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El violento oficio del periodismo

Según una ONG localizada en Nueva York, que releva la situación de los trabajadores de prensa, CPJ (Comité para la Protección de Periodistas, por su sigla en inglés), 50 periodistas fueron asesinados en lo que va del año en todo el mundo. Los distritos más peligrosos para ejercer la profesión fueron Siria, Yemen, Sudan del Sur, México y Brasil, aunque al tope figura Francia tras el atentado que dejó ocho víctimas fatales en la redacción de la revista Charlie Hebdo en enero pasado.

Hay diferencias en la situación de cada país y como se sabe el Medio Oriente sufre desde hace tiempo una guerra civil, al igual que la nación africana. El brutal asesinato del reportero gráfico Rubén Espinosa el 2 de agosto pasado en la ciudad de México es un ejemplo de riesgo en algunos rincones de América Latina: el joven, de 31 años, había huido de las amenazas en Veracruz tras la publicación de una foto del gobernador Javier Duarte en la tapa de la revista Proceso que disgustó al mandatario estadual.

A diferencia del crimen de José Luis Cabezas en Argentina en 1997, Espinosa fue baleado en un departamento de la capital mexicana junto con cuatro mujeres. A Espinosa lo identificaron inmediatamente, a las mujeres en un principio solo se las señaló con números en una tarjetita colgada de sus cuerpos: 40, 32, 29 y 18. Era la edad. La de 32 era Nadia Vera Pérez, activista en Chiapas que también había huido de amenazas en Veracruz. En los últimos 15 años en México fueron eliminados violentamente 80 periodistas y 17 permanecen como desaparecidos. Ya son 34 los que decidieron escapar de Veracruz para cuidar sus vidas.

Ayer, durante un intervalo musical en su programa radial fue asesinado en Camocim, un poblado del estado brasileño de Ceará, en el nordeste, el periodista Gleydson Carvalho. Había recibido amenazas por revelar casos de corrupción y las había denunciado, como corresponde, ante la justicia, en su emisora y hasta en su página Facebook. Desde 1994, según el CPJ, se registraron 44 homicidios de hombres de prensa en Brasil y sólo este año fueron cinco.

A principios de julio fue extraditado desde Porto Alegre Roberto Oscar González. Formó parte del grupo de tareas de la ESMA, que asesinó a Rodolfo Walsh en 1977. El autor de Operación Masacre acababa de denunciar las atrocidades de la dictadura en una carta que envió masivamente por correo, el único medio que tuvo a mano para difundirlas.

Tiempo Argentino · 8 de Agosto de 2015

El otro lado del Eurotunel

El otro lado del Eurotunel

El paso de Calais históricamente fue un punto estratégico entre el continente y las islas británicas y cambió varias veces de mano, entre las coronas de Inglaterra y Francia. También es un desafío para nadadores que quieren entrar en los libros de récords por cruzar esos 33 kilómetros del Canal de la Mancha que separan a Calais de Dover, en el Reino Unido. Era el sitio indicado para construir un túnel que integrara por tierra a Europa con la orgullosa Albión, un proyecto demorado por muchos años que se pudo plasmar recién en 1994.  Ahora, a 21 años de su inauguración, el eurotúnel muestra la imagen ajada de este oscuro momento que vive la Unión Europea. Un espejo donde se muestran no tanto las grandezas de la integración como las miserias que destapan sus incursiones bélicas y las políticas neoliberales.

El jueves, el primer ministro británico David Cameron se despachó con un calificativo de «plaga» para definir a los miles de inmigrantes que pugnan desde hace meses para entrar a la isla por debajo del estrecho de La Mancha. Usó una palabra que muchos traducen como enjambre, swarm. Pero aún en su versión más benévola, el término reduce los inmigrantes a la categoría de insectos, lo que obviamente despertó las más furiosas críticas de la oposición del mandatario conservador. Cameron, que hace unas semanas ganó la reelección, no se iba amilanar por las quejas y dobló la apuesta, prometiendo deportar a quienes quieran ingresar de manera ilegal en su país y colocar vallas y perros para impedir que intenten saltar.

En los últimos año, la inmigración se convirtió en un grave problema especialmente para los países del sur de Europa, los que están más cerca del continente africano y el Medio Oriente y paralelamente los más castigados por la crisis económica desde 2008.

En lo que va de 2015 cruzaron a través del Mediterráneo unos 100 mil inmigrantes y se estima que unas 2000 personas se ahogaron tratando de llegar desde el norte de África a Lampedusa en barcazas atestadas de desesperados. Esta situación puso en el tapete el caso italiano, sin embargo es por Grecia por donde entraron la mayoría de los que pudieron ingresar al Viejo Continente. No es que traten de quedarse en esos distritos, que no son precisamente un paraíso, sino que buscan cruzar a otros territorios más prósperos aprovechando las ventajas de la falta de fronteras interiores. Lo que ya puso en debate la «permisividad» de la Unión Europea hacia el resto de la humanidad. Se debatió a mediados de junio un sistema de cuotas a pedido del gobierno de Matteo Renzi para que el problema, a esta altura una crisis humanitaria, no repercutiera solo sobre las espaldas de los italianos.

¿De dónde provienen los inmigrantes que buscan nuevos horizontes en Europa? Son de países que sufren guerras civiles y violencia étnica o tribal. No casualmente, salen de Túnez y principalmente Libia, una nación atravesada por luchas tribales desde las incursiones de la OTAN hace cuatro años. Pero muchos de ellos se fueron desplazando desde el África central o desde la región del llamado Cuerno. A Grecia llegan desde Afganistán, Siria, Irak. No vale la pena repetir lo que ocurre por esas latitudes luego de las invasiones de EE UU y la OTAN ¿No será más adecuado llamarlos refugiados, entonces?

En el caso de Calais, la Acnur, el organismo de las Naciones Unidas especializado en la cuestión, no tuvo dudas en hacerse cargo del drama y ya en marzo había denunciado las deplorables condiciones en que estaban las 3000 personas que subsisten en el campamento llamado «La Jungla». «Tienen 30 canillas de agua potable, 60 duchas, 20 sanitarios, falta atención médica y alimentación”, fue el escueto y lapidario informe. Médicos Sin Fronteras agrega que la mayoría de los refugiados son de Eritrea, Etiopía, Sudán y Afganistán. Reporteados por la BBC, muchos de ellos coincidieron en que habían decidido ir para Gran Bretaña porque la vida en sus naciones de origen es imposible, conocen el idioma –ventajas de haber nacido en una ex colonia- y por más que los servicios sociales estén maltrechos, son mucho más de lo que podrían haber soñado jamás en cuanto a educación y salud, además de que pueden aspirar a algún subsidio o pensión que les permita al menos tener una moneda en el bolsillo. Otros integrarán el ejército de trabajadores en negro, que bajan el salario al resto de la población por su competencia. Pero para ellos, es eso o la muerte en cualquiera de sus variantes.

El clima en la entrada al túnel en Calais se endureció desde que el miércoles un refugiado que intentaba colarse en un camión fue atropellado y murió instantáneamente. Según la administradora, Eurotunnel, desde el lunes hubo un promedio de 2000 intentos de cruzar y sólo en un día se registraron 300 arrestos. «Que haya 2000 intentos no quiere decir que sean 2000 personas, puede ser que la misma persona lo haya intentado varias veces», aclaró un voluntario de una ONG que colabora con los inmigrantes, citado por la agencia Télam.

Pero hay otro detalle de este espejo que es el túnel de Calais que para gran parte de las agencias pasó a segundo plano y sin embargo es otra cara de Europa. Muchos inmigrantes pudieron cruzar en estos meses aprovechando un conflicto laboral, donde el túnel estuvo cortado por trabajadores de una empresa naviera que quemaron neumáticos en la entrada francesa. Sucede que la entidad que opera el cruce de La Mancha tiene tres buques, dos de pasajeros y uno de carga, cuya explotación está a cargo de una empresa llamada MyFerryLink.

La compañía fue fundada en 2012 sobre la base de la quebrada Seafrance y en la práctica fue hasta hace unos días una empresa recuperada, gracias al empuje de un dirigente gremial de los marinos del norte de Francia, Didier Capelle. El hombre, de 64 años, recuerda a muchos de aquellos viejos sindicalistas combativos que luchó cuanto pudo para defender los derechos laborales de sus representados y cuando una empresa del talante de una naviera quebraba, salía a «ponerle el pecho a las balas». Así logró armar una cooperativa, Scop SeaFrance, que alberga a 600 trabajadores.

Pero surgieron entonces inconvenientes con los socios británicos del cruce, que plantearon cuestiones leguleyas para impedir el funcionamiento de la cooperativa. En este marco, un tribunal de defensa de la competencia del Reino Unido aceptó el reclamo de privados de que la cooperativa tenía ventajas sobre emprendimientos sin apoyo estatal. Eurotunnel, entonces, decidió vender sus tres barcos, el MS Rodin, el MS Berlioz y el MS Nord Pas-de-Calais a una firma danesa y liquidar sin más trámite a la MyFerryLink desde el 1 de julio.

Capelle -que durante 20 años dirigió también el club de fútbol de Calais, el modesto A.S.Marck, de la segunda división de aficionados de la liga francesa- murió súbitamente de un ataque cardíaco el 8 de junio pasado. Los que lo querían, que no eran pocos, dicen que el corazón no pudo resistir más batallas. Hasta ese momento, sólo había podido salvar a 300 compañeros, los únicos que la nueva operadora del servicio iba a tomar, y por eso en una acción desesperada capitaneó los cortes de ruta con quema de neumáticos, que habían comenzado desde fines de mayo. Los que no lo querían –lo acusaban de autoritario, de inflexible- dicen que el final de la cooperativa era inevitable y que con su muerte guardará el prestigio intacto. «Se fue a tiempo», murmuran maliciosos.

Pero el conflicto continúa, porque son varios cientos lo que quedan en la calle. Por eso el ministro de transporte británico, Patrick McLoughlin reforzó sus presiones a sus pares franceses. «Francia necesita una Margaret Thatcher», dijo, para destruir a los sindicatos como hizo la Dama de Hierro en los 80.

Mientras tanto, marineros franceses e inmigrantes de varios países se posicionan tratando de escudriñar si hay una luz del otro lado del eurotúnel.

Tiempo Argentino · Agosto 1 de 2015

Ilustró: Sócrates

A la deriva: el drama de los inmigrantes

A la deriva: el drama de los inmigrantes

«Pa’ una ciudad del norte/ yo me fui a trabajar/ mi vida la dejé/ entre Ceuta y Gibraltar», canta Manu Chao, hijo de un exiliado español de la Guerra Civil, en «Clandestino», el tema que narra las desventuras de otros que, como su familia, debieron dejar su tierra para labrarse un futuro mejor. O simplemente un futuro. En esa canción, Chao detalla los avatares de latinoamericanos y africanos sin papeles, «ilegales, clandestinos» obligados a correr «para burlar la ley». Perseguidos por el hambre y la falta de expectativas, víctimas de guerras civiles y de la avidez de grandes empresas que devastan regiones para explotar sus recursos naturales. Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en 2014 se registró un flujo de 214 millones de migrantes en todo el planeta, esto es, más de 4 veces la población de Argentina.

Tratándose de un proceso que por fuerza se hace a hurtadillas, el cómputo completo podría estimarse 3 y 4 veces mayor, según la misma fuente. Pero no todos logran su objetivo, y en ese mismo período más de 4.000 personas murieron en el intento.

Las imágenes de los que cada día cruzan en barcos desvencijados y sobrepasados de pasajeros hacia Lampedusa, al norte de Túnez y cerca de Sicilia en Italia, las que cada tanto se ven en el enclave español de Ceuta y las de quienes intentan cruzar la frontera caliente entre México y Estados Unidos, al igual que las que fugazmente se mostraron de Malasia, son elocuentes. Impotencia y represión violenta, tiendas de campaña para alojar a los sin refugio, disputas políticas entre quienes no quieren hacerse cargo de un problema que hasta el papa Francisco puso de relieve con una visita a uno de esos campos del espanto.

Europa atraviesa una crisis económica que, en algunos países del sur, es demoledora. Sin embargo, miles de desesperados tratan de ingresar cada día a Italia, Grecia y en menor medida a España. Es que son las naciones más cercanas a esos «territorios de fuga» y quienes logran entrar en general no planean quedarse allí, sino que hacen una primera escala para atravesar fronteras interiores del continente hacia un lugar donde afincarse.

Pero nada es fácil para ellos. Y en todos los lugares adonde llegan –si es que no caen en el camino– encuentran resistencia, rechazo, estigma. El sociólogo polaco Zygmunt Bauman, autor de Ceguera moral, ensaya una explicación a este drama contemporáneo: «Desde la modernidad, los refugiados de la brutalidad de guerras y despotismo, de una vida sin esperanza, golpearon a nuestras puertas. Para la gente de este lado de las puertas, esas personas han sido siempre “los extraños”, “los otros”». Esos otros están en la mira de los movimientos xenófobos o directamente nazis que prosperan en casi todos los países de Europa. El crecimiento del partido de los Le Pen, padre e hija, en Francia, Amanecer Dorado en Grecia, los grupos neonazis alemanes y neofascistas en el norte de Italia son muestras del arraigo de la intolerancia en el continente. El periodista catalán Pere Rusiñol describe la situación: «Los inmigrantes son el chivo expiatorio perfecto» y «una amenaza a la visión del mundo de la ultraderecha porque, por definición, introducen elementos de diferencia en una sociedad. La ultraderecha, en cambio, persigue la quimera del pueblo absolutamente homogéneo y cohesionado por compartir una lengua, una cultura, una religión».

Del otro lado del océano, el millonario Donald Trump, en su lanzamiento como precandidato presidencial de los Estados Unidos, arremetió contra los emigrantes mexicanos: «Están enviando gente que tiene muchos problemas, nos están enviando sus problemas, traen drogas, son violadores, y algunos supongo que serán buena gente, pero yo hablo con agentes de la frontera y me cuentan lo que hay», dijo.

Cercos militares

En el mapa actual de las migraciones internacionales se observan dos grandes fenómenos. Uno de ellos es el flujo migratorio más o menos ordenado, más o menos pacífico, más o menos consentido, que permite la circulación de poblaciones que se integran a las sociedades receptoras. Por ejemplo, las migraciones suramericanas hacia la Argentina, donde existen planes generosos para la acogida y la legalización junto con oportunidades de trabajo, estudio y sistemas de salud pública que los locales cuestionan pero son a todas luces superiores a los que tienen en sus territorios de origen los inmigrantes.

El otro fenómeno, violento y trágico, es el de los flujos migratorios que intentan atravesar fronteras cerradas y militarizadas, como sucede en el Mediterráneo y los Balcanes. Allí, en lo que va del siglo, las organizaciones internacionales registraron unos 40.000 muertos, lo que llevó a que el último informe sobre migraciones de la OIM se titulara Viajes fatales. El 70% de esas muertes tuvo lugar en el Mediterráneo. En ese informe se aclara que por cada muerto registrado hay por lo menos otros dos o tres desaparecidos.

«Nada te prepara para ver a 369 personas hacinadas en un barco de pesca», declaró hace poco Chris Catrambone, cofundador de la Estación de Ayuda al Migrante por Mar, que se dedica a la ayuda a los que cruzan desde África a Italia. Fue durante uno de los tantos naufragios que se suceden porque las embarcaciones carecen de las más elementales medidas de seguridad. «Se está creando una fosa común en el mar Mediterráneo y las políticas europeas son las responsables», denunció Loris De Filippi, presidente de Médicos Sin Fronteras (MSF).

Solo en lo que va de 2015 cerca de 2.000 personas se ahogaron tratando de escapar de Libia hacia Lampedusa, y durante el último año alrededor de 100.000 consiguieron entrar a Europa por distintas vías, de acuerdo con estadísticas de la OIM. Casi 55.000 cruzaron el mar desde el devastado norte africano, mientras que más de 46.000 llegaron a Grecia desde Turquía. La dramática situación motivó quejas de Italia porque sus socios de la Unión Europea (UE) cierran fronteras para evitar recibirlos, violando los principios establecidos en el Tratado de Schengen. A mediados de junio se decidió aceptar la reubicación de hasta 40.000 extranjeros llegados a Italia y Grecia, más que por cuestiones humanitarias para aliviar a dos de los países más castigados por la crisis económica.

En otras geografías se suceden verdaderas tragedias humanitarias no solo por la cantidad creciente de seres humanos que mueren en el intento de migrar, sino porque a ese drama se acopla el tráfico de personas, secuestros masivos, asesinatos y desapariciones forzadas. Esas tres zonas son la ya mencionada frontera sur (Mediterráneo) y este (Balcanes) de la UE, otra es la frontera entre Estados Unidos y México, a las que se añadió recientemente el Golfo de Bengala y el Mar de Andamán, en el sudeste asiático. En América la situación tiene sus matices. Los 3.152 kilómetros de frontera entre México y los Estados Unidos en particular, y el territorio mexicano en general, reviste la inocultable condición de tragedia humanitaria. Solo en 2014, al menos 1.000 personas perdieron la vida en su intento por atravesar ese borde sellado con una muralla o por los caminos que aún quedan sin dividir. Pero no todos son mexicanos. Al menos la mitad provienen de otros países centroamericanos cuyo primer desafío es alcanzar la frontera con Estados Unidos sin ser secuestrados en el camino. Un porcentaje menor está compuesto por asiáticos, suramericanos, africanos, caribeños y antillanos, que utilizan a México como trampolín de acceso al «paraíso americano». Los registros del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la OIM estiman que entre 1.200 y 1.500 personas intentan cruzar ese peligroso límite por tierra.

El vecino de al lado

México es uno de los mayores expulsores de población del mundo, cada día abandonan tierra azteca unas 700 personas, de las cuales 600 van a Estados Unidos, 55 a Canadá y 45 al resto del mundo. Los cuatro mayores países emisores de la región latinoamericana y caribeña siguen siendo Brasil (23%), Colombia (11%), Perú (9%) y Ecuador (9%). La Argentina, en este contexto, durante los 90 fue expulsor de nativos pero al mismo tiempo receptor de países vecinos, un raro fenómeno con pocos antecedentes en el planeta. En la actualidad es uno de los cuatro puntos de acogida de emigrantes, aunque ya no vienen mayoría de europeos como a lo largo de la primera mitad del siglo XX, sino que son migrantes de Bolivia, Paraguay y Chile, además de los jóvenes colombianos y brasileños del sur del país que cruzan las fronteras para aprovechar las ventajas de la educación superior gratuita y de calidad que se ofrece en el país. Por otro lado, España, que pocos años atrás fue el destino soñado para las atribuladas poblaciones locales, desde hace tres años no hace sino expulsar a miles de ecuatorianos y peruanos que vuelven a su países de origen, e incluso lo hace con españoles nativos que ven cerradas sus puertas en la península y encuentran oportunidades en América Latina.

En Estados Unidos residen 33 millones de descendientes de mexicanos y 11 millones de migrantes de ese origen, de los cuales solo el 25% obtendrá la ciudadanía, muchos de ellos luego de enrolarse en el Ejército. El 50% de los mexicanos residentes son pobres. Según el Instituto Nacional de Migraciones de México (INMM), un total de 1 millón de personas al año utiliza ese país como plataforma de ingreso a los Estados Unidos, sean documentados o indocumentados, registrados o invisibles. Al mismo tiempo, cada año regresan a través de México unos 400.000 migrantes. De ellos, una parte se queda en el país azteca, una parte regresa a su país de origen y otra comienza un nuevo itinerario para reintentar el ingreso por otra vía. El mismo INMM define que la frontera entre los Estados Unidos y México es la más transitada del mundo. Entre 300 y 500 dólares por cabeza paga un migrante a los traficantes (polleros o coyotes) para cruzar, bastante menos de lo que pagan los africanos para escapar a Europa. Los traficantes, que controlan al menos 8 de cada 10 cruces, los recogen en el lado mexicano y los sueltan del lado estadounidense. Pasan la frontera de múltiples modos, ocultos y hacinados en camiones, camionetas, doble fondo del piso de micros, flotando en el interior de camiones cisterna, incluso en el tren infelizmente conocido como La bestia. Solo en 2014 la OIM contabilizó 250 muertes de migrantes en las inmediaciones de ese borde tabicado por un muro de cemento y hierro. La cifra llega hasta los 6.000 muertos en este tramo del siglo XXI.

Efecto rebote

La vieja y orgullosa Europa, protagonista de las peores guerras, genocidios y ocupaciones coloniales que vivió la humanidad, padece ahora el rebote de muchas de esas intromisiones bélicas en otras regiones hacia su propio territorio. Así, recibe oleadas de migrantes por el sur y por el este que escapan de situaciones provocadas por acciones de las dirigencias políticas no tan lejanas en el tiempo que desataron verdaderos infiernos en África y el Oriente Medio. Millares de migrantes africanos, en parte magrebíes y en parte subsaharianos, se desplazan durante meses a través del desierto más grande del planeta para ingresar a Ceuta y Melilla, dos resabios de la etapa colonial de España, como trampolín de acceso a Europa. Para impedir el ingreso terrestre, primero por su cuenta y luego con auxilio de Bruselas, España construyó dos gigantescos muros de alambre, cemento y acero que están permanentemente monitoreados por cámaras de visión nocturna y sensores de movimiento y ruido. En 2012 España llegó a establecer un acuerdo con Marruecos para que las autoridades del reino africano se encarguen de frenar el paso de migrantes por su territorio mediante un control represivo mucho más duro, que España no puede aplicar por su adhesión a tratados de la UE. En otras palabras, los marroquíes hacen el trabajo sucio a los españoles. Por eso se incrementó el paso por otros canales, aunque las autoridades magrebíes no suelen ser muy afectuosas con los migrantes subsaharianos. El Gobierno de Argel, por ejemplo, carga con decenas de denuncias en su contra por capturar a migrantes en Tánger y expulsarlos al desierto. Ninguna administración europea se dio por enterada de esas prácticas. Libia y Túnez son, entonces, los puertos de salida para fugitivos procedentes de Guinea, Senegal, Sudán, Mali, Nigeria, Camerún, Togo, Ghana y Chad. A Italia cruzan en su gran mayoría magrebíes y en particular libios que huyen de la guerra civil desatada tras la intervención europea para derrocar y asesinar a Muhamar Khadafi en 2011. Por el Mediterráneo oriental ingresan millares de sirios, egipcios, iraquíes, afganos, somalíes y eritreos, entre otros, por rutas que los llevan a Grecia a través o del mar Egeo o de la frontera con Turquía. La OIM certifica que «Europa es el destino más peligroso del mundo para las migraciones irregulares». Y computa la muerte de 2.000 personas por año, equivalentes a unos 28.000 durante este siglo. Un tercio de los que cayeron durante 2015 eran magrebíes, un tercio subsaharianos, el 11% del cuerno de África (Somalia y Eritrea) y el resto sin identificación. Italia es el país que más migrantes recibe por vía marítima, con 130.000 en 2014, más del doble que un año antes. La situación fue advertida por la actriz Angelina Jolie, quien visitó un centro de refugiados en Malta y dijo que «existe una relación directa entre los conflictos en Siria y en otros países de la región, y el incremento de las muertes en el Mediterráneo. Si no atajamos la raíz de esos conflictos, el número de refugiados que mueren seguirá en crecimiento».

Nobel fallido

El continente asiático, en tanto, es una zona de permanentes y gigantescas migraciones, compuesta por una natural movilidad migratoria sin mayores conflictos, y una migración violenta ocasional originada en conflictos bélicos o sociales, protagonizada por desplazados y refugiados, y que genera innegables catástrofes humanitarias. Es lo que está sucediendo actualmente en la bahía de Bengala y el mar de Andamán, con refugiados rohingyas procedentes de Myanmar y Bangladesh, que son rechazados por Tailandia, Malasia e Indonesia. Las cifras son escalofriantes. Durante 2014, cuando escaló la crisis migratoria, entre 90.000 y 100.000 personas se movilizaron por la zona, y más de 25.000 entre enero y marzo de este año. De estos, el ACNUR contabilizó más de 2.000 muertos en el mismo lapso, la mitad por naufragios o enfermedades contraídas en alta mar, y la otra mitad de manos de los traficantes tailandeses y malasios. Forman parte de los 180.000 rohingyas que huyen desesperadamente de la limpieza étnica lanzada desde 2012 en Myanmar. El relator de las Naciones Unidas para este caso, el argentino Tomás Ojea Quintana, lo calificó como genocidio. «En Myanmar se están cometiendo crímenes contra la humanidad. Hay elementos claros y más que suficientes para determinar que hay un genocidio contra los rohingyas en Arakán», destaca (ver Políticas de Persecusión).

Estos ataques revelaron una actitud esquiva de Aung San Swkyi, premio Nobel de la Paz de 1991, una líder opositora que pasó 20 años encarcelada por la dictadura militar y que ahora aparece como favorita para las elecciones de 2016. Varios premiados con ese galardón que se reunieron recientemente en Oslo para denunciar la tragedia de los rohingya decidieron no invitar a Suu Kyi y la criticaron ácidamente. «Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el bando del opresor», espetó el arzobispo sudafricano Desmond Tutu, Nobel de 1984 que le reclamaba «desesperadamente su liderazgo moral» para poner fin a las matanzas.

Políticas de persecución 

Invisibilizados por los grandes medios, no tanto por ocultamiento como por ignorancia, los rohingyas son en Myanmar, la antigua Birmania, una minoría étnica musulmana que viene sufriendo persecuciones por décadas. Es en este marco que ocurre lo que el argentino Tomás Ojea Quintana, relator especial de la ONU para los derechos humanos en Myanmar, describe de este modo: «Familias enteras de rohingyas escapan, lanzándose desde la provincia de Rakhine a las turbulentas aguas del golfo de Bengala, en precarias barcazas, con la desesperación de alcanzar, en general, las costas de Malasia». Por eso considera que los integrantes de esa comunidad étnico-religiosa que logran huir de ese infierno, debieran ser definidos –de acuerdo con lo que indican los términos legales de la ONU– no como inmigrantes sino como refugiados.

¿Qué consecuencias tiene para ellos esta divergencia semántica? Para Ojea Quintana, los rohingyas que navegan a la deriva merecen los derechos de todo refugiado, «y no deberían ser devueltos al mar o encarcelados, y mucho menos obligados retornar a Myanmar». El relator de la ONU acusa a Tailandia, Bangladesh y Malasia por desentenderse de esta grave situación. Pero la alerta es también para los países occidentales que levantaron sanciones contra el régimen militar y para naciones o empresas privadas que «se aprestan a invertir en un país que se abre al mundo», insiste Ojea Quintana. «Deben priorizar la exigencia de que las autoridades de Myanmar desarticulen las políticas de persecución en vigencia», concluye.

 

OPINIÓN

Gabriel Pérez Dupart*

Crisis humanitaria

La migración en la frontera entre México y Estados Unidos es sin lugar a dudas una tragedia humanitaria que no solo se contabiliza en pérdida de vidas, sino en el sufrir de millares de migrantes que son víctimas de la delincuencia organizada. El 95% de los transmigrantes centroamericanos han sido víctimas de al menos una acción de los grupos delictivos, como robo, secuestro, extorsión y discriminación, o trata y esclavismo laboral y sexual. La cantidad de transmigrantes centroamericanos registra un marcado incremento desde 2012 por la pobreza y la falta de oportunidades, pero cada vez más también por el aumento de la violencia y criminalidad de los grupos delictivos, las mafias y las maras en sus países. Se percibe que hay una cooptación territorial de las mafias que conforman un Estado subterráneo con alianzas o control de las fuerzas de seguridad, y que les permite diversificarse en varios negocios. Uno de esos negocios es con los migrantes. El Estado mexicano ha asumido una política de contención en el sur de país, pero no combate abiertamente a las mafias sino que busca impedir el tránsito. En 2012 hubo 88.000 deportaciones, que ascendieron a 127.000 en 2014, y todo indica que este año serán más.

Desde 2012 hay un incremento sideral de menores solos en las migraciones. En 2012 rondaban los 4.000, pero en 2014 ya fueron 23.000 los de menos de 18 años retenidos por el Estado. Se puede inferir entonces que es mucho mayor la cantidad total, todos ellos, a su vez, más vulnerables a la delincuencia.

Esta crisis humanitaria evidencia un Estado que pierde terreno frente al crimen organizado, niveles crecientes de impunidad y corrupción que limitan la garantía de los derechos humanos y el acceso a la Justicia, así como un ambiente de xenofobia y violencia generalizada. Factores que convierten el tránsito por México en un viaje muy peligroso.

*Investigador en Migraciones del Colegio de la Frontera, de la ciudad de Tijuana, México

Revista Acción · 15 de Julio 2015

Informe: Alejandro Pairone

Golpe al desarrollismo en Brasil

La crisis que sufre el gobierno de Dilma Rousseff en Brasil no se puede entender si tener en cuenta un puñado de datos relevantes sobre el manejo de la cosa pública en el principal socio y aliado de la Argentina, tanto en la región como para enfrentar al mundo. En primer lugar, el sistema electoral fuerza la conformación de alianzas no solo para llegar al gobierno sino para mantenerse, lo que obliga , para poder ejercer el poder y llevar una agenda propia, a conformar coaliciones fuertes y duraderas.

El otro dato relevante es que los medios son todos del establishment. No hay un solo medio en cualquier plataforma de alto impacto social que pertenezca a sectores cercanos al proyecto político del Partido de los Trabajadores brasileño, salvo algún que otro sitio web.

La alianza de lleva más de una década con el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) se explica, entonces, por la inserción territorial de la agrupación que en tiempos de la dictadura cumplió el papel de oposición tolerada, lo que garantizaba la gobernabilidad. El PT también tuvo su época de cercanía con los movimientos evangelistas para llegar por primera vez al Palacio del Planalto, la sede de la presidencia en Brasilia. No había entonces otro modo de llegar hasta los millones de votantes que escuchaban sus radios en todos los rincones del país. Como contrapartida, el partido creado por Lula da Silva sobre bases obreras en 1980 no pudo –o prefirió no romper con aliados- construir un mayor poder territorial al punto que hoy cuenta apenas con 63 diputados en una cámara de 513 bancas y solo 14 senadores sobre 81 escaños. Tampoco logró que pasara la reforma política, por la obvia obstrucción de los socios legislativos.

Esa es la razón de fondo para que la jefatura de ambas cámaras recayera en dos conspicuos integrantes del PMDB, Eduardo Cunha en diputados y Renan Calheiros en senadores.

Y allí reside la mayor debilidad de Dilma Rousseff y del PT en general en estos tiempos tormentosos que se desataron a partir de una investigación sobre corrupción en la petrolera de bandera, Petrobras.

La causa que lleva adelante un juez federal del estado de Paraná con la Policía Federal, el órgano que en Brasil cumple las funciones de brazo armado de la justicia. Y ya produjo las primeras condenas: tres directivos de empresas privadas y un funcionario de la firma estatal. El magistrado también llevó a una celda a dirigentes políticos de partidos que integran la alianza oficialista y a presidentes de dos de las constructoras más grandes de Brasil, que figuran entre las más grandes del mundo, con intereses en varios países latinoamericanos, incluso Argentina, y en África, Odebrecht y Camargo Correa.

Lo que en estos últimos días se vive en el país vecino es una arremetida que muchos de ellos aspiran a definitiva contra Dilma y Lula de parte de los medios concentrados, como la red O Globo y el diario Folha de Sao Paulo. Lo peor del caso es que no solo despliegan un arsenal de cuestionamientos sobre la transparencia del PT y de sus integrantes y socios políticos, sino que marcan agenda sobre el rumbo que el proyecto neoliberal pretende del país y sobre el rol que la sociedad le debería asignar a cualquier gestión presidencial y a las empresas públicas.

En el caso de Petrobras, la oleada de escandaletes que los medios viene mostrando en dosis sutilmente administradas desde fines del año pasado, golpea a las puertas del líder metalúrgico, lo que eventualmente afectaría la continuidad del proyecto “petista”. Pero también amenaza con un juicio político contra la presidenta, para lo cual se viene afilando los dientes el ex candidato Aecio Neves y su partido, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que a pesar del nombre representa al conservadurismo y cuenta entre sus mascarones de proa al ex presidente Fernando Henrique Cardoso, un intelectual desarrollista en los 60 que devino en neoliberal cuando ocupó la presidencia en los 90 y desplegó gran parte del recetario privatizador recomendado por los Chicago Boys.

Ahora el senador y dos veces candidato presidencial por el PSDB y ex gobernador paulista José Serra pretende que se modifique una ley clave para un verdadero plan social en ese país, la normativa que le da exclusividad a Petrobras en la explotación de las riquezas petroleras de la plataforma submarina. Busca que entren empresas multinacionales, pero fundamentalmente cambiar el reparto de las regalías, que con la legislación vigente garantiza un alto componente para la educación y la salud populares.

El avance del proceso Petrobras, que está en manos de Sergio Moro, un juez muy cercano a la embajada de Estados Unidos, inundó de rechazo no solo a la gestión petista sino a la dirigencia política en pleno. En la picota están tanto encumbrados dirigentes del oficialismo como del PMDB, lo que incluye al propio Eduardo Cunha y hasta el ex presidente Fernando Collor de Melo, denunciado por corrupción y expulsado mediante un impeachment en 1992.

La respuesta de Cunha a la acusación de que recibió sobornos salidos del bolsillo de Petrobras fue anunciar su paso a la oposición y la amenaza de abrir la puerta para un proceso similar contra Dilma. Una velada amenaza contra el PT o una extorsión para que ponga un límite a las investigaciones judiciales.

Sucede que en Brasil eso de la separación de poderes también es otra característica de la organización política, pero al mismo tiempo es una trampa en la que cayó el PT -e incluso de la propia Dilma- cuando aceptaron que la vía para llegar al poder no era por las armas. El proceso político llevó, como en otros países de la región, a “comerse esos sapos” que ahora, y desde la causa que llevó a prisión al principal operador de Lula, José Dirceu -también ex guerrillero- y a altos dirigentes del PT por el llamado “mensalao”, se reporta como un error. Eso de la reforma judicial que en Argentina quiso encarar el gobierno de Cristina y no logró, aunque dejó presentado el tema en la sociedad, en Brasil casi ni se planteó.

Como en la mayoría de los países latinoamericanos, el poder judicial es otra de las puntas de lanza del establishment y de las concepciones neoliberales. Solo basta observar la queja del veterano periodista brasileño Joaquim Palhares, director de la revista online Carta Maior, uno de los medios que hace fuerza por el PT y una de las pocas voces a favor del proyecto petista en ese país, bombardeado por la oposición mediática. «Jamás en la vida vi a jueces apareciendo en seminarios del grupo Globo o a la Policía Federal filtrando sus investigaciones a la prensa», puntualizó Palhares.

Esta semana ocurrieron dos hechos a destacar. Por un lado, la abogada Beatriz Catta Preta, presentada por los medios concentrados como “una de las mayores especialistas en delación premiada del país”, anunció que deja la defensa de sus principales clientes en esta megacausa, denominada Lava Jato por el lavadero de autos donde comenzó la investigación policial. La mujer le informó al juez Moro que ya no tendría entre sus pupilos a Augusto Ribeiro Mendonça Neto y a Pedro José Barusco Filho, los que se suman a Julio Camargo, otro de los delatores que ella asesoró.

El sistema de delación premiada, copiado del acuerdo con la fiscalía que figura en el proceso de Estados Unidos, permite que un reo negocie la reducción de una condena en su contra si “colabora” con la justicia. Una invitación a prender el ventilador con tal de salvar el propio trasero. Con eso se llega a una verdad jurídica o apenas mediática. Lo que no implica que se está cerca de la verdad verdadera.

Al mismo tiempo el Ministerio Público de Brasil promovió –demasiado tarde- una contraofensiva sobre algunos personajes del sistema judicial. El jueves anunció un proceso disciplinario contra el fiscal que hace unos días abrió una investigación para determinar su Lula cometió el delito de tráfico de influencia cuando fomentó la participación de la constructora Odebrecht en obras en el exterior. Una de ellas es un megaproyecto en Puerto Mariel, Cuba. La defensa del líder metalúrgico hizo la presentación y el propio Lula explicó que precisamente una de las funciones de un presidente es abrir puertas en el exterior para vender trabajo nacional y apostar al crecimiento del empresariado nacional.

El fiscal Valtan Mendes Furtado salió, como se dice en la jerga leguleya, “de pesca” en un acto diplomático del anterior gobierno. Y ya se anunció que quiere investigar los créditos que recibió esa firma de parte del Banco Nacional de Desarrollo, el famoso BNDES que tanto contribuyó desde antes de la dictadura al desarrollo de la industria brasileña.

Pegándole a la burguesía nacional, destruyendo a la empresa petrolera de bandera y desprestigiando el banco que fomenta la industria y el trabajo brasileño, se le pega debajo de la línea de flotación al proyecto desarrollista que sin cortapisas desplegó Brasil desde fines de la segunda guerra mundial como política de estado.

Se podrá discutir mucho sobre el desarrollismo como modelo de distribución y de crecimiento. Pero cuando desde la derecha buscan destruirlo uno debe preguntarse qué les molesta. Y allí estará la respuesta a estos ataques a los llamados progresismos latinoamericanos.

Julio 24 de 2015