por Alberto López Girondo | Feb 15, 2014 | Sin categoría
A veces los gestos dejan traslucir mucho más de lo que muestran. Que el gobierno de François Hollande haya decidido dejar de lado la discusión sobre una nueva ley de Familia, que permitirá la adopción a parejas homosexuales, en el marco de masivas manifestaciones de los sectores más conservadores de la sociedad, es todo un símbolo. Cuando se aprobó la ley de Matrimonio Igualitario, el año pasado, la gran sorpresa fue que verdaderas multitudes salieron a las calles a protestar contra lo que sin tapujos llamaron un «ataque a la familia». Sorpresa porque Francia siempre se caracterizó por el espíritu anticlerical y la liberalidad en las costumbres. Pero algo cambió en ese país en forma imperceptible en las últimas décadas, algo que se viene reflejando en un lento pero persistente corrimiento hacia los valores más tradicionales en amplios sectores de la sociedad. Quizás en este corrimiento haya que ubicar también la beligerancia cada vez mayor que muestra el Elíseo en política exterior, a esta altura toda una política de Estado que echa por tierra lo poco que quedaba de las promesas electorales de un presidente que iba a rescatar el ideario de la izquierda luego de varios gobiernos derechistas; promesas que impidieron la reelección de Nicolás Sarkozy, que había colocado al país a la cabeza de las respuestas neoliberales en economía, con un racismo inquietante en lo social mientras al mismo tiempo aprobaba con particular vehemencia las intervenciones militares que propuso la coalición angloestadounidense desde que el inefable mandatario de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) sustituyó a Jacques Chirac en 2007.
Maten a De Gaulle
Recordar que el no menos conservador Chirac fue en 2003 uno de los adalides en la oposición a la invasión del Irak de Saddam Hussein –capitaneada por Estados Unidos y Gran Bretaña pero también por la España de José María Aznar– es toda una lección para cualquier francés de hoy en día. Yendo un poco más atrás en la historia de esa nación, fue durante la gestión del también derechista Valery Giscard D’Estaing, en 1975, cuando se aprobó la ley de aborto. Eran épocas en que Francia mantenía una política exterior «independentista» en relación con el imperio anglo, como solía mencionarlo Charles De Gaulle. Francia ni siquiera participaba de la OTAN –de donde se había retirado en 1966– y mientras el general de la Resistencia vivió, rechazaba el ingreso del Reino Unido a la Comunidad Europea, por la permanente desconfianza hacia Londres. Pero algo fue cambiando en la mentalidad de los descendientes de Astérix para que en 2009 Sarkozy lograra aprobar el regreso a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, el organismo militar creado con la vista puesta en el bloque soviético. Durante la gestión del XXII presidente francés –recordado por su agitada vida privada y su histrionismo en la arena internacional– comenzaron los recortes presupuestarios y se inició el desmantelamiento del Estado de Bienestar, con la excusa de la crisis financiera que se había desatado en 2008, un año después de su llegada al Elíseo. Paralelamente, se iban extendiendo concepciones más extremas en lo social, al punto que el país fue objeto de no pocos tirones de orejas de los organismos de la Unión Europea por el maltrato y la expulsión de las comunidades gitanas rom, que se habían asentado en ese país en busca de una vida mejor al amparo de las políticas de libre circulación de personas que garantiza la integración continental.
Competencia feroz
Cierto es que el giro xenófobo y racista del electorado les marcaba a las autoridades de entonces que algo estaba cambiando en la otrora cuna de los derechos humanos y la igualdad. Pero poco hizo Sarkozy para revertir el discurso retrógrado en la sociedad. Más bien buscó competir con él para mantenerse en el poder.
No le alcanzó en 2012 frente a la oferta de Hollande de volver a los postulados del progresismo. Pero pronto el nuevo gobernante, como se dice, «mostró la hilacha». Y de su ímpetu inicial de voltear el tratado de austeridad que se conoció irónicamente como Merkozy, por la estrecha alianza en los ajustes que habían sostenido la canciller alemana Angela Merkel con su antecesor, pasó sin una transición suave a una política adecuada a los designios de Berlín, aunque con un toque francés. Hubo recortes y el impuesto a las riquezas se quedó a mitad e camino. Además, promovió la creación de una zona euro exclusiva para los socios más influyentes de la Unión Europea (otra vez Berlín-París), luego de haberse presentado como defensor de las castigadas repúblicas del sur (España, Italia, Grecia).
Pero el gobierno de Hollande mantenía al menos el deseo de imponer algunas de sus propuestas sociales. Es el caso de la ley de Matrimonio Igualitario, que, luego de intensos debates en sesiones interminables, fue aprobada en abril pasado. Sin embargo, no había pasado una semana de la puesta en vigencia de la normativa cuando las calles de todo el país se poblaron de cientos de miles de ciudadanos indignados por lo que consideraron un atentado contra los valores de la familia occidental. Según los organizadores de las marchas –agrupaciones ultracatólicas junto con sectores de la derecha más tradicional– sólo en París había un millón de personas, una cifra que la policía rebajó a 150.000. Quizá ninguno de los dos dijo la verdad, pero de cualquier modo se trata de una cantidad abrumadora de ciudadanos que sorprendieron a propios y ajenos dada la imagen de sociedad abierta que Francia se había sabido construir a lo largo de su historia moderna.
Sucede que el partido de Marine Le Pen, la nieta del anciano líder ultranacionalista Jean-Marie Le Pen, en las elecciones del 2012, había crecido hasta arañar los 20 puntos con un discurso extremo. En un contexto de oscuras expectativas económicas, prende por su rechazo a la «invasión» de gitanos o norafricanos, que en esa versión simplona de la economía les quitan trabajo a los franceses. En setiembre de 2013, incluso, el FN ganó un municipio clave por lo que representa simbólicamente, Brignoles, donde históricamente triunfaban los sectores más progresistas. Pero la desocupación es allí una realidad concreta y demoledora que no permitió el debate ideológico. Para peor, las encuestas afirman que el partido de Le Pen mantiene una intención de voto cercana al 24% y aparece en primer lugar para las parlamentarias europeas de mayo.
Gitanos go home
Será por eso que el ministro de Interior de Hollande, Manuel Valls, apareció en el centro de las críticas para esa misma época, cuando ordenó expulsar a una familia gitana. El caso provocó protestas estudiantiles porque entre los deportados estaba Leonara Dibrani, de 15 años, que iba a un colegio destinado a la integración. El gobierno tuvo que salir a relativizar las palabras de Valls, de origen catalán, quien había dicho, sin que le temblara la pera, que los rom tenían que volver a sus países de origen. Los Dibrani son kosovares. En un intento de resolver la cuestión, el gobierno autorizó el regreso de la adolescente, aunque sin sus padres, que están acusados de haber violado las leyes de inmigración.
Al giro en la política económica y en cuestiones de inmigración, Hollande sumó la decisión de mantener el rumbo que le había impreso a la política exterior Sarkozy, uno de los mas fervientes impulsores de la invasión a la Libia de Muammar Khadafi en 2011, a pesar de que el líder árabe –como se reveló por estas semanas– había sido un fuerte sponsor de su campaña para la presidencia en 2007. Hollande no cambió un ápice esta posición, que une a Francia con los anglos de los que De Gaulle recelaba. En tal sentido, exacerbó mucho más que sus «socios» la postura de una intervención armada para derrocar a Bashar al Assad en Siria. Eso sí, ni bien el presidente estadounidense Barack Obama aceptó la gestión de Rusia encaminada a un plan de negociaciones con la oposición, se bajó sin chistar. Ya en enero de 2013 Hollande había mostrado de qué venía su política exterior. Fue cuando desplegó tropas en la república africana de Mali, inmersa en una guerra civil contra grupos salafistas que controlan parte del país. La excusa originaria fue «proteger a sus residentes en Bamako», la capital maliense, y apoyar al mandatario Dioncunda Traoré. Pero las tropas francesas siguen allí, ahora junto con una misión de la ONU.
Antes de terminar el año pasado, Hollande ordenó intervenir en otro conflicto interno en una ex colonia francesa en la misma región, la República Centroafricana. Durante varias semanas hubo enfrentamientos entre militantes de Séléka, que en marzo derrocó al presidente François Bozizé, y las milicias partidarias del mandatario, los «Anti-Balaka» («antimachete» en la lengua oficial del país). Hubo centenares de muertos y Hollande arguyó motivos humanitarios para pedir el apoyo de la ONU y desembarcar soldados en ese territorio.
Como colofón de esta política «anglófila», a fines de enero el presidente galo se reunió en Londres con el premier británico David Cameron para tratar el futuro de la UE y hablar de «seguridad internacional». El dato más relevante fue el anuncio de que Francia y el Reino Unido construirán aviones no tripulados (drones) y un sistema misilístico en conjunto. «Ambos vemos el vínculo entre nuestra prosperidad interna y ser protagonistas activos en la escena mundial y reconocemos que si aumentamos nuestros presupuestos de defensa, nuestras fuerzas armadas se beneficiarán de un mejor equipamiento y las industrias seguirán siendo las líderes del mundo», se explayó Cameron.
Fue el cierre de un acuerdo aeronáutico como no se veía desde que se clausuró el proyecto Concorde, el avión de pasajeros supersónico construido por ambas naciones que voló entre 1976 y 2003, pero ahora enfocado en la vigilancia planetaria. Un giro copernicano perfecto.
Vidas paralelas
Cecilia Ciganer Albéniz, bisnieta del músico español Isaac Albéniz, fue la esposa legítima de Nicolás Sarkozy hasta pocos meses después de haberse convertido en primera dama. Los rumores de infidelidades circulaban desde la campaña electoral, pero no parecía el mejor momento para romper una relación que llevaba 11 años. Todo se precipitó cuando se difundió que ella mantenía una relación oculta con un publicista. Pero él no le iba en zaga y por entonces vivía un romance con la periodista Anne Fulda, de Le Figaro. Pocos meses más tarde, Sarkozy se casaría, en cambio, con la ex modelo y cantante Carla Bruni.
A fines de enero, y antes de viajar a la cumbre con Cameron en Londres, Hollande anunció que se separaba de la periodista Valérie Trierweiler. Semanas antes había estallado el escándalo cuando se publicó que Hollande –quien había sido esposo de Ségolène Royal, la candidata presidencial por su mismo partido, el PSF, que en 2007 perdió en segunda vuelta con Sarkozy–, vivía un romance con la actriz Julie Gayet. Hollande declaró escuetamente que ya no habría primera dama mientras él estuviera en el Palacio de gobierno.
Revista Acción, 15 de Febrero de 2014
por Alberto López Girondo | Feb 14, 2014 | Sin categoría
En el fárrago de violencia en que se convirtió Venezuela en estas horas, habrá que decir que la posición más civilizada resulta ser la del ex candidato presidencial y gobernador del estado de Miranda, Henrique Capriles. Porque la oposición venezolana –en un enfrentamiento que salió a la luz en las últimas semanas– está dirimiendo su interna en las calles del país, a un costo en vidas humanas que nadie sabe a cuánto podría ascender.
El estallido que se produjo el miércoles, cuando se celebraba el Día de la Juventud (un homenaje a la Batalla de La Victoria, que el 12 de febrero de 1814 ganaron los patriotas ayudados por jóvenes del Seminario y de la Universidad de Caracas), involucró a miles de muchachos que marcharon en todo el país, al principio en forma pacífica. Pero poco a poco las cosas se fueron de madre entre grupos chavistas y furibundos opositores. El gobierno denunció el incendio de vehículos, muchos de ellos oficiales, y el ataque indiscriminado contra edificios estatales.
Lo más grave, sin embargo, es la muerte, hasta ahora, de tres personas, dos de ellos estudiantes y el otro, un militante del chavismo, Juancho Montoya, un agente policial que estaba de civil y recibió un disparo en la cabeza y otro en el pecho frente al Banco Caroní, de La Candelaria, en el centro de la capital venezolana. Entre las víctimas fatales también hay un chico de 24 años, alumno de la Universidad Alejandro Humboldt, y otro que cursaba Derecho en la Universidad Central de Venezuela.
Al igual que los incidentes registrados en abril del año pasado, cuando el presidente Nicolás Maduro le ganó a Capriles por escaso margen en el primer comicio sin Hugo Chávez, entre los muertos en los choques con la oposición aparecen militantes del oficialismo. Se computaron, en ese momento, una decena de chavistas caídos. Lo que debería a esta altura ser índice claro de dónde viene la violencia y quiénes la padecen.
Que algo iba a pasar este miércoles, se olía en el ambiente. Durante varios días, los principales referentes de la oposición debatieron la cuestión primero en sordina, luego en tweets y más tarde en forma pública. Los que llevaron la voz cantante fueron María Corina Machado Parisca y Leopoldo López Medina. El ex alcalde de Chacao habló sin tapujos de copar las calles hasta encontrar «una salida inmediata» al gobierno de Maduro. Machado se preguntaba, insidiosamente, «¿hasta cuándo, hasta cuándo vamos a esperar?». Es cierto que suena a apriete destituyente, y que además es una peligrosa jugada golpista.
López es una suerte de Enrique Peña Nieto venezolano: joven, elegante y pintón. A los 42 años, ya fue alcalde en el municipio caraqueño de Chacao por dos períodos consecutivos. Economista, graduado en Ohio y luego en políticas públicas en Harvard, quedó relegado de la función pública tras el intento de golpe de 2002 contra Chávez, que como se recordará estuvo fogoneado por la dirigencia empresarial del país y la cúpula de la empresa PDVSA, que no quería aceptar las nuevas reglas del gobierno. Emparentado con el mismísimo Bolívar y con el primer presidente del país, Cristóbal Mendoza, López fue acusado de haber recibido una donación de la petrolera –donde su madre era gerente de Asuntos Públicos– para una ONG que regenteaba. El caso terminó en la CIDH, que apoyó la moción de López, quien sin embargo sigue interdicto.
La diputada Machado proviene de sectores similares de la sociedad venezolana. Es ingeniera y la mayor de las hijas del empresario del acero Enrique Machado Zuloaga. Se graduó también en Estados Unidos, en su caso en Yale, en el Programa de Líderes Mundiales. George W. Bush la recibió en su despacho en mayo de 2005, provocando la reacción del presidente Chávez.
Cómo será de mal vista la opción de la «lucha callejera» en grandes sectores opositores a Maduro, que Capriles –a quien nadie fuera de sus mismos compañeros de ruta podría acusar de timorato– lo viene cruzando a López desde que se celebraron las municipales, en diciembre pasado. Hace un par de días, en su cuenta de Twitter, el gobernador de Miranda incluso aconsejó a sus seguidores la lectura de un artículo de un periodista de su palo: «A nuestros seguidores RT @prodavinci: #LosMásLeídos Venezuela, los dilemas de la Oposición; por Fernando Mires http://is.gd/zkNg53», escribió el 10 de febrero en @hcapriles.
El artículo en cuestión hace un repaso crítico de las controversias de la Mesa de Unidad Democrática (MUD). «Hay que aceptarlo, es normal, es lógico y puede que hasta sea necesario: la oposición venezolana se encuentra dividida», comienza Mires, que si bien no se permite calificar al dúo López-Machado de golpistas, sí los acusa de recurrir a una respuesta demasiado fácil, como es la de forzar la lucha política en las calles. «López y Machado lo han planteado en términos inequívocos: Se trata de ‘La Salida’. En otras palabras, ambos dirigentes (repito, dirigentes, no líderes) están planteando una salida insurreccional, todo lo pacífica, democrática e institucional que se quiera, pero insurreccional al fin. No otra cosa puede ser una ‘salida'». Y le recuerda a la senadora una frase del politólogo alemán Max Weber: «La política se hace con la cabeza y no con otras partes del cuerpo.»
El planteo central de Mires, virtual vocero de Capriles, es que el perdidoso candidato «planteaba la insurrección constitucional en el caso de una victoria y no en el caso de una derrota plebiscitaria, como hoy intentan hacerlo López y Machado». Es que el resultado de las elecciones municipales del 8D plantea, para los «moderados», un llamado de atención sobre las mejores estrategias para derrotar al chavismo. Lo dice claramente Mires: «¿Cuántos trabajadores dejarán a un lado las banderas del chavismo para sumarse a las de López y Machado?» Es decir, para crecer la derecha necesita seducir a descontentos con el gobierno, en un contexto de inflación y escasez de productos básicos en las góndolas de los supermercados. Y confrontar en forma violenta no le parece el mejor escenario.
Uno de los primeros mensajitos en Twitter de Henrique Capriles después de los violentos incidentes del miércoles, no deja lugar a dudas. «Somos millones q queremos cambio sin sangre y muerte! Algo q nunca comprenderán, extremos! Quieren confundir resultados q no les pertenecen.» No fue un aviso para el gobierno de Maduro ni los chavistas en su conjunto. Fue una clara advertencia a López y Machado. Un texto que traducido al porteño básico indica: «Es cierto que no derrotamos a Maduro. Pero el resultado de las municipales fue excelente para la MUD porque yo le puse el lomo al desafío. No se peinen para la foto y menos recurriendo a métodos piantavotos.»
La Asamblea Nacional, controlada por el chavismo, evaluará la actuación de Machado y su responsabilidad en los incidentes. La jueza caraqueña Ralenys Tovar Guillén dictó la orden de detención contra Leopoldo López pero también contra dos presuntos conspiradores de vieja data: Mario Iván Carratú y Fernando Gerbasi.
Carratú es un vicealmirante retirado que dirigió el Instituto de Altos Estudios de Defensa Nacional y, cuando el intento de golpe de Chávez en 1992, siendo jefe de la Casa Militar, salió en defensa del presidente Carlos Andrés Pérez. Gerbasi es un diplomático de carrera que fue embajador en Corea del Norte, la ex República Democrática Alemana, Brasil, Italia y Colombia. Se fue de la función pública en diciembre de 2002 y ayer, el ex presidente colombiano Andrés Pastrana comenzó a pedir públicamente a su favor.
Las acusaciones contra la dupla López-Machado se explican solas. Contra el otro dúo de conjurados la cuestión viene de más lejos. El gobierno mostró una cinta donde se escucha la voz de ambos en pleno acto de confabulación. En el audio, presuntamente Gerbasi informa a Carratú («sólo te llamé a ti», explica) sobre planes de la oposición para las marchas del Día de la Juventud, y le indica que va a ocurrir algo similar a lo ocurrido el 11 de abril de 2002, cuando una balacera sirvió de excusa para el efímero derrocamiento de Chávez. «Nada de ir en primera fila, mantente a los lados» recomienda Gerbasi.
«Deben informar quién les dijo lo del 11 de abril y quién los llamó para alertarlos sobre un derramamiento de sangre en Venezuela», se ofuscó Maduro cuando informó sobre el pedido de captura de los agitadores. Gerbasi niega las acusaciones, dice que la conversación nunca existió. Pero en un tweet del 7 de febrero había escrito: «@hcapriles está declarando más como resentido que como líder político. A ponerse las pilas sino su «autobús» lo deja.» De más está decir que el autobús que se escapaba era el de las protestas callejeras. «Muchos políticos de la oposición ven al país con encuestas de hace seis meses y no con la realidad de hoy en día», agregó.
«¡Quienes queremos un cambio real y paz en Venezuela no terminaremos secuestrados por grupos violentos!», replicó Capriles. Habrá que ver si le alcanza para frenar el fanatismo de sus cofrades.
Tiempo Argentino, 14 de Febrero de 2014
por Alberto López Girondo | Feb 7, 2014 | Sin categoría
Perder, para el argentino común (más bien el porteño clásico) es un agravio. No por una cuestión material, sino por orgullo o vanidad personal, es el amor propio lo que está en juego. La avivada, en cambio, es una forma de defensa frente a un sistema que lo oprime y que, históricamente –lo lleva en los genes– «llevó al tacho» a millones de personas. Si no se lo contó el abuelo, el padre, el tío, esas cosas se aprenden en la calle. «Cocodrilo que se duerme es cartera», decía Maradona. «Si los giles se avivan se te ponen en contra», creía Gardel.
Por eso esa clase de argentinos está convencida de que lo fundamental es cuidarse las partes traseras, no dejar que la jodan. Pero le falta el contexto. Qué pasaba en el mundo cuando eso que cuentan padres y abuelos sucedía. Cuando la caída de Perón, el Rodrigazo, la dictadura de Videla, el golpe contra Alfonsín o la Convertibilidad. Es peligrosa la tendencia a creer que lo que sucede en la Argentina ocurre sólo por culpa de los argentinos, que el resto del mundo no influye, o que tiene una importancia secundaria.
De esta falacia se desprende que si a uno le va bien es sólo por sus virtudes y esfuerzo, olvidando el marco en que las leyes políticas y económicas se inscriben. Para que el comerciante sea exitoso necesita, sí, de su esfuerzo y capacidad. Pero también de que haya pavimento en la calle donde puso el negocio, conexiones de agua, luz, gas, teléfono. Sí, las pagó, pero no siempre en forma directa. En el país, la gran mayoría de las veces lo hizo mediante impuestos, o sea, por una decisión política llevada a cabo con dineros de la sociedad. Por sobre todas las cosas, ese comerciante necesitó –algo muy patente en estos años– que el gobierno le pusiera unos pesos en el bolsillo a sus clientes, porque de otro modo toda la capacidad del comerciante en cuestión iría «al tacho».
¿Cuál es el contexto económico actual en el mundo? Que para eso sirve mirar del otro lado de las fronteras. Hay una gran incertidumbre y movimientos especulativos que apuntan sobre todo a países emergentes por la fuga de capitales luego de la decisión de la FED de bajar los estímulos monetarios. Esa corrida se ensaña con los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) Pero también sobre Turquía, Grecia (que estaría a punto de recibir otra «ayuda» de la UE para pagar deudas). Y fundamentalmente Venezuela y la Argentina.
En todos los casos las diferencias de sistemas políticos y realidades económicas son notables. Incluso se pueden computar diversos errores de gestión según el país. Pero el denominador común es que ante una suerte de río revuelto, aparecen pirañas –o tiburones– que acuden ante el olor de la sangre y hacen de las suyas. Especuladores, se los llama. La especulación, en filosofía, es el análisis de una cuestión concreta mediante un ejercicio del pensamiento. La palabra viene del latín speculum, espejo. Un sinónimo es reflexión, por lo que ese espejo refleja. En economía, y en lenguaje callejero, es la actitud de un individuo que analiza la forma de ganar dinero sin trabajar en ninguna ocupación física.
Hay por estos días no pocos economistas que pululan en los medios concentrados con un discurso sólido y cautivante para grandes sectores de la población. Si un espectador poco avisado los escucha, parecen tener las cosas clarísimas y no se entiende cómo no los llaman para que solucionen los problemas. Otra vez, el contexto puede dar respuesta a ese cándido espectador, y en el caso de los «sabihondos», con sólo revisar la historia de los ex ministros o efímeros presidentes den banco central se puede comprobar su pasado de insolvencia.
Un filósofo super liberal, Karl Popper, famoso por su defensa de lo que llamó la «sociedad abierta» –o sea que estaba contra todo lo que oliera a populismo– es a la vez uno de los epistemólogos más influyentes. La base de su pensamiento es que toda teoría científica debe ser refutada antes de ser aceptada. Eso que llama falsabilidad es la necesidad de contrastar continuamente una teoría mediante un contraejemplo. Mientras la teoría «resista», queda corroborada. Si el resultado es negativo, algo anda mal y debe ser cambiada.
Uno de los seguidores más afamados para el gran público, curiosamente, es un inversor de origen húngaro, George Soros, que se hizo famoso por haber ganado más de 1000 millones de dólares en pocas horas apostando contra la libra esterlina en 1992. Si alguien sabe de especulaciones –en los dos sentidos del término– es precisamente Soros, que tras esa operación que recibió muchas críticas desde el punto de vista moral, puso mucho dinero en obras de caridad y en la difusión del ideario liberal.
Como seguidor que era de Popper, había apoyado en los 80 al sindicato polaco Solidaridad, uno de los pilares en la lucha contra el comunismo, que aceleró la caída de la Unión Soviética. Ahora, defendiendo siempre los mismos principios, se dice que colabora con la oposición.
Soros –justo es decir que predijo la crisis financiera con suficiente anticipación– suele explayarse en cuestiones teóricas en su web, . Allí desgrana reflexiones filosóficas en torno de la idea de verdad. Su postura, derivada de Popper, habla de «falacias fértiles». Que son, según su definición, esas creencias falsas que sin embargo están aceptadas por la mayoría de la sociedad y de las cuales sacan inicialmente algún beneficio. También se refiere al principio de incertidumbre como la única constante en la economía. Más bien, cuestiona el pensamiento rígido de algunas de las escuelas económicas. «Los economistas en particular –dice Soros– sufren lo que Sigmund Freud llamaría envidia a la Física.» Esto es, el deseo de que la economía dé respuesta tan certeramente como la física a los interrogantes del género humano. Algo que falla por los cuatro costados. Porque, reconoce el especulador, la teoría económica «tomó su punto de partida con la premisa del conocimiento perfecto, y cuando dicha premisa se tornó insostenible, incorporó contorsiones crecientes para mantener la ficción del comportamiento racional. La economía (…) mantiene que hay un único punto óptimo de visión del futuro… y eventualmente todos los participantes en el mercado convergerán en torno a dicha visión. Este postulado es absurdo, pero es necesario para permitir a la teoría económica construir su modelo en base a la Física newtoniana.»
«En los asuntos humanos [incluyendo aquí las ciencias sociales como la economía] –agrega Soros– el pensamiento es parte del asunto en estudio, y sirve tanto a la función cognitiva como a la manipuladora. Las dos funciones pueden interferir con la otra…» Lo que implica que si uno pretende hacer un estudio serio de lo que ocurre en el plano económico, debe tomar en cuenta que la propia intervención del analista modifica la realidad a estudiar. Algunos puede ser que ignoren esta realidad. La mayoría de los carnívoros, se sabe, opera con decidido ánimo manipulador.
Hay un viejo tango, del año ’37 (plena Década Infame) de Francisco Gorrindo con música de Roberto Grela. «Las cuarenta», se llama, y refleja el desconsuelo del hombre común frente a un contexto signado por la avaricia y el individualismo. Uno de sus versos más conocidos dice así:
Aprendí que en esta vida hay que llorar si otros lloran / y, si la murga se ríe, hay que saberse reír; / no pensar ni equivocado… ¡Para qué, si igual se vive! / ¡Y además corrés el riesgo de que te bauticen gil!
La frase «cantar las cuarenta» viene de uno de los juegos de barajas más populares en el Río de la Plata y también España, el tute. Es cuando un jugador logra juntar las tres figuras, el caballo, la sota y el rey, del palo de triunfos. En la Argentina suele jugarse la versión «tute cabrero», en la que gana el que acumula más puntos, pero también el que acumula menos. El que pierde es el que queda en el medio. De allí viene otra frase, «ir a más» o «ir a menos». Jugarse a acumular o a descartarse lo más posible. Tito Cossa escribió una obra imperdible alrededor de esta idea, que se llama, obviamente, Tute Cabrero, llevada al cine en 1968 con Luis Brandoni, Pepe Soriano, Juan Carlos Gené y Hugo Midón, dirigidos por Juan José Jusid.
¿De dónde vendrá la palabra gil? Se supone que del caló (gitano) y significa inocente, cándido. Ante la remarcación de precios, el gobierno de Nicolás Maduro estableció una ley que fija una ganancia máxima del 30 por ciento. Pero muchos empresarios y comerciantes, nucleados en la federación que en 2002 dio el golpe contra Hugo Chávez, se quejan de la intromisión del Estado y protestan que es una medida arbitraria.
En la Argentina, hubo una fiebre remarcadora tras la devaluación del peso. Aparecieron, sí, ciudadanos como Gabriel Barrios, un comerciante de Neuquén Capital que se manifestó contra los aumentos abusivos de las distribuidoras y promueve una movida para no convalidar excesos. Seguramente hay otros ciudadanos que no aceptan que los pescadores se hagan su negocio a costa del bolsillo de los que menos tienen. Pero se desgarran en contradicciones. ¿Cuántos serán los que no quieren ni oír hablar de la presidenta pero saben que por el camino que indican los especuladores se vuelve a los peores momentos del país? Hay una enorme cantidad que creen que su buen pasar de la década es un premio exclusivo a su voluntad y destreza, que poco y nada le debe a las políticas oficiales. ¿Pero cuántos serán los que sólo tienen vergüenza en aceptar el mensaje de las autoridades para que no los bauticen «giles»? ¿Cuántos serán los que no quieren quedarse en el medio, como en el tute?.
Tiempo Argentino, 7 de Febrero de 2014
por Alberto López Girondo | Ene 31, 2014 | Sin categoría
El economista de raíz republicana Ben Bernanke se va hoy de la Reserva Federal (FED) tras ocho años al frente del banco central de Estados Unidos, donde había sido designado por George W. Bush. Cuando el presidente Barack Obama propuso para sucederlo a Janet Yellen, dijo que era la persona indicada para «promover máximo empleo, precios estables y un sistema financiero sólido» desde el máximo organismo monetario de ese país. La primera tarea de Yellen, una economista de 67 años, será hacerse cargo de la bomba de tiempo que le deja Bernanke, que este miércoles volvió a reducir el estímulo financiero en otros 10 mil millones de dólares. Lo cual aceleró una crisis para los países emergentes que se había esbozado en diciembre pasado, cuando «rebanó» los primeros 10 mil millones en la compra de bonos del Tesoro.
El dato generó alarma en varias naciones que sufrieron el rebote de esas medidas. Entre ellos está Argentina, es cierto, pero también Turquía, India, Sudáfrica, Indonesia. Y para desmentir tajantemente a quienes sostienen que el país está fuera del mundo, el cimbronazo monetario incluye en diferentes grados a Brasil, Perú y Chile. Y no por contagio de torpezas vernáculas, como reconoce Daniel Marx en una columna en el diario La Nación, sino porque se trata de una crisis global que ahora involucra a los países que venían creciendo más fuertemente en esta década.
Según dicen en mentideros de la vieja Europa, este principio de estampida comenzó con un mensaje inequívoco de William «Bill» Gross, que funge de gurú financiero internacional desde su fondo Pimco. «Turquía y Sudáfrica han reprobado el examen de las monedas, no esperes a ver quién es el próximo. Salí del riesgo, movete a los Treasuries (el bono del Tesoro estadounidense)», tuiteó el hombre.
Eduardo Antón, analista de fondos en Inversis Banco, intentó explicar la situación al diario económico Cinco Días, de España, uno de los lugares donde la estampida causó temores. «Los mercados emergentes y sobre todo sus divisas son muy dependientes de los flujos extranjeros», consideró, eso explica que a raíz de la retirada de estímulos de la FED «muchos flujos que se encontraban en mercados emergentes hayan sido repatriados a EE UU».
Otro analista difícil de catalogar como populista, José Luis Martínez Campuzano, de la central española del banco Citi, apuntó que «el escenario de inflación en alza, menor crecimiento y enorme presión para estrechar el déficit corriente está siendo más común en las economías emergentes de lo deseado». En esa misma línea, Pablo González López, de la también ibérica Abaco Capital, calcula que las monedas de los emergentes «van a seguir flojas por lo menos hasta que Estados Unidos deje de retirar dinero».
La novedad de esta nueva corrida internacional es que el anuncio de Bernanke –un regalo envenenado aunque sin dudas no casual– se produjo casi en simultáneo con el discurso del Estado de la Unión de Obama. Un interesante mensaje que fue duramente cuestionado desde sectores republicanos, como no podía ser de otra manera, pero también desde la mayoría de los medios estadounidenses.
En poco más de una hora, Obama desgranó sus aspiraciones para el tramo final de su mandato. La oposición sueña con convertir al paso del demócrata por la Casa Blanca en un anodino amago de cambios del primer mandatario negro en la historia de ese país nacido en el esclavismo. Cosa de que tarde mucho en aparecer otro afroamericano con expectativas. Fue en ese contexto de bloqueo sistemático de los republicanos que el presidente prometió gobernar, si fuera necesario, por decreto. A la mejor manera de presidentes acusados de autoritarios en esta parte del mundo. «Los Estados Unidos no se detienen y yo tampoco lo haré», amenazó ante el Capitolio.
Obama insistió, como lo viene haciendo desde que llegó a Washington en 2009, que su objetivo es la creación de empleo y la lucha contra la desigualdad. Por eso se atrevió, como hace añares nadie hacía en ese país, a sugerir a los empresarios que aumentaran los salarios para los trabajadores y dio el puntapié inicial al elevar a un mínimo de 10,10 dólares la hora para los futuros contratos con el Estado federal, que actualmente están en 7,25.
Algunas de las frases que desgranó Obama son ilustrativas: «Tenemos la tasa de desempleo más baja en cinco años. Producimos más petróleo en casa que el que compramos en el exterior. Nuestro déficit se ha reducido a más de la mitad. Estados Unidos es el lugar número uno para invertir y está mejor colocado para el siglo XXI que cualquier otra nación en la Tierra.» La más relevante a oídos «progres» podría ser, con todo: «Hoy, tras cuatro años de crecimiento económico, los beneficios empresariales y los precios de las acciones casi nunca han sido tan altos, y los de arriba nunca han estado mejor. Pero los salarios casi no se han movido.»
Las críticas apuntaron a que Obama confunde igualdad de ingresos con «igualdad de oportunidades». Y créase o no, republicanos extremos como la cubanoamericana Ileana Ros-Lehtinen o Cathy McMorris Rodgers señalaron que el partido tiene planes para remediar esa falencia. Aunque no fueron muy específicas en cómo piensan acortar la brecha, aseguraron tener «un plan que se enfoca en primer lugar en los empleos sin la necesidad de gastar más, sin subsidios del gobierno y sin regulaciones».
Como otra cara de la misma moneda, valga la frase, el emblema de la industria italiana, Fiat, anunció que culmina el proceso de fusión por adquisición con la automotriz estadounidense Chrysler. Para los italianos la noticia tiene algunas vertientes desagradables, porque desaparece un emblema tradicional desde la creación del emporio automotriz, en 1899, diseminado ahora dentro de la sigla FCA. Para colmo, la matriz legal se mudará a Holanda y la sede fiscal a Gran Bretaña. Es como esa sensación de vacío que muchos argentinos sintieron cuando YPF se esfumó en Respol tras la compra de la mayoría del paquete accionario por la compañía española, en 1999.
Esa fusión, que implica la compra total de Chrysler por la Fiat, tiene sin embargo otras variantes. Porque se trata de dos empresas que recibieron fuertes apoyos estatales a lo largo de su historia para mantenerse a flote. Los últimos antecedentes en Italia datan de hace justo cuatro años, cuando el titular de la automotriz, Sergio Marchionne, pulseaba con las autoridades italianas para lograr subsidios bajo la amenaza de cerrar su planta en Sicilia, donde trabajaban 1400. Un año antes, Marchionne, el mismo que el miércoles anunció el acuerdo con Chrysler, buscaba ayuda para que no corrieran «peligro 60 mil empleos» italianos.
La Chrysler tiene un historial más complicado, ya que estuvo al borde de la quiebra al menos dos veces y en ambos casos fue rescatada mediante ayuda gubernamental. La primera fue en 1979, cuando Jimmy Carter ocupaba el Salón Oval. Fue en los tiempos en que el ingeniero Lee Iaccoca tomó el control de una empresa que se iba al garete y fue en persona al Congreso para que le dieran «una manito». Logró algún éxito parcial que le dio fama y prestigio personal.
Pero la empresa nunca se recuperó del todo y la más chica de las tres hermanas de Detroit selló una alianza con Daimler Benz en 1998 que duró hasta 2007. Otra vez el gobierno federal acudió en su ayuda para que no cerrara. Pero ni Washington pudo evitar que la firma se acogiera a la ley de quiebras, en abril de 2009. Esa vez, fue el propio Obama el que anunció la alianza con la Fiat como una tabla de salvación para el atribulado gigante automotor.
«Me complace anunciar hoy que Chrysler y Fiat formaron una asociación que tiene una alta posibilidad de éxito», auguró entonces Obama. En ese sentido, las palabras del martes del presidente apuntan a lo mismo que en aquella ocasión: defender el trabajo genuino de los estadounidenses y aumentar el ingreso de los trabajadores.
Ahora espera que, a raíz de la amenaza de gobernar por decreto, el Congreso deje de trabarle propuestas de crecimiento. Habrá que ver cómo atraviesa este período de turbulencia que le deja Bernanke en los países emergentes y que todavía no se sabe cómo repercutirá en Estados Unidos. Habrá que ver, también, si el matrimonio Fiat-Chrysler sobrevive tras estos casi cinco años de noviazgo.
es volvió a reducir el estímulo financiero en otros 10 mil millones de dólares. Lo cual aceleró una crisis para los países emergentes que se había esbozado en diciembre pasado, cuando «rebanó» los primeros 10 mil millones en la compra de bonos del Tesoro.
Tiempo Argentino, 31 de Enero 2014
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