por Alberto López Girondo | Mar 15, 2013 | Sin categoría
Cuando se producen cambios tan llamativos en una institución más que milenaria y sobre todo tan intrigante como la Iglesia Católica romana, uno está obligado a hacerse preguntas. Mucho más si los cambios implican incógnitas en dos sentidos, como ocurre con la designación de un jesuita nacido en Argentina para el trono de Pedro. Un hombre que, además, adopta el nombre de Francisco, con la carga de significados que ya se esbozó largamente desde el miércoles. ¿Quién cambió más, la institución o la orden que por primera vez en casi 500 años de vida coloca a un soldado de Ignacio en el Vaticano?
Porque es bueno recordar que la Compañía de Jesús sufrió todo tipo de persecuciones a lo largo de su existencia. Y las sufrió de los sectores más poderosos de la sociedad y de la propia jerarquía religiosa, que le había dado vía libre con Pablo III en 1540 para que se constituyera como una orden mediante la bula de confirmación Regimini militantis ecclesiae (Gobierno de la Iglesia militante). Toda una definición, porque al frente de la Compañía de Jesús hay un sacerdote con la dignidad de general. No otra cosa que fervorosos militantes –y nada menos que eso– fueron los seguidores de la Sociedad de Jesús.
Jorge Bergoglio, el papa nacido en el porteño barrio de Flores de una familia italiana, dijo al asumir, con tono de sorna, que lo habían ido a buscar «al fin del mundo». Visto desde Roma, antiguamente el centro de todos los caminos posibles, seguramente se verá a este rincón del planeta como el confín de la Tierra. Sin embargo, fue aquí donde los jesuitas concretaron su experimento más exitoso y a la vez peligroso para los poderes establecidos.
Porque el proyecto original de ese batallón de combatientes de la fe era enfrentar el cisma que devino en la reforma protestante en la Europa central y que Roma percibía como una estocada final contra su poder. Pero el triunfo no estaría en el Viejo Continente, como se llamó, sino en el Nuevo Mundo. Allí, en las selvas paraguayas, en el corazón de América del Sur, sacerdotes de la compañía lograron seducir a través del arte del violín –según se muestra en la película La Misión, con Jeremy Irons y Robert de Niro– a las poblaciones guaraníticas para convertirlas no sólo al catolicismo sino también a la civilización «occidental». Allí construyeron una treintena de misiones entre lo que hoy es Paraguay, este de Bolivia, norte de Argentina y Uruguay y el sur del Brasil.
¿Es este el fin del mundo? Los primeros sacerdotes europeos que encararon el desafío pensaron que las comunidades originarias de esa zona selvática eran nómades. Tardarían en descubrir que en realidad se estaban desplazando en busca de una utopía, la Tierra Sin Mal. Los himnos de los mbyá –una de las etnias guaraníes– señalan que esta es «la morada imperfecta» o «la tierra enferma». En ella reinan los males y el tiempo transcurre circularmente. En la Tierra Sin Mal –decían que estaba más allá del Poro Guazú Rapytá o Gran Mar Originario, quizás cruzando Los Andes– no existía ni el sufrimiento ni la muerte. No era como el Paraíso, adonde uno llegaba sólo en alma. Es que uno vivía para siempre sin daño alguno.
Sobre esta base los jesuitas construyeron su paraíso terrenal. Funcionaban como verdaderas repúblicas y permitieron el ingreso de un pueblo originario en las tecnologías del momento. Llegaron a producir alimentos y a montar una industria incipiente más desarrollada que la de los colonos españoles y portugueses, que pronto los vieron como una molesta competencia. Podrá decirse que los jesuitas eran parte del imperio. También puede decirse que fueron apenas una ONG progresista. El caso es que lograron que las misiones fueran unidades de producción que además de más eficientes que las de los europeos, no utilizaban mano de obra esclava y fomentaba la liberación de los indígenas. Luego también serían refugio de la persecución de los bandeirantes que cazaban indios para reducirlos a esclavos, como el personaje de De Niro en La Misión.
Tanta fue la presión de los colonos sobre las autoridades en cada lugar donde estuvieran que la Compañía tuvo que irse de Portugal, a instancias del marqués de Pombal, primer ministro de José I, quien expulsó a la orden en 1759. Luego, Carlos III la «invitaría» a retirarse de los territorios de la Corona española por medio de la Pragmática Sanción de 1767. Poco más tarde, en 1773, Clemente XIV cedió ante los reyes de Francia, España, Portugal y de las Dos Sicilias y directamente suprimió a jesuitas de la Iglesia. Volverían a las lides en 1814, luego de la Revolución Francesa. Otra vez serían útiles para combatir el desviacionismo secular.
La obra de la Compañía en la región fue tan firme y permaneció tanto tiempo en el imaginario popular que sin ellos no se explica el Paraguay de Gaspar José de Francia, educado por la orden en Córdoba. Ni el Paraguay de los López, destruido en 1870 por el liberalismo mitrista.
El territorio jesuítico coincide en su mayor parte con el núcleo de lo que es el Mercosur original. Asunción, incluso, es una «ciudad madre de ciudades», y desde allí partió Juan de Garay para crear Santa Fe y fundar definitivamente Buenos Aires. Y allí, en Asunción, también nació el Mercado Común del Sur en 1991. En la capital paraguaya, el año pasado, un golpe antidemocrático puso la primera pica en el corazón de esta nueva América del Sur, al expulsar del gobierno a un ex obispo también educado por jesuitas, Fernando Lugo.
Mucho hablan los medios opositores del enfrentamiento de los Kirchner con Bergoglio y leen la designación del hincha de San Lorenzo como la respuesta institucional de la Iglesia ante un gobierno poco adepto al diálogo. En vista de la historia de los jesuitas, seguramente estos encontronazos le hayan otorgado una medalla a la hora de postularse.
Mucho se habló también de la postura conservadora de Bergoglio en varios aspectos en que la sociedad fue avanzando en estos últimos años, como el matrimonio igualitario o los debates por el aborto. También se mencionó su paso por Guardia de Hierro, algo que lo distancia de Cristina sobre la perspectiva con que se juzga a los ’70 en el país.
La elección de un soldado de Iñigo López Sánchez de Loyola como Papa, cuando el cuarto voto de la orden precisamente es el de obediencia al Papa, resulta una curiosidad, ya que era el único de la Compañía que estuvo en el cónclave. En 2005 tal vez la Iglesia no estaba aún preparada para dar el salto. Ahora, amenazada por una descomposición interna que ya no se puede ocultar, y ante la pérdida de devotos en el mundo y de militantes en el terreno de la fe, parece haber apostado nuevamente por esos que la estuvieron salvando en el último medio milenio.
El crecimiento de los países emergentes sudamericanos, con eje en las antiguas misiones, tampoco es un dato que deba desatenderse para el análisis. Tampoco la elección de un nombre tan caro para los sacerdotes y creyentes más inclinados a la Opción por los Pobres, que alude sin dudas a San Francisco de Asís, aquel hijo de rico que dejó todo por los que menos tenían.
¿Será Francisco el Papa para construir la otra Iglesia que se espera en estas regiones o el que, como Juan Pablo II hiciera con la Unión Soviética, derrumbará el proyecto de integración latinoamericana? ¿Ocultó sus verdaderas intenciones para llegar al trono y ahora mostrará el rostro de jesuita-franciscano auténtico? Eso está por verse. Por lo pronto, haber dicho que llegó a Roma desde el fin del mundo no parece una buena señal.
Porque desde hace algunos años esta parte del planeta anda queriendo demostrar que una Tierra Sin Mal es posible.
Tiempo Argentino, 15 de Marzo de 2013
por Alberto López Girondo | Mar 15, 2013 | Sin categoría
Uruguay se enfrenta al tramo final de un litigio que por insólito no deja de resultar revelador acerca del rol de las multinacionales y sobre el alcance de las políticas nacionales en esta etapa de la globalización. El resultado de la causa que la tabacalera Philip Morris inició hace exactamente tres años ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) es esperado con ansiedad por todos los organismos de salud y de lucha contra el tabaquismo internacionales.
Como se sabe, el CIADI es el organismo del Banco Mundial puesto en marcha a fines de los 60 para la solución de disputas entre los gobiernos y los capitales globalizados. «Una de sus finalidades es dotar a la comunidad internacional con una herramienta capaz de promover y brindar seguridad jurídica a los flujos de inversión internacionales», dice entre los considerandos de su fundación.
Como también conoce cualquiera que cruzó alguna vez «el charco» en este último lustro, las leyes uruguayas en cuanto al consumo de cigarrillos y la publicidad en las marquillas son mucho más severas que en otros países. De hecho, Uruguay es el modelo que exhibe la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la prevención de ese flagelo del mundo moderno que es el tabaquismo.
¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? La historia arranca con la llegada del Frente Amplio al poder, hace 8 años. El primer presidente de la agrupación de centroizquierda que rompió con el bipartidismo oriental fue Tabaré Vázquez, un reconocido oncólogo entre cuyas promesas de campaña figuraba precisamente convertir al «paisito» en un territorio libre de humo de tabaco. Un año más tarde cumpliría al dictar una ley por la que Uruguay sería la quinta nación del mundo y la primera de América Latina en establecer estrictas prohibiciones de fumar en ámbitos públicos y de hacer publicidad de cigarrillos.
La medida obviamente fue aplaudida por la OMS y todos los que en el mundo combaten esta adicción legal que causa millones de muertes al año por enfermedades ligadas con el consumo de tabaco, principalmente cáncer.
Pero como también es obvio, las tabacaleras no se quedaron contentas porque sospechaban lo que luego ocurrió, y es que la decisión del gobierno prendió en el resto del continente y también en el mundo, al punto que hoy son 60 los países –entre ellos Argentina– que prohíben fumar en espacios públicos y limitan la publicidad o imponen advertencias cada vez más alarmantes en las marquillas. Es así que Philip Morris, una de las mayores compañías del mundo en el rubro, elucubró un insólito recurso para, como dicen las autoridades uruguayas, castigar la «insolente» decisión de Tabaré, luego refrendada e incrementada durante la gestión de su sucesor, José Mujica, que la considera una política de Estado.
Acuerdos multilaterales
La respuesta de la tabacalera vendría por el lugar menos pensado y en febrero de 2010 planteó una demanda ante el CIADI por considerar que el Estado uruguayo violó el tratado de inversiones firmado con Suiza, el territorio donde la multinacional tiene su sede administrativa. El caso, como aclara la firma (ver Razones…), se refiere específicamente a la regulación de la forma y presentación de los paquetes y jura que no tiene nada que ver con la limitación en el consumo en espacios públicos. Dice que la normativa oriental contraría los acuerdos de inversión y afecta la seguridad jurídica de los capitales invertidos en Uruguay. Como resarcimiento, pide 2.000 millones de dólares.
Un punto que destacan todos los que estudiaron el tema, entre ellos varias ONG internacionales, es que la facturación anual de Philip Morris ronda los 80.000 millones de dólares anuales, y por lo tanto duplica el PBI de la República Oriental del Uruguay. Y que reclama una compensación que equivale al 7% del producto económico total de los 3,4 millones de uruguayos durante un año, que deberían tener que aportar unos 590 dólares por persona. Es interesante resaltar además que según la OMS, el tabaquismo provoca la muerte de unas 5 millones de personas al año y genera pérdidas relacionadas con la atención médica o ausentismo laboral de alrededor de 500.000 millones de dólares en el mismo período.
«Nuestro pequeño país es un laboratorio de enfrentamiento con una multinacional que tiene mucho que ver con el comercio del tabaco y con todo lo que significa», consideró el presidente Mujica al inaugurar en noviembre de 2010 la IV Conferencia de las Partes sobre el tratado de la OMS para el control del tabaco, que se desarrolló en Punta del Este en el marco de la demanda de Philip Morris.
El encuentro congregó durante seis días en la ciudad balnearia oriental por antonomasia a representantes de casi 170 naciones y un puñado de ONG que tomaron ese conflicto como un antecedente para futuras controversias con las multinacionales. Campaign For Tobacco Free Kids, la American Cancer Society, la World Lung Fundation y la International Heart Foundation, entre otras, no quisieron quedar al margen de la cumbre e incluso loaron al gobierno uruguayo al que celebraron «por su liderazgo en la implementación de políticas para el control del tabaco y su decisión de enfrentarse a las tabacaleras». Lo curioso es que también se plegó al apoyo el alcalde de Nueva York, el conservador Michael Bloomberg, quien llamó por teléfono a Mujica para ofrecerle «toda la ayuda posible» y decirle que estaba «hombro con hombro» en esta patriada. Y donó 500.000 dólares para la causa.
El ex presidente Vázquez pronunció entonces un discurso que para los antitabaquistas resulta memorable: «La empresa está interesada en darle un escarmiento a Uruguay e intimidar a otros países que sigan su rumbo. Philip Morris no ahorrará recursos para lograr su objetivo. Tiene mucho dinero y el dinero tiene mucho poder, el de la frivolidad y la corrupción». Y recordó que de allí viene la oposición feroz a las leyes contra el cigarrillo, «(esa oposición) no parte de los fumadores uruguayos, que los hay y muchos, ni de los comerciantes que venden productos de tabaco, que también los hay y con derecho a hacer buenos negocios».
Fuera del recinto, integrantes de la Asociación Internacional de Productores de Tabaco (ITGA, por su sigla en inglés), que se arrogan la representación de cultivadores de 26 países, se quejaban de que se les hubiera negado la posibilidad de participar como observadores en la conferencia. «El objetivo era mostrar el terrible impacto que tendría en millones de pequeños y medianos cultivadores la aprobación de los artículos en los que figura la prohibición de utilizar ingredientes en los productos con tabaco». Precisamente estos ingredientes son los que los estudios científicos demuestran que aumentan el riesgo de enfermedades y además incentivan la adicción al tabaco.
«A medida que las ventas a los países en vías de desarrollo son cada vez más importantes para los gigantes del tabaco, estos incrementan sus esfuerzos alrededor del mundo para combatir las duras restricciones a la comercialización de cigarrillos», publicó entonces otro diario neoyorquino de fama mundial, The New York Times, en un artículo dominical sobre ese encuentro de fines de 2010 en Punta del Este.
Dinero para gastar
Hace algunas semanas, cuando comenzó esta nueva etapa del juicio, el canciller Luis Almagro recordó el amplio apoyo de la comunidad internacional a la posición oriental, sobre todo a través de argumentos brindados por la OMS y de la experiencia de Australia en su lucha contra las tabacaleras. Es que el año pasado la justicia australiana desestimó un juicio de Philip Morris sobre los mismos puntos y las autoridades lograron avanzar con su propuesta de cajillas únicas y sin publicidad para todas las marcas de cigarrillos. El planteo de la multinacional es por algo menos rígido: en Uruguay las normas obligan a colocar imágenes por cierto dramáticas sobre el mal que produce el cigarrillo y que tienen que ocupar el 80% de la superficie de los atados. También considera engañosa la oferta de productos suaves o light ya que son igualmente dañinos para la salud.
De cara a la OMS, las cifras oficiales indican que sólo en el primer año de vigencia de la ley, el consumo en Uruguay se redujo un 25%, los infartos al miocardio disminuyeron 17% y también bajó la presencia en el aire de partículas derivadas del consumo. Mientras tanto, el juicio avanza en el CIADI, que ya escuchó a las partes y en un par de meses emitiría dictamen. ¿Qué podrá decidir, teniendo en cuenta que se trata inversiones de dinero contra el valor de la vida humana?
Es difícil decirlo, pero quizás la respuesta de Josefa Sicard-Mirabal, directora de América del Norte de la Corte de Arbitraje Internacional a un medio oriental, aporte algo de claridad: «Es un tema muy interesante, porque en el reclamo se confrontan lo que permite o no la Constitución y las acciones de una entidad poderosa que tiene dinero para gastar».
Revista Acción, 15 de Marzo de 2013
por Alberto López Girondo | Mar 8, 2013 | Sin categoría
Al tiempo que la muerte de Hugo Chávez ocupaba las portadas en la mayoría de los medios internacionales y llenaba de dolor a sus seguidores no sólo de Venezuela sino del resto del continente, las caracterizaciones sobre su legado ocuparon ríos de tinta. Era obvio que quienes ven en su paso por este mundo al iniciador de la ardua lucha por sacarse de encima «la larga noche neoliberal» de Latinoamérica iban a encumbrarlo. Como también era natural que desde las trincheras de los poderes concentrados, a los que el líder bolivariano atacó desde que en 1992 intentó voltear al gobierno de Carlos Andrés Pérez, iban a continuar con la tarea de demolición de su imagen. Convertida en la de un autócrata de la peor calaña por lo menos. Aunque las lágrimas de millones de personas en todo el mundo lo desmientan.
Pero hay algunos hechos curiosos en este clima de fervor democrático desatado desde el martes, con las diversas interpretaciones sobre lo que la democracia sea. Un par de días antes de la muerte del venezolano, un Barack Obama acosado por el abismo fiscal, ese nubarrón que puede oscurecer su segundo mandato, se había explayado en una de estas disquisiciones.
Sucede que el déficit estadounidense sobrepasa todo límite. Para poder seguir manteniendo al Estado en funcionamiento, el inquilino de la Casa Blanca necesita una ampliación de Presupuesto. Pretende hacerlo aumentando impuestos a los más ricos. Una medida de estricta justicia social, como indica el presidente ante cuanto micrófono le ponen adelante. Pero allí choca con el fundamentalismo de los republicanos. Enceguecidos un poco por su credo ultraneoliberal y otro mucho porque saben que así liman las posibilidades de que otro demócrata suceda al primer presidente negro en la historia de Estados Unidos. Por eso pretenden forzar recortes en los planes sociales y en los de sanidad, la única medida revolucionaria que puede exhibir Obama.
Como no había forma de salir del entuerto, Obama desafió a los periodistas que lo esperaban en la Casa Blanca al término de una reunión con los jefes de los bloques partidarios. «Denme un ejemplo de lo que yo podría hacer», les espetó, con la mirada tensa, luego de informar que si no había novedades en pocos días se puede paralizar a la principal potencia económica del mundo y dejar en la calle a 750 mil estatales. «¿Por qué no encierra a los líderes del Congreso en una habitación hasta que lleguen a un acuerdo sobre los recortes al gasto público?», ensayó un reportero. Obama le respondió, solemne: «No soy un dictador, soy el presidente», y luego recurrió a la saga de Star Wars para explicar que no puede hacer como un Jedi y «traer a los republicanos al lado luminoso de la fuerza para convencerlos de que hagan lo correcto».
No se sabe si Obama leyó el ejemplar de Las venas abiertas de América latina que Chávez le regalara en su primer encuentro en la Cumbre de 2009 en Trinidad y Tobago, pero al conocerse la noticia sobre la muerte del líder bolivariano señaló que «en Venezuela se inicia un nuevo capítulo en su historia. Estados Unidos sigue comprometido con políticas que promuevan los principios democráticos, el Estado de Derecho y el respeto de los Derechos Humanos». Luego pidió una «relación constructiva» entre ambos países, que desde 2010 no tienen embajadores, justo cuando el vicepresidente Nicolás Maduro anunciaba que expulsarían a dos diplomáticos estadounidenses por conspirar contra el gobierno.
La relación de Chávez con EE UU nunca fue del todo buena, a pesar de la importancia que tiene la exportación del petróleo para la economía venezolana y de que todavía la principal cadena de estaciones de servicio en el país del norte, la Citgo, sigue estando en manos de la petrolera PDVSA.
Con Obama las cosas no podían cambiar, porque los mismos arquitectos de la imagen nefasta de Chávez son los que pintaron al demócrata como un filosocialista y lo acusan de haber querido parecerse al bolivariano. Baste observar lo que los republicanos, los mismos que bloquean su presidencia en el Capitolio, dijeron del fallecido presidente de Venezuela.
El titular de la comisión de Relaciones Exteriores del Congreso, el representante por California Ed Rolyce, escribió en un comunicado que «Chávez fue un tirano que forzó a su pueblo a vivir con miedo. Su muerte merma la alianza de líderes izquierdistas anti EE UU en Sudamérica. ¡Qué alivio!»
La republicana por Florida Ileana Ros-Lehtinen no se quedó muy atrás, y en otro comunicado anotó que la muerte «del dictador venezolano» es una «una oportunidad» para que Venezuela recupere «la democracia y los valores humanos» y celebró «el fin de su tiranía».
Al sur del continente circuló en la web un texto de Victor Hugo Lettieri que vale la pena reproducir. «No hizo ninguna guerra, no invadió ningún país, no tiró ninguna bomba nuclear, no tuvo ningún Guantánamo, no robó ningún recurso natural, no cerró las fronteras, no le impuso ningún bloqueo comercial a otro país, no cerró el Congreso, ni prohibió a los partidos opositores, no secuestró, ni torturó, ni asesinó, ni se apropió de los hijos de sus enemigos, no fusiló a quienes le hicieron el golpe de Estado de 2002, ni clausuró Globovisión, el principal canal opositor que alentó el golpe. Pero cometió el imperdonable pecado de quitarle el manejo del petróleo a EE UU, redistribuir el ingreso con los sectores más pobres, darles educación, salud, trabajo, vivienda y la osadía de ganar 14 elecciones libres, democráticas y sin fraude. Esto lo convierte en un temible dictador.»
Para demostrar que aquí también se cuecen habas, tal vez un artículo de Emilio Cárdenas haya sido el que más virulencia destiló en estos lares. Nacido Emilio Jorge Cárdenas Ezcurra, emparentado con la familia de la esposa de otro «dictador», Juan Manuel Rosas, y educado en el Colegio Marista de Champagnat, el hombre es un liberal a la manera argentina. Esto es, privatista a ultranza y defensor de un concepto de democracia que abomina de todo populista bien nacido, incluso a su lejano pariente estanciero. Simpatizante por lo tanto de regímenes que no dudaron en fusilar o desaparecer personas en distintas épocas de nuestra historia sin ir más lejos.
Algo más acá en el tiempo, Cárdenas fue socio del estudio letrado de Juan Carlos Cassagne, quien asesoró a Roberto Dromi en las privatizaciones. También tildó de cleptocracia (gobierno de ladrones) a la administración de Carlos Menem. Pero no dudó en aceptar el cargo de embajador permanente de Argentina en la ONU, entre 1992 y 1996. Y se presenta con ese «ex» cargo como el principal mérito en su carrera, que incluye asesorías y representaciones de entidades financieras internacionales.
Sobre Chávez escribió una columna en el diario La Nación bajo el título de «Un líder de mil perfiles». Una pincelada acerca de esos mil perfiles según Cárdenas: «Hay ciertamente muy distintas formas de recordarlo. Como déspota revolucionario; populista pragmático; obsesivo del poder, con una sed que sólo apagara la muerte; caudillo autoritario; encantador de serpientes; generador genial de esperanzas; revanchista insaciable (…) Con un discurso irrespetuoso, agresivo, descalificador e intolerante a la vez, dividió a su pueblo y a la región toda, como nunca hasta ahora (….) concentró todo el poder institucional en sus manos y sometió a la justicia; restringió la libertad de expresión e información, y renunció a la protección de los derechos humanos y de las libertades individuales que contiene el Pacto de San José de Costa Rica, lo que –a nivel regional, por cierto– no es muy diferente a darle la espalda impunemente a la misma Declaración Universal de los Derechos Humanos (…) Dejó al irse un legado que, para algunos, puede resultar atractivo y que para otros es tan sólo una expresión de su vértigo por la omnipotencia con el perfil típico de los dictadores».
Unas palabras de Eduardo Galeano, el autor de Las venas abiertas…, también son furor en la web. «Es un curioso dictador (Chávez). Ganó ocho elecciones en cinco años. Y ahora, recientemente, se sometió a un referéndum en el que preguntaba a los venezolanos si querían el modelo de Estado que él proponía. (…) Y ganó con el 60%. Uno enciende la televisión venezolana y lo primero que ve es a miles de »periodistas» diciendo que en Venezuela no hay libertad de expresión. Uno enciende la radio venezolana y hay miles de »periodistas», analistas, opositores de Chávez, diciendo que allí no hay libertad de expresión. Y uno abre el diario venezolano y hay un título enorme que dice: Aquí no hay libertad de expresión (…) Extraña dictadura y extraños demócratas».
Qué no daría Obama por atreverse a encerrar a republicanos y demócratas en una habitación sólo para que pensaran en las consecuencias que los recortes presupuestarios tendrán para la vida de millones de personas en Estados Unidos.
Tiempo Argentino, 8 de Marzo de 2013
por Alberto López Girondo | Mar 6, 2013 | Sin categoría
Era el único que podía derrotar a Hugo Chávez, y lo terminó doblegando. El hombre que enalteció los mejores ideales de un pueblo y despertó los de una región entera no pudo más. Como para demostrar que era humano, demasiado humano, sucumbió ante la enfermedad. Se fue antes de tiempo, con la obra avanzada pero aún por concluir. Como otros en la historia de este castigado continente.
Pero no se fue como Bolívar, solo y desencantado por la vileza de algunos de sus contemporáneos –más proclives a la traición que a la construcción– a los 47 años, en la Quinta de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, de la actual Colombia. Sintiendo que había arado en el mar.
Tampoco se fue como San Martín, que prefirió retirarse a Boulogne Sur Mer antes que inmiscuirse en una guerra fratricida fruto de miserias humanas no muy diferentes a las que acosaron al libertador venezolano. Ni como Artigas, que eligió terminar sus días en el Paraguay de Gaspar Rodríguez de Francia antes que levantar sus armas contra hermanos rioplatenses.
Chávez murió luego de haber triunfado 13 veces sobre sus adversarios, a esta altura convertidos en enemigos repletos de odio. En elecciones impecables y por diferencias incontestables, como para desmentir a esos que lo tildaban de autoritario y antidemocrático y que pintaron una imagen de monstruo moderno capaz de las mayores iniquidades.
Poco importa ahora lo que digan aquellos que confiaban más en la acción de las células malignas que en propuestas convincentes para lograr el amor de las mayorías. Porque en realidad lo único que tienen para ofrecer es para pocos y de mala forma. Cosa que los pueblos, en su perspicacia, no ignoran. Ellos, los que ahora brindarán por su muerte, no serán llorados ni llenarán de tristeza las calles. Ni encontrarán una línea amable cuando se escriba la historia de estos días.
Chávez no aró en el mar. Y así como otros movimientos políticos de la región encontraron el líder que continuara con ese proceso de cambio, también Venezuela tiene un semillero de dirigentes preparados para continuar la obra iniciada con la Revolución Bolivariana.
Mientras tanto, la derecha y los poderes ligados al establishment apostarán a la división interna en el chavismo. Saben cómo hacerlo, también ellos son bicentenarios en su infamia. Conocen los poderes del mundo dónde apretar las clavijas para intentar socavar la fe de una sociedad en su destino común. De otro modo, el ideal de la Patria Grande se hubiese construido hace mucho y sin derramar sangre inútilmente.
Pero detrás del gobierno venezolano no sólo está un país sino un continente encolumnado en los países de CELAC, su creación póstuma. La Unasur, que creció de la mano de Néstor Kirchner ya había dado muestras de su eficacia cuando logró sentar al flamante presidente colombiano Juan Manuel Santos con Chávez para evitar una guerra promovida por la derecha más reaccionaria.
Esas instituciones ahora más que nunca deberán velar por mantener firmes las convicciones y solidificarse en las propuestas de soberanía popular. Pocas veces en estos 200 años hubo tanta certeza de que la integración es posible y de que para evitar un retroceso es necesario mantener la unidad.
Queda en el poder Nicolás Maduro, un ex dirigente sindical del transporte que ahora va a poder demostrar de qué madera está hecho. Un líder que, como decía Napoleón, tenía el bastón de mariscal en la mochila para hacerse cargo de la situación cuando fuera necesario.
Chávez lo ungió desde la escalerilla del avión que lo llevó a La Habana. Cuando ya pensaba que podría no volver a ocupar la presidencia y pidió que lo votaran en su remplazo. Ahora podrá demostrar por qué es el elegido.
El continente también deberá estar a la altura del desafío que planteó el presidente bolivariano cuando en 1999 llegó por primera vez al Palacio de Miraflores para romper con el pasado. La región también deberá demostrar de qué madera están hechos estos pueblos y no dar pasto a los caranchos que sobrevuelan desde hace tiempo con los más diversos ropajes.
Tiempo Argentino, 6 de Marzo de 2013
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