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Giro histórico entre EE UU y Cuba

La historia de la relaciones de Cuba con Estados Unidos es en gran medida la historia del surgimiento de Estados Unidos como potencia imperial y la desaparición de España como imperio dominante en el Atlántico y el Pacifico. Porque la firma del Tratado de París en 1898, que ponía fin a la guerra hispano-estadounidense, significó el fin de la dominación española sobre Cuba, Puerto Rico y Filipinas, pero al mismo tiempo abrió el proceso de dominación estadounidense sobre esas naciones.

En el caso cubano, fue el comienzo de una relación que haría eclosión después del 1° de enero de 1959, cuando la guerrilla comandada por Fidel Castro tomó el poder en La Habana luego de la huída del dictador Fulgencio Batista. El gobierno del general estadounidense Dwight Eisenhower se apuró a reconocer a las nuevas autoridades. La dictadura de Batista era políticamente insostenible y en Washington pensaban que todo iba a cambiar para que todo permaneciera, como había sido desde fines del siglo XIX.

La Casa Blanca no tardó mucho en darse cuenta de que la Revolución Cubana iba a ser inmanejable para los intereses estadounidenses, al punto que ya a mediados de 1959 el propio Fidel Castro viajó a Estados Unidos y mostró su postura sobre el comunismo y la Unión Soviética. El rechazo de Eisenhower no se hizo esperar y la respuesta de Castro también fue endureciéndose.

Fue la hora de la nacionalización de empresas estadounidenses y de la reforma agraria. Las elecciones presidenciales no hicieron más que tensar la cuerda en Estados Unidos, que en 1960 disputaba la primera magistratura entre el vicepresidente Richard Nixon y la fulgurante promesa demócrata, John F. Kennedy. En ese marco, Eisenhower apoyó planes de invasión pergeñados por la CIA con grupos de cubanos que se habían exiliado en Miami por su odio visceral a los revolucionarios. Un odio nacido de la pérdida de privilegios de décadas, sustentados en su relación con los intereses estadounidenses. El proyecto que venía elucubrando la CIA corría paralelo a los planes de eliminación física del líder cubano, que incluyeron propuestas que solo podrían entenderse en el marco de la Guerra Fría. El caso es que Kennedy, que asumió en enero de 1961, se encontró con un plan de intervención a medio armar y no tuvo el coraje para abortarlo, aunque tampoco le puso todas las fichas que habrían colocado los republicanos en la misma situación.

En abril de ese año se produjo el intento de invasión a la isla en Playa Girón. Fue el triunfo más resonante de la Revolución, que pudo derrotar a un grupo de aventureros apoyados por Estados Unidos en forma encubierta. La respuesta de La Habana fue profundizar la relación con la URSS y el anuncio de que Cuba había elegido el camino socialista. Es cierto que en otras situaciones Estados Unidos había recurrido sin culpas a una invasión desembozada o a un golpe de Estado. ¿Por qué en este caso todo terminó en un fracaso? En primer lugar porque Playa Girón (o Bahía de Cochinos, para la nomenclatura estadounidense) demostró el apoyo popular con que contaba la Revolución. No es casual que el argentino Ernesto Che Guevara y los hermanos Fidel y Raúl Castro hubieran estado en la Guatemala de 1954, cuando la CIA organizó el golpe contra Jacobo Arbenz. Tampoco que Fidel haya sido testigo de la situación colombiana cuando a la par que se creaba la Organización de Estados Americanos (OEA), era asesinado el líder liberal Jorge Eliecer Gaitán, en 1948. La historia algo enseña. En este caso, cómo se manejaba el imperio en estas circunstancias. Pero, además, la URSS ya había dado su apoyo a la Revolución Cubana.

Orgullo y prejuicio

Coinciden historiadores y en su momento el fiscal Jim Garrison, el único que investigó la red que sustentó a los exiliados que participaron en la frustrada invasión –es la tesis que se muestra en la película JFK de Oliver Stone–, que el asesinato de John Kennedy, en noviembre de 1963, fue una operación de los grupos descontentos con la falta de apoyo del demócrata a la intentona, y que apañó la agencia de espionaje e incluso el FBI del ultra-anticomunista Edgard Hoover. Es que Cuba, a 90 millas de Florida, era un golpe que, más allá de cuestiones geopolíticas, lastimaba al orgullo nacional.

Lo que vino después fue una escalada de los sucesivos gobiernos estadounidenses por asfixiar el proyecto cubano. Así fue que se desarrollaron leyes cada vez más restrictivas contra la economía, al tiempo que Cuba era expulsada de la OEA, en 1962. Es bueno recordar que en gran medida el derrocamiento de los presidentes Arturo Frondizi y Juscelino Kubitschek en Argentina y Brasil tuvo como componente principal el rechazo de las cúpulas militares de cada nación a la reunión que ambos mandatarios mantuvieron con el Che Guevara. Ninguno aceptaba expulsar a Cuba del organismo interamericano ni romper relaciones con su gobierno, pero ya era fuerte en la región la Doctrina de la Defensa Nacional que desde la Escuela de las Américas formateaba a los uniformados latinoamericanos.

A nivel internacional, lo que vino luego fue el deterioro y la debacle de la Unión Soviética y la caída del muro de Berlín, hace 25 años. Contra todos los pronósticos, mientras los países del bloque socialista, incluida Rusia, iban inclinándose hacia el modelo capitalista, los cubanos se «arremangaron» y en lo que se conoció como el «período especial» apostaron a mantener el socialismo a pesar de los vientos en contra.

Fue un momento duro y crucial y mientras desde Washington se estrechaba el cerco económico y financiero, poco a poco Cuba iba logrando persistir con renovados ímpetus. Fue cuando apostó por las investigaciones y las industrias ligadas con la medicina y la salud, al tiempo que con el apoyo de empresas europeas y canadienses impulsó el potencial turístico de la isla.

Patria grande

Con el nuevo siglo, Cuba se fue integrando cada vez más a la región. La llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela fue como un oasis, por el espaldarazo económico que significaron los acuerdos comerciales de intercambio de los avances científicos cubanos por el petróleo venezolano. Lo mismo hizo Lula desde el gobierno brasileño. Fueron empresas brasileñas con crédito oficial las que construyeron el Puerto Mariel, a 40 kilómetros de La Habana, un emprendimiento destinado a recibir capitales extranjeros para desarrollar la industria y expandir el comercio cubano.

Las nuevas medidas para la actualización del modelo económico fueron una señal de cambio contundente que daba Raúl Castro, quien reemplazó a su hermano Fidel en julio de 2006. Pero el avance esperado por los propios cubanos choca continuamente con el bloqueo, que no solo impide el comercio de estadounidenses con Cuba sino que penaliza a empresas extranjeras que hagan lo propio o a bancos que realicen transacciones financieras con la isla. El costo del embargo, según computan las autoridades cubanas, supera el billón de dólares desde que se implementó inicialmente, en 1962. Esa cifra es aproximadamente el doble del PBI argentino.

En los últimos 18 meses se fueron acelerando conversaciones entre representantes de los gobiernos de Obama y de Castro fomentadas por Canadá pero también y principalmente por el papa Francisco, como reconocieron específicamente ambas delegaciones. La última votación en la ONU a favor de levantar las sanciones fue de 188 a favor de Cuba y apenas 2 por Estados Unidos: uno el voto propio y otro el de Israel. Un resultado que se viene repitiendo desde hace años.

Se trataba entonces de encontrar coincidencias para cambiar este aislamiento que, como admitió Barack Obama, se volcó en contra de la nación que lo promovió.

Desde 1998 cinco agentes cubanos permanecían presos en Estados Unidos acusados de integrar una célula de espionaje. Conocidos en Cuba como «Los cinco héroes», por orden de La Habana se habían infiltrado en organizaciones de exiliados («gusanos» para los revolucionarios) que venían realizando una serie de atentados contra bienes y personas en la isla. Denunciaron a los autores de los ataques ante el FBI y el resultado fue que los condenados terminaron siendo ellos. Dos ya habían podido volver a Cuba, restaban tres que seguían reclamando por un proceso viciado por la intervención de los organismos de seguridad estadounidenses que no querían dar el brazo a torcer.

En 2009, el contratista Alan Gross era detenido en La Habana acusado de formar parte de una red de espionaje bajo la máscara de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Cualquier acercamiento debería pasar por un canje de prisioneros al mejor estilo de la Guerra Fría.

Y así ocurrió el 17 de diciembre: en un operativo sincronizado al detalle, mientras Gerardo Hernández, Ramón Labañino y Antonio Guerrero viajaban para reencontrarse en total libertad con Fernando y René González, Gross viajaba hacia Florida. Pasado el mediodía, Obama y Raúl Castro aparecían ante las pantallas de televisión para anunciar un histórico acontecimiento: luego de 53 años, reanudarían relaciones. No por casualidad, fue cuando se llevaba a cabo en Paraná la cumbre de presidentes del Mercosur. Señal de que Obama también quiere terminar con el aislamiento del resto de los países latinoamericanos.

«Es hora de poner fin a una política hacia Cuba que está obsoleta y que ha fracasado durante décadas», se justificó Obama. Sus palabras parecían calcadas de la serie de editoriales que The New York Times venía publicando desde antes de los comicios de medio término de noviembre pasado. Castro respondió recordando que aún faltaba resolver el problema más acuciante para Cuba, el bloqueo.

Fidel, en 1961, había dicho: «Algo sí podemos comunicarle al señor Kennedy: que primero verá una revolución victoriosa en Estados Unidos, que una contrarrevolución victoriosa en Cuba». Obama reconoció que «en la actualidad Cuba está gobernada por los hermanos Castro y el Partido Comunista, igual que en 1961». Y remató: «Estos 50 años de aislamiento no han funcionado, es momento de cambiar de postura. No creo que debamos hacer lo mismo durante otras cinco décadas y esperar un resultado distinto».

Romper el cerco

Raúl Castro le recordó a Obama que la normalización de relaciones es un paso decisivo. Pero agregó dos puntos fundamentales. Uno es que todavía falta resolver la cuestión del bloqueo. El otro es que este acercamiento no implica renunciar al socialismo. «Debemos aprender a convivir con nuestras diferencias», aleccionó. Castro deslizó luego que el presidente estadounidense tiene herramientas para avanzar en la liberación total, pero faltaría ponerle fin a 53 años de reglamentaciones superpuestas que coinciden en castigar a un país que no se sometió a los intereses de Estados Unidos. El paquete de medidas que anunció Obama implica una suavización del embargo, pero no la eliminación. La decisión de levantar el cerco económico corresponderá a un Congreso que está en manos de los republicanos.

Revista Acción
Enero 2 de 2015

Obama mueve las fichas en un fin de año movido

Obama mueve las fichas en un fin de año movido

En política internacional –al igual que en la vida en general, aunque esto es más discutible– conviene no creer que las casualidades existen. Durante las últimas semanas fueron corriendo en paralelo un puñado de situaciones que no podrían asociarse al azar.  Por un lado, la crisis en la frontera rusa fue generando una serie de sanciones contra el gobierno de Vladimir Putin, al que se acusa de intentar rehacer el imperio zarista. Mientras tanto, persiste el acoso al gobierno de Nicolás Maduro, que también fue sancionado por la administración de Barack Obama por lo que considera una violación de los Derechos Humanos.

En otro tablero de esta partida de ajedrez, el precio del petróleo se seguía desplomando en una operación de la que no es ajena la Casa Blanca, principal apoyo político y militar de Arabia Saudita. Es que la Organización de Países Productores de Petróleo, OPEP, fundada en 1960 a instancias del gobierno venezolano de Rómulo Betancourt, no pudo acordar una reducción en la producción del crudo ante la negativa del reino saudí. Integrada, entre otros, por venezolanos y saudíes, la OPEP cuenta entre sus miembros a países como Libia, Irak, Irán, Ecuador y Nigeria. En 1973, la organización fue clave en la crisis del petróleo que disparó los precios en boca de refinería  al doble.

A pesar de las diferencias ideológicas y económicas, durante décadas hubo marcos para el acuerdo entre un rey Abdalá bin Abdelaziz en Riad con un Saddam Hussein en Bagdad, Muhammad Khadafi en Trípoli, los ayatolás en Teherán y hasta un Hugo Chávez en Caracas. Esta vez, la negativa de Arabia Saudita a disminuir la extracción para que los precios no caigan le dio un golpe mortal a la propuesta encabezada por el presidente Nicolás Maduro. La propuesta funcionaría si todos se pliegan, si de las arenas saudíes sigue fluyendo el líquido, además de que no se evitaría la caída se reducirían aún más los precios del principal ingreso venezolano.

Como se entiende, la jugada también perjudica a Irán, Libia e Irak. Pero sucede que en estos dos últimos países hay grupos irregulares (como el EI en el caso iraquí) que venden por su cuenta y sin intervención de ningún Estado establecido. Pero este escenario golpea sobremanera a Rusia, que no integra la OPEP pero es el tercer productor mundial y obtiene del oro negro su principal ingreso, junto con el gas, también devaluado por la caída de precios.

Circula la idea de que la baja tiene como objetivo lesionar el naciente negocio del fracking, con lo cual resultaría a salvo la sospecha sobre Estados Unidos, que se coló entre los top ten productivos precisamente a través de esta nueva técnica en territorio propio.  Pero no parece un buen argumento puntual: cualquier dumping es inicialmente una pérdida para el que lo realiza, pero con suficientes espaldas, a la larga destruye a los competidores. Nadie duda del aguante que tiene quien maneje la maquinita de fabricar dólares.

Y aquí viene la otra cuestión: ayer Putin tuvo que salir a señalar que los rusos deberán soportar dos años de crisis por la debacle de la economía. El rublo se desplomó un 30% en lo que va del mes y como el mandatario explicó, la poco diversificada economía de ese país impide evitar una caída semejante porque muchos productos que se podrían elaborar en Rusia deben importarse, y en moneda dura. Para Putin, las sanciones son responsables de esta crisis en parte, y otra parte lo es el derrumbe del precio del petróleo.

La economía venezolana también sufre el embate de esta pérdida en su principal activo, que es el crudo. Hay otro país que hace fuerza por ingresar a las grandes ligas de productores y que sufre las consecuencias de otra crisis que afecta a su empresa de bandera. En Brasil arreciaron estos días las denuncias por corrupción en Petrobras que amenaza a funcionarios del gobierno, opositores y empresarios privados y además, arrastraron a la baja sus acciones a un nivel histórico, a pesar de los yacimientos marinos que multiplicaron sus reservas en los últimos años.

Tras la derrota electoral de los demócratas en la elección de medio término de noviembre pasado, el gobierno de Obama intentó quitarse de encima la resaca a las apuradas. La iniciativa de legalizar a millones de inmigrantes indocumentados fue una, rechazada por la oposición republicana. Los medios más influyentes, léase The New York Times en primer lugar, venían insistiendo en el carácter retrógrado de mantener el bloqueo económico a Cuba, mientras denunciaban operaciones encubiertas a través de la USAID para desestabilizar al gobierno de la revolución.

La frutilla del postre parecía el informe del Senado –todavía controlado por los demócratas– sobre las bárbaras torturas cometidas por la CIA en cárceles ilegales e incluso en Guantánamo. Desde esa base en la isla de Cuba salieron seis presos con rumbo a Montevideo, en el marco de un acuerdo con el gobierno de José Mujica para encontrar dónde llevar a acusados de terrorismo nunca juzgados ni condenados por los delitos por los que estuvieron detenidos. Pero faltaba algo más.

Mujica había pedido a cambio de aceptar a los presos de Guantánamo un gesto de Obama para levantar las sanciones a Cuba, que ya llevan 53 años de vigencia. Parecía un pedido que caería en saco roto. Pero inesperadamente el miércoles, en ¿coincidencia? con el cumpleaños de Jorge Bergoglio y con la sesión en la capital entrerriana de los presidentes del Mercosur, Obama y Raúl Castro anunciaron un intercambio de presos y la apertura de negociaciones para reanudar las relaciones diplomáticas, suspendidas cuando Fidel Castro declaró que Cuba marchaba al socialismo. Por la misma fecha en que un grupo de aventureros con apoyo de la CIA intentaba una invasión a la isla en Playa Girón.

«Estos 50 años de aislamiento no han funcionado, es momento de cambiar de postura. No creo que debamos de hacer lo mismo durante otras cinco décadas y esperar un resultado distinto», dijo Obama en su discurso. Fue una de las tantas frases con las que trató de edulcorar el fracaso de este medio siglo. La política que buscaba aislar a Cuba, reconoció el inquilino de la Casa Blanca, terminó por aislar a Estados Unidos. Las últimas votaciones en la ONU para levantar el bloqueo –188 a favor de Cuba y dos a favor de Estados Unidos– son la prueba más evidente, analizó Obama.

La reunión presidencial de Paraná estalló en alegría. Era un triunfo no solo de los cubanos, que resistieron las peores presiones durante más de cinco décadas, sino de los latinoamericanos, que cada uno a su manera fueron desandando un camino sinuoso iniciado durante los años 60 por dirigencias teñidas de un anticomunismo cerril cuando no de una obsecuencia venal con los mandatos de Washington.
Pero la cumbre del Mercosur no olvidó tras este gesto arriesgado de Obama –los anticastristas antediluvianos abundan en Estados Unidos– de rechazar las sanciones que paralelamente su administración había aprobado contra Venezuela.

Para Cuba se inicia un período de expectativas favorables. La reapertura de relaciones permitirá despejar un flujo de inversiones latentes que se demoraban por las restricciones y las sanciones establecidas en el paquete de leyes que sustentan el bloqueo, y que castigan también a terceros países que negocien con la isla.
Castro aleccionó en su discurso sobre la necesidad de aprender «el arte de la convivencia» entre naciones con perspectivas y sistemas diferentes. Y le aclaró a Obama que lo principal, que es el bloqueo, no está resuelto. Y que tiene cómo sortear lo que seguramente será un rechazo del congreso republicano a levantar la cincuentenaria medida, algo sobre lo que el presidente estadounidense ya había anunciado avances.

Los demócratas, en tanto, despejan el camino hacia la posibilidad de un nuevo período demócrata, en las elecciones de 2016. Con un tercer Bush en la gatera –Jeff, ex gobernador de Florida– el camino de Hillary Clinton suena menos dificultoso Obama cumple con promesas hechas a la comunidad hispana en su campaña. No cerró Guantánamo, pero fue liberando presos. No levantó el bloqueo, pero fue quien más avanzó en ese sendero. No logro una ley de inmigración, pero facilitó la legalización.

Al mismo tiempo, libera tensiones en el agitado «patio trasero» latinoamericano en vista de los frentes abiertos en Ucrania, Siria, Irak e Irán. No conviene creer que una potencia es capaz de dar una puntada sin nudo y menos si un discurso presidencial termina con un «todos somos americanos». En castellano.
 

Tiempo Argentino
Diciembre 19 de 2014

Ilustró Sócrates

Reencuentros regionales

En un final de año signado en buena medida por la política internacional, la presidenta Cristina Fernández participó de reuniones del más alto nivel en América Latina. Todas ellas marcadas a fuego por una suerte de renacimiento de la integración regional luego de largos meses de demoras y, en algunos casos, de desencuentros. Quizás la cumbre que más huella deje sea la de presidentes de la Unión Suramericana de Naciones (UNASUR), celebrada en Ecuador.

Porque allí se inauguró la sede del organismo en la Mitad del Mundo, el mojón a 14 kilómetros de la ciudad de  Quito por donde pasa la coordenada ecuatoriana del planeta y que simbólicamente pretende erigirse en el centro de un nuevo ordenamiento global nacido de estas latitudes. Simbólico porque el soberbio edificio concebido por el arquitecto Diego Guayasamín –sobrino de Oswaldo, el artista plástico fallecido en 1999– ostenta en su entrada una estatua de Néstor Kirchner y lleva el nombre del ex presidente argentino, quien fue el primer secretario general de UNASUR. Es bueno recordar que la organización, nacida al calor del empuje del venezolano Hugo Chávez, fue constituida en 2008 en Brasilia, cuando Lula da Silva era presidente, pero tenía como disposición primordial que no se pudiera establecer orgánicamente hasta que no fuera aprobada por 9 de los países a través de sus parlamentos. Un objetivo que recién se cumplió en 2011. Sin embargo, ya había sido fundamental para frenar el intento golpista en Bolivia en 2008, y luego, con Kirchner en la secretaría, el conato policial contra Rafael Correa en setiembre de 2010. Incluso antes de eso había fijado una firme posición a favor de la democracia cuando ocurrió el derrocamiento de Manuel Zelaya en El Salvador en 2009.

En ese marco, y con el telón del fondo del recuerdo de las dictaduras que asolaron la región a lo largo de su vida independiente, la presidenta argentina Cristina Fernández señaló al inaugurar la sede que «este edificio representa algo más que la UNASUR, representa la historia sufriente de nuestros pueblos desde la misma fundación hace ya 200 años y de esta segunda batalla que estamos dando en este siglo XXI, que es la reindependencia económica y la reconstrucción cultural de nuestras naciones». El homenaje a Kirchner en ese emblemático lugar es también un recuerdo al líder bolivariano Hugo Chávez. Porque la empatía entre ambos dirigentes luego de la cumbre de Mar del Plata de 2005, cuando se terminó con la propuesta estadounidense del ALCA, encontró en UNASUR un cauce para desarrollar estrategias de integración más allá de lo simplemente declarativo. Este organismo, comunión de 12 naciones, fue desde su origen el resultado del esfuerzo de gobernantes que intentaban sobrepasar diferencias ideológicas y económicas con tal de acercar intereses comunes en el entendimiento de que solo la unidad podía cambiar el futuro de estas 400 millones de almas esparcidas a lo largo de más de 17 millones de kilómetros cuadrados de superficie. Seres que además hablan idiomas tan cercanos como el portugués y el castellano y tienen un origen íntimo, más allá de desavenencias e incluso batallas puntuales.

La entidad, sin embargo, desde las muertes de Kirchner y de Chávez pareció entrar en un cono de sombras. Costaba encontrar un reemplazo que motorizara al resto de los jugadores regionales y ni la colombiana Emma Mejía ni el venezolano Alí Rodríguez tuvieron ocasión de poder desplegar su voluntad integradora.

Recién en agosto pasado hubo consenso como para nombrar a Ernesto Samper, un ex presidente colombiano que desde ese momento se puso manos a la obra para el relanzamiento, que comenzó formalmente mucho antes de la inauguración de su oficina en el centro del mundo.

El propio Rafael Correa expresó su preocupación por el letargo en que había caído la integración. «En la demora está el peligro, nos hemos demorado mucho», advirtió. «Separados, será el capital trasnacional quien nos imponga las condiciones», agregó. El mandatario ecuatoriano adjudicó los retrasos en la integración a las muertes de Kirchner y Chávez, pero también dijo: «Además, sabemos que fuerzas intra y extra regionales no quieren la integración». La presencia de todos los presidentes del espacio en al menos una de las dos jornadas que se llevaron a cabo en Ecuador revela que, con todas las diferencias que pueden existir, la voluntad integradora subsiste y deberá ponerse de relieve para avanzar en la institucionalización de las distintas iniciativas.

Ciudadanos

El corolario de la VIII Cumbre Presidencial de UNASUR fue una declaración en la que se establece que la región debe ser una zona de paz, democracia y respeto de los derechos humanos. La presidenta argentina destacó que América del Sur ha podido «superar difíciles momentos en la unidad, en la discusión y la diversidad; los cimientos de este edificio (por el de UNASUR) no solo son sólidos por el hormigón, el cemento y los ladrillos, sino porque están construidos desde la historia, la convicción de paz y la unidad».

De allí que la voluntad final de este encuentro presidencial tienda a consolidar la integración tanto en lo económico como en lo social. A eso apunta el objetivo de fomentar una ciudadanía suramericana y la creación de un pasaporte de UNASUR. De este modo no solamente se podrá circular y trabajar libremente entre los países que integran el bloque sino que también será una carta de presentación ante los otros países o instituciones regionales como la Unión Europea. También se establecieron miras más precisas en torno de la puesta en marcha del Banco del Sur, otra de las ideas que alumbró Chávez y que recibió el respaldo de la Argentina desde el primer momento. Una vez concretada una institución bancaria continental para respaldar a los distintos gobiernos y para garantizar la viabilidad de los proyectos de integración física entre los países a través de líneas férreas y carreteras, la otra etapa pasa por contar una moneda común. La experiencia del euro no parece adecuada para tomar como fuente de inspiración, pero en cambio, los países del ALBA utilizan una moneda virtual que obedece a la inventiva de Chávez y de Correa. Se trata del Sucre, que utiliza el nombre de aquel mariscal que comandó las tropas de varias naciones suramericanas en la última batalla por la independencia, en Ayacucho, hace exactamente 190 años, el 9 de diciembre de 1824.

Sucre también era el nombre de la vieja moneda ecuatoriana desaparecida cuando en 2000 el gobierno neoliberal de Jamil Mahuad –asesorado por el ex ministro de Economía argentino, Domingo Cavallo– decidió imponer el dólar como una forma de reacomodar la economía del país haciendo desaparecer la divisa local. La idea de Correa, economista él, fue crear una moneda virtual que pudiera usarse en el comercio zonal en lugar del dólar o el euro. De allí que SUCRE ahora signifique Sistema Unitario  de Compensación Regional. Por vía electrónica los países que la integran (Venezuela,  Ecuador, Nicaragua, Antigua y Barbuda, San Vicente, Cuba, Bolivia y Uruguay) cada 6 meses compensan el intercambio realizado de cada nación en dinero local. La diferencia se hace en los valores que se acuerden, con lo cual el recurso a la moneda fuerte se reduce al mínimo y tiende a que su reemplazo sea total.

Parlasur a la vista

Este fin de año movido para la región culmina con una nueva cumbre de presidentes del MERCOSUR, esta vez en Paraná, la capital de Entre Ríos. Será una buena ocasión para que el gobernador Sergio Uribarri  se muestre a nivel continental. El entrerriano avisó hace tiempo que se anota para las presidenciales de 2015 y este puede ser un estreno inigualable en un aspecto que comparte con los candidatos del oficialismo, como es el rol que se le asigna a la integración regional y sobre todo dentro del organismo que Argentina integra con Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela.

Semanas antes del encuentro se abrió un nuevo debate a partir de la iniciativa oficial de poner en marcha la elección de diputados para el Parlamento del Mercosur  (PARLASUR) en 2015. Creado mediante un protocolo en Ouro Preto en 2004, el PARLASUR comenzó a funcionar en mayo de 2007. El proyecto original consistía en que desde 2011 los legisladores fuesen elegidos por el voto directo de los ciudadanos. Más aún, los países consensuaron que desde este año los parlamentarios sean elegidos en elecciones simultáneas con las presidenciales. Por ahora el único país que cumplió fue Paraguay.

La polémica surgió cuando en el Congreso local se debatió la ley respectiva, para que en las elecciones del año próximo se elijan diputados al PARLASUR. La oposición puso el grito en el cielo por lo que consideró un despropósito dotar de inmunidad legislativa a los representantes argentinos que resulten electos. El argumento era que esa ley solo busca darle fueros a Cristina Fernández, que según esta versión de los hechos se presentaría a elecciones solo para esquivar las acusaciones que rondan los tribunales. Desde el oficialismo, pero también desde sectores radicales encolumnados detrás de Leopoldo Moureau, por ejemplo, salieron al cruce de lo que consideraron una maniobra para desmerecer el rol del MERCOSUR, en consonancia con lo que las derechas regionales plantearon en los recientes comicios de Brasil y Uruguay.

Tiempo Argentino
Diciembre 16 de 2014

La CIA y el recurso del método

La CIA y el recurso del método

Russell Brand es conocido como humorista, actor, presentador televisivo y comediante. Muchos de sus comentarios de actualidad suelen viralizarse a través de Youtube. En uno de los últimos, con la cama de su habitación como fondo, desmenuza el informe del Senado de Estados Unidos sobre el uso de la tortura en la CIA. «De acuerdo con Amnesty International, programas de televisión como 24, creado por Fox, en el cual un par de tipos neoconservadores le dan glamour y justifican la idea de la tortura, ayudan a aceptar que esto es un aspecto normal del espionaje internacional».

Los datos más oscuros del informe que presentó la senadora demócrata Dianne Feinstein ya circulaban hace un tiempo. Y desde 2001, se conocían a través de la prensa alternativa, pero fueron invisibilizados por los grandes medios, que los tildaron de teorías conspirativas. Barack Obama ya había denunciado las prácticas de tortura. Pero el informe del Senado le da una sustancia que no tenían las palabras del presidente porque surge luego de cinco años de investigación y ocupan más de 6000 páginas con pruebas documentales y evidencias incontrastables. ¿Por qué se hizo el anuncio ahora? Era el Día de los Derechos Humanos y el quinto aniversario de la entrega del Nobel de la Paz a Obama. Además, en pocos días los republicanos recuperan el senado, lo que significa que lo hubieran cajoneado sin el menor reparo.

Los detalles más amarillos se difundieron masivamente. También se resaltó que esas prácticas no aportaron información eficaz ni sobre golpes de Al Qaeda ni sobre ningún otro tema sensible para la seguridad del país. «La información más precisa sobre Abu Ahmad al-Kuwaiti, el ‘facilitador’ cuya identificación y seguimiento condujo a hallar el refugio de Osama bin Laden y a la operación que resultó en la muerte de Osama, fue obtenida de un detenido de la CIA que aún no había sido sometido a las ‘técnicas de interrogatorio mejorado’ (Enhanced Interrogation Program)de la CIA; mientras que los detenidos (que sí habían sido sometidos a esos métodos) retuvieron y fabricaron información sobre Abu Ahmad al-Kuwaiti», dicen los senadores .

Pero hay otros detalles que quedaron en el tintero. Es el caso de los personajes que desarrollaron esas técnicas criminales y andan por el mundo sin muestras de sonrojo. Uno de ellos es un puertorriqueño que trabajó 31 años en la CIA –tuvo un cargo en la embajada de EE UU en Buenos Aires en tiempos de «relaciones carnales»–. Los otros son dos psicólogos que formaron una proveedora del Pentágono en esos menesteres y que si bien no llegaron a cobrar el total pactado de 180 millones de dólares, alcanzaron a llevarse 81 millones de indemnización por los «trabajitos» que hicieron hasta 2007, dos años antes de terminar el contrato. La CIA puso un millón más para protegerlos judicialmente.

El «hispano» José A Rodríguez, nacido en Puerto Rico hace 66 años, es un ejemplo de cómo actúa el organismo y quienes hacen el trabajo sucio. Con un bigotazo modelo galán mexicano de los ’50, Rodríguez tuvo su primer affaire en la década del ’80, en el escándalo Irán- Contras; la venta de armas al régimen iraní en tiempos de Ronald Reagan para financiar a las milicias que luchaban contra la revolución sandinista. Del ’94 al ’96 anduvo por Buenos Aires –tras un paso por Panamá, Dominicana, Perú y México-, y en el 2004 llegó a la cima en la división Operaciones Clandestinas de la CIA.

Un año más tarde se encargó de destruir grabaciones de interrogatorios a detenidos en cárceles de varios países donde la CIA alojaba sospechosos. El Senado pidió entonces una investigación, pero el jefe de Rodríguez dijo que la información contenida en los cassettes no era relevante, que incluso podría comprometer a los interrogadores, un argumento que defensores de presos en Guantánamo, por ejemplo, desmintieron fervorosamente. Para ellos eran evidencias que ya no podrían utilizarse en ningún juzgado.

Para 2007, el puertorriqueño anunciaba su retiro de la organización. Como tenía tanto para dar aún, pasó a la actividad privada como asesor en Blackwater, entonces la mayor contratista de mercenarios del planeta. También encontró empleo en la National Interest Security Company de Fairfax, Virginia, luego adquirida por el gigante IBM. En 2012 cerraría el círculo con un libro, Hard Measures: How Aggressive CIA Actions After 9/11 Saved American Lives (Medidas duras: qué tan agresivas fueron las acciones que salvaron la vida de los estadounidenses después del 9/11). Allí fundamenta la tortura como elemento de investigación válido y aceptable.

James Elmer Mitchell y Bruce Jessen son dos psicólogos que formaron parte de las fuerzas armadas estadounidenses. Luego armaron Mitchell Jessen & Associates, un emprendimiento para enseñar a la CIA novedosas formas de obtener información mediante métodos que llevan a la mayor degradación humana. Tanto para la víctima como para el victimario, como se pudo observar con el tiempo.

Mitchell tiene más exposición mediática que su socio y en una entrevista con VICE News, un medio vinculado a la cadena FOX, no tuvo empacho en mostrar sus habilidades como navegante a través del río Myakka, cerca de Tampa, Florida, donde tiene una mansión con amarradero propio. Allí recibió al periodista Kaj Larsen para un especial «El arquitecto del programa de interrogatorios de la CIA».

Mitchell fue experto en explosivos y no es un secreto que fue muy ducho en el programa SERE (Survival, Evasion, Resistance, and Escape) para endurecer cuerpos y espíritus ante la tortura. Era un modelo para entrenar a los soldados estadounidenses en resistir las formas más violentas de castigo, lo que implica someterse a las más bárbaras vejaciones, aceptadas por el bien de la patria, para recibir la ciudadanía en el caso de inmigrantes o simplemente por dinero. De paso, ese entrenamiento lleva conocer los puntos débiles de un potencial enemigo.

Mitchell aparece en el video como un señor que representa los 64 años que tiene, pero con fuerte espíritu deportivo. Una especie de tío piola que dirige su kayak entre los cocodrilos y muestra algunos trofeos en una casa como las típicas de una isla del Tigre bonaerense. Con una cuidada barba blanca, se parece al Donald Sutherland que compartía secretos militares con el fiscal Garrison (Kevin Costner) en la película JFK. Pero no se le suelta la lengua. Dice que no tiene permitido hablar,que no confirma no rechaza su participación en el método aunque si, cree que la tortura es una forma de obtener información valiosa.
En los informas de la CIA, Mitchell es Grayson Swigert y su socio Hammond Dunbar. Podrían haber quedado ocultos tras esos sobrenombres, pero alguien reveló a la prensa su identidad. Esto fue hace tiempo, y en 2008 los colegios de psicólogos estadounidenses se plantearon si era ético o no participar en esos programas represivos. Finalmente ninguno de los dos «arquitectos» perdieron su licencia, aunque tampoco se sabe que atiendan a pacientes particulares.

Muchos de los datos sobre lo que sucede en las cámaras de tortura son atribuidos a las filtraciones de alguien que participó en algunas de esas sesiones y no resistió las consecuencias éticas. Estuvo, como Mitchell, frente al prisionero Abu Zubaydah, un militante de Al Qaeda. El caso Zubaydah es clave en el informe del Senado. El hombre fue encadenado a una silla semanas enteras y lo dejaron en una caja del tamaño de un ataúd durante horas. Lo tuvieron once días sin dormir y quedó reducido a un ser balbuceante sin el menor raciocinio.

Fue tal vez el que más veces pasó por el waterboarding (submarino), el método preferido de Mitchell. Los investigadores afirman que Zubaydah no dijo nada que valiera la pena. Rodríguez, de todas maneras, se sinceró a CBS: «Hicimos a algunos terroristas de Al Qaeda con sangre estadounidense en sus manos sentirse incómodos por unos días. Estoy seguro de que lo que hicimos ayudó a salvar vidas.»

Ninguno de estos personajes enfrenta riesgos judiciales. Distinto es el horizonte de John Kiriakou, un ex analista de la CIA que siendo jefe de Contraterrorismo en Pakistán lideró la captura de Zubaydah en 2002.

En 2007, Kiriakou confirmó a un periodista de ABC  que la CIA aplicaba métodos de tortura para obtener información. Lo procesaron por violar la Ley de Espionaje, como sucedió con Edward Snowden o el soldado Manning. En enero del año pasado, Kiriakou fue condenado a 30 meses de prisión. Todavía tiene para seis meses y medio más.

En estos días un grupo de presos de Guantánamo llegó a Montevideo, que les dio refugio luego de años de prisión, tortura y vacío legal. «Si no hubiera sido por Uruguay, hoy aún estaría en ese agujero negro en Cuba», declaró Omar Mahmud Faraj, uno de los seis.

En coincidencia, Dilma Rousseff presentó en Brasil el informe de la Comisión de la Verdad sobre crímenes de la dictadura, entre 1964 y 1985. La ley de Amnistía impide juzgar a los culpables de cientos de muertes y vejámenes. El general del ejército Nilton Cerqueira, uno responsable de aquellos delitos, se quejó de lo que considera una injusticia: «¿Yo, que cumplí la ley, soy el que violó Derechos Humanos? ¿Y los terroristas? ¿Y la terrorista que hoy preside el país?»
Tiempo Argentino
Diciembre 12 de 2014

Ilustró Sócrates