por Alberto López Girondo | Ago 1, 2015 | Sin categoría
«Pa’ una ciudad del norte/ yo me fui a trabajar/ mi vida la dejé/ entre Ceuta y Gibraltar», canta Manu Chao, hijo de un exiliado español de la Guerra Civil, en «Clandestino», el tema que narra las desventuras de otros que, como su familia, debieron dejar su tierra para labrarse un futuro mejor. O simplemente un futuro. En esa canción, Chao detalla los avatares de latinoamericanos y africanos sin papeles, «ilegales, clandestinos» obligados a correr «para burlar la ley». Perseguidos por el hambre y la falta de expectativas, víctimas de guerras civiles y de la avidez de grandes empresas que devastan regiones para explotar sus recursos naturales. Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en 2014 se registró un flujo de 214 millones de migrantes en todo el planeta, esto es, más de 4 veces la población de Argentina.
Tratándose de un proceso que por fuerza se hace a hurtadillas, el cómputo completo podría estimarse 3 y 4 veces mayor, según la misma fuente. Pero no todos logran su objetivo, y en ese mismo período más de 4.000 personas murieron en el intento.
Las imágenes de los que cada día cruzan en barcos desvencijados y sobrepasados de pasajeros hacia Lampedusa, al norte de Túnez y cerca de Sicilia en Italia, las que cada tanto se ven en el enclave español de Ceuta y las de quienes intentan cruzar la frontera caliente entre México y Estados Unidos, al igual que las que fugazmente se mostraron de Malasia, son elocuentes. Impotencia y represión violenta, tiendas de campaña para alojar a los sin refugio, disputas políticas entre quienes no quieren hacerse cargo de un problema que hasta el papa Francisco puso de relieve con una visita a uno de esos campos del espanto.
Europa atraviesa una crisis económica que, en algunos países del sur, es demoledora. Sin embargo, miles de desesperados tratan de ingresar cada día a Italia, Grecia y en menor medida a España. Es que son las naciones más cercanas a esos «territorios de fuga» y quienes logran entrar en general no planean quedarse allí, sino que hacen una primera escala para atravesar fronteras interiores del continente hacia un lugar donde afincarse.
Pero nada es fácil para ellos. Y en todos los lugares adonde llegan –si es que no caen en el camino– encuentran resistencia, rechazo, estigma. El sociólogo polaco Zygmunt Bauman, autor de Ceguera moral, ensaya una explicación a este drama contemporáneo: «Desde la modernidad, los refugiados de la brutalidad de guerras y despotismo, de una vida sin esperanza, golpearon a nuestras puertas. Para la gente de este lado de las puertas, esas personas han sido siempre “los extraños”, “los otros”». Esos otros están en la mira de los movimientos xenófobos o directamente nazis que prosperan en casi todos los países de Europa. El crecimiento del partido de los Le Pen, padre e hija, en Francia, Amanecer Dorado en Grecia, los grupos neonazis alemanes y neofascistas en el norte de Italia son muestras del arraigo de la intolerancia en el continente. El periodista catalán Pere Rusiñol describe la situación: «Los inmigrantes son el chivo expiatorio perfecto» y «una amenaza a la visión del mundo de la ultraderecha porque, por definición, introducen elementos de diferencia en una sociedad. La ultraderecha, en cambio, persigue la quimera del pueblo absolutamente homogéneo y cohesionado por compartir una lengua, una cultura, una religión».
Del otro lado del océano, el millonario Donald Trump, en su lanzamiento como precandidato presidencial de los Estados Unidos, arremetió contra los emigrantes mexicanos: «Están enviando gente que tiene muchos problemas, nos están enviando sus problemas, traen drogas, son violadores, y algunos supongo que serán buena gente, pero yo hablo con agentes de la frontera y me cuentan lo que hay», dijo.
Cercos militares
En el mapa actual de las migraciones internacionales se observan dos grandes fenómenos. Uno de ellos es el flujo migratorio más o menos ordenado, más o menos pacífico, más o menos consentido, que permite la circulación de poblaciones que se integran a las sociedades receptoras. Por ejemplo, las migraciones suramericanas hacia la Argentina, donde existen planes generosos para la acogida y la legalización junto con oportunidades de trabajo, estudio y sistemas de salud pública que los locales cuestionan pero son a todas luces superiores a los que tienen en sus territorios de origen los inmigrantes.
El otro fenómeno, violento y trágico, es el de los flujos migratorios que intentan atravesar fronteras cerradas y militarizadas, como sucede en el Mediterráneo y los Balcanes. Allí, en lo que va del siglo, las organizaciones internacionales registraron unos 40.000 muertos, lo que llevó a que el último informe sobre migraciones de la OIM se titulara Viajes fatales. El 70% de esas muertes tuvo lugar en el Mediterráneo. En ese informe se aclara que por cada muerto registrado hay por lo menos otros dos o tres desaparecidos.
«Nada te prepara para ver a 369 personas hacinadas en un barco de pesca», declaró hace poco Chris Catrambone, cofundador de la Estación de Ayuda al Migrante por Mar, que se dedica a la ayuda a los que cruzan desde África a Italia. Fue durante uno de los tantos naufragios que se suceden porque las embarcaciones carecen de las más elementales medidas de seguridad. «Se está creando una fosa común en el mar Mediterráneo y las políticas europeas son las responsables», denunció Loris De Filippi, presidente de Médicos Sin Fronteras (MSF).
Solo en lo que va de 2015 cerca de 2.000 personas se ahogaron tratando de escapar de Libia hacia Lampedusa, y durante el último año alrededor de 100.000 consiguieron entrar a Europa por distintas vías, de acuerdo con estadísticas de la OIM. Casi 55.000 cruzaron el mar desde el devastado norte africano, mientras que más de 46.000 llegaron a Grecia desde Turquía. La dramática situación motivó quejas de Italia porque sus socios de la Unión Europea (UE) cierran fronteras para evitar recibirlos, violando los principios establecidos en el Tratado de Schengen. A mediados de junio se decidió aceptar la reubicación de hasta 40.000 extranjeros llegados a Italia y Grecia, más que por cuestiones humanitarias para aliviar a dos de los países más castigados por la crisis económica.
En otras geografías se suceden verdaderas tragedias humanitarias no solo por la cantidad creciente de seres humanos que mueren en el intento de migrar, sino porque a ese drama se acopla el tráfico de personas, secuestros masivos, asesinatos y desapariciones forzadas. Esas tres zonas son la ya mencionada frontera sur (Mediterráneo) y este (Balcanes) de la UE, otra es la frontera entre Estados Unidos y México, a las que se añadió recientemente el Golfo de Bengala y el Mar de Andamán, en el sudeste asiático. En América la situación tiene sus matices. Los 3.152 kilómetros de frontera entre México y los Estados Unidos en particular, y el territorio mexicano en general, reviste la inocultable condición de tragedia humanitaria. Solo en 2014, al menos 1.000 personas perdieron la vida en su intento por atravesar ese borde sellado con una muralla o por los caminos que aún quedan sin dividir. Pero no todos son mexicanos. Al menos la mitad provienen de otros países centroamericanos cuyo primer desafío es alcanzar la frontera con Estados Unidos sin ser secuestrados en el camino. Un porcentaje menor está compuesto por asiáticos, suramericanos, africanos, caribeños y antillanos, que utilizan a México como trampolín de acceso al «paraíso americano». Los registros del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la OIM estiman que entre 1.200 y 1.500 personas intentan cruzar ese peligroso límite por tierra.
El vecino de al lado
México es uno de los mayores expulsores de población del mundo, cada día abandonan tierra azteca unas 700 personas, de las cuales 600 van a Estados Unidos, 55 a Canadá y 45 al resto del mundo. Los cuatro mayores países emisores de la región latinoamericana y caribeña siguen siendo Brasil (23%), Colombia (11%), Perú (9%) y Ecuador (9%). La Argentina, en este contexto, durante los 90 fue expulsor de nativos pero al mismo tiempo receptor de países vecinos, un raro fenómeno con pocos antecedentes en el planeta. En la actualidad es uno de los cuatro puntos de acogida de emigrantes, aunque ya no vienen mayoría de europeos como a lo largo de la primera mitad del siglo XX, sino que son migrantes de Bolivia, Paraguay y Chile, además de los jóvenes colombianos y brasileños del sur del país que cruzan las fronteras para aprovechar las ventajas de la educación superior gratuita y de calidad que se ofrece en el país. Por otro lado, España, que pocos años atrás fue el destino soñado para las atribuladas poblaciones locales, desde hace tres años no hace sino expulsar a miles de ecuatorianos y peruanos que vuelven a su países de origen, e incluso lo hace con españoles nativos que ven cerradas sus puertas en la península y encuentran oportunidades en América Latina.
En Estados Unidos residen 33 millones de descendientes de mexicanos y 11 millones de migrantes de ese origen, de los cuales solo el 25% obtendrá la ciudadanía, muchos de ellos luego de enrolarse en el Ejército. El 50% de los mexicanos residentes son pobres. Según el Instituto Nacional de Migraciones de México (INMM), un total de 1 millón de personas al año utiliza ese país como plataforma de ingreso a los Estados Unidos, sean documentados o indocumentados, registrados o invisibles. Al mismo tiempo, cada año regresan a través de México unos 400.000 migrantes. De ellos, una parte se queda en el país azteca, una parte regresa a su país de origen y otra comienza un nuevo itinerario para reintentar el ingreso por otra vía. El mismo INMM define que la frontera entre los Estados Unidos y México es la más transitada del mundo. Entre 300 y 500 dólares por cabeza paga un migrante a los traficantes (polleros o coyotes) para cruzar, bastante menos de lo que pagan los africanos para escapar a Europa. Los traficantes, que controlan al menos 8 de cada 10 cruces, los recogen en el lado mexicano y los sueltan del lado estadounidense. Pasan la frontera de múltiples modos, ocultos y hacinados en camiones, camionetas, doble fondo del piso de micros, flotando en el interior de camiones cisterna, incluso en el tren infelizmente conocido como La bestia. Solo en 2014 la OIM contabilizó 250 muertes de migrantes en las inmediaciones de ese borde tabicado por un muro de cemento y hierro. La cifra llega hasta los 6.000 muertos en este tramo del siglo XXI.
Efecto rebote
La vieja y orgullosa Europa, protagonista de las peores guerras, genocidios y ocupaciones coloniales que vivió la humanidad, padece ahora el rebote de muchas de esas intromisiones bélicas en otras regiones hacia su propio territorio. Así, recibe oleadas de migrantes por el sur y por el este que escapan de situaciones provocadas por acciones de las dirigencias políticas no tan lejanas en el tiempo que desataron verdaderos infiernos en África y el Oriente Medio. Millares de migrantes africanos, en parte magrebíes y en parte subsaharianos, se desplazan durante meses a través del desierto más grande del planeta para ingresar a Ceuta y Melilla, dos resabios de la etapa colonial de España, como trampolín de acceso a Europa. Para impedir el ingreso terrestre, primero por su cuenta y luego con auxilio de Bruselas, España construyó dos gigantescos muros de alambre, cemento y acero que están permanentemente monitoreados por cámaras de visión nocturna y sensores de movimiento y ruido. En 2012 España llegó a establecer un acuerdo con Marruecos para que las autoridades del reino africano se encarguen de frenar el paso de migrantes por su territorio mediante un control represivo mucho más duro, que España no puede aplicar por su adhesión a tratados de la UE. En otras palabras, los marroquíes hacen el trabajo sucio a los españoles. Por eso se incrementó el paso por otros canales, aunque las autoridades magrebíes no suelen ser muy afectuosas con los migrantes subsaharianos. El Gobierno de Argel, por ejemplo, carga con decenas de denuncias en su contra por capturar a migrantes en Tánger y expulsarlos al desierto. Ninguna administración europea se dio por enterada de esas prácticas. Libia y Túnez son, entonces, los puertos de salida para fugitivos procedentes de Guinea, Senegal, Sudán, Mali, Nigeria, Camerún, Togo, Ghana y Chad. A Italia cruzan en su gran mayoría magrebíes y en particular libios que huyen de la guerra civil desatada tras la intervención europea para derrocar y asesinar a Muhamar Khadafi en 2011. Por el Mediterráneo oriental ingresan millares de sirios, egipcios, iraquíes, afganos, somalíes y eritreos, entre otros, por rutas que los llevan a Grecia a través o del mar Egeo o de la frontera con Turquía. La OIM certifica que «Europa es el destino más peligroso del mundo para las migraciones irregulares». Y computa la muerte de 2.000 personas por año, equivalentes a unos 28.000 durante este siglo. Un tercio de los que cayeron durante 2015 eran magrebíes, un tercio subsaharianos, el 11% del cuerno de África (Somalia y Eritrea) y el resto sin identificación. Italia es el país que más migrantes recibe por vía marítima, con 130.000 en 2014, más del doble que un año antes. La situación fue advertida por la actriz Angelina Jolie, quien visitó un centro de refugiados en Malta y dijo que «existe una relación directa entre los conflictos en Siria y en otros países de la región, y el incremento de las muertes en el Mediterráneo. Si no atajamos la raíz de esos conflictos, el número de refugiados que mueren seguirá en crecimiento».
Nobel fallido
El continente asiático, en tanto, es una zona de permanentes y gigantescas migraciones, compuesta por una natural movilidad migratoria sin mayores conflictos, y una migración violenta ocasional originada en conflictos bélicos o sociales, protagonizada por desplazados y refugiados, y que genera innegables catástrofes humanitarias. Es lo que está sucediendo actualmente en la bahía de Bengala y el mar de Andamán, con refugiados rohingyas procedentes de Myanmar y Bangladesh, que son rechazados por Tailandia, Malasia e Indonesia. Las cifras son escalofriantes. Durante 2014, cuando escaló la crisis migratoria, entre 90.000 y 100.000 personas se movilizaron por la zona, y más de 25.000 entre enero y marzo de este año. De estos, el ACNUR contabilizó más de 2.000 muertos en el mismo lapso, la mitad por naufragios o enfermedades contraídas en alta mar, y la otra mitad de manos de los traficantes tailandeses y malasios. Forman parte de los 180.000 rohingyas que huyen desesperadamente de la limpieza étnica lanzada desde 2012 en Myanmar. El relator de las Naciones Unidas para este caso, el argentino Tomás Ojea Quintana, lo calificó como genocidio. «En Myanmar se están cometiendo crímenes contra la humanidad. Hay elementos claros y más que suficientes para determinar que hay un genocidio contra los rohingyas en Arakán», destaca (ver Políticas de Persecusión).
Estos ataques revelaron una actitud esquiva de Aung San Swkyi, premio Nobel de la Paz de 1991, una líder opositora que pasó 20 años encarcelada por la dictadura militar y que ahora aparece como favorita para las elecciones de 2016. Varios premiados con ese galardón que se reunieron recientemente en Oslo para denunciar la tragedia de los rohingya decidieron no invitar a Suu Kyi y la criticaron ácidamente. «Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el bando del opresor», espetó el arzobispo sudafricano Desmond Tutu, Nobel de 1984 que le reclamaba «desesperadamente su liderazgo moral» para poner fin a las matanzas.
Políticas de persecución
Invisibilizados por los grandes medios, no tanto por ocultamiento como por ignorancia, los rohingyas son en Myanmar, la antigua Birmania, una minoría étnica musulmana que viene sufriendo persecuciones por décadas. Es en este marco que ocurre lo que el argentino Tomás Ojea Quintana, relator especial de la ONU para los derechos humanos en Myanmar, describe de este modo: «Familias enteras de rohingyas escapan, lanzándose desde la provincia de Rakhine a las turbulentas aguas del golfo de Bengala, en precarias barcazas, con la desesperación de alcanzar, en general, las costas de Malasia». Por eso considera que los integrantes de esa comunidad étnico-religiosa que logran huir de ese infierno, debieran ser definidos –de acuerdo con lo que indican los términos legales de la ONU– no como inmigrantes sino como refugiados.
¿Qué consecuencias tiene para ellos esta divergencia semántica? Para Ojea Quintana, los rohingyas que navegan a la deriva merecen los derechos de todo refugiado, «y no deberían ser devueltos al mar o encarcelados, y mucho menos obligados retornar a Myanmar». El relator de la ONU acusa a Tailandia, Bangladesh y Malasia por desentenderse de esta grave situación. Pero la alerta es también para los países occidentales que levantaron sanciones contra el régimen militar y para naciones o empresas privadas que «se aprestan a invertir en un país que se abre al mundo», insiste Ojea Quintana. «Deben priorizar la exigencia de que las autoridades de Myanmar desarticulen las políticas de persecución en vigencia», concluye.
OPINIÓN
Gabriel Pérez Dupart*
Crisis humanitaria
La migración en la frontera entre México y Estados Unidos es sin lugar a dudas una tragedia humanitaria que no solo se contabiliza en pérdida de vidas, sino en el sufrir de millares de migrantes que son víctimas de la delincuencia organizada. El 95% de los transmigrantes centroamericanos han sido víctimas de al menos una acción de los grupos delictivos, como robo, secuestro, extorsión y discriminación, o trata y esclavismo laboral y sexual. La cantidad de transmigrantes centroamericanos registra un marcado incremento desde 2012 por la pobreza y la falta de oportunidades, pero cada vez más también por el aumento de la violencia y criminalidad de los grupos delictivos, las mafias y las maras en sus países. Se percibe que hay una cooptación territorial de las mafias que conforman un Estado subterráneo con alianzas o control de las fuerzas de seguridad, y que les permite diversificarse en varios negocios. Uno de esos negocios es con los migrantes. El Estado mexicano ha asumido una política de contención en el sur de país, pero no combate abiertamente a las mafias sino que busca impedir el tránsito. En 2012 hubo 88.000 deportaciones, que ascendieron a 127.000 en 2014, y todo indica que este año serán más.
Desde 2012 hay un incremento sideral de menores solos en las migraciones. En 2012 rondaban los 4.000, pero en 2014 ya fueron 23.000 los de menos de 18 años retenidos por el Estado. Se puede inferir entonces que es mucho mayor la cantidad total, todos ellos, a su vez, más vulnerables a la delincuencia.
Esta crisis humanitaria evidencia un Estado que pierde terreno frente al crimen organizado, niveles crecientes de impunidad y corrupción que limitan la garantía de los derechos humanos y el acceso a la Justicia, así como un ambiente de xenofobia y violencia generalizada. Factores que convierten el tránsito por México en un viaje muy peligroso.
*Investigador en Migraciones del Colegio de la Frontera, de la ciudad de Tijuana, México
Revista Acción · 15 de Julio 2015
Informe: Alejandro Pairone
por Alberto López Girondo | Jul 24, 2015 | Sin categoría
La crisis que sufre el gobierno de Dilma Rousseff en Brasil no se puede entender si tener en cuenta un puñado de datos relevantes sobre el manejo de la cosa pública en el principal socio y aliado de la Argentina, tanto en la región como para enfrentar al mundo. En primer lugar, el sistema electoral fuerza la conformación de alianzas no solo para llegar al gobierno sino para mantenerse, lo que obliga , para poder ejercer el poder y llevar una agenda propia, a conformar coaliciones fuertes y duraderas.
El otro dato relevante es que los medios son todos del establishment. No hay un solo medio en cualquier plataforma de alto impacto social que pertenezca a sectores cercanos al proyecto político del Partido de los Trabajadores brasileño, salvo algún que otro sitio web.
La alianza de lleva más de una década con el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) se explica, entonces, por la inserción territorial de la agrupación que en tiempos de la dictadura cumplió el papel de oposición tolerada, lo que garantizaba la gobernabilidad. El PT también tuvo su época de cercanía con los movimientos evangelistas para llegar por primera vez al Palacio del Planalto, la sede de la presidencia en Brasilia. No había entonces otro modo de llegar hasta los millones de votantes que escuchaban sus radios en todos los rincones del país. Como contrapartida, el partido creado por Lula da Silva sobre bases obreras en 1980 no pudo –o prefirió no romper con aliados- construir un mayor poder territorial al punto que hoy cuenta apenas con 63 diputados en una cámara de 513 bancas y solo 14 senadores sobre 81 escaños. Tampoco logró que pasara la reforma política, por la obvia obstrucción de los socios legislativos.
Esa es la razón de fondo para que la jefatura de ambas cámaras recayera en dos conspicuos integrantes del PMDB, Eduardo Cunha en diputados y Renan Calheiros en senadores.
Y allí reside la mayor debilidad de Dilma Rousseff y del PT en general en estos tiempos tormentosos que se desataron a partir de una investigación sobre corrupción en la petrolera de bandera, Petrobras.
La causa que lleva adelante un juez federal del estado de Paraná con la Policía Federal, el órgano que en Brasil cumple las funciones de brazo armado de la justicia. Y ya produjo las primeras condenas: tres directivos de empresas privadas y un funcionario de la firma estatal. El magistrado también llevó a una celda a dirigentes políticos de partidos que integran la alianza oficialista y a presidentes de dos de las constructoras más grandes de Brasil, que figuran entre las más grandes del mundo, con intereses en varios países latinoamericanos, incluso Argentina, y en África, Odebrecht y Camargo Correa.
Lo que en estos últimos días se vive en el país vecino es una arremetida que muchos de ellos aspiran a definitiva contra Dilma y Lula de parte de los medios concentrados, como la red O Globo y el diario Folha de Sao Paulo. Lo peor del caso es que no solo despliegan un arsenal de cuestionamientos sobre la transparencia del PT y de sus integrantes y socios políticos, sino que marcan agenda sobre el rumbo que el proyecto neoliberal pretende del país y sobre el rol que la sociedad le debería asignar a cualquier gestión presidencial y a las empresas públicas.
En el caso de Petrobras, la oleada de escandaletes que los medios viene mostrando en dosis sutilmente administradas desde fines del año pasado, golpea a las puertas del líder metalúrgico, lo que eventualmente afectaría la continuidad del proyecto “petista”. Pero también amenaza con un juicio político contra la presidenta, para lo cual se viene afilando los dientes el ex candidato Aecio Neves y su partido, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que a pesar del nombre representa al conservadurismo y cuenta entre sus mascarones de proa al ex presidente Fernando Henrique Cardoso, un intelectual desarrollista en los 60 que devino en neoliberal cuando ocupó la presidencia en los 90 y desplegó gran parte del recetario privatizador recomendado por los Chicago Boys.
Ahora el senador y dos veces candidato presidencial por el PSDB y ex gobernador paulista José Serra pretende que se modifique una ley clave para un verdadero plan social en ese país, la normativa que le da exclusividad a Petrobras en la explotación de las riquezas petroleras de la plataforma submarina. Busca que entren empresas multinacionales, pero fundamentalmente cambiar el reparto de las regalías, que con la legislación vigente garantiza un alto componente para la educación y la salud populares.
El avance del proceso Petrobras, que está en manos de Sergio Moro, un juez muy cercano a la embajada de Estados Unidos, inundó de rechazo no solo a la gestión petista sino a la dirigencia política en pleno. En la picota están tanto encumbrados dirigentes del oficialismo como del PMDB, lo que incluye al propio Eduardo Cunha y hasta el ex presidente Fernando Collor de Melo, denunciado por corrupción y expulsado mediante un impeachment en 1992.
La respuesta de Cunha a la acusación de que recibió sobornos salidos del bolsillo de Petrobras fue anunciar su paso a la oposición y la amenaza de abrir la puerta para un proceso similar contra Dilma. Una velada amenaza contra el PT o una extorsión para que ponga un límite a las investigaciones judiciales.
Sucede que en Brasil eso de la separación de poderes también es otra característica de la organización política, pero al mismo tiempo es una trampa en la que cayó el PT -e incluso de la propia Dilma- cuando aceptaron que la vía para llegar al poder no era por las armas. El proceso político llevó, como en otros países de la región, a “comerse esos sapos” que ahora, y desde la causa que llevó a prisión al principal operador de Lula, José Dirceu -también ex guerrillero- y a altos dirigentes del PT por el llamado “mensalao”, se reporta como un error. Eso de la reforma judicial que en Argentina quiso encarar el gobierno de Cristina y no logró, aunque dejó presentado el tema en la sociedad, en Brasil casi ni se planteó.
Como en la mayoría de los países latinoamericanos, el poder judicial es otra de las puntas de lanza del establishment y de las concepciones neoliberales. Solo basta observar la queja del veterano periodista brasileño Joaquim Palhares, director de la revista online Carta Maior, uno de los medios que hace fuerza por el PT y una de las pocas voces a favor del proyecto petista en ese país, bombardeado por la oposición mediática. «Jamás en la vida vi a jueces apareciendo en seminarios del grupo Globo o a la Policía Federal filtrando sus investigaciones a la prensa», puntualizó Palhares.
Esta semana ocurrieron dos hechos a destacar. Por un lado, la abogada Beatriz Catta Preta, presentada por los medios concentrados como “una de las mayores especialistas en delación premiada del país”, anunció que deja la defensa de sus principales clientes en esta megacausa, denominada Lava Jato por el lavadero de autos donde comenzó la investigación policial. La mujer le informó al juez Moro que ya no tendría entre sus pupilos a Augusto Ribeiro Mendonça Neto y a Pedro José Barusco Filho, los que se suman a Julio Camargo, otro de los delatores que ella asesoró.
El sistema de delación premiada, copiado del acuerdo con la fiscalía que figura en el proceso de Estados Unidos, permite que un reo negocie la reducción de una condena en su contra si “colabora” con la justicia. Una invitación a prender el ventilador con tal de salvar el propio trasero. Con eso se llega a una verdad jurídica o apenas mediática. Lo que no implica que se está cerca de la verdad verdadera.
Al mismo tiempo el Ministerio Público de Brasil promovió –demasiado tarde- una contraofensiva sobre algunos personajes del sistema judicial. El jueves anunció un proceso disciplinario contra el fiscal que hace unos días abrió una investigación para determinar su Lula cometió el delito de tráfico de influencia cuando fomentó la participación de la constructora Odebrecht en obras en el exterior. Una de ellas es un megaproyecto en Puerto Mariel, Cuba. La defensa del líder metalúrgico hizo la presentación y el propio Lula explicó que precisamente una de las funciones de un presidente es abrir puertas en el exterior para vender trabajo nacional y apostar al crecimiento del empresariado nacional.
El fiscal Valtan Mendes Furtado salió, como se dice en la jerga leguleya, “de pesca” en un acto diplomático del anterior gobierno. Y ya se anunció que quiere investigar los créditos que recibió esa firma de parte del Banco Nacional de Desarrollo, el famoso BNDES que tanto contribuyó desde antes de la dictadura al desarrollo de la industria brasileña.
Pegándole a la burguesía nacional, destruyendo a la empresa petrolera de bandera y desprestigiando el banco que fomenta la industria y el trabajo brasileño, se le pega debajo de la línea de flotación al proyecto desarrollista que sin cortapisas desplegó Brasil desde fines de la segunda guerra mundial como política de estado.
Se podrá discutir mucho sobre el desarrollismo como modelo de distribución y de crecimiento. Pero cuando desde la derecha buscan destruirlo uno debe preguntarse qué les molesta. Y allí estará la respuesta a estos ataques a los llamados progresismos latinoamericanos.
Julio 24 de 2015
por Alberto López Girondo | Jul 19, 2015 | Sin categoría
Doctorado en la Universidad de Stranford, tres veces becario Fulbright y docente en varias instituciones del Norte, James Cockcroft afirma que aprendió mucho más en 1956 en las calles de Cuba, donde coincidió con la llegada del mítico Granma y fue detenido por la policía de Batista porque lo creyó un agente de la guerrilla. Ese momento dramático le sirvió para saber lo que ocurría en la isla y también para aprender el idioma y la historia de los pueblos latinoamericanos. Un derrotero que lo llevó a enfrentarse al macartismo en su propio país, del que tuvo que emigrar para no ser perseguido. Ahora vive en Canadá, recorre asiduamente la región y lleva ya escritos 50 libros, lo que le permitió mantenerse económicamente cuando los claustros universitarios se le cerraban. En su paso por Buenos Aires en el marco de la Red de Intelectuales por la Humanidad contó a este diario cómo ve las cosas en la región, a horas de que EE UU y Cuba reabran sus embajadas, tras más de medio siglo de congelamiento de relaciones.
-¿A qué atribuye este acercamiento de Obama con Cuba?
-El 17 de diciembre de 2014, un día histórico, Obama dijo que había entendido que Estados Unidos se había aislado a sí mismo en este medio siglo de bloqueo a Cuba y que era momento de comenzar una nueva etapa de relaciones amistosas. Pero a la vez implementó más sanciones a Venezuela y la declaró una amenaza a la seguridad estadounidense, eso hay que tenerlo en cuenta. De todas maneras hay que decir que las clases dominantes de EE UU se dieron cuenta de que se pierden oportunidades de comerciar con la isla y de explotar el petróleo de Cuba, que lo tiene. Obama también apeló a esta estrategia económica.
-Pero también son otros tiempos en la región, ¿no?
-Es cierto que son otros tiempos, y hubo una reacción de las bases y de los gobiernos y ya sabemos lo que pasó en la Cumbre de Panamá. Fue Martí quien tuvo una visión de que los americanos del sur debían unirse para poder responder ante los del norte. Para poder construir Nuestra América sin diferencias. Para esto es importante el papel de los movimientos sociales, gracias a los cuales a la región llegó una democracia limitada. Pero esa lucha permitió la llegada de Hugo Chávez y luego la unificación de los estados, un proceso desigual pero indetenible. De ahí con este cambio de estrategia del imperialismo del norte, que había practicado el terrorismo con miles de muertos, 3400 por lo menos, y miles de heridos y discapacitados.
-Obama tuvo mucho consenso cuando lo eligieron en 2008 como una esperanza de cambio tras varias décadas de neoliberalismo. ¿Qué pasó luego, o siempre fue un bluff?
-Siempre fue un bluff, como lo es cualquier candidato que venga de los partidos políticos. En Estados Unidos un candidato debe pasar una prueba, una investigación, por parte de la clase dominante. Alguno de esos nombres son del establishment conocido y la mayor parte no, como un comité ejecutivo no oficial. Es secreto, pero todo el mundo que estudia la historia de las elecciones en Estados Unidos se da cuenta de eso. Hay una expresión: «Hay que pasar la inspección.» Significa ser aprobado como persona en quien la clase dominante puede confiar. Desde el principio muchos de nosotros nos dimos cuenta de que todos son finalmente un bluff, pero muchos apoyaron con su voto dos veces a Obama. Porque era el menor de los males. La primera vez porque creyeron el 10% de su promesas pero en la segunda… En todo caso Obama es un producto de los grandes poderes económicos, de las compañías de seguros, representa todo lo malo de liberalismo. Con la crisis de 2008 secuestró el dinero nuestro y salvó a los grandes bancos y no salvó al pueblo. Él apoya los Derechos Humanos en todo el mundo pero no los tenemos en EE UU. Obama dice que las relaciones con América Latina nunca han sido mejores pero lo dice ahora cuando sucedió la derrota en la cumbre de Panamá. Yo creo que en la segunda elección votaron a Obama como el menor de los males, sí, y también porque pensaban que podía usar su lugar para ciertas áreas de interés común como la salud, de la comunidad negra, pero todos los han criticado por su fracaso en cumplir con sus promesas de cambio. Muchos atacan a Obama por ser un presidente negro por adentro pero blanco para afuera.
-¿Por qué no hay un progresismo influyente en EE UU?
-Desde hace muchos años el partido Demócrata está secuestrado por el ala derecha. En los ’50 y ’60, durante la guerra fría, aún en esa época de macartismo y persecuciones, el Partido Comunista de Estados Unidos apoyó a los demócratas, pero el ala izquierda no existe más, ahora todo está bajo la mirada del neoliberalismo. Hay dos candidatos principales en las próximas elecciones que podríamos decir progresistas, que son el senador independiente de Vermont, Andrews Sanders, autoproclamado socialista, y senadora por Massachussetts Elizabeth Warren, una mujer que tiene ideas no de izquierda pero sí a la izquierda de Obama. Pero no la tienen fácil. Aparte de que es imposible pasar las primarias con un discurso progresista.
-Entre los candidatos republicanos hay dos hispanoparlantes (Ted Cruz y Marco Rubio) y la esposa de otro (Jeb Bush) es mexicana, pero ninguno representa a estos momentos de América Latina. ¿Qué pasa con la cultura en Estados Unidos?
-Están aprendiendo aceleradamente a hablar en castellano (risas). Tú sabes que los blancos serán una minoría de la población dentro de 20 años. Hay un sistema electoral de racismo y aislamiento de minorías de color por parte del resto de la sociedad-y por ley en algunos casos todavía-, sobretodo con los migrantes latinoamericanos y la comunidad árabe, sean islámicos o no. Todo ese sistema de control se fortalece con el Tea Party y la ultraderecha y con ciertos sectores conservadores en el mismo Partido Demócrata. Y esta ultraderecha no se limita al Tea Party, incluye a sectores medios y aprovecha el reclutamiento de gente pobre, de distintas comunidades, para decir tenemos negros, tenemos hispanos, somos lo bueno para el país. «
La trampa de la llamada «sociedad civil»
«Hay que tener cuidado en estos momentos con un concepto que circula», advierte James Cockcroft, «como es el de ‘sociedad civil’. Acuérdate de los encuentros de los más ricos del mundo en Davos y cómo reaccionaron ante una serie de protestas en las calles y luego al nacimiento de los foros sociales mundiales. Trataron de atraer a todos los movimientos sociales de la llamada sociedad civil. Sucede que en Davos se dan cuenta de que ya nadie les cree y que Davos está muerta y que ese consenso tampoco funciona en los estados donde dominan los ricos. Pero tampoco funciona el militarismo en todo el planeta ni el espionaje a cada ciudadano o gobierno como se reveló. Se dan cuenta de que crecen los movimientos sociales, que crece el Mercosur, Petrocaribe, la Celac. Y entonces decidieron detrás de escena -hay mucho escrito sobre esto- continuar apoyando a las ONG, los programas de Usaid, Free for Democracy, Ned, para penetrar, cooptar, pagar a movimientos sociales y extender toda esa ofensiva a la sociedad civil. En el caso de América Latina, el Banco Mundial dijo que hay que invertir en los pobres y eso fue una trampa para incorporar a los pobres a un sistema de producción con mano de obra barata. Ese tipo de programa mentiroso se encuentra en toda la sociedad civil. Todo se llama sociedad civil. Cuidado con esto.»
«En mi país he sido declarado como un gringo antigringo»
–Usted se tuvo que exiliar a Canadá, ¿verdad?
–Nací en Estados Unidos (hace 80 años, NdR), pero como muchos estadounidenses del tiempo de la Guerra Fría tuve que escapar por la falta de libertad de expresión, del racismo y del sexismo que veía por todas partes. He sido declarado como gringo antigringo.
–¿Qué consecuencias le trajo su actitud política?
–Muchas consecuencias. Hubo dos macartismos, uno de los ’50 y otro del ’68, de los ’70 que sigue hasta ahora. Los luchadores intelectuales y no activistas sobrevivieron a la persecución. Yo lo experimenté porque fui activista, pero logré algunas posiciones durante todos aquellos años de los ’70 y ’80. Logré ser miembro de una de las facultades de sociología más reconocida en todo el país, donde se llegó a enseñar a teóricos marxistas o de otras tendencias, la Rutgers University de Nueva Jersey. Éramos un puñado de profesores que sufríamos presiones, cada año trataron de echarme y activistas de movimientos sociales me defendieron. Finalmente el abogado del sindicato de profesores me propuso aceptar un arreglo económico y renunciar para mantener mi reputación. Con otro compañero también harto de la persecución escribimos libros. Desde entonces recibí invitaciones para ser profesor visitante distinguido en facultades de EE UU y de otras del mundo, incluso América Latina y Europa. Para defenderme económicamente tuve que escribir, soy autor de 50 libros.
–¿Cómo se interesó por América Latina?
–Yo era un joven, digamos, rebelde, poeta además. Estaba de turista en Cuba, en un pequeño pueblo del Oriente, cerca de Santiago. Habían pasado unas pocas semanas de la llegada del Granma, el histórico barco donde llegaron Fidel y sus compañeros. Yo no sabía ni una palabra de español y no sabía que hubo una rebelión, ni que había estado de sitio, pero cuando vi en los periódicos fotos de jóvenes mutilados por militares y la policía me di cuenta de que algo muy grande estaba pasando. La policía de Batista me detuvo y me puso en una celda toda una noche sin explicación.
-¿Cómo fue?
-Estaba caminando por la calle cuando llegaron a secuestrarme a la cárcel local. Yo no podía defenderme en español pero me soltaron y yo seguí camino a Santiago, donde esta vez me detuvo una patrulla militar. Ellos creían que yo estaba haciendo algún tipo de espionaje para los compañeros de Fidel. Decían que habían matado a todos y que tenían que eliminar a los que quedaban en las calles. Que yo estaba para entregar mensajes a Fidel, lo que era una estupidez. Pero me salvé gracias al pueblo cubano y allí aprendí español pero también la historia de Cuba. La juventud cubana me había recibido como un amigo. Y entonces me dijeron muy secretamente «Fidel vive» y me encomendaron que llevara el mensaje a la comunidad cubana en el Bronx, en Nueva York. Recordé un teléfono y les dije «Fidel vive, la destrucción de la guerrilla es una mentira de la prensa». Me fui a México a escribir mi tesis de doctorado. Así me hice militante y me fui metiendo en las luchas populares. «
Tiempo Argentino Julio 19 de 2015
La foto es de Tiempo Argentino
por Alberto López Girondo | Jul 18, 2015 | Sin categoría
Mediáticamente el 5 de julio fue presentado como el «superdomingo», porque en una misma jornada coincidían en las urnas distritos que representaban, en grados bien diferentes, el 20% del electorado del país. Puede decirse que, salvo la excepción de unas PASO muy particulares como las pampeanas, los oficialismos salieron refrendados por la ciudadanía de cada distrito. Y este es precisamente un punto a destacar: extrapolar lo ocurrido este 5 de julio al plano nacional es un ejercicio bueno para especialistas en marketing político, pero no sería errado considerar que fueron elecciones con un determinante contenido local.
De hecho, si bien no logró ganar en primera vuelta, Mauricio Macri se animó a festejar y lanzar desde su búnker un bien planificado discurso de campaña presidencial, aunque con un dejo de sabor a poco por los guarismos que mostraban los centros de cómputos. Y los radicales correntinos, que con justa causa celebraron el triunfo en las legislativas locales del gobernador Ricardo Colombi, quedaron opacados ante las cámaras por Sergio Massa, que se apersonó a copar los medios nacionales atribuyéndose el éxito en una coalición de la que participó el Frente Renovador junto con el radicalismo correntino.
De allí el exintendente de Tigre se cruzó a Córdoba para mostrarse de fiesta al lado de José Manuel de la Sota, con la intención de demostrar que su propuesta alternativa a la polarización FPV-PRO está viva para las presidenciales a pesar de que las encuestas indiquen que se viene desgajando de manera acelerada. El dato mediterráneo es que De la Sota le salió con todo a Macri, de cara a las internas abiertas de agosto. Luego del debate que ambos protagonizaron en TN, la imagen del búnker cordobés representa un desafío para quienes ya habían puesto todos los huevos en la canasta del actual jefe de Gobierno porteño.
Hilando más fino, es cierto que en la Capital Federal ganó Horacio Rodríguez Larreta y que se debe ir a segunda vuelta. Algo poco novedoso, ya que desde que la Ciudad de Buenos Aires es un distrito autónomo, ningún gobernante ganó en la primera vuelta. El que más cerca estuvo fue Aníbal Ibarra, con el 49,4% de los votos en el año 2000, cuando Domingo Cavallo, que quedó segundo con el 33,3%, resignó, tras una serie de insultos, acusaciones y exabruptos, sus aspiraciones de seguir en carrera para el balotaje.
Pero hay algunos datos a tener en cuenta. A favor, que luego de 8 años de gestión, el PRO resulta imbatible en todas las comunas, incluso en los viejos bastiones peronistas del sur profundo de la ciudad. En contra, que tras unas PASO en que Rodríguez Larreta dirimió la interna con Gabriela Michetti, el oficialismo porteño perdió unos 50.000 votos. Incógnitas: como bien marcó el candidato del Frente para la Victoria (FPV) Mariano Recalde, el que quedó segundo para el balotaje, Martín Lousteau, es otra cara de una misma moneda y a nivel nacional apoya a la entente formada por radicales, macristas y sectores de la derecha encolumnados detrás de Lilita Carrió.
Con el resultado puesto, el PRO necesita algo menos de 5 puntos para mantener el poder contra 25 que debería sumar el ex ministro de Economía de Cristina Fernández. Una cifra que aparece como inalcanzable. Por lo pronto, Lousteau tuvo que salir a aclarar que no se bajaría de la segunda vuelta, ante versiones –presiones de los medios concentrados y de dirigentes radicales– que avizoran el riesgo de competir con un socio a nivel nacional, algo incómodo de sostener en el tiempo. Y que también arrastró resquemores de la diputada Elisa Carrió, la virtual armadora de una coalición antikirchnerista que buscó adosar el poder territorial que conservan los radicales a la imagen de líder opositor que se nucleó alrededor de Macri.
En este caso habrá que ver qué hará ese casi 22% de votantes de Recalde –unas 400.000 personas–, muchos de los cuales entendieron que el PRO y el ECO, el partido armado a las apuradas para sustituir el devastado frente UNEN, son lo mismo.
Por otro lado, resta determinar qué harán los votantes que desde distintas variantes de la izquierda representan más de 7% de los electores, alrededor de 120.000 votos que difícilmente se inclinen por alguno de los dos contendientes. ¿Votará en blanco ese medio millón largo de ciudadanos, optarán por el mal menor y apoyarán a Lousteau? Mejor aún, ¿irán a votar o se abstendrán, a modo de disgusto ante esta suerte de interna abierta de la oposición? Sería una señal inédita desde la recuperación de la democracia en 1983 y fundamentalmente desde la crisis de 2001.
Esos son los peligros para Cambiemos, el sello con que el radical Ernesto Sanz y Macri disputarán en las PASO. Por eso desde los mismos centros mediáticos con que se intentó llevar a los miembros dispersos de la oposición a crear un frente común, como en Venezuela logró la derecha en torno a la Mesa de Unidad Democrática para apoyar la candidatura de Henrique Capriles, ahora respirarían más tranquilos si Lousteau diera un paso al costado.
Las denuncias sobre los fondos de su campaña, que presuntamente provendrían a través del radicalismo capitalino de negociados oscuros en la Universidad de Buenos Aires, tal vez le limaron algunos votos. Posiblemente, sus propias denuncias de las vinculaciones del macrismo con el negocio del juego hicieron lo propio en el oficialismo porteño. La búsqueda de nuevos votos con estos antecedentes puede ser una mano de brea para ambos de cara a agosto.
El caso es que Lousteau, de la nada, se coló en la segunda vuelta porteña y aspira a crecer para una próxima ronda presidencial como el líder que la UCR no tiene desde hace mucho tiempo. Y Macri no logró más que reposicionarse como un líder «municipal» tras la derrota de Miguel del Sel en Santa Fe –donde compitió contra aliados nacionales como el socialismo y el radicalismo provincial– algo que preocupa a su mentor, el ecuatoriano Jaime Durán Barba.
Córdoba va
El otro distrito donde hubo compulsa electoral fue Córdoba, el bastión del delasotismo desde 1999. Juan Schiaretti arañó el 40% para ganarle por algo más de 5 puntos al radical Oscar Aguad, que iba con el apoyo de su partido, del exintendente de la capital provincial, Luis Juez, y del PRO, la «triple alianza» al decir del actual gobernador, De la Sota, de UPC (Unión por Córdoba). Tercero quedó el representante del FPV, Eduardo Accastello, que gobernó Villa María por 3 períodos.
Como viene ocurriendo desde que el kirchnerismo incursionó en la política nacional, el peronismo cordobés es esquivo al partido a nivel federal, haciendo gala de lo que con cierta gracia los delasotistas denominan «cordobesidad». Ahora De la Sota se presenta como precandidato en las PASO para competir contra Massa en un espacio al que llamaron UNA (Unidos por una Nueva Argentina), y aprovechó también él muy ventajosamente las cámaras durante la celebración del triunfo de su elegido, quien fue secretario de Comercio e Industria de Cavallo durante el menemismo. Ni lerdo ni perezoso, De la Sota apuntó directamente a Macri, al que tildó de «mal líder político y mal gobernante», ya que perdió en Córdoba, abundó, y «tiene por delante un balotaje muy complicado» en la Capital Federal.
Lo que tanto De la Sota como Massa se encargaron de manifestar es la irritación contra una estrategia que, confiados en el supuesto viento de cola que acompañaba a Macri hasta no hace mucho, los dejó afuera de unas PASO de las que podría haber salido el Capriles salvador de la derecha vernácula. Y ahora le gritan en la cara que el nuevo escenario planteado por la decisión del PFV de nombrar como candidatos presidenciales al gobernador bonaerense Daniel Scioli con el actual secretario de la presidencia Carlos Zannini –una fórmula que acarrea en la práctica el perfil moderado y de previsibilidad que el voto independiente reclama al oficialismo nacional con el núcleo duro de las transformaciones logradas en estos 12 años– les hace dudar de sus posibilidades de destronar al kirchnerismo. Sucede que si bien el gobierno de Córdoba fue en esta década un territorio bastante hostil a la Casa Rosada, no es menos cierto que Cristina ganó en 2011 después de que perdiera su candidato provincial. Lo mismo ocurrió en la ciudad de Buenos Aires. De allí la preocupación de los sectores opositores, que reparan en que el presidente de Aerolíneas Argentinas salió tercero y quedó bastante alejado del resultado que cuatro años antes obtuvo en el mismo distrito Daniel Filmus. Pero saben que luego de las PASO porteñas fue el candidato que más creció y partiendo no solo desde el desconocimiento público sino también desde la animosidad por su gestión en la aerolínea de bandera y por su adscripción a La Cámpora. En este contexto, puede decirse que lo suyo fue un éxito y una importante apuesta al futuro en una ciudad que ni siquiera en el mayor auge del peronismo le fue afín. Salvo que se cuente aquel triunfo pasajero de un candidato menemista, Erman González, en los 90.
Fórmula en campaña
En La Rioja el triunfo del delfín del gobernador Luis Beder Herrera, Sergio Casas, fue también importante: 57,6%, sobre el candidato de la «triple alianza», Julio Martínez, con algo más del 39%. A favor del opositor habrá que anotar que es la segunda vez que se presentaba y que en la anterior sumó menos de 20% de los votos.
Hacia allí fueron Scioli, Zannini, Aníbal Fernández y Eduardo Wado de Pedro. Algunos medios cuestionaron que los popes kirchneristas hubiesen ido a festejar a La Rioja, donde Casas no llegó a los 150.000 votos cuando en CABA Recalde había logrado cerca de 400.000. Pero se sabe cómo es la alquimia electoral: el porteño era tercero en la discordia y quedaba afuera de la discusión en la segunda vuelta. El oficialismo venía de ocupar el tercer lugar en Córdoba y en Santa Fe y de ser relegado en Mendoza, tres lugares clave quizá no tanto para determinar el voto a la presidencia, aunque sí al menos para servir de aliento y publicidad a la oposición más acérrima. Por supuesto, no computa a pérdida que en Tierra del Fuego la candidata Rosana Bertone se haya alzado con una victoria peleada pero determinante en el balotaje dos semanas antes, uno de los escasos cambios de mano en los comicios provinciales hasta ahora.
En cuanto a La Pampa, conviene hacer una pequeña digresión. Esta provincia, gobernada por el peronismo desde 1983, tiene una ley electoral que obligaba a realizar internas antes de que se aprobaran las PASO a nivel nacional. La oposición eligió «a dedo» a quienes los representarán en las provinciales, de modo que el único partido que dirimió diferencias fue el peronismo. No hubo acuerdo para ir con una propuesta unificada y se impuso la lista Peronismo Pampeano, del exgobernador Carlos Verna, con el 58,14% de los votos, contra el 41,86% de Fabián Bruna por Compromiso Peronista, el sector kirchnerista.
Scioli, muy activo desde que fue ungido único presidenciable por el FPV, saludó efusivamente el triunfo de Verna y lo anotó como tropa propia, algo razonable porque se sabe que es un electorado «amigo». Lo mismo hizo con Schiaretti que, bueno es recordar, ya fue gobernador entre 2007 y 2011, en esta suerte de cambio de roles que mantiene con De la Sota. No tuvo entonces un mal diálogo con Cristina Fernández, a diferencia de su líder partidario, que trató siempre de diferenciarse y en eso basa su oferta para las PASO. Mucho menos, se descuenta, lo tendría Schiaretti con Scioli en la Rosada. Mientras tanto el exmotonauta sigue sumando a independientes y remisos para su proyecto de llegar al sillón de Rivadavia.
Revista Acción Julio 15 de 2015
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