialidad y se lo ubica al borde de la venalidad por haber absuelto a Dirceu luego de haber registrado que no se probó una acción específica de su parte en el delito que se le asigna.
Otros jueces como Gilmar Mendes, en la visión de Altman, trasuntaron en sus dictámenes «revanchismo contra el PT», mientras que del ministro Marco Aurélio de Mello se limita a observar que «es el mismo que había dicho que el golpe de 1964 fue un mal necesario». Los demás, acota, hablaron de dignidad pero sin apelar a la presunción de inocencia, al punto que la ministra del STF, Rosa Weber, proclamó que la «elasticidad de las pruebas» permite condenar sin ningún problema. 

Revista Acción, 1 de Noviembre de 2012

China apuesta al campo

China es noticia en estas semanas por varias causas. Tal vez la principal sea que a medida que avanza la crisis económica mundial se muestra como el faro del crecimiento al que apuntan los líderes mundiales. No es casualidad que los mandatarios europeos vayan desfilando regularmente por Beijing en busca de apoyo financiero para hacer negocios o simplemente para dar señales a los mercados, que toman en cuenta las variables del gigante asiático antes de elaborar cualquier evaluación y para tomar decisiones.

MECANIZACIÓN. El gobierno impulsa la tecnificación del campo.

En estos meses, y en medio del escándalo que sepultó a uno de los más firmes sucesores de la actual dirigencia china, como es el caso de Bo Xilai –condenado él por corrupción y su esposa por asesinato– mucha tinta va a correr con relación al cambio de la cúpula partidaria en noviembre, que en marzo de 2013 implicará la renovación del Ejecutivo con el recambio del presidente Hu Jintao y el primer ministro Wen Jiabao, que finalizan sus 10 años de mandato.
Lo que no se modificará en la próxima gestión es sin dudas el lineamiento general de la economía y las metas establecidas en el 12º Plan Quinquenal, que comenzó a implementarse en 2011. En ese programa económico se establece como uno de los pilares del período alcanzar la autosuficiencia en materia alimentaria. En tal sentido, según explicó el subdirector general de Cooperación Internacional del Ministerio de Agricultura chino, Xie Jianmin, a un grupo de periodistas latinoamericanos invitados a conocer los avances en la materia del país a fines de agosto, casi al término del verano boreal, esperan en un par de años cubrir el 95% de la demanda interna de granos.
Una mala noticia para muchos países sudamericanos que –como en el caso argentino– tienen a China como uno de los principales destinos de sus exportaciones agrícolas. Basta para mostrar la situación con decir que el comercio chino-latinoamericano en ese rubro ya suma 40.000 millones de dólares al año y la perspectiva para 2013 no es menor, ya que representará el 10% del intercambio total entre los dos polos de desarrollo mundial en que se han convertido Asia y América Latina.
Misterio y apertura

Aún hoy, China aparece como un pueblo misterioso para los occidentales, que normalmente se asientan en tradiciones grecolatinas para explicar el nacimiento de su cultura. China tiene escritura desde hace unos 4.000 años y pierde sus orígenes en los abismos de la historia. Eso hace que la República Popular China de estos días hunda parte de sus tradiciones en Confucio, aquel filósofo y maestro de doctrina que vivió en el siglo V antes de Cristo y que nutre gran parte de las certidumbres en que se basa el ideario que esa sociedad tiene sobre sí misma. El otro pilar es Mao Zedong, el líder de la revolución comunista que en 1949 creó lo que llaman la Nueva China. Mao es la figura dominante en todos los documentos oficiales, es la representación del país y es la imagen de todos los billetes de la moneda oficial, el yuan.
Mao, hace exactamente 40 años, dio un imprevisible paso con su acercamiento a Estados Unidos, que selló con una histórica visita del entonces presidente Richard Nixon, obligado a renunciar dos años después por el escándalo de Watergate. Como sea, desde aquella visita China fue acercando posiciones con la potencia norteamericana, hasta que a la muerte de Mao, en 1976, y luego de un período de turbulencias, se asentó en el gobierno una cúpula partidaria que, de la mano de Deng Xiaoping, incorporó la economía china al libre mercado.
Y en efecto, desde la llamada Apertura de 1979, China fue incorporando los principales postulados del capitalismo y logró un desarrollo impactante que la han llevado a ser ya la segunda potencia económica del planeta con la expectativa de superar el volumen del PBI de Estados Unidos para 2020.
En el campo, que fue el sostén de la revolución en sus inicios, los chinos siempre tuvieron un problema difícil de resolver, aun con la reforma agraria que siguió a la revolución. Con la apertura también vendrían tiempos de cambio para el modelo agrario chino. Si bien la propiedad de la tierra es colectiva, la nueva legislación prevé que cada agricultor tenga el derecho de gestión sobre un terreno asignado mediante el llamado Contrato de Responsabilidad Familiar, con una retribución en función de los rendimientos. Este contrato puede ser transferido en una eventual herencia, pero también permite la asociación de agricultores para conformar sociedades o cooperativas. Lo que no pueden hacer es vender la propiedad definitiva de la tierra.
Un bien escaso

Es que la tierra en un país que ya tiene casi 1.400 millones de habitantes es un verdadero problema. Las cifras oficiales machacan –como para que a nadie se le olvide– que China tiene el 21% de la población mundial pero apenas el 9% de la superficie cultivable. Son, actualmente, 121 millones de hectáreas, lo que deja 0,092 hectáreas per cápita, el 40% del promedio mundial. Para complicar aún más las cosas, como toda sociedad que se precie de incentivar el desarrollo, la población tiende a querer mudarse a las ciudades en busca de otros horizontes. El dato es que unos 20 millones de personas se incorporan a la vida urbana cada año, aun a pesar de que todavía existe lo que se llama el «hukou» o registro civil, una legislación tradicional en el Oriente Extremo que limita los movimientos de la población, ya que los emigrantes en las ciudades resignan algunos de sus derechos de educación y hospitalización gratuitos.
Es la urbanización más acelerada en la historia del hombre, que ubica ya a la mitad de la población china viviendo en centros urbanos. Lo que obliga a construir nuevas ciudades y a desarrollar carreteras y parques industriales, y de este modo se van suprimiendo áreas cultivables en forma constante. Se calcula que por esta razón se van perdiendo 200.000 hectáreas anuales de tierras productivas.
El gobierno, a la vez que impulsa la creación de colosales emprendimientos inmobiliarios para que la mudanza no sea además un problema medioambiental, hace lo posible para retener a los pobladores en sus campos. Así, mientras viene eliminando otra tradición milenaria como la de los impuestos agrarios, genera el desarrollo tecnológico en la producción y mejora los ingresos de los campesinos. Por un lado, la Academia de Ciencias Agrarias desarrolla investigación en todas las áreas de incumbencia, desde la producción de granos, la ganadería y la pesca. Tiene incluso un Instituto de la Batata, sin ir más lejos.
De este modo, en las zonas más deprimidas, según los datos oficiales, los campesinos han pasado de ingresos por 1.275 yuanes (unos 200 dólares) en 2001 a 3.270 yuanes (515 dólares) en 2011, mientras que un ganadero puede sobrepasar incluso los 10.000 yuanes (unos 1.575 dólares). La pobreza , de acuerdo con las mismas estadísticas, bajó en las zonas agrícolas de poco más de 94 millones de personas en 2000 a 27 millones en 2010.
Pero como la mecanización es un fenómeno indetenible, y en vista de los rendimientos que necesitan para cubrir su cada vez más explosiva demanda interna, los agricultores van construyendo cooperativas de producción, que normalmente trabajan con cooperativas de conductores de las maquinarias. En muchos de esos emprendimientos el Estado es el tercer socio, con su aporte en tecnología e investigación a través de laboratorios diseminados a lo largo y ancho del territorio. En todo el país hay 521.770 cooperativas conformadas por 41 millones de familias. Las unidades de gestión organizadas abarcan, a su vez, a 110 millones de familias.
Gengis Khan

Otro rubro en el que China aspira a crecer es en la ganadería. La invitación a los periodistas latinoamericanos incluía un recorrido por las legendarias praderas de Gengis Khan, el conquistador mongol que unió pueblos nómades en el norte de China hasta ocupar gran parte de Asia entre 1170 y 1220. Allí, entre la región de Manchuria y la provincia autónoma de Mongolia Interior, los descendientes de aquellos pueblos guerreros aún viven en carpas tradicionales, las yurtas, o construyen sus viviendas de ese formato circular pintadas de blanco con arabescos azules que les vienen de sus ancestros. Muchos van sumando a sus explotaciones de ovejas la incorporación de vacas lecheras y la creación de tambos con las más modernas maquinarias. Se extiende también en esta región la conformación de cooperativas, lo que les facilita el acceso a créditos y racionaliza costos. El Estado también suele ser una de las patas de las sociedades.
Pero la producción y el consumo de lácteos todavía es incipiente en un país que no tenías estos productos como una parte esencial de su alimentación. Así lo explicaban en una de las plantas elaboradoras de leche de la provincia de Heilongjiang, Wondersun, un emprendimiento que une capitales privados de Taiwán y un 66% en manos estatales y que tiene cerca de 20 plantas en toda China. «Nuestro mercado –decía uno de los directivos– , tiene todo para crecer: en China se consumen 17 litros de leche y derivados por persona por año contra 200 de Europa».
Pero para crecer, sin embargo, deberán cambiar la imagen que quedó en el mercado tanto local como exterior luego de un sonado caso de contaminación masiva con leche para bebés. El incidente se remonta a 2008, murieron 5 bebés y fueron internados de gravedad cientos de miles en todo el país luego de haber consumido leche con un agregado mortal de melanina, un producto rico en nitrógeno que se usa en la industria maderera y que puede servir para «disfrazar» la dilución de la leche. Uno de los empresarios detenidos dijo que la había agregado para disimular el olor de la leche vacuna y aumentar su contenido en proteínas.
El hecho reveló una ineficaz tarea de inspección, pero también puso a prueba la capacidad de las autoridades para enfrentar situaciones límite. Porque en los primeros días los responsables de los distintos distritos involucrados esquivaron las respuestas, lo que generó la ira de muchos sectores de la sociedad. Había por lo menos 69 marcas de 22 compañías chinas diferentes involucradas en el caso pero el daño fue para la industria en su conjunto.
Los empresarios y las autoridades gubernamentales están seguros de haber aprendido la lección. Por eso abrieron sus puertas a la prensa occidental en un intento conjunto por mostrar no sólo sus logros tecnológicos sino las nuevas reglas de seguridad de sus plantas, que incluyen la certificación de la Organización Internacional de Normalización (ISO) que establece y verifica la gestión continua de calidad en todos los procesos industriales.

Revista Acción, 15 de Octubre de 2012