por Alberto López Girondo | Sep 25, 2015 | Sin categoría
Hablar en el Capitolio de poner fin a la pena de muerte y a las guerras suena a osadía. Porque no pocos de los congresistas que aplaudieron conmovidos y derramaron lágrimas frente al Papa Francisco reciben –legalmente, eso sí- fondos para sus campañas de proveedores del Pentágono y de servicios para las cárceles privadas de Estados Unidos. Sonaría a inocente pensar que el Sumo Pontífice ignora esos datos. Por eso sus frases alcanzan la real dimensión del desafío del Papa argentino.
«¿Por qué las armas letales son vendidas a aquellos que pretenden infligir un sufrimiento indecible sobre los individuos y la sociedad?», se preguntó en el congreso estadounidense. «Tristemente, la respuesta, que todos conocemos, es simplemente por dinero; un dinero impregnado de sangre, y muchas veces de sangre inocente. Frente al silencio vergonzoso y cómplice, es nuestro deber afrontar el problema y acabar con el tráfico de armas», dijo a la industria bélica. «Cada vida es sagrada, cada persona humana está dotada de una dignidad inalienable y la sociedad sólo puede beneficiarse de la rehabilitación de aquellos que han cometido algún delito», señaló a los empresarios penitenciarios.
Jorge Bergoglio causó impacto en Estados Unidos, donde desplegó su caudal de recursos para seducir audiencias y convencer a dirigencias poco propensas al entusiasmo. Por estos días, ese país será el centro de las miradas por el inicio de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas. Si esto dijo ante los legisladores norteamericanos, habrá que ver qué tiene bajo la manga para los líderes mundiales que se darán cita en el edificio de Nueva York.
Uno de los que asistirá –además de la presidenta argentina Cristina Fernández, en su última incursión en ese ámbito- será Juan Manuel Santos. El presidente colombiano dio un paso importante el miércoles al estrechar la mano del líder guerrillero Timoleón Jiménez, Timoshenko, para sellar el acuerdo alcanzado luego de casi tres años de arduas negociaciones entre su gobierno y las FARC. Despejar el tema más árido en el proceso de paz como es el de la justicia transicional y la reparación de las víctimas, abre el camino para un acuerdo final y definitivo de paz que ponga fin a más de 50 años de fratricidio en los seis meses que se pusieron como plazo.
«Esto demuestra la madurez que ha alcanzado este proceso», destacó Santos en la capital cubana. «Desde una perspectiva fundamentalmente restaurativa (este acuerdo) abre las posibilidades de ofrecer verdades halladas y plenas», añadió Timoshenko. «Aun quedan dificultades enormes por superar, pero tenemos la certeza de que serán vencidas. La paz en Colombia no sólo es posible; es indispensable», abundó a su turno Raúl Castro, el anfitrión para este proceso y el que celebró, mano sobre mano, los tres vestidos de color claro, las históricas coincidencias alcanzadas.
Tiene razón Castro al decir que falta un trecho difícil todavía. No es la primera vez en la historia colombiana que la paz parece posible y algo o alguien conspiran para boicotear la salida. El fabuloso negocio de las armas mueve miles de millones de dólares y alimenta una maquinaria productiva difícil de disolver. En pocas palabras, hay muchos que viven de la muerte en todo el mundo. Y Colombia no fue una excepción en este medio siglo largo de enfrentamientos feroces.
Por lo pronto, hubo un extraordinario apoyo al documento firmado el miércoles entre todos los dirigentes internacionales. Desde el gobierno de Obama hasta el de Noruega –uno de los dos garantes en la mesa de diálogo- pasando por la Casa Rosada, que mostró su satisfacción por la novedad.
El que rechazó de plano este avance fue el ex presidente Álvaro Uribe. En una andanada de tuits protestó con su latiguillo de siempre desde que comenzaron los diálogos, en noviembre de 2012. «Se ha aceptado que delincuentes responsables de atrocidades no vayan a la cárcel a condición de confesar sus responsabilidades criminales.»
El tema de la justicia es crucial para la construcción de una nueva Colombia. ¿Cómo se juzgan los delitos que puedan haberse cometido en estos años? ¿Quién se hace cargo de reparar el daño cometido? Si es que los guerrilleros tienen parte de culpa, sin dudas tanto el Ejército como las fuerzas de seguridad colombianas tienen su grado de responsabilidad. Mayor incluso porque contaron no sólo con el poder de fuego de un estado constituido sino porque desde fines del siglo pasado, a través del Plan Colombia, disponen de millones de dólares de apoyo en dinero líquido, armamento e incluso mercenarios pagados por Estados Unidos.
En el documento de La Habana, las FARC se comprometen a la «dejación de armas» al cabo de dos meses posteriores a la firma del acuerdo final, que sería, según los plazos establecidos, a más tardar el 23 de marzo de 2016. Uribe cuestiona este detalle en una batalla semántica. «En lugar de exigir entrega de armas, Gobierno ha aceptado la palabra dejación», tuiteó. «La palabra dejación equivale a que el terrorismo mantenga las armas y las use cuando quiera», y añade: «Gobierno no ha exigido entrega del dinero del terrorismo para reparar a las víctimas.»
El otro actor político en contra del acuerdo fue el director de la División de las Américas de la ONG Human Rights Watch, el chileno José Miguel Vivanco. El acuerdo «permitiría que los máximos responsables de los peores abusos puedan eximirse de pasar siquiera un solo día en prisión», señaló el polémico abogado, en una nueva muestra de rechazo al proceso de paz en su conjunto. Insólito en una organización que debería apoyar iniciativas para descomprimir conflictos y arribar a soluciones pacíficas, aunque Vivanco siempre estuvo en contra de varios aspectos del proceso de paz.
El sorpresivo viaje de Santos a Cuba se produjo a pocas horas de que Francisco terminara su visita a la isla. Nada es casualidad en política internacional, y menos a ese nivel. No se puede decir que el Papa haya hecho contactos con los negociadores en La Habana e incluso trascendió que no dio lugar a una entrevista que le habían solicitado los representantes de las FARC. Pero el vocero del Vaticano, Federico Lombardi, aclaró los tantos: «Si ustedes recuerdan, el domingo el Papa hizo una llamada muy fuerte a que se encontrase una solución al problema.» Douglas Cassel, profesor de Derecho de la Universidad de Notre Dame y uno de los tres abogados del gobierno en La Habana le explicó a la agencia The Associated Press que «incluso sin estar físicamente en la sala, el Papa fue una presencia muy importante» en ese tramo del diálogo.
Santos mostrará en Nueva York el documento alcanzado luego de febriles 20 horas de debatir la letra fina por los negociadores y sus equipos de asesores. Desde su oficina de prensa se encargaron de recalcar que allí destacará que esta nueva realidad convierte a Colombia en un destino apetecible para inversores de todo pelaje porque les dará previsibilidad y garantizará confianza de cara al futuro.
La mano invisible del mercado necesitó de la mano no tan invisible del Papa argentino, que se convirtió en un catalizador de expectativas. No es milagro, mal que les pese a sus seguidores más fieles. Es simplemente conocer el revés de la trama y aprovechar que todos los implicados en un conflicto necesitan a alguien confiable para poder deponer extremismos sin aparecer renunciando a principios. Siempre en el marco del evangelio y no de alguna inclinación izquierdista como le endilgan los más retrógrados conservadores dentro y fuera del catolicismo.
Como dijo Nancy Gibbs la subdirectora de la revista Times -que lo tendrá de tapa por cuarta vez desde que fue ungido, en marzo de 2013- Francisco «hizo algo notable (en la iglesia): no cambió las letras, pero sí cambió la música».
Tiempo Argentino
Setiembre 25 de 2015
por Alberto López Girondo | Sep 11, 2015 | Sin categoría
Hace hoy 14 años el mundo se vio conmovido por los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York. Impresionantes imágenes transmitidas en directo por la televisión mundial con una audiencia verdaderamente planetaria que se daba cuenta de que algo importante estaba ocurriendo en vivo y en directo, en el corazón financiero, pero también el centro del poder de la potencia imperial más poderosa en los anales de la humanidad. Fue un acontecimiento que obligó a adelantar varias ediciones en todos los diarios, con profusión de fotografías y testimonios y las primeras evaluaciones sobre los atentados que cambiarían definitivamente el curso de la historia.
Todavía se recuerda al entonces presidente George W. Bush escuchando a uno de sus colaboradores en una visita a un colegio de Florida, entre azorado y sorprendido, o quizás sin poder dar crédito a lo que terminaba de oír. Que dos aviones de línea habían impactado en los edificios del Wall Trade Center. Desde entonces, el mandatario republicano abrió las puertas a una furiosa y violenta política de ocupaciones e intervenciones en el continente asiático. Primero en Afganistán y luego en Irak.
No viene a cuento aquí mencionar los diferentes momentos en cada una de esas intervenciones, pero sí recalcar que esa agresividad no sólo que no llevó la paz a ninguno de los territorios donde se asentaban los presuntos autores intelectuales del criminal atentado, sino que en estos 14 años todo fue para peor. Estadísticas que publica la CNN (http://edition.cnn.com/SPECIALS/war.casualties/) señalan que hasta marzo pasado se habían producido 3486 muertos y 20.117 heridos entre las tropas estadounidenses y de sus aliados europeos en Afganistán. En el mismo período hubo 4806 muertos y 32.246 heridos en Irak. Entre los civiles, la cifra que da el Instituto Watson, de la Universidad de Rhode Island (http://watson.brown.edu/costsofwar/costs/human/civilians) es de 210 mil muertos en forma directa para ambas naciones y otras 370 mil víctimas indirectas, mientras que anota 7,6 millones de desplazados y refugiados. El costo en dinero para los contribuyentes es de 4,4 billones de dólares (4 coma 4 más once ceros). Otras fuentes elevan todos y cada uno de estos guarismos, pero con sólo estos es suficiente para tener una idea de la tragedia.
Es así que el caos generalizado que existe en esa región –al que contribuyeron los ejércitos ocupantes tanto como los mercenarios que se desplegaron desde el inicio de las operaciones en esta vertiente de guerra privatizada que fomentó el presidente republicano- no se reduce a la sumatoria de las iniquidades cometidas sino que se continúa en las consecuencias para otros tantos miles de personas que ahora se manifiestan en forma de una ola humana tratando de huir hacia Europa.
La imagen de Aylan, el nene kurdo de tres años nativo de Siria, muerto sobre una playa turca, es apenas una pincelada de un problema que es humanitario, pero también toca todos los otros aspectos de esta nueva realidad que se comenzó a dibujar aquella mañana, mientras Bush visitaba una escuela primaria. Ese dibujo incluye, para los estrategas del Pentágono, el diseño de nuevos territorios donde, por ejemplo, los kurdos puedan tener su propio estado territorial, una reivindicación que tiene ya un siglo, desde que el Imperio Otomano se fue diluyendo en el marco de la Primera Guerra Mundial. También se plantea crear un país para los sunnitas y otro para los chiítas de Irak.
El miércoles, el presidente de la Comisión Europea, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, mostró la necesidad de recibir a 160 mil refugiados más en la Europa comunitaria mediante una fórmula matemática por la cual se reparte en forma más o menos equitativa -de acuerdo a riqueza y población- la cuota de migrantes que debería permitir cada país. Los argumentos de Juncker son demoledores: «(los refugiados) representan sólo el 0,11% de la población total de la UE», y reconoció que el número es mínimo si se lo compara con la oleada que llegó a Jordania y El Líbano, donde suma casi el 25% de su población, «y tienen un quinto de la riqueza de la UE».
Luego abundó en otras razones, como que casi todos en Europa alguna vez tuvieron que refugiarse en otras naciones. Ocurrió durante las guerras regulares que los reinos más beligerantes llevaron a cabo durante siglos. Argentina y muchos de los países latinoamericanos son testigos presenciales de esas calamidades porque se convirtieron en destino no sólo para italianos que escapaban de guerras y de la miseria, como de españoles que huían tras la derrota de la República, sino incluso de sirios y libaneses, conocidos popularmente como «turcos», cuando cayó definitivamente el régimen otomano. Y los recibieron con los brazos abiertos.
En Europa, en cambio, estallaron protestas y quejas entre los países orientales, los más reacios a recibir extranjeros. Quizás por odios ancestrales al mundo musulmán o porque padecen dirigencias demasiado inclinadas a la derecha racista y emparentados con lo peor del eurocentrismo. Olvidando que, como decía Juncker, algunos de los fugitivos recibidos en el extranjero escapaban de la represión luego de la llegada de los tanques soviéticos a Hungría en 1956.
Ayer, un grupo de diarios influyentes de Europa, entre los cuales están El País de España, Liberation de Francia, The Independient de Gran Bretaña y La Reppública de Italia, reclamaron a los distintos gobiernos decisiones solidarias en el mismo sentido que el reclamo de Juncker. Un pedido, el del titular de la CE, que por otro lado, todavía debe debatirse en Bruselas el 14 de septiembre.
Entre las mentes «sospechantes» circuló una explicación economicista para tanto edulcorado discurso. Sucede que entre los que pugnan por llegar a Europa hay profesionales con distintas preparaciones, con lo que podría ser muy útiles para bajar los costos laborales en un continente que padece desde hace décadas la «deslocalización» de empresas, muchas de ellas con destino final en China o los Tigres Asiáticos.
El dato destacado es que otras firmas se fueron de sus lugares de origen precisamente hacia las naciones del este europeo, que también tuvieron su momento de trabajadores muy preparados por el socialismo y dispuestos a trabajar por muy poco. La otra paradoja es que para la derecha francesa, hasta no hace mucho el temor era a los «plomeros polacos». Ahora ya hablan, y lo dice explícitamente el xenófobo holandés Geert Wilders, de que «esta es una invasión que amenaza nuestra prosperidad, nuestra seguridad, nuestra cultura y nuestra identidad».
Más allá de estas disputas que sin duda se acrecentarán en los próximos meses –si ya había grupos neonazis que atacaban a turcos en Alemania, ni qué pensar de lo que podría suceder de ahora en más- la canciller germana fue recibida con vítores por un grupo de refugiados apostados en una oficina de Migraciones de Berlín. La dura jefa de gobierno alemana deslizó allí la necesidad de contenerlos en su país, la potencia industrial más grande de Europa, mediante «una rápida integración de los solicitantes de asilo (…) para lo que hay que hacer posible una gestión rápida de su situación para que puedan trabajar», por lo que se comprometió a ponerlos «rápidamente» en contacto con las oficinas de empleo. Alemania debería recibir a 31.443 inmigrantes, la cuota mayor de la UE. Mientras tanto, el presidente Barack Obama anunció que su gobierno está dispuesto a recibir hasta 10 mil sirios para el año fiscal que comienza el 1 de octubre. Apenas un 0.003% sobre su población.
por Alberto López Girondo | Ago 28, 2015 | Sin categoría
La aparición de 50 cadáveres en un camión frigorífico estacionado al costado de una autopista en Austria es todo un símbolo de una situación descontrolada en Europa, donde cada día miles de personas intentan ingresar al rico territorio atravesando mares, ríos y montañas a bordo de cualquier medio, incluso algunos tan peligrosos como las balsas con que atraviesan el Mediterráneo o vehículos en los que escasea el espacio y el aire.
El hallazgo de los 50 cuerpos escandalizó hasta a los más duros de una sociedad sumergida en un caos que aparece como secuela –o daño colateral- de conflictos en otras partes del mundo en los que algunas de sus tropas no son ajenas. No es casualidad que muchos de esos desesperados que arriesgan su vida para buscar mejores oportunidades vayan de Libia, Túnez, Siria, Etiopía y más allá.
En las últimas semanas creció en algunos decisores europeos la polémica sobre cómo denominar a esa masa humana que presiona en el paso de Calais, en el norte de Francia, o en Alemania, desde el sur de España, Italia y Grecia. Para los editores del británico The Independient, al menos, es necesario denominarlos refugiados y no simplemente inmigrantes. Porque la mayoría huye de guerras civiles o atrocidades étnicas.
Pero otros escapan de situaciones económicas y sociales que también los condenan a la muerte. ¿Cuál sería la diferencia? En este caso el debate parte de las pantallas de la CNN, donde rebotaron los pedidos del Alto Comisionado de la ONU para que tanto Estados Unidos como México y los países centroamericanos consideren a los niños que cruzan la frontera sur estadounidense como refugiados, algo a lo que la Casa Blanca se niega.
En Europa, la canciller alemana Angela Merkel –una dura entre duros- reclamó desde una cumbre de la UE y los países balcánicos acordar un «reparto justo» de los refugiados. El jefe de gobierno austríaco , Werner Faymann – quien tampoco es un blando- pidió «espíritu de solidaridad» entre todos los países para resolver la cuestión.
Ya se había difundido la noticia de que en la carretera que va de Budapest a Viena la policía austríaca había encontrado un furgón con las puertas abiertas y adentro, medio centenar de cuerpos de personas que, por lo que parece, llevaban varios días fallecidas.
De inmediato las autoridades salieron a condenar a los traficantes de personas. Cada tanto ocurre algo parecido en la frontera estadounidense y la retahíla de cadáveres en vagones de tren que habían partido de México fueron un clásico en épocas no tan lejanas.
Por esas regiones, la crisis inmigratoria tiene aristas diferentes pero el trasfondo no lo es tanto. Los hay que tradicionalmente buscan mejores condiciones para desarrollar una vida digna. Son los que pueblan mayoritariamente el territorio sureño, un territorio que, por otro lado, perteneció a México. Pero en los últimos años se agregaron miles que cruzan desde América Central huyendo de la violencia social y el narcotráfico en sus naciones de origen. Si no son asesinados en el norte mexicano por bandas criminales, quizás puedan ingresar escapando de la vigilancia estadounidense. Y tal vez, incluso puedan conseguir trabajo. Pero aún el presidente Barack Obama no consiguió que los republicanos le aprobaran una ley para regular la situación de más de 12 millones que, de resultar legalizados, podrían recibir un aumento en sus ingresos. Así como están no solo son carne de violencias cotidianas sino que deben tolerar sueldos que apenas permiten la sobrevivencia. Una buena razón para que algunos empresarios rechacen la idea de incorporarlos a la plantilla regular.
En los últimos meses un precandidato republicano trepó en las encuestas avivando el fantasma de los inmigrantes, a los que carga de las peores diatribas, y prometiendo construir muros a lo largo de toda la frontera –ahora existe solo un tramo de unos 600 kilometros- y prometiendo echar a todos los ilegales. Donald Trump, que de él se trata, tuvo incidentes con representantes de la comunidad y el miércoles expulsó a un periodista hispano de una conferencia de prensa. Con ese discurso agresivo parece irle bien y es difícil que lo cambie
Al millonario excéntrico se le sumó otro aspirante republicano, Benjamín «Ben» Carson, un reconocido médico cirujano, de prodigioso currículum por haber realizado operaciones impresionantes con pulso firme y decidido. Ahora su aporte a la confusión general fue decir que no dudaría en usar drones contra los inmigrantes que intentan cruzar hacia Estados Unidos. Tras el vendaval que se le vino en contra salió a aclarar: «No dije que iba a usar aviones no tripulados contra personas, sino contra las cuevas que ellos utilizan para protegerse de las autoridades.»
Es por lo menos curiosa la posición de Trump, cuya madre era una inmigrante escocesa y su padre, descendiente de alemanes. La de Carson, un neurocirujano cuya vida fue relatada en el filme Manos milagrosas -con Cuba Gooding Jr. y Kimberly Elise- tiene sus diferencias. Es negro, por lo tanto sus ancestros fueron llevados por la fuerza, y para estar peor que en su tierra original. Pero su solución de los drones va en consonancia con un recurso aplicado extensivamente por el gobierno de Barack Obama, el primer afrodescendiente en ocupar la Casa Blanca. En tal sentido, el Wall Street Journal publicó hace unos días que el Pentágono tiene previsto incrementar el uso de drones para misiones de vigilancia e inteligencia en todo el mundo. Los vuelos no tripulados pasarán de los actuales 61 por día a 90 para el año 2019.
Según una fuente que el periodista Gordon Lubold no identifica, la mayor parte de las futuras operaciones se llevarán a cabo en «zonas calientes» como el Norte de África, Ucrania, Siria, Irak y el mar de la China Meridional.
La nueva estrategia se inscribe en el marco de un replanteo de ese tipo de acciones bélicas, las preferidas del presidente Barack Obama por varias razones: en primer lugar, como se efectúan desde cómodas poltronas en una oficina implican un juego virtual y no se producen esas tan revulsivas remesas de bolsas negras con cadáveres de soldados caídos en combate, que tanto incomodaron a anteriores mandatarios, desde Vietnam a esta parte. Por otro lado, son un impresionante negocio para la industria bélica, la que más valor agregado aporta a la salud económica de Estados Unidos junto con la tecnología informática, que en este caso van de la mano.
Por ese motivo es que la filtración informativa se coló en los pliegues de un diario económico como el Wall Street Journal. Se trata de un anuncio de los proveedores de equipos hacia los inversores, para que vean los «nichos de negocios» (nunca mejor aplicado el término) que más rendirán en los próximos meses.
Hay que decir que las incursiones teledirigidas son para vigilancia y espionaje como dicen los comandantes, si, pero básicamente han demostrado ser muy útiles en la política de Obama de asesinatos selectivos.
Según revela Micah Zenko en base a datos provistos por la New America Foundation, desde 2001 y hasta fines de 2014 Estados Unidos llevaba realizados 500 asesinatos selectivos, de los cuales el 98% fueron efectuados con drones. Resultaron eliminadas así 3674 personas, incluidos 473 civiles. En 50 de estos casos la autorización fue del presidente Bush, en el resto, 450, la firma es de Obama.
La pregunta clave es cuántos de esos homicidios fueron personas inocentes que cayeron por «error». En diciembre de 2013 un drone masacró a 12 personas y dejó gravemente heridas a otras 11 que asistían a un casamiento en Yemen. Situaciones similares se produjeron en Afganistán.
Ante ataques que «vienen del cielo», la población civil no tiene cómo escabullirse fácilmente. Si el blanco elegido es hallado se puede plantear un debate sobre la legalidad de matar sin juicio previo, o aún de la pena de muerte. Pero miles y miles huyen de estos «daños colaterales». Y los terminan provocando en esta Europa que no sabe qué hacer con ellos. Aunque émulos de Trump y Carson no les faltan.
Tiempo Argentino · 28 de Agosto de 2015
por Alberto López Girondo | Ago 27, 2015 | Sin categoría
El desborde de los ríos en San Antonio de Areco, Arrecifes y Luján provocó un intenso debate nacional en el que hubo reparto de culpas por el drama. El hecho, sin embargo, reveló el déficit de políticas de Estado en torno a algunos de los problemas más acuciantes para la población. Una primera explicación con tintes científicos fue inscribir a estas inundaciones en el marco del cambio climático, que provoca lluvias desproporcionadas y recurrentes como las de principios de agosto –esta vez Luján se inundó dos años consecutivos– y en otras regiones sequías devastadoras. Algunos especialistas hablaron del llamado fenómeno de El Niño, que en ciclos de entre 3 y 7 años modifica la distribución de las precipitaciones en todo el planeta.Durante esos días intensos de discusión mediática aparecieron también críticas por la falta de obras de infraestructura para evitar las inundaciones y sus consecuencias. Pero también por las obras realizadas… Es decir, por emprendimientos privados en el delta del Paraná que afectan de un modo crucial el escurrimiento de las aguas en la desembocadura del río Luján, donde unas 9.200 hectáreas de humedales resultaron invadidas por barrios privados. Se reveló, asimismo, la existencia de por lo menos 90 canales clandestinos río arriba, construidos por terratenientes para que los campos más fructíferos no queden anegados ante cada tormenta.En tal sentido, la deuda pendiente con la sociedad es importante. Durante los 90 muchas de las instituciones estatales fueron reducidas o directamente eliminadas en pos de un concepto neoliberal que reclamaba sustituir lo público por supuestas soluciones privadas. El caso de las problemáticas ambientales es un ejemplo típico de por qué hay cuestiones que exigen que dependencias pertenecientes a la sociedad sean las que se encarguen de estudiar y advertir sobre los peligros que pueden desencadenar determinadas decisiones gubernamentales. Y por qué es necesario que, además, se escuche y se responda ante los requerimientos de quienes tienen el conocimiento como para determinar las políticas más adecuadas.Esto excede a nuestro país. Hace 10 años el huracán Katrina provocó una tragedia en los distritos más pobres de Nueva Orléans como no se recuerda en la historia de Estados Unidos. Lo que dejó como corolario aquel evento fue la ausencia del Estado, que no solo no tomó medidas cuando fue advertido de lo que se venía sino que luego no hizo nada para remediar la situación de las víctimas.Lo contradictorio es que hay investigadores dedicados al tema que, por otro lado, son pagados por la sociedad a través de los impuestos. En la Argentina hay expertos de fuste en el Conicet y en universidades públicas que vienen alertando no solo acerca de los fenómenos climáticos, sino también sobre la necesidad de regular la construcción de barrios privados en la zona de Tigre y controlar que los productores rurales no construyan desvíos de agua irregulares.Pero si las urgencias políticas o electorales priman en las decisiones en cada distrito porque se necesitan los recursos que proveen los emprendimientos o la producción agropecuaria; o si se aprueban proyectos urbanos del tamaño de ciudades sin contemplar el impacto que producirán en el medio ambiente; o peor aún, si se cree que «la mano invisible del mercado» puede aportar las respuestas y que no es bueno alterar el «clima de negocios», lo único que cabe esperar es dramas mayores.Es cierto que faltan obras, y se sabe que en general esas obras de infraestructura no son visibles y por lo tanto pueden no aportar a la hora de ir a las urnas. Y que muchos de los daños ambientales se generan en el contexto de extendidos sistemas de corrupción. El cambio climático existe, el fenómeno de El Niño existe, pero ¿qué se hace para prevenir o remediar sus consecuencias? Ante tamaño desafío es esencial contar con políticas de Estado dictadas sobre la base del estudio científico para que la tormenta no aparezca como una sorpresa desagradable.
Revista Acción · 30 de Agosto de 2015
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