Hace algunos días se conocieron detalles de la nueva decoración del Salón Oval. Un dato bastante menor en el contexto de los movimientos tectónicos que se están registrando desde que Donald Trump volvió a la Casa Blanca, pero sumamente indicativos de lo que el 47º presidente de los Estados Unidos pretende para estos cuatro años, si es que la realidad se amolda a su gusto, como hizo con la oficina presidencial. Por lo pronto, algo que ya se había visto: todo luce revestido en oro, cosa de ilustrar el nuevo “período dorado” que augura para su país. Lo otro que destacaron los medios es que hizo colgar un cuadro de James Polk, el 11º mandatario. Fue durante esa presidencia (1845-1849) que el territorio estadounidense incorporó a Texas y tras la guerra con México, los actuales estados de Nuevo México, Nevada, Utah, Colorado, Oklahoma y California. Por la vía comercial, también adquirió Oregón al Reino Unido, con lo que de un plumazo casi duplicó la superficie hacia la costa del Pacífico. Como para que a nadie se le ocurra decir que lo de Trump con respecto a Canadá, Groenlandia y el Canal de Panamá es una iniciativa personal.
Por estos días también se pueden ver las “enseñanzas” de otro presidente al que Trump admira, Theodore “Teddy” Roosevelt, tío lejano del Franklin Delano. Es ese que puso “en valor” la Doctrina Monroe y popularizó el lema “habla suave y lleva un garrote”. Trump está aplicando el Gran Garrote en todo el mundo y cada día se ve más claro: mientras lleva adelante conversaciones con Vladimir Putin para un alto el fuego en Ucrania camino a un acuerdo definitivo de paz con Rusia, lanza un ataque brutal contra Yemen y coordina con Benjamin Netanyahu para que las fuerzas israelíes bombardeen objetivos en el Líbano y amenacen, abiertamente, con anexar Gaza.
Este martes Putin y Trump mantuvieron una conversación telefónica de más de dos horas en la que hablaron de Ucrania pero no solamente, al punto que ya se habla de un acuerdo Yalta 2.0 pero ahora entre EE UU, Rusia y China. Los europeos estaban que trinaban porque no fueron invitados. Una frase que circuló entre los analistas es que “si no estás sentado a la mesa es porque sos parte del menú”. Viejos manipuladores con siglos de experiencia en escupir cualquier asado, los líderes de la Unión Europea y del Reino Unido se comprometieron a acelerar los envíos de armas a Kiev antes de que se produzca un posible alto el fuego.
El presidente Volodimir Zelenski, a su turno, habló con Trump y, obediente ahora, dijo que estaba muy conforme con que el mediador en ese entuerto sea Washington, pero les pidió a los europeos unos 5.000 millones de dólares para continuar la guerra. A todo esto, Trump aseguró que hubo avances en la firma de acuerdos “para liberar tierras raras, minerales y muchas otras cosas en todo el mundo, pero en particular en Ucrania”. Y agregó, pícaro: “Nos va muy bien con Ucrania y Rusia». Putin ya había señalado que Rusia posee importantes yacimientos de esos minerales estratégicos en las regiones las Krasnoyarsk, Yakutia y la península de Kola. No solo eso, dijo que no tendría problema en establecer contratos con empresas estadounidenses para una explotación conjunta. Las tierras raras de Ucrania, hay que decirlo, en caso de ser tan grandes como se dice, quedan en regiones que ahora ocupan las tropas rusas, pequeño detalle.
La agencia Europa Press destaca este viernes que Trump declaró que «nos encantaría ver que esta guerra terminara. Creo que lo estamos haciendo bastante bien en ese sentido. Con suerte, podríamos evitar que miles de personas mueran cada semana. De eso se trata. Mueren innecesariamente. Creo que lo lograremos». Pero al mismo tiempo, el gobierno anunció el envío a Medio Oriente de un segundo portaaviones, el Carl Vinson, para reforzar las operaciones contra Yemen que lleva adelante el Harry S. Truman, el que ya sufrió varios ataques con drones de los hutíes, que actúan en respaldo a la resistencia islámica en Gaza.
El ejército israelí, en tanto, está atacando con suma intensidad en la Franja desde el martes, cuando el gobierno de Netanyahu rompió el cese el fuego en respuesta a acciones de las que culpa a Hamas, y reclama la entrega total de los rehenes que aún tiene en su poder. Hasta esta edición las víctimas fatales de los bombardeos sumaban casi 600. El ministro de Defensa, Israel Katz, amenazó con anexar los territorios gazatíes si la organización islámica no diera curso a ese reclamo. Las Fuerzas de Defensa Israelí también lanzaron ataques contra la localidad de Khiam, al sur de Líbano, luego de denunciar el lanzamiento de tres cohetes disparados contra Metula, cerca de la ciudad de Kiryat Shemona. Tanto la ofensiva estadounidense como la israelí se centra en objetivos cercanos a Irán, lo que hace temer la ampliación del conflicto.
Este martes, el primer ministro israelí invocó al recrudecimiento de las acciones en Gaza para solicitar un nuevo aplazamiento en la audiencia prevista para ese mismo día en varias causas por corrupción que se tramitan en los tribunales de Israel. El viernes anterior, había pedido una medida similar alegando que tenía que recibir al mandatario argentino en visita oficial. Pero la situación local no daba para que Javier Milei se alejara de Buenos Aires. «
La coalición europea busca fondos
En otro tramo de su pelea por el protagonismo en esta etapa de la historia europea, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, anunció una cumbre de la «coalición de voluntarios» que apoya a Ucrania a realizarse en París el próximo jueves, donde se analizarán planes para otorgar más ayuda militar a Kiev. Fue a la salida del encuentro que se realizó en Bruselas para impulsar nuevos fondos destinados a la defensa continental y para respaldar a Ucrania.
El futuro canciller de Alemania, Friedrich Merz, por su parte, intenta reformar la constitución germana para poder aumentar el límite de la deuda pública y de ese modo rearmar al país, pero no consigue el apoyo de los Verdes. Mientras no consiga ese objetivo, reclama a los dos países con armamento atómico, Francia y Reino Unido, que extienda el paraguas nuclear a su país. Los líderes europeos se fijaron como objetivo incrementar sus presupuestos a expensas del sistema de bienestar social, en una carrera armamentista para protegerse de una eventual invasión rusa.
La Unión Europea busca –con Macron a la cabeza– no perder su espacio en esta etapa de redefiniciones geopolíticas. En este escenario, el primer ministro laborista británico, Keir Starmer, intenta llevar la voz cantante, aunque en 2016 en Reino Unido decidió en referéndum salirse de la organización regional. El escenario se complejiza luego de declaraciones de Donald Trump en las que se ofrece gentilmente a que Estados Unidos pase a formar parte de la Mancomunidad británica de naciones. «Me cae bien el rey Carlos. ¡A mí me suena bien!», publicó en su red social Truth.
La Commonwealth fue creada en 1926, cuando las elites más avispadas del Reino Unido percibieron que la decadencia del Imperio Británico estaba cada día más cerca. Nuclea a 56 países que fueron colonias, entre ellos Canadá, una joya preciada por Trump, que en el remozado Salón Oval ahora luce una foto del conservador Winston Churchill, el primer ministro durante la Segunda Guerra Mundial. Uno de los asistentes a la cumbre de Yalta de febrero de 1945. Hace justo 80 años.
La Ciudad de Buenos Aires amaneció este 19 de marzo como tomada por fuerzas de ocupación. Las estaciones de trenes y subtes emitían mensajes intimidatorios del Gobierno nacional contra la marcha de los jubilados y las requisas en los accesos a la capital argentina y las amenazas de la ministra de Seguridad mostraron un operativo de represión más receloso que una semana antes. A tal punto que fueron colocados vallados en torno al Congreso, desplegados inhibidores de señal en puntos de encuentro de manifestantes y se prohibió la circulación de drones en los alrededores del palacio legislativo y la Casa Rosada. El Gobierno no quería que imágenes como las del ataque contra el fotógrafo Pablo Grillo y la jubilada Beatriz Blanco resultaran los íconos de una nueva jornada de protesta en la que, además, se jugaba la aprobación en la Cámara Baja del DNU que representa una carta blanca para un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) del que se desconocen los detalles, pero se descuenta que será oneroso para varias generaciones de argentinos.
El operativo tuvo tanto gusto a ofensiva represiva contra un creciente rechazo a las políticas oficiales que hasta un exfuncionario del PRO como Pablo Avelluto, exministro de Cultura de Mauricio Macri, se vio en la obligación de advertir sobre el rumbo de la Argentina de Javier Milei.
Un día antes, una cumbre de capitostes del Gobierno se llevó a cabo para delinear los pormenores del operativo. Fueron de la partida Patricia Bullrich, lo que revela que lo ocurrido la semana anterior tuvo consecuencias pese a la reivindicación oficial, el ministro sin cartera Santiago Caputo, los jefes de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) –Sergio Neiffert y su segundo, Diego Kravetz– junto con los titulares de las Secretarías de Justicia y Transporte. Caputo, el hombre gris del Gobierno, había posteado en su cuenta de X personal –se sabe que tiene varias con nombres ficticios, además de manejar un batallón de trols para «difundir» el apoyo a Milei– mensajes preocupantes para los que creen en los valores de la democracia y el respeto por los derechos civiles.
«El socialismo no se discute, se erradica. La casta no se reforma, se destruye. Los enemigos del progreso no se convencen, se eliminan. Y no vamos a parar hasta que el último de ellos desaparezca», anotó, desafiante.
El socialismo no se discute, se erradica. La casta no se reforma, se destruye. Los enemigos del progreso no se convencen, se eliminan. Y no vamos a parar hasta que el último de ellos desaparezca.
Pueden entenderse como bravuconadas para atemorizar ante lo que se avizoraba como una marcha multitudinaria tras el rechazo que provocó la brutal represión del 12-M. En esa línea se mostró la presencia de miembros de la SIDE en tareas para las que la ley no los autoriza. La propia Bullrich se encargó de postear sus mensajes pretendidamente intimidatorios al tiempo que ofreció una recompensa para quienes denuncien a supuestos «violentos». Cómo sería el clima que los medios de comunicación proveyeron de cascos y máscaras antigases a los periodistas que cubrían la protesta.
Marcha o violencia: no es lo mismo.
Alterar el orden público y la vida democrática es un delito federal. Si hay violencia, alejarse. Las Fuerzas actuarán. pic.twitter.com/GpUNe2RvJp
Adentro del Congreso, mientras tanto, se expresaba otra imagen del deterioro en que las instituciones fueron cayendo y que legisladores de este Gobierno no hicieron sino profundizar. Comenzó la votación para la aprobación del DNU 179/25 con recriminaciones por un audio que se filtró del presidente de la Cámara Baja, Martín Menem, llamando a los diputados libertarios a tener una sesión «nada pacífica» con tal de lograr la aprobación del misterioso texto.
Miércoles. La manifestación de cada semana de los jubilados frente al Congreso.
Foto: NA
Hoy como ayer Las diferencias que se traslucen entre el puñado de legisladores oficialistas son tan marcadas que se repitieron escenas de comedia vergonzantes como las de los diputados que la semana pasada se habían enfrentado a trompis ahora amigados y hasta con la oferta de un «pico» de Lisandro Almirón a Oscar Zago y su voto para la presidencia de la Comisión Bicameral de Trámite Legislativo. Hubo otro choque de la diputada de LLA Marcela Pagano contra el titular de la Cámara, Martín Menem, quien habrá que reconocer que aprendió muy rápido las peores bribonadas de la «casta» parlamentaria. Pagano, de paso, confirmó que los famosos audios eran reales y culpó a Menem por ignorar su nombramiento como presidenta de la Comisión de Juicio Político.
La sesión trató la autorización al Ejecutivo para contraer nuevo endeudamiento con el FMI, en consonancia con el crédito de 2018 que «consiguieron» los mismos personajes ahora estrellas de esta gestión, Luis «Toto» Caputo a la cabeza, con los mismos condimentos de tantas crisis anteriores en el país: fin abrupto de la bicicleta financiera, evaporación de las reservas y riesgo de una crisis terminal de régimen.
Por lo pronto, los senadores de Unión por la Patria avisaron que «firmar un nuevo acuerdo en una clara violación de la legislación vigente en la Argentina (por la Ley Guzmán), no solo acarreará su absoluta nulidad, sino que como fuerza política, no reconoceremos como válida y sujeta a obligaciones por parte del Estado Argentino».
Un primer análisis podría decir que al igual que hace siete años, el Gobierno acude al Fondo para ir a las próximas elecciones legislativas en mejores condiciones. Como se dijo entonces, que el organismo financie en cierto modo la campaña electoral del oficialismo a costillas de toda la sociedad. La cuestión es si el FMI aceptaría un nuevo crédito fuera de las reglamentaciones internas que pusieron en el candelero al staff en aquella ocasión y con tanta flojedad de papeles en el deudor.
El Gobierno, a todo esto, logró un triunfo pírrico: el enigmático acuerdo recibió el apoyo de 129 «defensores de la República», entre ellos el bloque de la Coalición Cívica –referenciado en Elisa Carrió–, los «radicales con peluca», el «apoyo crítico» de Miguel Pichetto y los suyos y, por supuesto, el PRO en pleno. Se opusieron Unión por la Patria y la izquierda y hubo 13 ausencias. Luego, la sesión quedó sin quorum para tratar la prórroga de la moratoria previsional.
El colofón de una jornada de tensión extrema fue que la marcha se registró sin mayores incidentes, aunque con las limitaciones que impuso el desmesurado operativo que, en aras de aplicar el protocolo que impide el corte de calles… cortó buena parte del macrocentro porteño, y quedó flotando la pregunta de quién realmente organizó este operativo y cómo quedará parada la ministra de Seguridad. Hubo, sí, varias escamaruzas cuando los manifestantes detectaron a infiltrados, que fueron corridos oportunamente, y alguna que otra provocación de parte de efectivos policiales. Pero nadie osó tocar las piedras que sospechosamente colmaban los volquetes dispuestos al azar en la zona.
Quedó, a todo esto, una imagen simbólica de esta jornada tan particular, cuando un policía quitó por arriba de un vallado la bandera argentina que portaba un manifestante y la arrojó despectivamente al piso. Una flagrante violación al artículo 222 del Código Penal, que castiga con prisión de uno a cuatro años a quien «públicamente ultrajare la bandera, el escudo o el himno de la Nación o los emblemas de una provincia argentina». Quizás, a su modo, fue la expresión de lo que 129 diputados habían hecho dentro del recinto.
Vallas donde vayas. Un megaoperativo intimidatorio rodeó la plaza y las calles adyacentes.
Keir Starmer busca con desesperación un lugar bajo el sol en un momento clave para un posible acuerdo de paz en Ucrania, y junto con otros desamparados como el resto de los líderes europeos anunció una cumbre en Londres para este jueves destinada a “avanzar en una fase operativa” en una deletérea coalición que pretende enfrentar la estrategia de Donald Trump con Rusia. Mientras tanto, el enviado del presidente estadounidense, Steve Witkoff, fue a Moscú para presentarle a Vladimir Putin un bosquejo del acuerdo que Kiev aceptó en la ciudad saudita de Yedáh.
El inquilino de la Casa Blanca dijo que las conversaciones habían sido muy productivas. Pero como para reflejar lo que ocurre en el campo de batalla, Trump le pidió a Putin clemencia para los «miles de soldados ucranianos que están completamente rodeados por el ejército ruso y en una posición muy mala y vulnerable», en la región rusa de Kursk, donde el ministerio de Defensa ruso informó que se habían liberado las localidades de Zaoléshenka y Rubánschina. Una declaración como esa era lógico que golpeara en Volodimir Zelenski, quien juró que no había tropas propias bloqueadas. El mandatario ruso –que por primera vez desde el inicio de la guerra se mostró de uniforme– señaló por su parte que la fiscalía investigará la comisión de crímenes de guerra por los ucranianos y prometió garantizarles la vida y un trato digno siempre y cuando depongan las armas.
En relación con el plan de cese el fuego por 30 días que le acercó el enviado estadounidense, Putin dijo que cualquier acuerdo deberá «conducir a una paz duradera y eliminar las causas profundas de esta crisis», lo que se interpreta como un freno al avance de la OTAN hacia el este y un compromiso firme de neutralidad ucraniana. La desconfianza del presidente ruso fue explicada por una coronel retirada del ejército estadounidense, Karen Kwiatkowski, quien sirvió durante 20 años en el Pentágono, hasta 2003, y se convirtió en una crítica de las políticas posteriores al 11-S. “Las reacciones pasadas del gobierno de Zelenski cuando se le puso bajo presión fueron peligrosas, impredecibles y de naturaleza terrorista, incluidos ataques dirigidos a plantas de energía nuclear y los asesinatos de personal ruso clave como el teniente general (Igor) Kirillov y civiles inocentes en las profundidades del territorio ruso”, añadió Kwiatkowski. De hecho, este viernes la agencia RIA Novosti dijo que un ataque con drones provocó daños sobre un barrio residencial de las afueras de Moscú, aunque no informó sobre víctimas.
Los días para Zelenski parecen contados y los medios occidentales ya cuestionan abiertamente la aventura de la incursión a Kursk, que causó miles de muertos y gastos militares “que pagaron los contribuyentes occidentales”. “70.000 soldados ucranianos murieron en vano en la región de Kursk”, sentenció el británico Hull Daily Mail. “Operación de las FFAA en Kursk: los aliados pagaron por otro fracaso”, sostuvo el estadounidense USA Today. Pero el presidente (MC) Zelenski no se amilana y este sábado instó a los mandatarios europeos a redoblar las presiones sobre Rusia. “Hay un solo idioma que Moscú entiende”, posteó, amenazante, en su cuenta de la red X.
Foto: captura
El ucraniano fue uno de los participantes del encuentro virtual convocado por Starmer este sábado del que participaron desde el español Pedro Sánchez y la italiana Giorgia Meloni a los jefes de la OTAN, Mark Rutte, de la Comisión Europea. Ursula von der Leyen y el titular del Consejo Europeo, Antonio Costa. El primer ministro del Reino Unido dijo que era necesario «poner en marcha planes contundentes y robustos (para) garantizar la seguridad futura de Ucrania».
Como si fuera el ganador de una guerra en la que Londres se limitó a impedir con el conservador Boris Johnson un pronto cese el fuego, en marzo de 2022, y a enviar armamento para lo que se esta viendo como una carnicería inútil, el laborista Starmer se envalentonó: «Mi mensaje es claro: antes o después, Putin tendrá que sentarse a la mesa». En conferencia de prensa dijo que su estrategia consiste en ejercer máxima presión sobre Rusia y señaló que entre los temas que se trataron estuvo la utilización de los activos rusos confiscados como parte de la ingente cantidad de sanciones contra Moscú.
En el marco de esa estrategia que puntualmente no comparte la administración de Donald Trump, Starmer –que se encargó de aclarar que había acordado líneas de acción con el presidente francés, Emmanuel Macron– anunció la “Coalition of the willing” (voluntarios o dispuestos) como la que en 2003 apoyó a Estados Unidos en la invasión a Irak, con el resultado que se puede gluglear si es que no se recuerda. En esta ocasión, a la cruzada de Starmer se suman 26 países, entre ellos Canadá y Australia. Pero no aceptan integrar ese equipo ni Meloni ni el húngaro Viktor Orban.
El presidente polaco Andrzej Duda, por las suyas, declaró al Financial Times que “las fronteras de la OTAN se movieron hacia el este en 1999, así que 26 años después debe haber también un giro hacia el este de la infraestructura de la OTAN. Para mí, esto es algo obvio”, y reclamó a Estados Unidos que despliegue armamento nuclear de la organización en su país. A contramano de lo que postula Putin. «
Groenlandia en la mira
Donald Trump no se guarda humillaciones para los que hasta hace un rato eran aliados fundamentales de Estados Unidos. Sin ir más lejos, este viernes lo tuvo al secretario general de la OTAN, Mark Rutte a su lado cuando dijo que lo de Groenlandia va en serio y que piensa anexar la isla del Ártico en cuanto pueda. El neerlandés masculló una risa, no se sabe si de nervios o sumisión.
Fue durante una rueda de prensa en el Salón Oval en la que alguien preguntó qué ocurriría ahora que en ese territorio bajo soberanía dinamarquesa, uno de los países miembro de la OTAN, ganó la elección un partido independentista. «Un barco llegó ahí hace 200 años o algo así. Dicen que tienen derecho (a ese territorio)», dijo Trump, para agregar luego: «No sé si eso sea cierto. De hecho, no creo que lo sea». Lo que levantó nuevas protestas de Copenhague.
El martes, de manera sorpresiva, el líder del partido demócrata, Jens-Frederik Nielsen, venció en las elecciones de Groenlandia. El segundo partido más votado, Nalerak (Punto de orientación) también se declara independentistas, pero de la monarquía danesa, claro está. Nada dijeron en campaña sobre una posible anexión a Estados Unidos y ahora también se manifestaron en contra de las declaraciones del presidente de EE UU.
Pero lo que más dolió tanto en Nuuk como en Copenhague fue la actitud de Rutte, que se supone debería responder por la integridad de los países miembro. Así, el presidente del comité de Defensa de Dinamarca, Rasmus Jarlov, cuestionó que el neerlandés «bromee» con el estadounidense sobre Groenlandia y alerta de que «significaría una guerra entre dos países de la OTAN».
Las imágenes de la feroz represión de las fuerzas de seguridad federales y de la policía de la Ciudad de Buenos Aires contra la marcha de jubilados e hinchas de fútbol atronaron en la memoria y la conciencia de quienes vivieron las jornadas del 20 y 21 de diciembre de 2001. Un descontrol similar, los mismos personajes, las mismas razones que hace un cuarto de siglo generados desde un Gobierno que llegó a la Casa Rosada con la promesa de terminar con la casta que había hundido al país en la decadencia.
Este aciago miércoles 13 de marzo quiso mostrar –¿una de las condiciones para que el FMI abra sus bolsillos?– que controla las calles.
Mientras afuera del Congreso verdaderas «bandas armadas» de agentes pertrechados se preparaban para atacar a civiles indefensos con equipos mortíferos, adentro una maniobra –en la que se destacó una pelea interna entre legisladores de La Libertad Avanza– sirvió para bloquear una sesión de Diputados que no venía bien para el Gobierno. El resultado afuera fue de dos decenas de heridos, entre ellos un reportero gráfico, Pablo Grillo, que pelea por su vida en el Hospital Ramos Mejía, y hasta 150 detenidos, acusados por los medios alineados con el Gobierno de «barras bravas» y un reproche que se encargan de repetir como si fuera un grave crimen, «militantes de izquierda y K».
Un rápido punteo revela la profundidad de una crisis recurrente en la que se consumen generaciones de argentinos: en diciembre de 2000, el presidente Fernando de la Rúa anuncia un «blindaje» del FMI para la economía nacional de 13.700 millones de dólares con una frase que resultaba irrisoria: «Qué lindo es dar buenas noticias». En enero de 2001, se anuncia un megacanje de deuda y en agosto de 2001, el Fondo incrementa su préstamo a 20.000 millones. Involucrados en esas negociaciones: Domingo Cavallo como titular de Economía; Patricia Bullrich en Trabajo; Federico Sturzenegger como secretario de Política Económica de la Nación. Desde julio de ese año y para salvar la convertibilidad se redujeron jubilaciones y salarios estatales en un 13%. Según un estudio del Centro de Economía Política Argentina, el poder de compra de las jubilaciones en 2025 cayó un 13,3%.
Si desde 1999 los aprietes para que los parlamentarios aprueben todas las condiciones que el FMI exige incluyeron represión y la famosa Banelco, el nombre para la «compra» de voluntades en torno a una reforma laboral que recortaba derechos, ni qué decir de los «héroes» que le permitieron a Javier Milei gobernar con decretos de Necesidad y Urgencia. Sin olvidar al senador detenido VIP en Paraguay. Ahora, cualquier divergencia resulta en una pronta imputación de ser afín al kirchnerismo o la izquierda desde los medios y los comunicadores oficialistas de siempre.
Otra similitud es la de ofrecer las bondades de un acuerdo con el Fondo como quien promociona unas vacaciones en el mejor destino turístico. Si De la Rúa soñó con dar buenas noticias, Mauricio Macri –también con Bullrich y Sturzenegger en cargos clave– juró que los argentinos se iban a enamorar de la entonces directora del FMI, Christine Lagarde. Ahora Milei lanzó un video con el estilo Hollywood que le venía dando dado resultados.
Mal comienzo El día había empezado mal para el presidente. La grave inundación en Bahía Blanca ya no daba para una respuesta de «arréglense como puedan» como la que tuvo frente al temporal que azotó a esa ciudad bonaerense en diciembre de 2023. Así es que decidió ir sin aviso a mostrarse en público y con la promesa, esta vez sí, de dar asistencia para reparar los daños. Unos días antes habían estado Bullrich y el ministro de Defensa, Luis Petri, y no habían recibido precisamente elogios de algunos de los vecinos. Lo mismo pasó este miércoles con el primer mandatario. «Venís para la foto», repitieron. Resulta cada vez más difícil para el aparato de protección mediática oficial evitar que se cuelen voces críticas en las transmisiones.
Se sabía que la marcha de los jubilados sería masiva y también que la ministra de Seguridad iba a preparar un operativo represivo con todas las fuerzas a su mando. El despliegue fue impresionante, no solo en los alrededores de la plaza Congreso, sino en los puntos de acceso a la ciudad. El discurso oficial es que se trataba de barras bravas y la amenaza de la ministra vino con el anuncio de endurecer las condiciones de admisión a las canchas.
Están nuestras Fuerzas desplegadas para hacer cumplir el protocolo: el tránsito no se corta y los barras bravas, sobre la vereda. pic.twitter.com/8nD2sq5zpS
La experiencia indica que cuando hay mucha policía, siempre hay incidentes. La prueba está, por ejemplo, en las marchas de los universitarios o la que se desarrolló el 8 de marzo por el Día de la Mujer. Ahora hubo provocaciones y desbordes, pero también «invitaciones envenenadas». Si en diciembre de 2017, cuando el Congreso discutía una reforma previsional aparecieron mágicamente volquetes con «14 toneladas de piedras», ahora un agente dejó caer un arma de fuego y un móvil de la policía de la Ciudad quedó abandonado y con las puertas abiertas.
Arrancaron los servicios, hasta le mandan el videito al canal de la SIDE. https://t.co/q2iI5pdkwI
El vehículo resultó incendiado y, por supuesto, fue la imagen que difundieron los medios oficialistas para ilustrar la manifestación en reclamo de recomposición de ingresos a los jubilados.
En tiempos en que cualquier ciudadano con un celular puede subir lo que ocurre a las redes sin intermediarios, no quedaron sin registrar las imágenes de un carro de asalto de la policía de la ciudad desde el que algún desaforado gritaba «vengan, zurdos», siguiendo puntillosamente el mensaje del presidente Milei. Tampoco la de un policía que le pega a una señora de 81 años y luego huye a refugiarse entre sus compañeros de uniforme. No quedó al margen tampoco el bochorno en la Cámara Baja, con el choque pugilístico entre Lisandro Almirón y Oscar Zago, y el cruce, mojadura incluida, de Lilia Lemoine con Marcela Pagano y Rocío Bonacci. Todos ellos electos por LLA.
Afuera le pegan a los jubilados y a la prensa. Adentro del recinto el oficialismo mandó a diputados de la LLA a desalojar a la piñas a los disidentes de su bloque, para que no den quórum para normalizar el funcionamiento de la comisión de juicio político. Descomposición total. pic.twitter.com/q1bNzfDUKc
Tomando en cuenta el resultado de ese oportuno incidente, se puede sospechar de que fue armado para que el presidente de Diputados, Martín Menem, decidiera que no había quorum y levantara irregularmente la sesión hasta nuevo aviso. Ya habían aprobado por unanimidad la declaración de emergencia para Bahía Blanca y avanzaba a constituir la Comisión de Juicio Político y el pase a Comisión de Asuntos Constitucionales de un proyecto para dar de baja las facultades delegadas al presidente.
Plaza de Mayo. Por la noche, miles de personas se manifestaron con cacerolazos en los barrios y una espontánea marcha al histórico sitio porteño.
Foto: Getty Images
Cuando terminó la cacería humana y la sanguinaria represión, sonaron cacerolazos en los barrios porteños y en ciudades del interior, como La Plata y Mendoza, y mientras operaban de urgencia al fotógrafo, el padre del joven, Pablo Grillo, replicaba a Bullrich que son una familia de militantes y que «es un orgullo ser militante».
La ministra, entre falsedades y acusaciones infundadas ante periodistas amigables que revelan en realidad la pérdida de control, no solo condenó a los manifestantes, sino que los acusó de intentar tomar el Congreso y destituir al Gobierno.
Al cierre de esta nota, el estado de salud de Grillo seguía siendo crítico, aunque había tenido una leve mejoría. El reporte médico dice que el impacto de un cartucho de gas lacrimógeno le provocó traumatismo de cráneo grave, con fracturas múltiples y pérdida de masa encefálica.
La jueza de primera instancia en lo Penal, Contravencional y de Faltas Karina Andrade ordenó liberar a los 114 detenidos: «Se encuentra en juego el derecho a la protesta, a manifestarse en democracia y la libertad de expresión», indicó en los fundamentos de su resolución.
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