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Almagro y los desafíos de la OEA (De DW)

Almagro y los desafíos de la OEA (De DW)

El ex-canciller uruguayo Luis Almagro toma el timón de la OEA con el principal desafío de ganar peso y credibilidad, pese a la competencia de otras organizaciones regionales que seguirán jugando un papel relevante.
Almagro asumió el 26 de mayo el liderazgo de la Organización de Estados Americanos (OEA) por un sólo mandato de cinco años. Sucede al chileno José Miguel Insulza que dirigió la organización durante una década. Expertos coinciden en que el principal desafío de Almagro será reposicionar a la organización pese a la competencia de otras organizaciones subregionales como Celac, Unasur, Mercosur o la Alianza del Pacífico.
“La OEA tiene que definir su papel, si será en el futuro un foro de discusión de todos los países de las Américas. Es el único foro en el que Estados Unidos y Canadá se encuentran con los países latinoamericanos y del Caribe“, afirma Detlev Nolte, vicepresidente del Instituto Giga de Hamburgo. Nolte añade que las otras organizaciones no van a desaparecer y en su seno seguirán tratándose muchas cuestiones de importancia para los países de la región.
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Castro y Obama en la Cumbre de las Américas.
Venezuela y la izquierda en América Latina
Luis Almagro provocó polémica al señalar, siendo todavía canciller uruguayo, que la mediación entre el Gobierno y la oposición de Venezuela, correspondía a Unasur, como lo pidió el presidente Nicolás Maduro, y no a la OEA. Con ello despertó desconfianza entre los sectores de la derecha latinoamericanista, según el periodista argentino, Alberto López Girondo. “Pero también en los sectores de izquierda hay mucha desconfianza hacia la OEA por el papel histórico de Estados Unidos en América Latina“, subraya.
Sin embargo, el analista explica que desde la elección de Almagro en marzo pasado, han cambiado muchas cosas. Ejemplo de ello fue la Cumbre de las Américas en Panamá. “Ahí se vio que la unidad latinoamericana es sólida, y aunque la presencia de Cuba fue un logro de la Administración Obama, todos los países de Latinoamérica le recordaron que la posición que estaba tomando con Venezuela no era la adecuada“.
Esto también parece dar un giro. Washington designó la víspera a Thomas Schannon como mediador entre Estados Unidos y Venezuela. “Es una señal de distensión porque Schannon es una persona muy bienvenida en Caracas. Eso le facilitará el trabajo en cierto modo a Almagro“, dice López Girondo.
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Obama encendió los ánimos diciendo que Venezuela era una amenaza a la seguridad de Estados Unidos.

China y la liberalización comercial
El politólogo Manuel Alcántara Sáez, de la Universidad de Salamanca señala que la presencia de China, y los movimientos a nivel internacional son desafíos adicionales para la OEA. “China se ha plantado como uno de los princiaples socios comerciales en la región y eso trastoca el horizonte político de los Estados.» A esto se suma la autorización del senado a Obama a cerrar vía “Fast Track“ importantes acuerdos comerciales. «Acabamos de ver hace unos días el desbloqueo de los acuerdos comerciales de Estados Unidos, tanto con el Pacífico (Acuerdo de Asociación Transpacífico –TTP-) como con con la Unión Europea (TTIP), lo que se traducirá en una enorme presión a la región“, advierte Alcántara Sáez.
El especialista vaticina que el retorno de Cuba a la OEA va a ser lento, como lo es el proceso de acercamiento entre Washington y La Habana. “Todavía no hay embajadas abiertas y ya pasaron cinco meses desde el despegue el 17 de diciembre. Va a ser un proceso lento y el peligro de ello es que se complique con la campaña electoral estadounidense el año que viene, pero ellos están conscientes de que tienen un plazo que expira a fines del próximo año“, concluye.

Publicó Deustche Welle Mayo 27 de 2015

Jorge Antonio Arias: “Ser de izquierda significa ante todo ser antiimperialista”

Jorge Antonio Arias: “Ser de izquierda significa ante todo ser antiimperialista”

Jorge Antonio Arias Díaz recuerda la última vez que estuvo en Buenos Aires en 1992, para un encuentro estudiantil en Mar del Plata. “Como suele suceder, han sido muchos los cambios en 23 años”, reflexiona ante Tiempo, para agregar que según su óptica, en Argentina y en la región han sido para bien. “Hay personas que quizás aspiraban a más transformaciones que las que se han producido,  pero yo creo que no se valora en toda su dimensión las que se dieron”, sostiene el vicejefe de Relaciones Internacionales del Partido Comunista de Cuba (PCC).  Algo de eso habló ante los miembros de partidos locales y de grupos de izquierda con los que debatió la coyuntura y a los que recomendó tomar en cuenta especialmente “quién es el enemigo principal” para preservar el proceso que se viene desarrollando en América Latina.

–¿Cuáles son los cambios que encuentra?

–Algunos no se atreven a utilizar el término “cambio progresista” o “revolucionario”. Sin embargo yo creo que hay mucho de progreso y mucho de revolucionario en la América Latina de hoy. Quizás a la hora definir en el contexto histórico lo que significa llegar a un estadio de revolución eso merezca algún debate, pero personalmente pienso que ha habido pasos progresistas, pasos revolucionarios. Fidel hace muchos años dijo que la revolución en América Latina iba a ser una revolución antiimperialista, no socialista. Y creo que eso es lo que está ocurriendo y así lo confirmó la VII Cumbre de las Américas, en el que se pudo ver que hay un movimiento antiimperialista.

–¿Cómo sería es movimiento?

–El antiimperialismo no consiste en estar todo el tiempo diciendo soy antiimperialista. Creo que hoy el nacionalismo y la defensa de la integridad nacional es sinónimo de antiimperialismo. El imperialismo ha querido conquistar a América Latina usando métodos diversos, desde intervenciones militares hasta el más reciente en Paraguay, de un golpe institucional. Para nosotros ser de izquierda significa ante todo ser antiimperialista, defender la integridad nacional de cada país.

–¿Cómo cree que va a cambiar el proceso latinoamericano a partir del acercamiento de Cuba y Estados Unidos? ¿O debiera decir de Cuba con Barack Obama?

–Por supuesto que es algo que hace la administración de Obama pero constituye un acercamiento con Estados Unidos. Creo que el primer elemento es que el propio Obama reconoció en su alocución del 17 diciembre que la política de pretender aislar a Cuba terminó aislando a EE UU del resto de América. Una normalización de relaciones entonces tiene un impacto positivo, y de hecho ya lo está teniendo. Para nosotros la integración es un objetivo estratégico y es la única manera que tienen los pueblos de América Latina para sobrevivir y continuar desarrollándose. Lo estamos haciendo con el ALBA, que ya lleva diez años, y con la CELAC.

–¿Cómo marchan los cambios en la economía cubana?

–Vamos a la velocidad que debemos ir. Nuestro presidente Raúl Castro utiliza una expresión muy ilustrativa, «seguiremos avanzando sin prisa pero sin pausa». El proceso de transformaciones económicas no es otra cosa que la implementación de los Lineamientos para la Política Económica y Social del VI Congreso del PCC de abril de 2011, y se traduce en el concepto de actualización del modelo económico cubano. Esto nos obliga a ir dando pasos muy bien pensados, mesurados, adaptados a la realidad y a las posibilidades concretas del momento. Si usted revisa los 313 lineamientos verá que algunos no se han cumplido. El ejemplo más ilustrativo es el problema de la doble circulación monetaria y el triple cambio. Pero debemos entender que los pasos que damos no deben implicar un problema social, afectar a las inmensas mayorías, bajo el principio de que en Cuba nadie puede quedar desamparado. En el mes de abril del año que viene vamos a realizar el VII Congreso del PCC, será un momento para evaluar el estado de esos lineamientos y para seguir actualizándolos. Todo lo que está ocurriendo en Cuba tiene su base conceptual en la teoría revolucionaria y marxista. Es el concepto pronunciado por primera vez por el compañero Fidel el 1º de Mayo de 2000, cuando dijo que “revolución es sentido del momento histórico, es cambiar todo lo que hay que cambiar”. Por tanto nosotros estamos viendo a Cuba hoy con sentido del momento histórico y seguiremos cambiando todo lo que debamos cambiar. Nuestro fin es construir un socialismo próspero y sostenible. Y en ese objetivo hemos implementado fórmulas no estatales de gestión, donde ya tenemos a más de 480 mil trabajadores, hemos liberalizado restricciones en determinados sectores de la economía. Eso no puede significar la idea de que estamos abandonando el socialismo, todo lo contrario, estamos actualizándolo.

–Precisamente, ¿qué implicancias ideológicas traen estos cambios?

–El principal impacto económico e ideológico negativo sería que no pudiéramos resolver los problemas y que no pudiéramos demostrar que el socialismo puede ser eficiente. En el año ’93, en pleno período especial y en el momento más duro de la crisis, Raúl dijo “son más importantes los frijoles que los cañones”. Es que el hombre, antes de hacer política, debiera tener un plato que comer, una ropa que vestir y un techo. Para nosotros la solución de los problemas económicos es resolver contradicciones como las que planteó Raúl al inicio de todo este proceso, cuando decía que el principio de distribución socialista “de cada cual según su capacidad a cada cual según su trabajo” no se cumple, cuando decía que “el salario no es un estímulo al trabajo”, lo que motivó un gran debate nacional en 2007 y 2008. El centro de la batalla ideológica es la batalla económica. Ganar esta batalla, elevar los niveles de eficiencia, hacer un estado más eficiente, que se brinden servicios a la gente, que con lo que la gente gana pueda desarrollar su proyecto de vida… esos motivos sólo se cumplen si somos capaces de echar a andar esos  programas económicos. Ahora, en cuanto a lo estrictamente ideológico, uno puede decir que una persona que pasa a trabajar en algunas de las fórmulas no estatales puede tender en el mediano o largo plazo a pensar más en sí mismo que en la sociedad. Pero hay mecanismos económicos y de control social para evitar eso. Incluso hemos avanzado en procesos de sindicalización. Pero no deja de ser un desafío.

–¿Cómo miden la productividad y la eficiencia?

–Las reglas de la economía están escritas y registradas, el problema es que nosotros a veces las olvidamos. No nos fijamos mucho en qué gastamos y se fue estimulando la idea de que el Estado lo da todo. Ese cambio de mentalidad es un paso muy importante hacia esa eficiencia, que la gente entienda que hay que trabajar y producir para tener bienes, que el Estado no nos va a dar todo. La gente tiene que aportar para que el Estado sea eficiente. Como en todo proceso histórico usted dicta leyes y normas, y la mente de las personas a veces trabaja de otro modo, pero vamos caminando a que se tenga más comprensión de que es necesario llevar clara la economía. Hemos hecho una reducción importante del personal que trabajaba en empresas del Estado y a la vez hemos logrado garantizar el empleo. Cuando alguien me dice que pasar a la gente a modelos de gestión no estatal tiene consecuencias ideológicas yo digo que la mayor consecuencia ideológica hubiese sido que se quedaran sin trabajo. Hay que verlo en esa dimensión, ese es un elemento para ver la eficiencia.

–Se firmaron acuerdos ya con empresarios estadounidenses.

–Con Estados Unidos vamos a firmar todos los acuerdos que el bloqueo permita. Lamentablemente Obama por sí solo no lo puede modificar, lo tiene que hacer el Congreso. Pero él tiene facultades ejecutivas que le permiten ir vaciando de contenido a las leyes, como pasa con los viajes de estadounidenses a Cuba, por ejemplo. En ese camino es que nosotros vamos.

Tiempo Argentino
Mayo 25 de 2015

La foto es de Hernán Mombelli

Duran Barba y las lecciones que dejó Ronald Reagan

Duran Barba y las lecciones que dejó Ronald Reagan

Seymour Hersh tiene prestigio como periodista desde que en 1969 publicó una investigación sobre la masacre cometida por tropas estadounidenses en la aldea vietnamita de My Lai. Ganador de cuanto galardón existe en Estados Unidos a una profesión que supo tener mejores tiempos en todo el mundo –Pultizer, George Polk y George Orwell– «Sy» Hersh se destapó en 2004 con otro caso espeluznante: los vejámenes contra detenidos en la prisión iraquí de Abu Ghraib. Hace unos días, de su pluma salió otra denuncia que si bien tiene menos carnadura, no dejó de generar escozor en la política norteamericana y especialmente en el gobierno de Barack Obama.

Según Hersh –que como se percibe, es de los que de verdad tienen fuentes recontrachequeadas– la Casa Blanca mintió en su versión sobre la muerte de Osama bin Laden en mayo de 2011. La administración demócrata indicó en su momento que había obtenido información sobre el líder de Al Qaeda rastreando su servicio de mensajería y que al intentar detenerlo fue baleado en un tiroteo con un comando de los Navy Seals, todo esto sin conocimiento de las autoridades pakistaníes.

Hersh, en cambio, contó que el Pentágono ubicó a Bin Laden por los datos que aportó un soplón del servicio de inteligencia de Pakistán y que los espías de ese país guiaron a los Navy Seals hasta la habitación que ocupaba el creador de Al Qaeda. «La historia de la Casa Blanca pudo haber sido escrita por Lewis Carroll», reflexionaba Hersh, que ligó de un plumazo la versión oficial con la inventiva del autor de Alicia en el País de las Maravillas. De paso, le quitaba heroísmo a una acción que, más allá de la legalidad y de la legitimidad de un crimen cometido en una nación extranjera y sin juicio alguno, había reimpulsado la imagen de Obama como de un presidente ejecutivo en el orden exterior a meses de su reelección.

Como era de esperar, el gobierno salió a desmentir a Hersh. Y ayer agregó otro punto sobre la cuestión que en principio desvía la atención del planteo del periodista. Así fue que la Oficina del Director Nacional de Inteligencia (ODNI) anunció la desclasificación de documentos relacionados con el caso y corroboró es que efectivamente hubo un soplón, Usman Khalid, un oficial del Ejército pakistaní que había vivido por 35 años en Londres y murió en 2014. La otra cuestión sobre Bin Laden es que se difundió la lista de los libros de su biblioteca y de sus futuros objetivos terroristas. Los libros, justo es decir, valen la pena puesto que van desde Noam Chomsky y Paul Kennedy hasta Bon Woodward, uno de los que reveló el escándalo Watergate.

Es interesante constatar que en el mundo del marketing se suele decir que Obama es uno de los mejores cultores de una técnica desarrollada en los inicios de los ’90, el storytelling. Una traducción pobre diría que se trata de una narración de cuentos. Y tiene mucho de eso, pero no solamente es eso. Como alerta el francés Christian Salmon, el storytelling es una «máquina de fabricar historias y formatear las mentes».
Según publicó el especialista colombiano David Gómez, contar historias para vender un producto tiene varias ventajas: generan confianza, son fáciles de recordar y de contar, brindan un contexto de datos pero por sobre todas las cosas, apela al costado emocional de las personas porque, dicho sea de paso, «todos amamos las historias».

El ejemplo que ponen los especialistas es el de Steve Jobs, el fallecido creador de Apple que, cuando presentó la revolucionaria Macintosh, en 1984, no detalló en qué consistía sino que asoció su creación a la lucha de seres de espíritu libre por romper con el Gran Hermano, representado en la televisión unidireccional, mediante la metáfora del famoso libro de Orwell.

En política hay coincidencia en que el mayor storyteller fue Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos entre 1981 y 1989. La imagen de Reagan, un hombre que mostraba pocas luces, surgido de Hollywood, donde había protagonizado películas menores como cowboy elemental, no lo autorizada para ocupar el Salón Oval. Una de las peores críticas a un film de 1942 fue que «había estado solo casualmente en contacto con su personaje». Luego sería dirigente gremial de los actores y desde allí delató a todos los que en Hollywood tenían inclinaciones de izquierda en la época del macartismo. Como gobernador de California y luego candidato a presidente solía cometer errores incluso de geografía y tenía un lenguaje más bien escaso. Sin embargo, logró captar a multitudes hacia un proyecto notoriamente retrógrado, como fue la imposición a nivel mundial del neoliberalismo más descarnado, junto con su socia británica Margaret Thatcher.

¿Cuál era el secreto del actor devenido en líder político? En la década del ’50 la General Electric lo contrató para presentador en un programa de ficción en la recién nacida televisión que se hizo muy popular. Los directivos de la multinacional le extendieron entonces el contrato para hacer giras por todas las plantas de la firma. Debía dar hasta 14 discursos por día ante un público popular, lo que le granjeó una experiencia inigualable para seducir audiencias con frases cortas, contundentes y sobre todo sencillas. «Él era demócrata. Pero recorrió el país en tren, leyó libros sobre economía e historia. En todos lados donde fue, la gente le contaba historias de cómo el gobierno se entrometía y lastimaba en sus negocios. Así se hizo republicano», señaló hace unos días la revista británica The Economist al presentar la última biografía sobre Reagan, del historiador Henry William Brands.
Otro de los biógrafos del actor-presidente, que murió con Alzheimer en 2004, es William F. Lewis, quien también hace hincapié en este aspecto de Reagan para explicar el secreto de su éxito. «Reagan usó dos tipos de historias. Era experto en anécdotas cortas, chistes y detalles que ilustraban preceptos simples, porque las historias parecían verdaderas o al menos verdaderas para la vida.» Pero también el ex presidente derechista –ligado al combate ilegal del sandinismo y al apoyo a feroces dictaduras latinoamericanas pero también a la caída de la Unión Soviética ayudado por el Papa Juan Pablo II– usó el mito para seducir al electorado con la historia de un Estados Unidos como nación elegida con base en la familia y el vecindario «conducido inevitablemente hacia adelante por su heroico pueblo trabajador».

Salmon anota en su libro –que debe esta columna a la generosidad de Jorge Mancinelli– una frase de los expertos en imagen política James Carville, conocido en estas pampas por haber asesorado alguna vez a Eduardo Duhalde, y Paul Begala: «Reagan ha sido el mayor narrador de la historia política de los últimos 50 años, aunque la mayoría de las historias que contaba eran simplemente falsas.» Una de ellas narraba el caso de una «reina bienestar» (queen welfare) que se había comprado un Cadillac gracias a la demagogia económica del gobierno en contra de todos los trabajadores asediados por impuestos. El discurso caló hondo.

El miércoles se conoció un Manual de Instrucciones del asesor del PRO Jaime Duran Barba para los candidatos de la alianza Juntos por Córdoba. Llamó la atención de los medios desprevenidos pero en realidad es una vieja guía que Mauricio Macri viene siguiendo al pie de la letra desde que se cruzó en la vida con el experto en marketing político ecuatoriano.  Dice el texto filtrado a la prensa que en el discurso de campaña se debe «contar historias (con nombre, apellido y localidad) de gente común que haya conocido durante la campaña. No importa hablar de propuestas, importa emocionar a la gente que está escuchando, mostrar a los candidatos humanos, cercanos. Reforzar la idea de cambio. Hablar de la gente.»

Es decir, el catálogo del storytelling que llevó al éxito a Reagan y sus políticas que perjudicaron irremisiblemente a quienes lo votaron y no sólo en el aspecto económico. Y que ahora, de la mano de otro conservador británico, David Cameron, prometen profundizarse en Gran Bretaña luego del triunfo del 7 de mayo. En Argentina, por los ejemplos que mostraron sus pupilos del PRO, el eje pasa por la seguridad y la historia de un Juan, esposo de una María amiga de un Cacho. O algo así.

Tiempo Argentino
Mayo 22 de 2015

Ilustró Sócrates

José Luis Cuerda: «Lo mío es retorcerle el pescuezo a la realidad»

José Luis Cuerda: «Lo mío es retorcerle el pescuezo a la realidad»

Es un referente del cine español, tras haber dirigido joyas como El bosque animado, La marrana, La lengua de las mariposas y Así en el cielo como en la tierra o producido, por ejemplo, los tres primeros largometrajes de Alejandro Amenábar. Sin embargo, hace unos meses, cuando se cumplieron 25 años del estreno de Amanece, que no es poco se produjo un fenómeno muy particular. Hubo homenajes, presentaciones, debates. Fue entonces que José Luis Cuerda, nacido en Albacete hace 68 años, cayó en la cuenta de que aquel filme incatalogable se había convertido en un objeto de culto. Las publicaciones especializadas dan a esa película como la preferida de los españoles de los últimos 60 años. Y eso que cuando se presentó por primera vez, muy pocos espectadores la fueron a ver al cine y, de ellos, los hubo que no entendieron de qué se trataba: decían que era surrealista. «Lo que yo hago con la realidad es enfrentarme con ella, retorcerle el pescuezo», dice este hombre que acusa 3 profesiones principales, la cinematografía, la literatura y la vitivinicultura. En ese orden sigue, sin habérselo propuesto, la senda de Francis Ford Coppola.

Dueño de un sentido del humor exquisito, pero al mismo tiempo con un talante que a primera vista puede parecer arisco, Cuerda se encuentra con Acción en la Estación de Ferrocarriles de Atocha, en Madrid, donde fue a despedir a un amigo que partía en el tren de alta velocidad. Últimamente, el cineasta publicó un libro que recopila una andanada de tuits propios, Si amaestras una cabra, llevas mucho adelantado. Y tiene pronto a salir de la imprenta uno nuevo, Me noto muy cambiá, que, aclara, tiene un paréntesis en el título que señala: «atribuido a sir Winston Churchill». «Cosas que invento y yo digo, que son atribuidas a él y ya está», explica, como si tal cosa.

–¿Cómo es que se fue interesando en Twitter? No parece tan usual que esa red social se convierta en un medio para publicar esta suerte de greguerías.

–Yo lo uso como un vehículo, como una gatera por la que surto lo que siento en un momento determinado, con la obligación de hacerlo sintéticamente y, por lo tanto, buscando también el lenguaje más eficaz, en pocas palabras y, sobre todo, los calificativos que puedan ser más expresivos. Y me lo paso muy bien.

–¿Y de qué manera descubrió sus posibilidades?

–Alguien me dijo «entra y mira esto», no sé cómo, pero fue hace años.

–Y ya logró un montón de seguidores.

–Hay 80 y tantos mil.

–¿Cómo se lleva con las nuevas tecnologías para la comunicación?

–Pues unas con intensidad, como es el caso de los tuits, otras no me gustan nada. En Facebook no sé escribir, no conozco la mecánica. La técnica en sí no es nada, depende de lo que se le meta adentro, porque Twitter también está lleno de imbecilidades. Yo creo que las técnicas están ahí para usarlas. La televisión o el cine, por ejemplo, depende de qué televisión o de qué cine. Ahora mismo, del cine americano me gustan más las series que las películas.

–¿Cuáles le impactaron?

–Hay montones, Breaking bad, Girls, ni me sé los títulos, El detective de no sé cómo. Series donde ha ido a refugiarse la inteligencia, porque el cine ya no quiere aprovecharse de ella sino que producen espectáculos vistosos e inanes, inocentes al máximo, violentos al máximo, o sea todo al máximo. Yo creo que los grises tienen más matices que el negro y el blanco.

–Se ve que con ese cine no se lleva.

–El paradigma del cine estúpido es ese en el que van los personajes hablando por una calle o un bosque o una carretera y hacen así (chasquea los dedos) y lo que tienen debajo es un robot. Por encima parece que son de carne pero no, son un robot. Y entonces ya ha dejado de interesarme por completo la historia, porque lo que le pueda ocurrir al robot a mí no me interesa en lo más mínimo.

–Hace poco se cumplieron 25 años de Amanece, que no es poco. Fue un acontecimiento, se convirtió en una película de culto. ¿Cómo vivió eso?

–No lo sé, ha conectado con casi 3 generaciones de personas, de la de más abajo y de la juventud. Por razones distintas imagino, porque no tienen intereses comunes. Quizás sea una válvula de escape para muchas cosas. A mí, cuando me hablan de cine surrealista, me pasa que no creo en las posibilidades de hacer cine surrealista. Porque hacer una película requiere pensar mucho lo que uno va a hacer, dónde coloca la cámara, con qué objetivo, a qué distancia del actor. No hay nada de esa inmediatez que, en términos escolásticos, exige el surrealismo. Hay más de una manera de retorcerle el pescuezo o los testículos al realismo. Yo creo que es un cine en el fondo muy reflexivo por mi parte, muy culto.

–Pero eso es lo curioso, que al mismo tiempo haya ligado con lo popular.

–Bastante tengo con hacer ese cine como para pensar por qué lo hago y para qué lo hago (risas).

–¿Y cómo lo siente?

–Tengo que reconocer que escribiendo muchas veces me daba la risa a mí. Llamaba a mi casa y le decía a mi mujer: «Mira lo que se me acaba de ocurrir». Si se reía también, yo decía, «pues somos mayoría, vamos a darlo por bueno».

–Me comentaba por teléfono que ahora mismo tiene varias ideas, pero que todavía no están lo suficientemente plasmadas como ir a un productor y presentarle el proyecto.

–Tengo el corazón dividido entre cine, libros y vino, son las tres cosas a que me dedico: tengo una bodega y hago vino en Galicia.

–¿Qué vino está produciendo?

–Tengo una bodega de Ribeiro blanco a la altura del Leiro, entre Rivadavia y Carballino, en Orense. Este año se nos plantea una vendimia muy complicada. Yo si veo una ciénaga, pues que me meto. Los tres negocios en los que estoy son ciénagas en las que te hundes hasta el cuello.

–Pero lo del vino le llegó de grande.

–Mi primera vendimia fue en 2005. Había plantado en 2002. Era una finca con viñedo, de la que tengo documentación desde el siglo XVI, pero tuve que replantar todo por completo.

–¿Y le va bien con eso?

–Me va bien, sí, y algunas monedas me tira, no tanto como los otros negocios, que fueron muchos, como productor. La marca con que sale a la venta es Sanclodio. Es el monasterio de los monjes cistercienses franceses que se establecieron ahí entre el siglo XII y el XIV. Son los que enseñaron a los ribeiranos a hacer el vino como hay que hacerlo, a rotular las fincas cuando había que vendimiar. Y eso es lo que hago, seguí la tradición y por eso le llamo al vino con el nombre del monasterio del que tengo su viñedo.

–¿El proyecto original era el viñedo?

–Pues no. Yo había pensado hacer una fundación para distintas disciplinas artísticas, como hacer exposiciones de pintura, conferencias, ciclos de cine. Tenía algo en vista, pero no conseguí comprar aquello y lo que conseguí fue otra cosa que estaba cerca, que era la sede de una bodega. Cuando la vi me gustó muchísimo, pero allí ya no había para todas esas funciones y me dije: «¿Qué hago aquí?». Y me respondí: «Pues tendrás que hacer vino, que es lo que se ha hecho aquí toda la vida». Bueno, pues hago vino. Y no me arruiné.

–Tuvo que aprender.

–Tuve que aprender, pero conté con muy buenos maestros. De hecho, tengo un viticultor. Estoy encantado y muy contento del resultado, pero a la vez muy preocupado, porque la distribución del vino, como la de los libros y las películas, es muy complicada.

–¿Cómo ve la situación en España?

–En lo que concierne al cine, que es lo que concentra nuestro interés, es un desastre, porque la legislación actual no es que no ayude o propicie la producción de películas, sino que parece que tiene especial interés en impedirla. Paga las deudas que adquiere con los productores con dos o tres años de retraso, introduce unas medidas fiscales que lo único que pueden hacer es que nadie se anime a invertir en cine, etcétera, etcétera.

–¿Esas medidas le pusieron fin a un ciclo del cine español?

–Es que hubo un cambio de signo político, de intereses. Y la cultura desde luego no es algo que tenga un interés particular para este gobierno, como no sea el de torpedearla, impedirla. Porque nos ha bautizado a todos de «rojos peligrosos» y no le interesamos nada, sino como sujetos a los que abatir. Creo que es un fallo de cálculo espantoso, porque va a tener sus efectos a corto, medio y largo plazo. No va a poder destruir lo que son los elementos culturales, que tendrán alto mérito para quienes los cultiven, pero va a entorpecer de manera significativa o determinante lo que es esta industria. Yo creo que se olvidan, por ejemplo, de que España es más conocida en el extranjero por Pedro Almodóvar que por el último ministro de Asuntos Exteriores. Allá ellos. Esto por hablar de lo nuestro, porque la situación general del país es lamentable: esta será la primera generación en que los hijos van a vivir peor que sus padres. Esto normalmente no ha sabido ser así. Desde la desaparición de los dos bloques, el bloque occidental y capitalista se ha sentido sin enemigo, sin nadie que le pueda hacer sombra, y está aprovechando al máximo. En estos momentos, cuando se habla de nacionalismos, me produce cierta sorpresa porque no hay independencia posible de ningún país: la política ha pasado a manos de los financieros, no está en manos de los políticos. La política económica de los países se dicta desde un par de centros estratégicos en el mundo. Están jugando con nosotros como muñecos que mueven en el tablero como les da la gana y cuando les da la gana, y se está engañando a todos. No son las cosas como ellos las presentan, mienten en las cifras, en el significado de las cifras y el mundo va muy mal. Hace poco un viejo pescador que tiene un restaurante en Málaga, en una playa, El Palo, después de haber comido allí, nos acompañaba al tren y en un momento se quedó parado, dejó de hablar, hizo una pausa y terminó sentenciando: «A mí realmente la historia de España es que no me gusta nada nada». Había pasado mucha hambre, había pasado por muchas circunstancias y veía que se iba para adelante a tramos y se iba para atrás en otros y el balance general era bastante malo.

–Usted hablaba de nacionalismo, ¿qué opina acerca del deseo independentista de Cataluña?

–Lo siento, pero la creencia en el nacionalismo, en el independentismo, me parece una ingenuidad en el mejor de los casos, porque ningún país es independiente en este momento. Ni siquiera Estados Unidos, porque depende de los movimientos que haga China en un momento determinado, depende de los movimientos que haga el Tercer Mundo, la manera en que se siente o se autoconvenza de intervenir en determinadas zonas del mundo, dejando en eso vidas humanas, millones de dólares en armamentos. Hay una interdependencia tan enorme, tan definitiva y tan determinante entre los países, que pensar que un país pequeño puede independizarse, en el mejor de los casos es una ingenuidad. En el peor, pues es una nube de humo que lo que hace es ocultar los verdaderos problemas económicos de zonas en las que en algunos casos se añaden elementos culturales y lingüísticos. Esos son valores a preservar, a defender con uñas y dientes, porque nadie tiene por qué renunciar a lo que le es propio culturalmente y vitalmente. Es que ha habido una represión en este país que fue espantosa, pero de ahí a creer que políticamente se puede actuar sin contar con el vecino, con los que están un poco más allá de los vecinos y mandan mucho… Angela Merkel tiene ahora mismo un poder que no le pertenece por nada que no sea un potencial económico del que hace uso de la fuerza para obligar a otros a adquirir una deuda, para luego cobrársela con unos intereses increíbles. Son deudas inducidas. Pero ustedes los argentinos conocen de eso mucho más que yo.

–¿Cual es su mirada sobre lo que está ocurriendo en América Latina?

–He estado en Argentina dos o tres veces, he estado en Cuba, en México. No me siento en absoluto dotado para hacer un análisis sobre lo que ocurre. Es cierto que muchos en España miran a América Latina con cierta envidia o esperanza, pero no me siento con capacidad para hablar de ellos. Pero veo que, desde luego, como no se ejerza en estos sitios una oposición a los derroteros a que nos lleva la corriente predominante, ya sabemos a dónde vamos: a que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Está desapareciendo una clase media que no va a ningún sitio, está en terreno de nadie, nadie la anima a nada. A mí quien me cae personalmente muy simpático es el ex presidente de Uruguay, José Mujica: es un hombre con mucha gracia y que dice frases que valen ser esculpidas en oro.

–¿Tiene esperanzas de que las cosas vayan a cambiar?

–No veo ningún signo, excepto muy minoritario, que por el momento permita ser optimista con el derrotero que se tiene. No veo señales suficientes como para pensar que el mundo va a corregir sus derroteros, porque hay quienes viven muy bien y son los que tienen el poder. El poder está en manos del dinero al 10%, no es como antes, que había contrapesos porque los gobiernos se habían creído eso del bienestar del ciudadano. Yo no sé hasta qué punto los gobernantes son conscientes de que son nuestros empleados, que nosotros somos la patronal, que los podemos poner en la calle, que están viviendo del dinero que nosotros les damos, que nosotros no estamos aquí para hacer lo que ellos dicen, que ellos están ahí para hacer lo que les digamos. Pero el discurso está invertido totalmente

–¿Se puede saber sobre qué trata su próxima película?

–No conviene saberlo (risas). Tengo varias opciones y uno nunca sabe cuál es la que va a tirar para adelante. Yo estoy ahora trabajando muchísimo para conseguir filmar. Son los trabajos que hay que hacer: escribir, moverte para ver si consigues tener un apoyo suficiente para salir adelante. Y lo estoy haciendo en tres terrenos que son muy movedizos, muy fluidos y muy complicados de dominar, que son el cine, los libros y el vino.

–¿Cuál es el que le da más placer?

–Antes que nada, yo me considero un hombre de cine. He hecho ya bastantes películas y llevo muchos años dedicado fundamentalmente a eso, es lo que más dinero me ha dado y del que me permito vivir, y no voy a ser cínico: vivo bien, preocupadísimo, pero vivo bien.

Tuits exquisitos

En su cuenta personal de Twitter (@cuerda1936), Cuerda tiene más de 83.000 seguidores. Ya escribió dos libros donde juntó su producción cotidiana desde que se anotó en la red social. Y desde la red anunció el lanzamiento de su primera novela, Tiempo después, o su participación en la ciberrevista ctxt.es. Una somera recopilación de algunos de sus envíos explica por qué tantos hurgan en la Web para ver lo que «hoy escribió Cuerda»:
«¿No estamos aguantando por encima de nuestras posibilidades?».
«Si hay que rescatar a la Roja (por la selección de fútbol española), se la rescata y, luego, si gana, la privatizamos».
«“Lo que está en juego es el futuro”. Por eso, no se os puede votar, porque a vosotros lo que se os da bien es llevarnos al pasado a bofetadas».
«¿Antisistema? Lo vergonzoso sería ser de este sistema genocida y hasta suicida».
«El primer desnudo femenino que vi en mi vida fue el de mi abuela Filomena, y me pareció una desorganización».
«A los millonarios ni se les pasa por la cabeza que van a morir».
«Y no son pocos los que ufanamente están de vuelta sin haber ido a ningún sitio».
«Se extiende la opinión de que Rajoy no es nadie».
«Niego tajantemente la necesidad de los arzobispos».
«De todas las ovejas la única imprescindible es la negra».

 

Revista Acción
Mayo 15 de 2015

Fotos de Andrea Randi (compañera de la vida)