por Alberto López Girondo | Jun 19, 2015 | Sin categoría
El 1 de marzo de 1815, Napoleón Bonaparte desembarcó en la Costa Azul luego de escapar de la isla de Elba con el proyecto firme de recuperar el poder. No se puede decir que el emperador fuera el defensor de la Revolución Francesa que debía haber sido, pero en el contexto europeo de la época, estaba a la izquierda de las monarquías absolutistas que intentaban recobrar privilegios perdidos desde el estallido del 1789. Cien días después de llegar a París, sabedor de que la guerra contra las potencias que lo habían derrotado un año antes era inevitable, decidió pasar a la ofensiva. El 18 de junio, hace justo 200 años, terminó vencido por un ejército multinacional del Reino Unido, Austria, Rusia y Prusia al mando de Arthur Wellesley, duque de Wellington, en Waterloo, una pequeña aldea a unos 20 kilómetros al sur de Bruselas.
Bélgica era un territorio en disputa entre germanos y franceses. La creación del estado belga, en 1830, sería obra de otro británico, el vizconde de Ponsonby, conocido en estas costas porque aquí había forzado la construcción de un estado tapón entre Buenos Aires y el Brasil, la República Oriental del Uruguay. No es casual que Bruselas sea la sede de la Unión Europea al igual que Montevideo lo sea del Mercosur, como se ve.
El célebre novelista Víctor Hugo diría que Waterloo «no fue una batalla, fue un cambio de dirección del universo». Y algo de eso ocurrió, porque tras esta nueva derrota, Napoleón se eclipsó definitivamente y las monarquías europeas pusieron en marcha los acuerdos del Congreso de Viena, que no solo trató de volver a las fronteras anteriores a la toma de la Bastilla sino que buscó repartirse el mundo entre las potencias dominantes. Era la Restauración del antiguo régimen que permitió que Fernando VII intentara recuperar para la corona borbónica las rebeldes colonias americanas. Fue entonces que para los patriotas rioplatenses la declaración de independencia comenzó a ser una necesidad. Pero esa es otra cuestión.
Toda esta introducción viene a cuento para recordar que en estos días Europa sigue debatiendo, con mayor o menor virulencia, otro tipo de restauraciones no menos dramáticas. Lo dijo claramente el primer ministro griego, Alexis Tsipras, que se defiende como gato en la leña contra los embates de la troika –Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo y la Comisión Europea– para que aplique nuevas medidas de recortes para hacerse cargo de la deuda con los organismos centrales. Como se sabe, la crisis griega llevó al poder, a principios de año, a Syriza, una agrupación joven con una mirada bastante cercana al populismo latinoamericano sobre el modo de resolver el intríngulis de la crisis económico-financiera. Tsipras ganó contra el bipartidismo conservador-socialdemócrata heleno precisamente porque rompió con los moldes ideológicos que justificaban el ajuste perpetuo que somete a la ciudadanía a una suerte de retorno a la esclavitud.
Para los medios concentrados y las instituciones hegemónicas, el gobierno griego debe ser «serio» en sus propuestas de pago. Tsipras acusa al FMI por su «responsabilidad criminal» en una situación que podría arreglarse con muy poco, pero ese poco implicaría cambiar el paradigma impuesto en estos años. Una concepción del mundo que afecta sobre todo al sur de Europa, los países más afectados por la restauración neoliberal que tira por tierra con el Estado de Bienestar de la posguerra. Lo dijo claramente Chantal Mouffe, la compañera del desaparecido Ernesto Laclau, nacida casualmente en Bélgica, en un reportaje al corresponsal de Página 12. «Si la UE quisiera, el problema de Grecia, desde el punto de vista económico, podría resolverse fácilmente (…pero) las fuerzas neoliberales que la dominan se dan cuenta de que, para ellos, el éxito de un partido como Syriza es muy grave y mortal.»
Por eso también, Podemos es un grano molesto que se debe extirpar lo antes posible en España. Y si no hay más remedio que tolerar que haya llegado al gobierno en distritos clave, la cuestión es cómo hacer que fracase en la gestión cotidiana. El esquema es el mismo que se despliega en América Latina, donde en los ’70 el modelo neoliberal se impuso a sangre y fuego.
El embate contra Venezuela es un claro ejemplo. Otro tanto puede atestiguar el ecuatoriano Rafael Correa, quien viene padeciendo una escalada de manifestaciones en contra de una ley que aplicaba impuesto a las herencias y a la plusvalía. A pesar de que las retiró preventivamente para profundizar el debate, las protestas seguían escalando. Los que encabezan el rechazo son los «dueños del país», propietarios de bancos y de las mayores fortunas del país. Que aprovechan este momento para tensar la cuerda porque en unos días el Papa Francisco llegará al país en visita oficial y el presidente no querrá mostrar ante el mundo un Ecuador en conflicto.
Detalle al margen, Correa –que suele advertir sobre los riesgos de una restauración oligárquica– se recibió en la tradicional Universidad Católica de Lovaina, de Bélgica, que cumplió ya 590 años y por donde pasaron celebridades del pensamiento europeo como Erasmo y Gerardo Mercator, entre otros. Y está casado con Anne Malherbe, de nacionalidad belga.
No es casual que banqueros y magnates encabecen las protestas en Ecuador. En estos días una comisión parlamentaria argentina y el titular de la AFIP viajaron a Francia para interiorizarse de las pruebas con que cuenta el ex empleado del HSBC Hervé Falciani sobre los mecanismos de evasión fiscal que el banco desplegó en Argentina, como lo hizo en todo el mundo. Allí Stéphanie Gibaud, una ex empleada de otro banco, esta vez suizo, el UBS, también tiene mucho para contar con estos mecanismos de fuga de divisas.
El problema de la evasión no es solamente por el volumen de dinero que se escamotea al resto de la población de cada país. Es una forma solapada pero a la vez brutal de ir vaciando el poder de los Estados, quitándoles ingresos para que la única posibilidad de seguir funcionando con esas mínimas funcionesque admite el proyecto neoliberal, sea recortando beneficios sociales o recurriendo a préstamos de los mismos bancos diseñaron la ingeniería de la evasión. Un círculo perfecto en el que la Grecia de los ’90 y principios del siglo XXI cayó de la mano de la vieja dirigencia. Y que ahora Syriza se niega a convalidar, con el costo que sin dudas tiene para la población que la votó pero también para la estabilidad misma de la Unión Europea y de la moneda común en particular.
Como cada año, y esta vez con mayor impacto porque se cumplen dos siglos, se reunieron en la granja de Hougoumont –donde se desarrolló la batalla de Waterloo– descendientes de los protagonistas. Se dieron la mano el príncipe Charles Bonaparte, heredero del hermano del emperador, Jerome Bonaparte, y choznos del duque de Wellington y del príncipe von Blücher Statthalter, pariente lejano en el tiempo del mariscal de Prusia cuyo apoyo fue crucial para el triunfo aliado.
Frank Samson, un abogado parisino que tiene un gran parecido a Napoleón y admira al Gran Corso, como cada año se puso el sombrero bicorne para representar con un grupo de fanáticos de la historia aquella gran batalla. Sabe que en la realidad el pequeño general de apellido italiano perdió. Pero tiene una particular interpretación sobre el tema. «En términos de la gloria y de la historia, es Napoleón quien quedó en el recuerdo de las personas, no Wellington», le dijo al The New York Times. «Napoleón, sin sombra de duda, ganó la publicidad de la posguerra y la campaña de relaciones públicas», ironizó Alasdair White, un experto inglés autor de varias publicaciones sobre las guerras napoleónicas.
Es que la batalla contra la restauración oligárquica no tiene fin. Tampoco aquellos valores de la Revolución Francesa.
Tiempo Argentino
Junio 19 de 2015
por Alberto López Girondo | Jun 12, 2015 | Sin categoría
El 8 de abril de 2003, el periodista español José Couso Permuy, de 38 años, que trabajaba como free lance para la cadena Telecinco, estaba junto a un grupo de colegas en lo que las fuerzas ocupantes habían calificado como «lugar seguro», en medio de la invasión estadounidense a Irak. Con él se habían alojado en el hotel Palestine, de Bagdad, colegas de todo el mundo, entre ellos de la agencia Reuters y de la cadena Al Jazzeera. De pronto, un tanque conducido por el capitán Philip Wolford y el sargento Thomas Gibson, a órdenes del teniente coronel Philip de Camp, disparó un proyectil letal sobre el piso 15 de edificio. Murieron, en el acto, el ucraniano Taras Protsyuk, de 35 años, de Reuters, y el jordano Tarek Ayoub, de 35 años, de la cadena árabe de TV. Couso, casado, dos hijos, estaba grabando la entrada a la ciudad del ejército estadounidense y resultó con heridas gravísimas. Murió cuando lo operaban en el hospital San Rafael de la capital iraquí.
Ayer, el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz señaló que hay «suficientes indicios racionales» de que fuera un crimen de guerra, porque los periodistas habían obedecido la recomendación de los altos oficiales a cargo del operativo de ocupación y no había indicios de ataque desde ese lugar, o sea que los soldados no actuaron defensivamente. Pero informó, al mismo tiempo, que el caso quedará impune. Es que el año pasado, luego de protestas diplomáticas del gobierno chino por el deseo de un magistrado hispano de juzgar al entonces presidente chino por presuntos delitos de lesa humanidad en Tibet, el gobierno de Mariano Rajoy impulsó una limitación al alcance de la jurisdicción universal para delitos fuera del territorio español. Esa figura había permitido que el ex juez Baltasar Garzón procesara a dictadores argentinos y al chileno Augusto Pinochet por sus crímenes contra la sociedad.
Al mismo tiempo, el presidente Barack Obama anunció en envío de otros 450 «asesores» para entrenar a tropas iraquíes en su lucha contra el grupo Estado Islámico, que ya controla gran parte del territorio de Irak. Este contingente se sumará a 3100 «expertos» estadounidenses que el mismo mandatario que se había comprometido a retirar todos los uniformados de ese territorio retornó, ante la amenaza creciente de las milicias yihadistas. Claro que Obama sigue diciendo que no habrán de combatir en el terreno, que sólo se dedicarán a enseñarles a los nativos cómo recuperar el espacio perdido, y sobre todo la estratégica ciudad de Ramadi, tomada por los irregulares en mayo pasado.
Esta semana se cumplió un año desde que los islamistas radicales tomaron otra ciudad clave, Mosul. Al mismo tiempo se supo que el ex canciller iraquí, Tarik Aziz, moría en una cárcel de la ciudad de Nasiriyah. El hombre, de 79 años, era un emblema del viejo partido panárabe Baas y había sido condenado a muerte por su participación en el gobierno de Saddam Hussein. Como se sabe, el ataque final contra el ex mandatario iraquí se inició con el argumento de que tenía armas de destrucción masiva y era un peligro para la humanidad.
Saddam Hussein, como recuerda el politólogo salvadoreño David Hernández, había logrado controlar desde una minoría sunnita a la mayoría chiíta de la población y a los kurdos que habitan en el norte del territorio. Nadie logra eso sin una dosis de violencia y el régimen de Saddam no dudó en aplicarla. También era una figura clave en el equilibrio regional y fue funcional a la Casa Blanca en los 80, cuando entabló una guerra contra el recién iniciado estado teocrático de Irán.
Por otro lado, había creado un régimen laico y no tuvo dramas en confiar las relaciones exteriores a Aziz, que no era sunnita ni chiita, las dos vertientes enfrentadas del islam. Era cristiano caldeo y había adherido de joven al baasismo desde una posición nacionalista árabe. Cuando Saddam fue derrocado, el hombre se entregó a las tropas de ocupación y un tribunal dominado por chiitas lo condenó a la horca. Estuvo 12 años preso porque la sentencia era a todas luces una venganza que resultaba inadmisible para los líderes europeos y hasta a Estados Unidos.
Desde la caída de Saddam el estado iraquí se esfumó. La idea de armar gobierno respetando los cupos que se mantienen en la población fue un polvorín. Y el líder de la mayoría chiíta, Nouri al Maliki, se cobró las cuentas por las persecuciones en la era sadamista. Lo que no hizo sino acentuar una guerra civil larvada que se manifestó en continuos atentados y ataques a centros religiosos.
El clima que se vive en Irak, donde el Pentágono esbozó propuestas «revolucionarias» de control social y los tecnócratas de impronta neoliberal pusieron en práctica lo que la canadiense Naomí Klein denomina doctrina del shock económico, se oscurece a cada momento. Porque allí se desplegaron en el terreno no solo los más modernos artilugios bélicos sino que surgieron como hongos los «contratistas privados».
Mercenarios enrolados en empresas proveedoras de servicios bélicos, la más famosa de las cuales es Blackwater, fundada por un ex militar con una alta dosis de vehemencia psicótica, Erik Prince, recibieron buena paga por sus acciones en estos años. Esa firma fue acusada por el asesinato brutal de 17 civiles iraquíes en 2007, un escándalo que enfureció a los locales.
Esta privatización de la violencia fue paralela a la privatización de todo lo estatal, siguiendo los pasos de los regímenes neoliberales latinoamericanos. Todo esto fomentó el pase de muchos pobladores de la minoría sunnita a los grupos más radicalizados, que ahora confluyen en el califato de Estado Islámico, con el resultado que está a la vista.
La explicación más patética de lo que ocurre la dio hace un par de semanas el secretario de Defensa, Ashton Carter, quien reveló que la caída de Ramadi se había producido porque «las fuerzas iraquíes simplemente no mostraron la voluntad de luchar». Fue más lejos, dijo que soldados preparados y entrenados por asesores privados y otros no tanto durante más de una década superaban en el campo de batalla a las milicias yihadistas. Pero «pese a ello decidieron no pelear y se retiraron del sitio, lo que me dice, igual que a la mayoría de nosotros, que tenemos un problema con la voluntad de los iraquíes de combatir al EI y de defenderse». Lo peor es que incluso abandonaron material bélico que quedó en manos del enemigo, indicó.
La pregunta es: luego de 12 años de ocupación y destrucción de todo lo existente, del sometimiento a los peores vejámenes a la población iraquí –como revelaron publicaciones del soldado «Bradley» Chelsea Manning- y de los negociados que sirvieron para engordar bolsillos con la millonarios casos de corrupción -como reconoció el Capitolio cuando llamó a rendir cuentas a Paul Bremer, director de la Reconstrucción y Asistencia Humanitaria, por la misteriosa desaparición de nueve mil millones de dólares- ¿Qué esperaban que ocurriera? ¿Este análisis implica aceptar que la salida para Irak es dejar todo en manos del EI? Claramente no, pero ya murieron 1.455.590 iraquíes y 8288 invasores, según cifras oficiales, invisibilizados mayormente porque pocos periodistas occidentales van a cubrir la información, luego del atentado contra Couso y sus compañeros y los asesinatos del EI. Y no se percibe una solución razonable. ¿O no se quiere este tipo de soluciones? Porque la guerra la destrucción es un tremendo negocio para rubros inmobiliarios y de la construcción, y la guerra lo es para la industria más exquisita del mundo en ingenios mortales.
Por lo pronto, Prince, el dueño de Blackwater, declaró hace unos meses que su equipo hubiera podido destruir a los yhadistas si Obama «no les hubiera cortado las piernas», cuando les cortó los contratos ni bien llegó al gobierno. «
Tiempo Argentino
Junio 12 de 2015
Ilustra Sócrates
por Alberto López Girondo | Jun 5, 2015 | Sin categoría
En el mayor de los secretos, líderes mundiales están discutiendo tratados internacionales que pueden cambiar no sólo las relaciones comerciales entre los países sino entre los ciudadanos y las multinacionales, con un perjuicio para las personas de a pie como no se ha visto desde la caída del Muro de Berlín. Es tanto el misterio con que se viene manejando el tema que los pormenores, si bien habían trascendido, sólo se pudieron conocer con algo más de detalle a partir de una nueva filtración del sitio WikiLeaks donde se describen aspectos inéditos del llamado Acuerdo sobre el Comercio de Servicios (TISA por sus siglas en inglés).
Pero no es el único tratado que desvela a los que en los cinco continentes intentan defender los derechos de las mayorías. Ayer, el presidente Barack Obama logró que el Congreso de Estados Unidos le apruebe el llamado fast track, o sea el permiso para negociar acuerdos comerciales por la vía rápida. Lo destacado del caso es que esta medida, anhelada por el presidente demócrata, fue rechazada por sus correligionarios y en cambio alcanzó una alta adhesión entre los republicanos. Baste decir que lo votaron 48 republicanos y 14 demócratas. El fast track se refiere a otro controvertido acuerdo que intenta el mandatario estadounidense, el Acuerdo Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés). Un convenio que involucra a Estados Unidos, Canadá, México, Japón y otras naciones de la cuenca del Pacífico y que es resistido por militantes sindicales, sociales y políticos que juntaron voluntades, por lo que se ve infructuosamente, para presionar a los legisladores en contra de la sanción. Sólo tuvieron éxito con el ala más progresista de los demócratas, pero no alcanzó.
Otro acuerdo muy cuestionado es el TTIP, el Tratado Trans Atlántico de Comercio e Inversión, que levantó un fuerte rechazo entre los ciudadanos de países de la Unión Europea, que perciben la pérdida de derechos sociales que a duras penas vienen intentando mantener ante el embate de la troika, la que con la excusa de la crisis financiera fue limando el Estado de bienestar en todos y cada uno de los miembros de la Unión. Estos tres tratados, como en una suerte de trabalenguas, son denominados por los críticos como «la trinidad de los tratados T». La característica común es que están hechos a la medida de las multinacionales, principalmente para maximizar sus beneficios en detrimento de la protección social de los trabajadores. Pero amenazan también a las libertades civiles, lo que pinta un futuro poco auspicioso para la democracia real.
El diario mexicano La Jornada, uno de los medios que publican en exclusiva los cables de WikiLeaks, avisó que el TISA, el superdiscreto pacto comercial que negocian desde hace dos años unos 50 países del mundo –entre los que está México y sus socios del NAFTA y de la Alianza del Pacífico más Uruguay y Paraguay, pero no Argentina, Ecuador, Bolivia ni Brasil– «pretende regular de manera supranacional servicios de salud, agua, financieros, telecomunicaciones, transparencia y transporte». Por si fuera poco, el borrador del convenio deja de lado todas las regulaciones previas de las naciones que lo firmen, ya sea en cuestiones culturales, sociales y de desarrollo como ambientales. De hecho, futuros tribunales comerciales privados tendrán facultades para decidir «la forma en que los países regulan actividades que son fundamentales para el bienestar social», según un análisis que publicó WikiLeaks entre los 17 papers ventilados ahora.
El TISA se debate en las sombras entre los gobiernos de las naciones más poderosas de la Tierra, lo que incluye a Europa en pleno, América del Norte, la Commonwealth y Japón. No forman parte ni Rusia ni China ni la India, las otras patas del BRICS, y quedó al margen toda África.
El otro instrumento comercial en pugna, por el que Obama y los republicanos festejan, recibió dentro de Estados Unidos críticas airadas de los grupos progresistas que sustentaron la candidatura del presidente como una opción ante el más crudo neoliberalismo y ahora descubren que le sigue los pasos al impulsor del acuerdo con Canadá y México, Ronald Reagan.
El reverendo William Barber, de la NAACP (Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color) pone el dedo en la llaga cuando recuerda que los argumentos de Obama para que se aprobara en fast track por el tratado Trans Pacífico son los mismos que en su momento se utilizaron para convencer a la opinión pública de las ventajas del NAFTA, a fines de los ’80. Por eso señala dos cuestiones a tener en cuenta: «Si el acuerdo es tan bueno como dicen, que nos muestren los detalles.»
Por otro lado, «en Carolina del Norte sabemos que (con el meneado NAFTA) hemos perdido decenas de miles de puestos de trabajo». Por eso insiste: «¿Cuál es la letra chica del tratado? Hemos aprendido que cuando estos acuerdos comerciales se consiguen rápido, los trabajadores se quedan con el extremo corto de la vara.» Una forma de decir que se llevan la peor parte. Si eso dicen en Estados Unidos ni qué recordar lo que ocurrió en México desde la firma del NAFTA con la economía popular.
La tercera T de este trabalenguas, que también es negociado en el mayor de los secretos, levanta chispas en el «viejo continente». También ayer, los socialistas europeos se decidieron a rectificar su aprobación al blindaje a las multinacionales que propone el TTIP, que había quedado firme el jueves anterior en el Europarlamento. En esa ocasión, la derecha y los socialistas le habían dado carta blanca a que las controversias entre inversores y estados en el marco del TTIP se sometan a arbitraje privado. Las protestas en Bruselas esta vez dieron algún resultado.
Entre los puntos más delicados que resaltan los opositores al tratado, que ya realizaron varias marchas para visibilizar un tema que se mantiene entre bambalinas en los grandes medios y en la boca de los funcionarios públicos, figura la posibilidad de que las multinacionales revoquen las leyes estatales que se opongan a sus designios estrictamente economicistas. Si algo faltaba para sellar la desaparición de los Estados-nación, este convenio es el tiro de gracia, se percibe.
Por eso los grupos antitratado se movilizan cada vez que alguien filtra que se van a reunir las comisiones que tratan la cuestión, ya sea en el continente o en Nueva York.
Ahora en España un grupo denominado Amigos de la Tierra hizo un enorme Caballo de Troya inflable de seis metros de altura para prevenir por los peligros de firmar el TTIP recorriendo el país ibérico. Así como en la antigua Grecia los troyanos creyeron que el colosal equino de madera era un trofeo sin saber que adentro se escondía la semilla de su destrucción en forma de soldados griegos, ellos observan que dentro del TTIP –al que llaman irónicamente Tratado de Troya– hay un riesgo letal. «El tratado busca frenar las alternativas que están surgiendo a la hegemonía económica norteamericana y europea y de sus respectivas empresas en el comercio mundial», puntualizó la eurodiputada de Podemos Lola Sánchez. Como para no creerle.
Tiempo Argentino
Junio 5 de 2015
Ilustró, como siempre, Sócrates
por Alberto López Girondo | May 29, 2015 | Sin categoría
Si de algo pueden jactarse los fundadores de Podemos es de haber instalado el concepto de Casta para referirse a los dirigentes políticos que se repartieron el poder en España desde la transición democrática. Desde este domingo, los representantes del PSOE o del PP tratan infructuosamente de salvar los papeles con alguna alianza que les permita gobernar un tiempito más tras el dictamen de las urnas.
Otra casta, la de la FIFA, también tiembla desde que este miércoles la justicia estadounidense desplegó una denuncia por corrupción que involucra a la dirigencia de las federaciones latinoamericanas, pero golpea de lleno en el sillón que ocupa –y espera mantener– el suizo Joseph Blatter. El máximo organismo futbolístico internacional quedó otra vez en el ojo de la tormenta por sus vidriosas costumbres pero también por una disputa geopolítica de imprevisibles consecuencias.
La denuncia que presentó la fiscal general Loretta Lynch está muy bien fundada desde el punto de vista judicial y ya provocó las primeras detenciones. Pero también despertó recelos del presidente ruso Vladimir Putin y de analistas desprejuiciados de esta parte del mundo.
Les resulta sospechoso en el contexto actual que se apunte a la forma en que Rusia y Catar fueron elegidos como sede para el mundial de 2018 y 2022. También, que solo aparezcan acusados dirigentes latinoamericanos.
La Fédération Internationale de Football Association fue creada hace 111 años, el 21 de mayo de 1904, durante una fuerte controversia entre los representantes británicos y los europeos. Ganaron, bajo la batuta francesa, los continentales, por esa razón las siglas de la organización son en el idioma de Víctor Hugo. Desde su origen fue cuestionada y estuvo a punto de desaparecer durante la primera guerra mundial. Dice la historia oficial –y la no tanto– que le debió la subsistencia al banquero holandés Carl Hirschmann. Sería secretario del organismo que presidía Jules Rimet hasta que la crisis de 1930 se llevó puesto su banco y, según mientan los detallistas, tomó prestado dinero de la FIFA que no devolvió en tiempo ni en forma.
Cuando terminó la guerra, quedaron profundas heridas en el mundo del futbol internacional y los británicos se negaron a integrar la organización porque no querían compartir los campos de juego con los enemigos de la contienda. El Mundial de Uruguay quedó sumido en algunos de estos tironeos y solo cuatro países aceptaron cruzar el océano para disputar el certamen. Argentina quedaría herida en su orgullo porque estaba el compromiso para organizar la Copa de 1938 y no se cumplió. Esa es la razón por la que no volvería a los Mundiales sino hasta 1958 en Suecia.
Las críticas sobrevolaron el Mundial de Italia de 1934, en plena era de Benito Mussolini. Pero con el mismo rasero deberían impugnarse las Olimpíadas de Berlín en 1936. Y si es por contar las costillas, no se detuvo la bola en Argentina 78 a pesar de la dictadura.
¿Tiene razones Putin para sospechar de la investigación del FBI? La historia avala su desconfianza: las olimpiadas de 1980 en Moscú recibieron el boicot de 65 países acaudillados por Estados Unidos en represalia a la invasión soviética a Afganistán de un año antes. No sucedió lo mismo tras la invasión estadounidense al mismo país en 2001 en los Juegos de 2004 en Atenas. En la Olimpíada de Invierno del año pasado en Sochi volvieron a aparecer represalias, cuando mandatarios occidentales se excusaron en una ley rusa contra la propaganda homosexual para no asistir. Pegaron el faltazo los presidentes de Estados Unidos, Alemania, Francia y Polonia y los primeros ministros de Bélgica y Canadá.
En el caso de los dirigentes latinoamericanos puede decirse que se repite el esquema: nadie pondría las manos en el fuego por ninguno de ellos y si no fueron denunciados judicialmente antes es porque tienen la virtud de recostarse siempre donde da el sol como para no quedar a la intemperie. Pero ocurre que en Europa la trasparecía no es una característica distintiva. De hecho, no cuesta demasiado «tirar del carretel» para llegar a Blatter y sus allegados más cercanos. Si los latinos robaron, seguramente lo hicieron para ellos pero a nadie escapa que también lo hacían para la corona.
Hay un personaje clave en todo este proceso iniciado en Estados Unidos, el ex fiscal federal del distrito sur de Nueva York Michael García. El hombre, como servidor público, investigó el atentado al World Trade Center y le pisó los talones al gobernador demócrata Eliot Spitzer por un escándalo de prostitución.
Blatter lo conoció el año pasado, cuando contactó al estudio Kirkland y Ellis de Nueva York para contratar un abogado que hurgara en muy discutido proceso de licitación que adjudicó las dos próximas copas del Mundo. Luego de juntar 75 testimonios que volcó en un dossier de 400 páginas, García esperaba decisiones fuertes para limpiar a la FIFA. Pero Blatter le dio largas al asunto y todavía el Informe García duerme en un cajón de su despacho. El ex fiscal renunció el 17 de diciembre pasado.
Pero Michael García está casado con una agente del FBI. Todo indica que compartió su información con ella, que a su vez la trasladó al Federal Bureau of Investigation. Hay quienes deslizan que en realidad él mismo trabajó como topo de «los federales» para destapar chanchullos que podrían servir muy bien para boicotear a Rusia en medio de la escalada diplomática y económica de la administración de Barack Obama y la UE al gobierno ruso.
Otra pata de esta presentación en Nueva York es la flamante fiscal general estadounidense. Lynch es la primera afrodescendiente en ocupar ese cargo y logró ser proclamada hace apenas un mes tras 166 días de arduas negociaciones en un Congreso de Estados Unidos, dominado por los republicanos. La rechazaban porque ella había avalado la ley de inmigración que propone Obama. Venida de un hogar humilde- padre pastor religioso, madre cosechadora de algodón, todo un paradigma- Lynch está convencida de que lucha por mayor justicia en el mundo. Una de las críticas es que está tomando su cargo como de jurisdicción universal, y que lo hace desde un país que no tiene al fútbol-soccer entre sus preferencias.
En pocos días Lynch impuso una multa de 5000 millones de dólares a los bancos OBS, Barclays, Citigroup, JPMorgan, Royal Bank of Scotia y Bank of Amierca por manipular tasas de cambio. Y se comprometió con los padres Freddie Gray, el chico asesinado por policías de Baltimore el 19 de abril pasado, a ir hasta el hueso contra los culpables.
Una tercera pata es Charles Blazer, el ex secretario de la CONCACAF que hizo un trato con la fiscalía para morigerar una sentencia en su contra a cambio de grabar todas las conversaciones comprometedoras con dirigentes futbolísticos.
¿Dónde está la verdad? No sería demasiado aventurado decir que hay una enorme operación para socavar el Mundial de Rusia pero montado sobre las malezas de una organización que desde hace años es un absceso purulento. Quizás la fiscal quiere hacer bien su trabajo, pero la información del FBI ya estaba en marcha cuando tomó el cargo. No tuvo tiempo material para los detalles -ni de la oportuna presentación un par de días antes de la elección en la FIFA-, aunque todo indica que las evidencias son sólidas.
El mundo futbolístico, el que ama al deporte de verdad, se alegró con la novedad porque Blatter es parte del forúnculo, como lo viene denunciando Diego Maradona desde hace décadas. Aunque hace algunos meses era el bueno de la película en el filme United Passion, del francés Frédéric Auburtin, que se estrenó en Cannes antes del mundial de 2014. En la película Tim Roth, que en 2001 había protagonizado el Planeta de los Simios, hace de Blatter. La película costó 25 millones y Blatter quedó muy conforme con el resultado. Todavía le faltaba el capítulo más inquietante.
Tiempo Argentino
Mayo 29 de 2015
Ilustró Sócrates
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