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La maquinita y el negocio de la deuda

Hace seis años Karen Hudes fue despedida del Banco Mundial, donde había trabajado por dos décadas. Graduada en Derecho en la exclusiva Universidad de Yale, la mujer integraba el departamento jurídico de la institución creada en el marco de Naciones Unidas para apoyar el desarrollo y el combate a la pobreza. Vio muchas cosas en esos veinte años la señora Hudes, y contó todo a sus superiores; y hasta elevó informes a las autoridades estadounidenses, ya que por un acuerdo tácito el presidente del BM siempre era un norteamericano a cambio de que el FMI estuviera en manos de un europeo. Hasta que un día, por sus denuncias sobre la corrupción imperante en la institución, la llevaron de patitas a la calle, no sin haberle agradecido antes los servicios prestados y tratando de que no hiciera demasiado ruido.
Ahora Karen Hudes es lo que en inglés se conoce como whistleblower. La versión más callejera del término sería ‘soplona’. La más elegante, ‘denunciadora’. Es la palabra con que se denomina al soldado Bradley Manning y al más reciente Edward Snowden. Ella mantiene su posición y volvió a la abogacía para mantenerse, pero mientras tanto aparece en los medios en que la dejan para contar al público lo que fue averiguando en torno de una trama del poder mundial en las sombras que mantiene en vilo al planeta y como quien dice agarrado de los fundillos al propio presidente de Estados Unidos, por la amenaza de un default que comparó a una bomba atómica mundial.
Un artículo firmado por Michael Snyder da cuenta del pensamiento de Hudes: «Ellos (por los dueños del mundo, vamos) nos quieren a todos nosotros esclavizados a la deuda y a todos nuestros políticos adictos a las enormes contribuciones que fluyen hacia sus campañas.» En una entrevista con The New American (TNA), un sitio de la John Birch Society, una asociación paleoconservadora de Estados Unidos fundada en 1958 para combatir el «peligro rojo» –o sea, no son ni remotamente de izquierda–, la ex integrante del BM puede explayarse sobre un estudio del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zurich titulado «Red de control empresarial mundial» donde se repasaron las relaciones de 37 millones de empresas e inversores internacionales. «Lo que descubrieron es que hay una super-entidad de apenas 147 muy íntimamente unidas mega-corporaciones que controlan el 40% de toda la economía mundial», revela Hudes en uno de los pocos lugares donde puede expresarse. Son en su casi totalidad instituciones financieras, detalla. Al tope de ellas están, como es de imaginar, Barclays Bank, JP Morgan Chase & Co y el grupo Goldman Sachs. «Los recursos del mundo están siendo dominados por este grupo», señala Hudes, para agregar, lapidaria, tras tacharlos de corruptos, que «ellos han logrado dominar desde allí al BM, al FMI y a todos los bancos centrales».
«Los banqueros centrales han estado jugando con el sistema. Yo diría que se trata de una toma de poder», subraya la mujer, que –destaca el TNA– coincide con Carroll Quigley, ex consejero del presidente Bill Clinton, quien describió algo así en un libro que publicó en 1996. Para Quigley, el objetivo de esta trama de intereses es «crear un sistema mundial de control financiero en manos privadas capaz de dominar el sistema político de cada país y la economía del mundo en su conjunto» con eje en el Banco de Pagos Internacionales de Basilea, Suiza. El BPI viene a ser el banco central de los bancos centrales, la mayoría de los cuales están en manos privadas.
A diez días del 17 de octubre, cuando Estados Unidos puede entrar en default, el presidente Obama designó a la nueva presidenta de la Reserva Federal (FED), el BC estadounidense. Se trata de Janet Yellen, hasta ahora vicepresidenta de Ben Bernanke en esa entidad. La FED, que pronto cumplirá cien años, por definición es una estructura público-privada encargada de custodiar los fondos del sistema bancario norteamericano.
La fabricación de los dólares está bajo el control del Departamento del Tesoro –que es el encargado de administrar los fondos estatales– a través del Bureau of Engraving and Printing, la Oficina de Grabado e Impresión. Pero es la Reserva Federal la que decide la cantidad de dinero que se pondrá en circulación. Una anomalía que para los entendidos es una trampa anticonstitucional en la que aún nadie reparó.
Otro paleoconservador que fuera secretario del Tesoro de Ronald Reagan, Paul Craig Roberts, del que ya se habló en estas páginas, mantiene floridos debates sobre la cuestión en su blog. En uno de los últimos mensajes recuerda que el problema de la crisis no es el techo de la deuda, cuya suba le permitiría a Obama mantener el nivel de gastos y pagar las deudas sin recortes adicionales en el sistema de salud como quiere la oposición. Es más, Craig Roberts apela a un razonamiento que por lo obvio llama la atención que no hubiera circulado antes: un presidente que tiene elementos legales en el marco de leyes contraterroristas que le permiten secuestrar o asesinar a un enemigo político en casi cualquier parte del mundo sin rendir cuentas a nadie, tranquilamente «puede declarar una emergencia nacional y elevar el techo de la deuda mediante una orden ejecutiva».
El economista ultraliberal explica luego que el problema de fondo «es que la deslocalización de empresas estadounidenses ha disminuido de manera permanente los ingresos fiscales de Estados Unidos por aportes de los trabajadores». Algo fundamental para mantener el flujo de dinero por aportes laborales al sistema de salud y de jubilaciones, lo que genera déficits permanentes en las cuentas públicas. «La Reserva Federal cubre el déficit mediante la impresión de $ 1000 millones de dólares anuales con los que comprar deuda del Tesoro e instrumentos financieros respaldados por hipotecas. El uso de la máquina de impresión a gran escala socava el papel del dólar de EE UU como moneda de reserva, la base de poder de EE UU.» Craig Roberts acusa directamente al déficit de haberse comido el superávit del sistema de seguridad social y como manda la ortodoxia, teme una disparada inflacionaria por el uso desmesurado de la «maquinita».
«La verdadera crisis es la falta de inteligencia entre los economistas y los políticos que nos han dicho desde hace veinte años que no nos preocupáramos por la deslocalización de empleos en Estados Unidos, porque íbamos a tener una nueva economía con mejores empleos», abunda el hombre.
No es de ahora que Craig Roberts viene alertando sobre el camino que lleva la administración central. Sobre todo critica a los republicanos, porque de ese palo viene, pero se ganó el desdén de ambos sectores, que lo tildan de izquierdista extremo cuando es todo lo contrario. El caso es que en otra ocasión escribió: «Supuse que los republicanos sabían que durante los años de Reagan, David Stockman y Alan Greenspan habían acelerado los aumentos del impuesto sobre la renta de las personas físicas establecidos por el presidente Carter para asegurar la viabilidad a largo plazo de la Seguridad y habían usado el dinero para gastos operativos corrientes, dejando pagarés sin financiación en el ‘fondo fiduciario’ de la Seguridad Social.» Luego brinda otra información que resulta insólita, sobre todo en estas tierras: «Supuse que los republicanos sabían que el presidente republicano del Consejo de Asesores Económicos, Michael Boskin (…) había reconfigurado el Índice de Precios al Consumidor a fin de quitar importancia a la inflación y reducir los ajustes al costo de la vida en los pagos de la Seguridad Social.»
Karen Hudes habló también con la televisión rusa, ya que los grandes medios la ignoran. Allí, en charla con la periodista Sophie Shevardnadze, alertó sobre una guerra de divisas a raíz de un posible default estadounidense. «La Reserva Federal está imprimiendo dólares como si no hubiera un mañana. Y si siguen haciéndolo, el resto del mundo no los va a aceptar.» Pone como ejemplo a los países BRICS, que ya comercian entre ellos en monedas locales. ¿Por qué esas cuestiones no aparecen ni en Estados Unidos ni en países como Argentina? La respuesta también corre por cuenta de la «soplona». «Los medios de comunicación están completamente controlados por las empresas privadas que poseen el Sistema de la Reserva Federal. La mayoría de los ciudadanos estadounidenses no tiene ni idea acerca de la corrupción que está saqueando su economía.» Y a renglón seguido denuncia que «la deuda se creó simplemente para aquellos banqueros que apostaron por la deuda y la obligan a crecer y agravar cada año. La deuda es una invención y probablemente debería ser repudiada».
Por lo que se ve, nada que por acá no se haya debatido hasta el hartazgo.

Tiempo Argentino, 11 de Octubre de 2013

Relaciones empastadas en el Mercosur

Otra vez los destinos de argentinos y uruguayos se vuelven a cruzar en Holanda. No será como en aquella lejana final de las Olimpíadas de Ámsterdam del 13 de junio de 1928 en que el equipo oriental derrotó en el desempate por 2-1 al argentino, sellando una primacía en el fútbol rioplatense que se coronaría dos años más tarde con el primer Campeonato Mundial en Montevideo, en el histórico Centenario, que no por casualidad tiene una tribuna popular bautizada precisamente Ámsterdam.
Tampoco tiene las mismas características que aquella primera controversia por la instalación de la pastera finlandesa Botnia en Fray Bentos, que terminó en un fallo en el Tribunal Internacional de la Haya de abril de 2010 con un saldo que pretendió ser salomónico: los uruguayos no habían estado del todo bien al no informar sobre lo que estaban haciendo en la otra orilla del río Uruguay, pero los locales no habían podido demostrar que la planta contaminaba en los términos planteados en la presentación.
Hace tres años y medio la cuestión se resolvió bastante amigablemente luego de 1326 días de clausura del puente internacional por voluntad de los vecinos de Gualeguaychú, que protestaban contra la instalación del emprendimiento multinacional en la costa del departamento uruguayo de Río Negro. Ahora, los entrerrianos plantean una marcha para quejarse por la ampliación de la producción celulósica anunciada por José Mujica «con todo el dolor del alma» por las consecuencias que puede tener su decisión en la relación privilegiada que mantiene con Argentina y en particular con Cristina Fernández. Algo que, bueno es decirlo, le costó muchas críticas de propios y ajenos en su país.
También de este lado del río se siente dolor en el alma por un intríngulis que termina enfrentando a dos pueblos hermanos –»nacidos de la misma placenta», suele recordar Mujica– por un gambito que beneficia a la pastera UPM, sucesora jurídica de la que inició el proyecto hace un par de años.
La ONG uruguaya Guayubirá fue una de las principales cuestionadoras del proyecto forestal-papelero de la ROU desde que se puso en marcha, a principios de siglo. Aportó mucha de la data que sirvió a los gualeguaychenses para iniciar los debates y presentar batalla contra el monstruo que estaba creciendo al otro lado del río. En sus últimos trabajos, la ONG destaca que según la firma Botnia, «la capacidad de producción de la planta de pulpa es de aproximadamente 1.000.000 de toneladas». Pero añade que tras reiteradas denuncias de que la planta UPM estaría produciendo mucho más de lo autorizado, el titular de la Dirección Nacional de Medio Ambiente (DINAMA), Jorge Rucks, «explicó que la empresa tiene un tope anual de un millón de toneladas pero que igualmente, se estableció un margen determinado por los niveles de productividad, pudiendo llegar hasta 1.111.200 toneladas/año».
El dato adicional es que desde 2011 viene presionando para que le autoricen aumentar su producción a 1,3 millones de toneladas de celulosa. La amenaza latente es que de no hacerlo debería dejar a miles de obreros sin trabajo. Una verdadera extorsión para un gobierno como el del Frente Amplio, de raigambre progresista, con dirigencias que no se pueden dar el lujo de renunciar a sus banderas tradicionales ni dejar en la calle a nadie.
Para forzar los acontecimientos, interpretan con buen criterio los ambientalistas uruguayos, UPM inauguró en abril de 2012 un mega-vivero «en las afueras de la ciudad de Guichón, donde se producen alrededor de 20 millones de plantines de eucaliptos al año». Los retoños demandan mayor producción a medida que crecen, lo que para el imaginario social se traduce obviamente en fuente de trabajo y bienestar.
Más allá de esta cuestión puntual, lo cierto es que la fábrica cerró a mediados de septiembre en una parada anual de mantenimiento programada pero deslizó que de no haber respuesta a su reclamo de extensión productiva no abriría en los términos usuales, esto es una quincena más tarde.
Es difícil no asociar esta medida a presiones a ambos gobiernos: al de Mujica para advertirle que quizás se podría comprar un conflicto social si la parada se demoraba; al argentino para que en el medio del proceso eleccionario acepte minimizar el problema y no se meta en un enfrentamiento internacional.
El problema no es para la empresa, que finalmente fue autorizada a un incremento en la producción que no será como la que piden (en la práctica representa apenas unas 90 mil toneladas más de las que hoy producen) pero que es una primera línea que aspiran a ir corriendo a lo largo de futuras gestiones presidenciales. La complicación es tanto para los gobiernos de Montevideo y Buenos Aires, que agregan una cuestión más en la abigarrada lista de disputas normales entre socios de un proyecto de integración, como para la construcción de un modelo de convivencia sudamericana que vino para quedarse. Y que para colmo se resolverá en una instancia judicial como la de La Haya que no pertenece a Latinoamérica, otra cuenta pendiente para la conformación de una Patria Grande.
El Mercosur, malherido tras el golpe contra Fernando Lugo en Paraguay, sufre así otro embate, que cuesta trabajo entender como casual y sólo centrado en el interés económico de la papelera finlandesa. El lunes, la presidenta Dilma Rousseff se reunió con el mandatario paraguayo Horacio Cartes en Brasilia. Tras su primera gira presidencial por Buenos Aires, el empresario intenta ahora recomponer relaciones con la principal potencia sudamericana. Tanto Cristina como Dilma reclaman la vuelta de Paraguay al Mercosur, donde fue suspendido a raíz de la interrupción democrática. El nuevo gobierno paraguayo, a su vez, coquetea con la Alianza del Pacífico y hace pagar caro el ingreso de Venezuela, decidido sin la aprobación del establishment de esa nación.
La llegada de Cartes al Palacio de los López solucionó un problema institucional, pero no la cuestión de fondo tanto en Paraguay como en la región. Si bien Cartes no es lo mismo que el Partido Colorado, que le prestó su estructura para llegar al poder, no deja de ser un representante de la derecha. Más aún, de una nueva derecha, como lo entienden los integrantes de la Regional Sur del Foro de San Pablo que visitaron Asunción la semana pasada. El detalle de los horrores que encontraron en su recorrida por algunas de las cárceles paraguayas es un muestrario de iniquidades que amerita un artículo de fondo posterior.
En un acta levantada in situ, representantes de delegaciones de Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay en el foro paulista mostraron su preocupación por la criminalización de la lucha política y social en el Paraguay, la violación de los derechos laborales y las persecuciones a aquellos que aspiran a ejercer su legítimo derecho constitucional a la sindicalización, «así como por los asesinatos selectivos de dirigentes sociales y de izquierda en la zona Norte del Paraguay, la reciente aprobación de la Ley de Militarización y su aplicación atentatoria contra los Derechos Humanos (… y las) arbitrarias detenciones y persecuciones a dirigentes campesinos, especialmente a aquellos que fueron detenidos en el marco de la masacre de Curuguaty».
Los miembros del foro propusieron en esta ocasión recomendar el ingreso a ese ámbito de debate a partidos del progresismo paraguayo como el Movimiento Patriótico Popular, el Revolucionario Febrerista, el Frente Amplio, Participación Ciudadana y Unidad Popular. Cosa de consolidar un sector que hasta la llegada de Lugo al poder era apenas testimonial y ahora representa la única esperanza de cambio de cara al futuro.
En otro tramo del documento elaborado en Asunción, se recomienda que José Gaspar de Francia, Carlos Antonio López y Francisco Solano López sean considerados como héroes de la independencia del Paraguay y de América Latina, «así como al período de sus gobiernos, desde 1811 a 1870, como la primera revolución radical exitosa en América Latina, con verdadera autonomía del Imperio de la época». Un avance también para esta nueva izquierda latinoamericana, que tratará la cuestión en el próximo encuentro del Foro en San Pablo, en febrero de 2014.
Mientras Paraguay, más allá de Cartes, no vuelva con todos sus provechos al Mercosur, la organización regional estará herida en un ala. Si argentinos y uruguayos no están a la altura de las circunstancias en el conflicto por la planta de UPM, se puede decir que volar será directamente imposible. Las pasteras y la represión contra los actores sociales continuarán como si nada hubiera ocurrido en esta década de construcción popular mientras no se les pongan límites.
El desafío es demostrar que a pesar de tantos escollos, se puede cimentar una institución que no sólo sirva a empresarios e inversores sino a la población ávida de un trabajo digno y un proyecto de vida sustentable.

Tiempo Argentino. 4 de Octubre de 2013

El régimen de Obama y la transversalidad mundial

En una Asamblea de la ONU que, como viene sucediendo en las últimas ediciones, encuentra un bloque sudamericano unido en torno de discursos y visiones comunes –y sobre todo expresiones repletas de una sustancia que la diplomacia suele esquivar en los pliegues de las «buenas costumbres»–, Dilma Rousseff, Evo Morales, José Mujica, Cristina y en menor medida Ollanta Humala patearon el tablero internacional una vez más. Todos, con sus variantes, hicieron un efusivo reclamo para cambiar las reglas de juego en un nuevo escenario que ya no tolera la prepotencia de una nación-imperio cuya dirigencia es tan pagada de sí misma que no acepta otra versión sobre su rol en la historia que la de faro de la civilización, a pesar de que dentro de las fronteras estadounidenses se suman voces que se oponen a esta percepción egocéntrica de la historia.
Dilma, como era de prever, enfatizó que Estados Unidos había quebrado todas las reglas de juego y protestó por la violación a la soberanía brasileña al haber espiado no sólo sus secretos personales sino los de millones de compatriotas y de la empresa petrolera de bandera. Cristina volvió a hacer eje en que «no hay guerra justa, lo único justo es la paz» y pidió una solución negociada al conflicto sirio. El uruguayo, en ese tono campechano que acostumbra, dijo que cargaba sobre sus espaldas «con el deber de luchar por una patria para todos».
El más encendido fue Evo Morales, que habló un día después. El presidente boliviano pidió directamente un «Tribunal de los Pueblos» para juzgar al gobierno de Barack Obama por delitos de lesa humanidad, terrorismo de Estado e intervencionismo mercantilista, palabras más palabras menos. Y señaló la necesidad de trasladar la sede de la ONU a un país que respete, en primer lugar, las disposiciones que el organismo emite. «Estados Unidos no respeta las resoluciones de la ONU, no firma convenios importantes», especificó.
Luego de un Obama que insistió en la «excepcionalidad» de Estados Unidos «porque defiende nuestros intereses y los de otros», la voz de Evo sonó como la diametralmente más opuesta en el auditorio de la ONU en Nueva York. Sus razones tiene, ya que le tocó sufrir en persona, y siendo presidente, las mayores humillaciones que un dirigente político puede sufrir sin perder la compostura, como el desvío del avión que lo traía de Moscú, algo que el ex dirigente cocalero se encargó de recordar en el foro internacional. Por bastante menos que eso un caballero que se cuadre debe arrojar el guante a la cara del impertinente. Algo que Evo a todas luces no hizo. «No puede haber dueño del mundo, se equivocan», agregó Morales.
Paul Craig Roberts fue subsecretario del Tesoro del gobierno de Ronald Reagan y editor en el Wall Street Journal. Con una sólida carrera como economista, a los 74 años es uno de los líderes más respetados entre los llamados «paleoconservadores» estadounidenses, una corriente de pensamiento ultraliberal que apuesta a un individualismo extremo y desdeña al Estado. Por eso, entre otras cosas, rechazan aumentos impositivos y están en contra de la Ley de Salud que logró aprobar el actual presidente demócrata.
O sea, Roberts es lo más alejado de concepciones políticas como las que sostiene el MAS boliviano o el PT brasileño. De allí lo simbólico de un artículo que escribió en su sitio web , «La tiranía de Washington». Roberts dice en ese texto que «el Hubris (ops, parece que se puso de moda el término) y la arrogancia se han escapado (junto) con el ‘superpoder’. (Y entonces) los Estados Unidos son denostados por todo el mundo. (…) La presidenta de Brasil denunció al régimen de Obama por la ‘violación del derecho internacional’ que reveló el escándalo de espionaje y el presidente boliviano está presentando una demanda contra el gobierno de Obama por crímenes contra la humanidad.»
En un concepto que puede parecer tomado no sólo de Morales sino de los mandatarios latinoamericanos que lo precedieron en el estrado de la Asamblea General, Roberts agrega que «no hay diferencia entre Washington y las dictaduras que Washington atribuye a otros países». Más lapidario aún, el ex funcionario del actor Reagan considera que «el régimen de Washington ha declarado que está por encima de la ley y la Constitución y tiene el poder para detener a ciudadanos de forma indefinida y para asesinarlos sin el debido proceso legal. Estas competencias incluyen las condiciones necesarias y suficientes para ser considerada una dictadura.»
Como ya se dijo, Roberts no es precisamente un izquierdista. Esto es, su filosofía de fondo es de tal modo liberal que termina postulando que cada uno se las arregle con sus propias posibilidades y sin esperar a que nadie, y en particular el Estado, venga en su ayuda. Pero también desde los sectores más progresistas estadounidenses hay voces en contra de la incursión imperial que, hoy por hoy, parece más asentada en los demócratas que en los conservadores.
Es el caso de Robert Greenwald, director y productor de cine y documentales de denuncia y activista político (sus últimos registros son Wal-Mart: el alto costo del bajo precio, de 2005; La guerra de Rupert Murdoch en el periodismo, de 2004; La E torcida: la verdad desnuda sobre Enron, de 2003), filmó hace más de un año una entrevista con víctimas de los ataques estadounidenses con drones durante un viaje a Pakistán. La producción consistía en una cobertura sobre el caso de Rafiq ur Tehman y sus dos hijos. La madre de Rafiq, de 67 años, fue asesinada por uno de estos aviones no tripulados. Los chicos, Nebila y Zibiar, de 9 y 13 años, resultaron heridos.
«La situación de Rafiq me conmovió profundamente», reseña Greenwald en una publicación que levanta el sitio Information Clearing House, «era claro que no se trataba de ninguna instancia abstracta de daño colateral. Como padre de cuatro hijos, estoy obsesionado por las historias de niños heridos o asesinados por ataques con drones», se sincera el hombre de 70 años que en 1997 dirigió a Russell Crowe y Salma Hayek en Breaking Up (presentado en Argentina como Un amor inconcluso).
Para no irse demasiado lejos, Greenwald dice que la historia de Rafiq era tan conmovedora que estaba seguro de que produciría un fuerte impacto –antibélico, se entiende– en el Congreso estadounidense. Fue así que solicitaron, junto con el abogado de la familia, visas para ir a Estados Unidos a contar sus padeceres con esas naves manejadas desde una oficina por expertos que hacen como si jugaran con una Wii o una Play Station.
«Reprieve, una organización internacional que lucha por la justicia en todo el mundo, ha estado trabajando incansablemente para obtener los documentos necesarios para que en los Estados Unidos podamos escuchar de primera mano a una familia cuyo ser querido fue asesinado por un ataque de drones», describe el cineasta.
El tema es que a Rafiq y los niños les dieron la visa, no así a su abogado, Shahzad Akbar. No es que la hayan negado, simplemente la demoran con chicanas administrativas. «Sin Shahzad, Rafiq podrá venir a Washington pero su historia nunca se oirá», resume Greenwald.
Luego agrega que el abogado viajaba regularmente a Estados Unidos y que incluso había sido consultor de la USAID. «No fue sino hasta 2010, cuando comenzó a representar a las víctimas de los drones y sus familias, cuando el Departamento de Estado comenzó a atender sus solicitudes de visa.» Y allí se empezó a trabar su ingreso.
Como colofón de su tarea, Greenwald da un número de teléfono de la dependencia a cargo de John Kerry (202-647-4000, por si alguien quiere…) para demandar la visa de Shahzad. Acompaña el pedido con una mención al congresista demócrata Alan Grayson avalando la solicitud. Grayson, con apoyo de votantes de origen latinoamericano, volvió al Capitolio en representación de los ciudadanos del noveno distrito de Florida. Es un firme opositor a la intervención en Siria y a su vuelta al Congreso logró que le aprobaran la formación de un equipo con hispanohablantes.
«Vamos a tener un equipo bilingüe que nos ayudará con nuestros esfuerzos a favor de nuestro distrito, especialmente a ayudarlos con sus necesidades, ya sea (en la búsqueda) de beneficios sociales, educación, ciudadanía y salud», dijo en aquella ocasión a la agencia Efe desde su domicilio en Orlando.
De donde se ve que en el mundo va creciendo una trasversalidad inusitada que cruza a gobiernos e intelectuales de izquierda o progresistas con cultores del más crudo individualismo. Habrá que hacer una buena lectura política en consecuencia y no caer en el facilismo de creer que un demócrata con discurso neokeynesiano per se es lo mejor para el resto de la humanidad.

Tiempo Argentino, 27 de Septiembre de 2013

Carlos Núñez: Conexiones y filosofía celta

Carlos Núñez gesticula, se entusiasma, interpreta. Necesita de todo el cuerpo para darse a entender, como cuando arriba de un escenario trasciende la gaita o las flautas para expresar lo que con la música no parece alcanzarle.
Decir de este gaitero nacido en Vigo hace 42 años que es el mayor exponente del folklore de su terruño es poco. También es un inquieto buscador de puentes, de conexiones a través de las raíces celtas en Europa, pero fundamentalmente en América Latina. Tanto que pasó un largo año en la Bretaña francesa y otros tres recorriendo Brasil para descubrir que en el corazón de Sudamérica persiste el espíritu de los druidas y los magos encarnados en sonidos e instrumentos que vienen de la Edad Media, sin escalas.
De gira por Buenos Aires en el marco de la presentación de su último disco, Discover, Núñez habló de esa historia latente en los pueblos, de sus inicios cuando adolescente con los ya míticos Chieftains, el grupo de música celta islandés con quienes se inició a los 16 años y llegó a tocar junto a los Rolling Stones, Sting, Sinead O’Connor y León Gieco.
–¿De dónde viene ese ansia por buscar puentes culturales hacia el otro lado del océano?
–Es una filosofía que la aprendí de mis maestros, los Chieftains, que seguramente es algo muy celta, de buscar las conexiones. Ellos me decían: «Carlos, no pienses sólo en tu pequeño país.» Hay dos filosofías posibles: tú viajas y vas viendo: «Esto es diferente a lo mío, no me siento en casa», o la otra filosofía que es siempre buscar las conexiones. Entonces te sientes en casa en todas partes. Esa es la forma celta.
–¿Eso lo llevó a meterse en el Brasil profundo?
–Tenía la sospecha de que Irlanda y Escocia llevaron la música celta a Estados Unidos y Canadá, y Galicia llevó la gaita a toda Latinoamérica. Brasil tuvo gaita desde el inicio de la conquista, en el 1500. Fue el instrumento que primero llegó de Europa; hubo gaiteros indígenas, gaiteros africanos y en Argentina también. Tú le preguntas a Shakira qué es una gaita y te dirá: «¡Ah, en Colombia la gaita macho y hembra!» Un venezolano te va a decir «son los ritmos del carnaval». Un mexicano, «¡Ah, gaita es un mariachi antiguo!» Y en Cuba te van a poner unos ritmos como el de la muñeira gallega, que se parecen al chamamé.
–¿El chamamé también? Algunos dicen que tiene influencias en la polca centroeuropea.
–He estado frente a frente con mi amigo el Chango Spasiuk y le he dicho: «Tócame este chamamé (tararea). Ahora vamos a ver la gaita venezolana, ahora vamos a ver este mariachi antiguo y tal», y me acabó confesando que era lo mismo. Lo que pasa es que tienen nombres diferentes, nacionalidades diferentes. Yo estoy convencido de que hay unas conexiones ahí estupendas, que la música celta está ahí. Esa gaita fue con jesuitas y franciscanos, y llevó el sentimiento de la Navidad, que eran los villancicos, y se extendió por toda Latinoamérica. Los jesuitas fueron como druidas que dejaron hacer: al africano o al indígena le dijeron «Tócalo a tu manera.» No hubo una imposición de «hay que tocarlo así». Esos villancicos gallegos, tenían forma de muñeira, de gigas irlandesas.
–Se dice que los jesuitas conquistaron a través de la música.
–Hay cartas increíbles en las que escribían. «Si mandan gaitero, no habrá jefe indígena que no nos deje a sus hijos para que los eduquemos, les gusta.» Hay una de Pêro Vaz de Caminha, la Carta do Achamento, del descubrimiento, de cuando los portugueses desembarcan por primera vez y le explican rey de Portugal aquel momento mágico de cuando encuentran a los indios, que no hablaban la misma lengua, no había forma de comunicarse. Entonces dice Pêro de Camina que «va un gaitero a la playa y tocó para los indios y ellos jugaban y reían y gustaban mucho de la gaita.» Ellos se jactan de que ahí nació Brasil.
–Cruce misterioso de culturas.
–España realmente no es un país. La península ibérica, España y Portugal, es un campo de juego entre dos energías, la del Atlántico y la del Mediterráneo. El Mediterráneo es la guitarra, es todo ese mundo de las ciudades, esa cultura avanzada, las ciencias, las humanidades, el barroco. El Atlántico es la magia, las leyendas, la gaita, ese mundo medieval antiguo, ese no realismo del románico. Cuando de pronto se descubre América, esa guerra gaita-guitarra pasa a Latinoamérica. En los barcos iban la gaita y la guitarra: la guitarra era la modernidad, el capitalismo, las universidades, Lisboa, Madrid, Sevilla, el barroco. Y la gaita era la antigua Edad Media, los celtas, los campesinos. Cuando eso llega a Latinoamérica, ¿quién gana esa carrera? La guitarra, las grandes ciudades. Pero la gaita permanece, su alma transmutada en otros instrumentos, como el acordeón.
–El bandoneón.
–¿Cómo se le llama al acordeón en el sur de Brasil? Gaita. ¿Cómo se llama en el norte? Sanfona, como la antigua sanfona. El acordeón sustituyó a los instrumentos medievales, pero el repertorio y el alma siguen siendo los de los antiguos. Aparte de las músicas nacionales, hay muchas otras músicas secretas que nunca fueron valorizadas en Latinoamérica. Tiene que venir alguien de afuera para rescatarlas, como nos paso a nosotros en Galicia con los irlandeses.
–¿Cómo es eso?
–España tenía castigada a Galicia. Si tú buscas en el diccionario de la Real Academia Española el significado de «gallego», te dice «nativo de Galicia-tonto, gallego soplagaitas, tonto soplagaitas». Es un desprecio hacia ese mundo antiguo y viene de todo lo nuevo, todo lo barroco del nuevo imperio español.
–Pero España parece no haber querido mirar hacia América de una manera diferente.
–España quedó sin proyecto. España se convirtió en país sólido porque era una empresa muy rentable. La Reconquista fue echar a los moros, entre comillas. ¿Por qué los echaban? Porque eran ricos y tenían oro; todo lo que era lujo era de los árabes, entonces, ¿Quién no quería estar en la Reconquista? Era el Far West pero hacia abajo. De pronto, curiosamente el mismo año que se termina la Reconquista, viene Cristóbal Colon y ¡pumba!, América. España no conquista Portugal, sino que la energía se va hacia allá. No hay nacionalismos durante la conquista de América, pero se pierde Cuba, la última colonia, y ahí empiezan los problemas y ahí si hay Cataluña, País Vasco y tal. El imperio se ha caído y se termina un matrimonio de conveniencia, quien lo sabe. ¿Existe realmente España? Lo que sí es cierto es que existió un proyecto. A España la hizo Castilla, que con su mentalidad germánica ha sido la Inglaterra de la península ibérica. Inglaterra formó el Reino Unido, y consiguió unir a los clanes de Escocia con los irlandeses, como esclavos y tal.
–De todos los sitios donde grabaste, uno de los más extraños es Japón, donde participaste en música de animés. ¿También allí encontraste conexiones con lo celta?
–Viajando cerca de Fukushima me encontré con que ellos también llaman «rías» a esas entradas del mar donde desaguan los ríos. El japonés tiene una cultura de mar y es muy gallego. Nunca contesta con sí o no, deja que decida la naturaleza. Como el gallego, no es humanista. El humanismo no llegó a Galicia, eso viene con el barroco, con el capitalismo.
–Eso sí que es interesante.
–El humanismo es un concepto más renacentista, es clásico greco-romano, es un concepto de las ciudades que consiste en la esperanza del hombre en el hombre, los hombres uniéndonos, forjando juntos, haciendo ciudades. En cambio el gallego no cree en el hombre.
–¿Cómo piensa?
–El gallego sólo sabe que llega el invierno y que la cosecha puede perderse. Sabe que la luna llega y que la mujer se pone de buenas o de malas y si quieres tener una buena palleta (lengüeta de caña) espera la primera luna creciente del mes de enero y ahí cortas y sacas la palleta de la gaita. El gallego es pura observación de la naturaleza. En Galicia ni siquiera el dinero es lo más importante; es el favor que yo te pido. El gallego no es como el castellano que es «sí o no, no me hagas perder el tiempo». Castilla es germánica.
–¿Todo ese mundo español está en crisis?
–Ah, pero a mí no me preocupan las crisis. Lo digo con toda la crueldad, porque la está pasando muy mal mucha gente y muchos están migrando. Pero también es posible que los gallegos estén más preparados para esta crisis que el resto de los españoles. Los gallegos, como los irlandeses, siempre han tenido por tradición un pie preparado para salir. Pero al mismo tiempo, las crisis hacen que se tambalee el poderoso, y al tambalearse, los débiles tienen una oportunidad. «
El perseguidor de sabios
«Una cosa que sorprende a mucha gente es que en la música celta pasamos muchas veces de una canción triste y de pronto entra la gaita: chan cha chan chan, como los irlandeses no? La balada triste irlandesa y de pronto ¡Uhuu! (grita) y empieza el ritmo. ¿Están locos, estos celtas, que pasan de la melancolía, de la saudade, de la morriña, a la fiesta? ¿A qué se deben esos cambios? No lo sé, pero es algo propio de nuestra música. Y esa melancolía fíjate tú qué cosa más curiosa: descubrimos hace poco unas músicas de Londres, que fue un centro de música celta súper fuerte en 1700, y había una publicación semanal que se llamaba Pills for Melancholy («Píldoras para curar la melancolía»), para escoceses o irlandeses que iban a trabajar a Londres y Manchester… les estaban vendiendo la morriña en Londres, la música celta curaba la morriña.
–¿Hay método académico en tus investigaciones, o es intuición pura?
–Me encanta rodearme de sabios. Alguien me llamó «el perseguidor de sabios», porque la gente que sabe muchas cosas te da ideas, y las ideas tienen energía potencial y eso hace que salgan cosas nuevas en la música. Muchas veces hay científicos que te cuentan cosas y otras veces las descubres por tu propia intuición. Mi intuición me decía que esas músicas que yo escuchaba en el nordeste de Brasil o Minas Gerais conectaban con nosotros, pero yo no sabía por qué. Me tardé tres años en descubrir que fue porque la gaita viajó de ese Portugal tan galaico de 1500, donde en todo el país se tocaba la gaita.
La gallega Potter
–Mucha gente, cuando escucha por primera vez música celta, dice: «Parece música country, o de película de cowboys.»
–La gente muchas veces conoce porque ve en el cine, y por eso los relacionan con los cowboys o con los escoceses de las faldas, el gaitero del castillo. A veces le explico a la gente que Galicia es «Terra Meiga», Tierra de Magas –o de brujas–. En Galicia, lo de ser bruja o maga no es malo, siempre se vio como un don bueno. Entonces les digo que Harry Potter no tenía que ser chico inglés, tenían que ser chica y gallega.

Tiempo Argentino, 21 de Septiembre de 2013