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Un centro de Macri a la derecha

Todavía no se habían acallado los festejos por su triunfo cuando Mauricio Macri esbozó sus primeras nociones sobre lo que plantea para su gestión en ámbitos tan determinantes como la política exterior.

Habló de reactivar el Mercosur, de alzar la vista hacia la Alianza del Pacífico y de derogar el memorando con Irán. Temas muy sensibles para la estrategia del departamento de Estado. Gesto que agradeció el titular de esa cartera. «Estados Unidos y Argentina trabajemos juntos para mejorar los Derechos Humanos en el planeta», declaró John Kerry.

«Necesitamos estar en el mundo», dijo Macri ayer. Algo que no sorprende, ya que toda su trayectoria estuvo ligada a la defensa de los «valores occidentales». Y a pesar de sus últimos gestos en la carpa de los Qom y en el rito de la Pachamama en Jujuy, considera, y lo dijo, que los argentinos descienden de los barcos.

Pero en su rueda de prensa de ayer fue bastante más explícito en cuál será su rol en el contexto regional. Prometió invocar la cláusula democrática del Mercosur para aislar a Venezuela, porque considera que su gobierno «persigue a los opositores y no respeta la libertad de expresión».

La única vez que el organismo regional recurrió a ese artículo legal fue cuando el golpe institucional contra Fernando Lugo en Paraguay. Y uno de los argumentos de los golpistas para destituirlo en un trámite express fue que había firmado esa cláusula del Protocolo de Ushuaia sin consentimiento parlamentario. Fue entonces que Venezuela entró al Mercosur. El Congreso paraguayo demoraba la aceptación de su ingreso por razones parecidas a las de Macri.

¿Podrá cumplir su deseo el presidente electo? Necesitaría el consenso unánime del resto de los países y ya Brasil adelantó que se opondría. Por otro lado, Macri asume el 10 de diciembre y el 6 hay elecciones parlamentarias en Venezuela.

La declaración de Macri es una palabra de aliento a la oposición venezolana, que se muestra ganadora. Una intromisión que coordina con el secretario de la OEA, Luis Almagro. Y un guiño a los halcones de Washington y los sectores antipopulistas que ven en Macri al nuevo líder regional conservador. Lo de Macri fue un centro a la derecha.

Tiempo Argentino
Noviembre 24 de 2015

La región, de Dorrego a Lavalle

Hay gestos y situaciones que determinan escenarios. Y el triunfo de Mauricio Macri es uno de esos momentos clave en la historia de las naciones. Luego de 12 años de un avance trascendente en el proceso de integración latinoamericana, llega al gobierno de un país clave como la Argentina el candidato de todos los opositores a la unidad regional. Desde Aecio Neves en Brasil hasta Henrique Capriles en Venezuela.
No por casualidad el ex presidente chileno Sebastián Piñera fue de los primeros en celebrar el resultado del comicio local. “Abre nuevas esperanzas para que Argentina supere largo periodo de confrontación y estancamiento” escribió en su cuenta de Twitter. Desde la misma red social fueron los kelpers quienes celebraron una nueva gestión que, auguran –y sus razones tienen- más amigable con la permanencia de las Malvinas como colonia británica.
Para el resto de los países sudamericanos el clima de fiesta en el búnker del PRO es un augurio de tiempos de retroceso. Es clave el resultado de las elecciones en Venezuela del 6 de diciembre para ver en los papeles lo que en los análisis trasluce como un dato relevante para el futuro de los habitantes de este puñado de naciones con más de 200 años en busca de la independencia definitiva.
En tal sentido, resulta interesante examinar los últimos pasos del futuro presidente argentino antes de este comicio. Porque hay allí toda una simbología que permite avizorar qué se trae entre manos. Y el cierre de su campaña fue en Humahuaca, luego de cumplir el rito de la Pachamama en Huacalera, Jujuy. Hagamos un poco de historia.
Alejandro Danel había nacido en Francia y fue un militar de esos que se excitaban con el olor a pólvora. Era uno de los oficiales que Bernardino Rivadavia había convencido de venirse al Río de la Plata a desplegar su experiencia bélica junto a los jóvenes patriotas. En la guerra contra el Brasil se hizo ladero de Juan Galo de Lavalle en el primer Escuadrón del Regimiento de Coraceros.
Lavalle, como se sabe, ordenó fusilar a Manuel Dorrego el 13 de diciembre de 1828. Dorrego era el enemigo de los unitarios no tanto por federal como por su talante de caudillo popular y latinoamericanista. Ernesto Sabato escribió la saga de su derrotero culposo luego de aquel crimen en el “Romance de la Muerte de Juan Lavalle”, musicalizado por Eduardo Falú.
Perseguido por tropas federales, Lavalle fue muerto en San Salvador de Jujuy en octubre de 1841. La soldadesca que se mantenía a su lado llevó el cuerpo hacia el norte y cuando urgía hacer algo con su cadáver, decidió descarnar los restos, poner el corazón en un frasco con aguardiente y trasladarlo hasta Potosí, Bolivia. Danel fue el encargado de la tarea, en un arroyo en Huacalera, cerca de Tilcara.
Macri justificó su acto de cierre allí porque quería tomar «la energía del lugar y de su gente». “Cuando vinimos hace 15 días en la caravana descubrimos lo maravilloso que es la Quebrada de Humahuaca”, se sinceró Juliana Awada, su esposa. Muchos ironizaron con que habrá sido la primera vez que probó el sabor de las hojas de coca, parte del rito milenario de los pueblos originarios.
Simbólicamente esa gesto tiene un impacto revelador. Luego de 12 años de un gobierno que reivindicó a Dorrego, Macri dio señales de que otro será el rumbo de la Argentina. Del “Loco Dorrego”, como tituló Hernán Brienza, a “La espada sin cabeza”, como Esteban Echeverría bautizó a Lavalle.
Uruguay nació en aquel entonces como un estado tapón entre Argentina y Brasil. Luego vendría la destrucción de Paraguay en 1860, las guerras entre Chile y Bolivia en 1879 y la de Paraguay y Bolivia, ya en el siglo XX. Los gobiernos progresistas de América Latina construyeron en esta década un continente de unión, paz y progreso. Macri cuenta entre sus amistades a Álvaro Uribe, pero Juan Manuel Santos es el promotor de la paz con las FARC en Colombia. ¿De qué lado se ubicará en esta encrucijada histórica?

 

Tiempo Argentino
Noviembre 23 de 2015

Ewen MacAskill: «Esto es peor de lo que imaginó Orwell»

Ewen MacAskill: «Esto es peor de lo que imaginó Orwell»

Ewen MacAskill jura no haber imaginado jamás que aquella historia que le llegó un poco de rebote hace tres años y de la que desconfió por muchas razones profesionales, se convertiría en la denuncia más resonante en la historia de los servicios de inteligencia internacionales. MacAskill, 63 años, escocés de nacimiento y miembro del staff del diario británico The Guardian desde 2007, fue uno de los autores de la investigación que llevó a la explosiva publicación de las filtraciones del ex analista de la CIA Edward Snowden que revelaron el sistema de espionaje global de la agencia NSA sobre ciudadanos de todo el planeta. Una operatoria que las administraciones de Estados Unidos extendieron desde los atentados a las Torres Gemelas, el 11 de setiembre de 2001 y que tras los ataques en París del viernes 13 de noviembre se comprometió a replicar el gobierno de François Hollande (ver aparte). Invitado a participar en el encuentro «Cibervigilancia, BigData y Derechos Humanos» organizado por Hacks/Hackers Buenos Aires en el Centro Cultural Kirchner y por la consultora Baufest, MacAskill dijo ante Tiempo Argentino que esta era, en realidad, «es peor de lo que imaginó George Orwell» en su célebre libro 1984, «porque a través de los mails y las comunicaciones saben todo lo que hacemos. Pueden ver los registros telefónicos, seguir a la gente a través de sus propios teléfonos y con los teléfonos como micrófonos, escuchar las conversaciones y con las cámaras de los propios equipos grabar hasta las relaciones sexuales».

-Pero no sólo pueden hacerlo organismos estatales.
-Es cierto, no sólo nos tienen vigilados al máximo sino que saben lo que hicimos y pueden prever lo que pretendemos hacer los bancos, las tarjetas de crédito. A través de las compras que hacemos pueden hacer un perfil exacto de cada uno de nosotros.

En cuanto al caso Snowden, el periodista, corresponsal del área de defensa e inteligencia en el prestigioso periódico británico, contó detalles de cómo Snowden se acercó para contar lo que tenía. «Intentó comunicarse mediante un sistema encriptado, el PGP, con Glenn Greenwald (el otro periodista que integró el equipo del diario) y como él no estaba preparado se conectó con Laura Poitras, una experta en el tema».
Así comenzó una aventura que duró unos seis meses hasta ponerse cara a cara con el analista de Booz Allen Hamilton, subcontratista de la NSA, que a la sazón se refugiaba en un hotel de Hong Kong y que hasta entonces se había identificado como «citizenfour». «Yo pensé que lo que planteaba era algo muy técnico y con poco interés para los lectores. Él decía que era algo grande, pero todas las fuentes creen eso. Sin embargo, a medida que fuimos avanzando en el cruce de datos vimos que si era algo importante», explicó MacAskill.
Hubo dos cuestiones que vale resaltar en todo este proceso: el primer lugar, el periodista señala el alto costo de una investigación como esa, con tres personas a full y la cobertura de los viajes al Asia. En segundo lugar, el apoyo cuando todas las agencias estatales se lanzaron a presionar para que no se publicara la información. Aquí el hombre destaca que incluso cuando tuvieron a Snowden frente a frente, todavía tenían resquemores. «Laura fue con su cámara y filmó todo (es la base del documental Citizenfour, Premio Oscar en 2014), pero la sorpresa fue que Snowden era muy joven, tenía apenas 29 años, ¿cómo podía manejar tanta información? Eso era sospechoso. ¿Y si era una trampa de la CIA por nuestras publicaciones anteriores de Wikileaks?»

-¿Cómo chequearon entonces si lo que tenía era verdadero?
-Muy sencillo: cuando quisimos preguntar por la veracidad de algunos de los documentos se nos vinieron encima el FBI, la CIA, el GCHQ (la superagencia británica) para que les entregáramos todo.

Hubo incluso una escena jocosa, recuerda MasAskill, cuando obligaron a destruir discos rígidos y CDroms en la redacción del diario, pero los técnicos de The Guardian ya tenían una copia segura en Nueva York. «Desde el 11-S los gobiernos de Estados Unidos se volvieron más reaccionarios y lanzaron un sistema de vigilancia que va contra la privacidad de las personas, sin discriminar. Esta es la enseñanza que nos deja el caso Snowden –le dice a Tiempo Argentino- y los periodistas deberían preocuparse, porque es realmente muy difícil proteger las fuentes. Si alguien me llama por teléfono o me manda un mail, o chateamos, lo pueden rastrear y evitar que lleguemos a profundizar en el caso que nos llega.»

-¿De qué modo protegen a sus fuentes?
-Con el uso de los programas de encriptación, que son bastante seguros. Pero además, Snowden está desarrollando en Moscú un sistema para tratar de proteger a las fuentes mediante un software específico.

MacAskill dirá luego que se siente en particular muy comprometido con lo que pueda ocurrir con el ex analista y que mientras el joven no pueda regresar a su país de origen con la seguridad de que su vida o su libertad no corren peligro «para nosotros es un asunto inconcluso». «

Los «errores» del servicio secreto galo
Ewen Mac Askill coincidió en Buenos Aires con los cruentos ataques en París que costaron la vida de 129 personas. Al otro día publicó una columna en The Guardian donde se congració con los agentes de los servicios de espionaje franceses, que «con poco personal deben vigilar a un gran número de sospechosos». Recordó que tuvieron dos gruesos errores este año, uno cuando los ataques a la redacción de Charlie Hebdo y otro el viernes de la semana anterior. Y da unos datos que permiten entender dónde está la falla. «No es que las agencias no tenían suficientes datos, sino que no actuaron sobre lo que tenían.» Esto es: sabían quiénes eran Adelhamid Abaaoud, Omar Ismail Mostefai y Sami Amimour, pero no fueron objeto de vigilancia física. Luego refuta a los jefes del FBI y de la CIA, que argumentan la necesidad de más equipamiento porque los terroristas tienen mejores sistemas de encriptación. «Sin embargo, el celular que llevó a la policía al escondite de Saint-Denis contiene texto sin cifrar.» Y en el caso de París, hubo advertencias de Irak y Turquía que fueron desoídas.

Tiempo Argentino
Noviembre 22 de 2015

La foto del diario

Entre la civilización y la barbarie

Entre la civilización y la barbarie

Se nota que en Latinoamérica hay un reflujo de los movimientos progresistas, para qué barrer debajo de la alfombra. Luego del proceso de integración regional más importante en dos siglos de historia, es notorio el grado de recuperación de la derecha tradicional, ligada a los poderes hegemónicos, en Brasil, en Ecuador, incluso en Venezuela y ni qué decir en Argentina.

Se lo percibía en octubre de 2014, cuando Dilma Rousseff ganó el balotaje sobre Aecio Neves por muy poco. Lo que auguraba -y quedó plasmado en esta columna- que no tendría tiempos fáciles la presidenta brasileña, cosa que pudo verificar ni bien asumió su segundo mandato.

Un año antes, en abril de 2013, Nicolás Maduro también obtuvo el cargo por muy poca diferencia, tras lo cual, la derecha generó todo tipo de acciones primero para deslegitimar al sucesor de Hugo Chávez y luego para crear una atmósfera de violencia de la que aún se pagan las consecuencias.

Se trata de una derecha que aprendió de sus errores y no tiene problema en reconocer logros de los gobiernos progresistas con tal de acceder al poder. Lo que harían luego ya se sabe, es como la fábula del escorpión y la rana. No pueden más que obedecer a los dictados de su naturaleza.

En lo que hace a las relaciones con el mundo, sin embargo, es donde han sido más explícitos y coincidentes. Allí no hubo subterfugio alguno, tal vez porque descubrieron que no es un tema que impacte en las campañas o porque el tema de las alianzas exteriores tiene para un sector determinante del electorado mucho de aspiracional. Define qué queremos ser, dónde y con quién queremos estar.

Cuando Lula llegó por primera vez al gobierno, y luego de sus primeras entrevistas con Néstor Kirchner, en aquel ya mítico 2003, dijo una frase que resultaba toda una muestra de los tiempos que se avecinaban. «Los brasileños siempre miramos más a Europa y Estados Unidos que a América Latina». Tenía que llegar al Planalto un metalúrgico nacido en la miseria nordestina para expresar lo que el resto de los latinoamericanos ya había anotado desde los orígenes, que Brasil daba la espalda a la región, que miraba con resquemor su destino sudamericano. Son razones históricas que no es dable expresar en estas líneas y que marcan los rumbos del Brasil desde tiempos del imperio.

El lema «civilización o barbarie» caló hondo no solo en la patria argentina de Sarmiento. Fue y es una consigna para las elites ilustradas del resto de los países independizados de España en el siglo XIX. En esta parte del Río de la Plata no solo acarreó guerras sangrientas sino también definió los dos campos en que se debate la nacionalidad. ¿Queremos ser latinoamericanos o nos sentimos europeos en el exilio, como planteaba Jorge Luis Borges?

Resultan interesantes vistas hoy las agudas polémicas entre Sarmiento y Juan Bautista Alberdi en torno de la Constitución de 1853. La crítica de Sarmiento a la Carta Magna se hace, como bien le marca contemporáneamente Alberdi, desde la óptica de su exacerbado apego a los Estados Unidos como un modelo a copiar. Sarmiento, impulsor de la educación estatal, esto también es cierto, buscaba el destino nacional mirando al norte. Alberdi escribió para esa época en un diario de Valparaíso que «los Estados Unidos no pelean por glorias ni laureles, pelean por ventajas, buscan mercados y quieren espacio en el Sur. El principio político de los Estados Unidos es expansivo y conquistador.»

Este debate posterior al rosismo cruza toda la historia latinoamericana desde la independencia y es el trasfondo del Ariel, del uruguayo José Enrique Rodó. Ni qué decir que tanta disputa de sentido llega hasta la Filosofía de la Liberación en los 70, de la mano de un puñado de seguidores del mendocino Enrique Dussel. En la misma senda se ubica la Teología de la Liberación, que promovió la renovación más impactante de la Iglesia Católica que resultó envuelta en la tragedia de aquellos años y fue clausurada por Juan Pablo II y Joseph Ratzinger. Un Papa latinoamericano no es sólo un gesto de generosidad de los cardenales que lo eligieron en Roma. Es, utilizando términos eclesiásticos, una «intervención estratégica del espíritu santo» en tiempos del crecimiento de esta parte del mundo.

No es casual que en la ciudad administrada por Mauricio Macri la versión del programa de entrega de computadoras a los alumnos de las escuelas públicas, que la Nación bautizó Conectar Igualdad, se llame Plan Sarmiento. Expresa claramente un proyecto de país y de región. No es casual tampoco que este proyecto se lleve de la mano del que propone la oposición venezolana encarnada en Henrique Capriles y el PSDB brasileño, que se encolumnó detrás de Neves.

A la pregunta de qué queremos ser, los gobiernos populistas respondieron «latinoamericanos» y obraron en consecuencia, creando y fortificando instituciones para cristalizar ese proyecto común. El conservadurismo ofrece acercarse a Estados Unidos y Europa, el Occidente difuso que pretendían defender los militares en los años de plomo. La derecha regional impulsa una amalgama de esa cultura la que los latinoamericanos, por razones obvias, no podemos desconocer porque forma parte de las raíces.

En el caso concreto del alcalde porteño, su visión sobre los vecinos más cercanos, sobre todo de paraguayos y bolivianos, las dos comunidades más pobladas, es como la de cualquier vecino de Recoleta. Si a alguien quisieran parecerse no es precisamente a ellos, que representan a lo que permanece de los pueblos originarios. Esa clase de citadinos despliega una mezcla de desprecio y racismo muy ostensible que incluso resultaría peligroso para el mantenimiento de las relaciones con esos países en caso de que esta opción política se haga de la presidencia.

Pero como en esa misma derecha el componente empresarial y que privilegia el interés monetario es clave, convendría mostrar las reflexiones que los poderes financieros internacionales, a los que se identifica con los reales factores de poder en estos días, piensan. En tal sentido, uno de los bloques armados en estos años, el BRICS, conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, puede decirse que es una creación de un perspicaz analista de la banca Goldman Sachs, Jim O´Neill, quien en un estudio sobre los mercados emergentes que podrían ser el gran imán para las inversiones hacia mediados del siglo XXI, elaboró el acrónimo con los nombres de esas naciones, que le sonó a «ladrillo», brick en inglés. La decisión política de conformar el bloque es posterior.

Con las prospecciones de O’Neill coincide un reciente estudio de la consultora Price Waterhouse & Co -a la que tampoco se la podría considerar populista ni algo semejante- que considera que «los activos bancarios nacionales del E7 (China, India, Brasil, Rusia, México, Indonesia y Turquía), así como las ganancias potenciales del sector, serían mayores que los del G7 (EE UU, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá) hacia 2036», adelantando en 14 años su evaluación inicial.

Ese rumbo esperado explica el acercamiento a China y Rusia y el proyecto en marcha de ampliar el Mercosur con nuevos componentes, como Bolivia y Ecuador. Pero además de las justificaciones materiales, también hay cuestiones ideológicas. Cuando la derecha desliza la necesidad de «reinsertar» al país en el mundo, es claro que hablan de ese mundo occidental al que pertenece por razones culturales e históricas.

Pero entonces cabría la pregunta ¿a qué Europa proponen ligarse, a que Estados Unidos? Porque si es la Europa del estado de bienestar y de la justicia social no habría voces en contra. En cambio, la Europa actual es la de la troika que somete a griegos, españoles e italianos al ajuste perpetuo. Igualmente, al New Deal de Franklin Roosevelt no habría problemas en acordar, pero al del recorte de beneficios de las Reaganomics…

Por otro lado, la Europa está al rojo vivo por los ataques yihadistas, consecuencia de tropelías cometidas por algunos de sus países coloniales. La Europa de estos días, como hizo Estados Unidos luego del 9/11, recorta las libertades civiles, tal vez su máxima contribución a la humanidad, y levanta muros para evitar las «invasiones bárbaras». ¿A esa Europa en conflicto proponen ir? ¿No se corre el riesgo de comprarse conflictos ajenos innecesariamente?

Tiempo Argentino
Noviembre 20 de 2015